Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P

Hola, hola!!

Disfruten!!


Capítulo 7 – Llanto.

Llegó corriendo a la clase de literatura, de nueva cuenta se había quedado dormido; el profesor Flitwick estaba parado en la puerta recibiendo a los últimos alumnos retrasados que permitiría entrar a la clase. El profesor era muy pequeño, le llegaba a Ron a la altura del estómago, tenía una barba blanca brillosa y una calva con unos cuentos cabellos blancos por aquí y por haya, tenía un semblante realmente amable, porque en realidad así era el profesor, realmente simpático.

– Perdón, profesor –Jadeó Ron con el poco aire que le quedaba entrando al salón.

El profesor Flitwick hizo una mueca de descontento, pero no dijo nada, era demasiado bueno para regañar a algún alumno.

Ron entró al salón acomodándose la mochila al hombro. Todos se movían entre las filas para acomodarse en sus lugares en el momento en que el profesor entraba al aula. Chocó con varias personas en el camino a su asiento sin importancia, pero con una no pudo evitar detenerse.

Alguien, en su afán de moverse mas rápido, empujó a Hermione hasta hacerla perder el equilibrio y Ron estaba frente a ella y la detuvo de una posible caída, la tomó por los hombros y se quedó viendo fijamente a sus ojos. Se quedó paralizado. Tenerla cerca le hizo recordar el incidente del día anterior, no había durado mas de dos minutos y sin embargo a él le habían parecido los dos minutos mas largos, frustrantes y a la vez temerosos de su vida. Como le estaba sucediendo en ese preciso momento, el ver esa mirada castaña penetrante y enigmática le provocaba un escalofrío, un intenso escalofrío que seguía con un temblor en su cuerpo y un nerviosismo nada propio de él.

– Señor Weasley, vaya a su asiento por favor –Pidió el profesor desde el escritorio mientras sacaba varias carpetas de su maletín negro. Ron asintió.

– Hola… –Susurró Ron para no sentirse tan estúpido de estar en esa situación.

– Buenos días –Respondió Hermione con un tono de voz muy a penas audible y caminó rápidamente hacia su asiento.

Ron hizo lo mismo y caminó hasta el asiento del rincón de siempre, aventó su mochila sobre el banco, irritado se sentó apoyando su cabeza sobre su mochila; el profesor empezó a hablar sobre la Literatura del siglo XVII y las grandes bases que sentó para la Literatura actual, nada que Ron quisiera saber. Sacó disimuladamente el iPod que le había regalado su hermano Bill en su último cumpleaños, se colocó un audífono (solo uno por si el profesor de repente le hablaba) y puso una canción. Comatose era una excelente pieza si se quería desconectar un poco del mundo.

Empezó a escuchar las notas y su pie inició un repique al compás de la música, cerró sus ojos y se hundió en sus pensamientos que deseó no inmiscuyeran a Hermione mas de lo que ya lo habían hecho desde el día anterior.

Todo era demasiado extraño. Llevaba de conocerla ¿qué? ¿cuatro días? ¿cinco? Y conocerla no de una manera normal en la que se conoce a otra persona, no, la conoció en medio de una pelea (rara manera de conocer personas, la verdad) y desde ese momento la estaba tratando con hostilidad, siempre a la defensiva, tanto él como ella. Y no salía de su mente ni de su vida, era una compañera más del salón, una compañera más de su casa, una compañera más de la escuela, ¿Por qué rayos su mente no la dejaba fuera por solo cinco minutos?

– La literatura del siglo XVII, también conocida como Literatura del Barroco, nos dejó textos realizados con una visión muy negativa del mundo por los sucesos históricos que se estaban dando en esa época, tales como… –La voz de Hermione no dejaba de dar la respuesta a una pregunta que Ron ni siquiera había escuchado por parte del profesor.

Aun no podía creer que alguien pudiera saber tantas y tan variadas cosas, y tan solo para ser una adolescente de séptimo año. ¡Debería de dejar de pensar en ella y en su vida! ¡No debe de interesarle! ¡No es alguien importante! ¡No es alguien!

Removió su cabello fuertemente con las dos manos y decidió ponerse el otro audífono; por eso no podía alejarla de su mente, porque cada dos minutos su voz lo inundaba con alguna respuesta para la clase.

