Lo malo del mundo lo está distorsionando y yo me quedo sin hacer nada.
Hay tantas cosas que ya no puedo ver
las he perdido.
En ese mundo que ha dibujado alguien tan sólo sé que no quiero hacerte daño.
Lo recordaré por siempre, sin dudar.
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VI. Sorpresa y espanto.
Contuvo el llanto o al menos lo intentó. Si había algo que no iba a hacer era darle el gusto a Sasuke de llorar, no lo merecía, él no merecía siquiera sus lagrimas. Ella creía que había pactado un trato con él, donde se respetarían y actuarían justos para derrocar al emperador Madara, abusador y asesino despiadado, demente sin miramientos. Ahora sentía que su hijo, Sasuke, era exactamente igual. Que podía aparentar ser una persona parca y armoniosa, pero de vez en cuando dejaba de ver su verdadera identidad: un cínico que gozaba de su poder y se divertía de su autoridad, un romano autentico. Y aunque al principio creyó que con sus abusos la estaba midiendo, después de lo ocurrido en el deposito de armas sabía que el no estaba armando una farsa, se estaba divirtiendo con ella.
Era demasiado tarde para echarse atrás. Por mucho que lo pensase, lo estudiase y lo buscase: no había camino que no la conduzca a Sasuke. Como la Vía Appia, su destino estaba intrínsecamente unido a él. Ya lo habían discutido con Temari: Sasuke, Naruto e Itachi las tenían donde querían. Conocían todo de ellas, conocían a su gente, al pueblo sometido que ellas defendían y por quienes lucharon tantos años y además, las tenían allí. ¿De todas formas como escaparían?. Habían entrado allí como personas libres y se habían condenado solas a la esclavitud.
Un pómulo le ardía y al acariciarlo con sus dedos lo percibió húmedo, lo comprobó cuando miró su mano: estaba sangrando luego de que Sasuke restriegue su rostro por la pared de piedra. Una rodilla la hacia cojear. Aceleró el paso enseguida antes de que los agudos dolores en su espalda y su cintura empeoren, debía hablar con Temari, porque a partir de la tremenda golpiza que le dio el gladiador y de la humillación que le hizo padecer, una sola y fija idea hacía aflorado en su mente. Derrocarían a Madara, liberarían a su pueblo.
Pero jamás permitiría que alguien como Uchiha Sasuke los gobernara.
Aproximándose a la entrada de su habitación sintió como su pantorrilla se dormía, sus tendones se anudaban y el musculo pareció incendiarse de dolor. Se tomó unos segundos para estirar la pierna en cuestión y notó que una de sus rodillas también sangraba debido a un raspón. No se vio ninguna herida profunda, solo superficial, aunque el dolor de su cuerpo le decía que la paliza había sido mucho más que algo leve.
Y él siquiera había sudado. Lo había disfrutado y ahora se estaría riendo de ella.
—¡Temari!— quiso gritar al abrir la puerta y lo que encontró la obligó a menguar la voz hasta que esta se convirtió en apenas un murmuro que nadie oyó.
Su amiga. Ella estaba desnuda y sudada, en la habitación hacia mucho calor y su cabello estaba suelto y rebelde. Gemía y balbuceaba palabras incoherentes con la cabeza inclinada hacia atrás en un inconfundible gesto de placer ... y sentada a ahorcadas sobre Naruto, quien se encontraba sentado sobre una de las literas y también estaba desnudo, muy húmedo. Ambos se movían al compas de una coreografía incesante e intensa. Él mantenía los ojos apenas abiertos, con el cabello pegado al rostro y su frente pegada al pecho de ella. Sus brazos de músculos duros se remarcaban a medida de que sus movimientos cobraban ferocidad. El también soltaba palabras entre dientes bancos y apretados como maldiciendo mientras se aferraba a la cadera de ella y la incitaba a moverse más fuerte, como si eso aun fuera posible.
Lo vio deslizar su lengua entre los senos desnudos de ella. Ella había quedado petrificada en el dintel de la habitación, se dijo que era suficiente. Se retiró en silencio y comenzó a caminar a paso tranquilo por los pasillos, como si ya nada la apresurada. Sabía que lo que había visto no iba a ser algo difícil de olvidar, ya que nunca había tenido ese tipo contacto con otro hombre, aunque sabía de que se trataba, y aunque Temari solía contarle lo que hacía con un amigo en sus épocas de adolescencia, verlo y de esa forma tan abrupta le causaba una sensación extraña en el vientre. Un cosquilleo perturbador, algo que nunca antes había experimentado.
Si lo había experimentado. Se detuvo paralizada a mitad de los pasillos antorchados. Era la misma sensación que sufrió cuando Sasuke le recorrió el cuerpo con su aliento. Una mezcla de terror y calor que nunca creyó que sería posible que se combinaran.
Una puerta junto a ella se abrió. Menos que sorprendida volteó hacía su derecha donde provino el sonido. Allí estaba Itachi, con su única prenda que le tapaba su zona prohibida y el cabello mojado, lucia un gesto calmo que ella estudio sin inhibiciones en las penumbras del fuego. Ya no sentía vergüenza, su gesto se había vuelto impasible luego de tantas sorpresas en un mismo día, pero su pecho seguía agitado por la corrida anterior y por la impensada escena de Naruto y Temari que había encontrado en su alcoba.
