En mi perfil está el hermoso vestido de Sere. Les recomiendo pasar a verlo.
CAPITULO 7
UNA CENA Y VARIOS SECRETOS
"Cuando uno es joven los pensamientos se vuelven amor, con la edad el amor se vuelve pensamientos."
Albert Einstein.
«¿Cuándo va a terminar esta agonía? ¿Cuándo voy a dejar de sentirme vacía? Ya no se cuanto más pueda soportar. Verlo en los brazos de esa es como si se me abriera un hoyo negro en el pecho que lo consumiera todo, los buenos sentimientos que produce la gente a mi alrededor, las alegrías fruto de mis amistades, el amor incondicional de mi maravillosa madre, todo está eclipsado por la envidia que surge cuando la veo aferrar su mano con la de él, cuando comparten un secreto y ella suelta su molesta y estridente risa, cuando lo besa. Siento que quiero correr y esconderme debajo de una roca donde no tuviera que volver a verlos.
La odio porque me ha convertido en este remedo de persona. Ya no soporto ni mi propia piel. Estoy irritable todo el tiempo y ni siquiera tengo una explicación lógica para mi humor. Y para terminar de completar es él siempre, quien termina interrogándome sobre lo que me sucede.
Veo el dolor en sus ojos cuando lo evado y le aseguro que no me pasa nada. Me siento impotente y una cobarde de quinta. Se que sufre porque sabe que escondo algo y que de poder contarle hasta el más mínimo detalle de mi vida, he pasado a mentirle descaradamente mirándolo a los ojos.
¿Pero cómo podría decirle lo que desconoce? ¿Cómo pasar por alto el pánico que me invade y confesarle que estoy enamorada como idiota de él? Es cuatro años mayor que yo, y a su lado soy una cría. Una puberta, como me llamó la novia trofeo que se consiguió. ¡No la soporto! Quisiera que desapareciera, que se esfumara, que la raptaran los extraterrestres y no regresara jamás.
¿Por qué él no se da cuenta que esa tipa no es la indicada? ¡Ellos no tienen nada que ver! Ella es una zorra estirada y cruel, mientras él es la persona más sencilla y dulce que he conocido. Es que la muy ignorante ni siquiera entiende sus chistes. No creo que la conversación fluya entre ellos de la manera fácil como lo hace entre nosotros.
Estoy segura que ella no aprecia esos pequeños detalles que lo hacen tan único. ¿Acaso ve el brillo especial que se enciende en sus ojos cuando habla de todo lo que quiere hacer una vez sea médico? ¿O la manera en que frunce el ceño cuando está profundamente concentrado cuando lee? ¿Nota ella que cuando está nervioso se pasa las manos por el cabello más que de costumbre? Apuesto a que no se ha fijado en la risita tonta que se le escapa cada vez que se siente incómodo con algún tema.
Pero a todas estas, ¿de qué me sirve a mí saber todo eso? ¿Qué gano yo con saber que él adora ver los atardeceres desde el techo de su casa o desde la terraza de mi cuarto? ¿En qué me beneficia a mí el estar conciente de que la primavera es su estación favorita porque considera que es cuando las rosas rojas que planta con su mamá florecen mejor? ¿O que si está molesto no hay nada mejor con qué comprarlo que con un chocolate? ¡Maldita sea! ¿Qué rayos saco con estar pendiente de cada movimiento suyo cuando estamos juntos?
Estoy demasiado cansada. Lo único que quiero es paz. Quiero sentirme bien por dentro y no que me rompo en pequeños jirones cada vez que lo veo darle a ella las miradas que deberían ser para mí. Quiero que esta desesperación que me carcome se vaya y no regrese. Quiero desterrar esta angustia que me aprisiona el pecho y no me deja respirar como debe ser.»
Contuvo la respiración, mientras el recuerdo de aquella horrible tarde se sumergía en ella. El pecho se le contrajo y se sintió tan invadida de dolor, como aquella vez. De vez en cuando cedía a la angustia, a la desesperación de ver a Darien cada vez menos suyo, aunque nunca lo hubiese sido en realidad. Le quedó un regusto amargo en la boca.
Con Beryl era con quién más había sufrido. A Molly ni siquiera la contaba como su novia, Neherenia como había llegado se había ido, y a Saori, quién había seguido a Beryl, jamás la consideró competencia. Luego vino Kaoli y con ella siempre todo fue muy diferente. Pero Beryl, esa maldita sí logró hacer de su existencia un verdadero infierno. Por aquellos tiempos se sintió como una auténtica adolescente. Estaba molesta todo el tiempo, se irritaba sin razón, no se aguantaba ni ella misma. Su mamá le decía que era normal, que era solo una fase que pasaría pronto, pero aquel había sido el tiempo más incómodo por el que había pasado.
