Disclaimer: Digimon ni sus personajes me pertenecen. Son propiedad de la Toei y de Akiyoshi Hongo.
Capítulo Siete: Sensaciones de Deja Vu.
Mimi se marchó del cine lo más rápido que pudo. No es que estuviera atrasada, o, en realidad, no es que tuviera otro compromiso ni nada de eso. Pero sí estaba apurada en salir de esa situación. Después de que perdió de vista a sus amigos, se detuvo un momento y tomó algo de aire. Miró a su alrededor: estaba en un barrio comercial y, extrañamente, prefirió meditar en lo ocurrido a gastar todo su dinero en ropa.
Metió las manos en los bolsillos de su abrigo verde y comenzó a caminar despacito, porque ya ninguno de sus amigos la iba a alcanzar y así podría pensar tranquila…
Primero, en Sora… Su amiga pelirroja que había decidido (de la nada) volver con Yamato. Haciendo como si todas sus discusiones no hubiesen ocurrido y hubiese decidido hacerle una bufanda a mano. Ni siquiera parecía tomar en cuenta los sentimientos de Taichi hacia ella…
Taichi… Su amigo había estado más extraño que de costumbre. Pero no creía que estuviera coqueteándole, es decir, después de todo lo que le había dicho. Nunca creyó que el castaño estaba redirigiendo sus sentimientos por la pelirroja hacia la castaña, para "evitar sufrir".
A lo mejor fui muy dura con él. – dijo en susurro, para sí misma. – Aunque, lo entiendo bien. Especialmente si está peleado con su mejor amigo…
Yamato… Yamato siempre parecía ser la guinda del pastel. Siempre terminaba pensando en él. Todos los caminos la llevaban a él. Y él, parecía ni darse por aludido. Aunque, increíblemente, estaba a su lado de forma constante. La acompañaba, la protegía, la consolaba, le sonreía.
Siempre a ella, a Mimi y no a Sora… Cuando debería ser al revés…
Realmente no entendía a esos tres.
Mimi soltó un suspiro. Si había que hacer un balance, éste era que la cita había sido un desastre y eso significaba que el plan de ser Cupido había fracasado. Soltó otro suspiro y dirigió su vista hacia el camino: aún le quedaban algunas cuadras para llegar hasta la estación de metro, así que prefería ir mirando las vitrinas de las tiendas para ver si así caminaba más rápido.
- ¡Mimi! – Una voz, ya bastante conocida por ella, gritó por detrás.
La castaña se dio la vuelta y miró si sus suposiciones eran correctas. Yamato caminaba con paso rápido hacia ella, medio serio y medio acalorado, pero estaba ya muy cerca. Así que ella detuvo su caminar, hasta que él la alcanzara.
Cuando él consiguió estar cerca de ella, el chico tomó algo de aire sin mirarla.
- ¿Pasa algo? – preguntó ella con total inocencia.
Bueno, no tenía idea de por qué a Yamato se le había ocurrido seguirla…
El rubio iba a comenzar a gruñir, pero prefirió aguantarse las ganas. Miró a la chica, desde su altura privilegiada y sintió esos típicos nerviosismos de enamorado. Maldijo mentalmente, sabiendo que a pesar de que le gustaba, odiaba sentirse nervioso ante ella.
- Quería saber si… - Yo te gusto. Completó mentalmente su oración. – Te dio miedo la película al final.
WHAT THE HELL?
Yamato sintió esa extraña sensación de querer patearse a sí mismo. ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? La peor, sin dudas. Seguramente alguien lo incluiría en los récords Guiness para la categoría de preguntas idiotas.
- Acaso… ¿estás tratando de hacerme conversación? – preguntó la castaña, considerando seriamente que tenía un problema de déficit atencional o algo así. Es decir, sentía que Yamato le había hablado en alguna parte del camino y ella ni cuenta se dio.
- ¿Qué? – Ishida pensó seriamente que si él iba a los records Guiness a la categoría de preguntas estúpidas, iría Mimi en segundo lugar o algo así.
La chica pensó en contestar la pregunta inicial cuando se fijó en el cuello del muchacho. Ninguna bufanda azul lo cubría. Y, por extraño que pareciera eso, se alegró.
- Sora no te dio la bufanda. – dijo, con gracia.
- ¿Ah? – preguntó él, pensando que se había perdido en la extraña conversación que tenían.
- Que Sora no te dio la bufanda que te hizo. – Le explicó ella pacientemente, pero feliz.
- ¿Sora me hizo una bufanda? – preguntó, sintiéndose estúpido. Realmente no entendía a esa chiquilla.
- Sí, la acompañé el martes pasado a comprar la lana para comenzar a tejer. – Continuó su explicación, con gracia.
Yamato trató de hacer memoria, pero no recordó ningún momento donde Sora le extendía una bufanda.
- De hecho, andaba con un paquetito en el cine. – dijo ella, ya más calmada.
¿En serio? El rubio continuó haciendo memoria. Pero ni siquiera recordaba cómo andaba vestida la pelirroja.
- No me acuerdo. – Se sinceró.
- Y, ¿no te la dio cuando salieron juntos del cine?
- No. – respondió sinceramente.
Entonces Sora no quiere volver con Yamato. Pensó la castaña con alegría, porque sabía que eso significaba algo bueno para… Taichi.
La castaña sonrió con gusto y el rubio se sonrojó. La chica tenía bonita sonrisa, a pesar de que no parecía estar muy cuerda.
- Eh… te acompaño a casa. – Se ofreció finalmente Ishida, tímidamente.
- Está bien. – Tachikawa aceptó encantada. Por lo menos ya no estaría sola durante su regreso a casa.
Taichi gruñó a penas Yamato se fue del maldito cine. Iba a golpear la puerta, pero se la pensó dos veces cuando notó que era de vidrio. Seguramente sería costoso y su padre lo colgaría por hacerle pagar algo que no valía la pena.
Volvió a gruñir pensando en el maldito Ishida que no dejaba de tener la culpa porque no podría desahogarse con él.
En cambio, Sora, parecía estarse enfundando ánimos para entregarle la bufanda a su amigo…
- Eh… Tai… - Le llamó, con voz nerviosa.
El castaño se giró casi con aura asesina y se encontró con los ojos castaños de la que fue su mejor amiga.
Ahí estaba Sora, con esos ojos asustados que parecían suplicarle que le obsequiara algo de valor para cometer un acto que le salvaría la vida, o algo así. Como cuando le pidió ánimos para entregarle las malditas galletas a ese estúpido rubio… Prefirió ignorar ese asunto y tratar de ser amable. La chica no tenía la culpa. Sora no tenía la culpa. No, No y NO.
- ¿Pasa algo Sora? – Él mismo se sorprendió al escucharse tan amable cuando, en realidad, tenía ganas de matar a alguien y tirar su cuerpo al mar. Específicamente a cierto rubio de ojos azules…
- Eh… - Sora se permitió titubear, mientras aún se infundía ánimos mentalmente. – Yo… Toma. – Le extendió el bendito paquete que había llevado consigo toda esa tarde en el cine.
De pronto la chica se sintió como si fuera la persona más estúpida del mundo por no saber cómo entregar un regalo correctamente.
- ¿Es… para mí? – preguntó Taichi completamente incrédulo.
- Sí… - dijo, decepcionada la chica. Supuestamente, en esta parte del diálogo debería estar contento y abriendo el maldito regalo. - ¿No lo quieres?