Pronto el gesto del hijo mayor de Madara se endureció, se acercó a ella sin miramientos y la tomó de la barbilla para colocar la herida del raspón de Hinata a la luz. Ella, resignada, lo dejó hacer.
—¿Qué mas te hizo?.
Hinata contuvo un leve puchero y las palabras le salieron entrecortadas —Fue... algo brusco conmigo.
Le hubiera gustado decirle que "él la atacó sin motivos", "que ella no había hecho nada para fastidiarlo" y que "había decidido que detestaba su hermano menor casi tanto como a su padre". Pero se contuvo, ya que no estaba entre sus planes mencionarle a Itachi que luego de derrocar a Madara, iría como fuera por Sasuke, porque acababa de desarrollar un sentimiento terrorífico por este, que no era odio pero se le parecía bastante.
Itachi le indicó que lo siga a su alcoba y podía haberse negado, dado a que sus experiencias anteriores en alcobas de ese lugar no eran las mejores, pero ingresó porque encontraba una sensación de protección que ese hombre le generaba y jamás había sentido de un extraño, y eso que desde que su familia fue asesinada y su casa incendiada, se la había pasado conociendo extraños junto con Temari, durmiendo bajo arboles, o incluso a la misma intemperie.
—Siéntate— le indicó Itachi mientras lo veía desaparecer tras unas cortinas. No sabía hacia donde se dirigía cuando caminaba hacia instantes, pero supo que la habitación del muchacho estaba perdida en uno de los pasillos más recónditos. Era angosta, más larga que ancha, húmeda y mal iluminada. Hacía calor debido al clima, pero supuso que los inviernos allí no debían de ser algo precisamente hermoso. Un lugar que contrastaba de una forma abrupta con el lujoso aposento de Sasuke, en la parte superior del edificio. La habitación de Itachi era comparable con una celda.
—Es más de lo que puede pedir un gladiador reconocido— le oyó a hablar a Itachi, que volvía con una fuente llena de agua y algunos paños. Hinata miró sus rodillas moradas con incomodidad, estaba estudiando el lugar sin disimular su cara de horror. Itachi se sentó junto a ella y eso le causó aun más molestia. Volvió a tomarla de la barbilla y allí la sostuvo, ella desvió los ojos hacia algún otro lado mientras lo escuchó humedecer el paño con una sola mano y apretarlo para quitar el excedente de agua, la esparció con suavidad por la mejilla limpiando la sangre y el contacto le quemó todo el rostro, sensación que hizo que ella apriete los ojos —Arderá un poco pero cicatrizara más. No todos los gladiadores pueden jactarse de tener estas medicinas.
Itachi siguió girando el rostro de Hinata a su antojo mientras limpiaba los golpes. El dolor no tardó en menguar pero otro aun más fuerte volvió cuando ella percibió la cercanía abismal al rostro del hombre, sintió vergüenza y comenzó a sonrojarse cuando el aliento fresco de él le acarició el rostro. Mientras él ahora tiraba aun más su cabeza hacia atrás limpiandole el cuello, ella se animó a espiarlo. Sus ojos oscuros y concentrados en su labor, la nariz recta y pequeña, los labios fruncidos le enviaron otra vez esa sensación de sentirse a salvo que hacía años que no sentía.
Itachi la descubrió mirandolo y le envió una gentil sonrisa antes de terminar de limpiarle la nariz que apenas le había sangrado. Entonces ella no creyó que dos hermanos puedan ser tan distintos entre sí. Tan opuestos.
—Te debes estar preguntando por qué la habitación de Sasuke es tan lujosa y yo vivo aquí.
Hinata se sorprendió y salió de sus cavilaciones —Solo me preguntaba por qué el emperador no sabe que eres su hijo.
—Tiempo al tiempo— opinó Itachi mientras retorcía un trapo húmedo y se lo entregaba —.Si queremos ganar debemos ser sabios. Y ser prudente es lo más inteligente que podemos ser.
—Dijiste que podríamos hablar— ella lo aceptó y comenzó a limpiar el polvo de sus brazos, también lo hizo con su cuello dejando un rastro húmedo que no escapó de los ojos de Itachi.
—Lo haremos, Hinata, lo haremos— bajó el tono de voz y tomó la mano de ella para continuar el trayecto hasta su pecho —Quiero que lo sepas todo de mi. No solo tiene que ver con nuestro plan. Tomatelo como algo personal.
Desconcertada la Hyuga intentó no desviarse de la conversación —También dijiste... que no tenia que temerle.
—Bueno no me refería a que fuere un cordero. No debes entrenar con él aun, no suele medir su fuerza. Cuando estemos en la arena quédate cerca mio. Yo me encargaré de que no te toque con él.
—No entrene con él— admitió y la mano de Itachi dejó de moverse.
El gesto de Itachi se endureció vilmente, sus ojos se oscurecieron. Unos segundos en silencio bastaron para que el cambie totalmente la forma en la que se dirigió a ella —¿Quien hizo esto?.
