Hola.

No sean tímidos, comenten. Me gusta saber que piensan sobre la historia. ¿Cómo podría mejorarla?

El viernes pasado no actualice por alguna que otra razón que no estaba en mis manos. Mis mas sinceras disculpas.


Quedémonos en el lugar soñado.

Al pasar por el marco de la puerta Meiko se me quedo viendo extraño, entre una mezcla de ensoñación y algo más. Le miré distante, apenas acabábamos de llegar a su casa y ya me sentía extraño estando con ella aquí a solas, los dos solos. Me pregunté si de verdad estábamos haciendo lo correcto al estar aquí, en que yo estuviera aquí, dios, ya empezaba a dejar volar mi imaginación, tenía que traerla a tierra. Me adelante a la sala, ella ya me había dado permiso de pasar, ojalá no se arrepintiera de eso. Descubrí que la casa no había cambiado mucho desde la última vez que había venido a visitarla, quizás algunos muebles de más, pero nada relevante. Meiko me siguió pensativa, ya me estaba entrando el pánico de no saber lo que pensaba y el silencio de la habitación me aplastaba.

—Podemos jugar a algo, ¿Aun conservas la vieja consola de juegos? —le mencione en un intento de romper el ahogador silencio—quizá este oxidado, pero aun puedo dar pelea como antes…—me le quede viendo al filo del primer escalón de la planta baja.

—Takeru, ¿Qué somos? —ella estaba pensativa, se distraía pasando la mano sobre un viejo mueble de la casa—yo te quiero, tú me quieres, pero amigos del todo ya no somos…

—¿Qué quieres que seamos? —le dije. Yo podría ser lo que ella quisiera, no me importaba mientras pudiera estar con ella. Ella negó arrepentida. No habíamos tocado este tema desde la noche anterior en el apartamento, sabía que no podría atrasar lo inevitable. Las etiquetas jamás me gustaron, pero a decir verdad no eran tan malas, con ellas sabes identificar el veneno del medicamento.

—No es como si yo quisiera ¿sabes? Es si queremos—remarco la última palabra. Obvio ella no se atrevería a mencionarlo lo cual me hacía pensar si mi lugar como hombre en la situación se estaba viendo afectado ¿Acaso yo tendría que dar el primer paso? ¿Por qué? Ambos éramos personas en la misma situación ¿cierto?

—Lo entiendo perfectamente, pero a lo que me refiero es; si tú no te sientes cómoda con lo que somos ahora

—¡Me siento bien como somos ahora! —me sorprendí un poco con el cambio de voz tan repentino—es sólo que me refiero a si estamos haciendo bien las cosas, los amigos no se besan como nosotros lo hacemos, no se abrazan como nosotros y sobre todo no se tocan como nosotros—me acerque a ella de manera traviesa. Usualmente prefería tomarme las cosas con seriedad, pero últimamente todo estaba revuelto y mezclado con drama que quería salir un poco de la rutina. Al estar cerca de ella me agaché un poco. Ella me miró expectante.

—¿Te refieres a tocarnos así? —le acaricie el muslo derecho con suavidad, su piel era tersa y pura, me provocaba querer besarla por todos lados. Subí mi mano lentamente hasta quedar a al filo de sus muslos y al inicio de otra parte más llamativa. Ella soltó un gemido casi insonoro—¿así?

—Deja de jugar—me pidió apretándome de la camisa mientras me levantaba para quedar a su altura.

