— ¿Estás seguro que está bien? —La voz de Blaine es baja y suave en su oído, silenciosa mientras se presiona más cerca de Kurt, como si estuviera tratando de ocultarse en la sombra del cuerpo de Kurt.
Kurt rueda sus ojos, sólo un poco, por lo que parece la enésima vez ese día. Blaine ha estado nervioso y ansioso toda la mañana, atormentando la uña de su pulgar con los dientes, tamborileando con los dedos los ritmos de las canciones que vienen a su cabeza. La fiesta de Vogue es esa noche, y ninguna cantidad de garantías tranquilizadoras o suaves caricias en su espalda parecen ser capaces de calmar sus nervios. Sin embargo, Kurt sigue intentándolo.
Ha estado con Blaine el tiempo suficiente (aunque no es tanto tiempo en absoluto), conoce a Blaine bastante bien ahora para entender un poco de dónde viene su reticencia y aprehensión. Blaine es tímido -dulce, tierno y tan increíblemente cariñoso que algunas veces Kurt se siente totalmente indigno del tiempo y la atención de Blaine. Pero él es tímido; se preocupa sobre las impresiones que hace en los demás, y está constantemente inquieto respecto a su situación financiera, que no es una situación en absoluto, no para Kurt. Es sólo un hecho, y no cambia la forma en que Kurt se siente acerca de Blaine en cualquier capacidad.
El tamaño de la cuenta bancaria de Blaine no tiene nada que ver con la forma en que sus dedos se frotan contra las caderas de Kurt, ni con la caricia circular de sus pulgares, relajantes e increíblemente eróticos a la vez. No tiene ningún impacto en la forma en que programa la alarma del teléfono para que vibre en esas mañanas en que él tiene que levantarse antes del amanecer para el trabajo y Kurt se ha quedado a pasar la noche. Kurt aún así despierta cuando Blaine se levanta, pero es por el movimiento de la cama mientras Blaine se alza cuidadosamente de ella y el crujido de sus tuberías cuando se ducha, y no ante el odioso y ruidoso sonido de una alarma en su oído. Si Kurt tiene que despertarse de vez en cuando antes de que el sol salga (y está feliz de hacerlo si eso significa quedarse dormido con el calor del cuerpo de Blaine y el rico aroma de café en su piel), entonces al menos es mejor despertar ante las suaves pisadas de los pies descalzos de Blaine contra el piso de madera mientas se viste lo más silenciosamente posible.
Y las finanzas de Blaine no dicen nada sobre el calor en sus ojos cada vez que ve a Kurt. Hay una luz en los ojos de Blaine, todo el tiempo brillando desde algún lugar profundo dentro de él, que de alguna manera no se ha visto empañada, un lugar que no está desgastado, áspero y crudo. La forma en que Blaine lo mira, apasionado y cálido como el whiskey, hace que el estómago de Kurt se contraiga y que su pecho duela. Como si él fuera sorprendente, extraordinario y perfecto. Él sabe que no es así, nadie lo es, pero Blaine tiene la manera de hacerlo sentirse perfecto. Y eso es más que suficiente.
Kurt está seguro que todavía hay cosas sobre Blaine, sobre su pasado y su familia de las que él no sabe nada. Cosas que Blaine debe mantener bloqueadas fuertemente para que no le puedan hacer daño nunca más. Pero en los dos meses y medio (casi tres) que han estado juntos, Kurt ha visto un cambio tomando lugar en Blaine, frágil y delicadamente, pero aún así. No es como si Blaine estuviera saliendo de una concha -nunca se escondía en una para empezar- pero es como si él estuviera cortando los hilos y los lazos que lo sujetan, que lo retienen. Kurt no presiona, no lo hará (no le corresponde hacer por Blaine lo que debe hacer por sí mismo), pero Blaine está encontrándose a sí mismo de nuevo, a su propio ritmo. Kurt sólo quiere estar allí cuando él lo hace.
Él sabe que es muy pronto para promesas y declaraciones, pero Kurt puede sentir las palabras reunidas en su garganta, burbujeando brillantemente en su pecho. Algunas veces Kurt mira para encontrar a Blaine observándolo fijamente con esos enormes ojos suyos, con adoración destellando brillante y clara, y él piensa (espera) que Blaine está tratando de no decir nada tampoco.