- ¡No! – respondió él apresuradamente. – Sí, lo quiero. Pero… ¿por qué me lo das?
Sora reprimió un suspiro, esa pregunta era tan típica de Tai que en realidad ya no era tan frustrante escucharla.
- Quiero agradecerte. – El chico le dedicó una mirada de genuina confusión y Sora se alegró al pensar que Taichi seguiría siendo el mismo chico impaciente, impulsivo y olvidadizo que ella siempre conoció. – Por cuidarme, por estar ahí cuando yo y Yamato terminamos y por llevarme ese pastel de chocolate. Nunca te lo agradecí apropiadamente. – De pronto, la chica sintió sus mejillas arder. Realmente parecía estar inspirada cuando le dijo todo eso.
Los ojos femeninos se posaron en el regalo. El chico se lo arrebató y comenzó a abrirlo tan rápido como si estuvieran en la mañana de navidad. Sacó el contenido y se sorprendió: Era la bendita bufanda azul que Mimi le había mencionado que era para Yamato.
De pronto, el chico comenzó a reírse. Y la pelirroja se extrañó de toda la situación.
Mientras tanto, Mimi caminaba junto a Yamato, dirigiéndose a la estación de metro.
- O sea que Sora te mintió diciendo que la bufanda era para mí, pero en realidad era para Taichi. – dijo Yamato, aún tratando de atar cabos sueltos.
- Exactamente. – Le respondió Mimi, sonriendo. – A decir verdad, yo le creí. Pensé que ella aún estaba enamorada de ti, ya sabes, son ex novios, podría seguir queriéndote.
- Si, ya lo sé. Soy irresistible. – La interrumpió a modo de broma.
- Sí, como sea. – respondió ella, con voz aburrida. - El caso es que Sora me dijo que la bufanda era para ti y pues… me preocupé.
Yamato no pudo evitar emocionarse. No después de admitir sus sentimientos por esa chica y ella diciendo que se había preocupado porque su ex novia podría haberle regalado una bufanda. Y él sabía perfectamente qué significaba que una chica le regale una bufanda a un chico.
- ¿Por qué? – Bueno, el rubio era bastante impaciente, y necesitaba saberlo. Además que sabía que, cualquiera que fuese la respuesta de Mimi, significaba que ella le correspondía en algo sus sentimientos. Y eso, sin dudas, lo alegraba.
- Porque Taichi está enamorado de Sora.
Y de todas las respuestas posibles, Yamato no pudo predecir justamente esa...
- ¿Ah? – La pregunta se le escapó con sorpresa y total decepción. Aunque la castaña no lo notó.
- Vamos, eres su mejor amigo y ¿no te diste cuenta? – Mimi lo miró contrariada.
- No es eso. – respondió él. Por supuesto, Taichi poco importaba en esa conversación.
- Bueno, a mí me lo contó ese día que bailamos ese vals frente a toda la cafetería.
El rubio recordó ese fatídico día como aquel donde sus malditas dudas comenzaron. Dudas con respecto a la relación entre Taichi y Mimi.
- Y… Bueno… - Tachikawa, de pronto, se encontró incómoda. Supuestamente estaba junto al mejor amigo de Taichi, pero realmente estaba algo asustada de hablar cosas tan personales del castaño, sin saber si Yamato estaba enterado o no.
- ¿Y qué? – preguntó él, con curiosidad.
- Ahí me dijo que… Prefería buscar a alguien que lo ayudara a olvidar a Sora para que ella fuese feliz… contigo.
Y eso hundió al rubio. Él sabía lo que eso significaba. Taichi estuvo tratando de dirigir sus sentimientos hacia Mimi para olvidar a Sora durante todas esos años. Y él estando cerca ni si quiera le preguntó cómo estaba. ¿Qué clase de mejor amigo era?
Taichi, por su lado, extendió la bufanda que Sora le regaló. Con agrado notó que conservaba el olor de la pelirroja y se le escapó una sonrisa.
Y ni siquiera se había acordado de Yamato.
- Yo… Muchas gracias Sora. – dijo el castaño, aún con la bufanda en las manos.
Y, de hecho, se terminó quitando la que tenía puesta para enroscarse la que le hizo su amiga en el cuello. Aspiró con gusto el aroma que desprendía su bufanda nueva y sonrió.
- Se te ve bien. – Soltó, de pronto, la chica delante de él.
Es que, no hay nada mejor que el chico que te gusta use una bufanda que le tejiste tú misma.
Mimi miró a su amigo, quien se quedó callado de un momento a otro y parecía ignorarla. Y no es que le molestara ni nada de eso, pero estaban al frente de la estación de metro y si Yamato no le iba a hablar, perfectamente se iría sola. Porque, a fin de cuentas, sería lo mismo.
- Yamato. – Tachikawa llamó al muchacho, algo preocupada. Pero éste no reaccionó. Frustrada, resopló y volvió a insistir. – Yama…
Pero el rubio ni daba señas de querer prestarle atención.
La castaña gruñó por lo bajo. No tenía todo el tiempo del mundo, bueno, sí, era sábado. Pero si su amigo pensaba que estar parado frente a la entrada de la estación era algo que se hacía los sábados por la tarde, mejor se iría sola.
Suspiró y sin saber qué hacer, le dio un beso en la mejilla. Ignorando completamente que ya no se encontraba en Estados Unidos.
- Nos vemos Yama, debo irme a casa ya. – Le dijo, luego de darle ese beso.
Y Yamato despertó de su letargo, gracias a ese beso, justo para descubrir que su chica se estaba marchando sola hacia la estación.
Gruñó y decidió alcanzarla.
- ¡Mimi!
La castaña se dio vuelta y miró al rubio, quien se acercó rápidamente hacia ella. En dos grandes zanjadas, estuvo cerca… tan cerca.
Taichi y Sora comenzaron a caminar a sus casas, juntos. El chico de cabello color chocolate se había ofrecido a acompañarla y la pelirroja había aceptado gustosa.
De hecho, la chica miraba de reojo a su amigo y se sonrojaba cada vez que notaba que él seguía usando su bufanda.
Era como un sueño hecho realidad. Nunca le había tejido una bufanda y menos para el chico que le gustaba y… ahora ver esa bufanda azul en el cuello de Taichi era… perfecto.
- Gracias Sora. – Le habló el castaño, con delicadeza.
- ¿Eh?
- Que gracias, por la bufanda. Es muy calientita y suavecita. La usaré siempre.
Y Sora se sintió en el cielo, podía escuchar el coro de los ángeles y todo ese tipo de cosas.
Yagami, en cambio, se encontraba aún algo embriagado al sentir el aroma de su amiga en su nueva bufanda. Era un delicioso olor a vainilla que parecía extasiarlo cada vez que aspiraba. Ni en sus más locos sueños se habría imaginado que Sora tuviese una fragancia tan delicada. Pero no tenía nada de malo.
Mimi y Yamato no pudieron evitar mirarse, ni tampoco ver cómo era su propio reflejo en los ojos del otro por tanto tiempo que parecía la eternidad. Como si se hubiera detenido el tiempo y este los hubiera pillado en esa posición.
La castaña no podía dejar de detallar esos ojos azules que conocía desde la infancia, pero que ahora le parecían tan hermosos y tan, extrañamente, familiares. Era como si ella ya hubiese visto en esos ojos antes, o como si podía reconocer esa mirada.
