Buenas tardes queridos lectores :3

Les dejo el capitulo 7, mas complicaciones para la pobre de Izayoi.

Gracias por su tiempo y por sus comentarios ;) me hacen feliz.

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por gusto y diversión, además de que me encanta este anime.


Capitulo 7: Alegrías y Tristezas Parte 2

Cuando se tiene un hijo, se reciben muchas alegrías y bastantes disgustos. Para Izayoi el tiempo sigue pasando y las mortificaciones van en aumento.

*~*~*~*~ Transformación ~*~*~*~*

Han pasado algunos meses, InuYasha ya cumplió dos años y ahora está entrando a la etapa de rebeldía como todo niño de su edad. Izayoi, Nori y Myoga ya están familiarizados con los cambios mensuales del chiquillo, cada luna nueva se transforma en humano. Esto no es ningún inconveniente ya que por lo regular siempre está dormido y no se percata de su metamorfosis. Ahora con lo que tienen que lidiar, es con los berrinches del pequeño.

Se ha vuelto posesivo con sus juguetes y a veces "discute" con Imari para ver quien juega con el muñeco de trapo con forma de caballo o sino compiten por ver quien lanza más lejos la pelota. Ambos niños han estado conviviendo desde que sus madres se conocieron e iniciaron su amistad en la colina. La pequeña es tan activa e impulsiva como él, por lo que InuYasha tiene en ella a la hermanita perfecta. Sin embargo, algo extraño ha comenzado a manifestarse en el mestizo, algo que proviene de su interior y que tiene relación con la herencia genética de su padre.

– ¡Mío, es mío!– alzo la voz InuYasha.

– ¡No es cierto!– contesto Imari al tiempo que le mostraba la lengua y empezaba a correr por el patio arrastrando el muñeco con forma de equino. – ¡No me alcanzas, no me alcanzas!– volvió a decir, provocando el enojo del niño.

– ¡Dámelo!– grito el mestizo, comenzando a perseguir a su compañera de juegos.

Corriendo de un lado a otro por el patio, la niña parecía tener más agilidad y no dejaba de enseñarle la lengua a InuYasha. De pronto éste se agacho y tomando impulso, salto hacia adelante con el brazo estirado, logrando atrapar el pie de Imari.

La niña cayó al suave pasto con todo y juguete, pero en vez de ponerse a llorar, se levanto sorprendida. – ¿Cómo hiciste eso, como saltaste tanto?– pregunto intrigada.

InuYasha estaba apenas a un metro de ella, en cuclillas. No contesto y empezó a gruñirle al tiempo que le enseñaba los pequeños dientes. Comenzó a avanzar hacia ella en sus cuatro extremidades sin dejar de hacer el sonido gutural y sus ojos cambiaron a tono rojizo por un instante.

– ¿Qué te pasa InuYasha, porque me gruñes?– pregunto la niña, retrocediendo con miedo.

De pronto se escucho el grito de Imari y después su llanto. De la casa salieron rápidamente las dos mujeres, corriendo hacia el patio. Entonces vieron la extraña escena, la niña estaba de rodillas sujetándose el brazo izquierdo con una mano y llorando desconsoladamente. El niño permanecía sentado frente a ella con cara de terror, no entendía lo que estaba pasando. El muñeco de trapo yacía en el suelo con parte del relleno esparcido sobre la hierba.

– ¿Qué sucede aquí?– pregunto Izayoi.

–Imari, dime porque lloras– solicito la otra mujer, acercándose a su hija.

La pequeña señalo al mestizo. – ¡Me araño porque no le preste el caballo!– dijo entre lágrimas.

Kazumi hizo un gesto de extrañeza y volteo a ver a InuYasha, entonces se dio cuenta de que el niño tenía las uñas más largas de lo normal. Bajo la vista y vio el juguete, la tela parecía cortada con algo filoso. Tomó el brazo de la niña y reviso la herida. Afortunadamente solo había sido un rozón superficial, no había sangre, pero si estaba irritada la piel. El muñeco de trapo evitó que fuera mayor el daño.

–Izayoi, mira las manos de tu hijo– indicó Kazumi.

La princesa observo las pequeñas garras, estaban crecidas. –InuYasha, ¿Tu arañaste a Imari?– cuestiono preocupada mientras lo ayudaba a levantarse, el niño se veía agitado y asustado.

– ¡Mami… yo no… yo solo quería…!– intento contestar. Entonces comenzó a llorar también.

