Encontré un hueco en mi agenda y decidí pasar el capítulo a formato digital. Les agradezco de nuevo a quienes siguen la historia, y en especial a Sakuya Yoruno, Lesty, usakochiba y a sirone aphrody por sus reviews.

¡Hasta el próximo capítulo!

Capítulo 7- Aferrada a una esperanza.

Haruhi miró a su alrededor antes de cerrar la puerta de la habitación tras de sí. No deseaba que nadie la hubiese visto entrar sola con Tamaki.

-¿Qué haces aquí?- preguntó nerviosa ante la sorpresiva presencia del joven Suou.

Él no contestó. Se limitó a admirar a la chica con el hermoso vestido de novia que llevaba puesto. No podía dejar de mirarla, tanto por que la había echado de menos, como por que estaba embelesado por su imagen. No pudo evitar que sus ojos mostraran algo de añoranza.

-Eres muy hermosa, Haruhi.

La chica se sintió avergonzada. Sus mejillas adquirieron un notable color rojizo. No era alguien muy acostumbrada a halagos tan directos.

-¿A qué has venido, Tamaki?

-¿Por qué no me hablaste sobre esto? ¿Sobre tu boda con Kyouya?

-Ya no hay nada entre nosotros. ¿Por qué habría que darte detalles de todo lo que hago?

-¿Es que ya no sientes nada por mi?

Haruhi enmudeció. Era capaz de comportarse fría y distante con Tamaki, pero de ninguna manera podía mentirle. Ella no era así. Odiaba en ocasiones ser una mujer demasiado honesta.

-¿De qué te serviría saberlo? Tu tienes muchos planes por delante, Tamaki…y yo no estoy contemplada en ellos.

-Te equivocas, yo…he pedido a mi abuela una prorroga.

-Pero al final no importa, vas a casarte de cualquier forma.

-La diferencia sería…con quien.

La joven lo miró con duda. No alcanzaba a comprender lo que él quería decir.

-Escucha, yo solo he venido a pedirte perdón y a suplicarte que confíes en mí. Necesito que me esperes, al menos hasta que todo esto termine.

-¿A qué te refieres?

-A tu matrimonio. Necesito que aguardes hasta que tu matrimonio con Kyouya termine. Luego…cásate conmigo.

-Sigo sin entender…-

-No importa. Lo único que debes saber es que confió en Kyouya…y en ti. Esperaré hasta tu divorcio, si es que…aun me amas.

Haruhi se sintió conmovida. Amaba a Tamaki. Deseaba creer en sus palabras, pero no quería aferrarse a falsas promesas. Ya lo había hecho una vez y no podría soportarlo de nuevo. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Tamaki se acercó a ella y limpió su llanto con ambos pulgares.

-Nunca quise mentirte y tampoco he querido renunciar a ti. Intentar ser el líder de los Suou es demasiado difícil. Con sus reglas, sus apariencias, pero conoces mis motivos. Quiero poder hacer las cosas a mi modo, aunque eso requerirá tiempo. ¿Estás dispuesta…a esperar por mí?

Haruhi solo pudo asentir débilmente. No sabía que podría pasar de ahora en adelante, pero necesitaba creer en Tamaki. Deseaba aferrarse a la idea de que podían rescatar el amor que los había unido…aunque fuera estando separados. Tamaki sonrió, aun con el rostro de la chica entre sus manos, y poco a poco comenzó a acercarse para besar sus labios.

Ambos estaban a pocos centímetros uno del otro. Tamaki ya había cerrado los ojos. Haruhi aun se resistía un poco. De pronto, el sonido del llamado a la puerta los alertó. Se separaron alarmados antes de escuchar una voz al otro lado.

-Señorita, la boda comenzará en cinco minutos. Le sugiero que se apresure.- Era una de las sirvientas de la mansión.

Tamaki sujetó los hombros desnudos de Haruhi con ternura mientras sonreía tristemente.

-Te…deseo suerte. Si necesitas algo, cualquier cosa, no dudes en llamarme.

-De acuerdo…cuídate mucho.

Haruhi se alejó de él para poder dar media vuelta. Luego se apresuró a salir de la habitación, dejando ahí a Tamaki. Su corazón latía frenético mientras comenzaba a andar por los pasillos del piso superior de la mansión Ootori, rumbo a cumplir aquella promesa que había sellado desde el fondo de su corazón.

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La pequeña Nanami se mantenía fuertemente abrazada a Kyouya, quien correspondía con agrado el gesto.

-¡Tío, pareces un príncipe!-

-Y tú eres una dulce princesa. Tal vez más tarde quiera concederme el honor de bailar conmigo, ¿le parece?

La niña hizo un leve mohín con la boca en señal de desacuerdo.

-Pero tú vas a tener ya a tu propia princesa.

Fuyumi apareció detrás de ellos, riendo por el comentario de su hija. Kyouya dejó a su sobrina en el suelo para que anduviera libremente por la mansión.

-¿Sabes? Creí que tendrían que pasar muchos años para que llegara este momento. ¡Me siento muy feliz!

-Te lo agradezco mucho, hermana.- respondió él con formalidad, sin entusiasmo alguno.

-¡Qué lástima que Kaito y Kouji no estén disfrutando del evento!

Ambos dirigieron sus miradas hacia donde se encontraban sus hermanos junto con algunos socios de la Corporación. Los mencionados no parecían estar muy contentos. Kyouya sonrió con burla.

