CAPÍTULO 7

ATAQUE SORPRESA

Sora esperaba sentada en el sofá mientras Kenji preparaba el desayuno. Su ropa todavía no se había secado, así que tenía que estar todavía vistiendo únicamente la camiseta. No le importaba, le venía bastante grande, así que era como uno de los camisones que solía usar para dormir cuando era más pequeña.

De vez en cuando lo miraba de reojo, recordando lo de la noche pasada. Al final, sí que se quedó dormida, y no tuvo pesadilla alguna sobre lo ocurrido. Es más, de pensar que él estaba ahí, a un lado, sentando, como protegiéndola, la relajaba, hasta el punto de olvidar la razón por la que ahora se encontraba en su apartamento. Todavía le costaba creer que ese chico le pudiera ser infiel y hacerle tanto daño como le hizo.

El timbre de la puerta sonó, pero parecía que por el ruido del agua hirviendo Kenji no lo oía, a pesar de estar cerca. Sin calzarse, pues las zapatillas que Kenji le había prestado para moverse por casa eran muy grandes para sus pies, fue a abrir la puerta.

- ¿Si…? – Preguntó al abrir y se encontró de frente con Tai.

Ambos se miraron el uno al otro, en silencio. Entonces, Tai miró a su amiga de arriba abajo, lo que hizo que Sora se acordase que solo llevaba la camiseta de Kenji como ropa. Totalmente roja, fue corriendo tapándose la cara hasta la habitación, cerrando la puerta. Tai, por su parte, se quedó en el marco de la puerta, sin saber que pensar. Estaba seguro que esa era la nueva casa de su hermano, ante lo que, ¿qué hacía allí Sora?

- ¿Eh? Sora, ¿qué te pasa? – Salió en ese momento Kenji se la cocina, sin llevar camiseta, lo que dejaba su fornido pecho al descubierto. Miró hacía la puerta de la calle, y entonces vio a Tai. – Anda, hermanito, ¿qué te trae por aquí?

- T-Tú…

- ¿Mmm? ¿Yo? ¿Yo qué?

Tai iba a decir algo pero en ese momento entró Hikari que fue corriendo a abrazar a su hermano mayor.

- ¡Hola, Kenji!

- Ey, hola princesa. ¿Qué hacéis los dos aquí?

- Oye, oye, ¿has vuelto con Sora-san?

- ¿Eh? ¿Volver?

- Es que antes me ha parecido verla. ¿No es ella la que ha abierto la puerta?

- ¡Eso digo yo! ¡¿Se puede saber qué le has hecho ahora?! – Exigió saber Tai, bastante cabreado - ¡¿Ya te la has traído para hacerle "eso", verdad?! ¡¿Aún después de lo que le hiciste?!

- ¿Ein? ¿De qué demonios me estás hablando, Tai?

- ¡No intentes ocultarme nada! ¡Ella lleva tu camiseta y tú no! ¡Está claro que lo habéis hecho!

- ¿Eh? Ah, vale, vale. Ya lo pillo. No, no es lo que te imaginas. Cuando me he levantado hacía mucha calor, por eso me he quitado la camiseta.

- ¡¿Y entonces por qué Sora no lleva… em… no lleva…?! – Le ponía nervioso solo de pensar en como había visto a su amiga.

- Ayer se manchó la ropa por un problemilla que tuvo. La encontré y le ofrecí pasar la noche aquí porque ya era tarde. Y como no tenía ropa de repuesto, le presté una camiseta. ¿Qué pasa con eso?

- E-Eh… ¿eso es verdad?

- Cada palabra. Bueno… no os esperaba, pero, ya que estáis aquí, ¿queréis desayunar con nosotros?

- No, gracias, ya hemos desayunado en casa.

- Oh, ¿en serio?

- A mí me apetece un zumo, si tienes, hermanito.

- Claro. Cógete lo que quieras de la nevera.

- ¡Vale!

Sora salió de la habitación en ese momento, ya vistiendo su uniforme de Instituto. Les lanzó una mirada furtiva a Kenji y a Tai antes de dirigirse hacía la cocina.

