7.
30 de octubre
La Escuela de Medicina estaba repleta de estudiantes de último año rindiendo el examen de grado, alumnos que estudiaban para médicos, enfermeros, traumatólogos o pediátricos iban y venían de un lado a otro repasando sus apuntes, no había tiempo para conversar entre amigos ni tomar un café relajante.
Krista no estaba nerviosa, había estudiado lo suficiente y confiaba en su experiencia para llevar a cabo el último de sus exámenes. Si lo aprobaba obtendría su título oficial en solo dos semanas y podría volver a Monteck, donde su padre se había establecido y había muerto siete años atrás. No estaba triste ni insegura por enfrentar sola el gran desafío que significaba dejar definitivamente la escuela y dedicarse al trabajo puro; solo temía no ser lo suficientemente feliz.
Habían pasado dos semanas desde el incidente con Leorio y Kurapika, ambos estaban desaparecidos de su vida y no mostraban señal de estar aún en la ciudad o siquiera de existir. Su vida había vuelto a ser la misma, los mismos horarios, el mismo insomnio y escritos a medianoche, la misma rutina llena de vacíos y el interminable aburrimiento durante el camino a casa, aunque todo era mucho más ameno con Pirulo andando a su lado o despertándola con lengüetazos.
Solo le molestaba el constante recuerdo de Kurapika despidiéndose de ella fuera del hotel donde había decidido hospedar. Esa mañana le pidió que buscara otro lugar donde quedarse, que no quería seguir compartiendo su techo con él, que no le gustaban los cazadores y no iba a transar su vida tranquila por él. Desde esa misma noche, pluma en mano sobre la agenda de sus cuentos infantiles, la imagen del chico sonriéndole con resignación y tristeza no dejaba sus ideas fluir. No era culpa lo que sentía ni reproche, solo una especie de melancolía que se mezclaba con el deseo de querer saber qué estaba haciendo, si había vuelto a la Asociación, si acaso estaba enfermo o si había regresado a su vida cotidiana sin recordarla demasiado.
Con el paso de los días creía extrañarlo un poco más y creaba suposiciones sobre él, de las cuales luego se reía ella misma de su ingenuidad y poco contacto con la realidad. Sus días se habían convertido en un ir y venir de la rutina entre el trabajo y lo que su mente quisiera crear entorno a la extraña persona en la que estaba interesada.
Volvió a suspirar sobre el examen escrito que tenía bajo sus ojos. No podía seguir así, inundada por el sentimiento de la desesperanza y la melancolía, necesitaba que Kurapika respondiera sus dudas, tontas y absurdas, pero que si no sabía las respuestas sentía que iba a morir dentro de un agujero negro.
El examen no estaba difícil, todo era tal como lo había pensado, mucha aplicación y poca teoría. Al fin y al cabo su profesión se caracterizaba por la acción inmediata y no por el conjunto de conocimientos que estuviesen detrás de una decisión clínica. Aprobaría, y podría terminar el plan de vida que se había trazado cuatro años atrás.
Aunque después de llegar a casa con los honores de la Escuela de Medicina ¿qué haría?
Terminó de escribir las respuestas del último ítem con increíble rapidez, dejó el lápiz, el examen y salió prácticamente corriendo del salón. Ignoró el llamado de su profesor y las miradas inquietas de sus compañeros. Necesitaba correr, cansarse para evitar una crisis nerviosa idéntica a la que sufrió al enterarse que su padre había muerto. Volvía a sentir que estaba ante un barranco sin fondo y que estaba obligada a lanzarse porque ya lo había decidido. Al aprobar el examen se enfrentaba directamente con el resto de su vida, con el vacío, con la falta de amigos, con la falta de un amor y un hogar donde llegar al final del día.
