Digimon Apocalisis

El pergamino de los Siete Sellos

7. El Nuevo Mundo Humano

Un grupo de soldados, una mujer y un hombre vestido en una túnica caminaban por los desiertos del Área Oscura del DigiMundo, sin lugar a dudas algo extraño pues se trataban de simples humanos, o al menos la mayoría. El hombre de la túnica era alguien sumamente extraño, oscuro y perturbador; era ni más ni menos el sacerdote de la extraña organización para la cual la mujer y los soldados trabajaban.

Era más que obvio que el sujeto conocía artes prohíbidas y secretos inenarrables. Además, sabía que los ejércitos de digimon oscuros estarían en otro lugar, combatiendo una guerra en contra de los digimon que servían a los Caballeros Reales, indicando que ese momento era el mejor para adentrarse en el interior de los peligrosos paísajes de esa realidad.

Para la mujer de cabello negro, cuyo nombre era Sarah y de nacionalidad norteamericana, ese hombre no podía ser humano. Ni siquiera podría considerarsele un brujo común.

Cruzaron por medio de bosques de espinas, de árboles negros sin hoja alguna, totalmente abandonados. Caminaron hasta que el hombre de la túnica hizo que se detuvieran en un claro con un gesto silencioso, cuyo centro era formado por una charca de agua negra y muerta. La mujer, que conocía lo que habían llegado a hacer, indicó que los soldados se hicieran alrededor de la charca con sus armas apuntando a esta, era demás decir que lo que iban a hacer era sumamente peligroso.

Lo que no se imaginaban era cuanto, de hecho, sería el error más grande que hubieran podido cometer en sus vidas.

El Sacerdote brujo comenzó con una ceremonía de resurrección, emitiendo horrendos alaridos y pronunciando palabras desconocidas e inquietantes, dando la bienvenida a un ser oscuro cuya muerte había sido un cambio para la realización del Nuevo DigiMundo.

Sarah miró los sucesos con un sentido de vacío que helaba la sangre, al tiempo que todo su cuerpo le decía que huyera del lugar lo más pronto posible si deseaba conservar su vida. Tenía el presentimiento sombrío que su líder les había encomendado una misión suicida, lo que estarían trayendo al mundo de vuelta era la muerte misma. Sin embargo, su sentido del deber le obligaba a quedarse, una acción que lamentaría poco después.

Después de minutos de conjuros y alabanzas a los prohíbidos, el estanque negro brilló con una luz verde enfermiza. Liberaba desde su interior una bruma de color verde, un encanto fantasmal para las desafortunadas víctimas que se dejaran tentar por el elixir de la entidad demoniaca. Para los hombres, fue la visión más maravillosa e inquietante que hubiesen visto jamás, una mujer que surgió de las aguas negras sin ningún tipo de vestimenta, siendo su cabello negro, piel pálida y ojos púrpuras su único distintivo.

Sus labios torcidos en una leve sonrisa coqueteaban con el corazón de los hombres, invitandolos a que se adentraran en el estanque. Muchos de los soldados ya habían caído en sus encantos, hechizados por la femina, quienes se adentraron en las aguas negras sin nadie que los parasé o incluso que los advirtiese del oscuro destino. Ni siquiera Sarah, que podía ver a través del terrible demonio que se ocultaba detrás, era capaz de hacer algo pues se había apoderado de ella el miedo más paralizante.

En cuanto al brujo, que no parecía verse afectado, poco o nada le importaba el destino de sus subordinados. Era consciente que ellos era corderos de sacrificio, vacas al matadero para que el ritual pudiese ser completado. Pero la sensación de muerte también le rodeaba, sobretodo cuando la mujer demonio puso su mirada sobre él, intuyendo sobre su naturaleza.

Lo que habían traído a la vida era nada menos que a Lilithmon, de los Siete Grandes Señores Demonio que murieron en la última batalla. La reina de las brujas que conocía muchos secretos y que había visto a través del hombre de la túnica, resolvió deshacerse de él sin siquiera darle la oportunidad de moverse.

Todos los soldados salieron de su hechizo al ver lo que Lilithmon había hecho, sin ningún tipo de provocación. Habían visto como su brazo se había deformado y movido como tal serpiente para apuñalar directo al hombre encapuchado en el corazón, o donde se supone debe estar este. Aquel brujo cayó al suelo retorciéndose de dolor, el cual no duró mucho pues la muerte por las tóxinas que había desarrollado la Diosa de la Oscuridad eran muy poderosas.