- Creo que la has cabreado, Tai.

- ¡¿Yo?! ¡Será culpa tuya!

Fueron a la cocina donde los cuatro se sentaron. Únicamente Sora y Kenji comían, pero al final Hikari también se animó a comer algo. No es que hablaran de ningún tema en concreto, hasta que al final, Hikari hizo una pregunta que sorprendió a todos.

- Oye, Kenji, ¿qué es lo que has hecho con Sora?

- ¿Um? ¿A qué te refieres princesa?

- Es que antes Tai ha dicho que tú no llevabas camiseta y que Sora llevaba la tuya porque habíais estado haciendo algo. ¿Qué es hacer "eso"?

Tai casi se atragantó porque en ese momento estaba bebiendo un vaso de su zumo, mientras que Sora se quedó petrificada. Mientras que Kenji empezó a reírse.

- Vaya, vaya… Tai, ¿no le debes a nuestra hermanita pequeña una explicación?

- E-Eh… ¿por qué mejor no se lo explicas tú? Eres el mayor, y…

- Oh, vamos Tai, ¿qué es "eso"?

- Em… pues… verás… "eso" es… em… - miraba a todos, buscando una ayuda, pero ninguno se la prestaba. ¿Cómo iba a explicarle que había querido referirse al sexo? Y daba igual que se lo explicara, porque Hikari no debería saber de esas cosas todavía. Tras mucho comerse la cabeza, finalmente se le ocurrió algo - ¡Me refería a que estuvieron haciendo ejercicio! ¡Eso es! ¡Por eso Kenji no llevaba camiseta y Sora si llevaba la suya! ¡Porque habían estado haciendo ejercicio!

Se produjo entonces un silencio sepulcral, seguido de una corriente de aire frío que congeló a Sora y a Kenji. ¿No se le ocurría nada mejor que decir? ¿Iba en serio? ¿De verdad Hikari se iba a creer algo así? Les sorprendió la respuesta de la niña.

- Ah, así que era eso. Vaya.

A veces, a Kenji no dejaba de sorprenderle la inocencia de su hermana pequeña.

- Bueno, ¿y a qué se debe esta visita? Que venga Hikari, lo comprendo, pero, ¿tú, Tai? Algo debe pasar.

- Pues tienes razón. Tenemos que ir al mundo digital. Gennai quiere vernos.

- ¿Y eso? ¿Pasa algo?

- No lo sé. Koushiro me llamó diciendo que teníamos que ir y ya está. Está intentando localizar a los demás.

- Va a ser difícil, teniendo en cuenta que Mimi-chan está en América – recordó a su hermano, mientras se terminaba el café de un tragó.

- Ya… y Yamatto y Joe no sabemos nada de ellos, y Takeru no sé si vendrá.

- Bueno, pues ahora lo comprobaremos. Será mejor ponerse en marcha.

Al final, para sorpresa del grupo, si que encontraron a todos sus amigos allí, a excepción de Mimi, claro.

- Bien, tenemos que irnos ya. Gennai me ha dicho que es urgente. ¿Traéis todos los digivice? – Todos los sacaron para mostrárselos, ante lo que chico pelirrojo asintió – Entonces, vámonos.

Dirigieron los pequeños aparatos hacía la pantalla del ordenador y pronto se vieron absorbidos por una luz blanca. En cuestión de segundos, estaban en el mundo digimon, frente a la casa de Gennai. Alli fueron recibidos por el anciano así como por sus compañeros digimon.

Todos se alegraron de verse de nuevo, pues hacía bastante que no sabían nada los unos de los otros y mucho menos el verse en persona, o en este caso en datos. Palmon se puso algo triste al comprobar que Mimi no estaba, a pesar de que ya sabía que ella no podría acudir a la reunión.

Tras los saludos, Gennai los llevó hacía una pequeña fábrica, en cuyo interior había un vagón de tren, igual al que los niños elegidos usaron en su día para volver al mundo real. Los niños elegidos miraron al anciano sin saber muy bien que estaba pasando.

- Subid, vamos a ir a un sitio. Es importante.

