Quinn no tenía plena consciencia acerca de lo que hacía, nada más alejado de eso a decir verdad, no obstante se forzó a pretender que si lo hacía.
Acordó con Mike, Sam y el chicosinnombre para que ellos se encargasen de llevar a Santana a su casa, obviamente no sin antes devolverle a Sam el billete de 50 dólares que pesaba toneladas en su bolsillo.
En realidad ni recordaba porque lo había aceptado, aunque llegó a la conclusión de que lo había hecho para tener una excusa a porque deseaba tanto quedarse con Rachel. Desde un principio su idea había sido no hacer uso del mismo y al final de la noche devolvérselo. Pero en ese momento, y luego de una salida más que fallida, el pequeño papel no sólo pesaba toneladas en su bolsillo sino que comenzaba a quemar, y fue por todo eso que sintió la urgencia de deshacerse del mismo.
Finalmente, luego de una breve despedida, bajó de la furgoneta y se abrió paso dentro de Moe Bar.
El lugar estaba lleno, y la bienvenida de Rivka fue más cariñosa que las que solía recibir comúnmente. El pequeño detalle no pasó desapercibido y fue motivo más que suficiente para que Quinn intentase crear una conexión, olvidándose de lo que había sucedido a lo largo de esa noche y relajándose con su chica como tantas otras veces había logrado.
La música era muy buena, pero el trago que bebía estaba excedido en azúcar, y carente de alcohol. Nimiedad que ponía de manifiesto como el mal humor se mantenía apenas por debajo de la superficie.
"Me alegra que hayas vuelto" susurró Rivka, rodeándola con sus brazos. "Te extrañé"
"Mhm, yo también te extrañé" respondió esquivándole la mirada y encajonado esa sensación que le revolvía el estómago y le hacía sentir cuan vaciá esas palabras sonaban, cuan erróneas e impersonales se oían. Como si se lo estuviese diciendo a la persona incorrecta.
"Quien es Salvatore? Debería preocuparme?"
Quinn la observó extrañada, pero al seguir la dirección a la que apuntaban un par de sonrientes ojos celestes, se encontró con esa insignia en la campera que vestía. Campera que era de Rachel y que ahora se daba cuenta que no le había devuelto. "No, es sólo una campera. No tiene importancia."
"Mejor" sonrió. "Tengo un regalo para vos" agregó de inmediato.
Quinn la miró expectante. Por primera vez desde que llegó, sin necesidad de fingir sorpresa, sintiendo que quizás no había sido tan mala la idea de buscarla. "Qué?, no es necesario, no me gusta que gastes. No tenías que traerme nada," desestimó, pero la ansiedad traicionaba su modestia.
"Bon Appetit," sonrió Rivka, sorprendiéndola al entregarle un CD. Más precisamente, el demo de su banda.
Perpleja, Quinn lo tomó con delicadeza. Su expresión estaba mutando drásticamente, el mal humor volvía a aquejarla, pero no con la misma intensidad que un rato antes sino que adquiriendo un brutal incremento.
Se mordió el labio inferior, y observo incrédula el disco que sostenía en su mano. Ya no tenía fuerzas para afrontar una nueva decepción, pero ésta se apostaba frente a ella aún sin su consentimiento.
Contempló detenidamente la portada, una foto inmortalizaba a Rivka y dos chicas más. Las tres representando una versión reciclada, anarquista, femenina, pro Israel - anti Europa, politizada y judía de Hanson. Dado que para completar la tapa, en el fondo se veía la estrella de David y flamas cubriéndolo todo.
"Wow, no sé qué decir. Crees que Israel está preparado para tanto fuego judío?" ironizó rodando sus ojos con tal fuerza que estuvo a un paso de auto-inducirse una migraña.
"Bebé, somos el fuego," comentó seductora, convencido de la genialidad de su idea.
Y Quinn pensó en cuán ofensivo ese arte de disco podía resultar para cualquier integrante de la colectividad. Porque en algún punto las flamas estaban cubriendo la estrella de David, y porque la llama para el pueblo judío era, cuanto menos, un tema susceptible. Pero decidió guardarse su observación y no hacer ningún otro comentario al respecto.
"Y? Te gusta?" preguntó ansiosa y Quinn asintió sin un minúsculo atisbo de interés. "Y… crees que le va a gustar a tu papá?" inquirió jugando con su pelo, en un desfachatado intento de seducción.
Y eso fue todo lo que Quinn necesitó para darse cuenta de lo que había venido descubriendo durante las últimas horas, pero que había estado frente a sus ojos todo el tiempo.