Los hombres, como pudieron, corrieron hacia la orilla aterrados.

- "Ya veo que esta horrible criatura me resucitó" - mientras, Lilithmon hablaba ignorando los gestos atemorizados de quienes la rodeaban. - "¿Se puede saber por qué?" -

Ninguno quizo responderle o verle a los ojos, ya no estaba el encanto en ellos sino la furia de un asesino despiadado. Ese fue su segundo grave error en esa vida, Lilithmon no era paciente ni mucho menos, era un digimon demonio muy determinado a la hora de conseguir lo que deseaba, sin importar los medios que usase para ello.

- "¿Nadie quiere hablar?" - preguntó.

Entre tanto, un vestido púrpura apareció para cubrirla, peinetas aparecieron para sujetar su largo cabello negro y una garra dorada se materializó en su brazo derecho.

- "¿Tengo que darles un incentivo?" - una vez dicho esto, dos de los soldados cayeron al suelo sin vida alguna.

Sin que nadie se hubiera dado cuenta, lanzó dos dardos directo al cuello de las dos víctimas. Solo entonces Sarah se dio cuenta que si no hacían lo que esa mujer demonio pedía, todos morirían en el bosque del Área Oscura; así que, a costa de la cobardía de sus hombres, se atrevió a hablar con tal terrible espectro.

- "Fue nuestro líder" - dijo ella, con la suavidad para no provocar la ira de Lilithmon - "Ha estado interesado mucho en este DigiMundo y buscaba a un digimon poderoso e inteligente, hermoso como tú..." - al parecer sus palabras estaban funcionando, la furia asesina de Lilithmon se había desvanecido, al menos por el momento - "Un maestro para adentrarnos en las artes de la magía y conocer los secretos de todos los mundos" -

- "¡Me parece una pequeñez tu respuesta!" - la Señora Demonio mencionó poco después - "Estoy segura que debe haber algo más. Bueno, no importa. Se lo pienso preguntar yo misma" -

Entonces se acercó a Sarah para tomarla con su garra dorada, haciendo que la viera directo a los ojos.

- "Si no me equivoco tu eres una humana sin ningún poder en especial, ¿Cómo fue que llegaste al DigiMundo para empezar?" -

- "Eso tendrás que preguntárselo a él, el nos abrió la puerta" -

- "Bien, entonces así será. Necesitaré un guía cuando llegue al Mundo de los Humanos, es otro mundo después de todo y necesitaré ser lo más discreta posible" -

Sarah asintió, iba a decirle a sus hombres que emprendieran el camino de vuelta a su propio mundo, sin embargo, los vió a todos muertos. Apenas si volteó hacia Lilithmon, quien le mostraba una sonrisa complice, la cual delataba sus fechorías aunque ella no hubiese visto cuando lo había hecho.

- "No los necesitamos, igual debieron decirles que les enviaron aquí a morir" - Sarah no supo que decir en ese momento, solo mirar a la bruja con desaprovación disimulada - "Y hay que apurarse, la batalla iniciada por Bagramon esta a punto de concluir. Pronto, el Área Oscura estará habitada nuevamente por los seres oscuros afines a esta" -

Entonces Lilithmon usó sus conocimientos en magía para abrir un portal hacia el mundo humano, con sólo agitar su garra dorada en el aire. Para Sarah, era como verla cortar un delicada tela para descubrir que había atrás. Lilithmon hizo una leve inclinación para que la mujer cruzara primero, cosa que hizo casi de inmediato al recuerdo reciente de lo que había pasado con sus hombres y aquel extraño sacerdote contratado por su jefe.

Lilithmon le siguió en la brevedad, para entonces el portal hacia el mundo humano se había encerrado y entrado este un ser que ocasionaria uno de los mayores males. Lilithmon cumpliría, sin saberlo y por deseo egoísta, profecías acerca de la Guerra del Fin del Mundo. Los únicos testigos de su resurrección fueron los cadaveres que ya se habián desintegrado en datos, convertidos en información que alimentaria a las legiones de demonios y bestias del Área Oscura por defecto de la maldición; sus almas nunca conocerían la paz, serían atormentadas por toda la eternidad en un lugar que Dios nunca podría alcanzar.

