CAPÍTULO 7
¿Somos amigos?
Los monjes del templo se habían levantado temprano como siempre, prendieron el incienso de los altares y hacían sus plegarias a los dioses y deidades. Todo esto antes del mediodía.
Los demás guerreros apenas despertaban (excepto Liu Kang y Kung Lao quienes ya estaban entrenando desde muy temprano) y desayunaban lo que los monjes les daban para comer: algunos frutos, pan, cereales, y agua para pasarlo todo. A Johnny realmente le hubiera gustado un desayuno más completo para sentirse satisfecho, quedarse en ese lugar no le agradaba tanto, en especial por la comida.
-Creo que si como pasto, me llenaría más que con esto…- dijo Cage, lanzando una manzana de una mano a otra varias veces. –Lo que daría por algo de carne-
-¿No tienes suficiente con las golosinas que escondes en los templos?- le preguntó Kitana, sonriéndole.
-¿Golosinas?- Johnny rio nervioso -¿Quién… quién te dijo que…?-
-Los monjes te han visto cuando vas y comes a escondidas en los templos, pero prefieren no decirte nada- dijo Sonya, quien hizo que todos soltaran una carcajada. – ¡Si comes tantos dulces vas a engordar!- volvió a regañarlo. Cage se cruzó de brazos en la mesa y le dirigió una gran sonrisa. -Entonces seré gordo y feliz- respondió.
-Realmente no sé de donde sacas tantos dulces…- le dijo Stryker.
-Bueno, soy experto en el contrabando de comida chatarra, es todo lo que te puedo decir- Johnny soltó una carcajada.
Scorpion entró en la habitación, sin su máscara puesta. Uno de los monjes que les servían a los demás se le acercó y le ofreció un plato de frutas y un vaso con agua para que pudiera desayunar. Él sólo tomó el plato con frutas y se dirigió a sentarse a la mesa junto a los demás, aunque hubiera preferido comer solo. La mesa de madera negra en donde todos estaban era muy baja, y todos estaban sentados sobre cojines de seda roja con las orillas bordadas con hilos dorados. Hanzo se sentó en uno de los cojines sin decir una palabra hacia los demás, ya había aclarado anteriormente que no gustaba de charlar mientras comía, y menos con ellos, así que los demás solo ignoraban que estaba ahí.
-¿Y qué hay de Sub-Zero? A esta hora ya debería estar despierto- preguntó Jax.
-¿Ya checaron si todavía está en su habitación?- Jade preguntó, al mismo tiempo que se acariciaba su largo cabello negro adornado con anillos de oro, que caía sobre su hombro derecho.
-Si quieren, iré a ver si…- Stryker no pudo terminar de hablar, pues sorpresivamente Scorpion se había unido a la conversación: -No está dormida.- dijo él –Esta mañana vi cuando salió a hurtadillas de aquí-
-¿Sub-Zero escapó?- Sonya dijo preocupada, todos los demás cruzaron sus miradas entre ellos.
-¡Pudiste haberla seguido!- Stryker le dijo, algo molesto.
-No quise hacerlo.- Scorpion tomó un racimo de uvas de su plato y comenzó a comer sin dirigirle la mirada a los demás. –Con todo el escándalo de anoche, supongo que salir de aquí era una mejor opción. Ella necesitaba pensar algo mejor las cosas, ¿no creen?-
Todos guardaron silencio por un largo rato, pensativos. Finalmente terminaron su desayuno y salieron del lugar para ir a lavarse al río, unos prefirieron ir directamente a entrenar un poco y después de eso, lavarse.
Las horas pasaban y no había rastro de Kuai Liang por ningún lado, y eso comenzaba a preocupar a sus compañeros.
-Si para cuando anochezca no ha regresado, entonces nos distribuiremos para ir a buscarlo- Sonya comentó a sus compañeros.
Esperaron hasta el ocaso. Aún no había rastro del asesino cryomancer por ningún lugar. Los centinelas negaban verlo acercarse o si alguien más había visitado la entrada recientemente. Nada. El cielo se oscureció y los demás se preparaban para ir tras su búsqueda. Jax y Sonya organizaron grupos de tres; Liu, Kung Lao y Nightwolf serían el equipo que saldría primero, buscarían en el interior del bosque y en el río; Sonya, Jax y Jade serían el segundo equipo, buscarían por los alrededores de la montaña, cerca de las cuevas que se encontraban por ahí; y por último, Stryker, Cage y Scorpion serían el último equipo, y bajarían el camino hacia la aldea y recorrerían las calles.
