Antes de leer.

La narración esta en primera persona, la perspectiva es de Levi.

Pensamientos: Negrita y/o cursiva

Flashback: (**)


Capítulo 6 especial: Pasos para caer rendido bajo el influjo de unos ojos esmeralda.

Desde que vi el expediente del hijo de doctor Jeager me interesó su caso, más viendo a dos grandes eminencias médicas como lo eran Hannes y Grisha pidiéndome ayuda para hacerme cargo de su tratamiento psicológico.

A mí, alguien que hace poco había entrado al hospital, que a pesar de las altas calificaciones y el haberme graduado con honores, era eso, un recién graduado que hace solo unos pocos meses era parte del plantel de este hospital. Nunca pensé que uno de los médicos más reconocidos dentro de este hospital y la ciudad entera, fuera a pedirme que atendiera los desórdenes emocionales de su hijo.

Observando su expediente podía percatarme que este chico había sufrido un sin número de golpes, cortadas, torceduras, unas cuantas fracturas, a lo largo de su colegiatura. Cualquiera que lo viera, pensaría que el chico sufría de violencia doméstica o bullying. Al preguntarle al doctor Grisha al respecto, el solo mencionó "practicaba fútbol", dejándome un poco más claro el panorama, y bastante sorprendido. Por cómo llegó en algunas ocasiones a la urgencia del hospital, se notaba que era un chico impulsivo por naturaleza y bastante determinado por cierto… ¿Quién en su sano juicio practicaría fútbol a tal nivel para pasar por lo menos una vez a la semana por el hospital? sin duda, yo no lo haría.

Si nos trasladábamos a los dos últimos años, el chico se notaba que estaba pasando por una tremenda crisis existencial. Diagnosticado con una enfermedad crónica a tan temprana edad, seguro fue un golpe tremendo para él, sobretodo que esta fuera artritis, eso lo hacía sumamente doloroso para el chico. Teniendo que dejar de lado su pasión además de repetir un año, sumándole al hecho de que hasta la fecha le habían cambiado por lo menos unas cuatro veces el tratamiento al no encontrar uno efectivo que le calmara los dolores.

Hace unos días, que fue cuando me contactaron, tanto en doctor Hannes como el padre de chico, le habían puesto un tratamiento a base de inyecciones y otros medicamentos, protocolo experimental dentro del establecimiento, según tenía entendido.

Ahora me encontraba en la oficina del doctor Jeager, a la espera de que llegaran él, y Hannes y me contaran más específicamente los problemas que aquejaban al chico. Paseando mi mirada por la consulta, hubo una imagen que me llamó la atención, aparecían dos chicos, una mujer de cabello negro y un chico de cabello castaño y resplandecientes ojos esmeraldas sonriendo. No deberían tener más de 15 o 14 años.

Me impresionó la imagen del chico, su sonrisa era tan autentica como deslumbrante.

–Algo que ya no se encuentra en jóvenes de esa edad. –murmuré a la nada sintiendo a la puerta abrirse, entrando los dos hombres que estaba esperando.

–Oh Levi, que bueno que ya estás aquí. –dijo el doctor Hannes–, que puntual.

–Buenas tardes doctor Hannes, doctor Jeager. –saludé lo más cordialmente que pude, los doctores me devolvieron el saludo–, "si Erwin me viera de esta manera de seguro y se echaría a reír" –pensé.

–Por sugerencia de Erwin y Hannes, pedí que tú fueras quien atendiera a mi hijo, tienes un currículo intachable, buenas recomendaciones. El que seas joven, hará que se entiendan más rápido y le dará confianza a Eren para que se resigne a las terapias. –mencionó el doctor Jeager–, quiero que seas consiente que él está totalmente negado a recibir ayuda.

–"Eh, será un caso difícil" –pensé–. No se preocupe, he lidiado siempre con este tipo de casos. Sabré enfrentarme a la situación.

–Por mi parte solo puedo mencionarte algo. –interrumpió el doctor Hannes–. Eren es alguien totalmente impulsivo y sus emociones a lo largo de los meses se han descontrolado enormemente, es por eso que le pedí a sus padres que lo llevaran a terapia psicológica, ya que en ese ámbito yo no puedo ayudarlo.

–Mi hijo está totalmente perturbado, negado y enojado con la vida en general –murmuró el doctor Jeager–, eso es algo de lo que puedo darme cuenta, y me duele que lo oculte de su familia… temo que pueda cometer una estupidez. Está demasiado frágil últimamente y he observado que ve fijamente los cuchillos o cualquier objeto filoso que se encuentra.

–Es normal debido a la edad del chico el no querer preocuparlos, Doctor. –les tranquilice–, por ahora es mejor que no lo acerquen a ese tipo de estímulos, si van a ocupar elementos filosos, no lo hagan en su presencia. –murmuré–, creo que la próxima semana hay un espacio libre, déjenme corroborarlo con mi secretaria y confirmo la solicitud.

–Muchas gracias Levi. –habló Hannes–, realmente en importante que Eren reciba ayuda profesional.

–Ahora, si me disculpan, debo seguir con mis obligaciones –asentí en forma de despedida y salí de esa consulta hacia la mía propia.

Otro paciente que atender, otra persona a la cual "sanarle sus problemas", otra persona a la que tendría que enseñarle mi mejor cara y escuchar las estupideces que salían por su boca.

En estos momentos, no sabía que él sería quien me enseñaría una lección sobre mis propias convicciones.


