Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Este capítulo participa en el minireto de Julio "Doce meses, una historia" del foro Amor de Tercera Generación.
Lily se bajó de su cama de un salto, lanzó la almohada al suelo y sacó la pequeña tarjeta que había escondido la noche anterior. Hoy era el cumpleaños de su papá y quería ser la primera en felicitarlo. Se asomó a las habitaciones de sus hermanos, pero ambos estaban completamente dormidos. Con una sonrisa de satisfacción, bajó las escaleras dando saltitos.
Al acercarse al comedor, escuchó las voces de sus padres. Sin hacer ruido, se acercó a la puerta para escuchar.
—Escucha esa Harry "Querido Señor Potter, le deseo un feliz cumpleaños, cuando decida venir por su regalo puede encontrarme en la dirección adjunta, lo estaré esperando", hasta puso un guiño— Ginny estalló en carcajadas, mientras Harry se apretaba el puente de la nariz.
—¡Ginny no es gracioso!— exclamó intentando no sonreír— además había cancelado el servicio de lechuza, se supone que no me deben llegar esas cartas.
—Oh, Hermione pensó que al menos en tu cumpleaños debería ser libre, aún hay gente queriéndote agradecer.
Harry soltó un suspiro, y justo en ese momento Lily decidió entrar. Tras darle un gran abrazo a su padre y obsequiarle la tarjeta que había hecho, se sentó a desayunar. Una lechuza picoteó en la ventana, pero su padre fingió no oírla. Lily vio a su madre haciéndole gestos a su padre, diciéndole que fuera a abrir, pero Harry negaba con la cabeza, cruzándose de brazos.
Sin entender cuál era el problema, la pequeña Potter se levantó y fue a abrir la ventana, dejando entrar un montón de lechuzas que dejaron caer cartas sobre la mesa, antes de salir volando. Apartando las cartas de su desayuno (que lo habían cubierto por completo) miró los pergaminos con el ceño fruncido.
—No es justo— gimoteó Lily —Me robaron la idea. Yo lo pensé primero.
Ginny se acercó a su hija confundida y le preguntó a que se refería.
—¡Las tarjetas! Era mi regalo para papá y ahora todos le están enviando una.
Harry se levantó de su asiento y apuntó con la varita los pergaminos, haciéndolos desaparecer. Lily miró la mesa, ahora vacía, con sorpresa, y alzó la vista hacia su padre que le guiñó el ojo.
—Es mi regalo favorito— le dijo enseñando la única tarjeta que quedaba, la de Lily.