Su relación con Rivka en ningún momento había prosperado, nunca en los más de dos años que llevaban alternando su estado de novias a ex novias y a novias nuevamente. Pero por más que hubiese deseado que no fuese así, Quinn se sentía segura con ella, y era por eso que no lograba dar un corte definitivo y avanzar.
Su relación se había convertido en un círculo vicioso en donde ambas obtenían algún beneficio.
Quinn había aplicado en una universidad de Londres porque Rivka se había mudado allí hacía seis meses, pero ahora había vuelto, y por más que la rubia desease que la causa de su regreso fuese ella, sabía que había un centenar de opciones que se presentaban como potenciales causas, pero que ella justamente no era una de esas.
Y quizás en otra noche cualquiera no hubiese sentido tanta repulsión como sentía en ese momento, al percibir las manos de Rivka sobre su piel. Sus labios sobre su cuello.
Quizás en otra noche eso hubiese sido la antesala a irse del lugar, para acabar durmiendo juntas y volver a caer en la rutina.
Quizás en otra noche no hubiese pensado en como Rivka la usaba para llegar a su padre, sino en que Rivka simplemente aprovechaba el salir con ella para poder conseguir que su padre echase un vistazo a su demo.
Como si hubiese una gran diferencia entre una y otra opción!.
Pero esa no era otra noche, era la noche en que Quinn había conocido a Rachel.
La noche en la que accidentalmente, por jugar a ser su novia por 5 minutos, se tropezó con un sentimiento que jamás había experimentado y que la morocha pudo despertar tan sólo respondiendo el beso y rodeándola con sus brazos.
Fue en ese momento, en que la voz de Rivka y varias de sus amigas sonaba como un zumbido con estática en sus oídos, cuando supo que si hasta el momento había regresado con ella una y otra vez no era porque extrañase a Rivka en particular, sino la forma en la que la chica le permitía sentirse. Y que se sintetizaba en básicamente no estar sola y tener a alguien que, bien o mal, la deseaba.
La mitad de las peleas que había tenido con sus padres, nacían de su relación con Rivka y no justamente por el carácter homosexual de la misma.
Y la mayoría de las peleas con Santana, a quien adoraba como a su propia hermana y con quien se había convertido en más que inseparable desde que había fallecido la madre de ésta, también habían sido por Rivka.
'Quinn, esa chica es toxica… Te mereces algo mejor, hay alguien mejor para vos y es cuestión de tiempo hasta que lo encuentres' decía Santana y ahora Quinn comenzaba a entender que era así, que si había alguien más adecuado para ella.
Alguien como Rachel, si tan sólo la morocha no estuviese tan enamorada de Puck. Pero al menos podría estarle agradecida por terminar de abrirme los ojos, reflexionó en silencio.
Y si le quedaban dudas de que la peor decisión que podía tomar, era seguir otorgando espacio en su vida a Rivka, la respuesta más clara la tuvo cuando la chica le puso la cuenta, que acababa de dejar la mesera, sobre su regazo. "Bebé, nos quieren cobrar, quien se cree que es?" dijo con tosca soberbia. "Podés hablar con algún encargado acerca de esto, por favor? Haceles saber quién sos, y quien es tu papá así la próxima vez no cometen estas idioteces. De hecho, deberías pedir que la echen de inmediato"
Quinn la miró a los ojos, y Less and Less de Kaiser Chiefs sonó en su cabeza, musicalizando el momento crucial en que tomaba una decisión sin permitirse dudar.
"Si, por supuesto." Sonrió fingidamente. "Espera acá que yo me ocupo de todo" añadió dándole una palmada en el muslo previo a ponerse de pie y caminar hacia la mesera que se hallaba a uno pocos metros. "Disculpa que te moleste," dirigió hacia la joven, captando su atención. "Creo que te equivocaste, acá deberían ir dos ceros y no uno" indicó, mostrándole el ticket.
Y sin mediar más palabras camino directo hacia la puerta, sin tener la más pálida idea acerca de a donde quería dirigirse, pero al menos sabiendo donde no quería estar.
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La mesera, una totalmente diferente a la de Moe Bar (con más años, más kilos, así también como más calidez), llegó con un nuevo plato de comida, examinándola intensamente con gesto confuso. Probablemente extrañada por como una mesa doble se había llenado de comida y ella seguía siendo la única persona detrás de los incesantes pedidos.
"Gracias," sonrió Quinn, y bebió un sorbo de Coca Cola Light.
