PRIMEROS CASOS DE POIROT

El caso del Corta-orejas

Parte 2

Londres, Inglaterra, 22 de Agosto de 1876.

Mi amiga belga y yo terminábamos de tomar en desayuno en el comedor de nuestro departamento de St. James servidas con la solicitud de siempre por George, el mayordomo de Poirot.

-Ahora que salí por el pan, me di cuenta que lo que tanto temía Mr. Hardwicke fue inevitable-comento yo bebiendo mi café de la mañana, ya que por ningún motivo bebería el chocolate cargadísimo y espeso de Reindert-los reporteros saben de Lady Anna Hardy y del joyero, pero por fortuna aún no de Montclair.

-Era de esperarse, Mon Amie. Lady Hardy es una dama principalísima de la nobleza y sociedad de Londres y los reporteros averiguan todo, son casi tan buenos como Goby-me responde ella-infiero que es cuestión de tiempo antes que sepan de Monsieur Montclair.

-¿Y no le preocupa? Parece que en las calles el corta-orejas ya es una noticia muy comentada y desde luego la gente está asustada. ¿Cree que eso amedrente al criminal?

-No. No lo creo. Debió saber los riesgos de atacar a Lady Hardy en el teatro y no le importaron.

-Eso nos dice que no es un criminal común sino que está llevando a cabo alguna especie de venganza. ¿No le parece?-insisto yo emocionada.

-Oui, sin duda lo es-sin más comentarios añade Poirot.

-¿Qué ha pensado para nuestra aventura en el Rat-Pit?-insisto muy animada.

-Esperemos a que llegue Goby con los datos que necesitamos-me responde ella-¿Me dirá por qué el cambio tan repentino, Hastings? ¿Qué la llevó a volverse león si ayer era ratón?-me pregunta Rei mirándome con esos profundos ojos de extraños tonos violeta que a veces me parecía que veían más de lo que yo quisiera.

-No…tiene que pasar nada, Poirot, solo reflexioné. Me estaría portando como una pésima colaboradora suya si me negaba a acompañarla en esta investigación…-no puedo evitar ponerme un poco nerviosa con su pregunta y su mirada-¡Además he hecho progresos en mis lecciones de tiro! En caso de peligro puedo ser de ayuda.

-Pocos progresos, siendo honesta. Su desempeño sigue de regular a malo así que con dificultad podría ser de ayuda en un caso extremo-con su poco tacto de siempre me responde ella. Yo iba a quejarme de su pobre apreciación de mi esfuerzo cuando interrumpe el mayordomo.

-Señorita, Míster Goby llama por la puerta de la cocina.

-Excelente, George, hazlo pasar al despacho y lleva allí el postre-ordena ella y se levanta de la mesa. Yo la sigo hasta su despacho.

-¿Le va a decir al sub inspector Cadwell todo lo que ha descubierto sobre las tres víctimas y su relación con los pozos de ratas?-pregunto a mi amiga belga cuando nos sentamos en las sillas de su despacho.

-Desde luego que no, Hastings. Dejemos que el pobre Cadwell lidié solo con prensa y opinión pública, eso nos da facilidad de movimiento. Solo llamaré a Scotland Yard de ser estrictamente necesario o cuando tenga a nuestro corta-orejas en un cepo-concluye ella sentada en la silla principal, abriendo su bombonera cuadrada de cristal de la que toma un pequeño chocolate amargo.

-Monsieur Goby-anuncia George al individuo holandés que entra en el lugar haciendo sus exageradas reverencias a Reindert y besando su mano.

-¿Qué me tienes ahora, Goby?-pregunta ella al hombrecillo que se sienta en la silla a mi lado.

-Lo que pediste, Zijne Majesteit…esta es la lista de los Rat-Pit más caros de la isla de Albión. Todos esos-señala el hombre con sus dedos largos la hoja arrugada que sacó de su gabardina café. Rei tomó la hoja y pasó sus ojos por los nombres escritos con la apretada y rara escritura del espía.

-Éste es. Los cocteles de Lord Thremine, en su palacete de Kensington, los segundos fines de semana de cada mes. Viernes, Sábado y Domingo para ser más exactos. ¿Qué le parece, Hastings? perdimos el del Viernes pero estamos a tiempo para ir al de hoy por la noche.

-Maravilloso, Poirot- me emociono yo.

-Goby, consigue las invitaciones y pasa por nosotros a las siete y media en punto; también consigue un carro con algún escudo heráldico y que sea llamativo.

-Oui, como ordene, Zijne Majesteit

-Algo más antes que te vayas, consigue ropa elegante-advierte ella. Veo al hombrecito ratonil hacer un gesto de desagrado como no le vi jamás.

-¿Es muy necesario, mi señora? Goby prefiere mil veces comer cucarachas de alcantarilla que vestir como gente rica-comenta con un orgullo tal que me hace sonreír. Definitivo Goby sí sería capaz de hacer eso.

-Es necesario. Vienes con nosotras al Rat-Pit y no hay discusión a esa orden. Elije lo que quieras pero elegante ¿Queda claro?-firme mi amiga.

-Oui…como Zijne Majesteit ordene-sale al fin el hombre jorobado del despacho musitando maldiciones en holandés en voz baja.

-¡Eh Bien! Ya escuchó, Hastings, tiene el día libre hasta esta tarde. Saldré a comprar algo que complete nuestro disfraz para la noche y luego de comer nos arreglamos para salir-Poirot se levanta y lo hago lo mismo.

-¿Disfraces? ¿No dirá su nombre en el Rat-Pit?

-No, ¡Mon Dieu! Si alguien allí supiera que la famosa y bella detective Reindert B.C. Poirot está en la reunión no podría investigar nada porque todos mis admiradores querrían estar a mi lado-comenta ella y yo rolo los ojos.

-Sinceramente no lo creo. Es Usted famosa en algunos círculos pero definitivo no es una princesa-reitero yo. Ella solo me sonríe y palmea mi mejilla.

-Vaya a descansar un poco, Hastings, la necesito lúcida esta noche. Vamos a meternos a la boca del lobo, así que lleve linterna-termina Rei haciéndome una seña con su mano, dando a entender que se refiere al revólver. Luego camina hacia la cocina donde llama a George y los dos tienen una charla en francés que ya no escucho, porque subo a mi habitación donde me encierro a escribir en mi máquina los nuevos descubrimientos de Poirot hasta antes de ir a nuestra misión especial. Había dejado de lado la escritura de sus casos por ayudarla como asistente pero podía y quería hacer ambas cosas. Sin importar el enorme ego de Reindert, quizá en el futuro lo que registro en estas hojas llegue a ser importante para algo.

Villa de Lord Thremine, Kensington.

Esa noche de sábado, bajamos Poirot y yo del elegantísimo carruaje dentro de los jardines del palacio londinense de Lord Theremine, iluminado con antorchas. Yo miré maravillada las estatuas griegas de mármol que adornaban todo el patio de la villa notando cómo tras de nosotras más carruajes tan o más elegantes que el que mi amiga había alquilado llegaban a la escalinata principal siendo recibidos por lacayos de libreas negras. A pesar de mi antifaz pude ver perfectamente el lujo de todo aquello y también percatarme que todos los invitados a pesar de la evidente elegancia de sus atuendos usaban aquel instrumento para ocultar sus rostros. Ahora comprendía a qué se refería Poirot con "Disfraz".

Miro atrás y veo saltar del pescante del carruaje a Goby, usando este un traje de lacayo rojo con dorado y una peluca blanca rizada al estilo Luis XV que francamente con su joroba y aspecto lo hacía ver hilarante. Este le da la mano a Reindert para ayudarla a salir del carruaje y mi amiga baja con el despampanante vestido en tonos morados y plata que lucía esa noche con un escote que yo jamás en la vida me habría atrevido a usar.

-Estamos al fin aquí, Hastings, le dije que era hermosa la villa y sería una velada interesante…¿No se arrepiente de haberse negado a ser la hermana de la duquesa de Brancovan?- Poirot se acerca a mí ajustando sus guantes y con su inseparable bastón.

-Estoy bien en mi traje de dama, Poirot. Por ningún motivo me iba a poner ese vestido amarillo de escandaloso escote…-veo aparecer una sonrisa burlona en los labios de mía amiga belga-y antes que me acuse de exceso de pudor, le diré que, dejando de lado la decencia en el vestir, si hubiera accedió a venir como su hermana no habría sabido cómo comportarme y seguramente comprometería la misión. Usted sabe que me pongo nerviosa. Siendo su dama de compañía a nadie le extrañará que no hable. Solo observaré y la dejaré moverse en su elemento-aseguro yo que en realidad me sentía mucho mejor enfundada en el discreto vestido blanco y azul con capa de encaje encima.

-Como decida, Hastings. Definitivamente creo que duda mucho de sus capacidades histriónicas. Más adelante en alguna otra misión no al dejaré pasar en segundo plano-comenta Reindert y subimos las dos las escaleras seguidas de Goby que camina delante-¿Trajo lo que le pedí?-me pregunta Rei refiriéndose al pequeño revólver 22.

-Bajo el cinto-aseguro yo palmeando mi abdomen-¿Cree que la necesitemos? La pistola digo…

-C'est possible. En este tipo de misiones nunca se sabe, pero aprenda una de las reglas de un detective: jamás salga sin su arma-asegura Rei jugando con su bastón en su mano al tiempo que llegamos a la entrada y los hombres de antifaz vestidos de negro nos piden las invitaciones. Reindert, exagerando su francés, ordena a Goby que se las proporcione y ellos leen buscando nuestros nombres en un gran libro de pastas verdes.

-¿Duquesa Bridget de Brancovan y Mademoiselle Annete Noailles?-pregunta uno de los guardias de la entrada.

-Oui Monsieur-responde mi amiga en su perfecto francés y yo en mi papel de dama de compañía solo me inclino. Seguramente si hablo notarían que disto mucho de ser una empleada francesa.

-Pueden pasar, invitaciones correctas.

Dentro del salón de recepciones se ven muchos más invitados enmascarados que departen alegremente bebiendo, bailando y comiendo en una fastuosa celebración con orquesta en vivo, largas mesas con muchísimos manjares, acróbatas vestidos de saltimbanquis que hacen malabares con fuego, aros o pelotas y todo el derroche de elegancia que solo había podido verse en una bacanal romana. Yo misma me asombro de ello al ver a los invitados y me pregunto si de verdad será en ese lugar de ensueño y esos invitados que parecen sacados de un cuento de hadas quienes se deleiten con el horrible espectáculo de perros asesinando ratas.

Bajamos las escaleras de la sala de recepción, Goby y yo detrás de Reindert y enseguida varios de los hombres enmascarados y algunas mujeres comienza a murmurar y señalarla. Evidentemente les llama la atención su llegada y seguramente la novedad de su presencia. Mi amiga, aun consciente del revuelo que causa, camina entre la gente que se abre a su paso y llama a Goby con la mano.

-Investiga dónde se hacen las apuestas y cambia la cantidad que te dije…procura hacer un poco de escándalo, que muchas personas escuchen la suma con claridad- ordena ella al individuo ratonil que asiente y se aleja caminando entre los invitados hacia una zona en que hay filas y largas mesas con pizarras, donde infiero se hacen las apuestas. Al pasar puedo leer nombres como "Bobby" "Júpiter" "Nerón" y claro "Billy" en cuya pizarra y mesa es donde la fila se vuelve más larga.