—¿Quién está jugando? Dime Meiko—apreté nuestros cuerpos uno con el otro, apresé su boca con la mía, esta vez era yo quien necesitaba sentir su calor, del calor que me alimentaba justo ahora, un calor abrazador. Me separe de ella un momento para verla mejor, su pecho subía y baja rítmicamente con su respiración. Ella mantenía una de sus manos sobre uno de mis hombros y la otra le ayudaba a mantenerse de pie con ayuda del mueble con el que había estado distraída. Comencé un camino de besos de sus labios, por la nariz, entre sus cejas hasta llegar a su frente. No me detuve. Quería sentirla en su límite. Me acerque a su oído y lo bese cuidadosamente—dime Meiko, ¿Te gusta? —soltó un gemido en respuesta. Se aferró más a mi camisa y por un momento sentí que todo era un sueño, de esos perfectos que no quieres que se acabe jamás. La cargue desde su cintura y nos lleve a la mesa, la puse con cuidado sobre la misma y continué en lo mío. Inicie besando su cuello y desabotonando los primeros dos botones de la camisa que llevaba.

—Takeru…—ella levantó mi cabeza y me beso profundamente, sentí una descarga eléctrica pasar por toda mi espalda, aquel beso me dejó aturdido—no te detengas…—yo me reí por el comentario, pero seguí como ella me lo pedía. Bajé hasta su cintura y abrí un poco la camisa para besar su ombligo, ella se reclino hacia atrás en un intento de aguantar lo que hacíamos, se llevó una de sus manos a la boca y con la otra se sostuvo. Bajé todavía más hasta sus muslos, le quité lentamente una de sus medias y fui repartiendo pequeños besos por toda su pierna hasta acabar en su empeine.

—¿Aun no te queda claro lo que somos? —me levante solo para ver sus ojos castaños aturdidos y perdidos en los míos—somos todo sin serlo, somos cosas y a la vez más que eso, somos tú y yo. Lo demás deja de importar—le besé de nuevo, pero con más calma, ella me abrazó sujetándose fuerte de mí, le correspondí el beso sin poderme resistir y para que resistirse si a final de cuentas yo también lo deseaba. Sus piernas me envolvieron, ella terminó el beso y me miro un poco amenazante.

—Eso no me aclara nada, pero supongo que viniendo de un artista lo tomaré como una proposición—se me pego más hasta que nuestras narices se tocaron, sus ojos no perdían de vista los míos—tan sólo dime que esto va a durar, porque yo no quiero que acabe—le sonreí como de costumbre.

—Durara hasta que te artes de mi…

—¿Y si te artes tú de mí?

—Como si eso fuera a pasar—termine por besar su cuello de nuevo y finalizar con sus labios—por ahora sólo piensa que estamos aquí, lo que venga después lo resolveremos con la marcha—ella asintió.

—Omitiré que casi pasamos la "línea" sólo por esta vez—ella se relajó y bajo de un salto de la mesa tambaleándose un poco. Caminó en dirección a la cocina.

—¿Y eso?

—Porque me ha gustado. Punto.

—Como digas—le seguí observando su figura pasar por la puerta—te quiero.

—Y yo a ti.

En casa de los Yagami las cosas también estaban calientes, pero de otra forma. En cuanto Hikari había cruzado la puerta se encontró con su hermano esperándola pacientemente. Él sólo se le quedo viendo.

—Una vez cuando eras pequeña me dijiste que siempre irías detrás de mí no importa cuánto corriera—ella asintió recordado que en aquella ocasión los chicos la querían dejar atrás por ser pequeña. El único que sé quedo con ella para estar ahí detrás de todos los demás junto a ella fue T.K—entonces cuando fue que te echaste a correr tan rápido que no te vi pasar.

—Si vas a sermonearme por ser una… una…—ella se aguantó la palabra al ver que no podía declararse así misma algo como eso—no lo hagas, no hace falta.

—Estuve a punto de hacerlo, el enojo fue tal que quizá Sora y Yama no me dirijan la palabra en un rato—Hikari se asustó—sí, fueron ellos los que me dijeron sobre todo esto.

—Ya veo, así que me echaron de cabeza mis propios amigos, se me olvidaba que son bien fieles a ti—la castaña le reto con la mira. Taichi soltó un suspiro cansado. El enojo había pasado hace un par de horas para él. Aun no lograba concebir que su hermana menor se haya metido en asuntos como esos.

