Tras una ilusión
Los guardianes
Luego de una exitosa velada, Kagome e Inuyasha venían de regreso en el carro de él.
- Creo que debiste aclararle que yo no era tu pareja, porque entonces, cuando me vaya él volverá a… - Había empezado Kagome con su cháchara.
- Shh… - Dijo Inuyasha hastiado del discursito. – Dejémoslo así, lo que pase después de que te vayas es asunto mío.
Kagome lo miró preocupada pero prefirió callar. Luego de unos minutos volvió a abrir la boca.
- Tú dijiste que estabas atraído por alguien, ¿puedo saber quién es? – Preguntó Kagome con una inexplicable sensación de malestar, algo que no sabía descifrar porque estaba así, pero era algo que comúnmente se les llaman celos.
Inuyasha la miró de reojo algo extrañado por ese interés pero sin tomarle importancia, le respondió.
- No es nada formal, igualmente no tengo esperanza con ella. – Dijo para confesar pero sin hacerlo completamente.
- Pero ¿por qué? – Cuestionó Kagome confundida.
- Digamos que yo…ummm…no soy su tipo, por así decirlo. – Se explicó intentando reprimir la sonrisa, pues esa mujer estaba justamente a su lado.
- ¿Y cómo es posible? No se supone que según Aiko tú eres un….un….este… ah, ya recuerdo, un papacito fue que te dijo, ¿no?
Inuyasha rió levemente.
- Amén. – Dijo entre risas. – No, soy como cualquier hombre normal, nada del otro mundo.
- Pero…bueno, yo no sé de eso… pero yo te veo más bonito que Miroku. – Dijo Kagome con su inocencia que le caracterizaba. Inuyasha volvió a sonreír, pues, a él no se le clasificaba de "bonito" desde que tenía seis años. Quizás "sexy" o "apuesto" aún escuchaba decir a algunas mujeres con las que trabajaba, pero "bonito" nunca.
- ¿Enserio?
- Sí. – Aseguró asintiendo.
- Gracias. Ese calificativo no me lo habían dado.
- ¿Y cómo se te dice, entonces?
- A ver… - Dijo haciendo memoria. – Coño de madre, niño mimado, desgraciado, bastardo, etc.… - Respondió viendo la consternación en el rostro de su interlocutora.
- Me refiero por gente que te estime. – Se explicó ella enfadada.
- Ah, pues…desconsiderado, perro sucio, rata de dos patas… - Siguió él mientras sonreía y veía como Kagome resoplaba incrédula.
- ¿Algún halago te han dicho alguna vez? – Preguntó de brazos cruzados.
Inuyasha se lo pensó un rato.
- Sí, me han dicho…enciclopedia ambulante, buen amigo, hombre interesante, tentación andante, colirio para los ojos…y la última de mi repertorio que es "papacito" - Dijo recordando a un colega, a Sango, a sus diversas novias y por último a una pequeña hada impertinente.
Kagome sonrió.
- Entonces si eres bonito para las demás mujeres y un buen hombre para tus amigos. – Dedujo Kagome.
- No, a veces todo lo que te dicen no es verdad. Bueno, de Sango no dudo y tampoco sobre aquella chica que me dijo "tentación andante" porque déjame decirte que estoy más bueno que la palabra. – Empezó a bromear con tono dizque arrogante.
Kagome rió al igual que él y en eso se dieron cuenta que ya habían llegado al edificio.
Subiendo en el ascensor, Kagome recordó la idea inicial de la conversación.
- Epa, y al final no me dijiste quién era la mujer. – Le acusó Kagome.
Inuyasha sonrió.
- Algún día te lo diré. – Informó viendo la mueca que hacía una Kagome desilusionada.
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Luego de irse cada uno a su habitación, se cambiaron de ropa y Kagome empezó a detallar con más calma su cuarto.
- No hay televisor… - Musitó dándose cuenta de ese pequeño detalle. Luego se dio la vuelta para ir al baño a cepillarse pero se encontró conque el baño estaba cerrado con llave, seguramente estaba en desuso e Inuyasha se olvidó de eso. Ella vestía una bata corta y unos shorts que le llegaban a la mitad del muslo, sin embargo, no le dio importancia a su poca vestimenta y salió así para ir al baño que estaba junto a la sala.
Al llegar al pasillo, se dio cuenta con que había una luz proveniente de la sala. Se acercó un poco más y vio a su guardiana sentada en el mueble repasando unas notas que cargaba, que al parecer, por la expresión de Aiko, no decían buenas noticias.
- ¿Aiko? – Le llamó Kagome. Inmediatamente la hadita saltó del mueble y con la gracia de un colibrí se quedó suspendida en el aire agitando sus alas.
- Majestad, buenas noches, es un verdadero placer verla. – Dijo la aludida con una pequeña reverencia. Kagome sólo sonrió y puso los ojos en blanco ante tanta formalidad.
- ¿Cómo has estado?
- Ah, pues…bien, princesa. ¿Y usted?
- Estoy muy bien. Dime, ¿qué haces acá?
- Estoy revisando algunas cosas, nada importante. – Dijo escondiendo rápidamente los papeles. - ¿Cómo la ha pasado?
- Bien, pero recientemente han pasado cosas extrañas… - Comentó pensativa. Aiko frunció levemente el ceño.