Tener a la bruja mayor todo el día encima de Darien, refregándole en la cara su asquerosa presencia, le daba ganas de vomitar. Y a través de su diario recordó con claridad de medio día, lo horriblemente contrariada que vivía. Flotando a la deriva en un mar de contradicciones. Deseando estar con Darien, pero a la vez rogando al cielo que desapareciera de su vista con su jodida novia. Fue entonces cuando las palabras de Mina cobraron verdadero sentido. ¿Podría con esto? ¿Sería capaz de manejarlo sin exponer despiadadamente su corazón?
Hasta ahora todo lo que había leído había estado en una nota ligera y bastante placentera. Experimentar nuevamente esa sensación de desesperación tan abrumadora, la había tomado con la guardia baja. Ella respiraba el aire que él le daba. Darien había sido su mundo entero y eso casi acaba con ella. Al final de todo aquello, lo único que rogaba a Dios en sus oraciones era algo de paz. Ya ni siquiera pedía que él la notara; lo que deseaba era sacarlo de su corazón, porque dolía más pensar en no estar cerca de él en absoluto, que ser tan solo su amiga.
Y realmente quería ser su amiga; quería ser esa que siempre lo escuchaba y en la que podía confiar sin que el corazón le terminara en ruinas cada vez que le contaba algo en confidencia. Deseaba tanto superarlo; imploraba a los cielos que el tiempo pasara y poder ver aquellos días como un tonto periodo de enamoramiento pasajero.
Ahora que los días, los meses y los años habían transcurrido, encontraba que estaba peligrosamente cerca del borde de aquel precipicio, de ese lugar tan increíblemente doloroso. Lista a descender en caída libre si no cuidaba su conducta; si permitía que su corazón la guiara por el camino equivocado e interpretaba aquel acuerdo y todo lo que venía con él, como algo más que placer. Su vida no podía ser este ciclo redundante; no podía reducirse a seguir tropezando con la misma piedra. Él nunca sería lo que ella un día había querido y mientras la diversión no se acabara, no tenía por qué complicarse.
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Comenzó a vestirse luego de una embellecedora ducha caliente en donde se tomó el tiempo de consentirse con el agua reparadora y de paso aclarar un poco su mente. Se permitió desconectarse por completo del mundo y poner su cabeza en blanco alejando por lo menos momentáneamente todo lo que había estado hilando durante el día.
El estado de sopor mental en el que la había sumergido el baño, era cómodo y relajante. No quería salir de él. Por lo menos no hasta que fuera absolutamente necesario y vestirse y terminar de arreglarse, era algo que no requería mayor cantidad de su atención.
Se enfundó en un vestido azul que había comprado la última vez que había estado en una de las maratones de compras de Mina. Ella la había obligado a probárselo y aunque lo hizo a regañadientes, luego de echarse un vistazo en el espejo, había notado que la prenda le sentaba estupendamente.
Lo subió suavemente por sus largas piernas, sintiendo en cada centímetro el exquisito tacto de la seda sobre su piel desnuda. Acomodó sus pechos dentro del escote y luego ató los delicados lazos que se cruzaban en la espalda descubierta en un coqueto nudo.
Ya su mente comenzaba a despertar pero decidió que en lugar de seguir dándole vueltas a lo mismo, concentraría su atención en la cena que le esperaba. Ami definitivamente estaba demasiado misteriosa con todo el asunto. Por más que habían intentado averiguar por distintos frentes de qué iba tanto hermetismo, no habían logrado sacarle ni media palabra.
Otra cosa intrigante, era la vestimenta que había requerido. En la casa de los padres de ella siempre habían sido algo formales, pero ir de etiqueta y vestido parecía demasiado para que se tratara de alguna trivialidad. ¿Y por qué iban todos? Hacía mucho no se reunían todos en el mismo lugar y ella había solicitado y hecho énfasis en que era importante que estuviera cada uno de ellos.
Se alisó el cabello. Quería verse lo más prolija posible. Si esto estaba demandando tantas especificaciones, debía ser importante para su amiga y no quería decepcionar. Maquillaje natural y ya casi estaba lista. Se puso las sandalias que hacían juego con el vestido y buscó el rosario de plata que le había heredado su abuela, una señora bonachona y alegre que en sus años otoñales había dedicado su tiempo a complacer a sus nietos. La pieza encajaba perfecto con sus aretes y la pulsera también de plata en su mano derecha.
Se miró en el espejo de cuerpo completo y soltó un largo suspiro. Últimamente cada paso que daba, cada acción del día, la realizaba pensando en la reacción de Darien. ¿Le gustaría como se había arreglado? Sacudió la cabeza recriminándose.
No podía seguir así. Si quería que el acuerdo que tenía con él funcionara, tenía que mantener las cosas lo más simples posible. Leer sus diarios había resultado bastante útil. Ahora recordaba todas las equivocaciones que había tenido en el pasado, ya fuera por inexperiencia o por falta de cuidado. Y andar pensando en él a cada momento del día no era lo más sabio por hacer.
Se puso algo de perfume y se dio la última mirada al espejo. Juntó sus llaves, su billetera y el lápiz labial para retocarse en su bolso y estuvo lista para salir.