—Sí, eso se los agradezco, de no ser por ellos quizá hubiera seguido siego a tus tonterías—la chica se mostró indignada—¿Qué crees que hacías? ¿A qué jugabas? Tus niñerías te pudieron llevar a un camino muy malo Hikari, me preocupa que sigas en eso.

—Tenía curiosidad por saber que se sentía. Siempre me cuidé y jamás lo hice a la fuerza—Taichi le miró decepcionado—¡¿Qué quieres que te diga joder?! ¿Qué me siento mal de hacerlo? ¿Qué estoy arrepentida? ¿Quieres nombre? ¡¿Qué esperas de mí?!

—Yo no espero nada de ti—la chica se descoloco de su lugar por un momento. Su vista pasó al piso en segundos—ya eres casi una adulta, ya es hora de que comiences a pensar que esperas tú de ti misma, si es así como quieres vivir, si es lo que quieres hacer está bien, yo no me meteré—ella lo miro frustrada. ¿Por qué se sentía tan dolida? Su hermano le estaba dando total libertad en sus acciones. ¡Era lo que siempre había deseado!—pero no estaré ahí cuando la cagues de verdad, ya no. No es por lo que hayas hecho, no. Es por qué no tuviste la confianza de decirme, de alguna manera saberlo pudo haber cambiado muchas situaciones que no alcanzas a percibir. Pero estas sola, haz lo que quieras—el chico se levantó de su lugar y paso a un lado de ella.

—¿Te han dicho quién fue el primero?

—Sí

—¿Le harás algo?

—No

Sin decir otra palabra el joven Yagami dejó a la castaña sola. En la soledad de su casa junto con tantas angustias. Todo había pasado de una manera que jamás pensó que pudiera pasar, se había imaginado a un Tai iracundo, difícil de razonar con él, pero se encontró con todo lo contrario. La chica se sintió por primera vez abandona de verdad, no como antes, antes podía quedarse atrás, pero al final su hermano le tendería su mano, ahora él había dejado bien en claro que no lo haría más y T.K ya no estaba con ella para consolarla, ahora tenía a alguien más importante por quien preocuparse. Se sentó en el suelo abrazándose a sí misma, se dejó caer completamente sin ningún atisbo al piso. ¿Y ahora qué? Desde su bolso en el mueble de la entrada sonaba su móvil, sin ganas de saber de quien se traba, continúo acostada ahí, sin hacer nada, pero su móvil siguió sonando, una y otra vez sin callarse. De mala gana y con algunas lágrimas empañando sus ojos se armó de fuerzas para gatear hasta el mueble.

—¡Hikari! —se escuchó el grito desde el otro lado.

—Dai, no estoy de humor ahora, si es una de tus bromas tú—Daisuke le calló de inmediato.

—¡No cuelgues! —la chica se alarmó un poco. No era usual que Daisuke se tomará las cosas tan enserio a no ser que fueran de verdad serias—necesito hablar con alguien justo ahora, y sé que probablemente Tai te haya jodido el día o el resto de la semana, pero por favor te pido que me ayudes con esto.

—Bien, bien… Pero no es nada grave ¿Cierto? — La chica se inclinó más a la bocina. ¿Dónde se encontraba Daisuke para que la señal fuera tan mal? —¿Dónde quieres que nos veamos?

—En el departamento. En dos horas si se puede. Hasta entonces— el moreno cortó la llamada dejando a la castaña totalmente descolocada. ¿Las cosas podían ponerse peor?