Conforme avanzo tras Poirot y nos introducimos más en el sarao, me doy cuenta de que hay algo muy diferente en esa elegantísima fiesta de antifaces; al salir de la pista de baile, en el patio de la residencia, entre fuentes de estatuas de mármol hay otro salón más grande, con gradas y sillas dispuestas alrededor, parecido a un pequeño anfiteatro griego y en el fondo de este se ve un pozo con paredes doradas, evidentemente de oro recubierto, donde infiero que se llevan a cabo los desagradables encuentros. Hay unas jaulas junto a una fuente de ninfas con jarrones y en ellas están los perros que pueden ser perfectamente examinados por los enmascarados invitados; todos de razas pequeñas y con claras señales de daños físicos como rasguños o heridas cicatrizadas.

Mayordomos vestidos de negro con antifaces vienen y van con charolas de copas servidas y bocadillos entre la gente que se sienta en los alrededores o en bancas de metal parecidas a las de las "Garden Party" por todo el jardín iluminado con antorchas. Reindert se sienta en una mesa y yo a su lado.

-Increíble…¿Cuánto gastará Lord Thremine en estos tres días de Rat-Pit?-pregunto yo-infiero que algunos millones de libras…

-Esa no es la pregunta que debía inquietarla, Mon Amie, sino más bien cuánto gana Lord Thremine con las apuestas que se cruzan entre sus selectos invitados para que le basten tres días de Rat-Pit al mes para recuperarse ampliamente de sus gastos-comenta Poirot y llama con su mano a uno de los mayordomos que se acerca con la charola de champagne, tomando dos copas, una de las cuales me alarga. Otro mesero deja un plato con muchos bocadillos.

-¿Segura que está bien que la dama de compañía beba?-inquiero yo dudando en tomar la copa.

-No sea ridícula, Hastings, solo dimos esos nombres para que nos dejaran entrar. Nadie en esta fiesta creería que es Usted mi dama de compañía excepto por el vestido de abuelita que se puso-bromea Poirot tomando un trago. Yo, ofendida, miro mi atuendo que me parece elegante y correcto-así que deje de intentar ponerse en segundo plano y observe con atención.

-Esto del antifaz es muy molesto…-me quejo yo ajustando este.

-Pero muy efectivo. ¿No se ha preguntado qué importantes personalidades se ocultan tras ellos? Reyes, príncipes, embajadores, políticos, nobles y claro…hasta la mejor detective privada de todos los tiempos pueden estar detrás de un antifaz-comenta mi amiga con su natural manía de colocarse a la par de las grandes personalidades.

-No entiendo cómo hacen los organizadores de estos espectáculos para mantenerse fuera de la ley. Hay estrictas reglamentaciones para evitar este tipo de cosas en Londres-ofendida yo. Reindert ríe.

-Ma Chérie, si un miserable organizador de peleas de perros en Dover puede sobornar a las autoridades y seguir con sus apuestas…¿Por qué Lord Thremine con todos los recursos que cuenta no podría hacer lo mismo? El soborno, Hastings, es la llave que abre casi todas las puertas…las otras las puede abrir con encanto y en último caso con amenaza-comenta como si nada mi amiga comiendo una galleta del plato que estaba sobre la mesa.

-¡Pero qué es lo que ven mis ojos! ¿Usted aquí?-dice una voz masculina algo aguda a nuestro lado. Yo giro la cabeza y me encuentro con un personaje que parece sacado de "Alicia en el país de las Maravillas": Levita larga color negra, pantaloncillo rojo con medias al puro estilo Luis XV, sombreo de copa, cinturón grueso, barba cerrada y abundante algo larga, ojillos negros, nariz prominente y una banda de colores en el pecho con broches de ratas de oro. Extrañamente el individuo no lleva antifaz alguno -¡Su al…-inicia el individuo tomando la mano de Rei para besarla, pero ella lo corta con un ademán.

-Reindert Poirot, Jack, recuerda que estamos en Inglaterra y que ya no uso otros apellidos-insiste mi amiga poniéndome en guardia con ese comentario. ¿Otros apellidos? ¡Foco rojo sobre el pasado misterioso de Rei! El extraño personaje se quita el sombrero y se acerca a Rei dejando sobre la mesa en que nos sentábamos una jaulita de metal con una rata café de campo dentro.

-Si claro, disculpe, Miss Poirot-besa el su mano.

-No me llame así, Black…aquí soy la duquesa de Brancovan. No queremos que todos mis admiradores se enteren y provoquen un caos por querer estar cerca de mí-responde mi amiga y yo solo niego con la cabeza ante su fatuidad-Aun me queda la duda de cómo me reconoció, Black.

-Por sus ojos, desde luego, aún a pesar del antifaz los recordaría entre mil-asegura el hombrecillo estrafalario – No sabía que frecuentaba los Rat-Pit… ¿Será que ahora si quiera comprar a "Polly"?-insiste el hombrecillo tomando la jaula que ahora noto es de plata y tiene incrustados unos cuantos rubíes. La rata tiene un moño rojo en el cuello. Poirot toma la jaulita y mira al animal.

-Disculpe, Señorita, no le saludé. Infiero es amiga de Miss Poir…digo…de la duquesa de Brancovan. ¿También le interesa alguna rata por mascota?-Black me da una tarjeta en que puedo leer "Jack Black, el mejor Rat-catcher de Inglaterra, ratas de campo saludables y libres de enfermedades, único Rat-catcher que surte de mascotas roedoras a V.M. la Reina Victoria de Inglaterra".

-En verdad no estoy interesada en tener una rata por mascota, gracias-le regreso la tarjeta.

-¡Pero señorita! En estas épocas modernas ninguna dama de la aristocracia que se estime en algo puede dejar de tener una rata por mascota-me insiste el hombre.

-Gracias a Dios no soy de la realeza, Mr. Black, y aún no pierdo la sensatez como parece que les pasa a todos ellos-con orgullo respondo yo señalando a la enorme cantidad de invitados enmascarados de la fiesta.

-¿Cuánto pides por "Polly"?-le pregunta Rei.

-Una cantidad irrisoria para Usted, duquesa. 300 libras-al oír la cantidad me doy cuenta del nivel tan alto de dinero que se manejaba en tan horrendo espectáculo.

-Te daré el triple por un poco de información especial, Jack-insiste mi amiga y saca del bolso de su muñeca algunos billetes en un fajo. El individuo sonríe alargando su regordeta mano por el fajo de dinero. Cuando lo hace puedo ver que tiene múltiples mordidas en esta. No necesito la aclamada inteligencia de Poirot para deducir por el tamaño de las cicatrices que son mordidas de rata.

-Lo que necesite de mí, duquesa de ojos amatista-dócil el hombre. Reindert se entretiene en dar a la rata de la jaula una de las galletas que el asqueroso animal mordisquea bajo mi mirada de repulsión.

-¿Le has vendido últimamente alguna rata de mascota a Lady Anna Hardy, marquesa de Bedford?-lanza mi amiga.

-Así es. Lady Hardy es una de mis mejores clientas. Le vendí dos hermosos machos hace algunos meses-asegura el individuo.

-¡Trés Bien!...ahora, quiero saber quién es Lord Thremine-pide mi amiga. El hombre extraño de sombrero de copa mira en todas direcciones.

-El caballero de antifaz dorado con ropa estilo francesa en seda dorada-indica Jack. Yo sigo la dirección de su dedo y miro al individuo que describe, que es corpulento y de abultado abdomen, charlando con un pequeño corro de personas a su alrededor riendo y bebiendo.

-Es bueno para reconocer rostros, Mr. Black-comento yo.

-Es difícil, señorita, pero he asistido tantas veces que me familiarizo con los rostros. Una regla del Rat-Pit de Lord Thremine es asistir con máscara y usar seudónimos. Por algo es el más popular de la gente de clase alta. Su anonimato está protegido y pueden darse el lujo de jugar fuerte. Incluso se dice que en algunas noches la mismísima Reina Victoria viene aquí protegida por una máscara-informa el hombre ante mi asombro y al sonrisa de Poirot.

-Ahora seré más específica, Jack. Dinos cómo funcionan los equipos y las apuestas-insiste Rei.

-Es simple, duquesa. Se inscriben los equipos en la zona de apuestas con un seudónimo y un perro que es su estrella. Ya sabe, perros especialistas en matar ratas, razas pequeñas y bravas como los Terrier, sobretodo el Bull y el Stahfordshire. El equipo se inscribe con una cantidad tope establecida por Lord Thremine con el perro y este va directo al pozo. Entre más ratas mate en menos tiempo será el ganador. Solo cuentan las ratas muertas, no las heridas y los dueños de los equipos ganan en función de la cantidad que apuesten, doble, triple cuádruple o quíntuple lo cual se obtiene con las apuestas de los demás que pierden-informa el rat-catcher.

-¿Qué equipo es el campeón ahora? Quiero que me aconsejes bien para saber con quién invertir –inquiere Rei.

-Eso es sencillo. El equipo campeón por cuarto mes consecutivo son "Los tres mosqueteros" son esos cuatro caballeros enmascarados que se hacen llamar así y tienen un perro de nombre "Billy" que es un magnifico Bulldog terrier capaz de matar 60 ratas en 2 minutos 42 segundos-explica para mi asombro el individuo, señalando a un grupo de cuatro caballeros enmascarados con sombrero de mosquetero que ríen, beben y dicen requiebros a unas damas de la mesa vecina.

-¿Y antes de "Los tres mosqueteros" quien ganaba?-pregunta mi amiga.

-Antes de ellos y de "Billy", los reyes del Rat-Pit eran la "Escalera real". Cuatro hombres y una dama que usaban los nombres de la máxima jugada del póker: Rey, Reina, Sota, Diez y As. Su perro, de nombre Jacko era el rey mata-ratas antes del record inmejorable de Billy-al oír el nombre del can casi salto de mi silla.

-Jack, Mon Cher, ¿Qué le pasó al equipo de la "Escalera Real"?-pregunta mi amiga.

-Desaparecieron de escena luego de ser vencidos por "Los Tres Mosqueteros" hace cuatro meses. Se dice que perdieron cantidades millonarias y que uno de sus miembros no estaba muy feliz. Incluso hubo riñas y pleitos y Lord Thremine tuvo que sacarlos de aquí con sus hombres para evitar peores cosas-asegura el individuo.

-Jack…¿Crees posible conseguirme los nombres de las verdaderas identidades de los miembros de la "Escalera Real"?-insiste Poirot.

-Es difícil, duquesa. Se guarda tan bien en anonimato que únicamente Lord Thremine podría decir los nombres reales de cada quien. Es requisito para las apuestas dar nombre verdadero y pseudónimo-comenta el rat-catcher.

-Usted no usa antifaz-me atrevo a decir yo.

-Porque no tengo nada que ocultar, señorita. Todo Londres conoce a Jack Black-me guiña un ojo el extraño tipo que bien podía ser el sombrerero loco de Carroll. Justo en ese momento un hombre de traje negro llega a nuestra mesa acompañado de Goby, a quien lleva casi cargando levantado del traje.

-Disculpe…¿La duquesa de Brancovan?-pregunta el empleado.

-Oui, Monsieur. Qu'est-ce qui se passe?-pregunta mi amiga.

-Este gandul pretende que Usted, que es su ama, lo ha enviado a cambiar una papeleta de apuesta por 850,000 libras. ¿Es eso correcto?-pregunta incrédulo el empleado.

-Oui. Es perfectamente correcto. ¿Es que acaso no se puede apostar tal cantidad?-insiste mi amiga. El empleado suelta a Goby.

