Bonjour calabacitas, ¿qué tal? Aquí yo reportándome con otro capitulo atrasado xD pero prometo ponerme al día pronto.
Guntherlina: Pues, aquí entre nos debo confesar que yo también tengo un ligero pinchazo por el elfito (putirutas detected. Que Nevra no se entere de esto xD) también me gusta su actitud, neh, no sé, pero me agrada, es solo que se me hace demasiado complejo soportarlo igual xD, a estas alturas las chicas de su ruta ya son a prueba de balas. A mí también me encanta Ewelïn y es una pena que Ezarel solo terminara por romperle el corazón :( No, no quiero ni pensar cuando le toque el arco a Nevra, puede ser igual o aún peor que lo de las ruta Ezarel... temo por mi vida, mi estabilidad como persona y mi relación con Nevra por lo que pueda suceder cuando eso llegue.
Necesitaba hacer algo así, luego de todo el rechazo que sentía al principio debía haber algo con lo que finalmente ella sintiera que la aceptaban :) Con nosotras nadie fue así de lindo como para darnos la ropa, además, es demasiado cara y mando a mi familiar y qué me trae, el muy maldito me trajo el vestido de absenta... ¡ABSENTA! xD Realmente terminamos por pagar un oj... un brazo y una pierna (?) Ese decir lastima la autoestima de Nevra xD
Exacto, digan no a las drogas; hacen mal, luego terminan escribiendo pendejadas como yo... jajajja. Espero que esos envoltorios de Marihuansitos bajo la mesa no sean tuyos (entrecierra los ojos y la mira con sospecha) Es todo un placer recibir tus review, besos y te dejo con este capítulo... y de paso te doy una bolsita de pañuelos por si acaso (se va corriendo a esconderse)
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Día 7: Herida
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Los gritos habían interrumpido la frágil paz en el C.G. y el caos nuevamente amenazaba con hacer caer la estabilidad que con tanto esfuerzo intentábamos mantener. Cogí mi espada, me la até al cinto y corrí afuera; si había algo que podía hacer o en lo que podía ayudar, lo haría. Mientras corría a prisa por los pasillos me topé con Ezarel y Valkyon quienes parecían llevar la misma prontitud que yo, al encontrarnos nos miramos por unos segundos y retomamos nuestra carrera al descubrir que nos dirigíamos al mismo punto.
— ¿Qué rayos está sucediendo?
—Nos ataca un grupo de elfos salvajes. — mencionó Valkyon con seriedad mientras intentábamos llegar hasta los jardines.
—Ezarel, ¿que acaso tus primos no utilizan invitación?
Mi comentario le robó una pequeña sonrisa y aligeró en cierta medida nuestros ánimos. Si bien aún no conseguíamos llegar hasta las murallas exteriores de donde parecía provenir todo el alboroto, ya me temía por los gritos que las cosas no fueran para nada bien; en cierto modo yo también buscaba calmarme.
En cuanto llegamos hasta allá pude ver a muchos de los miembros de la guardia intentando contener el ataque y a algunos otros que se encargaban de evacuar a los civiles. Eché un vistazo rápido a la situación y decidí dirigirme a ayudar con la evacuación; habían muchos defendiendo, así que por el momento prefería concentrarme en sacar a todos los inocentes de ahí, no me perdonaría que algo les sucediera.
Desenfundé mi espada por si alguien quería sorprenderme y corrí hasta encontrarme con Valarian, quien parecía encargarse de dirigir la evacuación, y tras ofrecerle mi ayuda terminamos por sacarlos a todos del peligro más inminente en el campo de batalla. Luego de asegurarnos de que todos estuvieran a salvo al interior del Cuartel General, volvimos para ayudar a nuestros compañeros.
—Intenta terminar en una pieza, ¿sí? No será divertido quedarme sin compañera de entrenamiento.
—Descuida, no creas que te desharás de mí; te seguiré fastidiando por un largo tiempo.
