Gente, aqui mi séptimo capitulo (como los dioses Idhunitas XD). Gracias por el apoyo!!!!!! Sigan leyendo y por favor recomiendenlo con amigos, familiares, conocidos y/o el vago de la esquina...


Es el momento de decirles q estos personajes (o la mayoria de ellos) son invención de Laura Gallego...



Recuerdos.

Era de noche. Sólo una sombra se veía en medio de la superficie del agua. Una sombra que se deslizaba, sigilosa en medio del mar. Al llegar hasta donde un oscuro bulto gigantesco reposaba, la criatura de detuvo. Esbozó una sonrisa que mostró sus dientes y fue hasta el pie de la roca. La pesadez en el ambiente era casi insoportable, pero ella logró aguantar esa presión, esa oscuridad y maldad que parecía emanar de la misma piedra.

"¡Oh! Deeva, mi querida, no esperes más que mami está aquí. Tranquila mi cielo por fin te he encontrado y nadie podrá separarnos."

La varu hablaba con la chica que estaba junto a la roca, sollozando hecha un ovillo.

"Por favor pequeña no llores más -Transmitió la varu a la joven.- Estoy aquí, no llores más."

Ella se incó para abrazar a la chica que seguía llorando. Mientras la chica soltaba pequeños sollozos, la varu comenzó a entonar una canción de cuna. La mecía suavemente, aún cantando hasta que la chica dejó de sollozar, recargó su cabeza en el pecho de la varu y no se movió más.

Un joven varu buscaba a Gaedalu, le había llegado un mensaje de los pielseca . Él nadaba, dirigiéndose a un lugar preciso que no le parecía agradable por la misteriosa piedra negra que se hallaba reposando, aparentemente inofensiva en medio del suelo del mar. Deseaba encontrar a Gaedalu lo antes posible, porque sentía la presencia de esa piedra, de esa cosa. Era como un vacío, maligno e insoportable. Mientras más se acercaba al origen de aquel aura, empezó a escuchar una melodía, era suave y dulce. Pero después de un rato, mientras se escuchaba cada vez más fuerte, la melodía empezó a cambiar, se transformó en un conjunto de notas y sonidos perturbantes, peligrosamente dulces. Al llegar a unos metros de la superficie lisa y negra como un vacío, se detuvo pues su búsqueda había terminado. Al pie de la Roca Maldita se encontraba Gaedalu, con los brazos alzados a la altura del pecho, abrazando a algo invisible. Sus ojos se encontraban perdidos viendo a la nada mientras se mecía suavemente al ritmo de la melodía que su mente transmitía.

El chico observó la escena por unos momentos, incapaz de detener el dulce canto de la varu. La incomodidad cada vez se hizo más fuerte mientras más tiempo permanecía junto a la Roca, retrocedió medio metro, no soportaba esa sensación.

"Señora, le ha llegado un mensaje." Transmitió el chico, lo más fuerte que pudo.

El canto paró enseguida, la varu levantó la cabeza y volteó en dirección al muchacho. Lo observó por unos instantes, pero sus ojos no revelaban nada, seguían perdidos en la inmensidad del océano. El muchacho se estremeció.

"¿Qué es lo que decía el mensaje?" preguntó la varu después de unos segundos.

"Debe ir a la superficie, se le espera en la playa." Respondió el muchacho.

"Ahí estaré." Dijo sencillamente la varu.

El muchacho no esperó un segundo más y emprendió la marcha hacía la ciudad submarina que era su hogar. Se alejaba lo más rápido que podía pues sentía todavía escalofríos al recordar aquella roca, aquella mirada.

Gaedalu permaneció unos segundos más ahí, suspendida en el mismo lugar. Deeva se había ido. Miró hacia arriba, desde donde la tenue luz de las lunas atravesaba el agua e iluminaba la roca. Después emprendió su viaje hacia la superficie, donde le esperaban.

Al llegar a la playa salió del agua, no era agradable dejar su elemento. Sentía el frío y el aire le rozaba la cara. Se dirigió a una cueva que estaba al pie del afilado barranco que llevaba a tierra firme. Ahí se alcanzaba a ver la luz rojiza de una fogata. Al llegar a la cueva encontró a tres hombres y tres mujeres, esperando. Al acercarse a la fogata todos la observaban, desde sus respectivos puestos al lado de la fogata. Todos ellos llevaban diferentes ropajes, pero había una cosa que destacaba en sus pechos, cada uno tenía una pequeña insignia de oro.

- Llega justo a tiempo Gaedalu, la estábamos esperando. –dijo el hombre que se encontraba más cercano a las llamas, con una sonrisa en el rostro.

* * *

Erick había despertado a media tarde en el parque. Se había puesto en pie y había corrido lo más rápido posible hasta su casa, pues sabía que su madre no iba a pasar por alto la pequeña escapada que se había dado. Por suerte para él, su madre todavía no había llegado a casa. En cuanto entró en la casa lo sorprendió su padre, quién estaba sentado en la sala, tocando su vieja guitarra. No era la primera vez que salía al parque y se quedaba dormido, desde aquella vez en que había sentido un extraño desprecio por Eva, le había dado por ir al parque cuando se sentía inquieto. A veces cuando no soportaba esa inquietud que era como la calma antes de la tempestad deambulaba sin rumbo por ese parque, dejando a su mente divagar y enfocarse hasta en la cosa más simple.

