Esa fue la primera noche en la que Hinata decidió dormir en su propia cama, no quería al rey con ella en esos momentos, sabía que estaba celoso de un soldado. A la mañana siguiente la mandó a llamar Temari, probablemente para planear la boda real, le aburriría tener que pensar en las ropas, la comida, sólo quería estar casada para que terminara la maldita controversia.
- Alteza - le llamó al entrar al cuarto de la rubia.
- ¿Aún quieres casarte con mi hermano? - Hinata suspiró mientras miraba por la ventana.
- Él me quiere como esposa, eso es todo lo que importa, su felicidad - se le humedecieron un poco los ojos recordando los días antes de conocerlo y se cuestionó si era correcto seguir o escapar, Naruto podría ayudarla.
- Tienes razón, la mayoría de los preparativos están listos - la guió a un montón de vestidos de diferentes colores con la intención de cambiar el tema ignorando el disgusto de su futura cuñada - estos pueden ser usados para la ceremonia, escoge - Hinata los miró, pero le parecían igual que el resto de los que había usado.
- Este - dijo tomando uno turquesa con hilos dorados, no parecía especial, sólo muy cómodo - como los ojos de mi rey - dijo tratando de quedar bien con Temari, pero no iba más allá de una respuesta automática.
- Hinata - le llamó un poco preocupada - no niego que te quería fuera del camino de mi hermano - confesó invitándola a tomar asiento - pero sé que el amor que siente mi hermano es genuino, ahora vas a ser parte de nuestra dinastía y ya debe ser mi preocupación cuidar de ti - Hinata la miró un poco incrédula.
- No es necesario que se preocupe por mí, no dejaré al rey ni le traicionaré - le dijo con una mirada firme - le seré fiel y le daré herederos - Temari pudo ver en sus ojos clara determinación, pero una tristeza infinita, a fin de cuentas era un espíritu libre.
- Él te ama mucho, pero no pareces sentir lo mismo - Hinata negó con la cabeza con fuerza, no era cierto.
- Lo quiero mucho, pero no puedo evitar sentir nostalgia de lo que era mi vida antes de llegar aquí - confesó abrazada a su futura cuñada antes de romper a llorar - quiero volver a ser libre, quiero viajar y conocer nuevos lugares - la rubia acariciaba la cabeza como una verdadera hermana.
- Tal vez debamos cancelar esto, harás la vida de mi hermano miserable si no le corresponder - Hinata la miró y supo lo errada que estaba en tratar de sacar a la chica mediante un accidente, ella podría haberse ido por su propia voluntad.
Tras la puerta se escuchaba claramente la conversación, Matsuri no podía caber de su felicidad, ella no lo amaba y podría irse de palacio sin nada en las manos. Corrió a los aposentos del rey, que esperaba a su futura esposa con expectación, había elegido un traje burdeo que haría juego con sus cabellos que ella acariciaba con tanto cariño. Cuando vio a la castaña entrar rápidamente, dando a la seguridad la excusa de que se trataba de la joven Hyuga.
- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Hinata? - preguntó molesto y un poco ofuscado.
- Su novia no es más que una farsa - el pelirrojo suspiró un poco más enojado - la he escuchado hablar con su hermana y quiere huir del palacio, no soporta este lugar que es su hogar - a pesar de que sonaba convincente no le daba crédito a esa niña que lo único que quería era separarlos.
- No tengo tiempo para estas cosas, vete y no me molestes - la castaña se le acercó con una seguridad de que esta sería la estocada final.
- No sirve de nada negarlo, el soldado ya ha dicho en reiteradas ocasiones que se escaparán apenas pueden, ¿espera que una eterna viajera se quede en un sólo lugar? - ¿lo traicionaría? ¿ella? ¿qué le aseguraba que le sería fiel?
- ¿Eso quiere decir que ella me ha despreciado? - parecía más una afirmación que una pregunta, algo dentro de él se quebraba, se dejó caer al suelo tratando de tomar aire sentía que le habían golpeado tan fuerte que no respiraba.
- No puede esperar más de una extranjera, esto es lo que he querido prevenir desde que llegó y se sentó cómodamente en su regazo - el pobre hombre sollozaba como un niño, la castaña aprovechó su vulnerabilidad para acogerlo en su pecho - debe ponerse de pie y ejecutarla por traición - el pelirrojo negó.
- No podría lastimarla, la amo demasiado - los celos se colaron en su pecho imaginando a ese soldado, que tanto adoraba a su princesa siendo más encantador con ella que él haciendo su mayor esfuerzo.
- Ella no merece ni su lástima, es el rey de este mundo y no puede permitir que una mujer lo derrumbe - el pelirrojo le miró angustiado, la joven sabía que de su debilidad lograría llegar más adelante.
Las puertas se abrieron con Hinata viendo una escena horrible, Gaara y Matsuri abrazados con el joven rey sollozando.
- ¿Alteza? - preguntó acercándose con sigilo y con daga en mano.