—Sa... sasuke— confesó confundida y temblorosa.
—¿Entonces?— se perdió en una reflexión momentánea—¿Lo hizo sin ningún motivo?. ¿Te golpeó por nada?
—Eso... creo— murmuró cuando notó que Itachi se había alejado y luego sintió como el jarrón con agua que habían estado utilizando se rompía en miles de partes generando un ruido escandaloso que la sobresaltó en el silencio de la habitación.
Luego de unos segundos de completa intriga él habló con voz pasiva. —Sasuke es el dueño de este ludus.
—¿Qué?. ¿Esto es un ludus?.
La confesión hizo que ella eleve la cabeza y abra los ojos de forma exagerada. Itachi se cruzó de brazos y suspiró antes de comenzar un relato del que no estaba seguro que debería explicar.
—Mi padre se lo ha obsequiado para su cumpleaños numero quince. Desde ese momento él se encarga de administrarlo y de entrenarse en el mismo claro. Quién diría que se convertiría en el tipo más fuerte de la arena.
La mandíbula de Hinata estaba tan abajo que parecía que en cualquier momento iba a desprenderse. Como si fuera poco el poder que tenía ese muchacho, resultaba que no se encontraban en un lugar secreto organizado por una rebelión. Si no en un ludus, una escuela de gladiadores, una cárcel de esclavos que eran entrenados para sacrificarse en pos del entretenimiendo de la gente —¿Por qué al emperador le interesaría el negocio de los gladiadores?.
—Puede que a simple vista parezca descabellado y que si Sasuke quisiera que lloviera mierda, Madara haría lo posible para que Júpiter la cagara— ella alzó las cejas, no lo imaginaba utilizando ese vocabulario —, pero la idea de derrocar a su padre existe desde que yo comencé a servirle y se enteró de la verdad.
La Hyuga se puso de pie y caminó desconcertada hasta él —Necesito saber la verdad. No soporto las intrigas de este lugar, Itachi.
—Lo harás— le aseguró tomándole ambas manos.
Ella estaba tan hipnotizada por la revelación que no se preocupó demasiado por el gesto del muchacho. Reflexionó un momento —Sasuke planea hacer ... esto desde los quince años. Y es el domine de todos estos esclavos.
—Son gladiadores—corrigió.
—Son esclavos—remató ella mirándolo fijo. El Uchiha notó una extraña chispa encenderse en los ojos de la muchacha.
—Ellos son felices siendo lo que son—atentó a modo de prueba.
—Lo serían más si hubieran elegido serlo. Sólo están resignados y a veces la resignacion puede confundirte y hacerte creer que tienes lo que quieres. Aman la sangre porque es todo lo que conocen.
La determinación de la muchacha lo deslumbró. Ahora entendía porque Sasuke había hecho lo que hacía. Una mujer como Hinata era difícil de ignorar.
—Para hablarles de libertad es por lo que estas hoy aquí— afirmó seguro y Hinata le sonrió tímidamente al suelo—. Aun así debes aprender a luchar porque una rebelión no solo se hace con palabras.
Hinata asintió con firmeza — Seré la mejor.
Itachi le sonrió.
—No menciones que cuento con agua o aceites— le encargó sin soltarla—. Sino quedaría a la vista que tengo privilegios.
Ella frunció las cejas —Pero eres el encargado de entrenar a los reclutas. No sería tonto pensar que...
—Hinata necesito tu silencio —interrumpió volviendo a ser el tipo amable desde hacía algunos instantes —No estés asustada. Te prometo que él no te volverá a lastimarte. Regalame tu confianza.
Los ojos de ella se posaron en sus manos, ambas sostenidas con firmeza pero delicadeza. Manos enormes, por mucho. Sintió que debía sincerarse y lo hizo mirándolo con recelo —No se por qué... pero... hay algo en ti que me hace a confiar.
—Quizás tenga que ver con esto— advirtió con voz ronca y luego tiró de las manos de Hinata hasta acercarla y besarla. Mientras la apretaba de la cintura sus labios capturaban los de ellas, saboreandolos con su ágil lengua. Ella solo pudo abrir los labios y sus ojos supuraron desconcierto mientras el gladiador la apretaba contra su pecho con la intención de no soltarla más y justo en ese momento la separó con delicadeza de su boca.
Tomándola de los hombros la estudió unos segundos con ojos confundidos y sonrió con desdicha ante la atónita muchacha.
—Realmente...me siento extraño... yo no...— intentó hablar pero el sonido crujiente de la puerta abierta atrajo la mirada de ambos hacía Sasuke, quien los miraba recargado en el marco, con gesto aburrido y su pecho desnudo bañado en sangre aun tibia que contrastaba con sus pálidos músculos.
Itachi no pudo hablar. Hinata solo deseó morir cuando el hermano de quien la había besado no cambió su gesto neutral —Temoclates nos iba a delatar —anunció antes de dar media vuelta con ambas manos ensangrentadas, chorreando liquido vital de alguien más, dejando un rastro.
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El sonido metálico de las espadas volvía a retumbar. Un nuevo día transcurría caluroso en el ludus del hijo del emperador. Temari y Naruto volvían a enfrentarse, pero esta vez envueltos en un halo de seriedad que sorprendió hasta al mismo Itachi. No reían ni bromeaban, solo se concentraban en derrocar a su oponente.