Cruzó el umbral de la Escuela y corrió hacia la estación lo más rápido que daban sus pies. Se sintió una estúpida al llorar, al creer que había llegado al final de todo lo que se había propuesto solo para embargarse de miedo y soledad. No podía encontrar la felicidad que Papá tanto le prometió, la libertad de ser joven, adulta y poder hacer cuanto le diera la gana, ¿de qué servía todo aquello si no había alguien con quien compartir todo lo que le quedaba de vida? ¿De qué le había servido ser la mejor en todo lo que hizo si nadie la reconocería?
Se detuvo en seco respirando hondamente, aún sostenía con fuerza el bolso que arrastraba desde la universidad y el suéter que no había alcanzado a abotonar. Estaba en medio de la plazuela, siendo observaba por ojos curiosos y preocupados sin saber a donde ir ni qué hacer de ahora en adelante. Ni siquiera era capaz de recordar dónde estaba su casa.
Vio a lo lejos la Asociación de Cazadores, aquel edificio alto justo en medio del lado este de la ciudad, imponiéndose como una gran torre control sobre los habitantes. Solo un tipo de personas se dirigía en esa dirección, opuesta a la de la mayoría de las personas; solo aquellos que habían decidido entrar a la mafia de los cazadores se le permitía entrar a su edificio, lleno de semi humanos que apenas recordaban como se sentía el dolor o la pena. Habían mutado para convertir la mitad de su ser en una especie de animal consciente que hacían daño y causaban angustia sin recordar que la base de la humanidad era la empatía, y que la base de todo su poder estaba precisamente en que eran simples seres humanos.
Caminó rápidamente hacia la Asociación, necesitaba ver a Leorio, hablar con él, pedirle que por favor se quedara con ella, que volvieran a casa y cumplieran su sueño de no volver a ver un niño morir solo porque no había suficiente dinero. Quería verlo, abrazarlo como cuando eran niños y prometerle que no hacía falta que arriesgara su vida, que ella podría trabajar mientras él terminaba de estudiar medicina, que el tiempo no era problema. No quería seguir durmiendo y viviendo sin saber si Leorio estaría para ella al día siguiente o debería extrañarlo eternamente culpándose por no haberlo detenido a tiempo.
Después de él, ¿qué más llenaba su vida?
La Asociación le pareció inmensamente grande e innecesariamente lujosa. Se sorprendió de no ver ningún guardia de seguridad ni algún administrativo que corroborara su identidad al entrar. Lo único que podía pensar era que si no existían barreras de entrada, el lugar el que estaba era lo suficientemente peligroso como para defenderse a sí mismo.
Vio a un par de personas salir mientras se dirigía al ascensor. No estaba segura, pero recordaba que Leorio le había dicho que si se encontraba en peligro fuese a buscarlo a la oficina 14-03, en el piso 13, ubicada justo al final del pasillo. Rogaba para que en los últimos 2 meses no hubiese cambiado de lugar.
Le tembló un poco el corazón al darse cuenta que el edificio estaba prácticamente vacío, como si estuviese abandonado y la misma soledad la empujara hacia afuera llenando su alma de temor.
Se quedó de pie a la salida del ascensor viendo el frío pasillo frente a ella, ni siquiera la tibia luz del sol que se metía desde las ventanas podía hacerla sentir más cómoda o al menos acogida. Se preguntaba cómo Leorio podía trabajar ahí o cómo había soportado tanto tiempo.
Se apoyó contra la pared sin entender por qué se sentía tan aprisionada, sus manos se habían congelado como si una gran presión la aplastara poco a poco contra su voluntad. El aire se hizo más denso y oscuro, y la luz del sol se escondió detrás de las puertas; no se preguntó por qué, solo se dejó estar, después de todo lo único que quería era descansar.
-Geru, ¿qué estás haciendo? ¡Déjala!
-es una intrusa, ¿no conoces el protocolo?
-claro que lo conozco, pero no es una intrusa. Es una humana común y corriente ¿en verdad crees que es una amenaza?