Yamato, en cambio, no podía evitar sentirse feliz. A pesar de que acababa de terminar con su novia, de que ni siquiera había hablado con su mejor amigo y de que la chica que recién le comenzaba a gustar parecía ignorarlo. Aún así, esa misma chica estaba ahí, frente a él, mirándolo a los ojos...
¡Esperen! Esa era una situación muy comprometedora. Y, aunque el rubio pareciera muy desinteresado, el estar así de cerca con la chica que te gustaba era para poner nervioso a cualquiera…
- Eh… Mimi… - Trató de comenzar una conversación el chico, mientras rogaba para que su amiga no notara su sonrojo.
La castaña salió de sus pensamientos ante ese llamado. Miró a Yamato, quien había dirigido la vista a un reloj electrónico que se encontraba en las boleterías de la estación de metro. Y dicho reloj marcaba las 19:30, una hora prudente para volver a casa y alcanzar a hablar por teléfono con su papá, quien aún se encontraba en Nueva York.
Sí, era un buen panorama…
- Yama, debo irme ya. Gracias por…
- Espera Mimi. – La interrumpió él, algo nervioso.
La chica le dedicó toda su atención, pero esperando que no se demorara mucho.
- ¿Qué pasa, Yama?
- Yo… Eh… Quería invitarte a un helado… - ¿Un helado? ¿Con este frío? Ni él se lo creía. Miró a la chiquilla, quien parecía estar meditando la oferta. Pasó saliva y decidió intentarlo de nuevo. – O… si quieres… puede ser café. Es que… necesito hablar contigo. Es algo importante. – De pronto, adoptó un tono de voz lo bastante serio como para que Mimi no pudiera decirle que no.
Pero… ¿qué sería eso tan serio de lo cual quería hablarle a Mimi? Si ni él mismo tenía idea. Soltó un suspiro, mientras esperaba la respuesta de la chiquilla delante de él.
Mimi lo meditó unos segundos. No cabía duda que lo que sea que le fuera a decir Yamato, era importante. Pero, su papá todavía estaba en Estados Unidos, debido a que a lo largo del mes, no había podido tramitar el intercambio con su jefe. Por ende, no lo había visto y quería saber de él. No es que ocurriera nada malo o algo por el estilo. Pero lo echaba de menos.
- Yo… Yama, la verdad es que… - Hizo una pausa, pensando en cómo se lo tenía que decir. Ósea, no es que el rubio enfrente de ella no le importara, pero si decía algo de buenas a primeras, podía malinterpretar sus intenciones. – Es tarde y… mi papá aún está en Estados Unidos y… es una buena hora para llamarlo y saber cómo está. – Le dijo, algo apenada.
Yamato la miró también apenado, pero la entendía. Después de todo, el rubio sabía que Mimi era muy consentida por su papá y si él no estaba, era bastante natural que ella lo echase de menos.
Soltó un suspiro, pensando en si algún día podría lograr construir un vínculo tan importante como ése con Mimi.
- Está bien. Pero… ¿Podemos tomarnos ese café mañana? – Insistió con lo del café, esperando que fuera una oportunidad para volverla a ver ese fin de semana.
La castaña lo miró con curiosidad. Al parecer era algo muy importante lo que Yamato quería hablarle.
- Bueno. Entonces… Nos vemos mañana. – Le confirmó, con una sonrisa y se dio media vuelta para marcharse.
- Está bien. – dijo él, con una sonrisa boba en la cara.
Tachikawa comenzó a caminar hacia la entrada del metro serenamente. Metió las manos en sus bolsillos, pensando en que podría saber cómo estaba su papá y, de paso, encargarle algunas cosas que vendían en Estados Unidos y que en Japón eran bastante difíciles de conseguir como ropa o algunos accesorios para el cabello.
Ishida la vio marcharse con paso lento y tranquilo. Parecía más relajada y se veía más bonita. Era una lástima que no la pudiera acompañar hasta su casa…
¡Alto ahí!
- ¡Mimi! – La llamó, mientras trataba de alcanzarla.
- ¿Qué pasa Yama?
- Te acompaño a casa. – dijo, apresuradamente.
- ¿Eh?
- Que te acompaño. Ya es tarde Mimi, no deberías irte sola a casa. – dijo el rubio, con un tono de voz serio, como si fuera… un papá.
Mimi simplemente comenzó a reírse. Se había olvidado del lado protector que Yamato tenía con sus amigos. Así que con una carcajada, le tomó la mano al rubio y se dirigieron a las cajas a comprar sus boletos.
Mientras, por otro lado de Odaiba, Taichi podía divisar el enorme edificio donde vivía Sora, mientras ésta le comentaba algo sobre el nuevo texto que debían leer para la clase de literatura.
El castaño miró a su amiga de reojo, quien parecía alegre explicando la dichosa lectura, pero si le preguntaban, él no le importaba en lo más mínimo la novela, porque si fuera por eso, buscaría el resumen por internet después.
En realidad, por el sólo hecho de compartir el camino a casa, había hecho que Taichi se cuestionara nuevamente por sus sentimientos por la pelirroja.
Es decir, ahora no tenía idea de qué diablos pensar sobre ella. Porque, después de haber casi demostrado que aún quería a Yamato, cuando aún estaban en el cine. Ahora, le regaló, a él y no al rubio, una bufanda hecha a mano por acompañarla cuando estuvo con fiebre, justo al día siguiente de haber terminado con su ex.
El castaño miró el suelo pensando que su situación con Takenouchi no había cambiado mucho desde aquella navidad del 2002. Todavía podía verse a él, dándole ánimos a ella para que le entregara las dichosas galletas al rubio, mientras su corazón se rompía en diminutos pedacitos.
Y todavía podía recordar cuando, después del año nuevo, decidió esperar a Sora o esperar a la chica indicada que le borrara esos sentimientos por ella…
Y ya habían pasado tres largos años. Y él se encontraba junto a ella, en la misma triste situación, o incluso peor…
- Y Aiko decidió acercársele a Minato, mientras Kasumi… - Seguía explicando la pelirroja, pero notó como su amigo no le estaba prestando atención. - ¡Taichi! ¡Tienes que leerte este libro para el martes!
- ¿Eh? – El castaño salió de sus pensamientos. – Lo siento Sora, estaba distraído.
- Sí, ya lo noté. – respondió la pelirroja, con gracia. - ¿Y en qué pensabas? Sí se puede saber, claro.
Taichi dudó unos segundos en contestar. Habían pasado ya tres años desde que se dio cuenta que amaba a su mejor amiga y ella aún seguía sin saberlo. A veces se preguntaba por qué a él le dieron el emblema del valor si para cosas del amor era bastante cobarde.
Pasó saliva y miró a la pelirroja.
- No, nada. Me preguntaba si… ¿ya estás mejor? De tu quiebre, digo.
Sora se sorprendió de escuchar eso. Se detuvo un momento, para poder pensar bien qué iba a responder. La verdad era que no se había detenido a pensar en cómo estaba ella al respecto. Yamato había terminado con ella hacía tres semanas atrás y la pelirroja, de la nada, descubrió sus sentimientos por Taichi. ¿Es que no era extraño?
- Estoy... – Hizo una pausa. – Bien. Supongo. – agregó, finalmente, con tono inseguro.
- ¿Supones?