-No es que no se pueda, duquesa, es solo que en este tipo de casos debe acudir directamente con Lord Thremine, dada la magnitud de la cantidad. ¿Quiere hacer favor de acompañarme?-pide el empleado, veo a Poirot levantarse de la mesa.

-Vamos Annete, Pierre…-insiste mi amiga lanzando su bastón a Goby que lo atrapa en el aire-Jack, guarda a "Polly" definitivo me la llevaré a casa-termina ella. Los tres seguimos al empleado regresando por el salón del baile hasta las escaleras laterales subiendo estas hasta uno de los pasillos repleto de obras de arte y esculturas.

-Esperen aquí, duquesa. Lord Thremine estará con usted en un momento-nos abre la puerta del despacho el hombre de antifaz y entramos en la elegantísima estancia con libreros, más esculturas y un escritorio con un globo terráqueo.

-Goby, quédate junto a la puerta y atento…Hastings, mantenga su mano en su fajo de la cintura-me comenta Poirot pero antes de que pueda preguntar el por qué, el hombre de traje y máscara dorada entra en la estancia con una papeleta de apuesta en su mano y una carpeta de color verde bajo el brazo. Cierra la puerta y camina hacia el escritorio.

-¿La duquesa Bridget de Brancovan?-cuestiona el recién llegado.

-Soy yo, Monsieur de Thremine-alarga Reindert su mano que es besada por el caballero.

-Un gusto y placer tener a dama tan distinguida entre nosotros este día-comenta Lord Thremine y me mira a mí y al jorobado con peluca.

-Merci, Lord Thremine. Annete, mi doncella personal y Pierre, mi lacayo. Nunca salgo sin ellos-nos presenta Poirot brevemente.

-Tome asiento. Mi personal me informó de la cantidad que desea apostar y como sabrá, en las arcas de abajo no tenemos bastante dinero para solventar semejante suma. ¿Ha decidido ya a qué campeón irá su apuesta?-se sienta en la silla frente al escritorio el caballero. De repente Poirot se retira el antifaz.

-Dejemos los disfraces, si le parece, Monsieur. Creo que siendo usted el organizador de esta singular partida sabrá mi nombre.

-Desde luego que sí, Miss Poirot. ¿Quién en Londres no conoce a la bella y famosa detective de los diarios?-hace otro tanto Thremine quitándose su antifaz y dejando ver unos ojos azules penetrantes en un rostro maduro y mofletudo, por demás sonrosado.-tuve por suerte estar en la fiesta de Sir Marcus Hardman, a quien tan brillantemente devolvió Usted su diamante rosado-explica Thremine.

-Trés bien, Monsieur Thremine. Si me conoce y sabe que mi fama es más que merecida, no le sorprenderá enterarse que no estoy en su Rat-Pit precisamente por diversión, sino por un asunto de trabajo-comienza Rei. Yo al oírla ir directo al grano también me quito el antifaz.

-Miss Poirot, yo en verdad no tengo ningún problema legal, le puedo garantizar que…

-Seré breve, porque en verdad no quiero perder el tiempo. Queremos que nos de los nombres de los integrantes del equipo de la "Escaleta real". Presumo que no es Usted un hombre tonto, Monsieur, y se habrá dado cuenta como administrador de este tipo de espectáculos que dos de los nombres de los integrantes de ese equipo corresponden con los atacados por el "Corta-orejas" de los diarios.

-Miss Poirot yo…- Veo a Thremine sacar el pañuelo que adornaba el bolsillo de su traje y secar el sudor que comienza a acumularse en su frente.

-¿No le son familiares los nombres de Stan Montclair, Preston Kinney y Lady Anna Hardy, marquesa de Bedford?-lanzo yo.

-Miss Hastings, Miss Poirot, ustedes comprenderán que un hombre que se dedica a este negocio tiene en la privacidad de sus clientes la mejor garantía de confiabilidad. El motivo de que éste sea el mejor Rat-Pit de Londres es justamente que los importantes participantes tienen por completo cubiertas sus identidades; lamento no poder ayudarlas en este caso, pero los nombres de mis invitados son sagrados-termina con su voz siempre cortés y mesurada Thremine.

-¡Qué contrariedad, Monsieur! De verdad Hastings y yo necesitábamos mucho esos datos. ¿Sabe? Es muy posible que el atacante esté llevando a cabo una venganza personal con los miembros de ese equipo y queríamos, ya que desconocemos su identidad, al menos tratar de prevenir a las siguientes víctimas, pero como no es posible…-comenta mi amiga levantándose de la silla. Thremine se levanta también y se acerca a besar su mano.

-Gracias por comprender, Miss Poirot-responde este y yo me quedo mirando a Rei, dudando de verdad si alguien tan obstinada como ella cedería y nos iríamos con las manos vacías.

-No agradezca, Monsieur, ya nos volveremos a ver seguramente mañana con una orden oficial, acompañada del sub inspector Cadwell y desde luego, con una enorme fila de reporteros en su puerta-le sonríe Poirot sin alzar el tono de voz y con la misma amabilidad del hombre. Thremine suelta la mano de Rei y la mira a los ojos, evidentemente asustado.

-¿Me está…amenazando, Miss Poirot?-cuestiona con voz temblorosa.

-¡Desde luego que no Monsieur! ¿Cómo podría con caballero tan distinguido y amable?-se escandaliza ella-más bien le estoy avisando para que sepa qué pasará mañana y cancele su Rat-Pit dominical.

-Sabe que no puedo hacer eso…perdería millones…-responde afectado el noble y más perlas de sudor comienzan a cubrir su frente.

-¡Qué gran problema! ¿No le parece? ¿Habrá algo que esta detective magnánima pueda hacer por vos? ¿Qué se le ocurre, Hastings?-me pregunta Rei.

-Quizá si Lord Thremine accede a darnos los datos que necesitamos en privado, no sea necesario informar a Carwell o a la prensa-respondo yo sentada aún en mi silla.

-¡Que buena idea, Hastings! ¿Qué le parece, Monsieur? ¿Seguimos la sugerencia de Hastings o espero por los datos mañana con la policía?-pregunta Poirot al caballero, que de nuevo seca su sudor y se sienta en su silla en silencio. Toma de su cuello un colgante oculto entre su ropa del que penden tres llaves, abriendo con una de ellas el cajón de su escritorio y buscando algo en este.

-Este es el documento que necesita…Miss Poirot-pone sobre el escritorio el caballero una carpeta de cuero café, pero cuando mi amiga la va a tomar él pone su mano sobre la suya-¿Podemos dar por hecho que olvidará mencionar en su investigación mis reuniones de los segundos fines de semana del mes?

-Tiene mi palabra, Monsieur Thremine. En verdad solo nos interesa atrapar al criminal, sus negocios personales no tienen por qué salir a la luz si no es necesario-asegura Reindert. Thremine asiente y suelta la carpeta que ella toma y me la alarga. El hombre se seca más el sudor con su pañuelo al tiempo que Rei me da la preciada carpeta. Yo la abro y leo los nombres.

-Nunca pensé que alguien pudiera encontrar la relación entre esas personas y mis reuniones. Claro que leí los diarios, Miss Poirot, pero como sabrá hace casi cuatro meses que la "Escalera Real" perdió su último Rat-Pit y no creí que…

-Poirot. En el nombre del "AS" hay varios caballeros y damas, todos tachados, menos el último. Georgiev Tihomir -le informo yo a mi amiga.

-¿Qué hay sobre ese detalle, Monsieur?-inquiere ella a Thremine.

-Parece que el equipo de la "Escalera Real" tenía por costumbre cambiar de As. Ya sabe, eso del "As bajo la manga" conseguían siempre a alguien externo que pudiera invertir fuerte, porque eso multiplicaba sus ganancias. Ese perro, "Jacko" era el mejor…hasta la llegada de "Billy"-explica el Lord.

-Monsieur Thremine, algo más. Me enteré que en la última aparición de la "Escalera Real" hubo un altercado un poco violento, y Usted tuvo que mandarlos sacar del lugar. Hábleme de eso-invita mi amiga belga. Thremine se aclara la garganta.

-Fue la natural reacción de quien ha perdido millones de libras, Miss Poirot. Cuando "Billy" venció a "Jacko" en el pozo, ellos perdieron una cantidad muy fuerte. Uno de sus invitados se puso agresivo y golpeó a los demás miembros del equipo. Tuve que mandar que los sacaran del sarao para evitar problemas mayores. Después me informaron mis agente de seguridad que tuvieron que sacarlos por la parte de atrás de la mansión y que el problema siguió, hubo una riña con sangre de por medio y un accidente fuerte. Atropellaron a alguien con un carruaje pero no me pregunte a quién porque no nos enteramos hasta que los servicios de salud pública pasaron por el herido.

-Trés Intéressant…Merci por su cooperación, Monsieur Thremine, tiene mi palabra que en la medida de lo posible no se enterará nadie de sus elegantes y preciosos Rat-Pits-se despide mi amiga colocándose el antifaz igual que yo.

-Espero que se aclare todo, sinceramente me tenía nervioso leer los nombres de las víctimas, pero espero que en manos tan capaces como las suyas el revuelo que hay en Londres se calme-expone el caballero.

-Así será, Monsieur, con su permiso nos retiramos-acaba Reindert saliendo del lugar conmigo. Goby sale tras nosotros y bajamos lentamente las escaleras. Al bajar puedo ver que la gente que estaba en el salón de baile se ha congregado en el patio y los gritos y sonidos inequívocos de chillidos de rata y ladridos indica que ya ha comenzado el horrible espectáculo. Para mi alivio, Poirot se encamina hacia la salida de la residencia Thremine en vez de acercarse a ver el Rat-Pit.

No decimos nada una a la otra hasta que estamos en el carruaje, antes de entrar a este ella ordena a Goby que el cochero rodee la mansión y vaya a la parte trasera. Cuando entramos mi amiga se quita el antifaz y juega con su bastón.

-Después de todo tiene razón, Poirot. Cuando fracasa la diplomacia no queda más que amenazar. Consiguió los nombres-le digo yo.

-¿Y qué tenemos en ese documento, Hastings?-inquiere ella. Yo abro la carpeta y le explico lo que he leído.

-No muchas sorpresas, Poirot. La primera hoja es un registro veterinario del perro, peso, dientes sanos, talla, records de matar ratas, veterinario que da fe de su estado de salud. En la siguiente vienen los nombres que nos interesan: Kinney era el Rey, Lady Hardy la Reina, Montclair el Diez…ya sabe que el As era movible, hay ocho nombres tachados de hombres y mujeres y el último de apellido extraño, Georgiev Tihomir…y la Sota es alguien de nombre Alain Lavognet-leo yo.

-¡Mon Dieu! ¿El famoso diseñador de Chelsea? ¡Quien dijera que le gustaban este tipo de espectáculos sangrientos con lo refinado que es para la moda!

-¿Le conoce?-inquiero yo.

-¡Desde luego, Mon Amie! Esta belleza de vestido y al menos doce de mi colección personal son diseños suyos. Un hombre que está bastante bien cotizado como modisto de las damas de sociedad, no dudo que le sobre dinero para las apuestas. Vamos a tener que ir a su taller a hacerle una visita mañana mismo-opina ella.

-¿Cree Usted que Lavognet o ese tipo de apellido raro sean el corta-orejas? Es muy posible, por el pleito que nos contó Thremine- infiero yo.