Krista entreabrió un ojo pudiendo al fin entender lo que oía; una mujer discutía con un muchacho, ¿quién podría ser? Leorio no tenía una voz tan suave y Kurapika arrastraba las palabras terminadas en a y e. No conocía a alguien más dentro de la Asociación, ¿la habían atacado por intrusa? Pero si nadie la había detenido en el camino para preguntarle qué hacía allí, ¿qué tipo de jurisdicción poseían?
-Geru…-insistió el chico con impaciencia
Vio a la delgada mujer de vestido negro mirarla con furia y desdén antes de liberarla por completo de su hechizo. Rápidamente volvió a respirar con normalidad, y sentada aún junto al ascensor, pudo ver a quien la había salvado del malentendido con la mujer de largo cabello.
-¿te encuentras bien?-le sonrió él con amabilidad mirándola a la cara
-sí, gracias-susurró un poco incómoda intentando reconocerlo
-¿qué hacías aquí? No eres una cazadora
-vine a ver a...un amigo, dijo que viniera si estaba en peligro
-¿y lo estás?-le sonrió tendiéndole la mano para que se levantara
-bueno, un poco
-¿a quién buscas?
-¿tú eres un cazador? Conocías a esa mujer, ¿ella lo es también?
-Geru es una cazador zodiaco y está encargada de la seguridad desde el piso 13 hacia arriba, porque aquí trabajan en las temas más delicados de la Asociación. Pero tiene prohibido atacar humanos sin uso de nen, va contra las leyes
-¿y tú…?
-oh, yo perdí mi licencia pero sigo trabajando para los cazadores. Mi nombre es Blue
-¿Blue? ¿Es tu nombre real?
-no-rió-dime a quién buscas y puedo ayudarte, soy una especie de mayordomo del Zodiaco, así que puedes confiar en mí. Conozco este lugar a la perfección.
-busco a Leorio
-Leorio lleva varios días fuera de la ciudad, acompañó a la jefa Cheadle en una misión. Puedo dejarle escrito un recado en su oficina si quieres, pero no puedo darte su número ni su correo
-¿...y...Kurapika?-preguntó un poco más bajito y nerviosa
-debe estar por llegar, aparece siempre poco antes del mediodía-le sonrió feliz de ayudarla-puedes esperarlo en la salita del hall en la entrada y yo le avisaré cuando llegue
-no, no, no es necesario. Vendré más tarde-sonrió avergonzada intentando acercarse al ascensor en busca de la huida
-¿quieres que le diga que estuviste aquí?
-no, no le digas na…
-espera-dijo guardando silencio justo antes que el ding del ascensor sonara en el silencioso pasillo-te dije que llegaba poquito antes del mediodía
Kurapika se quedó viéndolos un segundo con una galleta de chocolate a medio comer. Levantó su mano para saludar pero se detuvo al ver que Krista estaba ahí, seguramente pensaba encontrarla en cualquier lugar de la ciudad, menos en la Asociación de Cazadores.
-¿qué haces aquí?-fue su reacción al verla directamente
-la señorita aquí presente preguntaba por ti y Leorio-le dijo Blue con cierto tono de reverencia
-gracias Blue
Kurapika jaló del brazo a Krista y la llevó consigo hacia el fondo del pasillo, justo al lado de la oficina 14-03. No le dijo una palabra hasta que estuvieron dentro del pequeño apartado, evitando mirarse a la cara y manteniendo un extraño silencio del que Krita deseaba escapar.
El rubio se veía exactamente igual a cuando lo dejó en el Hotel CX dos semanas atrás. Vestía un traje azul oscuro sin corbata y el cabello un poco más corto, como si al fin un buen peluquero le hubiese arreglado el peinado. Se veía idéntico, pero a los ojos de Krista parecía haber enfermado y decaído con el tiempo, quizás esa era su expresión real antes de estar con ella un tiempo. Sintió lástima y ganas de pedirle que volviera a su lado, al menos para verlo mejor.