- ¿Aún no te has ido? - le espetó el joven con una mirada furiosa.
- ¿Irme? - Matsuri se interpuso y trató de abofetear a Hinata, pero la detuvo con la daga de mano a su garganta - tócame y perderás la mano - le amenazó clavando la daga levemente en el hombro para que saliera corriendo, el pelirrojo la miraba horrorizado por su nivel de violencia y sadismo.
- ¡Largo! ¡Maldita salvaje! - le dijo tratando de empujarla.
- ¿Alteza? - preguntó dejando caer la daga y su cuerpo.
- ¡Traidora! ¡Pude darte el mundo! ¡Vete y no vuelvas! - Hinata se levantó rápidamente, pudo ver la confusión en sus ojos y la tristeza infinita.
En pleno silencio lo acorraló a una pared y lo besó con fuerza, el pelirrojo estaba más que confundido por esas acciones de la mujer que lo iba a traicionar. La chica se colgó del cuello del monarca, quien sentía un fuego arder dentro de sí, sus labios eran finos y suaves, no resistió el movimiento de la Hyuga, quien lo acariciaba con tal conocimiento que no pudo evitar sentirse complacido.
- ¿Ahora puedo saber qué fue lo que le dijeron de mí esta vez? - le susurró al oído a pesar de ser más baja.
- Me dijeron que querías irte y que no querías ser mi esposa - la chica bajó y miró por la ventana.
- No estaba equivocado, quiero ver el mundo - caminó suavemente al balcón - ¿qué es un reinado cuando no eres libre? - el pelirrojo la tomó de la cintura.
- Tal vez sea una atrocidad tenerte encerrada para que seas mi reina - Hinata se apoyó en el hombro del joven.
- ¿No podría haber sido un hombre común? - preguntó con algo de tristeza acariciando las manos del pelirrojo.
- No puedo dejar mi corona, ante todo soy un rey, el rey que necesita Suna - ella asintió con suavidad.
- Lo sé, respeto que sea fiel a su responsabilidad, no puede dejar una parte de su vida por mí - el pelirrojo besó su cuello con un poco de súplica.
- Y tú no puedes cambiar quien eres en el fondo, tampoco puedo culparte por desear tu libertad, solías vivir en esclavitud, para ti no debe ser diferente ser una reina o una esclava - ¿era tan débil la pasión que sentía por ella?
Ambos se separaron un momento y se miraron con atención, había un abismo entre ellos, un abismo infranqueable, ninguno dispuesto a ceder un poco de sí mismos. Hinata rompió en llanto, no podía ser quien era y estar con el hombre que adoraba al mismo tiempo, Gaara sintió lo mismo, odió su corona por alejarlo de la mujer que amaba con todo su ser. Si se detenía a pensarlo, él le había dado todo lo que podía, lo que era humanamente posible, tampoco se sentía en deuda, pero él se le entregó mucho antes que ella, tal vez por miedo a quererlo, por miedo a que él luego la abandonara, sin embargo, eso no implicaba que ella no pudiera pasar la vida entera acariciando esos cabellos rojizos, que ese rey que parecía tan duro era el indicado.
- Puedo hacerlo - dijo la chica secando sus lágrimas - no podría soportar estar lejos de mi hogar - lo veía tan claro, ahí estaba con ojos llorosos y temblando.
- ¿Suna? - preguntó un poco aliviado.
- Tú, mi hogar eres tú - le abrazó sollozando - ¿qué es el mundo si no estoy con el hombre que amo? -Gaara sintió su corazón oprimirse.
- ¿Y el mundo exterior? No podrás ser tan libre de conocerlo - Hinata asintió con fuerza.
- Si fueras conmigo lo conocería, pero si quieres estar aquí y reinar, pues seré tu reina toda mi vida - el pelirrojo sintió que se dejaba caer una pared entre ellos.
- Pues si eres mi reina, serás mi embajadora, podrás ver el mundo desde arriba - el hombre vio como los ojos de la chica se iluminaban.
- ¿En serio? - el chico asintió - claro que lo haré - lo besó con fuerza nuevamente, esta vez con la única intención de transmitirle un poco de su amor por él.
El pelirrojo la abrazó y se dejó seducir por los movimientos de esa extranjera, sus respiraciones se hicieron pesadas, entre pasos un poco complicados llegaron a la cama. Hinata pensaba ser su embajadora y usar todos sus encantos a su favor, era otra forma de hacer lo que amaba. El pelirrojo la vio acostaba en la cama abajo de él, con la respiración agitada y un poco de sonrojo en sus mejillas, con el cabello desordenado, ¿qué hacía con esa doncella? ¿qué harían luego?
- ¿Sucede algo? - le preguntó esperando un poco más de él, Gaara se sentó un poco confundido a su lado.
- Yo no... no quiero manchar tu honor - por un lado quería que ella fuera totalmente suya y él entregarse por completo hacia ella.