El recorrido en auto fue breve y pronto estuvo frente a la gigantesca casa de los padres de Ami. Tocó el timbre y fue recibida por un hombre muy elegante que le indicó el camino hacia el jardín trasero luego de que ella le hubiese informado quién era y le entregara su abrigo.
Se detuvo a unos cuantos centímetros del prado verde antes de salir, observando desde las puertas corredizas de cristal. El lugar estaba encantador. Había una enorme mesa vestida con un mantel blanco, dispuesto con cubiertos de plata y copas de cristal. Todo estaba iluminado con lamparones de luz amarilla que daban una atmosfera íntima. En la ciudad hacía ya bastante frío y más en las noches, pero había paneles de calefacción dispuestos por todas partes y casi pudo sentir que estaba más cálido allí, que dentro de la casa. Al parecer solo habían llegado ella y Darien.
Él y Ami parecían enfrascados en un serio diálogo. Tenía apariencia de ser algo académico; ambos gesticulaban con las manos. Los dos se veían de ensueño. Él con su esmoquin completamente arrebatador y ella sobria y elegante en su vestido negro.
Ami soltó una carcajada echando su cabeza hacia atrás y luego tomó un sorbo de su champaña. Serena sonrió. Parecía mentira verla tan desenvuelta. La recordó tímida y algo amedrentada, como la viera por vez primera. ¡Era una mujer tan brillante! Cuando la conoció se sintió un poco celosa. Ami y Darien compartían su intelectualidad a un nivel en el que ella no podía competir. Pero no eran los celos habituales y casi enfermizos que la acompañaban constantemente; era más bien la sensación de sentirse inadecuada. A Ami le tenía profunda admiración. La interna de Darien, el pequeño ratón de biblioteca, había recorrido un largo camino.
-Se ve muy hermosa, ¿verdad?
La voz sobresaltó a Serena. Estaba tan ensimismada, que no había notado que el padre de Ami contemplaba al igual que ella lo hacía.
-Verdaderamente lo es. –Contestó.
El señor Mizuno era pintor. Desde que Ami era muy pequeña se había divorciado de la señora Mizuno pero conservaban unas relaciones envidiablemente amistosas. Por su trabajo, siempre vivía viajando pero ya lo había visto unas cuantas veces, por lo cual no era un extraño.
-¿Cómo estás Serena? Ha pasado ya algún tiempo desde la última vez.
-Muy bien señor Mizuno. –Dijo con una sonrisa– ¿Y usted?
-Bien, bien. Tú también estás muy hermosa esta noche.
-Muchas gracias. Usted no está nada mal tampoco. Me pregunto a qué se debe tanta formalidad. –Soltó la carnada tentativamente. Así fueran unos cuantos minutos de adelanto, le habría encantado saber el porqué de la reunión.
-Todo a su tiempo, hija mía. Ya pronto sabrás el gozoso motivo que nos reúne.
-Serena, hija, ¡que hermosa te ves! –Declaró la señora Mizuno uniéndose a la conversación. Habló con el volumen suficiente para que los presentes notaran que estaba allí.
Darien giró y sus miradas se trabaron la una en la otra. La madre de Ami abrazó a Serena, pero viendo por encima de su hombro la rubia no apartó la vista de los magnéticos ojos medianoche.
-Muchas gracias, señora Mizuno. Le agradezco mucho el haberme invitado esta noche.
-Eres una de las amigas más cercanas de Ami, era imperativo que estuvieras presente hoy. Lamento llevarme a tu compañía, pero necesito robarme a Kiyoshi unos minutos.
-Pierda cuidado, yo entiendo.
Los dueños de casa desaparecieron por un pasillo de camino a la cocina. Ella se volvió hacia el lugar desde donde Darien aun la miraba. Se acercó a ellos con paso tranquilo.
-Ami Mizuno, me tienes en ascuas desde hace dos semanas. ¿Me podrías explicar a qué se debe esta reunión? –Le dijo mientras la abrazaba– Estás deslumbrante.
Ella se sonrojó. Al parecer su timidez irredimible aun no desaparecía del todo.
-Gracias por el piropo Sere. Tú tampoco te quedas atrás.
-Sí bueno, con tanto misterio, quise estar lo más presentable posible. –contraatacó de nuevo.
-Creo que estás mucho más allá de presentable. –Eludió la peliazul nuevamente.
-¿Me vas a decir al fin el por qué de tanto secreto?
-No seas curiosa y ten paciencia.
La rubia se volvió hacia Darien y saludó. -Tú también estás muy guapo. –Le dijo mientras se acercaba para darle un beso en la mejilla. Él envolvió un brazo en su cintura y la atrajo más hacia sí, reteniéndola unos cuantos segundos. El deseo corrió crudo por su cuerpo haciéndola temblar como una hoja.
-Muchas gracias por el cumplido. –Le susurró con voz ronca en el oído. El timbre de sus palabras reverberó por su columna como si de un escalofrío se tratara.
