Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
"Este fic participa del reto Anual "Nuevo año, nuevas historias" del foro La Sala de los Menesteres"
Personaje: Robert McGonagall Sr.
Palabra: Casamiento
El sí para siempre
Corriendo a través de los campos, Robert llegó hasta la verja que dividía la propiedad de su padre de la propiedad de la familia Ross. Siguió el recinto hasta llegar a la entrada principal y se agachó detrás de un arbusto, viendo a la hija mayor de la familia a escondida. Isobel estaba jugando con sus hermanos pequeños en el jardín, corriendo de un lado a otro, disfrutando de las vacaciones de verano, el único momento en el que veía a su familia.
El chico miró con curiosidad a la extraña niña, pero no vio nada fuera de lo común. Desde que en septiembre del año anterior se había ido a un internado en Escocia, todos en el pueblo no habían hecho otra cosa que hablar de eso. Algunos decían que probablemente la habían mandado a una escuela de señoritas, para que aprendiera como ser la perfecta esposa, ya que se rumoraba que el matrimonio Ross no tardaría en buscarle un prometido con dinero, desde hace años que se notaba que tenían problemas (aunque que fueran problemas financieros, era pura especulación). Otros decían que la habían vendido a una familia porque ya no podían mantener a los tres hijos y solo algunos aceptaron la explicación que dieron los padres de Isobel. Pero desde que había corrido el rumor de su regreso, Robert había querido averiguar cuál de las tantas versiones era la correcta. Así que por esa razón se encontraba espiándola.
—Hola— saludó la niña.
Robert se sobresaltó, viendo a la niña parada frente a él con una pelota debajo del brazo. Al parecer uno de sus hermanos la había lanzado lejos y ella había tenido que ir a buscarla, descubriendo su escondite.
—¿Quieres jugar?— preguntó ella con una sonrisa.
El niño se levantó, miró hacia su casa, pensando en lo que debería hacer. ¿Debería volver con sus padres? Después de todo lo que había escuchado sobre la familia de la niña, podía esperarse cualquier cosa, pero al final aceptó jugar con sus vecinos, al fin y al cabo parecían de lo más ordinario.
oOoOo
—Vamos apúrate— dijo Robert jaloneando a Isobel del brazo.
—¿Adónde vamos?— preguntó ella entre risas, mientras intentaba mantenerle el paso.
Robert la miró divertido, pero no le dijo nada, después de todo, era una sorpresa. Corrieron a través de los prados hasta llegar al bosque que colindaba con la última casa del pueblo. El chico, de ahora dieciséis años, entró al bosque seguido de Isobel. Se adelantó hasta llegar al pequeño arroyo que serpenteaba entre los árboles, el lugar perfecto para lo que tenía planeado hacer. Cruzó sobre las resbaladizas rocas hasta llegar al otro lado y después se volteó, tendiéndole la mano a la chica. Isobel se sujetó la falta con una mano, comenzó a caminar despacio, con la mano extendida para atrapar la de Robert. Cuando por fin sus manos se juntaron, ella le sonrió con cariño, pero debido a la distracción, resbaló sobre la roca, cayendo en el arroyo y empapándose el vestido.
Robert no pudo evitar estallar en carcajadas al verla sentada en el agua con una expresión que demostraba sorpresa. Sin importar ya si se mojaba o no, entró al agua y se dejó caer al lado de la chica, salpicándola. Movió la mano sobre las rocas hasta encontrar la de Isobel y la estrechó. Posó la otra mano sobre la barbilla de la chica, levantándola un poco y acercando sus labios a los de ella. Un pequeño roce que le provocó que millones de mariposas le revolotearan en el estomago.
—Bueno, imaginé que sería un poco diferente, pero creo que es el momento perfecto—murmuró él.
Isobel tenía los ojos abiertos de par en par, sin saber que decir o cómo comportarse después del pequeño beso que habían compartido.
—¿Quieres ser mi novia?—dijo Robert, interrumpiendo los pensamientos de la chica.
Por la sonrisa deslumbrante que le devolvió ella, supuso que era un sí.
oOoOo
—Cásate conmigo— le susurró en cuanto terminaron el beso.
Estaban de nuevo en el bosque donde se habían dado el primer beso, celebrando que la chica había terminado por fin de estudiar en el internado y ya podrían verse todos los días, cuando Robert decidió que había llegado la hora de proponerle matrimonio.
Había estado pensando sobre eso durante semanas antes que volviera su chica y había llegado a la conclusión que tenía que hacerlo. La amaba demasiado como para esperar a que sus padres arreglaran un contrato matrimonial y siempre cabía la posibilidad que los señores Ross no lo aceptaran. Así que armándose de valor, al fin lo había dicho. Tuvo que admitir que ver la expresión insegura de Isobel , no era la reacción que esperaba. Se había imaginado a la chica abrazándolo, llorando de alegría o cualquier cosa parecida al entusiasmo que él sentía.
—Pero nuestros padres…— comenzó a decir la chica.
"Con que eso eso" pensó Robert. Sabía que los padres de ella no veían con buenos ojos su amistad, así que habían mantenido la relación a escondidas, pero no aceptaría no cumplir sus sueños solo por el egoísmo de su futura familia política. La interrumpió con un gesto de la mano y se le quedó mirando fijamente a los ojos sin decir palabra. Isobel se mordió el labio, nerviosa, esperando a que el chico dijera algo.
—¿Me amas?— preguntó él con total seriedad.
Ella asintió rápidamente, sin dudar ni un instante, cosa que le hizo recobrar la confianza al chico.
—Entonces hay que fugarnos— concluyó Robert. Al ver la cara de confusión de ella, se explicó —Escapamos, nos casamos y vivimos felices para siempre.
—Suena como un buen plan— susurró ella con una sonrisa.
Robert se sintió increíblemente feliz al oír la respuesta de ella. Ya solo quedaba preparar un plan para la fuga, buscar una iglesia para el casamiento y encontrar un lugar donde asentarse y formar una familia. Serían felices para siempre, sin importar lo que sus padres pensaran al respecto.
Ella le daría el sí y él le daría el mundo entero a cambio.