Kurt presiona un beso en la sien de Blaine, los rizos cuidadosamente estilizados rozándose suavemente contra su mejilla, y abre las puertas del edificio Condé Nast. Es fin de semana y las puertas están cerradas contra los turistas curiosos y perdidos que pululan por Times Square. Es un mar de chaquetones monocromáticos y sombrillas, protección contra el clima lluvioso de noviembre rodando por la ciudad. No está nevando, todavía no, pero hay una gelidez en el aire que nunca se calienta durante todo el día. El sol brilla, pero el calor de éste se está convirtiendo en una memoria sólo para ser devuelta en la primavera.
Kurt le da la bienvenida sin embargo. El invierno está a la vuelta de la esquina y siempre ha sido su estación favorita. Le encanta cómo todo el mundo parece estremecerse hasta detenerse cuando cae la primera nieve, con el alto aroma de humo de leña en el aire -embotado bajo la bruma de la ciudad, pero todavía presente. Él ama las luces parpadeantes que las personas cuelgan en sus ventanas y a lo largo de sus aleros (1), y la fresca brisa que de alguna manera se las arregla para colarse bajo sus capas y enfriar su piel. Estar frío significa lograr calentarse de nuevo; lograr envolver sus manos alrededor de una humeante taza de chocolate caliente y acurrucarse bajo una manta gruesa. Es en el invierno cuando él llega a usar calcetines dentro porque las tablas del suelo están demasiado frías bajo sus pies.
Y ahora le encanta el clima más fresco porque significa tener a Blaine en un chaquetón ajustado más a menudo que nunca, ajustado a la cintura y acentuando la longitud de su torso. Él ha llegado a usar las bufandas de Kurt también, lo cual hace que el estómago de Kurt se contraiga y se apriete cada vez que ve las longitudes de tela de colores brillantes envueltas alrededor de la garganta de Blaine. Y el invierno va a significar copos de nieve derritiéndose en los oscuros rizos de Blaine y atrapados en sus largas pestañas cuando vayan a dar un paseo por Central Park. Kurt no puede esperar. Tal vez se quedarán mucho tiempo en el parque, arrastrando los pies a través de la nieve, tomando fotos tontas, inconscientes del frío hasta que es finalmente demasiado y sus dedos y narices están entumecidas y sus mejillas rosadas. Volverán al apartamento de Blaine, o al de Kurt, riendo y temblando mientras tiran de las ropas mojadas de nieve el uno del otro y se calientan de nuevo bajo las mantas apiladas sobre la cama de Blaine.
— Sí, —dice Kurt mientras caminan por la gran entrada hacia los ascensores.— Está bien. Te lo prometo. Se nos permite estar aquí. Lo comprobé dos - tres veces con Carrie. Por cierto, ella está emocionada de conocerte finalmente. Así que no hay presión allí. Sólo es mi jefa, el eje de mi futuro y mi carrera floreciente. —Kurt le hace un guiño, no puede evitarlo. Es demasiado fácil poner a Blaine nervioso y emocional, y por el tinte rosado en sus mejillas, él ya está allí. Kurt se inclina y presiona un rápido beso en la mejilla cálida de Blaine.
— Y honestamente, además de Anna Wintour bajando y arrebatando la ropa de mis manos, no hay nadie más arriba en la cadena alimentaria para decirme que no. Yo trabajo aquí. Tengo el permiso explícito de la editora de moda. Tengo mi tarjeta de acceso y credencial de identificación. No es como si estuviéramos haciendo allanamiento de morada, y luego robando a los diseñadores. Estamos simplemente entrando a la oficina después de horas de trabajo y tomando prestado. No te llevaría voluntariamente a una vida de crimen y travesuras. Espera, no. No puedo prometerte eso.
Eso hace a Blaine reír, lo cual era exactamente el punto, y Kurt está agradecido por los dedos de Blaine deslizándose a través de los suyos a medida que entran en uno de los ascensores y se dirigen hasta la parte superior.
. . .
Kurt se está divirtiendo demasiado. Trabaja con ropas día tras día; él tiene borradores y pruebas, bocetos y fechas límite, y todo tipo de cosas de las que es el responsable en estos días, y le encanta. Es lo que él quiere hacer; es lo que siempre ha querido. Él respeta el oficio y el trabajo, y está eternamente agradecido de que le ocurrió. Algunas de las mejores cosas de su vida serían diferentes si ese viernes por la tarde en el puente de Brooklyn no hubiera ido de la manera en que lo hizo. Por mucho que lo ama, aún así es trabajo, y tiene una curva de aprendizaje por superar. Sólo han pasado unos meses, después de todo, y hay algunas personas ambiciosas y despiadadas en Vogue mordiendo sus talones para tratar de quitarle su puesto. Él es bueno en eso, y solamente va a mejorar, pero a veces es tan estresante, tan abrumador, que no puede respirar.