-quería ver a Leorio, pero no está. Pensé que tú podías decirme cómo contactarlo-aseguró intentando parecer tranquila
-vuelve la próxima semana, ¿por qué no lo llamaste?
-era una emergencia
-¿pasó algo malo?-preguntó ofreciéndole la silla de su escritorio para que se sentara. Krista sonrió por lo bajo agradecida-¿te hirieron?
-no, no, nada de eso. Solo tonterías, necesitaba hablar con él. Es todo
-entiendo-hizo silencio terminando de comer la galleta que traía desde el ascensor-Krista, es peligroso que hayas venido hasta aquí
-¿por qué? Yo no he hecho nada malo
-no sé si deba explicártelo-susurró como si hablara consigo mismo
-siento haberte hecho perder el tiempo. Tengo que volver a casa, a decidir qué hacer con mi vida-rió entristecida-creo que volveré a Monteck
-¿por qué estás tan triste?-le preguntó con curiosidad sentándose al borde del escritorio en frente de ella-siento que en cualquier momento te vas a poner a llorar, y soy muy malo consolando a las chicas-le advirtió sacándole una sonrisa
Krista suspiró mirando a su alrededor. El escritorio estaba desordenado, con informes a medio leer, apuntes en papelitos sobre la mesa y hojas blancas con anotaciones rápidas. Un par de libros se escondían bajo una chaqueta de cuero negro y un par de tazas de café estaban frías en una esquina. Se sorprendió de ver tal desastre en el lugar de trabajo de Kurapika, creía que era estricto e inflexible en el orden como lo era con él. Se sintió muy tranquila y cómoda en medio de su desorden, le recordaba a ella misma cuando era más joven, impetuosa y estúpida, pero feliz. ¿Sería él feliz?
-hoy di mi último exámen, y me titularé la próxima semana
-¿eso no es bueno? Leorio sueña con el día de sacar su título
-yo también, hasta hoy en la mañana cuando me di cuenta que después de esto...no me queda nada. Todo lo que tenía planeado, ya está hecho, ¿no te ha pasado? Que de pronto despiertas y ya no hay nada qué perseguir o buscar, todo ya está listo para que puedas vivir del mismo modo eternamente
-nunca me ha pasado. Espero el día que pueda despertar y decir: he terminado, al fin
-quizás tus metas son más importantes que estudiar y trabajar
-¿y qué piensas hacer?
-no lo sé, ese es el problema. Seguir trabajando, comprarme un automóvil, una casa, tener un perro y esperar que alguien...que alguien me encuentre lo suficientemente especial como para formar una familia. ¿Qué más puedo esperar?
-creía que tenías sueños más grandes que casarte y tener hijos
Krista lo miró sonrojada hasta las orejas y frunció el ceño al darse cuenta que Kurapika no reía ni estaba bromeando, ni siquiera se había incomodado al decirle sin tapujos que acababa de decepcionarlo.
-no es que sea lo único que quiera, me gusta la idea de tener hijos ¿soy una anticuada por querer algo así?
-no, claro que no. Pero eres muy joven y podrías hacer más por ti misma; ¿has pensado en viajar?
-conocí lo suficiente gracias a mi padre
-¿trabajar en algo diferente?
-¿qué sentido tendría haber estudiado cuatro años?-se cruzó de brazos un poco enojada-tenías razón cuando dijiste que no sabías consolar mujeres
-es que a ustedes les gusta que les adornen los problemas para que suenen más lindos, pero yo no sé hacer eso; así que siempre termino enojándolas o entristeciéndolas aún más
-sí, tienes razón-suspiró desanimada-¿y tú qué? ¿Cómo has estado?
-bien...normal, como siempre
-¿seguro? Estás más delgado que cuando te fuiste de mi casa, ¿estás comiendo bien?