-No podemos asegurarlo, Hastings, como le dije antes, no tengo la ecuación si no tengo las variables, matemáticamente hablando-decide ella. El carruaje se detiene y Goby nos abre la puerta.

-Aquí estamos, Zijne Majesteit…¿Qué debo hacer?-inquiere el hombrecillo jorobado ayudándola a ella y a mí a bajar en aquel callejón iluminado con una lámpara de alumbrado público, donde se ven cajas amontonadas de madera y varios empleados que vienen y van metiendo estas en carretillas; evidentemente por ese lugar entran en la mansión Thremine los suministros para la fiesta porque hay una puerta y un hombre con mandil y gorro de cocinero que con una libreta lleva el registro. Poirot vuelve a poner su antifaz y la imito, avanzando las dos por aquel lugar ya con los rostros cubiertos.

-Camina por la zona, busca cosas que se salgan de lo ordinario. Sangre no habrá, seguramente. Ha pasado mucho tiempo, pero trata de olfatear y encontrar algo que ayude-responde mi amiga; Goby asiente y se aleja saltando como acróbata de circo sobre las cajas amontonadas.

-¿Olfatear? Poirot, Goby es persona, no su sabueso-la regaño yo algo ofendida luego de esquivar a algunos de los cargadores que meten cajas con botellas de champagne, llegamos a donde aguarda el cocinero que fiscaliza la entrada de víveres.

-Buenas noches, Monsieur…-saluda Poirot. El hombre nos mira asombrado.

-La entrada a la residencia Thremine es por otro lugar, señoritas, aquí solo son las bodegas-nos responde este y camina a un lado de la puerta, cerca de la lámpara de alumbrado público; nosotros lo seguimos para no estorbar.

-Lo sabemos, lo sabemos…pero en esta ocasión no es a la entrada principal a dónde queremos ir, sino aquí. Verá, Monsieur

-Langdon-responde este-Steve Langdon, encargado de la bodega de alimentos de Lord Thremine-se presenta este como si el título que dijo fuera algo de lo cual presumir.

-Monsieur Langdon, necesito saber si Usted recuerda un hecho especial que ocurrió hace casi cuatro meses en este callejón; una riña entre invitados de su señor que la gente de seguridad de Lord Thremine sacó a este sitio.

-¡Pero desde luego! Quien no recordaría semejante cosa. Aunque nosotros entramos y cerramos la puerta cuando ese tipo sacó la navaja…-explica el encargado de la bodega.

-¿Recuerda cómo era ese individuo?-pregunto yo.

-Sí, señorita, alto, de casi dos metros, y muy muy fuerte. Primero se peleó con los hombres y les gritó cosas en otra lengua y algunas maldiciones en inglés, estaba fúrico. Luego llegó la dama y se molestó más con algunas de sus palabras. No oímos todo porque cerramos la puerta pero vimos cada detalle por las ventanas-nos señala el cocinero las ventilas de vidrio que hay en la pared.

-¿Dice que hubo sangre?-anima Poirot.

-Si la hubo. Luego de discutir y amenazar a los tipos de antifaz y a la dama, llegó un anciano sin máscara y lo tomó de la solapa, lo levantó y lo empezó a golpear. Los demás se fueron y el hombre alto hirió al anciano con la navaja en el rostro. Lo dejó allí, tirado junto a ese poste de madera lleno de sangre, íbamos a salir a auxiliarlo pero un carruaje pasó de prisa encima del pobre anciano. Era todo un charco de sangre, señorita, le destrozaron las piernas-narra el cocinero. Yo miro el citado poste de madera casi al fondo del callejón.

-¿Quién llamó a los servicios de salud pública?-inquiero yo.

-Yo envié a uno de los muchachos cargadores pero nadie se atrevía a salir. El infeliz anciano se quejaba con gemidos horribles hasta que se lo llevaron, pero Lord Thremine nos tiene terminantemente prohibido acercarnos a sus invitados, si alguien se acercaba seguro lo despedía-narra Langdon.

-¿Y no recuerda el nombre de ese individuo? Del anciano herido-digo yo.

-No, señorita. Recuerdo haberlo visto entre la gente que se encarga de los perros; casi todos entran por esta puerta y no por la principal pero su nombre no lo sé. Eso es todo.

-Merci, Monsieur Langdon, aquí tiene, por su valiosa cooperación-Poirot saca una barra de chocolate de su bolsita de tela-¿Le gusta el chocolate?

-¿Y a quién no?-el cocinero la toma-gracias, señorita, en lo que pueda servirla-cortés el cocinero.

-Si necesito algo regresaré. Con su permiso, Monsieur, no le quitamos más tiempo-se despide Rei y las dos volvemos al carruaje que aguarda en la calle lateral.

-¿Qué piensa de esto, Poirot?-pregunto yo-a mí me parece cada vez más enredado. Ahora entra a escena un anciano que es atacado por un hombre que no sabemos si es ese extranjero que era "As" o es Lavognet-le digo yo.

-Es el extranjero, Mon Amie. Conozco en persona a Alain Lavognet y es un hombrecillo afeminado, delgado y más bajo que yo; para nada corresponde a la descripción que hizo de él el cocinero-me responde mi pelinegra compañera.

-¡Entonces ya encontramos al corta-orejas!- me emociono yo-¡Es el extranjero, Poirot!

-Mina, Mina…su reciente deseo por encontrar al agresor misterioso nubla su, ya de por sí bastante pobre, habilidad deductiva. Espere a que interroguemos a Lavognet y al extranjero-me asegura ella. Goby nos espera recargado en la puerta del carruaje y al vernos volver abre la puerta y nos ayuda a subir.

-¿Qué encontraste, Goby?-pregunta mi amiga.

-No mucho, Zijne Majesteit. Muchos olores a comida, vino, lodo, suciedad y orines confundieron a Goby-responde el hombrecillo.

-No te preocupes, después de todo ya pasaron cuatro meses-cede Poirot.

-No encontré olores, Zijne Majesteit, pero encontré algo que puede ser importante; entre unas lozas del suelo junto al poste de madera-extiende sus dedos largos y huesudos el holandés. Reindert pone su enguantada mano abajo y recibe un pequeño objeto de metal.

-Bien hecho, Goby. Estoy contenta con tus servicios. Vamos a casa y puedes cobrar el doble de lo de siempre- le dice Rei al hombrecito que se deshace en agradecimientos en su lengua; Goby cierra la puerta del carruaje y este comienza a moverse. Mi amiga mira el objeto que le dio su espía y me lo da después. Yo puedo ver una medalla de oro de un santo católico que no logro identificar-Veamos cómo está su capacidad deductiva, Hastings, ya que tiene tantos ánimos heroicos últimamente. ¿Qué le parece lo que encontró Goby?

-Nada relevante, Poirot. En ese callejón viene y va tanta gente que esta medalla puede ser de cualquiera. No veo la relación con lo que nos ocupa-aseguro yo.

-¡Trés bien! Ya no se deja llevar por suposiciones generales. Veamos…Usted no es católica, infiero-observa Poirot.

-No. Mi familia es anglicana como la mayoría de los ingleses-respondo con naturalidad.

-¡Allí lo tiene! "Como la mayoría de los ingleses"-asegura ella-¿Qué anglicano lleva encima una medalla de un santo católico como San Antonio Abad?-me dice ella. Yo acerco la medalla a la luz que entra por nuestra ventana y en efecto leo la leyenda "San Antonio Abad"-deme la carpeta con los datos que nos facilitó Thremine-pide ella. Yo se la alargo y sigo mirando la curiosa medalla de oro con la imagen de un monje con su báculo rodeado de animales.

-¿Qué quiere ver en la lista Poirot? Y no me diga que nada o que me lo dirá después porque ya sabe que eso me exaspera- insisto yo. Reindert quita la primera hoja, la del informe veterinario del perro, y se concentra en la de los nombres.

-Quiero encontrar algún nombre que se pueda relacionar con esto pero…no…los anteriores "AS" de la "Escalera real" tienen apellidos británicos o franceses. Solo el extranjero. Me parece que Georgiev Tihomir, el último "AS" y evidente agresor del anciano podría ser; su apellido parece de Europa Oriental, no sé si Húngaro, Polaco o Búlgaro.

-De igual forma, Poirot, debemos esperar a mañana para movernos. Creo que hay que concentrarse en las entrevistas a Lavognet y a ese tipo, Tihomir-aseguro yo y le regreso la medalla.

-Sé dónde encontrar a Lavognet. Encargaré a Goby de encontrar a Georgiev Tihomir-completa ella jugando en su mano con la medalla de oro.

-Creo que estamos muy cerca de encontrar al corta-orejas. ¿Aún no le dirá nada a la policía?-insisto yo.

-No, Ma Chérie. Aún no. Yo sé cuándo es el momento justo. Mientras tanto, dejemos que la aburrida vida de los ciudadanos londinenses se anime un poco con el miedo al Corta-orejas-sonríe mi amiga y yo solo niego con la cabeza. Poirot siempre iba a aprovechar toda oportunidad de hacerse publicidad, y si eso implicaba más espectacularidad a su caso, no dudaría en hacerlo.

-Oiga, Poirot…Ya que todo esto termine ¿Me aceptaría una invitación al teatro?-pregunto yo.

-¡Pero desde luego, Mon Amie! estaba a punto de molestarme con Usted porque alcancé a ver ayer en la noche los dos boletos para "Ricardo III" en el "Salisbury Court Theatre" que ocultaba en la manga izquierda de su saco. Solo los vi de reojo y me preguntaba si habría conseguido un novio con quien ir o me estaría engañando con otra mejor amiga de la cual no sé y la invitaría al teatro-comenta mi amiga. Yo río divertida.

-No…ni lo uno ni lo otro. Solo pasé por allí y me pareció interesante ver la obra. Como sé que a Usted le gusta Shakespeare; A veces me asombra cómo hace para poner atención a cada detalle, Poirot…¿Cómo notó los boletos? -le digo yo.

-Es cuestión de entrenamiento, como el suyo con la 22. Cuando era muy pequeña no podía notar qué objeto había cambiado de lugar en el despacho de mi padre ni en media hora de observación, pero con la exigencia paterna, ahora soy capaz de ver y notar lo que un individuo común como Usted y los demás no notaría. Ma Paré lo llamaba "Omivisión" y entre otras cosas, es el secreto del genio Poirot-me comenta Rei. Aunque me da mucha curiosidad saber más sobre el misterioso pasado de Reindert, me contengo en escudriñar más porque se puede dar cuenta y cerrar el tema como hacía cada que se le escapaba algo.

Cuando llegamos a nuestro apartamento en St. James, Poirot encarga a Goby de encontrar a Tihomir y le pide que sea rápido y no repare en gastos. Enseguida las dos entramos en la casa donde George nos espera con una cena ligera que costa de chocolate caliente, pan y fruta. Nos comenta que Cadwell fue a buscarnos y que él le informó que salimos de compras para evitar dar detalles. Poirot y yo acordamos visitar el afamado taller de costura de Lavognet al día siguiente a las diez de la mañana y nos retiramos después a dormir.

Al llegar a mi cuarto escribo en mi máquina las novedades del día, tratando a la vez de asentar la información nueva que obtuvimos en el "Rat-Pit". Por más que Rei se empeñara en que la medalla fuera significativa e importante, yo no lo pensaba así. Pensaba que las declaraciones del cocinero sobre la golpiza que ese tipo, "AS" le dio a un pobre anciano, reforzaban la idea de que él era el corta-orejas. No sé por qué Poirot siempre se empeña en encontrar otras soluciones cuando ésta es tan obvia, de verdad me gustaría tener yo la razón al menos una vez y que ella se equivocara.