- Sí, ósea, eh… No sé, he tenido tantas cosas que hacer, que la verdad es que no me he detenido a pensarlo mucho tampoco. – respondió la pelirroja, sinceramente.
Taichi se detuvo por unos segundos. ¿Qué se supone que significaba eso? Es decir, si te gusta tu ex novio y quieres volver con él, entonces pensarías en él todo el tiempo, ¿o no? Lo decían hasta las aburridas revistas para adolescentes que leía su hermana (y que él a veces husmeaba de curioso y les dibujaba bigotes a las fotografías de famosos).
El castaño miró a la chica que se había adelantado a él y no había notado que él había hecho una pausa en su caminar.
- Sora, ¿quién te gusta? – susurró. Pero la pelirroja, aunque escuchó que su amigo le había hablado, no entendió que le había dicho. Así que se dio media vuelta y lo miró.
- ¿Dijiste algo Taichi?
- No… disculpa… - Prefirió no decirle nada todavía. Pasó algo de saliva y la alcanzó. – Pensé en voz alta.
Takenouchi miró a su amigo, algo preocupada, pero no dijo nada. Después de todo, ya habían llegado al edificio donde vivía y Taichi ya no tenía la obligación de seguir hablando con ella.
- Llegamos. – dijo el castaño, con un suspiro. – Llegaste sana y salva a tu casa. Tu mamá me tiene que dar una recompensa. – bromeó el chico y se comenzó a reír.
Pero Sora tomó la broma algo literal.
- ¿Por qué no te quedas a cenar? Mamá compró esos dulces que te gustan mucho.
- ¿En serio? – preguntó, el joven, con entusiasmo. – Está bien. Tendría que llamar a mi mamá primero. Tú sabes, se vuelve media paranoica si no llego temprano.
- Llámala desde mi casa. – respondió la pelirroja, con una sonrisa.
- Buenu.
Taichi le abrió la puerta principal del edificio a su amiga, con una sonrisa. Y Sora, también sonriente, se dispuso a entrar a su apartamento, mientras pensaba que iba a pasar toda la tarde con… ya no su mejor amigo, sino que con el chico que le gustaba.
Por otro lado, Yamato y Mimi llegaron al departamento de esta última y el rubio la dejó ahí. Después de todo, si pasaba conocería a la mamá de Mimi y, eso era bastante comprometedor cuando ahora sabía que le gustaba. Además, la castaña dijo que iba a hablar con su papá que se encontraba en Estados Unidos, así que lo mejor era marcharse.
Por lo tanto, el rubio decidió despedirse rápidamente de su amiga e irse a su casa a pensar qué sería ese tema lo suficientemente serio como para poder estar con la castaña toda la tarde del domingo.
A la mañana siguiente, Takeru despertó al sentir unos golpeteos en la puerta de su habitación. Miró la hora y gruñó. Eran las siete de la mañana y su hermano, de seguro, se le había ocurrido despertarlo a esa hora solamente para hacer un desayuno. ¿Es que acaso estaba loco?
Se sentó en su cama y buscó sus pantuflas mientras bostezaba. Había vuelto a jugar Samurái Shodown hasta las cuatro de la mañana, mientras vencía a los jefes de la etapa. Y además, estaba consiguiéndose un trabajo, pues Nintendo había anunciado una nueva consola llamada Wii y por lo que decían en las revistas, iba a ser genial tenerla…
Bostezó nuevamente y abrió la puerta de su habitación. Como lo supuso, Yamato estaba ahí con una cara peor a la de él.
- ¿Qué demonios te pasa? – El, antes, angelical Takeru se había esfumado. Especialmente cuando no lo dejan dormir las doce horas diarias que necesitaba para descansar.
- Takeru ayúdame.
- ¿Qué?
- ¡Qué me ayudes imbécil! ¿O todavía no te despiertas? – preguntó Yamato, de mal humor.
Takaishi llegó a la conclusión que esto del mal humor matutino era genético.
- ¿Qué mierda te pasa? – Volvió a preguntar el menor, con algo de paciencia.
- Tengo una cita con Mimi a la tarde.
Ósea que…
Eso significaba que…
Que… Yamato…
- ¡LO ASUMISTE! ¡Te gusta Mimi! ¡Ja! ¡Lo sabía! – y luego Takeru canturreó con alegría, olvidando todo su enojo.
Ishida lo miraba con una cara de perros.
- ¿Podemos hablar de lo importante? – preguntó, antes de lanzarse sobre su hermano y golpearlo.
- Buenu. – respondió con una sonrisa.
- Eh… Tengo una cita con Mimi…
- Sí, eso ya me lo contaste.
El mayor de los rubios lo quedó mirando, esperando que su hermano captara el mensaje de "Cállate".
- ¿Quieres desayunar? – Takeru asintió. – Pues entonces cállate y sígueme a la cocina.
Y así hicieron. Los dos rubios se dirigieron hasta la cocina para poder desayunar.
Mimi no despertó a las siete de la mañana, pero igual tenía sueño. La noche anterior había hablado con su papá, le había pedido algunas cosas para que comprara antes de irse a Japón y todo debía ser bonito y color de rosa. Pero, no.
Ese "tengo que decirte algo importante" que le dijo Yamato ayer, la dejó con la curiosidad.
- Yamato Ishida estúpido, ¿cómo se te ocurre dejarme en vilo así? – chilló, de rabia.
Lo decía porque no pudo pegar un ojo ayer en la noche. Y, por ende, durmió mal.
¿Qué era eso tan importante que Yamato debía decirle?
- Y… ¿si me dice que ama a Sora? – Se preguntó en voz alta la castaña.
¡Ay! Eso sí que sería malo, para Taichi claro.
Supuestamente ya había dejado de ser Cupido, su plan era basura en este minuto y ella ya no se sentía culpable por nada que ocurrió entre Sora y Yamato, porque ahora ellos ya se hablan decentemente y socializaban y todo bien. Así que, valga la redundancia, todo estaba bien.
Pero… pero… Taichi… ahora le gustaba Sora (ósea, lo de ayer en la tarde no contó para nada). Y ahora había un triángulo y… y… y… ¡Ay! ¡Mejor era no imaginarse nada!
Tachikawa soltó un suspiro. Miró el boleto del cine que estaba en su buró. ¿Por qué todos actúan de manera tan extraña últimamente?
Entonces la chica abrió los ojos. Y si… lo que tenía que decirle Yamato era algo… ¿grave?
- ¿Y si tiene una enfermedad terminal y quiere decirme su última voluntad para ayudarlo a cumplirla?
La imagen de un Yamato ojeroso y paliducho se le vino a la cabeza, de paso también tocía como tuberculoso y se le notaban pintitas verdes alrededor del rostro. Y le decía que amaba a Sora y por eso terminó con ella, para que no le doliera tanto cuando él muriera. ¡Ay! ¡Qué atrocidad!
E irreal…
- Mimi, ¡deja de pensar en estupideces! – Se regañó.
Claro, esas cosas ocurren sólo en las telenovelas… ¿verdad?
En el apartamento de Yamato, las cosas eran mucho más distintas a las que se imaginaba Mimi. Claro, porque el rubio comía de lo mejor una taza de arroz con camarones, junto a su hermano pequeño. Y, además conversaban, sin que una toz tuberculosa los interrumpiera, cabe destacar. Y no había pintitas verdes en el rostro de nadie.
Takeru amaba los camarones. Eran deliciosos, especialmente cuando los hacían fritos. Y su hermano era el mejor cocinero de camarones que había en el mundo.