Hinata recordó la noche anterior cuando volvió a sus aposentos, totalmente fuera de sí. La golpiza sin motivo lógico de Sasuke, el beso extraño de Itachi, las manos del hijo del emperador impregnadas de sangre de alguien más. Temari dormía plácidamente, con una sonrisa ladina plasmada en su apacible rostro. Hinata apretó los labios, ahora si que no sabía si realmente podía contar con su amiga para concretar sus planes. ¿Sasuke habría ordenado que Naruto haga esto apropósito? ¿que se apodere de su amiga?.
Él era capaz, de eso, de cualquier cosa.
Tardó horas en dormir, que utilizó para comenzar a aclarar su mente e idear como acabaría con Terreo. Sonaría utópico para cualquiera, pero mientras sufría el dolor de su carne machacada por las manos de él, se convencía más y más que no lo dejaría acceder al poder de Roma. Era de insanos darle poder a un desquiciado niño asesino. Antes de insertarse en el mundo de los sueños con una perspectiva borrosa de la realidad, recordó el beso de Itachi. Ni excitante, ni aterrador. Extraño, misterioso, como los hechos que envolvían ese lugar. Como los ojos a veces indescifrables de los Uchihas. Todo lo que ella tenía era incertidumbre.
La espada de su oponente la golpeó justo en una de sus pantorrillas, donde el dolor del musculo relajado por el corto descanso se acentuó hasta quemar, acto que la hizo caer de tal forma que pudo saborear la arena y sentirla crujir entre los muelas. Tuvo que escupirla ante la risa burlona de los demás reclutas y gladiadores.
—No se desconcentren— ordenó Itachi con seriedad y todos volvieron de inmediato a la acción. Como si la voz de su entrenador le hubiera quemado.
—¿Realmente tengo que pelear con este debilucho?— se quejó el hombre que enfrentaba a Hinata. Quien era por mucho más alto que ella, sin cabello y con gesto espeluznante. Su rostro era pequeño comparado con su lustrosa cabeza que se incertaba entre sus enormes brazos, parecía que no tenia cuello.
Itachi los miró de soslayo —Lucharemos— le anunció al gigante y luego observó Hinata demasiado agitada, sucia y sosteniéndose sobre sus rodillas —Bebé agua, Tiziano.
Mientras ella marchaba hacia los asientos, el gigante la siguió con los ojos y luego se volvió a su entrenador, colocándose en posición defensiva —¿ Por qué utiliza esos estúpidos atuendos con este jodido calor?— indagó con gesto torpe mientras se secaba el sudor de la frente. Era una pregunta lógica. El resto solo poseía unos pequeños trapos harapientos que le cubrían sus partes intimas.
—Muchas preguntas— evitó Itachi mientras giraba su cuerpo y arrastraba su espada con él para colisionarla con su oponente.
—¿Será que tu y ese niño bonito?— insinuó el gigante e Itachi se aprovechó de que sus espadas estaban cruzadas en un bloqueo forzoso para acertarle un cabezazo que hizo sangrar la nariz del hombre.
Tras un grito de dolor y una risotada ensangrentada el tipo entendió que no era digno de indagar al gran Itachi. La verdad es que le había gustado el niño debilucho que había golpeado, no se veían muchas mujeres en el ludus, salvo las intocables hermanas de Sasuke, y esa tañ Temari que era mejor perderla que encontrarla, pero ya no diría nada al respecto.
—Es más difícil penetrarte con la espada que con...
Hinata estaba mojando su rostro en un barril de agua fresca cuando elevó su cabeza desconcertada para observar a Naruto. No lo había dicho en tono de voz alto, pero lo suficiente para que Temari se vuelva loca, suelte la espada y se le monte encima para tumbarlo y comenzar a insertar golpes directos en tu rostro. Los gladiadores abandonaron su entrenamiento para reunirse en torno a ellos y aplaudir. Itachi se masajeó las sienes.
El plan de hacerle creer a todos que ella y Temari era pareja para ocutar su identidad, se estaba cayendo a pedazos.
—Supongo que ahora me debes llamar Domine.
Y cómo si la situación no fuera absurda, la voz de Sasuke le retorció las entrañas e hizo que la bilis trepe hasta su garganta. Reprimió sus ganas de vomitar, su sudor frio y el temor que le provocaba ese tipo. Lo vio reflejado en el agua, detrás de ella, con su gesto burlón y esa contradictoria mirada indiferente.
—Ese... no era el trato— opinó cerrando los ojos e intentando tragar.
—Siendo que hay algunas reglas que no están siendo respetadas, aun quieres hablar de tratos— opinó con sorna mientras pasaba de ella y se dirigía a la arena.
Al verlo, todos detuvieron su fiesta para detenerse firmes. En algunos se leía el miedo en sus rostros. Todos podrían maravillarse del respeto que generaba en esos gigantes alguien tan joven. Pero Hinata sabía que lo hacía a través del miedo, él no inspiraba respeto por ser un humano lleno de valores, solamente les generaba miedo. Era la única forma que tenía para que el resto lo obedezca. Simple, pobre y bajo miedo.