En ese lugar abandonado por la luz, los ojos muertos del encapuchado quedaron viendo en la dirección donde habían estado la mujer Sarah y el demonio Lilithmon. Quien nunca había sido humano había conocido la muerte cara a cara y a través de esos mismos ojos muertos un dios oscuro había registrado todo. Detrás de ellos, una terrible entidad se lamentaba un anterior fracaso de llevar a la humanidad a la locura pero, con estos recientes acontecimientos, estaba más que seguro que su objetivo se lograría.

La era del hombre había terminado y los grandes Dioses Exteriores volverían a aparecer para reclamar lo que les correspondía desde los albores del Universo.

(***)

Joe Kido hasta entonces se había encontrado en Shinjuku cuando recibió la llamada por celular de Tai, quien había sido alguna vez el Elegido que portaba el Emblema de Valor y que se escuchaba muy agitado, no era para menos. Le platicó acerca de la desaparición de su hermana de su habitación, al igual que sus otros amigos incluyendo al hermano menor de Takeru, eso significaba que la Guerra ya había iniciado y, a pesar de todos sus esfuerzos, no habían logrado contactar con ellos.

Ninguno pues había algo bloqueando la señal de manera deliberada. ¿Podría ser el enemigo? Era una opción tentadora y la más lógica, pero las cosas cambiaban y apenas si notaba los cambios.

Y Luego, estaba el asunto de Mimi Tachikawa y su extraño secuestro.

- "Este periodo, esta época es de mal augurio" - pensó para si mismo - "Es como si nos estuviesen dando una advertencia de todo lo que pasará. Aun no vemos los efectos de una guerra pero si cosas extrañas. Según Tai, Kari y los demás fueron llamados, supongo que la batalla debió de haber empezado en alguna otra parte. Bien, solo hay que confíar en ellos, seguro podrán sobreponerse... lo más importante ahora es..." -

Lo más importante era saber acerca del paradero de Mimi, o una pista que los acercase si quiera. Ese había sido el tema de la segunda parte de la conversación con Tai, acerca de un misterioso mensaje en la computadora momentos después de que todos se fueran. Tai parecía describirlo con miedo e inquietud, el mensaje en sí apareció en letras rojas sobre un contraste negro, pareciera un evento supernatural maligno pues no podía percibir ninguna otra sensación que esa.

El mensaje era claro, no había duda de lo que decía.

"Lo lamento pero el momento justo, un cuerpo por un alma, un cambio justo y para su desgracia, el primer ángel caído la eligió"

Se referían a Mimi y su captor, quien era llamado el primer ángel caído. Una reunión entre los mayores tenía primera prioridad, era su amiga y la única pista que tenían sobre su paradero. A pesar de que no era su guerra, el enemigo ya los había envuelto. Interferirián, le gustara o no a sus amigos más jovenes. Por esa razón había salido de sus estudios particulares en aquella ciudad y caminaba apresurado a la casa de su amigo, Izzy, quien ya tenía un par de teorías y era mejor escucharlas.

Su vista se perdía entre las avenidas, siguiendo mecánicamente el camino hacia el terminal de trenes, pero su vista se enfocó en un lugar en específico. Había una edificación que, en definitiva, no debía estar ahí.

Era imposible, lo veía y no lo creía, una panadería que su mente privilegiada no recordaba en absoluto. Era una panadería de estilo hogareño, su título lo decía: Panadería Matsuki. Tenía pensado no darle tanta importancia, quizá debió haberse fijado mejor en el pasado si se había hecho un cambio, sin embargo uno de los promocionales del negocio le dejó totalmente descolocado. Lo decía con letras en negrilla y era acompañado por un dibujo pintoresco: 'Hogar del Pan de Guilmon'.

- "¿Guilmon? ¿Acaso ese es un digimon?" - Joe pensó desconcertado, mucho más que antes.

Entonces recordó historias que habían dicho lo más jovenes hace cuatro años, momentos después de regresar del DigiMundo en búsqueda de Tai, Izzy, Matt y sus digimon.

Hablaron acerca de la Guerra de los Siete Señores Demonio, del último mal del DigiMundo, de la maligna bruja Medusa que pertenecía a otro mundo y todos los problemas que causó. También, con un anhelo de felicidad, acerca de un muchacho que, curiosamente, llevaba unos googles amarillos (tal como Davis lo hacía en sus días) y tenía por compañero a un digimon que nunca antes se conoció. De igual manera, recordaba que su nombre era Guilmon, el mismo del anuncio, y que su descripción física concordaba también.

¿Cómo era posible? Se suponen que eran de una realidad alterna de su mundo. Lo que veía ahora ante sus propios ojos era cualquier cosa menos probable.