-Creo que están esperando a que decline en cualquier momento.

-¿Lo harías?

-¡Por supuesto que no! He pasado toda mi vida superando obstáculos. Este es solo unos más.

Fuyumi sonrió con tristeza por esas palabras.

-Ojala…pronto puedas darte cuenta de que el amor no es un estorbo.

-No hay amor, hermana. Solo quiero lo que es mío.

-Pero Haruhi es una chica excelente. Tal vez, si le dieras una oportunidad, podrías…llegar a amarla.

Kyouya no se inmutó. En cambio, dirigió su vista a cualquier punto de la recepción.

-Sabes muy bien que el amor no es una opción para mí…nunca lo fue.

Fuyumi reprimió el deseo de abrazarlo. Ella era parte de esa historia. Conocía muy bien esa gruesa coraza que escondía al verdadero Kyouya. A ese niño pequeño que había tenido que cuidar de sí mismo, que había enterrado sus sentimientos en lo más profundo de su ser. Ni siquiera ella había sido capaz de rescatarlo de su soledad. Confiaba, aunque fuera solo un poco, que Haruhi podría derretir la nieve en su corazón.

De repente, todos los presentes dirigieron su atención a lo alto de la escalinata. La novia estaba lista para bajar. Haruhi comenzó a descender al ritmo de la marcha nupcial. Ranka la esperaba vestido de gala al pie de la escalera. Había lágrimas en sus ojos.

Por su parte, Kyouya miraba a su novia con asombro. Sin duda, Haruhi era bella, por mucho que ella se empeñase en ignorarlo, pero ese vestido de bodas resaltaba considerablemente su belleza. La tela ciñéndose a la forma de su cuerpo y dejando a la vista la mitad de sus piernas, al igual que sus hombros, donde solo había un par de finos y muy delgados tirantes. El joven Ootori solo tragó saliva con dificultad.

Después de todo, también era un hombre, y como tal, no estaba exento de rendirse a los encantos de una mujer, aunque no era algo que acostumbrara con frecuencia. De hecho, lo que a Kyouya le cautivaba era la belleza natural. Las mujeres que no recurrían a cosas tan banales como el maquillaje y la ropa costosa…tal como Haruhi.

Kyouya tuvo que carraspear un poco para interrumpir el rumbo de sus pensamientos. Todo debía estar bajo su control, como siempre. Se irguió algo tenso cuando Ranka y Haruhi se acercaban a él. Le sonrió a la chica con complicidad cuando sus miradas se encontraron.

-Espero que cuides muy bien de ella, Kyouya.- dijo Ranka con serenidad, tratando de parecer amenazante. Kyouya lo miró, impasible.

-Le prometo que nada le pasará. Ahora es…mi compañera.

Kyouya aceptó la mano de Haruhi entre la suya. La ceremonia comenzó.

-¿Te gustó mi regalo de bodas? Susurró el joven Ootori apenas lo suficiente para que la chica lo escuchara.

-Debí sospecharlo.-respondió ella con la mirada fija en el juez que llevaba a cabo el enlace matrimonial.

-Espero que ahora tengas la seguridad de que este matrimonio te traerá muchos beneficios.

-No lo hago por eso.

-Lo sé. Es solo que quiero que sepas que aprecio mucho lo que estás haciendo.

Tras esas palabras, Kyouya sujetó con firmeza la mano de Haruhi. Luego, ambos permanecieron callados mientras la ceremonia continuaba.

Todo el mundo los observaba. Algunos conmovidos, otros con cierto recelo, y algunos otros con enojo. Tamaki los miraba con tristeza desde lo alto de las escaleras. Luego, tratando de no ser notado, se retiró de la mansión.

Finalmente, llegó el momento de los votos.

-Kyouya Ootori, ¿aceptas a esta mujer como tu esposa, y amarla, cuidarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

-Acepto.

-Y tú, Haruhi Fujioka, ¿aceptas a Kyouya como tu esposo, y amarlo y honrarlo, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

-Si…acepto.

-Entonces, los declaro marido y mujer.- concluyó el juez.

Los presentes estallaron en aplausos y felicitaciones. Los recién casados sonreían con algo de dificultad mientras los invitados aplaudían. De pronto, Kaito Ootori pidió que le concedieran la palabra.

-Querido hermano, parece que olvidas algo.- dijo sonriendo con malicia. Aún no has besado a la novia.

Los invitados apoyaron la noción, y entre aplausos, comenzaron a exigir ser testigos del gesto. Kyouya y Haruhi se miraron nerviosos. Él solo atinó a tragar saliva, pues realmente no estaba nada experimentado en las artes del amor. El joven Ootori nunca se había enamorado antes. No estaba en sus planes de vida.

-Hermano, esto de verdad no es…-

Kyouya se vio sorpresivamente interrumpido al sentir las manos de Haruhi sobre sus hombros. Ella le dirigió una intensa mirada, pasmándolo. Las manos de la chica fueron ascendiendo suavemente, hasta posarse en la nuca y cuello de Kyouya, atrayéndolo hacia ella.

-Es solo una pequeña parte del juego.- susurró Haruhi al oído de su ahora esposo.

Él no se resistió más. Relajo su cuerpo y envolvió con uno de sus brazos la pequeña cintura de la chica, para luego fundir sus labios con los de ella…en su primer beso.