Naruto giró su cabeza y con Temari encima estudió los pies de su hermano. Sonrió avergonzado ante la ceja elevada del Uchiha. Se podía decir que era el único junto con Itachi que no lo adulaban y obedecían asustados. Que se trataban como lo que se suponen que eran, hermanos.
—Es el cumpleaños de Madar— anunció—.se harán juegos en su honor.
—¿A qué ludus le patearemos el trasero?— preguntó Naruto con ansias, Temari olvidándose del suceso anterior se puso de pie.
—A ninguno.
—Habla claro, Sasuke—increpí Itachi y nadie se sorprendió de que el entrenador le dé ordenes al temible Terreo. Sasuke le enterró los ojos con odio, Hinata no lo notó porque aun se encontraba paralizada en su lugar y solo le veía las espaldas, la túnica y una carta en su mano.
—Pelearemos entre nosotros—entregó el anuncio a Naruto y cada uno conoció a su oponente mientras iban pasándose el papel—.Tu y yo ejecutaremos la pelea principal—se dirigió a Itachi con una leve sonrisa ladina y todos quedaron estacados en su lugar. Temari se cruzó de brazos observando a Hinata que no disimulaba su gesto de estupefacción.
—¡Eso es retorcido!— se quejó Naruto con furia mientras le arrebataba el papel a un gladiador para asegurarse de lo que había escuchado. Todos se amontonaron detrás del rubio totalmente desconcertados por la noticia. A Itachi no se le movió un cabello, solo pasó de Sasuke y se remojó el cabello junto a Hinata como si nadie más existiera.
Sasuke caminó hasta las habitaciones más cercanas al ludus.
—¿Algun consejo, Domine?— se apresuró el anterior oponente de Hinata
—No se mueran— aclaró y desapareció en la oscuridad.
Oscuridad de la que Hinata se quedó prendida. No tardó mucho en darse cuenta de lo que había pasado. Ese anuncio le ayudó a atar todos los hilos pendientes que explicarían el comportamiento inaudito de Sasuke con ella. Él era un tipo que buscaba la obediencia a través del temor, todos le temían, por eso le llamaban Terreo. Todos menos Itachi, Naruto, Temari y ella. A Temari fue tan fácil someterla como a Naruto. Pero era un gran problema para el futuro emperador que ella y su hermano no le tengan miedo, y más aun la idea de que conspiren en su contra. Por eso la quiso asustar, por eso había planeado con consentimiento de su padre enfrentarse a su hermano. Era un monstruo que con tal de tener el poder asesinaría a su propio hermano. Una criatura tan maligna que podría haber salido de un habitáculo del imperio de Hades.
No supo por qué y corrió hasta alcanzarlo. Entre las habitaciones iluminadas por antorchas localizó su espalda y su elegante andar.
—¡Fue apropósito!. ... ¿verdad?— gruñó agitada por la caminata —.Crees que con Itachi vamos a desobedecer tus planes.
Él la escuchó pero siguió su camino y tomó una de las antorchas de las muchas que había en la pared —¿Hace cuanto tiempo lo conoces?. Que fácil es todo contigo.
—¡Estas pensando mal!. ¡Solo tenemos una buena relación!— se le acercó al ver que la estaba ignorando—. Itachi jamás te desobedecería. El te ama. ¡Es tu hermano! ¡Siempre habla bien de ti!... te ama.
De frente a una habitación él pateó la puerta e ingresó —¿Y tú?—indagó desde adentro.
Ella se quedó petrificada en el dintel. ¿Le estaba preguntando si lo amaba? —¿Yo?.
—¿Me desobedecerías?— preguntó con voz neutral mientras revolvía los objetos de alguien.
Hinata evidenció chorros de sangre salpicados en la pared. Recordó a Sasuke con sus manos bañadas en liquido vital. "Termoclates nos iba a delatar" le había dicho a Itachi. El gesto de la Hyuga se ensombreció —Solo si no se cumple lo pactado.
Sasuke se sacudió las manos y volvió a tomar la antorcha para estudiar el lugar —¿Puedes amenazarme?.
Ella se sintió subestimada. Y además recordó que había enfrentado cosas peores que un maldito romano loco, como el asesinato de toda su familia—He podido con muchas situaciones peores en mi vida.
El alzó las cejas mientras revisaba debajo de unas tablas —Me conmueves.
—Quizá él te mate a ti—atentó con furia creciente y supo que era prudente retirarse, no podría hablarle de valores a alguien que solo conocía la sangre y el odio—. Eso deseo—murmuró antes de pasar la puerta.
El ruido de la antorcha tocar el suelo la paralizó. Pronto el calor del fuego que se había expandido hacia un montón de pertenencias de alguien, le llegó a los tobillos.
—Ni siquiera muerto te dejaría en paz— lo escuchó decir detrás de ella—. Me las arreglaría para volver del inframundo y te arrastraría hasta allí conmigo.