Hicieron caso y subieron al vagón. El aparato se conectó a unas vías invisibles y comenzó a avanzar, cada vez elevándose más y más en el aire. Como parecía que el viaje iba a ser largo, cada uno se entretuvo a su manera; Koushiro hablaba con Gennai, Hikari y Tk se ponían al día, Yamato tocaba su armónica, Joe estudiaba un pequeño librito que se había llevado, Sora miraba por la ventana sin ningún interés y Kenji y Tai estaban sentados en la parte trasera.

Tai lo notaba, su hermano estaba nervioso, porque no paraba de mover la pierna. Era como si tuviera un tic que no podía controlar.

- ¿Qué te pasa? – Le susurró - ¿Estás nervioso? ¿No me digas que el corazón…?

- No… no es eso… es que… tengo un mal presentimiento de todo esto.

- ¿Y eso por q…?

De pronto hubo una explosión cerca del vagón que lo hizo tambalearse. De la sorpresa, varios de los niños cayeron al suelo. Al parecer, el vagón no había sufrido daño algo, pero eso no quitaba que algo les había atacado.

- ¡¿Qué ha sido eso?! – Preguntó Tai, esperando que alguien pudiera decirle algo.

Se produjo una segunda explosión, esta vez mucho más cerca, y el vagón ya hacía mucho más que moverse de un lado a otro. Casi pareciera que fuera a soltarse.

- ¡Maldita sea, ¿pero qué es lo que pasa?!

Una sombra pasó fugazmente cerca del aparato, elevándose hacía los cielos y preparando lo que parecía ser un tercer ataque.

- ¡¿Quién nos está atacando?! ¡Maldita sea! ¡Hikari! – Tai corrió hacía su hermana pequeña, pero mientras iba hacía ella, vio como su hermano mayor saltaba por la ventana - ¡Kenji, ¿a dónde vas?!

Mientras caía, Kenji sacó de su bolsillo un pequeño botecito y tomó un par de pastillas blancas de su interior. Entonces dejó libre el poder de Diablomon, digievolucionando a Lucifermon y comenzó a ascender, en dirección hacía quien los estaba atacando.

El rayo azulado que disparó ese digimon iba directo hacía el vagón, pero Lucifermon logró desviarlo creando una barrera. El impactó cayó en tierra, creando una enorme cúpula de luz que arrasó todo lo que en su radio de alcance se encontraba. Los niños elegidos estaban alucinados, porque nunca habían visto tal muestra de poder.

- ¡Maldita sea! ¡Agumon, vamos! ¡Tenemos que defendernos!

- ¡De acuerdo, Taichi!

- Tailmon, por favor, ayuda a mi hermano.

- No te preocupes, Hikari.

Los dos digimon digievolcionaron en Angewomon y WarGreymon y salieron afuera a luchar junto a Lucifermon, quien ya estaba ascendiendo hasta llegar a la sombra que los había atacado. No se sorprendió de ver quien era el digimon. Con una cabeza de WarGreymon en su brazo izquierdo y la de Metal Garurumon en su brazo derecho, su capa bailaba al son del viento mientras sus feroces ojos azules solo podían centrarse en Lucifermon.

- Sabía que eras tú… Omnimon.

- Diablomon… - sacó la espada de la cabeza de WarGreymon – Deja que luche tu contenedor… ¡quiero a Kamiya Kenji!

- ¿Te has vuelto loco? ¿Sabes lo que has hecho? En ese vagón viajan los niños elegidos, a los que tus señores eligieron. ¿Sabes lo que significa?

- ¡Cállate!

Cortó el aire, generando un haz que Lucifermo logró esquivar por los pelos. Comenzó entonces una persecución en la que intentaba cortar en pedazos al digimon, sin lograrlo, porque los movimientos de su enemigo cada vez podía predecir más por donde iba a lanzar el haz de la espada.

- ¡Basta ya, Omnimon! – Disparó una esfera de luz que el digimon repelió como si nada con la espada y cambio de táctica, comenzando a dispararle con el cañón de la cabeza de Metal Garurumon!