A la siguiente semana no pude conocer al chico, ya que lo que más temían sus padres, sucedió. Eren trató de suicidarse cortándose las venas y estuvo unos días inconsciente debido a la pérdida de sangre. Por la autoinmunidad de su enfermedad, quedó débil y sin defensas por muchos días.

Para darle espacio a que el chico se recuperara, decidimos entre Erwin, quien atendió al hijo del doctor en urgencias y Hannes, que sería mejor aplazar un poco la cita, para darle tiempo a que su convalecencia pasara, a lo que estuve de acuerdo. No quería en mi consulta a un mocoso, todo pálido que se mareara a cada momento por cualquier movimiento que hiciera.

Miré la foto en el expediente de Eren Jeager, sin duda era un joven con facciones muy lindas, podría decirse que hasta delicadas, pero lo que más me llamaba la atención desde vi esa foto en la oficina de Grisha, eran sus ojos. Se podía ver la energía que transmitía con la mirada. Se le notaba una determinación increíble, y la felicidad que irradiaba de su sonrisa.

Sabía que cuando lo viera no me encontraría con esa imagen, sino con de alguien derrotado, sin querer dar lastima; no queriendo saber del mundo.

Sí, sonaba cruel, pero como psicólogo sé que nadie esta ajeno a sentirse miserable en algún momento, sintiéndose atacado por la vida, preguntándose por qué le pasan esas cosas a él en vez de a otro. Deseando que ese mal fuera para otra persona y no para él.

Las personas somos bastantes egoístas, esperamos las peores penurias para los demás con tal de no pasarlas uno mismo.

Sentí unos golpes en mi puerta antes de ver a Erwin entrar a mi oficina, yo solo lo ignoré y seguí contemplando la imagen del chico en su expediente.

–Por lo que veo te ha interesado el caso, Levi. –murmuró el cejotas, como yo le decía.

–Puede ser. –respondí mirando ahora a la persona frente a mí.

–Sin duda, alguien interesante. Desde que entraste al hospital nunca te ha tocado algún caso de alguien que ha intentado el suicidio. –mencionó Erwin escueto–. Se nota que el chico necesita ayuda.

–Por los antecedentes que me ha entregado Hannes, se nota que esperó hasta el último momento para sugerir una terapia. –dije mirando los datos anotados–. Eren perdió demasiadas cosas por su enfermedad, que aunque para mi resulten de los más banales, no lo seria para un mocoso de ¿cuántos? ¿16 años?

–Sigo preguntándome cómo es posible que hayan dejado graduarte, con ese carácter y forma de expresarte que tienes… pero bueno, yo no fui ni formé parte del comité de evaluación… y son 18. –corrigió Erwin–, se ve menor pero tiene 18, alguien en la flor de la vida.

–La loca se pregunta lo mismo. –murmuré– Ja, ¿qué es eso de la flor de la vida? hay personas que mueren más jóvenes que este chico, ya sea por enfermedades o accidentes, este mocoso no tiene el derecho de lamentarse por algo.

–No sé cómo puedes tener un "don" según muchos para ayudar a las personas, si eres lo menos empático que ha pasado por la escuela de psicología. –reprochó Erwin, yo me encogí de hombros.

–La psicología en sí, es decirle a las personas lo que quieren oír. Que les abran los ojos hacia sus errores… no es mi culpa que esos imbéciles sean tan ciegos como para no darse cuenta de sus estupideces, la psicología no es más que un simple juego mental. –Erwin me miró mal.

–Y aquí tenemos a la persona graduada con honores de la Universidad señores, que no es más que un cretino. –dijo sarcástico mi amigo.

–Como si eso me preocupara, mientras siga arreglándole los tornillos sueltos a esos idiotas y reciba mi paga, por mí que el mundo se joda. –espeté molesto.

–Espero de corazón que puedas dejar de ver tu profesión como una herramienta para tener dinero Levi. –Erwin rodo los ojos, fastidiado.

–No sé de qué te quejas tanto si todo lo que uno estudia sea la carrera que sea, es para ganar dinero… por muy disque vocación digan, a final del mes todos van a cobrar su cheque. –dije.

–Eres un témpano de hielo, no sé cómo puedes atender tan bien a la gente –Erwin negó con la cabeza–. En algún momento llegará una persona a la cual quieras ayudar de corazón, y no por la simple paga del mes.

–Eso nunca pasará cejotas, jamás. –repliqué frunciendo el ceño–, y dime, ¿Viniste a algo en particular o a largarme el sermón de la semana? –pregunté.

–Quedamos en que me acompañarías a elegirle un regalo a Nanaba, ¿Qué no te acuerdas?

–Siento pena por tu hermana, recibirá el regalo menos acorde a sus gustos.

Erwin me miró mal otra vez y se largó de la oficina, así que yo ordené mis cosas y tomé mis pertenecías. Como ya había terminado mi día laboral, podía irme cuando quisiera del hospital y, aunque no me emocionara la idea de acompañarle a elegir un regalo para su hermana, no me quedaba otra opción.

Por unos momentos pensé en sus palabras, como era mi costumbre las pasaría por alto. No había nadie que me llamara la atención dentro de todos a los que atendía, solo eran personas banales a las cuales no les interesaba el bienestar de los demás, ellos solo eran simples egoístas que se creaban problemas por choques de ego. Con existencias tan vacías; era obvio que no me tomaría el papel en serio con tamaños pacientes, nunca vi alguien que en verdad quisiera mejorar sino que asistían con los mismos problemas una y otra vez sin la intención de ellos mismos ver sus errores, si no, que me pagaban a mí para arreglárselos.