Su mirada se desplazó por el lugar, estudiando a las personas que estaban ocupando una mesa, o a los que pasaban caminando por afuera y se preguntaba cuál había sido el motivo que la había llevado a estar en ese lugar a las 2 AM.
Por un breve lapso de tiempo se permitió dudar de cuan acertada había sido su decisión de dejar a Rivka del modo en el que lo había hecho. Creyendo que quizás lo mejor hubiese sido esperar a que terminase la noche, mantener una charla madura y dar un cierre definitivo del modo en que dos personas adultas deberían darlo.
Pensaba que posiblemente de esa forma hubiese evitado sentirse como se sentía en ese momento, observando el bizarro gentío que la rodeaba, y que no hacía más que recordarle cuan sola se hallaba.
De qué serbia abrirse?. De qué serbia permitirse conocer a alguien?. De que servía cualquier esfuerzo si lo que siempre conseguía era terminar herida. Sintiendo como que había algo tan malo con ella que no existía un solo ser en la faz de la tierra que simplemente encontrase su personalidad atractiva y la quisiese por ser quien era.
Ese era probablemente el costado que nadie, salvo Santana, conocía de Quinn Fabray, la hija del gran Russell Fabray.
Quinn, quien había hecho un master en supervivencia, y que se valía de eso para conseguir dominar el alumnado del colegio a su antojo. Bueno, por eso y por ser la hija de.
Pero cuando tenía un momento para mirar hacia atrás y observar lo que había sido su día, su semana, su mes... Lo único que veía era soledad.
Casi podía palpar el inmenso vacío, el silencio, y esa creciente frustración que traía aparejada la desconfianza innata de pensar que nadie se acercaba a ella por quien era, sino por lo que tenía. Todas y cada una de las veces que pensaba en lo que era su vida social se hallaba forzándose a poner un muro que la separase del resto de las personas.
Pero esa no era la vida que quería, lo que Quinn quería era encontrar alguien que no la obligase a derrumbar ese muro, sino que fuese lo suficientemente astuto, persistente e interesado como para encontrar el modo de treparlo y llegar hacía ella.
Y por un momento se había dejado engañar por sus propios deseos, y creyó que quizás Rachel podía ser esa persona. Pero ahora que lo pensaba con frialdad, se daba cuenta de que jamás lo había sido y ese pensamiento era simplemente algo que ella anhelaba que pasase.
Toda su vida se la había pasado estando cerca de lo que tanto deseaba, pero no lo suficientemente cerca como para hacerlo suyo.
Un nuevo suspiro, un nuevo sorbo de gaseosa y apenas perceptible notó como la voz de Kate Nash se desintegra lentamente, en idéntico modo al que lo hacía su canción OMyGod. Quinn estuvo a punto de agradecerle a los dioses ahí arriba por eso, ya que lo último que quería en ese momento era escuchar: Oh my god / I really really miss you / I remember what it was like to kiss you. Pero automáticamente sus sentidos se pusieron alerta al escuchar como Kate Nash volvía a abrirse paso y comenzaba a acecharla desde la radio por segunda vez.
Puta radio. Tendré posibilidades de averiguar cuál es? Cuanta nafta será necesaria para incendiarla y asegurarme de que nunca jamás vuelva a atormentar a jóvenes temporales oyentes que se hallan de madrugada en un bar ahogando sus penas en trillones de carbohidratos?.
Y a cualquier persona le podría parecer extremado el deseo de convertirse en pirómana para atentar contra la estación de radio, pero quizás eso se convertía en algo más entendible si se explicaba que la canción que sonaba era The Nicest Thing.
I wish I was the last thing on your mind before you went to sleep, escuchó y su cordura bordeó vertiginosamente la demencia, ya que ese fue el súmmum de todo lo que estaba preparada para aguantar.
Línea tras línea, la letra narraba todas las cosas que ella quería ser para Rachel, con igual claridad con la cual, accidentalmente, exponía todas las cosas que jamás iba a poder ser.
Quinn terminó por unir todas sus fuerzas en rehusarse a escuchar la canción. Pero su cabeza le jugó una mala pasada al trasladar todo el foco de atención nuevamente a Rachel, y a como la morocha jamás cometería la atrocidad de introducir dos canciones del mismo intérprete, seguidas, en uno de sus mixes.
Fucking Rachel!
No tenía derecho a hacerla sentir así después de cinco minutos de noviazgo. Acaso no se había dado cuenta de que estaba destinada a ser el Alex Turner de su Alexa Chung?.
Bueno, quizás en algún punto Quinn lo consiguió. Al menos eso se desprendía del superfluo análisis que la podía mostrar con el corazón roto tal cual lo estuvo Alexa Chung cuando Alex Turner decidió romper con ella y al mes siguiente estar en los brazos de otra persona.