—¡No!¡No!— intentó resistirse, pero fue demasiado tarde. Sasuke la había arrastrado entre las llamas y acorralado en un rincón, la sangre aun húmeda de la pared manchó la ropa y el cabello de Hinata. Con las llamas que consumían todo detrás de Sasuke, la tomó el rostro y la obligó a mirarlo. Y ella lo hizo. En sus ojos oscuros se reflejaba el calor ígneo del lugar que ardía.
—Porque puedo hacertelo— le apretó sus pómulos, como ya lo había echo, haciendo que la boca se le abra —Porque quiero hacertelo.
Se mordió los labios antes de besarla con un ímpetu devastador. Ella sintió ahogarse mientras todo el cuerpo de él la oprimía. Se humedecían por el terrible calor del lugar. Hinata en la punta de sus pies abrió los ojos aterrada y las pupilas se le dilataron reflejando los ojos cerrados de Sasuke que parecía concentrado en su labor y ahora le tomaba la cintura para apretarla fuertemente. La estrujó contra la sangre del hombre que había asesinado, su lengua exploró toda su cavidad, se retorció acariciando la suya, ambos se contrajeron en un extraño placer cuando el beso se consumió justo con las llamas detrás de ellos.
Luego de separarse, Sasuke, con su dedo pulgar secó la saliva chorreando de una de las comisuras de una Hinata enrojecida, sudada, despeinada, manchada de sangre y con los ojos llorosos —Y porque soy mejor que mi hermano.
—No temblabas así con él anoche, Hyuga Hinata— opinó alzando una ceja y se retiró. Hinata cayó de rodillas y allí quedó en una habitación que se oscurecía tras extinguirse la ultima llama de fuego.
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—¿Es un simple capricho o realmente crees que yo pudiera traicionarte?— mientras Sasuke se sumergió en el agua tibia ignoró a su hermano mayor, quién ya se encontraba allí hacía tiempo—¿Tanto te gusta tu hermana?.
Como si hubiera dado en el blanco él menor no elevó la cabeza que tenía inclinada hacia atrás —No es una certeza.
—Pero hay posibilidades. ¿Verdad?— interrumpió Naruto que se unía al baño. Una hermosa romana se acercó con frutas de estación en una bandeja, el gladiador dorado simplemente la ignoró e Itachi no perdió detalle de ese pequeño acto.
—No es asunto suyo.
—¿Ocurrió algo que no sepa?— preguntó Naruto percibiendo ese aire hostil que había entre los hermanos.
Sasuke se volteó dándole su húmeda espalda al resto y tomó una uva que sutilmente posicionó en su boca—Absolutamente nada.
—Anoche besé a Hinata— comentó Itachi mientras se repasaba los brazos desnudos— Sasuke nos vio. Luego de lo que ocurrió con Termoclates esta paranoico y cree que con ella conspiraremos en su contra.
—¿Y eso estaba en los planes?— indagó el rubio con los ojos muy abiertos y comenzando sentir una gran ansiedad por no comprender que sucedía.
El mayor elevó sus hombros—No.
Naruto negó con la cabeza mirando a ambos. Totalmente desentendido —¿Entonces?.
—Quise besarla.
—Pensé que le gustaba a Sasuke.
—La necesito para esto— explicó con voz aburrida, Sasuke, mientras mordía la tercer uva—. Nada más.
—El gran Terreo necesita de la ayuda de dos mujeres— Naruto se cruzó de brazos, ofendido, y también se sumergió con el agua hasta el cuello —Aun me suena a mentira.
—Lo es. Sasuke solo quiere saber si esa chica es su hermana— provocó Itachi deslizándose hasta estar junto a su hermano que permanecía en su plan de no darle mucha importancia a la conversación.
—Tu también crees que es importante tener a esas dos de nuestro lado— opinó Sasuke, tomando el racimo entero—.Mucha gente las adula.
—¿Y qué harás si realmente es tu hermana, Sasuke?— presionó Itachi, robando una de las uvas del racimo de su hermano menor ante la mirada sospechosa del rubio.
—¡Un momento!. Si es tu hermana... — Naruto señaló a Itachi confundido —también es la tuya.
Sólo el sonido del agua en movimiento se escuchó hasta que Naruto sintió que la confusión lo excedía.
—¿Esta bien que él bese a tu hermana?— le preguntó a Sasuke que solo elevó los hombros. Luego señaló a Itachi otra vez —¿Esta bien que beses a tu propia hermana?. Además. ¿Por qué dices que a Sasuke le gusta su hermana?. Eso es asqueroso, Sasuke.— desesperado, el rubio comenzó a sacudir su cabellera, tirando de los mechones —¡Pero tu la besaste, Itachi!. ¡A tu hermana!
—Si, lo hice— confirmó el Uchiha mayor divertido con la situación. Naruto aun no entendía la historia completa de su familia. Por eso creía que si Hinata era hermana de Sasuke, también sería su hermana. No lo culparía, era una historia muy retorcida. Además, no estaba orgulloso de haberla besado. No luego de que se sintiera tan extraño haberlo hecho.
Sasuke dejó de masticar la uva en seco y se puso de pie. Todos observaron su cuerpo desnudo —Me importa una mierda si es mi hermana o si Itachi la besa— antes de retirarse giró para dirigirle una mirada amenazante a su hermano mayor—.Si quisiera en este momento me la follaría y nadie siquiera me lo podría cuestionar...