–Es imposible que eso pase cejotas, nunca he visto a alguien que llegue por voluntad propia, y esta no será la excepción. –murmuré, viendo la foto del mocoso Jeager–. Se tiene que ser realmente estúpido y un egoísta de primera para llegar a cometer suicidio por cosas que se pueden solucionar. –puse el expediente en el estante antes de salir de la oficina.

Ya pronto llegaría el momento de que me tragara mis palabras, solo que en este momento no lo sabía.


Caminábamos por una pasarela para llegar hacia los coches que estaban estacionados hacia el otro lado de la calle. Debido a la hora, no había casi nadie por ahí, y no fue hasta que Erwin se detuvo que me di cuenta de que alguien más estaba delante de nuestro camino. Era un joven estudiante, lo cual noté por el uniforme que portaba. Alto, cabellos castaños, miraba a los autos pasar afirmado en una de las barandas de la pasarela.

El cejotas me miró, antes de acercarse un par de pasos hacia el joven que ahí estaba.

–¿Eren? –lo oí murmurar a Erwin, y yo me sorprendí– ¿Qué haces aquí?

– "Así que este es al chico al que debo tratar ¿Qué hará tan tarde y en este lugar?" –pensé.

–Yo… yo iba a camino a mi casa. –respondió temeroso. Al verlo a los ojos pude ver unos preciosos ojos esmeraldas tan turbios, como si el escape a todos sus problemas estuvieran ante a él, pero que sentía culpa al querer usar esa salida.

Pronto se dio cuenta de mi presencia y al chocar nuestras miradas un escalofrió me invadió; no hice nada más que analizarlo.

–Te ves bien ¿Por qué no has ido a verme? –dijo Erwin interrumpiendo mi análisis, era obvio que el chico estaba de todo, menos bien, ¿Cómo era posible que el cejotas no se diera cuenta?

–Es que volví a la escuela, y no me ha dado tiempo con todo lo que tengo que entregar. –respondió Eren, clara excusa de alguien que no quería responder directamente, ¿Qué estaba escondiendo este mocoso?

El chico tenía suerte de tener un padre médico. Sin eso, sus heridas pudieron sufrir complicaciones al no ser tratadas correctamente.

–¿Éste es el caso del que me han hablado Erwin? –pregunté, solo por decir algo y sabiendo la respuesta. Mi amigo me miró como si hubiera señalado lo obvio. Era claro, yo ya lo había visto en imágenes.

–Si, efectivamente. –me respondió Erwin.

–Es solo un mocoso. –dije en voz alta mis pensamientos, para mí no era más que eso. Un mocoso más con problemas existenciales, no me importaba el motivo, para mí solo era eso simplemente.

–Y usted es un enano. –escuché la voz del chico dirigirse a mí. Fruncí el ceño molesto, nadie me decía enano y sobrevivía –excepto la loca–, ella tenía más vidas que un gato–. Adiós doctor. –se despidió de Erwin y lo vi salir disparado hacia donde sea que se fuera.

Erwin a los pocos segundos llegó a mi lado y me mandó una mirada significativa, reprochándome mi actitud.

–¿Qué? –espeté molesto.

–Podrías haber sido más amable con el chico ¿no crees? Mal que mal lo atenderás dentro de poco. –me sugirió el cejotas, bufé molesto.

–No seré amable con alguien que me ha insultado. –repliqué exasperado–, es solo un mocoso insolente hijo de papi que cree que tiene una vida miserable, solo eso.

–Verás que dentro de poco te tragarás tus palabras amigo, Eren es todo menos eso. –murmuró Erwin antes de retomar nuestro camino hacia el estacionamiento.

Claro que llegaría el momento de que eso pasara, ese chico me haría ver que tan errado estaba sobre mi concepción de catalogar a las personas que atendía, ese mocoso me lo demostraría.


Después de una charla insustancial con este mocoso. El cual me había sacado de mis casillas llamándome enano nuevamente y que el chico este quisiera irse de mi consulta; con un poco de psicología inversa pude hacer que se quedara.

Estaba consciente de que era una muy mala decisión llamar a mi paciente "cobarde", pero sabía que eso me ayudaría a mantenerlo aquí, Erwin de seguro me recriminaría lo que le estaba diciendo, pero yo nunca abandonaba un paciente, por muy molesto que este resultara. Simplemente cuando ya se les acababa la verborrea insustancial de problemas estúpidos, los daba de alta.

Vi a Eren, quien es estos momentos era la viva imagen de la desesperanza, pensando que todo esto debería terminar aquí, haría que este chico dejara de autodestruirse o me dejaba de llamar Levi Ackerman

–Primeramente… si, tienes razón no te conozco lo suficiente, pero el solo hecho de querer salir de aquí ya me da un rasgo tuyo… no quieres enfrentar tus problemas. – dije, el chico se tensó en respuesta –. Segundo, tienes una venda en tu brazo izquierdo, y te ves muy pálido, deduzco que esa no es tu tez normal, lo que me lleva a pensar que hace poco perdiste demasiada sangre ¿No?... –Eren estaba aterrado con lo que le decía, claramente no esperaba de que lo leyera tan bien –. Lo que me lleva a pensar en ¿Cómo te hiciste esa herida? – señalé su muñeca.

–Que le importa. –dijo Eren, tomándose su muñeca, "Idiota como si pudiera dejar de ver el vendaje ocultándomelo" pensé–, además… seguro y el doctor Erwin le dijo lo que pasó. –me reclamó.