Iniciaron la búsqueda. Le habían pedido a los centinelas que con cualquier pista o seña que hubiera de Kuai Liang, tocaran las campanas. Pasaron las horas y no había campanadas, no había rastro aún de ella. El cielo estrellado pronto se cubrió de nubes grises y negras, el aire fresco de la noche comenzó a soplar frío y húmedo. No tardó mucho tiempo cuando comenzó a caer una ligera brisa sobre ellos. El sonido estruendoso de los truenos se hizo oír en todo el lugar, todos deseaban encontrar a Sub-Zero antes de que empezara la tormenta. No tuvieron tanta suerte. Con el paso del tiempo la brisa se convirtió en lluvia, una intensa lluvia que en cuestión de minutos hizo que el largo camino al pueblo se inundara, haciéndoles imposible a Scorpion, Johnny y Stryker pasar, no tuvieron más opción que volver a la Academia antes de que la lluvia se pusiera peor.
Cuando llegaron ellos tres, se dieron cuenta que los demás también habían regresado antes que ellos. –La lluvia nos bloqueó el camino… Aún nos faltaban unos metros pero no pudimos seguir más- dijo Stryker sacándose la gorra y quitándose el agua de la cara con una mano. La lluvia los había dejado a todos empapados, chorreando de pies a cabeza y los zapatos llenos de lodo, pero Kung Lao había caído en un profundo charco cuando venían de regreso, así que tenía cubierto hasta casi arriba de las rodillas de lodo, que había traspasado las telas de sus pantalones y comenzaba a picarle demasiado.
No tuvieron más opción que posponer la búsqueda hasta la mañana siguiente. Si el camino seguía inundado, podrían tener tiempo suficiente para encontrar otro camino para llegar al pueblo. Después de tener todo decidido, fueron a lavarse para después por fin descansar y levantarse temprano en la mañana para seguir su búsqueda.
El sol ya había salido, todos ya estaban despiertos y listos para seguir buscando a Kuai Liang. Sonya estaba dándoles instrucciones a todos cuando entonces el centinela en turno tocó tres veces la campana. Todos guardaron un gran silencio y se miraron entre todos… ¿Podría ser?... Hicieron que abrieran la puerta. Era ella. Pero lucía algo diferente a como la recordaban.
El sastre con el que había ido aquella madrugada le había confeccionado, con unos uniformes viejos y ropas que no había logrado vender, un nuevo uniforme algo parecido al que tenía anteriormente. Llevaba puesta una túnica azul con bordes negros que le quedaba algo grande del fondo, un poco más debajo de las nalgas; llevaba puesto un cinturón improvisado con una tela azul marino amarrado firmemente a su cintura. Gracias a que sus pechos eran algo pequeños, no tuvo problemas para esconderlos, así que con unas vendas los apretó un poco y simulaba un pecho algo plano.
Los pantalones, según le había dicho el sastre, eran de hombre, pues muchas mujeres del pueblo no pedían ese tipo de prendas, así que sus pantalones de lana marrón oscuro le quedaban algo holgados. Llevaba puestas unas sandalias de madera, y había envuelto sus pantorrillas con unas cintas azules. Y finalmente, había cortado su cabello. Al llegar al templo hace unos días, el largo de su cabello le llegaba casi por debajo de las orejas. Unos cuantos metros antes de entrar esa mañana, vio un lago cristalino por el camino. Llevaba un cuchillo escondido entre las ropas y entonces con él empezó a cortarse cuidadosamente el poco cabello que tenía, mirando su reflejo en el agua del lago para no cortarse de más. Ahora con su nuevo corte de cabello, fácilmente podrían hacerla pasar por un muchacho joven, menudo y despeinado, con cara de muñeca.
Todos estaban impresionados con la nueva apariencia de Kuai. -Lamento no haber avisado antes, fue algo que sentía que era necesario…- les dijo algo apenada, bajando la cabeza. De pronto todos la rodearon y la invadieron de preguntas sobre dónde había y estado, y si se había hecho algún daño. Todos estaban muy preocupados. Kuai se disculpó tantas veces como pudo, hasta que pudo notar que todo volvía a la normalidad.
Pasaban las horas, era mediodía, y toda la mañana se la había pasado entrenando, tratando de acostumbrarse a su nuevo cuerpo. Se sentían tan ligera que a veces sentía que sus movimientos, los golpes que daba, los hacía muy rápidos. No lograba concentrarse, había veces que incluso casi caía al suelo por dar una patada al aire. Obvio eso le molestaba mucho, pero trató de calmarse un poco y decidió ir a relajarse al jardín de la parte de atrás del templo principal, bajo un enorme árbol.
Caminaba pensativa por los corredores empedrados. Por cada paso que daba, el cinturón de tela azul se comenzaba a aflojar y a caer, y tenía que volverlo a amarrar más fuerte. Mientras caminaba sin mirar al frente, chocó accidentalmente con alguien y dejó caer su cinturón. -¡Lo siento mucho!- logró decir, pero después de darse cuenta quién resultaba ser la persona con quien se había topado, cambió a una expresión algo seria. –Ah, eres tú… no te había visto…- dijo mientras se peinaba el cabello hacia atrás.