Olvidando por un momento el mensaje angustioso de Tai, concentró su mirada para ver através del cristal. No podría entrar a la panadería ya que estaba un cartel que indicaba que estaría cerrado todo el día, sin embargo, eso no impedía que hubiera gente dentro de esta. La mayoría de ellos eran de la edad de Davis y sus amigos, luego eran acompañados por una pareja de edad más avanzada, probablemente los dueños de la panadería.

Todos ellos mostraban en sus rostros una preocupación innegable, parecía que habían descubierto una terrible verdad.

El susto fue mayúsculo cuando vio una sombra junto a la suya, por su posición, alguien más se encontraba en la acera y estaba detrás suyo. Sin tiempo para pensar correctamente, Joe se volteó de manera brusca quedando de espalda contra el vidrio. Fue una fortuna que ninguna de las personas de adentro de la panadería se hubiera dado cuenta o, si quiera, ver que pasaba a través de la ventana por casualidad. También, por suerte, evitó posar sus manos y cuerpo sobre la ventana con todo su peso, de otra forma, el golpe hubiera sido tremendo.

Delante suyo, una mujer de edad avanzada le miró con una sonrisa divertida.

- "¿Qué pasa? Pareciera que hubieras visto un fantásma" - la mujer dijo con la intención de iniciar una conversación y, también, de obtener información acerca de su extraño comportamiento.

- "Lo siento..." - Joe murmuró con nerviosismo, realmente preocupado por la situación en la cual había sido atrapado.

- "Pareces desconcertado, creo conocer el porqué" -

Joe se dijo a si mismo que lo tomarían por lo loco si lo contaba. Cómo explicar la existencia de una panadería que nunca antes había estado allí, un cambio en la realidad que conocía de una noche a la mañana, incluso en un par de horas. Su nerviosismo no desaparecería mientras pensara en eso, por otro lado, la mirada inquisitiva de la mujer mayor no ayudaba mucho. Se notaba que quería una respuesta y la quería lo más pronto posible.

- "No eres de por aquí, ¿verdad?" - dijo con molestia en su voz.

- "De Odaiba..." -

- "¡No me refiero a eso!" - la mujer alzó la voz frustrada, interrumpiéndole.

Joe quedó estupefacto por el arrebato, no comprendía y todo pensamiento se había congelado. Simplemente no sabría que hacer para salir de esta. Sin embargo, la mujer pareció notar su frustración y miedo, por lo cual ablandó sus gestos y habló directo al grano. Era consciente que esta información podría llegar a sorprenderlo.

- "Lamento decirlo, pero tu no eres de este mundo" -

- "Lo siento, pero me esta asustando señora" - eso era demasiado extraño para él, se dispuso a irse y meditarlo con tranquilidad en su hogar pero la mujer no le daría ese beneficio.

- "¿A dónde vas?" - preguntó, tomándole con fuerza del brazo.

Joe sintió algo extraño cuando fue tocado por ella, una sensación que paralizó sus sentidos y le arrebató el aliento. ¿Quién era esa mujer? Fue lo único que pudo llegar a formular en su cabeza.

- "No puedo dejarte ir tan fácil" - la mujer dijo con una voz fría - "Supongo, al igual que yo, que tienes muchas preguntas. ¿Quiéres encontrar las respuestas? Las encontrarás, te lo aseguró, si permaneces aquí y te calmas" -

Pareció como una órden de una maestra estricta hacia sus alumnos, una que nunca desobedecerían aunque pertenecieran al grupo de los mas revoltosos. Joe, respirando hondo y tratando de relajarse, hizo caso de sus palabras y se volvió a ella.

- "Muy bien, que te parece si entramos" - la mujer mayor preguntó.

- "Esta cerrado" - Joe respondió, señalando al cartel que colgaba al otro lado del vidrio de la puerta.

- "Descuida, soy una vieja amiga de la familia. No habrá problema si tocamos... Por cierto" - dijo esto último con una exclamación repentina - "¿Cuál es tu nombre? Nunca lo pregunté" -

- "Joe Kido, es un gusto" - respondió, dando la mano en forma de saludo.

La mujer, entonces, no dudo en tomarla.

- "El gusto es mío. Mi nombre Anami Asagi, profesora de la secundaría de Shinjuku" -

(***)

Kouichi le costó ver a través de la oscuridad que le rodeaba, incluso si ese fuera su elemento. Sin embargo, no era más que cuestión de tiempo cuando aparecieron. Dos figuras se presentaron a cierta distancia de él, una de ellas conocida por él.