–Te equivocas Eren. –le dije calmadamente–. Erwin es mi amigo, lo reconozco, pero también está la ética profesional, a no ser que tú le dieras la autorización para que comente tu caso conmigo, podría saberlo de él, solo me dijo que el hijo del Doctor Jeager había estado hace unos días en el hospital. –si será idiota, su padre es médico, ¿No recuerda que todo se escribe en su expediente?

–Pero… - comenzó el niño, pero le interrumpí.

–Lo que me lleva al punto tres. –le miré serio–. A pesar de que me dices que te vas a ir y que estas aquí en contra de tu voluntad, no te has movido de tu asiento… eso me dice que, aunque no lo quieras aceptar necesitas de mi ayuda. –eso es obvio, el subconsciente de una persona es mucho más inteligente del consciente, siempre llevando a cometer las acciones más prudentes para mantener la integridad física, y su subconsciente me tomaba a mí, su reciente terapeuta, como la herramienta para lograr conservar la vida.

El chico se quedó callado por largos minutos, hasta que se ovilló en mi sillón, y comenzó a llorar, gritándose y recriminando cosas, fue tal su sinceridad, tanto en su voz como en su llanto que me moví por inercia y le golpeé en la espalda, a modo de consuelo.

–"Si me viera Erwin, no se lo cree" –pensé.

Aquí estaba yo, consolando al mocoso mientras berreaba como crio de cinco años, pero por mucho que le diera vueltas, no me importó. Por primera vez en mi vida no me importó acercarme a alguien y consolarlo, este chico necesitaba ayuda, alguien que lo dirigiera para salir de esa oscuridad que llevaba dentro, y yo iba ser el encargado de llevarlo por el camino correcto.

En ese momento una chispa se encendió en mí, quería darle la contención que necesitaba. La cual sus familiares no podían brindarle, por lo excesivamente preocupados que estaban por él.

Yo era alguien imparcial que entraba en la ecuación que podría ayudarle, no sería condescendiente con su malestar y Eren lo sabía, y eso mismo me alentaba a ayudar a este chiquillo impulsivo a que no cometiera una estupidez –que esta vez podría ser irreversible– de nuevo. Siempre he sido del trato impersonal hacia mis pacientes, y ahora estoy cerca de este mocoso, acariciándole la espalda, consolándole. "¿Qué me sucede?".

–"¿Por qué me preocupo por este chico?" –pensé– "es la primera vez que me acerco a consolar un paciente tan directamente" –por el momento lo dejaré desahogarse, ya me contará todo después.

Esto fue el comienzo de mi travesía con Eren, la cual me llenaría tanto de sorpresas como de inquietudes, malos ratos y alegrías. Yo estaba aquí para verlo sonreír de nuevo, con esa sinceridad y alegría que pude apreciar en sus fotografías de años atrás.

Quería conseguir una de esas sonrisas para mí. He aquí, el comienzo de mi perdición.


Desde que Eren salió de la consulta, hacia unos días, que no he podido quitármelo de la cabeza; es increíble que esto pasara, este chico realmente quería y necesitaba MI ayuda, y lo demostró en la sesión anterior –ahí el dilema de que no pudiera salir de mis pensamientos– por primera vez, veía a alguien que no estaba ahí para joder el rato y pasarse de listo.

Este chico, realmente quiere la ayuda que se le estaba brindando, y por otra parte, no podía sacar de mi sistema, la corriente eléctrica que me recorrió cuando lo toqué, o lo deslumbrante que fue una fugaz sonrisa del chico, o la mirada suspicaz que me envió Hanji durante toda la velada restante después del encuentro. Esa loca no se quedaría quieta, ya lo presentía, el dolor de cabeza constante que sentía era una prueba de ello – o el de estar pesando demasiado en ese mocoso.

–Esto es ridículo. –murmuré al vacío, vi la foto de Eren una vez más–, es claramente una estupidez. –tiré el expediente del chico encima de mi escritorio.

–¿Qué es claramente una estupidez? –me preguntó Erwin, quien estaba en el marco de la puerta mirándome suspicaz.

–Nada importante. –respondí cortante.

–¿Sabes Levi? Desde hace días que te noto extraño. –murmuró cejotas, yo me encogí de hombros, restándole importancia–. Lo cual se acrecentó desde que viste a Eren en tu consulta, y esa vez que lo vimos en la cafetería con sus amigos. –mencionó como no quiere la cosa y yo me tensé por instinto– ¿Entonces he acertado? Estas así por el chico Jeager.

Solo me quedó fulminarlo con la mirada. Ví el expediente de Eren encima de mi escritorio con esa foto tan sonriente de él mismo y también la fulminé, Erwin siguiendo la trayectoria de lo que veía, se encontró sonriendo después.

–Vaya, vaya… y aquí tenemos al gran Levi Ackerman, el ser humano más apático de la faz de la tierra, ¡Empatizando con alguien! –dijo sonriente mi amigo–. Jamás pensé que llegaría este día. –se acercó a mi escritorio y se sentó frente a mí.

–¿Has venido a joderme la existencia? –pregunté malhumorado.

–De hecho, a nada de eso. –respondió Erwin–, solo quiero saber que vas a hacer. –preguntó.

Quedé confundido con su pregunta no la entendiendo del todo, o más bien no queriendo entender, ¡Dios! Era demasiado evidente, que hasta Erwin se había dado cuenta. Aunque no me extrañaba ya que Hanji me había comentado algo similar.

**Al salir de la cafetería en la cual nos encontramos los cuatro, y donde vimos a Eren, Hanji me detuvo un momento, yo la miré mal, sabe que odio cuando me toma de esa manera.