-¿Cómo te fue? –Indagó algo pasmada. Él la soltó lentamente.
-Todo estuvo de acuerdo al plan. El pequeño fue un verdadero guerrero y todo salió muy bien. –Darien hablaba satisfecho, exultante, con ese brillo que adquiría su mirada cuando se refería a lo que tanto le gustaba hacer.
-Lamento dejarlos solos, pero necesito buscar a Richard. –Se disculpó Ami.
-No te preocupes, quiero escuchar los detalles del viaje de Darien, eso nos mantendrá ocupados un rato. Ve a hacer lo que necesitas.
-No tardo. Serena enviaré a uno de los meseros para que te traiga champaña.
Ami partió en busca de su media mitad para darles a esos dos un poco de espacio. Serena y Darien eran sus dos mejores amigos y a todas luces se veía que estaban perdidos el uno por el otro, aunque ninguno de los dos lo hubiera notado todavía.
Gracias a Serena tenía ese círculo de amigos tan maravilloso. Fue ella quien la sacó del caparazón en el que vivía. Cuando llegó a hacer su residencia en el hospital y conoció a Darien, él la intimidó. Era tan inteligente, tenía una excelente reputación; era su superior y su mentor. Sentía la necesidad de esforzarse al 200% para no defraudarle.
Un día encontró a Serena vagando por los pasillos del hospital. Ella se acercó y le preguntó si conocía al doctor Chiba. Cuando Ami le contestó que era una de sus internas, la rubia le preguntó si sabía dónde se encontraba. Ami se ofreció a llevarla con él y Serena de la nada, le dio un abrazo suspirando aliviada. Había pasado veinte minutos intentando localizarlo pero el hospital era enorme y no había logrado dar con él.
Por una vez en la vida, Ami se sintió a gusto al conocer a una persona nueva. La calidez en los ojos de Serena le había dado la sensación de conocerla desde hace años. Charlaron durante todo el camino; bueno, Serena habló pero Ami se encontraba realmente interesada en lo que decía. Le cayó bien de inmediato.
Días después la amiga de su jefe llegó buscándola para invitarla al cine con algunas de sus amigas. La recibieron todas con los brazos abiertos. Eso nunca antes le había pasado. Por lo general la gente la pensaba presumida por su buen desempeño académico y la envidia le ganaba a las buenas intenciones. Hasta que Serena entró en su vida, tuvo un camino muy solitario; ahora estaba rodeada de tanta gente que la amaba, que casi le parecía mentira.
En cuestión de media hora la casa de los Mizuno se llenó de gente. Todos conversaban amenos en un ambiente de camaradería. Si hubiese dependido de Ami, ella solo habría invitado a sus amigos y sus padres naturalmente, las personas más allegadas a ella. Sin embargo, la señora Mizuno había insistido en que era importante invitar a algunos miembros familiares para hacerlos también partícipes. Sus padres habían insistido en esta reunión formal.
Pronto llamaron a la mesa. Todos los comensales se ubicaron en su sitio y la conversación se mantuvo desenvuelta durante la comida. Todo había estado delicioso. De pronto, el papá de Ami se levantó y dio pequeños golpecitos a su copa con un cuboierto para atraer la atención de los presentes, aclarándose la garganta antes de hablar.
-Quiero agradecerles a todos por haber venido esta noche. Es un verdadero placer atender a tan espléndidos invitados. Es momento de rebelarles a todos el motivo de esta reunión y compartirles nuestra gran alegría. Akira y yo estamos increíblemente felices de anunciar que nuestra pequeña Ami va a casarse.
Todo el mundo quedó silencioso por un segundo y después un zumbido de felicitaciones se extendió en el aire. Aquellos que se encontraban cerca de la pareja de prometidos, les abrazaron. Solo uno de los presentes no se alegró con la noticia, aunque lo disimuló muy bien con una sonrisa educada.
-Richard ha pedido nuestro consentimiento y no hemos encontrado ningún motivo para negárselo. Sabemos que amas a Ami con un corazón sincero y hoy celebramos este nuevo camino que están a punto de comenzar. –El patriarca levantó su copa y los demás lo imitaron– Por Ami y Richard.
Todos corearon las palabras y bebieron un sorbo de su champaña.
Al finalizar la cena, los invitados se esparcieron alegremente por el jardín, charlando despreocupadamente y bebiendo de los cócteles repartidos. Serena estaba con Haruka, Michiru, Mina y Malachite debatiendo en dos bandos porque los hermanos Tenoh aun no estaban del todo convencidos en participar en la subasta a beneficio del fondo pro-bono del hospital.
A pesar de ser un asunto de suma importancia, Serena estaba teniendo serios problemas para concentrarse en la conversación. Mirando de reojo, captaba la intensa mirada de Darien sobre ella. Parecía ridículo, pero tan solo el hecho de tenerlo estudiándola de esa manera, la hizo sentirse acalorada.