Luego de aquel enfrentamiento que había tenido con Nevra, más de alguno se había interesado en entrenar conmigo; digamos que derrotar a un jefe de guardia no es algo que se vea todos los días y te da un cierto prestigio. Por supuesto que yo había aceptado muchas de las ofertas, en especial porque me permitían aprender cosas nuevas, cada quien tenía su propio estilo y siempre había algo nuevo que aprender. En momentos como estos me venía de maravillas.
—No me digas que me estás engañando con ese tío.
— ¿Qué?
A mis espaldas, Nevra estaba inmovilizando a uno de nuestros atacantes utilizando algunos puntos de presión. Cuando el elfo cayó al suelo, el vampiro se pasó una mano para acomodar sus cabellos y secar la ligera capa de sudor que perlaba su frente, sin duda él había llegado aquí mucho antes.
—Que espero no enterarme de que me estás engañando con Valarian, porque si es así me vería en la obligación de darte un severo castigo.
Mis mejillas se encendieron apenas recordé la última vez que dijo aquello, vaya que el muy maldito sí cumplía sus amenazas.
—No digas tonterías, además… estamos en medio de una batalla, no es momento para que me estés celando.
Mencioné mientras desviaba una flecha con la hoja de mi espada.
—De acuerdo, lo dejaremos por ahora, solo porque él te enseñó ese truco.
Rolé los ojos y ambos nos dirigimos en direcciones contrarias para seguir con la batalla. Un grupo de absenta se encontraba recitando unas extrañas frases que les permitían generar un escudo que intentaba protegernos de la mayor cantidad de flechas posibles, pero sin duda no podía hacerlo de todas. Desde una de las torres que se erguían a lo largo de los muros descubrí a un francotirador que se aprovechaba de la altura y de que al parecer nadie más le había visto, así que no dudé en dirigirme hacia él. Corrí a toda prisa por entre el desastre de la batalla, sorteando entre espadazos, flechas y cuerpos tendidos a mitad del campo para llegar hasta la torre. Utilizando parte de la agilidad y la sutileza que había aprendido estando en Sombra, conseguí acercarme sin que el arquero que se encontraba arriba me notase, por lo que aún tenía la posibilidad de atacarle por sorpresa.
Subí los escalones de dos en dos más o menos hasta la mitad, desde donde acabé por ahogar mis pasos e intentar esconder el tiempo que más pudiese mi presencia; sabía que sus oídos eran finos y que hasta el más mínimo sonido podría evidenciar mi presencia.
Cuando llegué hasta la parte superior utilicé uno de los muros como escudo mientras me asomaba con cautela; ahí estaba. Cargaba una nueva flecha y se preparaba para apuntar; mi mano se fue instintivamente hasta el mango de mi espada levantándola unos milímetros, más la volví a soltar tras pensar que, sin importar que fuese el enemigo atacarle por la espalda sería un gesto totalmente cobarde, más él se volteó en ese justo momento hacia mí… Había escuchado el sutil filo de mi espada deslizándose por la funda y eso había sido más que suficiente para delatarme.
La flecha que antes se dirigía hacia abajo ahora tenía su curso fijo en mí y sin siquiera reparar en algo… la soltó. En ese segundo fue como si el tiempo se hubiese congelado y comencé a ver todo en cámara lenta; sentía como si mis venas ardieran y a mi corazón latir a una velocidad estrepitosa. Conocía esa sensación: adrenalina.