En cuanto Erick cerró la puerta sigilosamente, caminó de puntillas hasta la escalera al fondo del pasillo, pero cuando puso un pie en el primer escalón, este crujió y la música de la guitarra dejó de sonar cuando Jack alzó la vista y encontró a su hijo, tieso con un solo pie puesto en el escalón.

- Hijo, ¿qué haces? –preguntó Jack al ver la cómica pose que tenía Erick.

- ¿Yo? –Preguntó el muchacho

- Claro, ¿qué acaso tengo otro hijo? –Preguntó Jack, con una amplia sonrisa.

- No, eso es cierto. Pues yo estaba… - Erick intentó pensar en alguna excusa que explicase lo que estaba haciendo y el por qué había estado afuera hasta tarde.

- Yo... fui a la tienda a comprar algo dulce, tenía antojo de algún caramelo. Y como vi que estabas muy concentrado en la guitarra, decidí no hacer ruido. –dijo atropelladamente el muchacho. Era pésimo mintiendo y lo sabía. Esperó a que su padre le reprimiera por mentir, pero éste sólo dijo:

- Muy bien, pero a la próxima me traes a mí algo de la tienda también. -Respondió el padre de Erick, aún sonriendo.

- Claro papá. –dijo Erick un tanto sorprendido.- Tú sabes, yo tengo cosas que hacer, así que ya me voy... Por cierto sigue tocando, es una melodía increíble. –continuó el muchacho intentando tapar su mentira.

- Gracias hijo.

Erick se fue. Y Jack soltó una alegre carcajada cuando escuchó el ruido de la puerta de su hijo cerrarse. Era en verdad muy malo para mentir. Jack sabía que su hijo había mentido, pero no le dio importancia y continuó tocando. La melodía se volvió cada vez más dulce hasta convertirse en una balada. Esa balada la había escrito mucho tiempo atrás, luego de que llegara a la casa de la frontera, luego de que sus padres fallecieran. Después de la muerte de sus padres habían cambiado todas las cosas que él conocía, no sólo se había quedado huérfano, sino que había aprendido a usar una espada, había luchado en una guerra que no pertenecía a la Tierra, la que había considerado su hogar hasta que junto con Shail, Alsan y Victoria, había descubierto que no era humano, que todo era una mentira. Que su verdadero planeta natal era Idhún. ¡Como extrañaba Idhún! Extrañaba ver la luz de los tres soles en el día y la luz de las tres lunas en las noches. Extrañaba la compañía de sus viejos amigos…

- Amor, que linda melodía.

La voz de Victoria sonó cerca, en su oído.

- La escribí después de conocerte. –dijo él en un susurro. Había dejado de tocar y sólo miraba a Victoria. Después de unos segundos no reprimió el impulso de besarla. Ella por supuesto que no opuso resistencia. Fue algo breve, lleno de cariño. Luego se separaron. Sentados ambos en el sillón de la sala.

- Victoria, ¿recuerdas los soles? ¿Recuerdas nuestra casa en Celestia?

- Por supuesto. Jamás olvidaría eso. –Ella miró a Jack, extrañada por tal pregunta.

- Lo que pasa es yo he comenzado a olvidar, no recuerdo tantas cosas sobre Idhún. Extraño tantas cosas. –el rostro del dragón mostraba una expresión melancólica, un tanto distante.

Ella lo abrazó, sabía cómo se sentía, pues ella misma se sentía melancólica de vez en cuando, recordando, extrañando.

- Algún día volveremos, ya lo verás. –Le dijo ella en un susurro. –Volveremos a ver la luz de Erea brillando en la noche.

Desde las escaleras, escondida entre las sombras estaba Eva, quién había escuchado todo lo que sus padres habían dicho en completo silencio y con mucha atención. Ahora que lo mencionaban, Eva no recordaba que sus padres le hubieran dicho algo acerca de ese lugar llamado Celestia, de hecho ella ni siquiera sabía que existiera un lugar con ese nombre. Hasta donde ella sabía su padre había sido criado por una familia danesa y había llegado muy joven a Madrid, después de que sus padres hubiesen muerto, y su madre le había conocido y habían dejado el colegio al quedar embarazada ella de Erick. Todo lo que habían dicho no tenía sentido, solamente existían un sol y una luna, y no conocía ningún astro con el nombre de Erea. Eva analizó todo esto y sintió curiosidad, profunda e irresistible curiosidad.


Fin del Capitulo... Bueno eh? Debo admitir que me divertí mucho escribiendo sobre Gaedalu la loca... XD

Agradecimientos: A mi papá, a Júpiter... en donde encuentro la inspiración necesaria para escribir

a Laura Gallego García, cuyas historias hicieron que soñara con ver Tres lunas brillando sobre el manto nocturno.

Por último (pero no en importancia) gracias a ti, que has leido esta historia!...

Atte:

BeRe