Se disculpó con sus acompañantes diciendo que necesitaba usar el servicio y entró en la casa, perdiéndose tras las puertas de vidrio. Unos minutos después, la mamá de Ami pidió que se reunieran para que el fotógrafo pudiera retratarlos. Tenían la intención de enviar algunas fotografías al periódico y también querían algunas cuantas para el álbum familiar.
Al conglomerarse todos, Akira notó que faltaban seis de los presentes. Su hija había desparecido junto con los hermanos Kou, los Chiba y Serena. Lita amablemente se ofreció a buscarlos y se internó en la casa.
La mansión Mizuno era enorme y se dispuso a ser lo más eficiente posible. Entró a la cocina, al comedor y a la sala principal, pero no halló a ninguno. Revisó el baño de la primera planta y la salita de mañana sin éxito. Solo quedaban dos habitaciones en el primer piso: el estudio y la enorme biblioteca. Inspeccionó el primero y al no encontrar a nadie se dirigió a la segunda.
Desde afuera se oían voces amortiguadas. Lita empujó la gran puerta de madera sin llamar antes y esta cedió suavemente sin hacer mayor ruido. La castaña se quedó helada cuando vio a la pareja adentro. El aliento se le atascó y el corazón se le saltó varios latidos. Sabía que estaba mal espiar pero realmente no se sentía capaz de apartar la vista.
Atrapada entre el escritorio de cedro oscuro y la imponente forma masculina, Ami forcejeaba para que Taiki la soltara y protestaba en susurros.
-¿Qué diablos es lo que pretendes? –Inquirió ella retorciendo las muñecas de donde él la tenía tomada.
-¿Qué pretendes tú? ¿Realmente esperas que me coma el cuento de la parejita feliz? ¿Cuánto va a durar esta payasada del compromiso? –Preguntó él de vuelta, recorriendo con sus manos el menudo cuerpo de la peliazul.
-¡No es ninguna payasada! –Contestó en un susurro exasperado– Richard y yo nos AMAMOS. No espero que entiendas lo que es eso.
-No intentes engañarme Ami. Te conozco mejor que a mí mismo. Se que si en este momento tiemblas no es porque estés asustada. Se que mi cercanía tiene en ti el mismo efecto que tienes tú en mí. –Afirmó pegándola más contra él.
-Tal vez sea así. Pero el deseo no es amor Taiki. –Le contestó intentando girar la cara al ver que él se acercaba con intención de besarla.
Lita se aclaró la garganta mientras empujaba aun más la puerta para que ellos notaran que estaba allí. Ambos voltearon a verla sorprendidos. Ami con el terror desfigurando sus rasgos y Taiki parecía ¿decepcionado? Tal vez esperaba que fuera Richard y no ella quién los descubriera.
-Lamento interrumpir, pero tu mamá nos quiere a todos para tomar algunas fotografías. –Pronunció Lita justificando su presencia.
Taiki soltó a Ami y salió de la biblioteca sin decir nada. Ella se quedó estática en donde él la había dejado. Lita se apresuró a llegar a su lado mientras su amiga le echaba los brazos al cuello y sollozaba quedamente.
-Shhh, tranquila. Todo está bien. –Intentó tranquilizarla.
Lita llevó a Ami a la segunda planta y la dirigió al baño más cercano. Al intentar girar el pomo, se dio cuenta que estaba cerrada. En el interior, Serena intentaba refrescarse el calor producido por la sola mirada fija y penetrante de Darien. No entendía cómo era que lograba trastornarla tanto, y se preguntó si ella tendría el mismo efecto en él. Al sentir que forcejearon con la cerradura, abrió la puerta y se encontró con la nada bonita imagen de Ami.
Entre ella y Lita la internaron en el servicio, para que se rociara algo de agua en el rostro y se sosegara. Serena no preguntó y Lita y Ami tampoco explicaron nada. Cuando Ami se tranquilizó salieron al pasillo, encontrándose con Rei a medio camino recorrido. Serena le dio una mirada elocuente alusiva a Ami y ella las acompañó el resto del recorrido hasta el comienzo de la escalera. Yaten apareció por otro de los pasillos con cara de confusión y alivio al verlas.
-Gracias a Dios que las encuentro. Esta casa es demasiado grande y me perdí buscando un baño. –Dijo uniéndose a ellas.
-Será mejor apresurarnos. La señora Mizuno nos espera hace ya rato. –Respondió Lita, comenzando a bajar la escalera.
Cuando volvieron al jardín, Darien ya estaba allí y un minuto después, Seiya también regresó. Richard se apresuró al lado de Ami y al ver su rostro le preguntó si estaba todo bien. Ella le aseguró que no ocurría nada y lo besó con necesidad, aferrándose a él y al compromiso que habían adquirido. Eso era lo que la mantendría cuerda.
Tomaron las fotografías y Ami anunció que sus amigos, su prometido y ella se retiraban, ya que tenía planeado que salieran a un club nocturno.