Esta vez no lo dudé y el sonido del metal al salir corrompió los segundos y antes de que siquiera lo hubiese notado, había partido la flecha en dos y cada una de las partes pasó por mis costados siguiendo cada cual su propio camino, terminando finalmente en la muralla tras de mí. Ahora era mi turno. Enfundé la espada en un movimiento ágil y certero, para luego dar una vuelta que me permitió tomar el impulso suficiente para darle una fuerte patada en la boca del estómago, una que lo hizo doblarse de dolor. Aprovechando aquello y los segundos que tenía antes de que pudiese reaccionar, le golpeé con el codo el hombro derecho enviándolo aún más hacia abajo y cuando tuve el camino completamente despejado, hundí mis dedos en el punto de presión que existía cercano al cuello por el lado izquierdo haciendo que cayera al piso completamente inconsciente. Nevra, sin duda te estaría eternamente agradecida por enseñarme eso.
Tomé el arco y la aljaba del elfo y me los coloqué en la espalda, además me encargué de quitarle el cuchillo que traía al cinto y un par de pociones que no supe identificar, pociones que claro, luego le entregaría a Ezarel. Pero lo que más me intrigó fue un trozo del gran cristal que se encontraba atado con una cuerda como si se tratase de alguna especie de collar, sin duda también se lo quité y, para evitar perderlo en medio del combate, me lo colgué al cuello.
Bajé las escaleras al trote y lo primero que noté fue el hecho de que algunos elfos más habían conseguido saltar los muros por uno de los lugares con menor número de guardias, su objetivo al parecer era intentar tomar las torres para poder rodearnos y ponernos en desventaja, algo que sin duda yo no pensaba permitir. Más mi intento de detenerlos o de ejecutar cualquier acción se vio mermado a la nada misma en cuanto sentí un fuerte impacto que me arrojó de rodillas al suelo; una flecha acababa de atravesarme el hombro izquierdo y estaba más que segura de que su verdadero objetivo había sido tratar de llegar a mi corazón.
El grito de dolor que solté fue inevitable, en especial cuando la única solución que tenía era sujetar la flecha desde la punta y jalarla para poder sacarla; debía pasar por completo, era la única forma. Pero mientras hacía aquello otra impactó contra mi muslo. No, no me querían muerta, nadie fallaría dos tiros seguidos, en especial si el blanco no se mueve durante el segundo; su intención era herirme. Maldecía el minuto en el que bajé las escaleras y de forma tan precipitada y despistada me arrojé de nuevo a la pelea, sin verificar siquiera si alguien se había percatado de lo que acababa de hacer en la torre. Sentí otra punzada en la espalda, su impacto había sido menos profundo, pero no por eso menos doloroso, en ese momento ya no era lo suficientemente capaz para razonar y reparar en el hecho de que la aljaba había impedido que esa flecha impactara aún más.
La sangre de la primera herida me había empapado la ropa y comenzaba a formar un charco sobre el césped a medida que los segundos se sucedían, mi mente no era capaz de procesar y mi cuerpo, que poco a poco se entumecía, ya no reaccionaba. De pronto, el ruido de la batalla me comenzó a parecer cada vez más lejano y sin notarlo me fui perdiendo muy lejos de ahí. En algún momento, mientras mis ojos aún se mantenían abiertos, distinguí la figura de Nevra que aunque borrosa, me era completamente inconfundible. Corrió hacia mí diciendo algo que no pude entender, más atrás vi a alguien que supuse se trataba de Valarian, apuntar tras de mí varios metros por sobre mi cabeza y soltar una flecha de la cual nunca escuché el impacto. Noté que quien había disparado y de quien aún dudaba ligeramente de su identidad, pues había comenzado a ver todo borroso, corrió también hacia mi dirección. Lo último que recuerdo fue que alguien me sujetó entre sus brazos mientras escuchaba las palabras ''querían el cristal'' y ''estaban envenenadas'', luego de eso simplemente perdí el conocimiento…
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¿Adivinan de dónde salió esa espada? Puse a Valarian aquí porque buscaba a alguien que no fueran los chicos y él justo apareció en el episodio 21 como la opción indicada jeje. Bueno, ahora será mejor que me vaya antes de que me comiencen a lanzar sus antorchas y tridentes xD
Nos vemos en el próximo, espero sus review. ¡Besos a todos!