- ¿Y bien? – preguntó Takeru. Luego de echarse un camarón a la boca y habérselo tragado, era el hombre más feliz del planeta. Así que todo su mal humor se fue a la basura.
Su hermano soltó un suspiro. Bien, no durmió en toda la noche preguntándose qué, exactamente, debía decirle a Mimi para que ella se convenciera que la cita que tenían fuera una salida de amigos, o cualquier otra cosa menos una cita.
- Takeru… ¿Alguna vez invitaste a salir a Hikari? – preguntó, el mayor, con algo de duda.
Si algo había que decir entre estos dos hermanos, es que la relación entre Takeru y Hikari, era casi tabú. Es decir, todo el mundo sabía que se amaban. Pero ninguno de los dos ha hecho algún movimiento al respecto. Y nadie podía meterse en su relación porque era, extrañamente complicada. En el sentido de que tanto Takeru como Hikari esperaban, algo así como, la "ocasión perfecta para declararse". Y aunque todos podían jurarles a esos dos que se amaban, ellos no lo creían. Por lo tanto, mientras nadie dijera nada al respecto, el estatus quo del mundo era relativamente normal.
El menor miró sus camarones con paciencia.
- Hoy pensaba hacerlo. – confesó de pronto.
- ¿Es broma? – preguntó Yamato. Y de la impresión se le cayeron los palillos, su camarón y casi le escupe el té en la cara a su hermano.
Takeru se lo quedó mirando seriamente.
- Hice una apuesta con Hikari en la semana.
Ishida le devolvió la mirada seria a su hermano.
- Le dije que si tú aceptabas tus sentimientos por Mimi, la invitaba al cine.
WHAT THE HELL!
Los ojos de Yamato ardieron en furia.
En cambio, Mimi, estaba contenta. Su mamá le había dado arroz con fresas y crema al desayuno. ¿Qué mejor manera de empezar el día que esa?
- Fresas, fresas, yo adoro las fresas. – canturreaba, mientras tomaba sus palillos y se disponía a comer.
- Hijita, estás de buen humor hoy. – dijo la señora Tachikawa, alegremente también.
- ¿Tú crees mami?
- Sí, princesa. Últimamente has tenido cambios de humores repentinos. Pero me alegra que ya estés mejor. – dijo alegremente la mamá de Mimi.
"Me alegra que ya estés mejor" Mimi se quedó pensando en esa frase todo su desayuno. Mientras masticaba una fresa se quedó pensando en los primeros días en Japón. Su mamá le había dicho lo mismo cuando habían aterrizado en su país natal.
Ella les había rogado a sus padres por regresar. Y sus papás la consintieron sin hacerle mayores preguntas. Pero no eran tontos…
Ellos sabían que algo había ocurrido en Estados Unidos como para querer volver así de pronto, especialmente cuando ella era la capitana de las porristas, era la chica más popular de la escuela y tenía… o mejor dicho, tuvo, un novio maravilloso.
Cuando la chica terminó de comer, su mamá seguía parloteando sobre el señor Tachikawa. Mejor era no seguir pensando en esas cosas...
Takeru reía nerviosamente. Su hermano había partido los palitos con los que comía de un solo apretón de manos.
- ¿Qué tu apostaste qué? – preguntó amenazadoramente el rubio mayor, mientras Takaishi notaba cómo Yamato ya comenzaba a subirse a la mesa para matarlo.
- Eh… Hermano… Hermanito lindo… - Takeru iba a entrar en desesperación. – Eh… tú sabes que yo te quiero muchooo. Muchooo. Y… te estimo… y aprecio… tú sabes… eres mi hermano favoritooo… - Pero el Ishida no cayó. El menor ya veía que un cuchillo era atravesado en su cuello "misteriosamente". - ¡POR FAVOR YAMATO! No creí que ibas a admitir que te gustara Mimi, aparte que… que… ¡Tú tenías algo que decirme! – Casi gritó, tan rápidamente, que de seguro su lengua se enredó un par de veces al hablar.
Y el mayor se detuvo. Lo último que le había dicho su hermano era verdad. Tenía una cita con Mimi, por haberle mentido sobre que "debía decirle algo importante". Y todavía no tenía idea de qué era esa cosa importante.
Takeru, quien se había tapado los ojos para no presenciar su propia muerte, miró a su hermano, el cual estaba contemplando su comida, con aire pensativo.
- ¿H-Hermano? – Le llamó el menor, aún temeroso de su vida.
- Sí, tenía algo que decirte… - dijo pensativamente, el Ishida.
- Y… ¿Qué sería? – preguntó Takeru, viendo en este cambio de tema una oportunidad para sobrevivir.
Yamato miró a su hermano. ¿Qué demonios se supone que debía decirle a él si se suponía que los hermanos mayores siempre tenían todas las respuestas?
- Ayer invité a Mimi a un café, para hablar de algo importante… - Comenzó a decir, aún algo inseguro.
- ¿En serio? – preguntó el menor, como si nunca hubiera escuchado eso. - ¿Y qué es esa cosa importante que debes hablar con ella? – Le preguntó, sin saber que ese era el meollo del asunto.
El mayor se revolvió los cabellos con desesperación.
- No… Tengo… Idea. – dijo, mientras se tiraba el cabello rubio.
Ahora fue el turno de Takeru de decir: What the Hell?
Mimi miró su clóset por enésima vez. No tenía idea de qué ponerse. Es decir, tomar un café con Yamato era sólo eso, tomarse un café con un amigo. Pero… pero… ¡Era con Yamato! ¡El ex novio de su mejor amiga! Es decir, que no debía ni ir muy arreglada, porque si Sora se entera podría malinterpretar las cosas. Pero tampoco debía ir muy desarreglada, porque Yamato podría enfadarse.
¡Dios! ¿Por qué la vida era tan complicada desde que esos dos decidieron terminar?
Terminar…
¡Terminar!
- ¡A lo mejor Yamato me contará porqué terminó con Sora! – chilló Mimi, con felicidad. Eso era casi como un secreto de estado. Y dudaba mucho que la pelirroja estuviera enterada de porqué su ex novio decidió romper con ella. – Pero… ¿Por qué me lo contaría a mí? – Se preguntó, con curiosidad.
¿Por qué no Yamato iba y se lo contaba a Sora y la dejaba en paz? ¿Por qué a Mimi y no a Sora?
Takeru evitó burlarse para que su hermano no cometiera fratricidio. "Los fratricidios son muy malos" pensó y luego decidió que algún día los vetaría si salía elegido primer ministro en Japón.
- No entiendo. ¿Para qué le mentiste? ¿Por qué no simplemente le dices: "Mimi, quiero tomarme un café contigo"? – preguntó el rubio menor, ya recobrando su seriedad.
- Porque Mimi se iba a ir… Y yo quería que… se quedara conmigo.
Si Takeru hubiera sido una mujer y no compartiera ningún lazo sanguíneo con Yamato, habría dicho: "¡Qué tierno es Yama!". Pero, como la realidad no es así, sólo se carcajeó por al menos diez minutos.