Izayoi suspiró y lo abrazo, tendría que consultar nuevamente a Myoga. –Lo lamento Kazumi, InuYasha no tenía intención de lastimar a tu hija… perdón por esto… perdón Imari, no sé qué sucedió, voy a hablar con él– dijo, al tiempo que las miraba a ambas y hacia una reverencia.

–Está bien Izayoi, yo entiendo. Nos retiramos, voy a curarle el rasguño. Hasta mañana– contesto Kazumi, cargando a su hija y dirigiéndose a la salida.

– ¿Por qué lo hiciese?, dime la verdad– pidió Izayoi a su hijo.

El niño tenía la miraba agachada y movía nerviosamente uno de sus pies en círculos.

–Por favor InuYasha, explícame que sucedió– volvió a insistir.

Un momento de silencio, después medio alzo la cara. –Yo… quería… mi caballo– contesto por lo bajo.

– ¿Te enojaste solo por eso?, no entiendo el motivo... tu siempre le has prestado tus juguetes a Imari y ella te ha prestado los suyos– aclaro la princesa. – ¿Ella dijo algo que te molestara?–

El pequeño solamente movió la cabeza en gesto de negación.

– ¿Te agrada Imari, te gusta jugar con ella?– cuestiono nuevamente.

De nuevo la cabeza se movió, ahora en gesto afirmativo. –Imari me agrada, la mamá de Imari también…– contesto con un mayor tono de voz.

Izayoi se arrodillo frente a su hijo y con suavidad tomo su barbilla para que la mirara a los ojos. –Escúchame InuYasha, ya te he dicho que tu eres un niño especial que tiene habilidades que otros no, ¿Cierto?– dijo con firmeza.

El niño asintió.

–Bien, entonces debes entender que a veces todos nos podemos enojar. Podemos hacer gestos, gritar, patear el suelo y otras cosas. Pero lo que no debemos hacer, es agredir a otras personas sin motivo aparente y mucho menos sin son nuestros amigos o amigas– explico con calma, sin dejar de mirar al niño. –Tú no querías lastimar a Imari, ¿Verdad?–

Gesto de negación.

–Ella también te aprecia y sé que no te guardara rencor por lo de hace rato. Pero tú debes prometer que no volverás a comportarte así– exhortó la mujer.

–Yo quiero a Imari, me gusta jugar con ella– contesto el mestizo.

–Entonces, que te parece si vamos a su casa y le llevamos unas manzanas para que te puedas disculpar– dijo Izayoi, al tiempo que agarraba una canasta de la mesa contigua y se la entregaba. No era necesario hacer una tormenta en un vaso de agua.

El niño sonrió y tomó la cesta. Poco después se dirigían al hogar de Kazumi e Imari.

Un par de días después.

–La niña me dijo que después de que salto para alcanzarla, le crecieron las uñas y los ojos se le pusieron rojos– comento Izayoi.

Myoga escuchaba en silencio, apenas había regresado de visitar a un amigo. Inmediatamente la princesa lo busco para platicarle lo que había sucedido con InuYasha. –Vaya, suena realmente preocupante. Pero es necesario que yo vea su comportamiento para tener más información– dijo el pequeño demonio.

–Esto tiene que ver con su padre seguramente– respondió la princesa con gesto de aprensión.

–Tal vez tenga razón, mi señora. Es probable que la sangre de demonio este despertando en él– contesto con seriedad. –Pero no debemos dar nada por hecho, esperemos un poco mas y observemos– finalizó.

*~*~*~*~ Manto Rojo ~*~*~*~*

Una semana después.

Estaba atardeciendo, madre e hijo se encontraban en su colina favorita. Era otoño y los ocasos del sol teñían el cielo de colores cada tarde.

–InuYasha deja de correr tanto, recuerda que hay piedras filosas ocultas entre las hierbas– dijo la mujer.

–Pero mamá, quiero seguir jugando– reprocho el niño.

–Ya tenemos que volver– contesto.

– ¡No quiero!– se expreso con disgusto al tiempo que corría hacia un gran roble. Empezó a trepar con rapidez.

Izayoi se asusto y fue hacia el árbol. – ¡Baja inmediatamente de ahí, es peligroso!– alzo la voz imperativa. El niño la ignoro y siguió escalando a través de las ramas. La mujer siguió pidiendo su atención sin éxito, hasta que se harto. – ¡InuYasha! ¡Sino obedeces, te voy a castigar!– amenazó. De pronto grito con pavor al ver como su hijo saltaba al vacio.