Una vez llegados al sitio, se dispusieron a acomodarse en una amplia mesa junto a la pista de baile. Estaba bastante oscuro y solo una opaca luz azul de neón era toda la iluminación del lugar. Pidieron la primera ronda de tragos mientras volvían las felicitaciones a los labios y los abrazos se diseminaban por doquier. Todos estaban realmente felices de ver que Ami había encontrado a su compañero. En la esquina más lejana a los prometidos, Taiki observaba receloso.
Lita pendiente del intercambio, se apresuró a maniobrar para darle a Ami un respiro.
-¡Vamos a bailar! –Invitó, tomando a Andrew con una mano y Ami con la otra.
-¡Eso es Lita! –Secundó Mina ya arrastrando a Mal.
En seguida Rei tomó de la Mano a Yaten y a Seiya siguiendo a Mina.
-Mueve el trasero Chiba. –Le dijo Serena a Darien, jalando de su mano para llevarlo a la pista.
El sitio empezó a llenarse con Let's Dance de Vanessa Hudgens. La mocosa no era de su predilección, pero después de pasar el día devanándose los sesos con recuerdos viejos, lo único que quería era divertirse y la música no estaba mal para hacerlo.
-Tú sabes que no bailo. –Repuso él, maniéndose inmóvil en el asiento.
Así que se iba a poner en plan de terquedad.
-¿Estás seguro que no quieres hacer una excepción esta noche? –Le ronroneó al oído.
Lo miró divertida, caminando hacia atrás y sin desviar la mirada de la suya, comenzó a moverse con la música haciendo que el suave vestido ondeara de forma hipnotizante.
It's so hot
I can't stop
The music fills the room
Vibrations
Sensations
That beat goes boom boom boom.
I've got to keep it together
I've got to keep it together
I've got to keep it together
Watch the crazy people dance
Santo Dios. El movimiento sinuoso de sus caderas lo había puesto duro en el instante.
Let's dance (let's dance)
Show me (show me)
Hold me (hold me)
Control me (yeah)
Let's dance (right now)
Take me (take me)
Shake me (shake me)
Make me (make me)
Serena se contoneaba sensualmente con sus ojos sobre él, paseando sus manos por toda la longitud de su perfecto cuerpo. Lo estaba incitando, y cuánto éxito había tenido. El pulso en sus venas se había convertido en un río caliente y desbordante de excitación. No solo él la miraba con atención. Toda la maldita población masculina del club era incapaz de despegarle el ojo de encima.
Just like that
Don't hold back
Get crazy on the floor
We'll have fun
All day long
And then we'll still want more
I've got to keep it together
I've got to keep it together
I've got to keep it together
Watch the crazy dance
Se tomó de golpe el trago que tenía en la mano y caminó hacia ella envolviéndola en una ardorosa mirada. Quiso transmitirle con los ojos la acuciante necesidad de ella que lo carcomía por dentro. Si Serena supiera que no hubo segundo del día durante su ausencia en que no pensara en ella, tal vez se asustaría. Había mucho que tenía por decir, pero aun no era el momento.
Cuando al fin posó sus manos en su cintura, algo en ella explotó. Su corazón se disparó sin control y el deseo por él, se extendió por cada fibra de su cuerpo.
Let's dance (tonight)
Show me (feels so right)
Hold me (hold me tight)
Control me
Let's dance (right now)
Take me (spin me round)
Shake me (shake me down)
Make me
Compaginados hasta lo más mínimo, bailaban como si fueran uno solo. Darien apretó su agarre en la cintura de Serena y ella pasándole los brazos por el cuello, se pegó a él hasta que no hubo ni aire entre sus cuerpos.
Look in my eyes
You'll realize
We can't deny
I'm into you and you're so into me
And you know you can't fight what is meant to be (let's dance)
Él enfocó sus profundos ojos en los orbes celestes de ella y se sintió como si quisiera decirle algo. El brillo entre todo el azul medianoche, penetró en ella y quiso desesperadamente saber cuál era el mensaje implícito en aquellos ojos.
Durante algunos segundos se sumergió en una burbuja extasiada donde solo existían los dos; sin música, sin nadie alrededor. Solo su mirada y sus fuertes brazos quemando en su espalda descubierta. Los labios le hormiguearon y lentamente comenzó a acercarse a su boca. En ese instante, Mina chocó contra su espalda, sacudiéndola abruptamente de su ensoñación.
Let's dance (tonight)
Show me (feels so right)
Hold me (hold me tight)
Control me
Let's dance (right now)
Take me (spin me round)
Shake me (shake me down)
Make me
La música regresó de golpe a sus oídos y desorientada, miró hacia ambos lados comprobando que nadie los estuviera viendo, mientras Darien hacía lo mismo. No podía creer que por poco lo hecha todo a perder.
Y Ami que andaba prevenida al ver que Taiki y Richard se habían quedado los dos en la mesa y por tal razón estaba alerta observando todo a su alrededor, no perdió detalle del pequeño lapsus de su par de amigos. Al parecer ella no era la única con un secreto pisándole los talones.