-Sí, lo sé. Creo que yo tampoco vi que venías.- le respondió. Llevaba su máscara puesta ese momento, y solo sus ojos blancos estaban descubiertos. Mucha gente evitaba mirarlo fijamente a los ojos, pues se sentían algo intimidados, pero Kuai nunca había tenido miedo de mirarlo.
-Estaba arreglando mi maldito cinturón…- pronto se dio cuenta que ya no lo tenía en sus manos. Bajó la cabeza y vio que el cinturón de tela estaba entre sus pies. –Ahí está- exclamó al verlo y se dispuso a recogerlo.
-No, descuida…- dijo Hanzo, poniendo su mano en el hombro de Kuai, y se agachó rápidamente a recoger también el pedazo de tela. –Yo puedo solo, gracias.- dijo Kuai, tomando un extremo del cinturón, y se puso de pie. Luego se dio cuenta que Hanzo también había tomado el otro extremo de la tela azul. Ambos rieron al darse cuenta de la situación. –Creo que esto es tuyo- le dijo Hanzo entre risas entregándole el otro extremo del cinturón.
-Sí, gracias… No tenías por qué agacharte-
-Fue pura cortesía-
-Claro…-
Kuai se pasó la tela por la cintura y le hizo un nudo al frente, amarrándolo con fuerza. –No, no. Con ese nudo siempre se te va a caer, mejor haz esto…- Hanzo desamarró el nudo que había hecho Kuai y volvió a hacer otro, algo complejo pero con mejores resultados. –Listo… ya no debería soltarse tan fácil…-
-Gracias- dijo Kuai en tono amable
-¿No deberías estar practicando?
-Lo estaba. Pero creo que aun necesito acostumbrarme este cuerpo.- Kuai miró con algo de tristeza sus brazos, esos brazos cuyos músculos enormes lo enorgullecían tanto ahora se habían ido. Sus brazos eran más delgados a como los recordaba. –Como sea, iré a descansar un poco en el jardín.- Pero se detuvo antes de preguntarle algo. No sabía por qué, pero sentía que era una obligación preguntarle si deseaba acompañarla al jardín. Tal vez solo por cortesía… o realmente quería que la acompañara…
–Iré a ver más el lugar- dijo Hanzo –Hasta luego.- Y caminó lejos de ella para seguir su camino, pero apenas había dado unos cuantos pasos, la voz de Kuai lo hizo detenerse.
-¡E-espera!- le gritó –Uhm… ¿no quieres acompañarme?- Hanzo se dio la vuelta y la miró algo confundido. Kuai, como a él, usualmente le gustaba estar solo, así que esa pregunta lo tomó algo desprevenido.
-¿Por qué?- le preguntó extrañado
-No sé…- Kuai dijo, encogiéndose de hombros y cruzándose de brazos -…Solo quiero charlar con alguien… creo-
Hanzo inclinó su cabeza hacia un lado. Era extraño viniendo de Kuai, pero a veces las personas necesitaban charlar con alguien sobre ciertas cosas. –Si eso quieres…- y caminó a hacia ella de nuevo.
-Bueno, si tú quieres venir, claro-
-Anda, vamos.- Hanzo la empujó un poco por la espalda.
Llegaron finalmente al jardín, y se sentaron bajo un árbol que proyectaba una enorme sombra bajo sus hojas. Ambos se sentaron en la hierba, aún algo húmeda por la lluvia de aquella noche, pero no les importó. El aire era fresco y el sol era cubierto por algunas nubes. Aquel jardín era un área amplia de césped verde con una fuente de piedra en forma de pez en el centro del lugar, a los alrededores había arbustos pequeños con florecillas de colores variados y largas enredaderas trepando por las paredes de piedra. El árbol donde los dos estaban sentados debajo se encontraba en una de las esquinas, cerca de otra entrada de piedra que conducía a un camino al interior del bosque, que daba a otro templo escondido en la cima de la montaña.
Ambos se encontraban sentados junto al tronco de aquel enorme árbol. Sin decir nada y gozando del silencio del lugar, interrumpido por aves e insectos que habitaban ahí. Hanzo se había quitado su máscara, revelando su rostro de nuevo, el que no había visto Kuai desde hacía ya tiempo. Fue entonces que Hanzo decidió romper aquel silencio entre los dos. – ¿Y de qué querías charlar?-
-No hay mucho de qué hablar.- le dijo mientras se quitaba una hoja que tenía en el hombro - ¿Tú quieres hablar de algo?
-¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí?
-Si quieres solo un rato y volvemos al templo…- Hanzo soltó una leve risa – No, no…- Dijo él -Me refiero a quedarnos en la Tierra-
-Ah, eso. Pues… lo suficiente para acostumbrarme a mi nuevo cuerpo.