-no empieces a hablarme como Leorio, por favor
Krista se levantó y se acercó a él tomando su mejilla mientras lo examinaba con ojo estrictos. Kurapika contuvo la respiración esperando no sonrojarse o temblar al tenerla tan cerca de sí; no era capaz de decirle lo mucho que le gustaba ni lo apenado que se había sentido tres días atrás, cuando se encontraron en la misma estación de trenes sin que ella lo reconociera. Le hubiese gustado ser un poco más evidente para que Krista entendiera o al menos se hiciera la idea de lo que sentía por ella.
-¿me veo muy enfermo?-le preguntó quitando la mano de Krista de su mejilla
-sí
-yo me siento bien
-¿cuando amaneces tienes mucha sed o hambre?
-no
-después de comer, ¿te da sueño?
-a veces, cuando almuerzo
-¿te mareas seguido...o al menos una vez al día?
-...sí, Leorio dice que debo dormir más
-no, yo creo que tienes que ir al médico y hacerte exámenes de sangre. ¿Cuánto peso has perdido en los últimos dos meses?
-no lo sé, pero quizás he bajado… ¿una talla y media?
Krista rió.
-eso son alrededor de 8 kilos, y siendo tú...yo diría 10
-¿qué crees que tengo? ¿Me voy a morir?
-no si actuamos a tiempo-le sonrió acomodando el flequillo del rubio sobre su frente-no quiero que te dé un coma diabético un día de estos
-¿crees que tengo diabetes? Es un poco imposible
-¿por qué?
-mi familia no tenía ni remota cercanía con esa enfermedad
-pero tú vives en la ciudad y tienes los vicios de la ciudad. Deberías examinarte, me preocupa mucho que puedas estar enfermo sin saberlo
-Leorio dice que solo tengo que alimentarme mejor y dormir más
-esperemos que tenga razón y yo solo esté exagerando-sonrió fijándose en las pupilas grises de Kurapika, tan profundas y brillantes que le parecían la mirada más bella que conociera, incluso más hermosa que la de Hug. Estaba feliz porque al fin podía desprenderse de aquel doloroso recuerdo, no era que estuviese reemplazando uno con otro, simplemente había encontrado algo mejor.
El rubio la miraba con timidez, le gustaba mucho tener la oportunidad de verla de nuevo y estar tan cerca, hablar con ella y tener que contener los deseos de abrazarla. Adoraba sus ojos castaños siempre melancólicos y dulces, su rostro amable y su cabello oscuro que caía sobre sus hombros con ondas suaves. Le habían gustado muchas mujeres en su vida, pero ninguna se parecía a ella y era quizás esa cualidad lo que le encantaba.
-¿por qué no vienes conmigo?-le preguntó directamente convenciéndose de lo que deseaba hacer
-¿de qué hablas?
-tú estás aburrida ¿no? Estas semanas no estaré muy ocupado porque la jefa no está, y le pedí permiso para encargarme de un pequeño problema personal. Si quieres puedes acompañarme y si me hieren, me puedes cuidar y…
-¿y a dónde iremos?
-solo te puedo explicar si me dices que sí
-no lo sé, Kurapika. Es arriesgado, y yo no sé pelear, tendrías que andar protegiéndome si algo sale mal y te estorbaría
-pero será más entretenido
-¿crees que es entretenido arriesgar la vida juntos?
Krista se sonrojó al verlo sonreír como un niño pequeño al que no se le puede negar ni un dulce por la ternura que despedía.
-no te pediría que fueras conmigo si no creyera que puedo tener todo bajo control. No soy tan estúpido
-¿no será un cambio muy abrupto?
-es mejor así, te curas de espanto y aprendes mucho
Krista se mordió los labios pensando en qué decirle. La verdad era que sí quería salir con él, viajar con él y vivir aventuras con él, pero era demasiado pronto y apenas sabía a qué tipo de misiones se dedicaba Kurapika, ¿y si debía matar personas? No podría ayudarlo ni aunque estuviese agonizando. Por otro lado, el chico tenía razón, quizás esta era la oportunidad que estaba esperando para comenzar una nueva vida, arriesgarse y darle una nueva emoción a su existencia antes de estancarse para siempre...pero, ¿con él? ¿De verdad quería vivir y arriesgar su vida solo por acompañarlo?