Habiendo recobrado el sentido común, Serena y Darien bailaron unas cuantas piezas más y él regresó a sentarse, mientras ella se dirigía al bar.
Desde la mesa, Darien continuó dirigiendo su atención hacia ella. Era su grácil caminar y la sonrisa de cortesía que le dio al barman para ordenar su bebida, la forma como delicadamente se apartaba un mechón rebelde del rostro e incluso la manera tranquila del sube y baja de su pecho. Todo sobre ella le fascinaba, le atraía como la miel atrae a las abejas.
Ella extrajo su celular del pequeño bolso de mano que llevaba y lo examinó frunciendo el ceño. Unos segundos después la concentración en el dispositivo fue distraída, por un tipejo que se paró a su lado y le dijo algunas palabras. Ella sonrió, pero fue una sonrisa de fastidio, un gesto de irritación. Serena le contestó algo asintiendo y la cara del tipo se contorsionó.
El sujeto insistió y Darien decidió que hasta ahí llegaba su paciencia, así que se encaminó hacia la barra. Cuando estuvo a punto de intervenir pudo oír algo de la conversación y recordar de paso el motivo de que Serena fuera perfectamente capaz de defenderse por sí misma.
-…otro lado. ¿No te he visto en otro lado? –Dijo el molesto personaje con un triste intento de tono seductor.
-Claro que sí. Es por eso que ya no voy por ahí. –Respondió calmadamente ella, tomando un sorbo de su Tom Collins.
-Vamos, estoy seguro de que nos conocemos. ¿No me puedes dar tu nombre? –Que insistente era el individuo.
-¿Por qué? ¿No tienes tú uno?
Darien reprimió una carcajada por el ingenioso comentario. Definitivamente no quiso estar en los zapatos del pobre desgraciado. Al fin se rindió al aceptar que de ella no obtendría nada más que sarcasmo y se retiró derrotado.
Serena volvió a inspeccionar su celular, frunciendo el entrecejo nuevamente.
-Pobre tipo. –Le dijo en voz baja al oído mientras tomaba asiento en la silla de al lado. Ella saltó sobresaltada.
-¡Darien! Me haz dado un susto de muerte. –Le dijo llevándose una mano al pecho.
-Perdona. –Se disculpó con la confusión escrita por toda la cara– ¿Está todo bien? –Inquirió intentando echar un vistazo al celular que ella sostenía.
-Sí, por supuesto. –Rápidamente el aparato volvió a la cartera de mano– Hace un segundo, dijiste algo, ¿qué era?
-Estaba diciendo que pobre tipo. Creo que le has curado de cualquier intención de intentar ligar en un bar.
-Querrás decir que les he ahorrado la molestia a un par de mujeres. Con esa técnica tan pobre, ni aunque fuera el último espécimen en la tierra podría conseguir nada.
-Pareces versada en el tema. Me encantaría que me enseñaras cómo es que debe hacerse. –Propuso entre divertido y seductor.
-Voy a dejar mi cartera en la mesa y ya regreso para darte una lección que no olvides en tu vida.
Mientras ella iba de vuelta a la mesa Darien reflexionó que ciertamente había dejado claro que no quería que él estuviera cerca de ese celular ni por casualidad. Se preguntó qué sería lo que había visto allí y por qué había eludido de manera tan hábil el contarle de qué se trataba, manteniendo oculto lo que fuera que la había perturbado.
Antes de que encontrara una respuesta, ella ya estaba allí sentándose a su lado. Le hizo una seña al barman.
-¿Qué puedo servirles esta noche? –Preguntó con una sonrisa profesional.
Darien pensó que ella ordenaría primero, pero al solo haber silencio, lo hizo él.
-Un escocés en las rocas, por favor. –Pidió cortésmente.
-Yo quiero… mmm… no lo se. La verdad no se mucho de bebidas. ¿Qué me recomienda usted? –Le dijo con una mirada en apariencia inocentemente curiosa. Serena parecía genuinamente indecisa y poco experta.
¿Así que la lección ya había empezado? Huh. Y al parecer eran un par de desconocidos.
-Bueno señorita, eso depende de sus planes para la noche. –Contestó Darien en voz grave y cautivadora– ¿Desea embriagarse o solo quiere probar algo nuevo?
Ella fingió pensarlo un minuto. –Creo que quiero divertirme. Pero por favor, no vaya a aprovecharse de mí, se lo ruego. –Pidió inclinándose hacia él y tocando suavemente su brazo con la mano– Eso sí le advierto que aquí entre nos, no me gusta nada con sombrillitas.
¡Qué maravilla!si no la conociera mejor que a la palma de su mano, su pequeño acto le habría convencido más de lo que ya lo hacía. Era perfecta; abierta a un poco de diversión y dispuesta a ser enseñada en lo que "no sabía". Serena tenía espléndido un conocimiento de la psiquis masculina. Los hombres amaban poder lucirse con despliegues de conocimientos frente a las inexpertas damas. Nada como un buen subidón de ego, para que el hombre se sintiera confiado.