Hey, Levicito –murmuró la loca de mi amiga.

¿Qué quieres cuatro ojos? –pregunté molesto, zafándome de su agarre

Ese muchachito te tiene cautivado ¿eh? –dijo antes de salir del local.

Me dejó en shock, claramente sabía que Eren era un caso de mi interés y que no podía dejar de pensar en todo lo que habíamos conversado la sesión pasada, sobre todo cuando nos despedimos. Pero no creía tener pintado en el rostro mis ansias de ayudarlo, y si la loca estaba al tanto de esto con solo vernos interactuar un par de minutos, debería estar más mal de lo que pensaba. Algo bastante malo si solo llevaba una sesión con el mocoso.

Salí del lugar apresurado, alcanzando a Hanji unos metros más allá.

¿Qué quieres decir con eso? –la encaré.

No hay peor ciego que el que no quiere ver Levi. –comentó mi amiga–.**

Sopesé las palabras de Erwin no queriendo dar una respuesta concreta, y por sobre todas las cosas no escuchar el "te lo dije" por parte de él.

–¿Qué quieres que te diga? –pregunté–. ¿Que por fin quiero ayudar a alguien por propia voluntad? –le dije enojado–. Sí quiero ayudar a Eren a que sobrelleve lo que está pasando no le encuentro nada malo a eso.

–Te dije que algún día encontrarías a alguien que te motivaría a eso. –murmuró Erwin–, sabía que sería Eren quien te lo diera a entender.

Lo miré sin comprender nada de lo que me decía y parece que el cejotas entendió, porque se dignó a explicarse.

–Llevo años en este hospital por lo cual pude conocer a Eren desde pequeño, aunque él no me reconociera. Siempre fue alguien lleno de vida, entusiasta y un poco impulsivo, algo que se le ha ido quitando paulatinamente con la enfermedad; y con una determinación tan férrea que hasta al más intrépido personaje haría flaquear. –con eso me lanzó una mirada significativa–. Era vivaz y muy carismático. Con el tiempo dejó de venir al hospital, pero luego volvió cuando comenzó a jugar futbol, seguía igual… sin embargo, cambió cuando le diagnosticaron la enfermedad. Cada día se fue apagando más; la desesperación y alarma que veía en Grisha me daba a entender que ningún tratamiento surtía efecto en su hijo. Eso llevó a que Hannes solicitara tu ayuda porque todos pensamos lo mismo. –paró unos segundos, mirándome intensamente, algo poco común en Erwin–. Solo tú, alguien que posee esta capacidad innata de hacer hablar a las personas sin importar cuál sea tu carácter, era lo único que podía ayudar a Eren a salir de esta.

Quedé impresionado ante todo esto, saber que habían pensado de esta manera en mí. Era sorprendente que me hayan considerado de esa manera siendo que apenas llevaba poco tiempo en el plantel de hospital.

Era halagador que dos profesionales como lo son Grisha y Hannes haya estado observando mi trabajo.

–Solo que Hannes esperó demasiado tiempo antes de solicitar tu ayuda –murmuró Erwin–, trayendo consecuencias casi nefastas para la familia Jeager. Él se siente responsable en parte.

–Nadie es culpable en esto. Solo son circunstancias que se alearon y formaron esta tremenda bola de problemas para todos perjudicando a Eren a mayor escala. –dije sin pensar.

– Es hora de que le enseñes lo que es vivir de una forma diferente a la cual lo hacía, recuperando y sacando a flote lo que lo hace ser él. –mencionó Erwin levantándose de la silla–. Y por sobre todo… que te des una oportunidad con la gente Levi, no todas las personas que atiendes están ahí por su insulsa y banal vida como tú le llamas, sino que algunas realmente necesitan tu ayuda, solo que todavía no lo ves… no ciegues tu juicio. –sin más se retiró de mi oficina, dejándome pensativo.

Cambiando mi concepción sobre algunas cosas fue llegando Eren a mis pensamientos. Poco a poco hasta llenarme de él tanto consciente como inconscientemente.

Todo lo que tenía por meta era ayudarlo y sobre todo, permanecer tanto como pudiera cerca de ese chiquillo, acompañarlo en su tratamiento… los sentimientos fueron surgiendo después, comenzó con un simple interés, le siguió una extenuante preocupación, y luego, se trasformó en algo más.


Estaba nervioso, realmente nervioso, como nuca antes, después de que Eren, saliera prácticamente huyendo de la consulta cuando me percaté de lo que había cometido, ni siquiera le dio tiempo de lanzarlo nuevamente a la consulta y reprocharle la estupidez que hizo.

–Mocoso escurridizo este. –murmure–. No sabe la que le espera cuando lo vea.

Estuve mirando por la ventana un momento, recordando como si hubiera sido hace un instante el abrazo que me dio Eren. No quise corresponderle, pero me moví por inercia, últimamente todas mis acciones para con él, eran por inercia. Como si el chico fuera un imán para mi persona, ni siquiera me había dado cuenta del momento que me acerque a él y me abrazo, solo fui consciente de la calidez que me envolvía.

Después de haberle lanzado ese discurso llevado por la rabia que sentía al ver el estado inseguro y deplorable en el que se encontraba, jamás pensé que se tiraría a mis brazos a llorar como un crio, y aunque no me molestó en ese momento ahora no hacía más que reprocharme por la falta de ética que estaba teniendo ya que por ese momento no sentí que estuviera atendiéndolo por mi papel profesional, sino más bien por que quería ver su sonrisa, sacar esa turbiedad que siempre está presente en esos ojos esmeraldas, quería ver luz en esos ojos.