- ¡Garuru Cannon!

Lucifermon lo esquivó, y de nuevo el ataque destruyó una gran cantidad de área en el suelo. El digimon medio ángel medio demonio estaba lo suficientemente cerca como para ver a decenas de digimons huyendo, muchos aún en estado bebé que no haría mucho que habían salido de su digi-huevo. Eso cabreó bastante a Kenji, que en el interior de Lucifermon lo veía todo.

"Diablomon, déjame tomar el control de tu cuerpo"

- ¿Qué? ¿Estás loco?

"Si seguimos así va dañar a digimons inocentes. Déjame que luche con él."

- Como quieras… tú verás que haces…

Se cambiaron y ahora Kenji era quien controlaba el cuerpo de Lucifermon. Comenzó a ascender, directo hacía su enemigo, como una flecha. Omnimon ya lo esperaba, y preparó su espada para atacar. Pero en lugar de ir de frente, antes de llegar hasta él, Lucifermon dio toda una vuelta para golpearle por la espalda a toda velocidad. Sin embargo, Omnimon se movió lo suficientemente rápido como casi cortarle la cabeza, sino llega a ser que apartó a tiempo.

- ¡Ugh! ¡Ha ido de un pelo! ¡Ahora verás!

Usando el poder de la luz y la oscuridad, género un vórtice oscuro que desapareció, haciendo aparecer centenares de copias de Luficermon ante Omnimon, quien para nada parecida sorprendido.

- ¡A ver si ahora eres capaz de prevenir mi ataque! – Lo provoco.

Omnimon no perdió el tiempo. Preparó el cañón para disparar, pero en lugar de hacerlo hacía donde estaban los Lucifermon, disparó al aire. Se produjo entonces una pequeña explosión y Lucifermon comenzó a caer desde las alturas, desapareciendo todas las copias que había creado. El digimon se preparó para lanzarle otro ataque, pero una flecha de luz impactó en su cuerpo, provocándole escaso daño.

WarGreymon atrapó a Lucifermon en el aire y Angewomon se colocó frente a ellos, lista para disparar una segunda flecha si era necesario. Aunque sabía que no le haría daño alguno.

- Vosotros. Apartaos. No tengo ningún asunto contra vosotros, digimon elegidos.

- Si nos atacas, es asunto nuestro – dijo WarGreymon.

- ¿Por qué nos has atacado? Se supone que tu deber es salvaguardar el bien de todos los digimon, Omnimon.

- Como he dicho, esto nada tiene que ver con vosotros. Apartaos si no queréis sufrir las consecuencias.

Pero ninguno de los dos se movió ni un ápice, ante lo que se dispuso a preparar el cañón para disparar. En eso sintió una presencia tras él. Al darse la vuelta, se encontró con un digimon de armadura como él, con una galante capa roja.

- ¿Qué estás haciendo, Omnimon?

- Dukemon… esto no es asunto tuyo. Lárgate.

- Estás atacando a los niños elegidos y sus digimon. ¿Estás loco?

- A por quien voy es a por Kamiya Kenji. No os atreváis a meteros en esto.

- ¿Crees que es momento de moverte por motivos personales, Omnimon? No es para eso para lo que hemos citado a los niños elegidos.

Omnimon dirigió su espada hacía Dukemon, quien a la vez ya tenía su lanza apuntando hacía su compañero.

- Baja esa espada, Omnimon… a no ser que quieras que nos enfrentemos aquí y ahora.

- ¿Por qué permites que ese malnacido esté con los niños elegidos? ¡¿Es qué no lo ves?! ¡Tenemos que destruirlo! ¡Es nuestro enemigo!

- Puede ser, pero no olvides que es el hermano mayor de dos de los niños elegidos, y también gracias a él, se pudo evitar que se llevará a cabo el plan de Satanmon. Y, por encima de todo, no olvides su posición como uno de los reyes del mundo digimon oscuro. ¿Se te ha ocurrido pensar en lo que pasaría si le matarás? Entraríamos en guerra.

- ¡Casi mejor! ¡Así nos libraríamos de toda esa basura llena de oscuridad que no hace más que fastidiarnos!