Pero aun así, al menos ellos habían tenido ese romance épico del cual nacen letras de canciones, y no un estúpido beso del cual no nace otra cosa más que la aparición de Puck para arrebatarle a Rachel de sus manos.
Fucking fuck!.
Lo único que era Quinn en ese momento, era una versión venida a menos de Karen O, rompiendo en llanto al pensar en cómo la persona a la que le ofrecía su corazón parecía no preocuparse en lo más mínimo por ella.
Posiblemente Quinn podría haber escrito MRPS, My Rachel Please Stay, tan sólo para acabar con la canción pero sin Rachel, tal cual le había sucedido a Karen luego de escribir MAPS y ver como su novio se marchaba.
Y de repente Quinn agradeció estar en aquel desolado bar, y no ser Karen O. En especial cuando recordó como las lágrimas que derrocha en el video oficial de MAPS eran verdaderas y no actuadas. Producidas por la impotencia que sintió al esperar sin éxito la aparición de su novio en el set en donde filmaba la puta canción que escribió para él.
Al menos las lágrimas de Quinn iban a permanecer anónimas, mismo que su dolor y desilusión romántica.
El ruido de la puerta abriéndose y cerrándose la devolvió a la realidad, lejos de los extensos enredos de palabras y pensamientos que tenía lugar en su cabeza, y notó como ya no fluía más música por los parlantes, sino que un manso silencio se había instaurado en todo el local.
Pero esa calma se vio rota por la voz de Barbra Streisand sonando en su mesa, tomándola por completa sorpresa.
Sus ojos oscilaron perdidos hasta que comprendió que el sonido provenía de su campera, más precisamente del celular de Rachel que se hallaba en el bolsillo delantero.
Dudo un segundo, pero sin darle demasiada importancia opto por atender. "Hola?"
"Hola, esta Rachel ahí?" se oyó del otro lado de la línea, pero el ruido de los autos de la calle imposibilitaban escuchar con claridad.
"No, no está. Querés volver a llamar para dejar un mensaje de voz?" propuso bebiendo un nuevo sorbo de su bebida.
"No, puedo dejarle un mensaje?" se volvió a oír, la recepción empeorando más y más.
"Si, pero que sea cortó porque no tengo ninguna lapicera a mano" advirtió distraída, sin prestar demasiada atención.
"No, tan sólo… Tan sólo podrías decirle que cometió un error colosal al bajarse de la furgoneta y dejar a Quinn?"
Una potente pausa se creó, la necesaria para que Quinn pudiese ordenar las palabras en su mente, porque hasta haber escuchado su nombre, su atención estaba en cualquier lugar menos en la llamada.
"Quien carajo sos?," inquirió ávida de respuestas, sin preocuparse por sus buenos modales.
"Y podrías hacerle saber que estoy profundamente feliz de saber que de una vez por todas decidido dejar al idiota de Puck?"
Quinn observó a su alrededor en busca de una cara conocida, no por que pensase que realmente había alguien dentro de ese lugar, sino porque no sabía dónde canalizar las emociones que la azotaban en ese momento. "Me estas jodiendo, no?" profirió, su pulso acelerándose más y más mientras aguardaba la respuesta.
"Y principalmente, podrías decirle que no gana nada con estar sentada en el cordón de la vereda, escribiendo una canción para la chica más linda que vio en toda su vida, si no tiene el coraje necesario para, al menos, intentar hablar con ella una vez más en persona y disculparse de modo apropiado?"
Una sonrisa fue abriéndose paso lentamente en el rostro de Quinn, sin importar cuanta resistencia ella misma intentase establecer. "Hablas en serio?" preguntó tímidamente, buscando confirmaciones que ya no eran necesarias.
"Dónde estás?" fue la respuesta provista por Rachel.
Quinn se mordió el labio, y miro dubitativa a su alrededor, pero la decisión estaba tomada. "Biscuit Bitch, en Downtown. Vos dónde estás?" examinó con un hilo de voz.
"Eso no es importante," contestó. "Estoy saliendo para Biscuit Bitch… y mientras tanto, podrías ir pasándole mi mensaje?" agregó entusiasta, antes de colgar la llamada.
N/A: Gracias por las reviews :).
Alguien habia preguntado qué clase de nombre es Rivka, y la respuesta es: Es la versión hebrea de Rebeca. Me gusta el nombre, y me pareció que le daba personalidad a un personaje que tiene la característica de ser judío.
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