El chiquillo cayó al suelo en sus cuatro extremidades con sorprendente agilidad. Se levanto y solamente sacudió sus manos, como si no hubiera pasado nada. De pronto sintió un tirón en su oreja izquierda.

– ¡¿Qué crees que estás haciendo?, eso fue muy arriesgado!– reclamo la madre, al tiempo que lo sujetaba.

– ¡Nunca me dejas hacer nada!– respondió con enojo. Comenzó a manotear hacia ella, berreando con más fuerza.

– ¡Pudiste haberte lastimado, no debes subir a los arboles así nada mas, podría haber animales peligrosos!– volvió a regañar, tomándolo ahora de los hombros.

– ¡Eres mala!– exclamó con más ira, agitándose y tratando de soltarse. De pronto algo cambio bruscamente en él, comenzó a gruñir y su gesto se volvió feroz. La sombra de dos marcas aserradas apareció en ambas mejillas.

Izayoi abrió desmesuradamente los ojos y un espasmo atenazo su estomago al ver la transformación de su hijo. – ¡InuYasha, contrólate!– trató de apaciguarlo. Inmediatamente sintió un terrible dolor en los brazos, al mismo tiempo que miraba como los ojos dorados se entintaban de rojo brillante. El chiquillo estaba clavándole sus pequeñas garras y el filo era tal, que ya había cortado las capas de los kimonos que usaba, la sangre comenzó a manchar la tela. – ¡Basta!– grito.

El niño entro en frenesí y sus colmillos crecieron. En el momento en que trato de morderle una mano a su madre, se escucho el sonido seco de una bofetada. InuYasha quedó con el rostro volteado, bufando con ira y su desconcertada mirada se perdía en la nada. Eso fue suficiente para hacerlo volver, sin embargo, algo en su interior había despertado por completo, un lado salvaje que trataría de someter y vencer a la parte racional.

La mujer soltó al niño, sorprendida por su propia reacción. –Hijo… yo… – trato de hablar.

El mestizo se aparto de ella y comenzó a correr rumbo al pueblo. La princesa fue tras él, pero era demasiado rápido y lo perdió de vista entre los matorrales colina abajo. Cayó de rodillas, llorando por el tremendo golpe emocional.

¿Qué está sucediendo?… InuTaisho, ayúdame por favor– suplicó para sí misma. Los sentimientos de culpabilidad la invadieron.

Pasaron varios minutos en los que la joven madre intento calmarse, tratando de encontrar una solución, aunque sabía que tal vez no existía… o al menos eso creía ella. Sin darse cuenta, la noche la alcanzo en ese lugar sin una respuesta todavía.

–Vaya, así que finalmente despertó su lado bestial– se escucho una gélida voz a sus espaldas.

Izayoi se levanto rápidamente, el corazón se le estrujo con dolor y su respiración se paralizo por completo cuando volteo, encontrándose de frente con lady Irasue.

La aun señora del Oeste la miraba con frialdad, frunciendo el seño por el olor del miedo que se manifestó en la humana.

– ¡Señora…!– trato de hablar al tiempo que hacia una reverencia. Un escalofrió le recorrió la espalda, nunca se imaginó que volvería a encontrarse tan pronto con la demonesa. Sus temores crecieron al darse cuenta de la situación, ella había descubierto donde vivían y no pudo evitar recordar al siniestro primogénito de InuTaisho. – ¿Qué hace aquí?– pregunto, intentando pasar saliva con dificultad.

–He venido a concluir con mi promesa– contesto indiferente. Su mirada se posó en la tela manchada de sangre, las heridas en los brazos de la humana estaban expuestas. –Y a decirte como podrás ayudar a tu cachorro. –

La princesa retuvo las lágrimas en sus ojos. –Señora… yo no sé qué está pasando… mi hijo…–

–Tu hijo es un híbrido y por desgracia tiene que lidiar con la sangre de ambos padres– la interrumpió Irasue. –Su debilidad son las noches de luna nueva, su condición humana lo vuelve frágil– dijo con ironía. Entonces comenzó a caminar por el sendero que bajaba hacia la aldea.

Izayoi la siguió a prudente distancia, escuchando sus palabras.