Antes de dormir recuerdo un poco a Aidan McAllister y tomo los dos boletos para el teatro que tenía sobre el buró. Al menos estaba teniendo éxito en ocultarle a Poirot, que siempre le encantaba ser entrometida en mi vida personal, mis dos encuentros con Sir Gawain y eso me alegraba. Iba a esperar a presentarlos hasta que se conocieran en el teatro. Finalmente, ambos eran mis amigos, no tenía nada de particular…¿O sí?...sin querer darme una respuesta me quedé dormida con los boletos en la mano.

"Lavognet Fashion Store" Chelsea.

Al día siguiente por la mañana, Reindert y yo entrábamos en la elegante tienda de preciosos aparadores con figurines que ostentaban diseños de vestidos muy "A lo Poirot" por la vistosidad de las telas y lo amplio de sus escotes, todos a la moda francesa. Dentro muchas doncellas uniformadas con traje gris y blusa blanca, atiende a algunas damas que piden probarse los modelos haciendo algunos ajustes a estos con solicitud evidente. Otras damas están sentadas en sillones disfrutando de una taza de té o galletas esperando que hagan los ajustes a sus vestidos.

Mademoiselle Reindert Poirot!-se escucha una voz extraña cuando mi amiga y yo entramos en el establecimiento. Un caballero de bigotes largos y retorcidos, cabellera extraña que a todas luces indica un bisoñé y ridículamente vestido con traje de etiqueta pero en color morado, se acerca a nosotros saludando a Reindert con dos besos, uno en cada mejilla.

-Lucien-dice ella; yo veo en el gafete del afeminado hombre el nombre de "Lucien Betancourt, primer oficial".

-¡Al fin ha llegado la mejor de nuestras clientas! La mujer con la figura y proporciones más perfectas para la que mi jefe haya diseñado. ¿Cómo dice Monsieur Lavognet? "La cara más bella que se ha visto debajo de un sombrero en todo Europa"-adula el hombrecillo haciendo que mi amiga sonría con autosuficiencia. Ya me voy explicando por qué le gustan a Rei este tipo de lugares donde se desviven en elogios.

-Te agradecería el cumplido, Lucien, pero no has dicho más que la verdad-responde Poirot-¿Se encuentra tu jefe? Hay un pedido especial que necesito encargarle.

-Lo lamento, Miss Poirot, pero Monsieur Lavognet no se encuentra-responde el tipo de traje morado.

-¿A qué hora puedo volver? Quiero que diseñe algo especial para mí, Lucien, y no importa el costo-reitera ella.

-¡Qué contrariedad! Monsieur Lavognet se ha tomado unas vacaciones indefinidas. Lo decidió ayer mismo, parece que necesitaba descansarse del abrumador ritmo de trabajo. Con la temporada de verano sabe Usted como terminó de cansado-responde el hombre-varias de sus clientas y proveedoras han venido a preguntar por él y han recibido la misma respuesta.

-Así que vacaciones…Quería un diseño especial para un baile de máscaras. Iba a pagarle por adelantado y a invitarlo a venir conmigo a Bruselas, donde seguramente tendría clientela selecta y una promoción envidiable al haber diseñado mi vestido-asegura mi amiga-¡Eh Bien! Tendremos que encargarle el diseño a Antoine Peschel, Mon Amie-me comenta Poirot con naturalidad. Yo miro el gesto del hombrecillo de traje morado que se contrae tal cual le mentaran a Dios a Satán.

-¡A Peschel! ¡En ese taller de ineptos sin sentido de la moda! No habla en serio, Miss Poirot-responde Lucien.

-No me queda opción, Lucien, ya que tu jefe salió y a mí me urge-responde Rei. El hombrecillo afeminado mira en todas direcciones y llama a Reindert para que lo siga. Yo camino junto con ella hasta donde el primer oficial de la tienda de modas descorre una cortina y nos hace pasar en el pequeño compartimento con muebles cerrando tras de sí.

-Se supone que no debo decirle esto a nadie pero…tratándose de una de nuestras mejores clientas y en virtud de saber yo mismo que Monsieur Lavognet muere por una sucursal de su tienda en otra ciudad europea, creo que debo decirle dónde encontrarlo, Miss Poirot. Monsieur Lavognet salió hoy a las ocho de la mañana hacia Dover. Va a embarcarse a Francia. Los motivos no me los pregunte porque no los sé. Lavognet estaba muy extraño…

-¿Asustado acaso?-hablo al fin yo.

Oui Mademoiselle! Justo ha encontrado Usted la palabra adecuada. Asustado, ansiosos, con miedo horrible. Solo dijo que se iba a Francia y que me hiciera cargo del funcionamiento del taller hasta que el me enviara instrucciones-responde el primer oficial.

-Pero debes saber a dónde iba a llegar en Francia, Lucien. Debo ir a buscarlo porque ese diseño especial es muy importante-insiste Rei.

-Oui, Mademoiselle. Se iba a Hospedar en el "Grand Regis" de París, que es donde llega siempre; Pregunte por Pierre Montpellier y lo encontrará. Me dejó esos datos por si algo especial se necesitaba. Creo que puede buscarlo allí para que haga su diseño. Seguramente se deprimiría si sabe que el idiota de Peschel se quedó con ese trabajo, sabe que adora diseñar para Usted-afirma el afeminado caballero dándole a Rei una tarjeta.

-Merci, Lucien, siempre tan eficiente-Reindert le da un billete de 50 libras y el hombre nos acompaña a la salida deshaciéndose en sahumerios a la persona de Poirot que esta recibe encantada. Una vez dentro del carro le comento a Rei mis impresiones.

-¿Cree que Lavognet esté huyendo?-lanzo yo.

-Definitivo huye, Hastings. Tuvo miedo al leer de los ataques a Kinney y Lady Hardy porque no hay razón para que un hombre con un negocio tan próspero como este salga así porque sí y en plena temporada de verano a otro país-me responde ella-¿A qué hora es la función de teatro?-me pregunta mi amiga.

-A las siete-le respondo yo-pero no estará pensado que vayamos en este momento, cuando aún no hemos resuelto el caso-dudo yo.

-¿Y por qué no? Son las diez y media de la mañana. Vamos a hacer otra visita antes de comer y por la tarde espero que Goby tenga ya los datos del extranjero "AS" lo cual nos deja en perfecto tiempo para ir al teatro-me contesta ella.

-Parece que se toma esto muy a la ligera, Poirot. Estamos a la mitad de un caso policiaco que sigue conmocionando a Londres en todos los diarios, Usted está más cerca que las autoridades de resolverlo y sin embargo se toma el tiempo de ir al teatro como si no tuviera en sus manos una gran responsabilidad, la de atrapar a este delincuente agresor y entregarlo a las autoridades.

-Mina, sin duda encomio su deseo de heroísmo pero le aseguro que eso es lo último que me motiva cuando acepto un caso. La mente humana es muy compleja. No todo debe ser negro o blanco en esta vida, existen muchísimas escalas de grises y me encanta caminar por ellas. Además no podemos saber si el agresor es malvado o si las víctimas merecen su venganza-me responde Reindert.

-Ninguna venganza es justificada, Poirot. Vengarse de alguien es malo y daña más a quien se venga que a quien recibe la venganza-decidida repito yo las firmes creencias que me habían dado en casa. Poirot se inclina y me mira a los ojos, de nuevo como si sondeara con sus pupilas violetas muchas cosas que no digo.

-¿De verdad no ha tenido ganas de vengarse de alguien en su vida, Hastings?-duda ella.

-No…no…¿Por qué habría querido hacerlo?

-¿Ni del hombre que le disparó en su pierna, ni de su oficial el cuerpo de enfermeras que la despachó a casa por ser inútil?-me lanza ella. Yo me cruzo de brazos.

-Ni de ellos. Son cosas de la vida de las que no puedo culpar a nadie-respondo yo-¿Usted si ha tenido ganas de vengarse de alguien?

-Hay un par de candidatos en Bruselas -me responde como si nada Rei-pero para fortuna de ambos preferí seguir mi vida de famosa detective que darles el gusto de dedicar mi privilegiada mente a vengarme de semejantes sabandijas de la sociedad-termina ella. Antes de que pueda preguntarle más sobre el tema, me doy cuenta al mirar por la ventana que estamos en Hackney, uno de los barrios más pobres de la capital.

-¿Qué vinimos a hacer aquí, Poirot?-le pregunto yo. La veo sacar la carpeta que nos dio Lord Thremine y mirar algo.

-Vamos a preguntar por un testigo de los hechos ocurridos en la villa de Lord Thremine-ella baja del carro cuando este se detiene y la sigo intrigada. Caminamos un poco entre las calles pestilentes llenas de gente de baja condición que viene y va.

-¿Por quién? ¿Me lo va a decir?-insisto yo caminando a su lado, pero ella como si no me oyera se detiene delante de la puerta de madera desvencijada con el número 258, llamando con su bastón. Nadie responde.

-Mon Amie…¿me permite su pañuelo?-me pide Rei. Yo intrigada lo busco en mi bolso y se lo doy; ella limpia la ventana lateral llena de polvo alargándome el pañuelo.

-¡Oiga Poirot! ¿Para eso quería mi pañuelo?-se lo arrebato molesta, mirando como ha quedado lleno de suciedad y telarañas.

-Oui Ma Chérie-me responde ella haciendo pantalla con sus manos y mirando dentro de la casa.

-¿Y qué no tiene Usted uno?

-Oui, dos de hecho y de batista suiza-me responde.

-¿Y por qué demonios no los usó? ¿Tenía que ser el mío?-insisto yo. Ella solo me sonríe.

-Desde luego, Hastings, no iba a ensuciar un pañuelo de semejante valor.

-¡A veces es Usted irritante!…No sé cómo sigo siendo su amiga.

-Porque soy la mejor y Usted lo sabe, le gusta ser amiga de la mejor-responde Rei y llama de nuevo a la puerta con su bastón. Yo aprovecho para mirar dentro por la ventana que ella había limpiado, notando una vestíbulo abandonado con una amplia mesa y muchas jaulas sin más señal de haber estado habitada que un gran crucifijo pendiente de la pared y algunas imágenes de santos-no hay caso, Hastings, parece que no hay nadie-termina Reindert caminando de regreso. Yo la sigo. Una anciana que tiene al lado de la casa un puesto de legumbres nos mira intrigada.

-Señorita…¿Buscaba para algo a los Farlane?-dice la anciana al vernos alejarnos.

-Oui Madame…alguien me recomendó a Evan Farlane para que atendiera a uno de mis perros de caza-responde ella. La viejecita niega con la cabeza.

-Pierde su tiempo. La familia se fue y Farlane cerró la veterinaria. Antes les iba muy bien…¿Sabe?...él tenía mucho trabajo atendiendo perros de gente de dinero, como Ustedes, pero luego del accidente todo se vino abajo. Hace tres meses que esa casa está vacía.

-¿Accidente?-pregunto yo intrigada. La vendedora asiente.

-Parece que un carruaje atropelló al viejo Farlane. Quedó en silla de ruedas.

-¿Y no sabe el paradero actual de la familia?-pregunta mi amiga.

-Nadie sabe qué pasó con ellos luego de que el arrendatario los echó de la casa-responde la anciana.