Mejor enfrascó su mente en seguir la canción que continuaba en su iPod; Supermassive Black Hole debería de alejar cualquier pensamiento acerca de ella.

––

Caminó lentamente y bostezando hacia el despacho de la profesora McGonagall, acababa de despertar, pero podía asegurar que su castigo duraría hasta altas horas de la noche y prefirió dormir en la tarde lo que no dormiría durante la noche.

Exactamente a las seis llegó al despacho, tocó tres veces la puerta con los nudillos y le dieron permiso de entrar.

– Veo que trata de mejorar su puntualidad –Elogió la profesora McGonagall desde su escritorio mientras seguía con la vista enfrascada en los exámenes que se dedicaba a revisar.

Ron sonrió de medio lado, más que tratar de mejorar su puntualidad trataba de evitar que la profesora le diera unas pocas horas más de castigo por su impuntualidad como algunas cuantas veces antes lo hizo.

– ¿Qué tendré que hacer, profesora? –Preguntó tentativamente Ron viendo que no se le decía nada.

La profesora levantó su vista hacia él e hizo un mohín con sus labios y regresó la vista a su trabajo.

– He estado pensando toda la tarde en el castigo que debería de recibir, señor Weasley –Inició unos minutos después– pero, ¿sabe qué es lo mas extraño? –Dejó su trabajo y entrelazó sus manos sobre los papeles, se quedó con la vista fija sobre Ron quien negó ante la pregunta– Que ya no tengo ningún castigo que no haya cumplido. –Dijo con pesadez y Ron sonrió contrariado entre sentirse feliz de haber realizado todos y cada uno de los castigos que la profesora McGonagall alguna vez puso o sentirse temeroso de los nuevos castigos que probaría con él–. ¿Sabe como resolví eso? –Ron tragó saliva, por la expresión de satisfacción de la profesora decidió que en realidad prefería no saberlo–. Llamé a su madre –Si, preferiría no haberlo sabido. Estaba total y completamente muerto, aunque…, su madre no podía ir al colegio, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

Ron palideció y la profesora sonrió, de cierta manera parecía ser una sádica a quien le divertida el trabajo de otorgar castigos.

– Su madre me dijo algo de su odio hacia los de Slytherin (algo de lo que estoy más que enterada), y su odio al trabajo manual de limpieza… –Ron alzó una ceja sin entender nada, ¿Cómo conjugaría sus dos mas grandes odios en un castigo?– ¿Qué le parecería tener que limpiar la sala común de Slytherin durante toda una semana completa?

Ron bajó la mirada y tragó saliva, sería la peor humillación de toda su vida. Apretó sus puños a cada lado de su cuerpo para evitar gritar lo que quería.

– Si, sospeché que no le agradaría. –Se escuchó el sonido de la pluma de metal caer sobre el escritorio y el rechinido de sillón cayendo hacia atrás–. No se preocupe, no hará eso –Ron levantó la vista incrédulo. La profesora estaba recargada completamente contra el sillón y lo observaba detenidamente por sobre las gafas de montura metálica que siempre utilizaba– El castigo del señor Malfoy fue demasiado menor a su falta –La maestra carraspeó. Seguramente recordando el castigo de Malfoy: escribir mil veces No debo pelear. Ron gruñó, ¡claro que Malfoy no había recibiendo su justo castigo!– Así que usted tampoco recibirá totalmente su escarmiento –Ron sonrió ligeramente, ¿solo tendría que escribir?– Limpiará todos los galardones que ha recibido Slytherin desde su fundación. Fue hace mas de quinientos años; esos son muchos años y muchos trofeos –Ron volvió a bajar la mirada, claro que no obtendría un castigo tan condescendiente como el que había recibido Malfoy. La profesora regresó a su trabajo–. Que tenga una buena noche, señor Weasley.

Esa fue la salida que le dio la profesora McGonagall para que se retirara. Ron dio un asentimiento con la cabeza y dio media vuelta.

– ¡Ah!, señor Weasley –La voz de la profesora lo hizo regresar. Tenía la vista por encima de sus gafas directo hacia Ron y su bolígrafo lo apuntaba– Creo que ya se enteró del próximo castigo que tendrá si vuelve a enfrascarse en otra pelea. Lo mejor será que se mantenga fuera de problemas –La mirada de la profesora McGonagall le dijo que estaba hablando en serio y lo mejor sería que tomara muy en cuenta su advertencia. Ron suspiró, tendría que cuidar sus pasos.