-si no quieres o te dá miedo, no hay problema-le sonrió él atreviéndose al fin a tocarla, quitándole un mechón de cabello de la cara
-¿no irás con Leorio?
-quiero que estudie lo suficiente para que Cheadle lo ascienda un poco más y pueda quedarse con el cargo definitivo de médico oficial de la Asociación; peleamos mucho para que entendiera que a mí no me sirve de nada quedarme acá, pero a él sí y debe hacer su mejor esfuerzo para lograrlo
La enfermera asintió un poco aturdida por el temor y la emoción en su interior.
-te invito a comer si quieres pensarlo un poco más
-¿por qué quieres que te acompañe? ¿No tendrás segundas intenciones?-inquirió con el ceño fruncido acercándose tanto a él que su cabello resbaló desde su hombro por la mejilla del chico
-claro que no. Me pareces una buena compañera y creo que puedes serme útil, es todo-se defendió rápidamente poniendo las manos en alto. No quería que pensara mal de él ni que se hiciera una imagen equivocada-no soy de ese tipo de hombres, soy mil veces mejor moralmente que Leorio
Krista se echó a reír enérgicamente tirando su cabello hacia atrás y se volvió hacia la silla recogiendo su suéter y su bolso. Realmente le hacía bien pasar tiempo con Kurapika, quizás podría decirle que sí y arriesgar su vida tranquila solo por un poco de aventura.
-te diré mañana, tengo que pensarlo un poquito más
-¿por qué te ríes de mí?-Kurapika se levantó del escritorio bajando el rostro con vergüenza, aunque pronto se entristeció al verla lista para salir-¿vas a tu casa?
-sí, voy a pensar y a ordenar mi cabeza. No puedo darte una respuesta en este momento que siento que mi vida es una misera
-¿quieres que te acompañe?
-¿no estás trabajando?
-sí, pero ya te dije que no me queda mucho por hacer. Puedo invitarte a almorzar si quieres
Salieron de la oficina en silencio hacia el ascensor. Blue había desaparecido y la sensación de frío había vuelto al pasillo, pero Kurapika no parecía afectado; al parecer solo era una trampa nen para cazar a novatos.
No se encontraron con nadie en el camino a la salida, la Asociación estaba en verdad vacía como un desierto y todo el lugar se embargaba de una profunda soledad. Tal vez estaban todos ocupados en misiones personales como Kurapika o de vacaciones o con Cheadle. No entendía bien cómo funcionaba la Asociación, mientras más se acercaba más se convencía que era una mafia que gobernaba el mundo entero desde la falsa careta de la humildad y las supuestas intenciones de preservar la seguridad de las personas.
-¿cómo está Pirulo?-le preguntó Kurapika a medio camino. Le incomodaba verla tan silenciosa y seria, como si tuviera una inquietud enorme en su alma que le quitaba las ganas de sonreír
-está grande y come mucho, no he podido sacarlo a pasear muy seguido
El chico asintió mirando el cielo.
-¿te gusta esta ciudad?
-no mucho-respondió Kurapika volviendo a mirarla-me gustaría si estuviese más cerca del mar
-¿te gusta el mar?
-mucho. Lo conocí cuando ya era mayor, cuando niño ni siquiera sabía que existía
Krista rió.
-¿cómo es posible?
De pronto recordó la procedencia del rubio y guardó silencio. Si aceptaba salir con él, podría decirle que conocía su pasado o al menos parte de él y que podía confiar en ella para hablar sueltamente de su verdadera identidad.
Siento la brevedad xd el prox capitulo es largo y no quise cortarlo en ningun lado jaja
Espero les haya gustado. Me cuesta un poco humanizar a Kurapika, es un personaje muy muy reservado y es un tanto dificil sacarlo de contexto.
Feliz Año Nuevo!
Besos desde Chile 3