-Merci, Madame. Si llega a saber algo sobre ellos no dude en llamarme-insiste Poirot dándole a la anciana su tarjeta junto con un billete de diez libras que le gana todas las simpatías de la mujer. Al volver al carro no me resisto a preguntarle a Poirot.

-¿De dónde sacó el nombre de Evan Farlane?-inquiero yo ya dentro del carruaje. Ella busca en la carpeta y me alarga la primera hoja con la información veterinaria de "Jacko" señalándome con el dedo el nombre y dirección del veterinario que daba fe de la salud del animal.

-Allí lo tiene. Las dos nos concentramos en la hoja número dos, con los nombres de los apostadores pero descartamos la hoja principal con el nombre del veterinario del perro.

-¿Cree que Evan Farlane sea el anciano a quien golpeó ese extranjero "AS"?-le pregunto yo.

-Eso sospechaba. Además la anciana de las legumbres dijo que el veterinario quedó en silla de ruedas por un accidente. Coincide con lo que nos contó el cocinero de la bodega sobre el carruaje que atropelló al anciano agredido. De todas formas no tenemos como confirmarlo, Mon Amie, así que de momento vamos a casa…antes pasaremos por el "Daily Blaire"…quiero poner un anuncio para que salga en la edición de hoy en la tarde y mañana por la mañana.

-¿Para qué?-le pregunto yo.

-Para sacarme de encima una duda...hay algo que no es simétrico. Ya se enterará mañana si tenemos éxito-me responde ella con su natural misterio del cual ya no me quejo. Reindert Poirot es tan obstinada que siempre, siempre, hace las cosas a su manera. Me pregunto si acaso habrá un solo ser humano en este mundo que pueda controlar un poco un temperamento como el suyo...ya no digo más y espero a que baje en las oficinas del diario a poner su dichoso anuncio. Lo único que me mantiene de buen humor aun con el caso a medio cerrar y las extravagancias de Poirot es que por la noche iré al teatro. Aidan dijo que era amigo del director y que estaría allí, así que será un buen día.

Gimnasio de boxeo "Rooney´s" Berdmonsey, Londres.

Después de comer, Goby apareció diciendo que había encontrado el paradero de Georgiev Tihomir quien era boxeador en un gimnasio de uno de los barrios más delictivos de Londres. Reindert y yo nos vestimos para el teatro y pasamos cerca de las seis al lugar al cual Goby nos conducía. En la entrada del gimnasio se pueden ver algunos carteles pegados que anuncian próximos combates. Yo camino con Rei y Goby leyendo la pelea del día siguiente entre "Glauco" y "El Búlgaro" con los rostros de dos feroces tipos amenazándose pintados en el cartel.

Dentro, el lugar tiene un desagradable olor a sudor y se ven tres o cuatro hombres ejercitándose con pesas y dos en un cuadrilátero.

En cuanto entramos, los que se ejercitan dejan de hacer sus pesas y comienzan a decir requiebros y algunos piropos no muy decentes a Reindert que los ignora olímpicamente caminando con su bastón en seguimiento de Goby. Este le señala a un hombre enorme, que de espaldas a nosotros salta la cuerda usando un pantaloncillo corto, botas y camiseta sin mangas dejando ver unos impresionantes músculos. Goby se acerca a este y lo interrumpe hablando con el seguramente en holandés.

Yo comienzo a ponerme nerviosa al darme cuenta del extraño lugar y ambiente en que nos habíamos metido. Instintivamente me coloco detrás de Rei y miro atrás cómo se van acercando los dos tipos del ring y los otros dos que hacían pesas, rodeándonos peligrosamente.

-Poirot…creo que no debimos venir aquí solas…-nerviosa le digo a mi amiga. Ella sigue en silencio y el enorme hombre que saltaba soga camina con Goby hacia nosotras. Cuando nos da la cara puedo ver perfectamente que se trata del mismo hombre del cartel de peleas de la entrada, el llamado "Búlgaro" y sin duda corresponde a la descripción que hizo el cocinero de Thremine con el "AS" de la riña.

-¿Monsieur Tihomir?-le pregunta Poirot con una calma terrible.

-Si es para ti, encanto, puedo ser hasta el conejo de pascua-responde el enorme hombre sonriendo maliciosamente y hablando con un acento extraño. Con razón era llamado "El Búlgaro".

-Necesito hacerle algunas preguntas, Monsieur, sobre cierto pleito en el que tomó Usted parte hace cuatro meses en la parte trasera de la casa de Lord Thremine en donde, si mis informes son acertados, hirió Usted a un hombre-lanza mi amiga. Yo veo enseguida en semblante del búlgaro transformarse y volverse el mismo rostro lleno de ira del cartel.

-¿Es policía?...lo dudo…es una mujer-responde Tihomir.

-No lo soy, pero sí detective privado y la mejor de todo el Mundo. Reindert B.C. Poirot-se presenta mi amiga. Todo pasa muy de prisa, el enorme búlgaro da media vuelta y se va corriendo, mientras los demás tipos intentan apoderarse de nosotros.

Yo asustada grito y me escapo pegándome a la pared y buscando nerviosa el revólver de mi cinto y puedo ver como Reindert corre tras el boxeador que escapa por un pasillo; mientras le quito el seguro al arma con mano temblorosa miro al pequeño y jorobado espía golpear a dos de los hombres del gimnasio, saltando de forma casi animalesca y atacándolos con patadas y golpes certeros que dejan a dos en el suelo y a uno más lo estrellan en un estante de pesas que le caen encima. Uno de ellos va a atacar a Goby con una silla y yo no sé de donde saco fuerzas para dar dos pasos adelante y ponerle el cañón de la 22 en la espalda.

-No…no se lo aconsejo...suelo ponerme nerviosa y cuando eso pasa se me escapan los tiros, así que baje esa silla-le digo yo aún asustadísima. Goby, sangrando de la ceja y de la cara se acerca y le lanza al hombre un golpe al abdomen que lo derriba.

-Vaya…con Zijne MajesteitMevrouw Hastings. Me hago cargo-me pide el hombrecillo jorobado. Yo asiento y con la pistola en la mano corro en dirección al pasillo por donde escaparon Poirot y el búlgaro. Al llegar al final de este veo una habitación que parece un despacho; hay una silla estrellada en la puerta con vidrios rotos en el suelo y dentro, el escritorio volteado y muchos trofeos derribados con considerables destrozos, pero increíblemente Poirot tiene al tipo búlgaro en el suelo, derribado, con el rostro lleno de sangre y varios golpes, al tiempo que pone su alto tacón del zapato sobre el cuello de este.

-…entonces, Monsieur…¿Podemos hablar como personas civilizadas?-le pregunta Reindert. El búlgaro la mira aterrorizado y asiente con la cabeza, ella retira el pie del cuello del tipo y lo ayuda a ponerse de pie. Yo entro apuntándole con el revólver.

-No intente nada y responda a las preguntas que se le hagan-me atrevo a amenazarlo yo.

-Lo haré…ya se lo dije a la belleza salvaje…esos golpes de bastón duelen-responde el enorme hombre frotando su frente donde ya se forman unas feas protuberancias por los golpes recibidos-soy cobarde pero no tonto. No me iré-responde y se deja caer en una silla. Poirot le alarga una toalla que estaba tirada en el suelo con la que el hombre limpia la sangre de su rostro.

-Antes de su estúpida huida, deber saber, Monsieur, que tiene ventajas que nosotras no seamos de la policía. Lo que diga, depende de lo productivo que sea para Hastings y para mí, puede garantizarle que siga con su vida sin problemas con la ley-le explica Poirot.

-Los búlgaros tenemos la sangre bravía, como usted que es francesa -le responde el boxeador-solemos reaccionar antes de reflexionar. ¿Qué quieres saber, belleza salvaje?-lanza este. Yo sigo apuntándole con el arma y me acerco al escritorio.

-¿Eras parte del equipo de la "Escalera Real"?-inquiere Poirot-y por cierto, soy belga.

-Una sola vez. Cuando recién llegué a Inglaterra necesitaba una forma para multiplicar mi capital. En verdad no necesito decirte que no era de procedencia muy lícita…en un bar conocí a un tipo escocés que entre copas me habló de los Rat-Pits. Me dijo que era una forma de jugar y apostar fuerte y me garantizó que tenía el mejor perro de Londres para ganar en el pozo de ratas más importante del país. Me garantizó quintuplicar mi capital si tomaba parte en eso.

-¿Y cómo se llamaba el hombre que lo invitó?-pregunto yo, bajando el revólver pero sin soltarlo de mi mano.

-Stan Montclair-responde el búlgaro. Yo miro a Poirot asombrada y ella sonríe.

-Continúe, Monsieur…-anima ella.

-No hay mucho que decir. El maldito me llevó a ese espectáculo garantizándome ganar. Aposté todos los millones de que disponía y resulta que el viejo malnacido que cuidaba al perro se dejó sobornar por los contrarios y le inyectó alguna sustancia al perro para que perdiera a propósito. Montclair y los demás hombres del equipo me lo dijeron, porque yo estaba furioso, quería cortar las orejas de todos…

-¿Cortas las orejas?-inquiero yo asustada.

-Le parecerá raro, rubia, pero la mafia búlgara tiene ese código de honor. Quien nos traiciona pierde las orejas. No los matamos, queremos que nuestra venganza los persiga por siempre y que cada vez que alguien les pregunte por qué no tienen oreja, se los deba decir-comenta el tipo y yo miro asustadísima a Rei…¡Tihomir era el corta-orejas!

-¿Y por qué no les cortó las orejas a todos y solo lo hizo con el anciano?-pregunta Poirot.

-Porque el viejo que cuidaba al perro fue el responsable. Montclair dijo que recibió soborno de los contrarios para hacer esa trampa. Todos los demás de ese equipo de Rat-Pit podían reponerse de la pérdida del dinero, son ricos…Sota, Rey, Reina…pero yo no…¡Yo no!-se enfurece Georgiev Tihomir golpeando el escritorio derribado-¡Por culpa de ese viejo fraudulento tuve que trabajar en lo único que sé hacer, boxeando, para ganar para el pasaje a Bulgaria y ya me ven, cuatro meses y sigo aquí!

-Monsieur Tihomir…¿Leyó los diarios? Sobre el corta-orejas de Londres-le pregunto yo.

-Sí, pero no creerán que he sido yo. No soy idiota. Acepto que me enojo con facilidad y que se las corté a ese viejo cuida perros por culpa del cual perdí mi capital, pero a esa gente de los diarios ni la conozco. Jamás les vi las caras a los del Rat-Pit, solo a Montclair-nos responde Tihomir-fue un arranque, en verdad no quería líos con la ley...

-¿Supo de un accidente que pasó después de que cortara Usted las orejas del anciano?-le pregunta Poirot.

-No. Luego de darme cuenta de lo que hice me asustó tener tratos con la justicia y huí dejándolo allí tirado. Al fin nadie muere porque le corten las orejas-con cinismo el tipo-¿Me va a denunciar a las autoridades?-pregunta el boxeador búlgaro. Yo miro a Poirot apremiándola con la mirada.

-No. Siga en su anonimato, Monsieur, y tenga cuidado con los pasos que da. Era todo lo que deseaba saber. Merci y disculpe los golpes, pero Usted se los buscó-se despide Reindert y sin que me lo explique sale del lugar dejando atrás a Tihomir. Yo, luego de reaccionar la alcanzo por el pasillo y la tomo del brazo.