Salió lentamente del despacho directo al pasillo de trofeos.

––

Se secó el sudor de la frente, llevaba tres horas limpiando trofeos y galardones y aun no terminaba ni siquiera con los primeros cien años de la fundación del colegio.

El pasillo de los trofeos, en el edificio de la biblioteca, era conformado por cerca de treinta metros de pared con enormes vitrinas que contaban la historia del colegio.

Refunfuñando y soltando pestes contra los trofeos de la casa que tenía que limpiar, y contra la casa en general, tomó el galardón siguiente. Corvus Malfoy. Premio Anual se leía en él. Lo regresó de inmediato a su lugar.

¡Eso si que no estaba dispuesto a hacer! No limpiaría a los antepasados de Malfoy, el causante de que él estuviera ahí haciendo eso.

Ocultó el galardón detrás de todos los demás trofeos y aventó el trapo que ocupaba para limpiar. Se sentó apoyando su espalda contra el vidrio y agazapó sus piernas a su cuerpo, descansó sus brazos sobre sus rodillas y agachó la cabeza. Estaba cansado y hartó de estar ahí. ¡Era viernes por la noche! La fiesta que cada semana se armaba en la sala común debería de estar poniéndose de lo lindo.

Maldijo repetidas veces y golpeó el suelo con su pie. Estaba furioso. FURIOSO. Pero recordó algo y sonrió. Malfoy había quedado con una tremenda cortada en la cara y un ojo morado que tardaría en sanar.

Se tocó su propio ojo izquierdo, todo rastro de lo que alguna vez fue una pelea, había desaparecido. Las medicinas que le dio Hermione fueron realmente efectivas, casi milagrosas.

Hermione…

Susurró su mente. ¿Qué le pasaba con ella? Realmente quería saber qué le pasaba con ella, era algo realmente nuevo, extraño e irreconocible la forma en la que él cambiaba cuando estaba cerca de ella. Él normalmente no era para nada agresivo ni se encontraba en una pelea verbal con tan solo cruzar unas palabras, ¿con ella? Ron resopló, con ella parecía convertirse en algo natural. ¿Por qué?

El eco de unos pasos que se agilizaban lo hicieron levantar la vista justo en el momento que un cuerpo diminuto daba la vuelta en la esquina del pasillo y parecía caer sobre la pared. Así, solamente, se dejó caer hasta quedar apoyada con la espalda sobre la pared y agazapó todo su cuerpo contra ella.

Ron se quedó con la boca abierta, ¿qué hacer? Definitivamente tenía que hacer algo, no podía dejarla así, tal vez estaba herida o algo.

Escuchó unos sollozos y sin pensarlo más se puso de pie caminando lentamente hacia ella, temía asustarla.

¿Qué estaría haciendo alguien en la biblioteca a las ocho de la noche, y en viernes?

Tentó cada paso que daba; las luces que iluminaban el pasillo eran muy tenues y la oscuridad de la noche cada vez entraba más hasta dejar el lugar en penumbras. Ron se guió tocando los estantes hasta llegar al otro lado, hasta llegar con esa desconocida que necesitaba ayuda, consuelo urgente.

Los suaves sollozos cada vez se convertían en un llanto a punto de salir.

Llegó hasta ella y se puso de cunclillas. La chica rodeaba fuertemente con sus brazos sus piernas atrayéndolas hacia así, mientras escondía su cara entre ellas. Su llanto era cada vez más difícil de detener, que era lo que intentaba hacer, sin éxito.

El cabello castaño rizado le caía suelto por todos lados impidiendo verle su cara o por lo menos ver el escudo de su playera para ver a qué casa pertenecía.

– ¿Estás bien? –Preguntó Ron despacio y tranquilo. Ella de inmediato se agazapó aun más a la pared y se refugió más a su cuerpo–. ¿Te encuentras bien? –Reiteró la pregunta y ella fue subiendo suavemente su cara, los suaves tonos marrones de sus ojos fue lo primero que observó junto con la delicadeza de sus mejillas, pero ambos se veían opacados por los matices rojos que reflejaban su llanto, su dolor. Cuando mostró su cara por completo la reconoció de inmediato, ¿cómo no hacerlo?