Mientras se iba chorreando agua por la habitación volvió a masticar la fruta
—Claro que no— respondió Itachi tomando el racimo que había pertenecido a Sasuke—. No serías el primer romano de esta casa que se vuelve loco por su hermana.
Sasuke escupió la uva iracundo —Hijo de puta— dijo entre dientes luego de atravesar la puerta.
Naruto que había quedado boquiabierto con la situación, miró a Itachi extrañado— ¿Dejarás que se vaya así?.
—No la molestará. Esta perturbado por nuestro enfrentamiento en los juegos.
—A eso me refiero...— el rubio comenzó a sonrojarse—.Sé que no soy tu hermano pero ...
—Pero lo eres, Naruto— confirmó Itachi dandole las uvas de un pase certero.
Naruto las atrapó —Me gustaría saber de donde vino esa estupidez... de enfrentarse entre ustedes. Realmente... ¿alguien va a morir?
Antes de sumergirse totalmente le aclaró —Es algo que tiene que suceder.
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—No habías pensando que ocurrirá con nosotras el día del duelo. Nadie nos dijo nada, no figuramos en el papel— reprimió Temari secándose el cabello en plena oscuridad mientras Hinata se recostaba —Esto no es lo que acordamos.
—Perdón— se disculpó dibujando en la oscuridad el recuerdo de su amiga y Naruto —.Pasaron muchas cosas... creo que deberíamos tomarnos un tiempo para hablar.
Luego de unos segundos sin respuesta Hinata frunció el ceño —¿Temari?.
Otro prolongado silencio transcurrió cuando de pronto se escucharon pasos delicados ingresar otra vez—¡Por Jupiter, Temari!¡Pensé que te habías ido!— las sabanas se elevaron y un cuerpo menudo pronto se encontró sobre ella, más allá de su deseentendimiento, Hinata se sonrojó en la oscuridad —¿Qué... se supone que haces?.
—Silencio. Sasuke me mataría si supiera que estoy aquí—la voz de Ino en su oído, la pequeña mano tapándole la boca para que no grite y su aroma costoso de romana patricia le dio una señal de alarma.
—Yo... no... no— quiso explicarle cuando sintió los labios de la muchacha recorrer su cuello y la mano bajar a su pecho —.¡Detente!.
—No es algo que puedas decidir— respondió con voz seductora palpando con desquicio uno de sus pechos.
—¡No es lo que crees!— intentó explicar la Hyuga en vano.
—Siempre lo supe— confesó tomando sus dos senos y apretándolos en compañía de una carcajada.
Hinata detuvo su forcejeo. Había tomado de las muñecas a Ino que permanecía empecinada en entrelazar sus piernas con las de ella— ¿Qué?.
—Que eres una mujer. Pero si se entera Sakura, ¿sabés? se enojaría muchisimo al saber que me gusta una mujer. Ella quiere que tenga hijos y además estoy comprometida a un tipo muy rico. Pero no lo soporto. Eres el hombre más hermoso que he conocido,aunque suene irónico.
La Hyuga intentó que su boca no se abra una vez más. Estaba cansada de sorpresas. Se limitó a suspirar y cerrar los ojos. Soltó delicadamente las manos de la muchacha —Creo que ... estas confundida.
—Podrías permanecer así vestida siempre si es lo que realmente quieres. Puedo ser tu esposa de verdad. La mejor coartada para ocultar tu identidad— insistió recostándose sobre el pecho de Hinata.
—Eso... no pasará.
—Podría gustarte, Hinata. Lo sé—lal abrazó con mucha fuerza, demostrando que era digna hermana de Terreo—.Podrías amarme.
—No te ofendas Ino— Hinata intentó sonar lo más compasiva posible—.Pero... eso no es posible.
—¡Podría hablarte de Sasuke!— se desesperó asustando a Hinata—.Puedo decirte todo lo que necesitas saber de él.
La oferta con aroma a extorsión la tentó por unos segundos pero enseguida supo que no podría usar a una mujer para su beneficio porque se parecería demasiado a todo lo que odiaba. —Ino, porfavor, detén esto.
—Déjame demostrártelo— anunció y en la oscuridad tuvo la premonición de que la muchacha estaba preparandose para besarla.
—¡Basta!— anunció asestándole un golpe certero que la desmayó, dejándola tendida sobre la cama—¡Romanos, malditos locos!— gritó con odio en el pasillo sin ningún desacato.
Caminó algunos pasos en la oscuridad. —¡¿Donde mierda te encuentras, Temari?!.
Así prosiguió, desmoralizada caminando otra vez por los pasillos, como la noche anterior. Sin entender por qué se sentía tan frustrada. Sasuke, Itachi, Ino ... eran todos hermanos. Todos estaban locos o estaban complotandose para sacarla de quicio. Negó con la cabeza para despejar la mente de ideas absurdas. Se olvidaba donde estaba, en Roma: la capital de la promiscuidad, como se dice en tierras lejanas. Y ella allí iba ¿a qué?. Por un momento sintió que estaba todo perdido, no le encontraba sentido el estar ahí. Deberían escapar hacía más allá del Rin con Temari y si sobrevivían se olvidarian de todas sus fantasías revolucionarias e intentarían lograr una vida o sobrevida tranquila, en la medida de lo posible.