-¡Poirot pero qué demonios le pasa! ¿Por qué va a dejar libre a semejante delincuente? ¡Está mintiendo! ¡Evidentemente es el corta-orejas! ¿No escuchó con qué sangre fría habla de las venganzas búlgaras?-la premio yo. Ella solo me sonríe.

-Mon Amie, espere a ver el resultado de nuestra aventura en los periódicos mañana y después hablamos…¿Le parece? porque evidentemente al teatro no alcanzamos a llegar hoy. Y si quiere ser una buena detective, Hastings, piense en esto: No siempre el que parece el más malvado es el criminal. Muchas veces podemos llevarnos sorpresas-termina ella cuando salimos al gimnasio, donde espera Goby.

Ahora ninguno de los tipos osa siquiera acercársenos y nos ven abandonar el lugar en silencio y con ojos recelosos. En el trayecto de regreso voy pensando en la rara conducta y palabras de Poirot y de momento no me pesa tanto haber faltado al teatro. De verdad quiero que termine esto del corta-orejas. Para mí Tihomir era el criminal. ¿Qué faltaba para estar seguros?...

A la mañana siguiente, cuando regreso del pan y antes del desayuno, veo sentados en la sala a cuatro tipos de no muy buena pinta que no tengo la menor idea de dónde salieron. Inquieta entro en el despacho de Reindert donde ésta toma chocolate caliente en su taza personal y mira el diario. George está con ella.

-… hazlos pasar de uno en uno, por favor, George. Cuando te ordene harás salir a los demás.

-Como diga, señorita. Miss Hastings, buen día-saluda este.

-Buen día, George. Dejé el pan en la mesa del comedor-respondo yo y luego de darme las gracias, el mayordomo se retira. Yo me acerco a Rei-¿Qué hacen en la sala esos hombres?-la cuestiono.

-Respondiendo al anuncio que puse en el "Daily Blaire" entérese usted misma-me alarga Poirot una plana del diario señalándome con su índice un recuadro: "Señorita de amplios recursos económicos solicita entrenador para perro de raza fina, de preferencia con estudios veterinarios, para viajar a Francia por un mes y medio. Gastos pagados por la solicitante. Interesados presentarse en el 345 de Knightsbridge a las 9:00 am. del día…".

-¿Qué espera ganar con esto?-le digo yo. Ella solo sonríe y no me responde porque George anuncia al primer aspirante. Rei le dice que lo haga pasar. En un momento está en el despacho un hombre como de 50 años, que saluda a Reindert y dice llamarse John Adams, veterinario desde hace 30 años que presenta varios de sus títulos trabajando en establecimientos de salud animal. Rei no parece muy interesada y lo despide diciéndole que se comunicará después. Me pide que tome sus datos en una libreta donde escribo su dirección. Luego que sale el hombre yo la encaro de nuevo.

-¿Ya me dirá qué planea?-le pregunto, pero ella aprovecha que George anuncia ahora al siguiente para no responder; veo entrar en el lugar a un muchacho con overol y gorra, delgado y de pequeña estatura. Reindert lo invita a sentarse.

-Monsieur…¿Puede quitarse la gorra? Me gusta ver a los aspirantes a la cara-pide ella. Cuando el rapaz lo hace puedo notar que una cascada de cabello castaño cae por su espalda…¡Es una chica! Reindert sonríe satisfecha.

-Puedo explicarlo, Miss…de verdad…antes de correrme vea mis papeles. No tengo estudios profesionales pero aprendí con mi padre, sé trabajar con los animales y si me da este trabajo…¡En verdad necesito viajar a Francia!-apremia la muchacha alargando a Reindert el papel con sus datos.

-Hastings…diga a George que despida a los demás. Ya no es necesario seguir buscando, encontramos a la indicada…Mademoiselle Priscilla Farlane ¿Verdad?-al oír al apellido me quedo estática.

-A sus órdenes, señorita. ¡Gracias por la confianza! Le garantizo que nadie en Londres sabe tratar mejor con perros que yo-responde ella. Rei sonríe y me hace una seña con su mano. Yo salgo y abro la puerta llamando a George y diciéndole que despida al resto. Después regreso e instintivamente cierro la puerta con llave. Miss Farlane sigue agradeciendo a Poirot por aceptarla para el puesto aun siendo mujer.

-No agradezca aún, Mlle. Verá, para poder darle el puesto a mi lado, deberá responder antes algunas preguntas-indica ella. La muchacha sonriente asiente.

-Las que desee-responde ella.

-Hábleme de su padre, Mlle. Farlane. ¿Cómo sigue de su lesión en las piernas?-comienza Rei. Veo el rostro antes sonriente de la muchacha demudarse en uno de desconfianza-Dígame, su ardiente deseo de viajar a Francia es para encontrar a Alain Lavognet y hacerle lo mismo que a Montclair, A Kinney y a Lady Hardy ¿Verdad?-insiste Poirot.

-No…no sé de lo que me habla…yo…-evidentemente asustada la chica.

-Por favor, Mlle Farlane. Seamos claras. Yo sé que es Usted la persona que ha estado cortando las orejas a esos individuos desde hace semanas en venganza a lo que hicieron a su Padre cuando perdieron en el Rat-Pit de Lord Thremine. No sirve de nada que lo niegue. La pregunta es…¿Por qué iniciar con Montclair y no con Georgiev Tihomir, que fue quien le cortó las orejas a su Padre?-le pregunta ella. En ese momento veo los ojos color miel de la muchacha transformarse en unos llenos de odio.

-¡Porque ese malnacido cobarde de Montclair urdió todo! ¡Le dio miedo que el búlgaro se vengara de él y de los demás malditos y de común acuerdo culparon a mi Padre!-golpea Miss Farlane la mesa del escritorio con sus puños, y con sus ojos llorosos-¡El búlgaro no es tan culpable como los otros!

-Cálmese, Mlle. Farlane. Nosotras no somos de la policía. Soy Reindert Poirot, y mi compañera Miss Hastings, investigamos de forma particular estos hechos y le prometo que no llamaré a las autoridades hasta escuchar la historia completa porque algo me dice que hay más detrás de su venganza de lo que la opinión pública cree-insiste mi amiga y le alarga a la muchacha la medalla de San Antonio Abad que Goby había encontrado. Ella la mira asombrada y la toma besándola con reverencia.

-¿Cómo…cómo tiene esto?-insiste la chica.

-Ahora eso no importa. Continúe su relato…por favor…y confíe en nosotras-le pide Poirot. Ella asiente y regresa a su silla con la medalla en sus manos.

-Mi Padre era amigo de Montclair, lo conocía desde Escocia. Papá crio a "Jacko" y nosotros lo entrenamos, Montclair lo compró y contrataba a mi Padre para que lo acompañara a los Rat-Pit y le diera los certificados del perro. Lord Thremine no acepta perros sin certificado de salud en sus pozos de ratas-cuenta la chica-el día que perdieron mi padre no tenía idea de la treta de Montclair y de los demás y se acercó a este para pedirle que dejara a "Jacko" en casa para curarle las heridas pero al hacerlo ese búlgaro bárbaro lo tomó, le dio una golpiza y cortó sus orejas…-narra con furia la chica.

-¿Entonces Montclair, Kinney, Lady Hardy y Lavognet culparon a su padre para evitar las iras del búlgaro?-pregunto yo. Ella asiente.

-Los cuatro fueron cobardes e injustos. No querían pagarle al búlgaro la cantidad que había pedido portándose como avaros terribles ¡Los cuatro son ricos! y también temían su venganza siendo el tipo de la mafia búlgara, así que instigados por Stan Montclair, a quien no le importó la amistad que lo unía a papá, lo acusaron y lo abandonaron a su suerte; después, cuando llegó la policía el imbécil de Lavognet le pasó encima con su carruaje en su huida y lo dejó paralítico…-limpia las lágrimas de sus ojos la doncella.

-Mlle. Farlane…¿Qué ha sido de su Padre ahora?-pregunta Rei alargándole uno de sus pañuelos finos que ahora parece que no le importa ensuciar.

-Falleció hace un mes, Miss Poirot…nunca se recuperó de lo que le pasó. Perdimos la veterinaria por falta de pago; papá enfermó de depresión y de dolor, después contrajo una afección respiratoria y murió. Nunca quiso contarme lo que ocurrió en verdad, fue hasta que estaba muy grave que me lo dijo y me hizo prometer que haría pagar a Montclair y los demás por la miseria en que su avaricia y cobardía lo hundieron-la chica limpia sus ojos con el pañuelo de Rei-papá no me dijo que les cortara las orejas, eso lo pensé yo sola.

-Ya comprendo. La anestesia…los cortes bien hechos…-digo yo. Priscilla Farlane asiente.

-Hago eso con perros todo el tiempo, cortar orejas y rabo. No es difícil para mí, tengo formación veterinaria-responde ella-yo sé que hice mal, Miss Poirot, pero sabrá que no podía hacer pagar a gente de dinero y tan importantes como ellos de ninguna forma legal posible. Papá no los denunció en su momento y muerto, tampoco podía culparlos de eso-explica la muchacha y mira la medalla-Papá la traía ese día y casi siempre con él antes del accidente. Es San Antonio Abad, patrón de los animales y veterinarios-nos explica ella.

-Comprendo, Mlle. Comprendo más de lo que cree-responde Rei-si alguien valora la importancia de una promesa hecha a un padre muerto soy yo-le comenta mi amiga de forma misteriosa.

-Me va a denunciar a la policía por lo que hice, ¿Cierto?-pregunta Priscilla Farlane-no se preocupe, yo sabía que este momento llegaría, lo supe antes de planear la venganza y durante esta. Cuando salió en los diarios lo de Lady Hardy me di cuenta que era cuestión de tiempo, solo quería terminar…pero parece que el maldito afeminado de Lavognet se escapará-molesta ella presiona su puño-algo más que me pesa son mamá y mis hermanos…seguro sufrirán al verme en prisión…pero…son las consecuencias de la venganza…¿Cierto?-comenta acongojada la muchacha entre sollozos.

-Mlle. Farlane…¿Qué diría si le ofrezco pagarle el viaje a París y le doy los datos necesarios para que encuentre a Alain Lavognet?-lanza Rei dejándonos tanto a ella como a mí totalmente azoradas-todo eso a cambio de que Usted misma regrese a Londres terminado su trabajo allá y se entregue sola a las autoridades. Si puedo tener su palabra de honor de que hará eso, confiaré en Usted y le ayudaré-asegura mi amiga. Yo debo tener la cara más asombrada que la de la chica porque me he quedado en shock ante ese ofrecimiento. La muchacha se levanta de su silla y toma la mano de Reindert.

-Si usted hace eso, Miss Poirot, le viviré eternamente agradecida y tiene mi palabra de honor, sobre la memoria de mi Padre muerto, que volveré y afrontaré la justicia cuando termine con Lavognet-promete la muchacha y le regresa la medalla a Rei-cuando regrese y cumpla mi palabra, vaya a verme a prisión y devuélvamela. Es mi garantía-promete Priscilla Farlane.

-Descuide, Mlle. Tenemos un trato. No se preocupe por su madre y hermanos, veré de que nada les falte. Conozco a personas importantes en Scotland Yard y juro que su juicio será justo. Finalmente no ha sido homicidio, y cuando salga de prisión, búsqueme. Prometo que la ayudaré. Me gusta la gente de palabra-responde Rei. La muchacha asiente llorosa.