El rubio mayor se bancó todas las risas de su hermano menor, con mal humor. Esto sí que era frustrante: que tu hermano menor se burlara de ti por parecer un desesperado con las chicas. Y es que eso nunca ocurría. ¿Yamato Matt Ishida desesperado por una mujer? Eso JAMÁS. A Yamato le llovían las chicas, sus fans pagarían por estar en el lugar de la castaña. Pero, seguramente, Tachikawa no se daría ni por aludida…
Extrañamente ella no caía a sus encantos. Ella era inmune. ¡Porque hasta Sora cayó! Mimi era… era… extraña.
Cuando Takeru dejó de reírse, miró a su hermano, quien volvía a estar pensativo. Luego, se limpió unas lágrimas que le habían salido de sus ojos celestes, después de haberse reído tanto.
- Pero… ¿se te ha ocurrido algo al menos?
- ¿Algo cómo qué? – preguntó Ishida, de mal humor.
- Algo para hablarle. ¡No puedes llegar y decir "Tengo que hablar contigo" y después hablar del clima!
- ¡Eso ya lo sé idiota! – reclamó, enfadado. – Sólo que no sé de qué más hablarle si no es de el clima.
- Pero… ¿qué quieres decirle exactamente? – Takeru se puso serio.
- No lo sé. En realidad quiero que Mimi no me vea como un amigo… - Comenzó a decir, con tono pensativo.
- Pues… ¿qué hace que ella te vea como un amigo? – preguntó, ya casi como si estuviera hablando solo.
Yamato miró a su hermano menor. ¿Era idea suya o sus conversaciones por las mañanas eran tan filosóficas?
Takeru, en cambio, recordó que estaban comiendo camarones y… ¡Él no había comido desde hacía un buen tiempo! Así que se apresuró a coger uno con los palillos y echárselo a la boca.
- Seguramente cómo soy el ex novio de su mejor amiga… - Comenzó a hablar Yamato. Aunque no parecía estarse dirigiendo a Takeru directamente – A lo mejor me ve como alguien intocable o algo así…
- Puede ser… - afirmó Takeru y tomó algo de arroz con los palillos.
- En ese caso… ¡Debería decirle a Mimi porqué terminé con Sora!
Y Takaishi no pudo estar más de acuerdo. O quizás sólo asentía porque estaba comiéndose sus amados camarones apanados.
Eran las cuatro de la tarde del mismo día domingo. Mimi esperaba en su casa para que Yamato la fuera a buscar. Estaba bastante ansiosa por lo que él tuviera que contarle ese día en el café, pero prefería esperar a estar con el rubio a seguir volviéndose loca con las múltiples posibilidades de lo que él tuviera que decirle.
Soltó un suspiro y, justo en ese momento, sonó el timbre.
Corrió hasta la puerta de su casa y se encontró con cierto rubio de ojos azules que la había estado penando en sus pensamientos durante todo el día.
- Hola Mimi. – saludó, Yamato, de forma jovial.
- Hola Yama. – correspondió el saludo la castaña, mientras se colocaba sus zapatos y tomaba una cartera, para salir lo más pronto posible.
Yamato sonrió. Mimi estaba muy linda. Con un abrigo rosado, junto a unos jeans azules oscuro y zapatos de plataforma blancos con rosado. Y su cabello caía en sus naturales bucles. ¿Cómo es que no se había fijado en ella antes?
La castaña, en cambio, parecía impaciente. Su amigo rubio estaba completamente callado y no parecía tener intenciones de hablar. ¡Y ella, con lo preocupada que estaba! O… ¿es que acaso quería hablarle del clima?
Mientras caminaban a la estación de metro, Mimi sentía que pronto iba a comenzar a gruñir.
Y cuando llegaron a la estación. Yamato ni se dignaba a hablar. ¿Es que estaba esperando a que ella iniciara la conversación? La chica miró al rubio, quien estaba muy ocupado pagando en la máquina que venía los tickets.
¡Maldito Ishida!
Cuando el chico, inocentemente, le llevaba los tickets a la castaña. Ésta estuvo tentada a explotar en gritos.
- Yama… - Bien, si el señor "tengo que hablar algo importante contigo" no se dignaba a comenzar su conversación, ella lo haría… - ¿Qué me tenías que decir ayer? – preguntó, tratando de que él no percibiera su curiosidad y desesperación.
- Prefiero decírtelo cuando lleguemos al café.
A Mimi se le vinieron dos palabras a la mente: MALDITO – ISHIDA.
Yamato estuvo tentado a reírse. Era obvio que la princesita no era muy paciente. Pero, a pesar de todo, él se consideraba un chico algo tímido y hablar de cosas importantes en un vagón de metro era de todo menos privado.
Sin embargo, no iba a desaprovechar su oportunidad de estar con ella.
- Y… ¿qué tal la escuela? – Bien, por algo había que empezar.
- No se te ocurrió ningún tema de conversación, ¿verdad? – Le molestó la castaña. Si él quería jugar, ella también.
El rubio suspiró. Meditó unos segundos y contestó.
- Bien, si quieres me quedo callado todo el camino al café. – dijo, con tono totalmente desinteresado.
Él sabía que Mimi odiaba permanecer en silencio por tanto tiempo. Ni que la ignoraran, cuando estaba hablando.
Tachikawa sólo se limitó a mirar a otro lado. ¿Cómo fue que Sora lo aguantó por tanto tiempo?
- Pues… me ha ido bien. – Yamato sonrió gustoso. La princesita iba a comenzar a hablar. – En realidad no, pero no estoy tan preocupada tampoco… Digamos que estoy más concentrada en mi futura carrera de diseñadora de modas. – Comenzó a hablar.
- ¿Diseño de modas? – preguntó Yamato, con curiosidad.
- Sí, ¿por qué?
- Porque, pensé que querías ser… modelo. O algo así. Siempre te vi en ese rubro, pero más como modelo que como diseñadora.
Mimi se quedó callada. ¿Eso debía tomarlo como un cumplido?
- Eh… Al principio sí quería ser modelo. Pero no me gustaría que me tildaran de cabeza hueca. – confesó. – Además, sólo alguna de ellas terminan siendo diseñadoras. La gran mayoría termina casándose con artistas famosos y no hacen nada. A mí no me gustaría eso.
Yamato se quedó con la boca abierta. Siempre había creído que esa chiquilla era tan rosadita que no pensaba mucho sobre el mundo real. Pero, sabía perfectamente de qué estaba hablando. Y se mostraba bastante decidida al respecto.
- Te envidio. – Soltó de pronto.
- ¿Ah? – La castaña lo quedó mirando, curiosa.
- Tú sí sabes qué hacer con tu vida. En cambio yo, apenas puedo decidir qué comeré al día siguiente. – dijo, seriamente. – Mimi eres genial. – terminó por decir, sinceramente.
Tachikawa se sonrojó. Ese sí que era un cumplido.
- Y ¿cómo está Takeru? – preguntó, antes que su rubor se hiciera más visible y el rubio lo notara.
- Takeru salió con Hikari hoy. – dijo, tranquilamente.
- ¿En serio? ¡Ay, qué lindos!
- Sí. Es un verdadero milagro de Dios. – continuó el rubio. – Ojalá esta vez asuman que se aman y sean novios.
- Pues, no lo sé. Ellos dos son muy lentos.
- Demasiado diría yo. Todavía no entiendo cómo es que no se han aburrido.
- Bueno, Daisuke debe darle algo de emoción a la relación. – respondió, Tachikawa, divertida.
- Eres cruel. – replicó Yamato, pero en realidad él se estaba riendo.