–La sangre de demonio que corre por sus venas es muy poderosa, tanto que no podrá controlarla por sí mismo. Tu hijo tendrá muchos problemas a futuro– comenzó a explicar. –Llegara un momento en que su lado salvaje tomara el control por completo y dejara de razonar… te atacara a ti y a todos a su alrededor, sin distinguir entre humanos o demonios– sentenció cruelmente, al tiempo que se detenía y volteaba a verla. Su mirada era fría a pesar de su color.

La princesa se petrificó y sus ojos nuevamente se empañaron. – ¡No es posible…!–

–Deja de lloriquear, no es el fin del mundo– ordeno Irasue. –Me imagino que aun conservas el manto rojo que te dejo InuTaisho, ¿No es así?– dijo de pronto.

La mujer asintió sin contestar, tratando de limpiar sus lágrimas.

–Bien, escucha con atención porque no voy a repetirlo. InuTaisho dejó una herencia muy valiosa para sus hijos, las katanas conocidas como colmillo sagrado y colmillo de acero. A tu cachorro le corresponde colmillo de acero, la cual le ayudará a controlar su naturaleza demoníaca, evitando que se convierta en una bestia irracional– explico la demonesa.

– ¿Dónde… esta esa espada?– pregunto tímidamente la princesa.

–El arma esta oculta y solamente tu hijo podrá encontrarla y usarla. Para ello deberás preguntarle a Myoga, él tiene la obligación de explicarte todo, dado que fue el amigo más cercano del señor del Oeste. Yo solamente cumplo con decirte lo necesario, aunque esto no es mi obligación– reprocho con algo de fastidio.

–Pero… mi hijo necesita esa katana… no quiero que se transforme en un monstruo…– contesto con miedo Izayoi.

–Aun no es tiempo, es sólo un cachorro inútil que apenas está aprendiendo a correr. Así que la única manera de contener su lado irracional es a través del lienzo de rata de fuego que te regalo InuTaisho– índico Irasue.

– ¿Qué debo hacer con esa tela?, por favor dígame… estoy desesperada– suplico la joven.

–Confecciona una prenda y haz que tu vástago la use siempre. Ese manto conserva el olor de su padre, lo que le será familiar inconscientemente, facilitando su autocontrol– explico la elegante dama.

–Gracias, señora– respondió con otra inclinación de cabeza y una última pregunta. –Lord Sesshomaru… nos buscara de nuevo, ¿Cierto?–

Irasue sonrió con burla antes de contestar. –Escucha humana, hasta aquí llega la promesa hecha a mi difunto marido. Lo que haga mi hijo me tiene sin cuidado. Algún día te encontrara a ti y a tu cría, tal vez los asesine a ambos o tal vez no lo haga. No lo sé, eso lo decidirá él– finalizo. Reinicio su marcha, alejándose sin decir nada más.

La joven madre apenas pudo digerir la oscura sentencia. Se quedó en silencio mirando la partida de la demonesa hasta que desapareció en la penumbra del bosque. Se abrazo a sí misma, tratando de consolarse y preguntándose porque el destino seguía siendo tan cruel con ella y con su hijo.

Izayoi llego a su casa con gesto triste y sombrío. Sabía que su hijo se encontraba en el hogar, posiblemente ya estaba durmiendo. No tenia que preocuparse de nada, porque contaba con Nori, quien se encargaría de darle de cenar y acostarlo.

Era probable que el enojo del cachorro ya hubiera desaparecido, pero seguramente no sería capaz de encararla. Era mejor así, ella no podría mirarlo a la cara sin estallar en lagrimas, no porque la hubiese arañado o tratado de morderla, sino porque ahora conocía el oscuro futuro que su sangre demoníaca le deparaba.

Suspiró cansada, el estresante dolor de sus sienes no cedía, sin embargo no le importo. Camino hasta llegar a un cuarto que hacia la función de bodega. Busco entre las cajas hasta encontrar el manto rojo que le entregara InuTaisho. Lo miro contra la luz y éste parecía brillar ligeramente con escarlata tonalidad. Abrazo la tela con todas sus fuerzas y una lágrima corrió por su mejilla nuevamente.

–Hijo, hare todo lo que esté en mis manos para ayudarte– susurro.

Nori caminaba por el pasillo bostezando de cansancio. Apenas había conseguido que InuYasha se quedara dormido. Había llegado muy agitado y parecía estar enojado. Aunque se tranquilizo después de cenar, no le dijo absolutamente nada. De pronto vio luz en la sala, era extraño, porque había dejado apagada la pequeña fogata.