Hermione Granger estaba metida en sus pensamientos más de lo que desearía.

Ron se quedó con la mirada fija sobre ella. No la conocía para nada bien, pero desde el momento en que la conoció se dio cuenta de algo, ella era una persona fuerte, con carácter, no podía derrumbarse por algo simple, debía de haberle pasado algo grave, pero, ¿qué? o ¿quién?

Ron apretó los labios y soltó un gruñido. Malfoy…

– ¿Q-qué ha-ha-ces aquí? –Hipó mientras se limpiaba las lágrimas de su rostro.

– Cumplo mi castigo –Respondió Ron aun cavilando suposiciones de lo que pudo haberle pasado. No se quedaría con la duda–. ¿Qué te pasó?

Hermione desvió la vista aun hipando y con lágrimas sueltas que se negaban a quedarse en sus ojos llevó sus manos a su pecho y tocó un pequeño colguije de mariposa que llevaba puesto desde el primer día que la conoció. Era bastante bonito y seguramente guardaba algún recuerdo, la efusividad que ponía al querer tenerlo entre sus manos era muchísima.

– No-no m-me pa-pa-sa n-na-da –Logró gimotear y se deslizó hacia arriba con la espalda pegada a la pared.

– Esto –Ron también se levantó y con el dorso de su mano rozó la piel de sus mejillas quitando algunas lágrimas–, no es nada. –Hizo una mueca enfadado. Quería sacarle la verdad y lo haría. Por su propio bien, por el de ella.

Ella siguió gimoteando y sollozando sin emitir palabra alguna. No quería decir nada, esa era la razón y Ron no podía obligarla, no después del trato que llevaban dándose desde que se conocieron. Hostilidad, hostilidad, peleas, peleas. Pero no por eso dejaba de ser una persona que algunas veces requería la ayuda de quien pudiera brindársela. Y Ron quería ayudarla, quería protegerla.

Hermione pasó sus manos por toda su cara quitando cualquier rastro de lágrimas que aun viajaban pos sus mejillas, restregó sus ojos para que las lágrimas dejaran de salir; cuando terminó, respiró profundamente y formó una pequeña sonrisa en su rostro, mas falsa que un billete de dos dólares.

– No me pasa nada –Reiteró con su voz normal y aparentemente calmada. Caminó unos pasos alejándose de Ron, poniéndose de frente a las vitrinas y de espaldas a él.

Ron soltó aire sonoramente. Esa chica si que era todo un caso.

– Mira, se que nos hemos llevado muy mal desde que nos conocimos, relativamente hace poco. –Empezó Ron y Hermione volteó la mirada por sobre su hombro para verlo– Puedo sentir que yo no te caigo bien y tú a mi… –Un matiz de duda se creó en su voz. ¿No le caía bien? No, eso no era verdad, lo que pasaba era que no la conocía bien y la forma en cómo la conoció y los sucesos que le siguieron a esas "presentaciones" no fueron las normales– Bueno, en realidad no me caes mal. Simplemente no te conozco realmente. Sea como sea, si necesitas ayuda o algo, siempre estoy por aquí. –Pasó una mano por su cabello mientras dirigía su vista al techo. Era un techo muy bonito…

No, la verdad era que no quería que ella se diera cuenta de que se había sonrojado, puesto que acababa de decir algo que realmente no tenía intención de decir. ¿Siempre estoy aquí? ¿Por qué rayos dijo esa idiotez? Él nunca decía ese tipo de cosas. ¡NUNCA!

Se creó un silencio entre los dos y un gélido aire se coló por una pequeña ventana al inicio del pasillo provocando un chillido. El cabello de Hermione empezó a revolotear frenéticamente y ella lo pasó por detrás de su oreja para aplacarlo.

– Ronald, yo…

Ron seguía con la vista clavada en el techo, se sentía un idiota.

– Es decir, tu…

Alejó su vista del techo y vio a Hermione darse la vuelta para quedar frente a él. Tenía una pequeñísima sonrisa en le rostro, solo unos milímetros de sonrisa, pero una en verdad sincera.

– Tú tampoco me caes mal. –Aseguró.