-¿Y eso cuánto tardará?- Hanzo parecía que estaba también algo apurado por ir al Netherrealm y acabar con todo de una vez. Kuai pensó en esa pregunta un momento. –Tal vez unos cuantos días- le dijo –Cuando aprenda a no caer al patear a alguien-
-Creo que debes aprovechar que eres más rápido ahora. Puede darte algo de ventaja.- le dijo Hanzo mientras limpiaba con un dedo las partes de su máscara hechas de lo que parecía ser oro.
-Sí… tal vez pueda funcionar…- dijo Kuai, recargando su cabeza en el tronco.
Las horas pasaban, y ellos seguían platicando de diferentes temas, hablaban de sus experiencias de cuando eran más jóvenes, incluso Kuai preguntó cómo es que Hanzo y Bi-Han llegaron a hacerse amigos. –Pues, verás…- comenzó Hanzo -…Yo era el hijo del líder del clan de los Shirai Ryu en aquel entonces. Era casi tan importante como mi padre. Pero no era muy popular entre los niños del pueblo. No me dejaban jugar con ellos, al parecer tenían miedo de, si alguien me lastimaba o algo, los acusaría con mi padre. A veces deseaba que alguien más fuera su hijo, así podría jugar con los demás…-
-Eso es triste…-
-Lo sé. En fin, un día me les acerqué y pregunté si podía unírmeles. Extrañamente, aceptaron, pero no me importó. Creí que por fin me habían aceptado. Me hicieron sentarme y cubrirme mis ojos, mientras ellos me rodeaban y cantaban, para yo adivinar quién estaba detrás de mí. Terminaron de cantar, me quedé pensando un momento hasta que dije el nombre de un niño, descubrí mis ojos y para mi sorpresa, todos se habían ido.
-¡Qué malvados!-
-Sí… Me sentí tan estúpido en ese momento. Corrí hacia el bosque, tan rápido como pude, hasta llegar a una pradera y me quedé ahí. Estaba tan enojado que tomaba lo primero que encontraba del suelo y lo aventaba lejos. Piedras, palos, lo que sea… Yo no lo había visto, pero tu hermano estaba ahí, justo en ese mismo lugar que yo, y accidentalmente lo golpeé con una roca en la cabeza. Vi que tenía ropas azules, sabía que era un Lin Kuei, pero mientras más tiempo pasaba con él, no parecía tan mala persona como mi padre decía que eran los de su tipo.
Siempre nos veíamos, jugábamos y platicábamos de tantas cosas. Incluso una vez planeamos huir de nuestros clanes y viajar por el mundo, solo nosotros dos, un par de huérfanos aventureros… Pero luego nos descubrieron. Y ya nunca nos volvimos a ver hasta mucho después, cuando yo me volví jefe de los Shirai Ryu y él había subido de rango en el Lin Kuei, y decidimos no atacarnos, ya no habría guerra… después de varios siglos por fin habría paz… Lamentablemente no duró mucho. Y el resto de la historia ya lo sabes.-
Kuai escuchaba con atención su anécdota. Sentía algo de lástima por él. Más por el hecho de que su hermano, Bi-Han, había sido el primer amigo que había tenido. No pudo evitar de nuevo preguntarle algo.
-¿Me consideras tu amigo?-
Hanzo la miró curioso por aquella pregunta.
-No me molestaré si dices que no- Kuai volvió a decirle
-Pues…- dijo por fin -…no eres tan idiota como creí que eras- Ambos rieron por su respuesta.
-Gracias, supongo. Tú tampoco eres tan malo-
-A veces solo tienen que conocerme mejor…-
-Entonces, ¿soy o no soy tu amigo?-
-¿Tanto te importa?
-Solo es curiosidad
-Pues… no del todo… tal vez solo un poco
-Creo que con eso es suficiente para mí- Kuai miró el cielo, casi oscurecía. – ¿Ya es tarde tan pronto?- dijo poniéndose de pie, y estiró su cuerpo un poco. –Hay que volver antes de que entren en pánico y vengan a buscarnos.-
Hanzo hizo lo mismo. Se volvió a colocar su máscara y acompañó a Kuai al templo.
[FIN DEL CAPITULO 7]
N/A: Este capítulo la verdad iba a durar un poco más… pero creo que ya se me hacía demasiado pesado para leer, así que este es todo el capítulo. Descuiden, el capítulo 8 lo subiré más rápido que los demás ya que lo tengo algo avanzado y la idea ya está planteada :DD ¿Les gusta la relación que llevan estos dos? Esperen un poco más y se pondrá mejor. Esto es todo por ahora y me despido ¡Gracias por sus comentarios, chicos!
-Shelly