Jamás sucedería. No había cómo.
La voz de su hermano, Sai llamándola, le cruzó la mente como un rayo pulverizador. Volteó para enfrentar sus oscuros recuerdos y allí lo vio, estático, con su extraña sonrisa mirándola fijo. Detrás de él estaban todos. Kiba, Shino, su madre, su padre. Todos los que alguna vez conoció. Pronto la sonrisa de su hermano comenzó a sangrar, así como sus ojos y los orificios de todos los presentes ante ella. Un cortas escenas en secuencia invadieron sus ojos llorosos. La sangre de su familia, la de las manos de Sasuke, la voz de Itachi pidiendo que confíe en ella, la voz de Sai invitándola a jugar con katanas de madera, los gemidos de Temari, la extorsión de Ino. El beso, las llamas, Sai muerto, Kiba muerto, Shino muerto. Todos muertos. Sasuke, Sasuke besándola, Sasuke golpeandola, Itachi curandola, Sasuke matando a todos.
Sasuke diciendola que la arrastraría al inframundo con él.
No había forma de quitarlo de su mente. Se abalanzó a la imagen de Terreo y le propinó cuantos golpes pudo. Mientras más fuerza utilizaba más sonreía el gladiador asesino, mientras mas rápido movía sus brazos más su carcajada burlona se propagaba. No podía dañarlo, no podía alejarlo.
— No ... puedo ... evitarlo— aceptó entre jadeos para arrodillarse en el suelo.
—¿Quién es?— la voz de alguien más se escuchó cerca y entonces ella noto que la habían escuchado. No estaba segura de cuanto alboroto había ocasionado pero notó que de sus nudillos adormecidos brotaba sangre, elevó los ojos lagrimeantes solo para asombrarse al ver como había dejado la pared de piedra. Humanamente imposible, pero la había hecho trizas. Cómo pudo corrió de allí a toda prisa.
Dejado un rastro sanguíneo llego hasta un paredón que intentó escalar, llegando a la cima se sentó sobre él y allí quedo para apreciar la grandeza de aquella ciudad donde habitaba. Arrancó una roca del muro bajo ella y la lanzó pensando que ojalá fuese esa roca, que ahora se encontraba fuera de dichos muros.
Un ruido estrepitoso rompió el silencio y notó como una carreta se aproximaba hacia ella. Hizo equilibrio sobre la pared hasta poder esconderse en una escalera, la que tendría que haber utilizado para subir pero ignoró. Escuchó el transporte aproximarse hasta estar definitivamente detrás de ella, del otro lado del muro. Sintió los caballos relinchar y reconoció la voz de Itachi dar ordenes. Frunció los ojos cuando notó que la carreta se abría y alguien parecía bajar.
—Yo ... yo ... realmente no puedo creer que estés aquí— opinó el Uchiha mayor con voz corrompida por algún tipo de emoción—¡Finalmente puedo conocerte, hermano mio!.
Hinata repitió las palabras en voz baja, confundida por la situación. ¿Quién acababa de venir? ¿un amigo de la infancia de Itachi?. ¿Había más hermanos?.
—Jamás pensé que esto sucedería.
La voz que respondía generó que a la Hyuga se le pare el corazón por unos segundos para comenzar a latir tan rápido que no supo como no le explotó. Sintió calor en todo el cuerpo y sus ojos llenarse de lagrimas. Sintió sus manos picar y sus pies sudar. Sintió esa voz que lucía más madura y ronca, pero seguía siendo esa voz.
Temblando, dudosa de hacerlo, paralizada por la conmoción, espió.
Ahí estaba. Sin cabello, con extrañas vestiduras y los ojos raramente pintados. Más bronceado, más alto, más corpulento y unido en un abrazo fraternal con Itachi.
Refregó sus ojos que se nublaron por las lagrimas, reprimió un vomito, pensó que se desmayaría. Solo tuvo fuerzas para nombrarlo en un murmuro que se opaco por el sonido de la carreta retirándose.
—Sai.
Creo que a Hinata ya no le entra un susto más en el cuerpo. Prometo que el próximo capitulo estará visto desde la perspectiva de Sasuke. Perdón por la corrección vulgar, la hice muy rápido. Voy a contestar todo por PM. Les agradezco eternamente el apoyo.
Desde la pagina Premios Naruto Fanfic, me estan entrevistando. No se pierdan esa pagina de facebook, es muy buena.
Carta de un suicida sigue plagiada, una mierda. Gracias a todos los que toleraron mis broncas con respecto a todos los plagios que sufrí, son los lectores más increíbles que alguien puede tener. Los que me insultaron por frenar mis historias, realmente no me interesa que me lean. Los que no estaban de acuerdo y me lo dijeron con respeto, les pido mil disculpas, realmente no tenia opción.
No se enfaden conmigo porque no entendieron el enredado árbol familiar de Sasuke e Itachi, eso se sabrá a su tiempo.
Para los que todavía no lo leyeron, hace una semana actualicé Lo Excesivo.