- ¿Se refiere a la pluma y a Raion?
- ¿Raion? – Repitió Kagome confundida.
- El león.
- ¿Ese es su nombre? – Cuestionó más extrañada aún.
- La pluma es un mensaje, usted sabe que cuando la sacó del bolso, desapareció. Eso es porque el mensaje que a usted le mande cualquier ser, me concierne leerlo yo. Y el león, fue por error, al usted no saber usar correctamente su magia, convocó a su mascota, que está íntimamente ligada con usted.
- ¿Ese león es mi mascota?
- Sí, es su guardián aquí en la Tierra y usted puede convocarlo en un momento de debilidad contra el oponente para que la proteja con su vida.
- ¿Pero tú no eres mi guardiana? – Preguntó Kagome nuevamente. Aiko suspiró cansada.
- Yo soy la líder de los cuatro guardianes que a usted le corresponde. Cada ser mágico de la realeza posee ese privilegio. Raion, que es el león, es su guardián en la Tierra. Kujira, que es la ballena asesina, es su guardiana en el agua, Tori, que es un halcón, es su guardián en el aire y yo soy la guardiana en el fuego y en el mundo mágico como tal.
- ¿Pero por qué tantos?
- Aún no se ha presentado, pero en cuanto aparezca el mal, nosotros seremos sus mayores aliados. Y con respecto al mensaje, esta es una lista que usarás de ahora en adelante. – Dijo extendiéndole un pergamino pequeño. Kagome lo recibió dudosa.
- ¿Para qué es?
- Esos son los nombres de personas a las cuales debe ayudar, viven acá en Tokyo, si logra cumplir su misión con todas, podrá tener el privilegio de ser llevada al sitio donde está la Perla de Shikon y de allí en adelante superar diversos obstáculos.
Kagome abrió el pergamino y se asombró de ver tantos nombres, entre los que figuraban y encabezaban la lista los de Inuyasha y Sango. Calculando rápidamente habían alrededor de 100, 150 personas anotadas allí. En ese cayó en la cuenta de algo.
- ¿Cómo es que he podido leer esto y en cambio, no puedo leer como los humanos?
- ¡Ay! Ruego me disculpe, su alteza. – Exclamó Aiko haciendo otra de sus muy comunes reverencias. – Le di el poder innato de leer nuestro idioma natal y no le di el poder de hacer lo mismo con los humanos. Ya se lo doy. – Dijo azorada haciendo aparecer su varita y sin darle tiempo de protestar a Kagome, agitó la pequeña vara y esparció un polvo dorado sobre esta última. Kagome estornudó un poco y cuando abrió los ojos, empezó a modular en otra lengua.
- But, I just, I can't… - Y al escucharse a si misma, se tapó la boca con ambas manos.
- Oh, lo siento, lo siento. Le di el don de hablar cualquier lengua pero creo que me pasé. – Dijo agitando nuevamente su varita.
Kagome tuvo otro baño de ese polvo mágico y lo que pasó a continuación fue aún más extraño.
- Meow, meow… - Y esta vez, más aterrorizada aún miró a Aiko como si le hubiese concedido una enfermedad Terminal.
- ¡PERDÓN! – Chilló la susodicha agitando una vez más su varita.
- Sí esta vez fallas, voy a… - Y en eso, Kagome se silenció mostrando una sonrisa al ver que ahora volvía a la normalidad.
Aiko agitó su varita pero no hacia Kagome sino hacia la biblioteca que estaba detrás de Kagome, de donde hizo levitar un libro hasta las manos de su princesa.
- ¿Qué dice? – Preguntó Aiko mientras probaba si su hechizo había funcionado.
- Cómo no hacer el tonto por la vida. – Leyó Kagome el título del libro exitosamente, pero al instante rió levemente al decodificar lo que significaban esas palabras.
- No me extraña que ese mortal lea ese tipo de libros. – Refunfuñó Aiko.
- Gracias. – Dijo Kagome mostrando nuevamente su habitual semblante dulce. Su guardiana se sonrojó de la pena.
- A la orden. Cualquier cosa princesa, invóqueme con esto. – Dijo entregándole una pequeña cadena de oro con un dije de unas alas unidas detrás de una flor, hecho de oro también. - Sólo debe sujetar el dije y decir mi nombre tres veces.
- Muy bien. – Contestó Kagome recibiendo el pendiente y observando como al instante desaparecía Aiko.
En eso salió un adormilado Inuyasha que miró a Kagome con sueño y extrañeza.
- ¿Aún no te has ido a dormir? – Cuestionó preocupado.
- No, lo que pasa es que vino Aiko y…
- Arg, esa pequeña hada, la detesto. Menos mal no la vi. – Masculló resentido. Kagome sonrió.
- Ve a dormir, mañana te cuento. – Le dijo acercándosele un poco para darle un beso de las buenas noches en la mejilla y luego desaparecer por el pasillo.
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I finished!!! xDD. Hola, bueno, hay tienen el nuevo capítulo, espero que les haya gustado, estoy muy ocupada últimamente, así que no les extrañe si demoro en la actualización (culpen a los profesores de mi colegio, no a mí, que conste, jeje) Entonces, bueno, agradezco mucho sus reviews, mil gracias por el apoyo que le han dado a este fic, y este… sayonara xD.