Fue como si una explosión de dulces melodías invadieran sus oidos, precedidas por el ruido de las trompetas y de las campanas de coros divinos. Un aura dorada aparecía para hacer relucir al personaje. Para él, no cabía duda alguna que en el interior de su amigo, Takato Matsuki, habitaba la escencia de un grande y majestuoso dios, un ángel resplandeciente que inspiraba el coraje, el amor, la compasión y otros sentimientos benignos. Cuando Takato se mostraba de esa manera ante cualquiera, los buenos recuerdos de la niñez volvían a aparecer. Una felicidad y una confianza se apoderaron de Kouichi, apartando de si todo mal y preocupación.

Sin embargo, una fuerza maligna también se encontraba presente, una que evocaba en su interior todo lo contrario que había sentido al observar el aura dorada que rodeaba a Takato.

Un miedo incontrolable se alojaba en su pecho cuando posaba su mirada en el otro individuo, más joven que su amigo, un niño apenas. A diferencia de Takato, una siniestra aura de color rojo lo envolvía, la cual parecía estar hecha de todos los horrores que un ser vivo podría presenciar. De inmediato, le hizo recordar los angustiosos momentos cuando se encontraba en manos del Dios Exterior, Nyarlathothep, y las garras del antiguo gobernante de R'lhey. Solo la presencia del muchacho era capaz de transportarlo de nuevo a esa cámara humeda y mohosa, de paredes manchadas por el limo de color verde, frente a la tumba donde el Antiguo esperaba con ansias y observaba con sus enormes ojos rojos, visibles en la más profunda oscuridad.

No pudo contenerse, quería vomitar ahí mismo o arrancarse los ojos en su defecto. Estar en la presencia de ese Diablo era insoportable, necesitaba consuelo, necesitaba ver de nuevo al ángel para recuperar su paz interior.

En efecto, mirar a Takato despejó todo el miedo y el odio que le había hecho sentir el otro muchacho. Los sentimientos negativos fueron reemplazados por los cálidos, una sensación de alivio se produjo y fue como despertar de una horrible pesadilla.

- "¿Piensas detenerme para salvar ese mundo asqueroso?" - el niño preguntó con burla en su voz - "¿Por qué? Sabes que no hay salvación alguna más que la muerte para que acabe con sus miserias. No veo por qué negarles ese generoso regalo..." - el maligno sonrió de forma encantadora, extendiéndo su mano hacia su contrario - "Aun puedes unirte a mí y acabar con este sueño, juntos. Nadie y nada volverá a separarnos, nuestro poder combinado será abrumador a cualquier amenaza. Seremos reyes de naciones enteras, de mundos más allá del velo... lo único que tienes que hacer es tomar mi mano, yo te recibiré en mis brazos y volveremos a hacer la familia unida que siempre quisiste, nuestros padres nunca lloraran más. ¿Verdad que sería hermoso?" -

Takato se vio tentado por aquellas palabras, la promesa de una familia unida era una de las cosas que más había deseado por los anteriores tres años. No quería escuchar a su madre llorar por las noches cuando estaba en vela, con su padre incapaz de consolarla por la tristeza que le embargaba. Era su culpa la situación que vivía actualmente y, ahora, alguien le ofrecía una solución a todo ello. Lo único que tenía que hacer era tomar la mano de su hermano y todo volvería a ser como antes, sin embargo, ya no era consciente de la otra cara de la moneda.

Kouichi, a diferencia, logró captar el destino que el maligno tenía preparado para los humanos, viendo en él a un ser tan terrible como Nyarlathothep, Cthulhu y los demás Antiguos. Fue el horror cuando vio que Takato consideraba su propuesta, intendo estirar su mano hacia el contrario sumergido en alcanzar una esperanza que se le había negado, sabía que tenía que interferir.

- "¡No lo hagas!" - gritó desde donde se encontraba - "Es una mentira, se que así es" -

Para Takato, las palabras de su amigo se sintieron con un valde a agua fría. Fue suficiente para que tomara consciencia de lo que estaba a punto de hacer, retirando la mano de inmediato arrepentido. Era obvio, su hermano no regresaría tal como quisiese, solo condenaría al mundo en el cual había crecido. Sería un cobarde que tiró la toalla a la primera oportunidad.

El niño, en cambio, contrajo sus facciones en ira absoluta.