Koushiro caminaba tímidamente entre los transeúntes del lugar. Le parecía tan raro tener que salir a tan altas horas de la noche por ese barrio de mala muerte, pero no había de otra. Taichi había llegado de malas al apartamento y le tocaba hacer las compras, que mal que no lo hiciera antes, las cosas por esos lares no eran del todo agradables. Revisó su lista de víveres, algunas pocas cosas más y habría acabado. Al pasar por la calle notó a una joven castaña sentada en la banqueta, normalmente no era su asunto el meterse en problemas ajenos, pero aquella joven era su amiga Mimi. Sin pensárselo demasiado se lanzó entre los carros pasando entre faros, luces, sonidos de claxon y alguna que otro recorte de manga bien merecido. Al llegar hasta donde se encontraba su amiga se dio cuenta de inmediato que ella no estaba en sus cinco sentidos.

—¿Mimi? ¿Qué haces aquí? —estaba con la cabeza entre las piernas y reposaba sus manos en la banqueta. No podía verle el rostro. Lo movió un poco y de la nada ella levantó la cabeza. Era horrible. Su maquillaje estaba un poco escurrido, había llorado. Su labial estaba entre borrado y embarrado por la comisura de sus labios. El chico hizo que lo mirase—Mimi, háblame, soy Koushiro.

—¡Kou! —los ojos perdidos de la chica lo reconocieron. El pelirrojo se alegró al darse cuenta que ella parecía saber quién era él. La sostuvo con cuidado y arregló un poco su maquilla sin tocar sus labios. La castaña se dejaba hacer se inmutarse demasiado— ¿Qué haces aquí?

—Yo pregunté primero—la chica le miro divertida.

—Pero yo no recuerdo eso—hizo un ademan con su mano figurando una pistola y le giño el ojo al pelirrojo—anda, cuéntame que te trajo hasta aquí.

—Estaba de compras—le contestó a secas mientras le ponía encima su abrigo. Mimi se dejó abraza por esa nueva oleada de calor que le profería aquella tela, inclinó un poco su cabeza para sentir el aroma de su amigo en sus fosas nasales. Se sentía segura ahora—tu turno.

—Lo de siempre. Estaba allí, y de la nada me encuentro en que estoy acá—escondió su mirada de la de Koushiro. Le apenaba decir la verdad.

—¿Estabas con Michael? —la chica asintió. Comenzaba a sentirse mareada, pero tan sólo era un poco—¿y dónde está él?

—Pues yo no sé, pero podrías preguntárselo a cualquier chica de Japón, ocho de cada diez seguro saben dónde encontrarlo—Koushiro sintió una ráfaga de calor acumulándose en su puño. Así que como los demás habían predicho, un día Michael se cansaría de su amiga—es estúpido ¿Sabes? Yo no me había puesto a pensar en muchas cosas hasta hoy, sé que la mayor parte del tiempo todos piensen que estoy hueca de la cabeza, pero también pienso y pensé en…—la chica se volteó asqueada de sí misma. Ahora no sólo tenía nauseas por estar alcoholizada, también de ella.

—¿Quieres hablarlo en casa?

—¡No! —la chica le miro preocupada—ya no vivo con mis padres, y no quiero preocupar a mi compañera de cuarto.

—No hablaba de tu casa, opinaba respecto a la mía—la chica le miró risueña—¿Qué?

—Hablas de ese pedazo de habitación que compartes con Tai—el chico le pico la nariz.

—Es eso o la calle amiga

—Pues no te mentiré que aquí estaba muy cómoda, pero sería descortés de mi parte no aceptar la propuesta.

—Oh no, por mí no hay problema, si es la calle la calle será—el chico ya iba a colocarse a un lado suyo, pero ella lo detuvo.

