Disclaimer: nada de esto es mío –es todo robado.

Notas: uf, hacía mil años que no actualizaba esto, ¿no? Con lo cortitos que son los capítulos, uno esperaría más constancia de la autora; pero claro, tal y como están las cosas –con la crisis y tal- una no puede permitirse contratar a un muso a jornada completa. Así que achaquemos la tardanza al reajuste de personal.

Naturaleza

Cierra los ojos. Cierra los ojos y piensa, se concentra. Busca un yo mismo, un centro de todo, una verdad. Se busca.

El libro dice que será fácil, después de todo lo que han pasado. Que, tras preparar poción tras poción, tras conjurar hechizos casi imposibles, encontrar la propia forma debe ser sencillo. James lo ha hecho enseguida; James lo hace todo rápido. Como volar, como reír, como enamorarse.

Dice que ha visto a un ciervo. Un animal enorme y noble, de cornamenta soberbia y pelaje hermoso. Peter puede imaginárselo, por supuesto; James tenía que ser algo grande.

A Sirius casi no hizo falta preguntarle. Lleva al perro escrito en los ojos; ríe casi como ladra, y le falta mear alrededor de todos para hacerlos suyos. Un perro negro y grande y orgulloso; un Grim, piensa Peter, pero es lo bastante listo como para callárselo.

Para él es más complicado. No sabe qué es, pero sí lo que no puede ser; es el problema, supone, de ser él, de ser Peter, siempre detrás y siempre obviado. No es un ciervo, no es un perro, porque no es nada como James y Sirius. No es un genio cruel y despiadado, un niño en un cuerpo grande, no.

Vamos, Pet, inténtalo otra vez, le anima Remus. Para él es fácil; no tiene que hacerlo. No tiene que quedarse de pie y cerrar los ojos, y esperar a que se forme una figura, a descubrirse a sí mismo. No tiene que tomar esas pociones asquerosas ni quedarse sin dormir una semana.

Peter sabe que es injusto, pensar eso, pero no puede evitarlo. Tiene demasiada rabia en el cuerpo, demasiado cansancio. Siente las miradas de superioridad de sus amigos, el desprecio; duelen igual, aunque no sean ciertas. Aunque lo único que haya en los ojos de Remus sea esperanza, aunque Sirius se haya quedado dormido y James esté dispuesto a aguantar con él (por él) hasta que lo consiga.

Peter se siente pequeño.

Podemos dejarlo por hoy, sugiere James. Tiene los ojos cansados; Peter supone que es un reflejo de sí mismo. Así que asiente. Y se deja caer en el suelo, y se arrastra hacia la cama; James está roncando en apenas minuto y medio, dos como mucho.

Peter intenta imitarle. Dormir, soñar. No lo consigue.

Está bien, Pet, susurra Remus, desde el otro lado de la habitación. Y le da rabia, porque no está bien. No está bien que James y Sirius lo hayan hecho a la primera, que Remus sea tan estúpidamente perceptivo, que le comprenda. Sobre todo eso.

Peter se siente distinto.

Sabe que no tiene derecho. Sabe que no tiene derecho a sentirse tan mal consigo mismo y con el mundo, que debería estar agradecido; no viene de una familia conflictiva, no tiene enfermedades (maldiciones) graves, no tiene siquiera enemigos acérrimos. Pero no puede, no quiere evitarlo. Está molesto.

Y ni siquiera sabe con qué. Quizás consigo mismo.

¿Peter? No responde. Finge dormir, aunque está seguro de que Remus sabe que es mentira. Buenas noches, Peter.

Buenas noches, piensa. Aprieta los puños, cierra los ojos. Se concentra. Tiene que salirle, vamos, tiene que salirle. Todos lo han conseguido, ¿por qué él no?

Respira hondo, como dice el libro. Dos, tres, diez veces; intenta aclarar su mente, dejar de pensar. Y espera. Espera a que se forme algo –una silueta, quizás.

Nada.

En algún momento, Peter se duerme. Y sueña que es pequeño, muy pequeño, pero tampoco es tan raro; es como se siente, en todo momento. Pequeño, insignificante, muy poquita cosa. Sigue las sombras de gente más grande; en su sueño, corre delante de algo. Se esconde. Respira rápido, muy rápido, y el corazón le late en el pecho; bombea sangre y sangre y sangre, y el mundo parece más negro, aterrador. No hay colores, no hay lugares, no hay nada conocido. Sólo él, el pequeño Peter, asustado y temblando. Se atusa los bigotes.

¿Bigotes?

Despierta aterrado. Sirius le sacude un poco; van a llegar tarde. Dice que le ha esperado porque quería remolonear un poco; Peter sabe que han perdido el desayuno, por supuesto, y que un Sirius sin desayuno es un Sirius muy extraño. Casi serio. Así que agradece el gesto.

Recuerda apenas retazos de lo que ha soñado, esta noche. Recuerda que todo olía mucho, sonaba más. Recuerda el miedo que ha pasado, la sensación de ser pequeño.

Recuerda ser una rata, también, pero eso no le es extraño. De algún modo –igual que la risa de Remus recuerda a los aullidos del lobo-, le parece lógico. Natural.

Tarda unos instantes en darse cuenta. Él también lo ha conseguido, al final.

Peter Pettigrew será un animago.

Danny