Pero, luego, cayó en la cuenta de que la vida de su hermano era muy parecida a la de él. Porque a Taichi también le gustaba Mimi, como Daisuke a Hikari.
Yamato estuvo tentado a gruñir, al sólo imaginarse a Taichi compartiendo bufanda con Mimi, de nuevo.
Mimi, en cambio, continuaba riéndose por lo que acababan de decir sobre Daisuke. Claro, hasta que avisaron por altoparlante en qué estación de metro se encontraban. La cual era justamente dónde debían bajarse.
Así que la castaña tomó al rubio de la mano y lo obligó a bajarse del metro, mientras éste sólo se dejaba arrastrar, pues estaba más ocupado pensando en cómo golpear a su mejor amigo.
La pareja comenzó a caminar, de la mano, por una calle de Odaiba, donde hubiera un café cercano para beber la dichosa bebida y conversar amenamente.
Caminaron, conversando sobre algunos profesores de la escuela, también sobre la futura carrera de diseñadora de modas de Mimi, sobre el futuro concierto que daría Yamato, al cual Mimi ya estaba invitada, puesto que el rubio no desaprovechó su oportunidad para invitarla. Y así se llevaron, hasta que entraron a una conocida cadena de cafés.
La pareja entró a lo que parecía ser un salón. Afuera habían algunas mesas para servirse lo que se había pedido, pero como hacía bastante frío, nadie las estaba utilizando. Mimi corrió al mostrador, para ver qué cosas se podían consumir en el lugar, mientras Yamato caminaba más lentamente, pues él ya había decidido qué iba a tomar.
- Buenas tardes señorita, ¿en qué puedo ayudarla? – Una chica rubia saludó a Mimi, con gusto. Era la encargada del lugar.
- Eh… Pues… Yama, ¿tú qué quieres? – preguntó Mimi, al notar que el chico ya estaba a su costado derecho.
- Las damas primero. – respondió, el rubio, esperando que la castaña ya estuviera lista para ordenar.
Mimi miró la lista de cosas. Nunca se hubiera imaginado que existieran tantos sabores para un café. Ella ya conocía la tienda, era famosa en Estados Unidos, pero nunca había entrado, pues no le gustaba mucho el café.
La vendedora notó la cara de inseguridad de la chica. Y, como pronto se formaría una fila larga, lo mejor era darle alguna sugerencia.
- ¿Te gusta algún tipo de fruta en especial?
- Las fresas. – respondió Mimi, mientras trataba de echar un vistazo nuevamente a la lista de precios.
- Pues… Acabamos de sacar un café con sabor a fresas. ¿Te gustaría probarlo? – preguntó dulcemente la vendedora.
Mimi lo meditó. ¿Café con sabor a fresas? ¡Eso sí que había que verlo!
- Está bien
- Bien, un "Strawberry Mocha". – dijo, mientras tomaba un vaso y un lápiz. - ¿Su nombre?
- Mimi.
- Bien Mimi, en unos minutos más, tu café estará listo. – dijo la chica. – Puedes recogerlo en ese mostrador verde de ahí. – Y señaló donde Mimi podría obtener su vaso de café y poder consumirlo. - ¿Y usted joven? – Esta vez la chica se dirigió a Yamato.
- Un mocha con sabor a chocolate. Y dos brownies. – respondió el rubio.
- Está bien, ¿me dice su nombre?
- Yamato. – Y la chica tomó otro vaso, mientras escribía el nombre del rubio en el dichoso vaso y anotaba qué bebida debía contener. Luego, la chica sacó de una vitrina, dos brownies de chocolate. - ¿Son para servir o llevar?
- Servir. – respondió el chico.
- Bien. - Entonces, otra vendedora tomó los brownies y los colocó en dos platos.
La chica rubia que los había atendido les dijo el precio. Y Yamato, gustoso, pagó la cuenta, a pesar de que Mimi reclamó un par de veces, para que él no la invitara.
- Tranquila, otro día puedes invitarme tú. – Le respondió Yamato, cuando ya estaban parados cerca del mesón verde donde podían obtener sus cafés ya preparados.
Una vez que un chico les pasó los vasos con café y los brownies, la pareja de chicos encontraron dos mullidos sillones de color crema, donde podían sentarse. Y, al medio de los asientos, se encontraba una meza de café, donde pudieron dejar las cosas. Tachikawa miró la tienda y vio que toda la decoración parecía imitar las salas de estar de las casas.
- ¡Qué lugar más hogareño! – exclamó y se llevó un pedazo de brownie de chocolate a la boca.
Yamato sonrió. Ella parecía una niña pequeña. Él le dio un sorbo a su mocha y suspiró. Había estado dilatando ese minuto por bastante tiempo, pero era hora de decirle a Mimi la gran razón por la que se encontraban bebiendo ese café.
- Mimi, ayer te dije que teníamos que hablar algo importante. – Comenzó a decir seriamente.
La castaña pasó saliva. Bien, era oficial: había llegado el minuto donde su curiosidad podría saciarse.
- Sí. Yamato… ¿me vas a hablar sobre Sora? – preguntó la chica, esperando que sea eso.
El rubio se sorprendió. ¿Tan obvio era? ¿O es que por estar enamorado, la chica podía ver sus pensamientos? Eso lo asustó.
- Sí. En realidad, quería decirte porqué terminé con ella… - dijo, algo contrariado.
- ¡Ay! ¡Menos mal! – exclamó la chiquilla sin pensarlo mucho.
- ¿Eh?
- Es que, pensé de todo, ¿sabes? Incluso llegué a la conclusión de que tenías una enfermedad terminal y que por eso habías terminado con Sora.
Yamato no sabía si reírse, llorar, levantar una ceja o qué demonios. ¿Era idea suya o esa chica era igual de despistada que Taichi?
- Pero, continua… - dijo Mimi y se quedó en silencio.
- Eh… La verdad, yo ya discutí esto con Sora… - Hizo una pausa, para ordenar un poco sus pensamientos. – Eh… Terminé con ella porque… ya no la quiero.
Mimi guardó silencio por unos instantes. ¿Es que esa razón ya no era obvia de por sí?
- Bueno, es natural que alguien termine con la que fue su novia por años, porque no la quiere. – dijo Mimi, seriamente. – Pero, ¿por qué? Y, además, ¿por qué me lo cuentas a mí si Sora ya lo sabe?
La castaña nunca tuvo idea de que esas dos preguntas iban a poner en jaque a Yamato. Él ahora pensaba: ¿Y qué diablos va a responderle ahora?
- La verdad, te lo cuento porque tú estuviste ahí. – En parte era cierto. La chica fue espectadora en primera fila cuando terminó con la pelirroja. – No debiste estar ahí. – Y la miró, con ironía. – Pero, como estuviste, siento que también tengo que aclarar las cosas contigo.
La chica se quedó tranquila con esa respuesta. Pero aún quedaba la pregunta del millón.
- Pero… entonces… Si tú no quieres a Sora, ¿quiere decir que te gusta alguien más? – preguntó Tachikawa, seriamente.
El rubio se sonrojó. ¿Por qué ella estaba tan interesada en saber eso? El chico suspiró.
- Sí. – respondió y la miró directamente a los ojos. Si tenía algo de suerte, Mimi no captaría la indirecta. – Me gusta alguien más.
Mimi notó que Yamato era sincero. Estuvo tentada a preguntar ¿quién era esa chica? Pero sabía que su amigo era bastante reservado. Así que prefirió pasar.