-¡Gracias, Miss Poirot! Es Usted una buena persona, y no juzga a los demás como todos en esta sociedad injusta...- Reindert busca en el cajón de su escritorio y le alarga una carpeta y un fajo de billetes.

-Haga buen uso de esto, Mlle. Farlane-la muchacha asiente y guarda en su overol el dinero, tomando la carpeta en su mano.

-Voy a regresar…¡No la defraudaré, Miss Poirot!-acepta la chica y despidiéndose de mi con una inclinación de cabeza, sale del despacho. Yo espero a que se vaya y miro a Reindert.

-¿Segura que hizo bien dejándola ir?-cuestiono yo.

-Nunca más segura de algo, Mon Amie. Ya sé que para Usted lo correcto habría sido denunciarla a la policía una vez que cayó en mi trampa del periódico. Por algo elegí el "Daily Blaire" que es el más barato y el que compra gente de bajos recursos para el anuncio. Estaba casi segura que la chica corta-orejas iba a caer con el ofrecimiento del viaje a Francia. Las personas que planean y llevan a cabo este tipo de venganzas suelen ser obstinadas hasta el extremo.

-¿Y ya me dirá cómo se dio cuenta que no era el boxeador búlgaro y sí una mujer?-le pregunto yo.

-Fueron una serie de cosas que no concordaban en los hechos, Hastings. ¿Recuerda que le dije que releyera las declaraciones de Montclair?-yo asiento-había algo que no estaba bien en esas tres declaraciones. Ya que no lo notó se lo diré. La esposa decía que salió a buscar al marido porque escuchó "Mucho silencio" y fue por el velador que estaba dormido, lo despertó para que la ayudara con Montclair. En cambio el agredido declaró que salió porque escuchó inquieto al perro y estaba ladrando. ¿Quién mentía?-me cuestiona ella.

-Montclair mentía. En verdad el perro no ladró ¿Cierto?-deduzco yo.

-Cierto. "Jacko" en efecto estaba atado en el árbol pero no ladró. Ahora sabemos por qué. El perro conocía a Mlle. Farlane, ella y su padre lo criaron y enseñaron a matar ratas. Montclair salió a caminar y vio la sombra, pero el perro no ladró. Fue atacado con la anestesia y la chica le cortó las orejas, pero en su declaración no confesó todo porque él sabía o al menos sospechaba de quién se trataba, así que lo encubrió diciendo que el perro estaba inquieto-me explica Poirot. Yo asiento dándome cuenta que en verdad no había reparado en ese detalle.

-Y Preston Kinney también lo sabía, por eso no quiso que se investigara y fingió resignación religiosa. No querían que su familia supiera de sus apuestas en los "Rat-Pit"-comento yo.

-Quizá se figuraban que podía ser el veterinario, yo misma llegué a desconcertarme pero el ataque a Lady Hardy me dio la seguridad que era una mujer-yo parpadeo confundida-¿No lo notó? La marquesa de Bedford tiene seguridad puesta por su abuelo, hombres que la siguen y cuidan a todos lados, excepto, claro al tocador de damas del teatro. El atacante la anestesia y hiere dentro del pasillo del tocador de damas lo cual implica que forzosamente debió estar ya dentro y al finalizar su trabajo, salir como si nada. No hay otra forma de que eso fuera posible más que la atacante fuera mujer. Quizá se disfrazó como empleada de servicio o algo poco llamativo y como buena veterinaria sabe qué hacer con la sangre y cómo trabajar de prisa. Casi apuesto a que regresó al interior del baño y esperó a que se llevaran a la herida-me comenta Poirot con calma.

-Ya me doy cuenta…Y la medalla del santo católico de los animales. En la vieja casa de los Farlane había una cruz y santos-recuerdo yo lo que vi al asomarme.

-Oui. Y además hay otro detalle. El apellido Farlane es netamente escocés, Hastings. Explica que se conocieran el veterinario y Montclair-yo suspiro.

-Lo que hicieron esos cuatro con el padre de Miss Farlane fue muy cobarde y muy ruin; preferir culpar a un inocente a pagarle al búlgaro y para evitar las iras de un mafioso. Ahora que lo pienso quizá merezcan lo que les pasó. ¿Recuerda lo que dijo el boxeador? Que ellos prefieren esas venganzas que la muerte porque cargarán con la vergüenza toda la vida-comento yo. Rei asiente-¿Le digo algo, Poirot? Comienzo a entender su idea de la "escala de grises" en la vida. Eso de que no todo es blanco y negro o bueno y malo.

-Es bueno que vaya comprendiendo lo de la escala de grises, Mon Amie, más si va a seguir trabajando conmigo. Por cierto, casi lo olvido. Tengo un regalo para Usted-comenta y abriendo el cajón de su escritorio saca una caja de color gris que me alarga. Yo la tomo y la abro mirando dentro tres preciosos pañuelos de batista suiza, con las iniciales "M.H." bordadas en una esquina.

-¿Y esto?-le digo asombrada.

-Hace tiempo que noté que no tiene muy buen gusto para los pañuelos, Hastings, así que una forma de hacerla desechar los viejos fue el truco en casa de Farlane. Use estos y siempre acuérdese de esta amiga suya quien la ayudó a mejorar su sentido de la moda- asegura mi amiga belga haciéndome reír.

-Gracias, Poirot. De verdad será muy difícil para mí olvidarme de Usted. Nunca en mi vida me imaginé vivir este tipo de aventuras. Atrapar criminales, portar un revólver en el cinto-le aseguro yo. Ella me sonríe.

-Lo hace bien, Hastings. Y sinceramente le agradezco su ayuda y colaboración, pero más su amistad. Entonces…¿Al teatro a las seis?-me pregunta ella.

-A las seis. Usaré en delante mis pañuelos y gracias por la "M" de Mina-le aseguro yo feliz de que no haya puesto la "W" de mi nombre. Ella solo sonríe y yo camino a la puerta. Antes de salir, iba a preguntarle si me prestaba uno de sus sombreros pero al mirarla veo que de entre el escote de su vestido, saca una cadena de oro muy larga con una medalla. ¡Eso si es nuevo! Jamás le había notado a Poirot semejante detalle. Seguro lo oculta. Mi asombro crece más al verla besar la medalla con la misma reverencia con la que Miss Farlane besó la de su Padre. ¿Quién le habrá dado a Poirot esa medalla? Y más aún, ¿Por qué un objeto como ese es tan importante para ella que no cree en nada más que en sí misma?

Así pensando salí del despacho con mi caja de pañuelos y al salir escuché a George hablando con alguien que estaba en la puerta. Curiosa me asomo a mirar y para mi sorpresa en la puerta se encuentra nada menos que Aidan McAllister.

-¿Sir Gawain?...caballero, me parece que está Usted tomándome el pelo-dice el mayordomo.

-Le aseguro que no. Soy amigo de Mina, si le dice eso ella me conocerá-asegura el muchacho de coleta castaña.

-¡Aidan! Buenos días. ¿Qué lo trae por aquí?-saludo yo acercándome. George me mira dudoso-está bien, George, yo atiendo al caballero-el hombre se inclina y se aleja. Aidan me sonríe y los dos estrechamos nuestras manos.

-Buen día Mina. La verdad pasaba por aquí y pensé pasar a visitarla. Como han pasado unos días y no ha ido al teatro…-me comenta el joven.

-Disculpe, Aidan, la verdad es que hemos tenido Poirot y yo mucho trabajo.

-¿Aún el caso del corta-orejas?-me pregunta él.

-Sí, aún eso, pero ya se va resolviendo. Esté al pendiente de los diarios-le respondo yo.

-Estaré sin duda. ¿Y cuándo puedo esperarla en el teatro con su amiga?-insiste él mirándome atento con sus ojos verdes.

-Justamente vengo de su oficina, vamos hoy a la función de las siete-le respondo yo. Sir Gawain me sonríe.

-¡De verdad! ¡Maravilloso! Las esperaré allí. Quizá saliendo de la función pueda invitarles a Usted y Miss Poirot una cena en el Savoy-suplica el chico.

-Seguramente ella dirá que sí y le encantará. ¿Quiere pasar, Aidan? Le puedo pedir a George que nos ofrezca té-invito yo.

-No, no, solo quería saber cuándo irían al teatro. Ahora tengo algo que hacer el Covent Garden. Mejor nos vemos en el teatro, Mina…¿Le parece?-me dice el chico y se pone su sombrero. Cuando hace esto puedo ver que tiene la mejilla manchada de algo negro y sin pensarlo mucho abro mi cajita gris y tomo uno de los pañuelos, limpiando su mejilla.

-Tenía una mancha en su mejilla-le digo. Aidan se sonroja con fuerza.

-¡Qué vergüenza!…creo que fue por estar metiendo unos muebles a casa, debí mancharme.

-No importa. Ya está-insisto yo, pero para mi sorpresa el me quita el pañuelo de la mano y baja de prisa los escalones de la puerta saliendo a la calle.

-¡A las siete, Mina!-me grita despidiéndose con la mano. Yo solo sonrío y me despido de él con la mano viéndolo perderse en la calle a toda carrera. Cuando ya no puedo ver a Aidan, entro a la casa y cierro la puerta tras de mí quedándome recargada en esta y sonriendo al recordar la escena.

-¿Así que ese es el motivo de querer ir al teatro? ¡Mon Dieu! Sí que es guapo. Dígame, Mon Amie, ¿Cómo se llama su novio? ¿Es él el motivo por el cual se volvió más valiente?-escucho la voz de Poirot que asoma la cabeza por la puerta del despacho. Yo me sonrojo violentamente.

-¡Poirot! ¿Qué nadie la enseñó que es falta de educación espiar a la gente?-me quejo sin responderle subiendo las escaleras. Ella sube conmigo.

-No sea escrupulosa, Hastings. Mejor cuénteme. ¿Cómo conoció al apuesto caballero?-me pregunta Rei caminando a mi lado.

-¡No tiene por qué saberlo!-me molesto yo-¿Acaso yo le hago preguntas indiscretas? ¡NO! ¿O me va a decir quién le dio la medalla que esconde en la larga cadena de su cuello?-lanzo yo al llegar arriba. Reindert me mira y parpadea confundida…¡Al fin! ¡Mina Hastings había dejado callada a Reindert Poirot!

-¡No tiene por qué saberlo!-me responde ella usando mis mismas palabras y al final las dos reímos de buena gana. Parece que de alguna forma o de otra, Rei y yo nos estábamos volviendo buenas amigas y muy cercanas. Ella me sigue a mi habitación y me convenzo que le tendré que contar la historia con Sir Gawain para que me deje tranquila; ya averiguaré yo algo sobre su medalla o dejo de llamarme Mina Hastings…

NOTAS FINALES: Un poco más tarde de lo planeado, pero al fin aquí está la continuación. Libre al fin del demonio de la tesis y aprovechando el verano seguro habrá alguna otra historia de Poirot que se me ocurra. Preferí concluir en dos partes que apresurarme o dejar cabos sueltos.

Gracias a todos por leer y por su apoyo, y una disculpa a Miss Hastings, pero al fin aquí queda el chap, ya me dirás qué tal Aidan y sin duda aparecerá en los demás. ¡Merci Mon Amie! Nos vemos en el siguiente…y con calma se irán revelando detalles de la misteriosa vida de nuestra querida detective. Seguro alguna admiradora de Italia nota algunos detalles…¡Au revoir!

ATTE: LADY PHOENIX.

"Cuanto más complicado, mejor, cuanto más imposible, más bello"