–¿Cómo le hiciste para remover tan fácil todo lo que pensaba de las personas? –le pregunte a la fotografía que me sonreía desde el expediente del chico.

No necesitaba estas sensaciones nuevas que me confundían y aturdían. Como profesional era mi deber ayudarlo en este proceso. Pero el que yo, como persona tomara papel activo en esto; como el acercarme, enojarme por lo que le pasaba, o siquiera dejarme abrazar, me tenía francamente sorprendido. Mi actitud solo cambiaba con él.

Mi interés estaba cada vez más latente. Algo que ya no podía ocultar y que la loca me llamara todos los días para preguntarme por algún avance con "el castañito con hermosos ojos" me crispaba los nervios.

–¿No me digas? Otra vez pensando en Eren. –aseguro Erwin, quien esta vez veía con Mike. Habíamos quedado en almorzar juntos ya que los tres teníamos libre a la misma hora.

–Si ya lo sabes para que lo dices. –espeté serio, pensando en la tortura que le daría a Eren por escaparse y tenerme así de ansioso por comunicarme con él.

–Oye Levi, ¿no crees que ese interés tuyo por ese niño no es normal? –pregunto Mike, Erwin soltó una risita y yo los fulmine con mi mirada.

Claro que sabia que no era normal, y esta preocupación que sentía tampoco lo era. Por lo menos ya había conseguido el número del mocoso para poder llamarlo, lo que me llevo algo de tiempo debido a las ocupaciones del Doctor Jeager.

–Los alcanzo en un rato debo llamar a alguien. –me miraron suspicaces, ellos sabían que había estado como loco tratando de conseguir el número de Eren, divirtiéndose de mi alteración.

Los dos asintieron y se marcharon, Erwin me miró de reojo, me enervaba que hiciera eso pero como me conocía era obvio que intuía que algo había pasado con Eren. Como dijera Mike, mi interés era demasiado para catalogarlo como simplemente eso.

Odiaba que fueran tan perceptivos.

Hoy había pedido parte de la tarde libre para poder encontrarme con Eren, no lo haría en la consulta, sería demasiado que se presentara cuando las sesiones se estipulaban para una vez por semana.

Marque el número y espere a que contestara, pasaron segundos hasta que escuche el descolgado del teléfono, contestándome una voz tartamudeante.

E-ren Je-ager –respondió, se notaba temeroso ¿acaso temía a lo que podía hacerle por escaparse?, más le valía que así fuera. La ansiedad y preocupación por contactarlo no se disipaban.

–Mocoso… –dije cabreado–. Hoy después de tus clases en la cafetería en la que nos encontramos la otra vez. –ni siquiera me despedí solo corte la llamada, el resto ya lo haría cuando lo tuviera en frente.

Aceptar lo que sucedía no fue fácil, solo fui arrastrado a la vorágine de un sentimiento inexplicable, el cual ni los más eruditos en temas relacionados a las emociones pudieron fragmentar para entender el origen de este sentimiento. Y yo, como el sabio más tonto, caí como todos los que algunas veces dijeron: "Jamás me pasara a mí"


Llegue más que fastidiado a mi casa, la conversación con el doctor Jeager después que fui a dejar al mocoso a su casa me abrumó. Y y para ser yo, eso era decir mucho.

Había sido demasiado evidente con mi interés hacia su hijo, que hasta el mismo doctor se había dado cuenta. Debería sentirme afortunado a que me dejara seguir atendiendo al chico, si el quería podía denunciarme a la junta médica por saltarme los protocolos, me removerían de mi cargo y saldría de ese prestigioso hospital; pero por algo que no llegué a comprender el todo, sabía que Grisha no lo haría, estaba bien con el que siguiera atendiendo a Eren a pesar de mis recientes descubiertos sentimientos.

Por otro lado, el hecho de decirle a Eren que era un podríamos ser amigos solo sucedió sin intención ¿quería ser su amigo una vez que dejara de ser su psicólogo? ¿Podríamos serlo?, no entendía por qué salieron esas palabras de mi boca.

Estaba jodido, muy jodido. Sin siquiera darme cuenta en este periodo de tiempo demasiado escaso, comencé a sentir más que simple interés por Eren, ahora entendía el por qué la loca me fastidiaba tanto, tenía un sexto sentido en encontrar cosas que me fastidiaran.

–Mierda, no puedo creer que haga esto. –dije. Tome mi celular y marque el único número que jamás en mi vida pensé marcar por voluntad propia.

El teléfono no alcanzo el primer repique cuando esa persona ya me estaba contestando

–¡Enano! –gritó al estridente voz de Hanji al otro lado de la línea–, dime que milagro a ocurrido para que me llames.

–Mueve tu trasero hacia mi departamento loca necesito que me ayudes. –murmure molesto conmigo mismo, aleje el teléfono al escuchar le grito exagerado de esta mujer–. Deja de ser escandalosa y ven ya. –colgué el teléfono.

Hanji llego en poco tiempo, vivíamos en el mismo edificio y era la única que tenía cerca en estos momentos para despejar mi mente de todo aquello que me tenía abrumando.

Ya instalados en la sala de mi departamento, ella fue la primera en hablar.

–Supongo que mi visita no es de cortesía. –aseguró Hanji, solo asentí–, y por lo que veo tiene que ver con el castañito con hermosos ojos. –solo volví a asentir.