—Estaba bromeando, justo ahora esa habitación tuya me parecería un pent-house de la mejor zona—la chica le miro desde el suelo—¿Qué esperas? ¡Ayúdame! —el chico le sonrió y la tomó de la mano, una vez arriba el comenzó a caminar en dirección al apartamento. Mimi aprovecho que Koushiro no la mirara para poder apreciarlo más atentamente, estos últimos años no le había prestado atención al aspecto de su amigo, pero se había convertido en todo un hombre, su pelo rojo algo alborotado, sus ojos castaños mejor definidos y esas pequeñas pecas casi invisibles en su nariz. La chica levantó la palma de su mano libre ya que con la otra se sujetaba de Kou, y le revolvió su cabello—siempre serás mi amigo ¿verdad que si? No importa si el mundo se me viene abajo mientras estés ahí para mí Kou—el chico le sonrió con amargura bien disfrazada.

—Siempre Mimi, no puedo dejarte caer—el chico le dijo apenas guardándose el resto de su oración sólo para él.

—Por eso te quiero Kou—la chica se inclinó para besarle la mejilla y él suspiro ante el acto. No importaba cuanto intentara prestarle menos atención. A final de cuentas ella siempre sería su persona especial. Aunque pasara el tiempo, incluso si el grupo se terminaba separando, sabía muy bien que el lugar donde ella estuviera estaría él.

Takeru ayudaba a Meiko a preparar la cena de esa noche. Sus padres llamaron algunas veces a la casa para saber cómo se encontraba Meiko, que justamente en esos momentos se encontraba dándose una ducha, Takeru intuyó que no debían de preocupar demás a los padres de su amiga así que terminó por recibir una de las tantas llamadas de sus padres. Al levantar la bocina escuchó claramente la voz dulce pero madura de la señora Mochizuki. Inmediatamente respondió al saludo identificándose como él mismo, a pesar de que a la señora Mochizuki le había extrañado la presencia en su casa del joven Takashi lo dejó pasar desapercibido en cuanto Takeru aseguró que su hija se encontraba bien. Hubo un leve silencio y un cambio de voz abrupta, era el señor Mochizuki. Takeru tragó saliva pesadamente, imaginando que recibiría alguna clase de sermón o reprimenda verbal por estar en su casa a solas con su hija, pero sucedió algo inesperado. El señor Mochizuki le pedía directamente a Takeru que cuidara de su hija mientras se encontraban fuera de casa y que procurara que durmiera temprano, últimamente estaba desvelándose demasiado. Takeru aceptó encantado y se despidió cortésmente del hombre. Al voltear su vista atrás se encontró con la mirada de su amiga pelinegra y sus ojos castaños observándolo.

—¿Han sido mis padres? —preguntó mientras se agarraba el cabello para secarlo con una toalla blanca. Takeru la miró de pies a cabeza, ella vestía únicamente con su toalla de baño.

—Ambos. Te envían saludos y me pidieron cuidarte—el chico colgó el teléfono y se dirigió a la cocina para ver cómo iba la cena, había dejado algunas verduras al vapor para comer, ojalá estuvieran listas ya. Sintió la presencia de su amiga detrás suyo, ¿Por qué tenía que torturarlo de esta manera? —si andas por ahí con una simple toalla te vas a resfriar, ponte el pijama y baja a cenar, esto estará listo dentro de poco—el chico tomó un cucharón y lo deslizó sobre el espeso guiso de carne que había preparado.

—¿Te molesta? —la chica le tomó de la camisa ligeramente como si de una niña se tratase, pero lo que hacía era algo que una niña no haría. Le estaba incitando de una manera sumamente dócil e infantil—¿y si me pones el pijama? —los colores se le subieron al chico. La proposición le tomó desprevenido. El chico se resistió, no podía dejar de pensar en el hecho de cuidarla como les había prometido a sus padres, ahora se sentía responsable por ella.

—El guiso puede arruinarse si no lo vigilo—le respondió intentando ignorarla.

—O claro, el guiso—la chica le abrazo por detrás poniéndose de puntitas para alcanzarle el odio—entonces, supongo que prefiero quedarme así—la chica lo apretó más y él pudo sentir desde su espalda como la toalla de su amiga comenzaba a desprenderse de su tersa piel—pero soy algo boba para esto sabes, siempre se me cae la toalla y podría resfriarme—Takeru bajó la flama con la que el guiso se preparaba y se dio la vuelta aun entre los brazos de Meiko.