Pero no en este momento. Ahora mismo Kurt tiene a Blaine desnudo en sus bóxers negros en el armario de hombres de Vogue y con rienda suelta para hacer lo que quiera con él. Bueno, quizás no lo que quiera. Kurt deja que sus ojos recorran el cuerpo cada vez más familiar de Blaine -sus anchos hombros y la pelusa de vello oscuro en su pecho; la longitud de su torso tonificado y lo afilado de sus caderas. Kurt se quedaría en las curvas de los bíceps de Blaine, en los músculos de sus muslos y en la redondez de su trasero bajo esos bóxers, pero tienen una gala a la que asistir, y hay algunas cosas por las que probablemente sería despedido si las hace en el trabajo.
Sin embargo, se permite tocarlo, mientras desliza un arsenal de camisas y pantalones y chaquetas y corbatas encima y fuera de Blaine, intentando esto, rechazando eso. No hay manera de que él no deje que sus dedos sigan hacia abajo en la sinuosa longitud de la columna vertebral de Blaine, o bailen a lo largo de sus costillas, o se deslicen suavemente a través de su vientre apretado. Lo tiene permitido, y el calor oscuro en los ojos de Blaine mientras observa en silencio, salvo por la dificultad en su respiración cada vez que Kurt encuentra un lugar particularmente sensible, le hace saber a Kurt que Blaine quiere que haga precisamente eso.
Blaine siempre parece tan dulcemente sorprendido de que Kurt quiere tocarlo, que a veces él no puede quitarle las manos de encima. Sus ojos se vuelven tan oscuros y su boca se abre un poco. Kurt no sabe muy bien de dónde viene la creencia de Blaine de que Kurt, de que nadie, podría quererlo. Pero Blaine es tan hermoso, tan adorable que a veces duele mirarlo, especialmente en la mañana cuando la luz del sol se filtra a través de las cortinas y proyecta sombras a lo largo de la línea de su pómulo y la curva de su mandíbula. Kurt, que conoce los nombres de mil tonos diferentes de tela, no puede poner un adjetivo apropiado con el tono cálido de la piel de Blaine. Kurt quiere pasar cada minuto posible tratando de demostrarle lo equivocado que está.
Kurt sabe que Blaine estará más a gusto esta noche en algo simple y sencillo, algo que no lo hará destacarse entre la multitud, pero no puede resistirse a probar unas cuantas piezas con un poco más de destello, un poco más de estilo. Sólo para ver; él es un poco egoísta. Muy a menudo Blaine está en su código de vestimenta de Starbucks, o en cómodos jeans y cárdigans, y Kurt ha estado muriendo por vestirlo en algo a medida, algo bello -algo digno del mismo Blaine.
Kurt lo pone en un traje de color caqui con una brillante pajarita y pañuelo de bolsillo. Los pantalones están doblados y exponen un toque de los excepcionalmente adorables tobillos de Blaine. Es un traje fantástico, y Blaine se ve muy bien en él, pero es probable que sea demasiado para la primera fiesta de Vogue de Blaine, y lo regresa al anaquel. Luego encuentra un esmoquin Prada color azul medianoche con una camisa azul y rosa a cuadros. A Kurt, al parecer, le encanta la forma en que Blaine luce con una pajarita, aunque quizás ama más que nada anudarla por él, riendo y mordiéndose el labio mientras Blaine se le queda mirando con esos ojos profundos. Él no le dice a Blaine que el esmoquin cuesta más de $3,000.
Al final, Kurt elige un esmoquin negro clásico, una intemporal y sofisticada pieza de Ralph Lauren que hace que Blaine luzca notablemente apuesto -suave y elegante. El esmoquin es de corte delgado, rozando las líneas del cuerpo de Blaine, acentuando más que disfrazando, y no requiere ningún dobladillo o ajuste en absoluto. La camisa es blanca y fresca, con un cuello semi abierto y puños franceses, y el pañuelo de bolsillo hace juego. Blaine es guapo ya, pero ahora se ve como una condenada estrella de cine.
— Anderson, —Kurt susurra al oído de Blaine, cuando lo tiene de pie delante de un espejo de cuerpo entero.— Blaine Anderson. —Él pasa suavemente sus manos sobre los brazos de Blaine; el costoso tejido está fresco bajo sus palmas, aún no calentado por el cuerpo de Blaine.