Ron abrió la boca sin emitir sonido alguno y empezó a mover su cabeza a todos los lados posibles. En verdad que esa chica era todo un caso, un completo caso.

– Y… entonces, ¿me vas a decir que te pasó? –Preguntó Ron de pronto. Al parecer, habían pactado algo como el inicio de una amistad, una rara amistad acompañada de seguramente peleas diarias y frustraciones continúas.

Hermione bajó la vista y se mordió el labio inferior antes de contestar. La fiereza que su mirada había mostrado unos días antes se veía invadida por un miedo y dolor inaudito, y él quería protegerla, lo único que quería era protegerla.

– Yo… no puedo –Declaró. Negó varias veces con su cabeza y apretó sus labios. Unas nuevas lágrimas trataban de salir.

– ¿Es tan grave que no me lo puedes decir?

– Es algo que no entenderías.

– Podría intentarlo. –Sonrió de medio lado tratando de convencerla. Quería ayudarla, realmente quería ayudarla.

– No debes involucrarte, no quiero involucrarte… –Su voz se quebró. Sollozó nuevamente y se cubrió el rostro con las manos, el llanto le negó las palabras.

Ron estaba realmente confundido, ¿Qué podía ser tan malo como para ponerla así? Cuando se peleó con Malfoy parecía implacable, decidida, cuando se topó con Snape también, tenía una fuerza interna increíble, y ahora, parecía una tierna persona indefensa a la espera del cuidado de alguien, de protección.

Su llanto se acrecentó y Ron no pudo soportarlo.

Se acercó a ella rápidamente y la abrazó. Hermione se sobresaltó un segundo dando un respingo, pero en seguida se relajo, aunque no así su llanto.

Ron empezó a sobar lentamente su espalda y a acariciar su cabello tratando de tranquilizarla. Hermione, aun cubriéndose el rostro, se hundió en el pecho de Ron temblando y con su llanto mas desbordado.

– Si no quieres decirme nada, no lo hagas, no te obligaré –Por ahora. A completó Ron en su cabeza. Estaba seguro que alguien le había hecho algo, y si había sido Malfoy vengándose por el castigo, se enteraría y lo haría pagar, seguro que lo haría.

Sintió el asentimiento de Hermione en su pecho y la abrazó aun más fuerte. Un instinto de protección se apoderó de él. Parecía una frágil personita a punto de derrumbarse si alguien no era capaz de retenerla, y él quería hacerlo, por alguna extraña razón, y a pesar de todo lo que había pasado esos últimos cinco días, quería hacerlo.

– Tranquila –Pidió Ron antes de que unos fuertes y ruidosos pasos se escucharon por el pasillo.

– ¡RON! ¡Hago de todo para que por una vez en la vida me permitieran regresar en viernes…!

Oh, Demonios Maldijo Ron internamente; no fue para nada difícil reconocer la voz de Harry proveniente del inicio del pasillo.

– ¡¿Y qué me encuentro?! –Su tono de voz parecía realmente enfadado, no quería llegar a verlo, seguramente tendría esa mirada de odio– ¡Me encuentro con que estás castigado! ¡CASTIGADO! ¡Se suponía que no volverías a peleas, lo prometiste, lo prometimos! –Enfatizó más la última palabra.

Ron bajó la mirada y vio a Hermione reprimiendo su sollozo, había olvidado por un segundo que la tenía en un abrazo protector.

– ¡Eres un maldito idiota!

La voz de Harry cada vez se volvía más cercana. Separó delicadamente a Hermione de su cuerpo, la verdad no quería que Harry lo encontrara así.

– ¡Y seguramente todo por una tontería!

Ron resopló molesto. ¿Una tontería? ¡Claro que no había sido una tontería!

Harry lanzó unas maldiciones más, antes de que Ron alcanzara a distinguirlo a unos cuantos metros de él bajo la tenue luz del lugar.

– ¡Eres un idiota! –Repitió de nuevo acercándose directamente a Ron.

Hermione se separó por completo de Ron y empezó a limpiarse las traicioneras lágrimas que ya habían marcado todo su rostro; se puso atrás de Ron mientras Harry se acercaba peligrosamente.

Tenía una mueca en el rostro y sus ojos estaban que echaban chispas. Decir que estaba enojado era poco.

– ¿Qué rayos bloqueó tu cerebro para que te pelearas? –Reclamó saber Harry cuando llegó y se plantó frente a Ron.