–Princesa, no la escuche llegar. Pensé que estaba en la casa de Kazumi– dijo la nana. – ¿Qué está haciendo?–

–Nori… yo debo hacer una prenda para InuYasha… es necesario… porque él… él…– trato de hablar, pero sentía un nudo en la garganta.

La mujer mayor se acerco a ella después de notar las manchas rojas en el kimono. Se asusto al verla más de cerca, tenía los ojos irritados de tanto llorar, su cara lucia una expresión de dolor y los dedos de sus manos estaban manchados con sangre.

–Mi señora, sus manos… ¿Qué ha pasado?– cuestiono preocupada.

–InuYasha… ha sufrido un nuevo cambio…– trato de explicar, al tiempo que soltaba la tela de sus manos. La princesa jamás había tocado hilo y aguja en su vida, ahora lo estaba pagando con las heridas de sus dedos. –Él se transformó… en un monstruo…– el nudo creció en su garganta.

– ¿Se refiere a lo que paso la otra vez con Imari?– pregunto Nori.

–Fue peor… mi hijo me araño y trato de morderme… hubieras visto su rostro… sus ojos…– ya no pudo hablar y apretó los parpados con fuerza. Se llevo una mano a la boca, tratando de contener el terrible sentimiento de impotencia.

La nana se acerco y la abrazo, tratando de consolarla como cuando era niña. La princesa se desahogo por largo rato hasta que finalmente pudo respirar con más calma. Nori la miro con serenidad en un intento de tranquilizarla, ella jamás tuvo hijos, pero con Izayoi, el lazo familiar era tan fuerte que casi podía sentir su dolor como propio. Observó la tela esparcida en el piso, el lienzo de rata de fuego no estaba bien cortado, había hilo roto por todos lados y la aguja estaba manchada de sangre.

–Yo le voy a ayudar, princesa– dijo la mujer mayor.

–Debo hacer esto sola… tengo que hacerlo por mi hijo– contesto la joven.

–Me queda muy claro eso, pero aun así yo voy a apoyarla– insistió Nori y después sonrió. –Tiene que aprender a utilizar una aguja y a saber cómo cortar las piezas de la prenda, que usted misma va a coser para InuYasha. –

Izayoi suspiró con alivio, agradeciendo infinitamente por tener el apoyo y la amistad de Nori.

*~*~*~*~ Perla Negra ~*~*~*~*

Myoga se encontraba recostado en el techo de la casa, estaba durmiendo profundamente. De pronto comenzó a sudar y parecía agitarse entre sueños.

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–Pequeño idiota, ¿Acaso deseas morir?– amenazó el demonio plateado.

La pulga trataba de respirar desesperadamente, la garra de Sesshomaru lo tenía apresado. Desgraciadamente se había confiado esta vez, al cruzar por un valle que colindaba con el territorio del Oeste, en busca de un informante. Pensó que podría pasar desapercibido si viajaba sobre el lomo de un ave perteneciente a una parvada migrante. No imaginó que el Lord estaría inspeccionando los límites de su territorio en ese momento. Detectó su presencia e inmediatamente lo capturo en el aire, destrozando a varios pájaros en el proceso.

– ¡Por favor… señor Sesshomaru… tenga piedad de este… humilde sirviente…!– suplico entrecortado.

– ¡Dime lo que dijo mi padre acerca de las katanas, ¿Dónde está colmillo de acero?!– exigió el Lord, al tiempo que aflojaba un poco su agarre.

– ¡No lo sé mi Lord, por favor no me mate!– contesto Myoga.

– ¡Deja de mentir o te arrancare la cabeza en este mismo instante!– grito de nuevo el demonio. Su afilada garra presiono sobre la garganta de la pulga.

– ¡Señor… su padre no me rebelo donde ocultó a colmillo de acero! ¡Solamente dijo que InuYasha tenía la respuesta y que solo él podría encontrar y usar esa katana!– confeso la pulga con el alma en un hilo.

– ¡Maldita sea, no puede ser!– mascullo con rabia. Nuevamente estrujo con fuerza al pequeño demonio. – ¡¿Dónde se oculta la humana y su bastardo?! ¡Habla si no quieres morir!– pronuncio con fiereza.

–Mi Lord… aunque lo supiera… y se lo dijera… no tendría caso… que los buscara… – respondió débilmente.

– ¡Estúpido insecto ¿Te atreves a burlarte de mí?!– gruño.