Blaine se ruboriza y deja caer la mirada al suelo, claramente avergonzado, pero Kurt puede decir que es una vergüenza de satisfacción. Había atrapado la mirada en los ojos de Blaine –placenteramente sorprendido- cuando se vio a sí mismo por primera vez en el espejo. Kurt sólo envuelve sus brazos alrededor de la esbelta cintura de Blaine y presiona un beso en su mejilla. La piel es suave bajo sus labios (Blaine se afeitó en la mañana), pero al final de la tarde su mandíbula se oscurecerá con barba de tres días.
— Creo que estamos casi listos, —dice Kurt, enganchando su barbilla sobre el hombro de Blaine. Su propio atuendo está colgado en su oficina, listo para ser usado. Blaine asiente y finalmente mira hacia arriba, encontrando la mirada de Kurt en el espejo.
Mirando en el espejo, con sus manos juntas en el estómago de Blaine, Kurt intenta no pensar en otra ocasión en la que Blaine podría llevar un esmoquin como éste.
. . .
Blaine no sabe quienes son las tres cuartas partes de las personas que se han reunido en la hermosa Biblioteca Pública Stephen A. Schwarzman de Nueva York. Reconoce a las celebridades y a las pseudo-celebridades que se han mostrado para hacer una aparición -aquellas que están buscando ser fotografiadas y ser reseñadas en artículos de noticias y blogs. ¿Pero el resto? Él sabe los nombres de diseñadores, algunos de ellos por lo menos, pero no cree poder reconocer a Karl Lagerfeld fuera de una alineación. Sin embargo, está aprendiendo. Él escucha con mucha atención cada vez que Kurt habla sobre su trabajo y las próximas colecciones y quién está luchando con quién. Nunca le había interesado, la moda o el diseño, pero cualquier cosa importante para Kurt se está convirtiendo en importante para él.
Él no está en el radar de nadie esa noche, y eso le sienta bien. La mayoría de la gente aquí, sólo pasa sus ojos sobre él -el chico bajito del esmoquin prestado- y está feliz de permanecer fuera de su camino. No es parte de su multitud; él no es nadie para ellos.
Todavía no, pero tal vez... Un día. Piensa Blaine. Si tengo suerte.
Tal vez un día, uno de sus shows encontrará su camino a Broadway, y una fiesta justo como esta será hecha en su honor. Se presentará vistiendo un traje de los diseños de Kurt, y le ayudará a recordar quién es cada quien, con su brazo enlazado a través del de Blaine, sus dedos frotando gentilmente su muñeca cuando empiece a ponerse nervioso y abrumado. Su hermano probablemente saltará para tomar la atención fuera de él si eso se vuelve demasiado.
Blaine está sentado en su mesa asignada, bebiendo champán caro de una copa especial, y viendo el ir y venir de la gente. Se puede decir por las sonrisas falsas y la forma en que nadie permanece muy junto, con los cuerpos alejados, que la mayoría de estas personas no se gustan mucho unas a otras en absoluto. Se puede decir que todo es un gran espectáculo, y uno en el que están participando reluctantemente. Kurt está en algún lugar en esa bien vestida y bien elaborada multitud: hablando íntimamente, haciendo contactos, exponiendo su nombre, haciendo su trabajo. Hay gente poderosa aquí esta noche, gente importante, y cada momento que Kurt puede pasar con ellos es vital para su carrera y su futuro; esto es realmente sólo una fiesta por el nombre. Blaine no lo envidia ni por un minuto, incluso si esto significa que ha estado sentado en su mesa solo por un rato.
Él ya dio vueltas a través del tenue y festivo salón de baile. La habitación está resplandeciendo en rojos y morados -suntuosos cortinados colgando del techo y paredes, y luces puestas por todas partes. Se mantiene cerca del lado de Kurt, dándole la mano a personas que nunca recordarán su nombre, encantándolos lo mejor que puede por el bien de Kurt. Pero él es sólo un acompañante, y el único interés en él fue el hecho de que es la cita del nuevo asistente de Carrie Bradshaw -eso lo puso un paso o dos por encima de unas pocas personas. Aún así, el corazón de Blaine vibró cada vez que Kurt se refirió a él como su cita -sin vacilación, sin miedo, sólo el simple y fácil hecho de su relación.
Nuestra relación. El pensamiento gira en el vientre de Blaine y le hace sonreír contra el borde de su copa de champán.