- Pues… ¡Buena suerte! Si necesitas ayuda, puedes considerarme. – dijo Tachikawa con felicidad.
Bueno, él ya no era el novio de su mejor amiga. Y, aunque parecía bastante temprano como para que Yamato iniciara otra relación, aún así le deseaba la mayor de las suertes.
Yamato sonrió. Mimi reaccionó mejor de lo que él esperó. Eso significaba que dentro de poco tendría una buena oportunidad para poder conquistarla. Y, además, Mimi no tenía idea de que la chica que le gustaba, era justamente ella.
La pareja terminó de beberse su café y comerse sus brownies. Cuando terminaron, llevaron los vasos y los botaron en el basurero. Los platos fueron recogidos por un chico que trabajaba en el lugar.
Así, ambos salieron y caminaron por la gran avenida por donde habían llegado al café. En el camino, Mimi vio un puesto donde se vendían globos. Yamato, al notar lo emocionada que estaba, decidió comprarle un globo con forma de flor, que estaba amarrado a un palito blanco de plástico.
Tachikawa sonrió y aceptó gustosa la flor rosada de globo que el rubio le regaló. Y, a veces, cuando él la molestaba, ella lo golpeaba ligeramente en la cabeza con su flor de globo.
Sin embargo, a pesar de todo, ella no se había sentido tan feliz desde hacía mucho tiempo. Yamato era amable, atento, algo burlesco a veces, pero luego volvía a ser el mismo chico tierno de siempre.
Siempre estaba ahí para ella…
Como… Michael…
Abrió desmesuradamente los ojos y se quedó quieta, nuevamente. El rubio se dio la vuelta y la notó pálida. Se acercó hasta ella rápidamente.
Mimi… ¡Mimi! – La llamó innumerables veces. – ¡Mimi! ¿Qué ocurre?
Esa sonrisa. Era la misma que la que Michael le dedicaba. Pero, ahora, la chica sólo veía la sonrisa de su mejor amigo en navidad. Como ambos caminaban por las calles cubiertas de nieve de Nueva York, sabiendo que algo malo iba a ocurrir…
¡Mimi! – Volvió a gritar, Yamato. - ¡DESPIERTA!
El rubio veía con desesperación, como la gente sólo pasaba a su lado y ni se detenían a ayudarlo. Mimi estaba muy pálida y parecía que sus ojos se iban a desorbitar de pronto. De hecho, pensó que la perdería en ese minuto y continuó gritando con más fuerza.
Ella lo veía…
A Michael…
Con su cuerpo encima de la cama…
Con los ojos desorbitados…
Y el sudor aún fresco…
Cómo se aferraba a…
- ¡MIMI! – gritó Yamato, llamando la atención de algunos transeúntes y de la chica con dicho nombre.
El joven la miró completamente asustado. La chica aún continuaba pálida pero al menos logró dirigir su mirada hacia él. Yamato sólo la abrazó, tan fuerte como para evitar que se escapara.
- ¿Qué te pasó? – Le tomó la cara con ambas manos, pero ella sólo quería llorar. Así que dejó que algunas lágrimas recorrieran sus mejillas ya más sonrojadas, sin poderse creer lo que había vivido. Cuando se calmó un poco más, agregó. – Mimi, ¿recuerdas la canción que te cante? – La chiquilla asintió. – Cantémosla juntos, porque no te voy a dejar sola.
Yamato empezó a cantar su canción, mientras abrazaba a la chica, quien aún tenía algunos espasmos y tiritaba. El chico no la soltó hasta que se tranquilizó. Ella dejó de llorar y lo miró a los ojos. Matt se sorprendió de ver esos hermosos ojos miel, ahora hinchados y rojos por el llanto de la chica.
Sabía que era muy sensible y prefería esperar a preguntarle algo de lo que se veía no quería hablar. Así que, simplemente la tomó de la mano y la acompañó hasta su casa.
oxoxoxoxoxoxoxo
Notas de Autora:
Perdón, perdón, lo siento, gomen, sorry, mil veces PERDÓN! Ya sé que me demoré mucho, lo tengo claro. Y si quieren colgarme o matarme o ambas, sé que me lo merezco y... y... lo siento! T_T
Mis excusas son las mismas de todo el mundo: Mi facultad me come la vida! Ni siquiera he podido leer la gran cantidad de fanfics que antes leía T_T y pues... de escribir ni se diga! Mi musa está dividida en dos fanfics mimatos en este minuto y ¡SON DIAMETRALMENTE OPUESTOS! Yo... lo siento! Como ya son finales de año, puedo decir, que aunque se me vienen semanas pesadas, ya puedo demorarme menos entre una actualización y otra. Pero, aún así, sé que me demoré demasiado y que no tengo el perdón de Dios. Lo lamento chicas, espero que no me vuelva a ocurrir. De verdad ;-;
Pero... ¿podemos comentar el capítulo? Antes que me digan algo, yo quiero preguntarles algo (mejor dicho varias cosas) ¿Ustedes creen que Yamato ama a Mimi a estas alturas del fic? Yo digo que no, jejeje, pero no me malinterpreten. Eso no quiere decir que Yamato no la ame. Es sólo que Mimi le atrae, la encuentra linda, etc... Mimi, por el contrario, aunque ahora no lo demuestre, será ella la que se enamore primero de Yamato (aunque eso lo veremos en los capítulos siguientes).
Ahora, hablando sobre el ligero Takari... La verdad es que este fic si tiene contemplado algo de Takari y Kenyako. Pero del tipo "menciones honrosas", es decir, yo pensaba al menos decir un par de cosas, pero que se diera un final abierto. De ahí viene la mención al estatus quo y qué sé yo. Sin embargo, estuve considerándolo un tiempo y creo que sí podré incluir algo de Takari de una forma mucho más explícita a como iba a ser originalmente...
Y, hablando sobre el Taiora. Taichi y Sora están mucho más confundidos de lo que yo esperaba. Sé que les prometí una última escena Michi (que de Michi no tendrá nada en realidad) Para que Taichi se aclare harto. Pero Sora... En estos meses me dí cuenta que Sora no estaba taaan clara como yo creía. Así que, en honor a un gran climáx que se viene pronto, voy a deshacer una promesa que les hice en estas mismas notas de autora, unos capítulos más atrás.
Me gustaría agradecer a tres chicas que me dejaron reviews y que no puedo contestarles por PM. Gracias a Mega (disculpa la demora! A pesar de todo logré actualizar, sin embargo, sé que me demoré mucho y espero puedas leer este capítulo cuando puedas. Muchas gracias por tu review!). Gracias a Rikarinamon (Gracias mi niña por su review!). Y gracias a Stefi (Mi niña, Taichi ya no se confundirá tanto, pero prefiero dejar algo de tiempo para que las cosas se aclaren bien).
¿Y, qué les pareció?
¿Valió la pena la espera? Espero que sí. Yo ahora debo irme a clases (D:) falté a una clase para poder actualizar (y ahora debo irme a la siguiente porque mi próxima semana es una semana del terror para mí T_T).
Sobre la siguiente actualización, estuve pensándolo mucho y creo que me demoraré al menos tres semanas en subir el capítulo ocho. Es decir, el sábado 26 de noviembre nos volveríamos a leer de nuevo. Lamento que no sea antes, pero por el momento no puedo hacer mucho.
¡Muchas gracias por leer! ¡Un besito!