- Baja el arma… te lo digo en serio, Omnimon.

De malas maneras, Omnimon hizo caso a Dukemon y bajó la espada, guardándola. El digimon se marchó volando. WarGreymon y Angewomon observaban al digimon sin saber muy bien que hacer. En ese momento Lucifermon recuperó el conocimiento.

- Ugh… ¿qué… eh? ¿WarGreymon? ¿Angewomon…? ¿Qué ha…? – No le hizo falta preguntar nada más, cuando Dukemon descendió, apareciendo ante ellos.

Los digimon se pusieron en guardia, preparados para luchar, pero Dukemon guardó su lanza, y en señal de buena voluntad, mantuvo las manos donde los digimon pudieran verlas.

- No os preocupéis. Lamento lo ocurrido. No pensaba que Omnimon fuera a atacaros a todos.

- ¿Eres tú quién nos ha hecho venir, Dukemon?

- Así es… pensaba llevaros hasta la parte donde residimos todos los Royal Knight, pero… tras lo que ha pasado, creo que no será posible. Verás…

- ¡WarGreymon, ¿va todo bien?! – Todos se giraron para ver como Tai, Hikari y Sora se acercaban montados a lomos de Garudamon. No esperaban encontrarse a Dukemon ahí.

Kenji regresó a su forma humana y se dejó caer sobre el enorme ave con forma humana, bastante agotado por el combate, y más aún tras recibir el impacto del Garuru Canon de lleno.

- ¿Qué hace Dukemon aquí? ¿Eres el qué nos ha atacado?

- No… ese ha sido Omnimon.

- ¿Eh? ¿Omnimon? Pero…

- La historia ya te la contará tu hermano mayor más tarde, Kamiya Tai. Ahora, escuchadme, porque esto es muy importante. Y es algo que os concierne sobre todo a vosotros dos.

- ¿Eh? ¿A nosotros? ¿Por qué?

- Nuestro señor ha dado la orden de buscar la "luz" como ya sabéis… durante este tiempo he permanecido en silencio sobre lo de que Kamiya Hikari era la que contenía la luz. Sin embargo…

- Vamos, suéltalo ya… ¿qué coño pasa?

- Saben que la luz se encuentra en el mundo humano. Es más, puede que incluso ya sepan que ella es la que posee la luz.

- ¡¿Qué?! – Exclamó Tai.

- ¿Cómo es eso posible…? Desde lo de Satanmon, Hikari no ha usado el poder de la luz para nada.

- Son solos suposiciones mías, pero ya saben que la luz se encuentra dentro de un "humano", o al menos eso sospechan, por los movimientos de Satanmon en su ataque al mundo real. Si investigan más, tarde o temprano llegarán a Hikari. Y también…

- ¿Aún peores noticias, Dukemon…?

- En el mundo de la oscuridad se están movilizando. Ha llegado a sus oídos lo de la luz, y parece ser que quieren obtenerla… para destruir este mundo digital.

- ¡¿Qué?! ¡¿Y eso por qué?!

- Los Nana Dai Maou… maldita sea… ya se han puesto en marcha.

- Así es. De modo que andaros con ojo. Porque va a iniciarse muy pronto una batalla a gran escala, y es posible, que el mundo humano se vea afectado.

- Pero, no lo entiendo, ¿por qué el mundo oscuro va a atacar el de la luz? ¿Acaso no están separados?

- Eso, es algo que te puede explicar muy bien tu hermano mayor, Kamiya Tai. Ahora, he de partir, pero, antes una aviso: no permitáis que nadie se haga con el poder de Hikari-sama. Porque, lo posea quien lo posea, será el fin del mundo digimon y todos los demás, tal y como los conocemos.

Y tras decir eso, se marchó volando en la misma dirección de Omnimon. Los niños se quedaron solos con esa terrible noticia. No solo los Royal Knight, sino también otro grupo iban tras la luz de Hikari. Y la niña, indefensa y temerosa, no podía hacer otra cosa que tomar las manos de sus hermanos, esperando que ellos la tranquilizaran.