- "!¿Quién te crees tú para interrumpirme?!" - dijo mientras le miraba con furia asesina - "Mortal, esperó que le hayas resado a tu creador" -

El maligno creó en su mano derecha un relámpago de color rojo.

- Lanza Relámpago -

Kouichi no pudo moverse, en un espacio donde los conceptos de arriba y abajo no existían, viendose atrapado en un vacío similar al espacio exterior. Sería impactado por la técnica de un antiguo enemigo, Kerpymon. Cómo el maligno había podido usar poderes de digimon estaba más allá de su entendimiento y no importaba, el caso es que moriría al recibir ese ataque. Afortunadamente no sería así, Takato apareció como su salvador, moviéndose a la velocidad de la luz en un espacio que nunca respetó las leyes de la física, bloqueando el rayo rojo con un extraño movimiento de manos.

Todo el tiempo, el ángel que habitaba el cuerpo humano sostenía su aura dorada, como una armadura protectora. Sin embargo, eso no impidió que recibiera algunas quemaduras en sus manos.

El dolor que aguantaba era impresionante, nunca habría algo comparable como recibir una quemadura de un dios del Infierno. En su rostro, delgadas lágrimas resbalaron por sus mejillas y, aun así, mostraba frialdad.

- "¿Esa es tu respuesta?" - el maligno le preguntó con voz venenosa - "¿Prefieres a los humanos antes que a tu familia? ¿Tu propio hermano?" -

Kouichi se sorprendió ante esa revelación. ¡Takato, un hermano! ¿Acaso no era hijo único?.

- "¿No tienes nada que decir?" - el chico volvió a preguntar, a pesar del cortante silencio de su hermano mayor y con una nueva formada sonrisa - "Bueno, hace poco estabas a punto de entregarme el mundo. Supongo que necesitas más tiempo para pensar mi propuesta... Ya se, fui un tonto en esperar que aceptaras a la primera, debo admitir que te quedas un poco corto cuando se trata de pensar más allá. ¡Claro! No es tu culpa. La educación humana no siempre es la apropiada... El caso es que, sin presiones" -

Luego, dirigió una mirada amenazante hacia Kouichi.

- "En cuanto a tí, disfruta tu pequeña victoria sobre mi mientras puedas, humano. Después de todo, has insultado al Rey del Infierno y las consecuencias por ello serán altas. No descansaré, no pararé hasta ver tu vida hecha un desastre, rogando y llorando de rodillas por el único consuelo que se le puede ofrecer a basura como tu, sin embargo, juró que hasta la muerte te huirá" -

Su cuerpo se deformó en una enorme sombra, la cual constrastaba aun más que el infinito espacio oscuro por el cual estaba rodeado. Fue como si una enorme serpiente ancestral se devoraba a si misma, una de los tiempos prehistóricos cuyas dimensiones eran de pesadilla. Y con ello su presencia a un era fuerte en el espacio que el mismo maligno había creado, tan profunda y su voz verdadera hacía eco en el vacío.

El demonio que estaba dentro habló para decir el final.

Destrucción de Dimensiones

Fue el final de la dimensión que el mismo maligno había creado. En el proceso, el espacio temblaba y sacudía de manera imposible, relámpagos de color rojo aparecieron de forma aleatorio y, lentamente, un brillo helado se formó en el horizonte mientras se extendía hacia todas partes. Pareciera que Takato y Kouichi presenciaran el Big Bang, el suceso que lo comenzó todo.

(***)

Bagramon, ya en su castillo gótico del Área Oscura, sede del Imperio que había creado, miraba la destrucción de aquella dimensión profana. El saber que existía otro ser que pudiera usar las técnicas del gran Millenniummon, el Dios de la Oscuridad para los digimon, conquistador de las dimensiones, ocasionó que un escalofrío recorriera su espina dorsal. Ese día, todo el DigiMundo presenció el poder y el alcance del último mal del Universo, siendo que Bagramon no fue excepción a la regla, de igual manera que lo hicieron todos los poderes del Mundo Digital.

El aliento del emperador de la armada se había detenido por unos instantes pero la calma retornaba al DigiMundo y, con ello, su habitual estado serio y monótono.

Sentado desde su trono, miraba con una expresión inperturbable al vacío de la habitación, lo cual no duró mucho antes de dirigirse a algunos de sus generales presentes en sala.