Una camarera se desliza junto a él, en silencio y modesta, y cambia su vaso casi vacío antes de que pueda decir nada. Ella es deferente hacia él, porque a pesar de que Blaine es un don nadie en esta fiesta, él sigue siendo un invitado. Él sigue siendo su superior por esta noche, por mucho que odie la sola idea de ello.
Blaine tiene cuidado en agradecer al personal tan a menudo y tan sinceramente como puede. Él sabe lo que se siente ser el hombre más bajo en el tótem (2); él está también en la industria de servicios. Él sabe lo que es tener a alguien gritándole porque están teniendo un día de mierda. Día a día las personas lo tratan como si él valiera menos que nada, como si estuviera debajo de la goma de mascar pegada en sus zapatos sólo porque él hace su café. Él no puede hacerle eso a otra persona.
— Disculpe, señor, —viene una voz detrás de él.
Blaine se sobresalta y gira en su asiento para encontrar a Kurt parado allí, con una dulce sonrisa curvando su boca, extendiendo la mano hacia él en invitación. Sus mejillas están un poco enrojecidas por el calor o el alcohol, o ambos, y su cabello está empezando a liberarse de su cuidado estilismo. El nudo de la corbata se ha aflojado en su garganta, los pocos botones superiores de su camisa están desabrochados, y su chaqueta está totalmente abierta. Él está un poco desaliñado y tan devastadoramente hermoso que a Blaine se le entrecorta el aliento. Él no cree que pueda sobreponerse a Kurt alguna vez.
— ¿Te importaría bailar conmigo? —Kurt pregunta, y sus ojos son de un azul profundo en la bruma resplandeciente de luces moradas y rojas.
Blaine mira a su alrededor. Ha habido música reproduciéndose durante toda la noche, una extraña variedad de estándares de jazz y pop actual, pero sólo ahora, cuando la fiesta llega a su fin, hay gente bailando. El negocio está hecho, las bebidas se han tomado, y hay tiempo para un poco de diversión.
— Sí, —dice Blaine.— Sí, por supuesto. — Como si hubiera alguna otra opción, otra respuesta. Deja que Kurt tome su mano, levantándolo de la silla, y llevándolo a la multitud.
Blaine no cree haber bailado antes en público, no así. Él ha estado en bares y clubes con sus amigos, pero era diferente. Y nunca fue a un baile de la escuela. Pero esto, esto no es moverse con un ritmo tecno con un par de amigos cuando ha tenido suficiente bebida para salir un poco de su zona de confort. Esto es la cercanía, el calor y la presión del cuerpo de Kurt contra el suyo, el entrelazamiento de los dedos de Kurt a través de los suyos, la fuerza del brazo alrededor de sus hombros. Encaja tan fácilmente en los brazos de Kurt.
Blaine inclina su frente contra la mandíbula de Kurt y respira profundamente, oliendo las huellas de la colonia de Kurt aún permaneciendo en su piel. Él quiere presionar un beso en la piel suave, pero no lo hace. Este no es el lugar para eso.
— Le gustas a Carrie, —murmura Kurt en su oído, lo suficientemente fuerte para ser escuchado a través de la música, mientras se mecen juntos a su propio ritmo. Alguna canción lejana y familiar está reproduciéndose y el pesado bajo de la misma corre por el cuerpo de Blaine.— De hecho, no dejaba de hablar de ti. —Él tira de sus manos entrelazadas entre sus cuerpos, descansándolas contra su pecho. Blaine puede sentir los latidos del corazón de Kurt.
— No fue mi intención quitarte la atención.
Kurt resopla una risa y Blaine la siente en sus huesos.— Gracias por venir conmigo. No habría sido lo mismo sin ti. —Hay algo en la voz de Kurt, baja y arrastrada, que suena casi como una confesión.
Blaine descansa su mejilla contra el hombro de Kurt y cierra los ojos.
— Como si yo hubiera querido estar en otro lugar.
El Caffè corretto se trata de una bebida italiana que consiste en un espresso simple "corregido" con un chorrito de otra bebida alcohólica de gran graduación como puede ser: grappa, brandy o sambuca. Se suele servir como desayuno en las mañanas de invierno. En España se sirve un café similar denominado carajillo.
(1) Alero: La parte de la cubierta de los edificios que sobresale de la fachada.
(2) Un tótem es un poste de madera con símbolos e imágenes talladas y pintadas en él. Los tótems son hechas por algunos pueblos nativos americanos y colocados fuera de sus hogares.