—No me lo pones nada fácil—el chico cogió a su amiga y le recolocó la tela abullonada de la toalla cubriéndola perfectamente de nuevo—siempre me pregunte como sería este lado tuyo.

—¿No te gusta? —preguntó ella algo apenada por su comportamiento—con lo que me hiciste hace rato pensé que estaríamos a mano, pero veo que no tengo el don para ser "sugestiva"

—Yo no diría eso—él la tomó de la mano y se encaminaron a las escaleras—ven, te pondré el pijama para que puedas estar tranquila y no te resfríes—Meiko abrió los ojos sorprendida, subieron lentamente entre la oscuridad de la casa y las paredes hasta llegar a la habitación de Meiko. Al entrar Takeru buscó entre los cajones hasta hallar lo que buscaba. Cogió unas braguitas blancas con un moño rosa al frente y un sostén a juego. Las mejillas de Meiko se encendieron, lo que había comenzado como un juego terminaba por volverse realidad—¿Aun conservas la camiseta que te preste el día que fuimos al juego de Tai? —la chica asintió y saco la prenda de uno de sus cajones entregándosela a él—bien, comencemos.

—¿Sólo eso? —le pregunto ella con incredulidad.

—No necesitas más—él se dirigió hasta ella calmadamente. Meiko aprovechó el momento y de un solo movimiento apagó las luces de su habitación—¿Y ahora?

—No puedes verme, así es más divertido ¿no? —no podía ver del todo bien a Takeru, pero sabía que entre toda esa oscuridad había un rostro risueño observándola.

—Como prefieras

Ella lo sintió de frente cuando las cálidas manos de su amigo la sorprendieron subiendo por el contorno de su cintura hasta llegar a su pecho donde se encontraba el nudo de la toalla. Delicadamente Takeru removió la prenda y calló al piso haciendo un sonido sordo y seco contra el piso. Meiko se agito al sentir los labios de él besar tiernamente su cuello, fueron dos besos. Lo vio bajar poco a poco besando algunas zonas de sus piernas haciéndola temblar.

—Si emites un sonido, yo gano—declaro el rubio. Ella iba a decir algo, pero él se le adelanto—si gano, enciendo la luz justo cuando emitas cualquier ruido, si pierdo… te daré un premio. No puedes negarte Meiko—resignada ella le tocó la espalda para darle la señal de que prosiguiera. Y así lo hizo el chico.

Tomó las piernas de Meiko y con cuidado las movió de tal manera que pudo introducir las bragas en cada pierna, subió lentamente rozando apropósito la piel de ella haciéndola sobresaltarse, pero aguantándose las ganas de pronunciar lo que fuese. Cuando coloco las bragas correctamente beso cada lado de su cintura comenzando por el izquierdo, fue lento y pausado el movimiento de sus labios. El chico se levantó y cogió la mano derecha de Meiko para comenzar a colocarle el sostén, su tacto era suave y sin prisa, como si disfrutara hacer aquello y es que realmente lo estaba disfrutando mucho. Terminó por pasar el otro lado de la prenda por la mano izquierda de la joven y entonces la empujó para acercarla a él, sus pechos se tocaron, ella sentía su respiración muy fuerte. Sintió el tacto de los dedos de Takeru por su espalda hasta encontrarse en medio de la misma abrochando el sujetador muy bien para ser un hombre. Intento no pensar en cómo Takeru había acertado a la primera con ello, ¿Quizá tiene practica con eso? Pensó de mala gana.