- Oh, es eso - Hinata sintió su sangre helar, no era una chica pura - no hay honor que mantener - le confesó con miedo de mirarlo - no soy virgen - su corazón no daba más de la tensión de que él supiera la verdad, a pesar de que ella no tenía intención de ocultarle esa verdad.
- No es necesario que lo seas, es sólo que pensé que querrías algo más profundo - Hinata rió ante el juego de palabras que pasó por su cabeza.
- La profundidad precisa - le aclaró - pero es verdad, le di todo de mí a mi amo, estaba enamorada de él, fue por amor; cuando supe que no me iba a liberar para ser su esposa me enfadé, por eso tengo mis marcas, que cada hombre que me tomara supiera lo que pasa cuando no sabes callarte - el pelirrojo la acogió en su pecho con sumo cuidado de no interrumpirla - fui una tonta esclava, pensaba que él me haría señora del lugar, pero no tengo riquezas ni nada que le pueda interesar que no tuviera a cambio de unas palabras de manual - suspiró, la atmósfera se volvió pesada y desagradable para lo que ella tenía pensado cuando llegaron a la cama.
- Yo nunca he estado con nadie - le soltó mirando hacia el fuego - nunca quise intimar con nadie, que nadie jamás me tocara - Hinata subió una de sus manos a su rostro.
- ¿Y cómo piensas que vamos a tener hijos? - le preguntó con un leve sonrojo en el rostro.
- No sé que pasará luego de esta noche - se le veía incómodo y un poco tímido.
- No te forzaré a nada que no quieras hacer, yo fui muy precipitada, digo, aún no somos marido y mujer - soltó un poco apenada.
- Lo sé, no hay forma, tengo que poder hacerlo - ella negó.
- No es necesario aún, puedes callar a todos si te piden que te de herederos - el pelirrojo se recargó en su hombro.
- Tu edad no es igual a tu experiencia - suspiró pesadamente.
Se fueron a la cama juntos, la joven lo buscó para dormir en su pecho. No pensó que en su interior era tan puro, tan falto de experiencia, se sentía un poco decepcionada, esperaba algo diferente del rey de Suna, tampoco podía exigirle nada, podía ser como quisiera y ella lo querría de cualquier forma. Gaara miraba al techo pensando si podría hacer sentir bien a esa mujer que estaba acomodada entre sus brazos.
A la mañana siguiente se levantó sin despertarla y se dirigió a la habitación de su hermano, Kankuro, quien con curiosidad lo atendió.
- Debe ser muy importante lo que necesitas para que me despiertes tan temprano dejando los brazos de tu chica extranjera - le dijo con sorna, su hermano sonrió.
- Ella pronto será tu reina, no deberías hablar así de ella, pero quisiera - calló un poco, tenía un semblante serio - yacer con ella - Kankuro escupió su té con fuerza.
- ¿Nunca han tenido sexo? - dijo casi gritando, estaba totalmente sorprendido.
- No, no sé cómo - avergonzado por dentro sólo mostraba una cara estoica.
- No puedo creer que no hayas montado semejante belleza, si no lo haces tú lo hará ese soldado que anda amarrado a su falda - Gaara le fulminó con la mirada - pues, necesitan estar desnudos, totalmente, ella abrirá sus hermosas piernas y en su centro conocerás el único dios que puede existir - el pelirrojo comenzó a entender un poco lo que significaba.
- ¿Debo decirle algo? - el castaño sonrió.
- No es necesario hablar, menos cuando tú estás tan enamorado de ella, parece una doncella pero debe ser una bestia - Kankuro reconocía la belleza de la muchacha, se la habría montado de no ser la favorita de su hermano.
- ¿Y qué haré con el soldado? A ella parece agradarle - suspiró un poco acomplejado - tiene más fuerza, es más atractivo, seguro que debe saber hacerla reír - Kankuro lo miró un poco más serio.
- No debes permitir que un mugroso soldado te haga sentir menos de lo que eres, un maldito rey; además, puedo ver que ella te ve de una forma que no lo hace con nadie más - Gaara miró a su hermano sorprendido de sus palabras de valor.
- Lo entiendo, pero Hinata, ah - suspiró - me hace sentir tan extraño, es mucho más que amor, no sé qué hacer cuando se me acerca, parezco un niño, de sólo verla siento que el lugar es más cálido, es preciosa - suspiró totalmente flechado por la idea de Hinata.
- Esto puede causarte problemas, no dejes que las demás familias se enteren - Gaara se levantó un poco más serio.
- Lo sé, debo cuidarme, a ella, y luego a nuestros hijos - cuando salió de la habitación ella paseaba por el palacio con Nobunaga, un tigre que parecía adulto.
- Alteza - le reverenció un poco y corrió a sus brazos - me preocupé cuando no te vi en la cama - el pelirrojo apenas pudo dedicarle una leve sonrisa.
- Es que debía hablar con mi hermano - la chica asintió.
- ¿Todo bien? - Gaara asintió con la cabeza - ya veo - sabía que no le correspondía preguntar más de lo que él le decía, debían ser asuntos privados.