– ¡Ya cálmate, Harry! –Pidió Ron.

– ¡¿Qué me calme?! ¡¿Cómo quieres que me calme?!

– Muy simple, respiras profundamente y olvidas que me quieres matar. –Ron trató de bromear un poco. Harry tenía esa expresión en el rostro de cuando desea tomarlo por el cuello y darle una buena sacudida, contraía los labios fuertemente y sus ojos se abrían y cerraban una y otra vez mientras movía su cabeza de un lado a otro desesperado.

Ron no dijo nada mas, sabía que el enojo de Harry tenía sus causas. La promesa que habían hecho a McGonagall a sus padres y a todo el consejo sobre ya comportarse por lo que les quedaba del año escolar también fue una promesa entre ellos, una silenciosa promesa de alejarse de cualquier problema, o lograr que despidieran al profesor de Pociones, pero siendo eso realmente difícil, al parecer comportarse era la única solución de su salvación.

Harry sonrió disimuladamente en uno de sus movimientos de cabeza. Ron brincó internamente, Harry olvidaría lo que había pasado, aunque claro, seguramente exigiría una explicación de sus acciones, la pelea.

Unos leves sollozos se escucharon tras Ron; Hermione aun seguía mal. Ron volteó su cara por encima de su hombro hacia ella, la oscuridad del lugar no le permitía verla con claridad, solo la escuchó respirar profundamente.

– ¡Vaya, vaya! –Empezó Harry con una sonrisa socarrona en el rostro y echando un vistazo detrás de Ron– Al parecer no estás pasando tan mal tu castigo como yo lo pensé. –Levantó sus cejas repetidas veces pidiendo una explicación de la chica que se hallaba tras él.

Ron vio a Harry y luego a Hermione, se pasó una mano por su cabello y sonrió de medio lado. ¿Cómo explicarle que ella era la causa de que se hubiera peleado apenas al inicio de la semana? ¿Cómo decirle que era increíble la manera en que logró ser salvado por ella con tan solo palabras? y ¿Cómo lograr decirle que esa pequeña adolescente era más terca que una mula y lo sacaba de quicio fácilmente?, también ¿Cómo explicarle que por alguna razón llevaba diez minutos llorando y él lo único que quería hacer era protegerla? ¿Cómo explicarle que sentía la necesidad de cuidarla? ¿Cómo explicarle todo eso a Harry?, pero por sobre todo ¿Cómo explicarse todo eso a él mismo?

Hermione dejó de sollozar por completo y dio media vuelta lentamente; seguramente había escuchado lo que Harry dijo.

– Harry –Llamó su atención y extendió una mano hacia Hermione para presentarla–, ella es una nueva alumna de Gryffindor, llegó a la escuela el lunes.

En cuanto Hermione quedó de frente a Harry y dio un paso hacia la luz, Harry se puso serio y repentinamente su boca se abrió, se quedó por completo pasmado y estático. Ron alzó una ceja confundido, ¿Qué le pasaba?

– Se llama…

– Hermione… –Interrumpió Harry en un susurro desconcertado.

Ron hizo una mueca confundido y frunció el entrecejo. Volteó a ver a Hermione, tenía un brillo en la mirada, las lágrimas volverían a salir de inmediato, pero esta vez no era de miedo, parecían ser de felicidad, de… ¿ilusión?

– ¿Harry? –Susurró Hermione insegura, su mentón empezó a temblar sin poder parar. Se quedó con la mirada fija y profunda sobre Harry, él estaba también enfocado en ella y solo en ella–. ¡Harry! –Exclamó y una sonrisa que Ron no había visto en ella desde que había llegado a la escuela inundó su cara, y Ron debía de reconocerlo, era esplendorosa.

Harry también sonrió enormemente y antes de que Ron se diera cuenta Hermione corrió hacia Harry y se lanzó a su cuello abrazándolo fuertemente, Harry correspondió gustoso al abrazo.

Ron se quedó con la boca abierta y una mueca le siguió sobre sus labios. ¿Qué rayos estaba pasando ahí?

Continuará…


como veran, (o tal vez ni en cuenta) este capitulo es por completo diferente

para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?

Cuidense, nos vemos.

XOXO
rosa . chocolate