—No te distraigas—le dijo él mientras besaba el pecho de ella detenidamente, justo en el punto medio donde los dos montes sensibles de la chica subían y bajaban. Ella le hizo caso y volvió a lo suyo. Al no sentir más los labios de Takeru pensó que quizá había cambiado de idea, pero todo quedó atrás cuando Takeru le vistió con su camisa abotonando de a poco en poco cada uno de los botones deteniéndose en los últimos cuatro para dejar al descubierto el umbral de los pechos de su amiga cubiertos a penas por el sujetador blanco—ahora hay que asegurarse que todo esté en su lugar—Pasó sus dedos por el sostén, rosando levemente los senos de ella. Luego sus manos bajaron una vez más adentro un poco sus dedos por el interior de las braguitas acomodándolas mejor. Meiko no lo aguantó más y se inclinó a él para modelo e intentar no soltar un gemido, pero no había funcionado, se había escuchado fuerte y claro entre todo el silencio de la habitación aquel sonoro gemido—gané…

Takeru encendió la luz levantando su mano para tocar el apagador. Ambos habían terminado en el suelo reposando Takeru en la pared y ella en él. La respiración de Meiko estaba descontrolada, estaba abrazada del rubio permaneciendo con ambas piernas a cada lado de las del chico. Ella le tomó de las manos y se inclinó para darle un beso, uno suave y lento, de los que duran poco, pero valen mucho.

—Sí, ganaste—la chica le acarició las mejillas y dulcemente lo atrajo hasta su pecho. Takeru se inclinó más y más hasta acostarse sobre ella—no quiero que esto acabe, jamás. Promete que siempre serás de mi Takeru, prométemelo—el chico sonriente se acercó a ella y le cogió de la mano.

—Te prometo que mientras estemos juntos te cuidaré, te mantendré siempre en la mente, para mi serás siempre mi prioridad.

—¿Así que piensas que podemos terminar en nada?

—Es más el miedo que tengo por serlo todo—contestó ocultándose en el pecho de ella.

—¿Miedo?

—A perder todo lo que construyamos—le contestó abrazándola más—yo sé lo que es una separación, lo he vivido. Mis padres son un claro ejemplo. Yo no quiero eso para nosotros, pero tampoco quiero encariñarme mucho… tengo miedo a seguir queriéndote en un futuro tan incierto. Todo puede pasar.

—Yo jamás voy a soltar tus manos Takeru, siempre te protegeré de tus miedos hasta que encuentres lo que buscas. Hasta entonces hazme compañía ¿sí?

—Te haré toda la compañía que quieras. ¿Tu soledad y la mía hacen dos soledades? O ¿Ninguna?

—Ninguna… No mientras soñemos y hagamos lo que nos depara el mañana.

—soñar…—el chico le acaricio el brazo mentalizando cada detalle de este—la piel…—la chica lo miró risueña.

—¿Cómo?

—La piel de los sueños…—contestó el vagamente.

—¿Y eso que es?

—Es la textura, un aspecto figurativo de lo que quieres conseguir y lo rozas por algunos momentos. Es soñar despierto.

—¿Puedes hacerlo?

—No creía… Pero ahora, siento que estoy tocando el sueño más hermoso que he tenido—el chico se fue quedado lentamente dormido—ahora entiendo un poco más que ayer.

—¿Takeru? —la chica le miró quedarse dormido en su regazo. Le sonrió mientras acariciaba sus cabellos dorados—así que, la piel de los sueños.

Meiko terminó por acomodarse aún lado de Takeru apaciguando todo, esta noche las luces se apagan poco a poco, era tiempo de soñar despierto. Es hora de tocar la piel de los sueños. Deslizar tus dedos por lo que deseas obtener, sacrificar lo más vano de ti para construir un mañana mejor. Era hora de soñar despierto, eran tiempos perfectos para cambios extremos. Ahora, tan sólo ahora es que la paz reinaba en el mundo de los sueños. Dentro de todos y cada uno aguarda su propia voluntad por buscar lo que siempre han deseado. Su piel de los sueños.


Hasta aquí el capitulo de hoy. Muchas gracias por leer.