Además como bono, mostraba que se separaba de las demás al implicar que deseaba algo más fuerte que un coctel frutal.
-Entonces, señorita…–Dejó la frase en el aire para que ella continuara. Otra buena movida. Era él quién estaba pidiendo su nombre a pesar de haber sido ella quien lo abordó.
-Serena. –Completó con una sonrisa coqueta.
-Serena… –Pronunció la palabra como acariciándola– creo que a mi consideración, el trago para usted esta noche sería un Festrus.
-¿Y podría explicarme sus motivos…? –Ahora ella utilizaba el mismo movimiento, dejando su frase sin acabar.
-Darien. –Le informó– Pues resulta que el Festrus es un trago que puede prepararse con fruta pero en este caso, creo que lo mejor es que lo prepare simple. –Le indicó al bartender, que en el mismo momento fue a preparar las bebidas– Es una bebida a base de vodka. No es tan fuerte como para que se desmaye al beberlo, pero puedo asegurarle que le mantendrá el ánimo arriba toda la noche. Además debo añadir que es un trago elegante, que creo yo, si me permite decirlo, hace juego con usted perfectamente.
Serena sonrió cómplice. –Creo que se lo ha pensado todo muy bien Darien. Muchas gracias por el cumplido mimetizado en sus palabras. Le agradezco infinitamente su ayuda.
-Fue un placer Serena. Se lo aseguro. –Le dijo, dándole una mirada insinuante.
El mozo regresó con las bebidas y con un 'Que disfruten', se retiró al otro extremo de la barra.
Serena acercó la copa a sus labios y cuando el licor entró en contacto con su lengua, cerró los ojos y emitió un gemido de puro placer. Cada nervio en el cuerpo de Darien se encendió.
-Creo que ha usted acertado con su recomendación. –Declaró Serena sin mirarlo todavía.
Cuando giró su rostro hacia Darien, aquellos ojos la veían completamente oscurecidos por el deseo. Su mirada ahogada en pasión, hizo que el pulso se le acelerara. Él puso su mano en su brazo justo antes del codo, y allí donde la tocó, su piel quemó.
Llevándola por el brazo y cuidando que ninguno de sus amigos estuviera viéndolos la condujo a los servicios de mujeres. Entraron a uno de los cubículos vacíos y apenas hubo cerrado la puerta, se abalanzó sobre ella cubriendo su boca con los labios. ¡Dios! Había estado deseando hacer eso hacía tres días y qué bien se sentía.
Sus manos recorriéndola por todas partes, su lengua acariciando lujuriosamente la suya, su cuerpo apretado contra el de él, todo indicaba que la combustión espontánea sí existía y que ella estaba a punto de experimentarla. Con sus manos en su musculosa espalda lo atrajo más contra ella aunque no parecía físicamente posible.
Sus amplias y varoniles manos, se posaron en su trasero y Darien descubrió con muy grata sorpresa, que bajo el vestido, Serena no llevaba nada más. Tomó una torneada pierna desde la pantorrilla con su mano y la deslizó por toda la longitud, arrastrando al tiempo el vestido hasta el muslo. Serena ya se había encargado de desabrocharle los pantalones y de liberar su palpitante miembro.
Acomodó la pierna en su cadera y sin más preámbulo, se hundió en ella con un gruñido. Tal vez las ansias de ella lo iban a volver loco, pero en ese preciso segundo poco le importaba eso. Pegando a Serena contra una de las paredes del cubículo, se perdió entre el roce vehemente de sus cuerpos.
Serena se aferró a la espalda de Darien y enroscó la otra pierna en su cintura, mientras él continuaba entrando y saliendo de ella a un ritmo cada vez más veloz. De momento le hacía falta aire para llenar sus pulmones, pero no podía concentrarse en nada más que el intenso placer que Darien le daba. Con unas cuantas estocadas más, ambos llegaron al éxtasis exhaustos pero satisfechos hasta lo más mínimo.
Unos minutos después ya con la tranquilidad nuevamente con ellos, salieron cuidadosamente del baño y volvieron con sus amigos que bailaban y bebían en la mesa. Mina le dio a Serena una mirada cómplice y ella suspiró pensando en la locura que acababan de hacer. Evidentemente no estaban siendo muy cuidadosos, pero no había podido evitarlo. Darien trastocaba su prudencia y su sentido común.
Cuando volvió a su asiento, miró su bolso y le pareció que el maldito celular le mandaba señales de neón desde el interior. Tendría que leer nuevamente el mensaje de texto porque no entendía la amenaza de Diamante y algo dentro de ella le decía que se traía algo realmente malo entre manos, aunque no imaginaba qué podría ser.
Mis queridas lectoras, espero haber escrito un capitulo de su agrado y que hayan disfrutado leyendo. He dejado varias pistillas por ahí, espero que hayan leído atentamente. No siendo más me despido, no sin antes recordarles que no olviden dejar sus opiniones criticas y sugerencias, dándole click al botoncito verde.
Darienlover.