Gravimon, el digimon que se hacia llamar el Dios de la Tierra y que puede manipular libremente la gravedad a su antojo. También uno de las Siete Grandes Estrellas de la Muerte. Junto a él se encontraba otro digimon de su rango, NeoVandemon, el General del Ejército de Luz de la Luna, un Muerto Viviente con la apariencia de un monstruo vampírico. Ambos se encontraban arrodillados ante su Emperador, también habiendo contemplando la sensación de vacío y terror inminente ante el ki del demonio, pero como comandantes de las fuerzas de Bagramon no se podían permitir mostrar tales debilidades.

Se mostraron impasibles, esperando nuevas instrucciones.

- "Mis queridos generales" - Bagramon dijo - "Lo hemos logrado, la resurrección del Señor Lucemon ha sido un éxito" -

- "¡Que alegría!" - comentó Gravimon. - "El DigiMundo finalmente se encontrará a nuestros pies" -

- "Mis pies realmente" - Lucemon, quien provino desde el largo corredor del castillo que conducía al trono, interrumpió.

Se presentaba como el infante, aquel niño de cabello rubio y ojos azules que levitaba gracias a sus alas inmaculadas.

- "¿Estos son los generales de mis ejércitos?" - preguntó de forma desdeñosa, dirigiéndose hacia Bagramon.

- "Descuide, le aseguro que quedará complacido con ellos, yo mismo los elegí. Sabe que sería una falta de juicio si eligiera hombres débiles para representarlo. Por otro lado, debemos hablar de asuntos más urgentes. ¿verdad?" -

Lucemon asintió.

Luego, con una mirada, Bagramon despachó a sus generales para que abandonaran la sala del trono. Quedando entonces Lucemon y Bagramon en soledad, estado en el cual se llevaría a cabo la discusión siguiente.

- "Desde que GranDracmon apareció infectando a este mundo con la oscuridad, he jurado que yo mismo lo regresaría a sus antiguos días de gloria dada la ineptitud de Yggdrasil para gobernar de la forma como lo debería haber hecho en ausencia de nuestro creador. Yo era el más indicado para ello, sin embargo Yggdrasil envió a sus Caballeros Reales para impedirlo y así inició una guerra. GranDracmon me ofreció las herramientas y obtuve una gran cantidad de aliados pero fui derrotado y desterrado al Área Oscura. Realmente tuve que esperar mucho tiempo, yo y mis aliados, para tener nuestra venganza sobre Dios y sus sirvientes. Realmente fue por eso que la guerra del fin del Antiguo DigiMundo se llevó a cabo" -

- "Y fracasaron" - Bagramon dijo - "GranDracmon, aunque fuese la maldad personificada y un maestro en las artes oscuras, no pudo contra el nuevo recipiente de Dios" -

- "En efecto" - Lucemon añadió frunciendo el ceño ligeramente.

- "El recipiente de Dios, un humano que fue elegido para liderar la batalla final contra los hijos de la oscuridad. Por largo tiempo creí que eramos nosotros, los Señores Demonio y GranDracmon... por otro lado, la batalla de hace tres años pareció mostrar eso mas solo hacia parte de una vieja profecía. Eramos el intermedio para el gran evento y hoy pude comprobarlo" -

- "¡Entonces, eso significa!..." - Bagramon exclamó con brevedad.

- "...La Bestia, por así decirlo. El Rey del Infierno y Padre del Pecado, no sólo de este mundo sino de todos los mundos. En el momento de mi renacer me encontre con su recipiente y, al mirar sus ojos, pude experimentar aquella oscuridad legendaria de la que tanto GranDracmon hablaba. Es un ser que solo existe para repartir la desesperación al mundo y, debo decirlo, sus habilidades no son para nada naturales" -

(***)

No supo si fue solo una pesadilla, el terrible dolor que invadía su vientre o una combinación de ambas que la despertó de sobresalto. El eco de las paredes de su grito pronto se desvanecieron y cedieron al absoluto silencio, acompañado por la oscuridad natural del lugar donde se encontraba y que sus ojos a un no se acostumbraban. Pareciera que fuera una quietud pacífica pero el sitio, en lugar de ello, inspiraba un terror oculto, una sensación de peligro inminente.

Esa sensación que se intensificaba con las primeras imágenes formadas por su cerebro de ese lugar. Era una habitación levemente iluminada por una lámpara vieja, rodeada de moho; las paredes, el piso y el techo eran de color marrón, mostrando también señales de deterioro por humedad y tiempo. La habitación se encontraba vacía, a excepción de la persona en su interior, Mimi Tachikawa.