– u nombre es Eren, loca… grábatelo de una vez. –replique molesto con el apodo, ya bastante tenía con ver esos ojos a cada momento en mi cabeza como para que ella lo recalcara.

–Sabía que esto terminaría así, es poco tiempo pero ya lo intuía. –mencionó pensativa–, debe ser muy especial ese chico, para haber llamado tu atención.

–Y no sabes cuan especial es… demasiado. –murmure sin pensar, dándome cuenta por la sonrisa de Hanji de lo cursi que habían sonado mis palabras–. Hasta empiezo a decir idioteces. –dije malhumorado– ¿Qué vendrá después? ¿Escribir un diario?

La loca solo me miro y se carcajeo. Sabía que no era buena idea llamarla, pero era esto o quedarme yo solo con mis pensamientos, y no quería pesar demasiado en lo que hable con el doctor Jeager en su casa.

–Mira, sea lo que sea que estés pensando… –murmure viendo la cara psicópata de mi amiga–. No puede ser, Eren es mi paciente y debo atenderlo como tal, por primera vez quiero ayudar a alguien y no lo tomo como obligación, no lo puedo echar a perder por reacciones insulsas de mi cerebro. –comenté.

–Esto es grave… no le había creído a Erwin, pero de verdad tú quieres ayudar al castañito con hermosos ojos. –dijo incrédula mi amiga–, y vamos enano por más que quieras entender las emociones que provocan el "amor", ya caíste en él, afróntalo como el hombre que eres y hazte cargo. No le encontraras solución a esto que sientes

–Hanji, llevo años de mi vida estudiando las emociones y las formas de tratarlas, no puedo creer que esto que me pasa es amor, eso no puede ser, son solo… ¡reacciones! –reclame a lo que decía mi amiga, para mí el amor no es más que reacciones psicosomáticas del organismo hacia un ente compatible con una persona, solo eso.

Así que nada de sentir mariposas en el estómago, aceleración del corazón, estremecimientos, etc, solo eran reacciones fisiológicas que mandaba el cerebro para algo tan estúpido como yo consideraba al amor.

Aunque eso no evitaba que las sintiera al ver a Eren.

–No le des vueltas al asunto… por más que quieras ya te estas enamorando de ese chico y de nada te han servido tus grandes estudios de las emociones. Por más que te sepas de memoria todo ese refrán que decía tu profesor, de que todos los sentimientos son reacciones sinápticas con respuestas fisiológicas… –se mofó Hanji–, no te explica ni el repentino interés en Eren, ni las ganas de ayudarlo o el que te estés enamorando de él. –puntualizo, rebatiendo todo mi discurso de que jamás me enamoraría porque sabía cómo funcionaba ese cuento.

–Está el que es mi paciente… este sentimiento hipotético es antiético. –verbalice sin darme por vencido.

–Si tú lo dices, entonces ve y busca otro psicólogo para que lo atienda. –Hanji al ver mi ceño fruncido sonrió ampliamente– ¿Ves? no quieres pasárselo a otro psicólogo porque quieres ayudarlo tú, ¡ya estas mal enanin! –canturreo.

–Eres una maldita manipuladora que solo tergiversas mis palabras. –espeté molesto.

–Solo te estoy diciendo lo que veo… y lo que vieron Erwin y Mike en ti. –replicó Hanji –y ya date por vencido, acepta que te estás enamorando y verás que todo te quedará más claro.

Me quede callado, era algo que no quería aceptar por la simple razón de que me negaba a sentir esto, no podía ser posible, ¿cómo un simple mocoso pudo remover todo los cimientos que tenía bien instalados y cambiar las convicciones que poseía?

–Bueno enanin, como veo que te las darás de negado yo me voy, mañana hay trabajo por hacer en los laboratorios. –feliz la loca, se retiró de mi apartamento dejándome más confuso de lo que ya estaba.

Y aunque quisiera negarme a este sentimiento, es lo que me fue uniendo poco a poco a Eren, pudiendo ayudarlo de mejor manera. Mi capacidad para observar cada detalle se intensifico, y ya no pude negar que el interés que sentía por este mocoso se trasformó en amor.

Eren ocupaba a cada momento mis pensamientos, haciéndonos más cercanos con la excusa de que podríamos ser amigos, viendo como poco a poco el mocoso iba iluminado más sus ojos con el paso de los días, temiendo el momento que tuviera que separarme de él al ser imposible seguir atendiéndolo, ya que mi juicio se iba nublando cada vez más con respecto a él.

Me he enamorado de mi paciente, y era hora de aceptar lo que conllevaba y las consecuencias.


Pasados los meses en los cuales atendí a Eren, solo sirvió para afianzar más mi sentimientos por él. Desde que comenzó a estar más animado y a dedicarme esa brillante sonrisa y que sus ojos cada día se volvieran más claros, sin esa turbiedad que los acompañaban cuando recién comenzamos con la terapia, ese esmeralda intenso me cautivo aún más. La forma en que brillaban esos ojos cuando comprendía las cosas que le decía o la forma de mirarme que cambiaba con las semanas.

Deje a un lado mi papel profesional y realmente me convertí en un amigo más para Eren, –siempre con la espina clavada de que lo que hacía no estaba bien–, en un principio no me lo esperaba de esta manera, pero el mocoso me acepto.

Ya no estaba incomodo en mi presencia y eso me gustaba tanto como no lo hacía; veía en sus ojos que se volvía más pendiente de mi cada que pasaban las semanas, no me lo decía, pero había despertado un interés en Eren. No de la misma forma que el mío, era simple curiosidad pero aun así, existían diferentes formas para despertar sensaciones.