–No… señor… pero no puede hacer nada… InuYasha es el único… que tiene la llave para… encontrar esa espada– el inicio del desmayo comenzó. De pronto Sesshomaru lo libero, quedando tendido sobre la palma de su mano. –Si asesina al cachorro… jamás… encontrara a colmillo de acero…– musito con el último aliento que le quedaba antes de perder la conciencia por completo.

Cuando despertó, se dio cuenta de que estaba sobre hojas secas y que le dolía todo el cuerpo. Sesshomaru lo había dejado caer al vacío. Afortunadamente el follaje de un árbol había frenado la caída y evitado su muerte.

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Myoga despertó sobresaltado y respirando agitadamente. Ya llevaba varios días con la misma pesadilla, aunque había sobrevivido al primogénito de InuTaisho, el temor de que éste llegara a la aldea para asesinarlos estaba presente todo el tiempo. Sabía que no tenia perdón del cielo por revelar semejante secreto, no obstante, esa información había colocado una barrera protectora para InuYasha, al menos por un tiempo. Sesshomaru tendría que contener sus ansias asesinas si quería apropiarse de la katana colmillo de acero y esperaría el tiempo necesario para reencontrarse con el mestizo.

–Myoga, ven por favor– una voz lo llamo.

– ¿Qué se le ofrece princesa?– contesto, ya más tranquilo.

–Tenemos que hablar de las katanas que dejo InuTaisho– dijo Izayoi con gesto serio.

La pulga exhalo pesadamente, tenía que decirle la verdad a ella. No pensó que tendría que hablar de ello tan pronto. En ese momento intuyo que algo había sucedido en su ausencia.

Izayoi le explicó todo lo acontecido y la revelación de Irasue. El pequeño demonio tenía un gesto de preocupación ahora, InuTaisho nunca le dijo que la sangre demoníaca se manifestaría en InuYasha siendo un niño todavía. Pensó que semejante escenario se presentaría cuando el mestizo fuera mayor, no antes.

–Jamás imagine que lady Irasue estuviera al tanto de esta situación– dijo Myoga con reserva.

–Ella solamente cumplió con una promesa hecha a InuTaisho, nosotros no le importamos realmente. Pero a pesar de todo, me explicó qué hacer con el manto rojo para ayudar a InuYasha– contesto la joven. –Y me dijo que tu sabrías donde esta esa katana. –

–Mi señora, lo único que sé acerca de eso, es que su hijo tiene la llave para encontrar el lugar donde está oculta la espada– respondió Myoga. – ¿Recuerda que cuando mi amo InuTaisho fue por usted, también le entrego una pequeña perla negra a InuYasha?– pregunto, mirándola a los ojos.

–Una perla negra… ¡Si, ya lo recuerdo!– respondió Izayoi. –La depositó en el ojo derecho de InuYasha… pero no tuvo tiempo para decirme qué era. –

–Esa joya es la clave para llegar a donde está la katana colmillo de acero. Sin embargo no podemos hacer nada en este momento. InuYasha debe crecer, hacerse fuerte y buscar la forma de cómo utilizar esa perla– explicó la pulga.

– ¡Entonces el peligro de que mi hijo se convierta en un monstruo estará latente todo el tiempo!– se expreso sobresaltada.

El pequeño demonio negó con la cabeza. –No princesa, InuYasha es aún muy joven. Aunque su sangre demoníaca haya despertado, el lienzo de rata de fuego será suficiente para contenerla– dijo con calma. –Lady Irasue tiene razón, el manto conserva el olor y la esencia de InuTaisho, eso será suficiente para dominar el lado salvaje del niño, al menos hasta que sea adulto y pueda buscar la katana que le dejo su padre– finalizo.

–Confío en ti Myoga y en lo que dijo la señora Irasue– comento Izayoi ya más tranquila.

–Mami, tengo hambre– se escucho una voz infantil en la entrada de la estancia.

El niño venia caminando con algo de modorra después de la siesta vespertina. Su vestimenta era diferente a la yukata infantil que antes usaba. Ahora portaba un Hakama y un Hitoe de color rojo, elaborados con la tela de rata de fuego.

–Si hijo, ya vamos a comer– sonrió la princesa. – ¿Nos acompañas Myoga?– pregunto.

El sirviente sonrió y asintió con la cabeza. Las explicaciones habían quedado claras, ahora solo debían esperar el avance del tiempo y rezar para que Sesshomaru no fuera a buscarlos antes.


Continuara...

Algo estresante si me lo preguntan, no me puedo imaginar el dolor de Izayoi por lo de su hijo T_T