Como pudo se obligó a arrastrarse fuera de la habitación que, afortunadamente, tenía una salida debido a la puerta de metal oxidada que se encontraba entreabierta. Luego se obligó a ponerse de pie no sin caer varias veces en el intento pero lograndolo al final. Se vio a si misma en un largo pasillo, levemente iluminado como aquella habitación, repleto de habitaciones similares a esa en cuanto pudiera posar su vista. Como en el cuarto en el que ella había despertado, un silencio de ultratumbra reinaba apenas perturbado por sus lentos pasos.

El tiempo que pasaba en ese lugar era tortuoso, muy inquietante. A pesar de su soledad y quietud pareciera que lo primero fuera más falso, como si sintiera el aliento de algo detrás de su nuca. Una sensación horrible de que un ser se acercaba a ella sin conocer sus intenciones se hacia cada vez más fuerte, a ese punto se encontraba desesperada, incluso correría de no ser por tan terrible dolor que invadía su vientre. Sin embargo ya no pensaba en dolor físico, el miedo gobernaba sus acciones.

- "Finalmente, la salida" - Mimi pensó aliviada cuando vio el final de recorrido, la luz al otro lado. Afortunadamente, pareció que se encontró en el primer piso de una dañada edificación. Cualquier otra descripción escapaba de sus pensamientos.

Desgraciadamente, una sombra se extendió detrás de ella consumiendo todo lo que estuviese a su paso, dentro de esta unos ojos de color amarillo hicieron acto de presencia en conjunto con un rugido de una bestia del laberno. Como un leon que caza un ciervo, la criatura de la oscuridad se lanzó hacia la mujer y esta no tuvo más remedio que correr como pudiese hacia la salida. Hubo la esperanza que la luz del exterior aullentara a la bestia como el digi-vice solía hacerlo con los digimon de las tinieblas.

Corrió y corrió, la criatura seguía extendiendo las sombras y el sonido del galopar de sus garras eran cada vez más fuerte. Sin embargo, Mimi logró cruzar el lumbral hacia el exterior y como supuso en un principio, el avance del monstruo se detuvo. Por otro lado, lo que vio acontinuación no la dejó tranquila.

Sus ojos miraron con un horror silencioso a un mundo iluminado por un sol gigante de color rojo, una estrella moribunda. Sin gente, ni siquiera mendingos, tan solo cadáveres descompuestos y sus esqueletos. Los gusanos abundaban y las ratas parecían más aterradoras a sus ojos. No había nada sobre los cielos, ni vida sobre la tierra a excepción de los gusanos y ratas famélicas; de encontrar un lago o un río, observaría que sus aguas serían de un color negro y que el veneno en ellas haría imposible la vida.

Esa fue la gran conclusión ante sus ojos. Y, dolorosamente, le hizo recordar lo que sucedió momentos antes de perder la consciencia en la sala de cirugía. La cruel lógica empalmó las piezas: el dolor en su vientre y la ausencia de peso en esa parte de su cuerpo. Sus ojos se llenaron de lágrimas apenas hubiera tocado su vientre que se sentía plano, cayó de rodillas al suelo, abrazandose a si misma y convenciendose que todo era una pesadilla.

- "¡No puede ser!¡Es mentira!" - se decía gritando a todo pulmón, llamando de manera desafortunada a presencias nada naturales - "¡¿Qué clase de mundo es este?!" -

Para entonces, lo peor que pudo pasar fue que alguién contestase esa pregunta.

- "Esto es en lo que se convertirá el mundo de los humanos" - se volteó por tan inesperada sorpresa, solo para encontrar a un niño de doce años. Ninguno de sus atributos físicos le parecieron insteresantes, como su cabello marrón levemente crecido y ojos castaños. En cambio, el bebe que sostenía en sus brazos fue lo que captó su atención, el cual lloraba constantemente - "Es el mundo que le dejarás a él, Mimi Tachikawa" -

A su alrededor, cientos de presencias malignas rodearon a los tres individuos, manteniendo a su vez una respetuosa distancia de ellos.

- "¿Quién eres?" - Preguntó la mujer temerosa - "¿Ese niño es..." -

- "En efecto, el te eligió para darle paso a este mundo" - el muchacho, quien no era nada más que el maligno en persona, interrumpió a Mimi diciendo algo evidente - "El primer ángel caído, quien con su ejército de langostas creará un nuevo mundo" -

Fin del Capitulo