Paseos y salidas con Eren era lo que sumaba a las sesiones terapéuticas en mi consulta, el chico compartiendo con mis amigos –para recriminación de Erwin y festejo de Hanji– y yo no encajando demasiado con los suyos. Su hermana me incomodaba, cada vez que nuestras miradas se encontraban, me miraba como si fuera la última esperanza a que su hermano recapacitara sobre algo, guardando ella un secreto que todavía no podía revelarme. No lo comprendía del todo… esa chica era tan criptica y difícil de entender como yo.

Iba a la cafetería que le gustaba a Eren. Nos encontraríamos allí, fue tanta su insistencia y el que me colmara la paciencia, que accedí a reunirnos en el café para su sesión.

Llevábamos unas semanas viéndonos solo en las consultas, más que nada por falta de tiempo de mi parte, y por qué él tenía sus talleres de dibujo; llegaba tarde ya había tenido una discusión con Erwin antes de salir de la consulta.

**Estaba alistándome para ir a la cafetería, me encontraría con Eren para una de sus sesiones. No sabía de donde había sacado tanta cabezonería para insistirme en hacer allí la sesión, al principio no iba a ceder, ya mucho había pasado por alto por Eren y que cambiara el lugar de una sesión no se lo podía permitir, por mucho que el chico me gustara no pensaba hacer algo como eso; y fracase rotundamente, al final accedí y es por ello que estaba arreglándome para salir. Hasta que llego Erwin a mi oficina.

Veo que vas de salida. –murmuro el cejotas–, ¿no tienes sesión con Eren, ahora?

Es por eso que estoy arreglando… haremos la sesión en el café que le gusta a Eren. –replique

Erwin me quedo mirando, sabía lo que veía a continuación, me reprocharía lo que estaba haciendo.

Ahórrate las palabras, que tu discursito me lo conozco de memoria. –dije antes de que comenzara. Estaba harto de las mismas palabras, siquiera que variara un poco pero es siempre lo mismo.

Espero que seas consiente de lo que haces Levi. –me vio y yo enoje ¿Por qué siempre me veía de esa forma tan comprensiva?

¿Por qué siempre haces lo mismo? –Erwin no comprendió–. Ya ni me regañas por nada concerniente a Eren, me dejas a mis anchas hacer lo que quiera, olvidando que SOY EL PSICÓLOGO DE EREN, lo mismo pasa con el doctor Grisha, sabe que salgo con su hijo a veces pero no dice nada.

Eso es porque él sabe que tú le haces bien, Eren ya casi es el mismo, le has ayudado tanto a comprender lo que por mucho tiempo Hannes trató de hacerle entender… además que, por más que estés enamorado de su hijo es consciente que jamás harías algo para importunarlo porque te gusta de verdad y no es simple compasión o empatía lo que sientes. –murmuro mi amigo.

Me quede callado, había algo más que hacía que Grisha no me frenara. De todos modos, Eren solo me veía como amigo, nada más, una persona interesante y él curioso por naturaleza –algo de lo que me di cuenta hace unos meses–, le gustaba salir conmigo por todas las cosas que yo conocía.

Jamás he esperado a que Eren me corresponda, eso no pasará ni dejaré que pasé. Puede que el mocoso este mucho mejor pero si llegaba a enterarse de lo que había despertado en mí, desequilibraría su balance, y era algo que no estaba dispuesto a ver.

Estoy preocupado por ti, amigo –Erwin me volvió a la realidad–, se ve que ya estas al límite de todo, no quiero que sigas así, puede que este ayudando a Eren, sales con él porque te lo pide, hasta nosotros mismos nos hemos prestado a esta locura, pero es hora de despertar… todo esto te lastima, por tu bien y el bien del chico, debes dejar de atenderlo. –pidió serio.

¿Y cree que yo no lo sabía? Con el paso del tiempo no he hecho otra cosa que enamorarme aún más del mocoso, tengo bastante con mi conciencia que me recrimina todas las cosas no profesionales que he hecho por ver esa sonrisa en el rostro de Eren, he dejado tantos conductos regulares –estipulados por mi profesión– por él que ya me desconocía a mí mismo y eso me estaba afectando, por mucha ayuda de Erwin o Mike, lo que me dijera Hanji, ya no era YO mismo sino una persona que se movía por Eren, y mi rendimiento con otros pacientes se estaba viendo afectado.

Dejemos esto hasta aquí que ya voy tarde. –dije a Erwin–. Sé que es lo que tengo que hacer, ya estoy haciendo el traspaso con Erd… no soy tonto cejotas, sé hasta dónde puedo llegar y a lo que debo aspirar. –suspire cansado, sobándome las sien–. Eren no está preparado para tener un romance o siquiera conocer a alguien que sienta ese tipo de afecto por él; lo desestabilizaría por completo ya sea si conoce mis sentimiento o los de otro, el resultado sería el mismo, hasta que no se acepte como es ahora no podrá entablar una relación amorosa, y para esos falta demasiado tiempo.

Salí de mi oficina junto con Erwin cabecee hacia su dirección y me fui del hospital, ya iba tarde para la sesión de Eren.**

Ya llegado al local, vi a Eren sentado en una de las mesas, dibujando. Me acerque lentamente hacia y no noto mi presencia, debería estar muy concentrado realizando su boceto.

Lo analice, era un dibujo muy bueno; alguien vestido en un extraño uniforme militar y según lo que veía se parecía demasiado a mi persona, a pesar de no tener dibujado el rostro, pero ¿Quién mejor que yo mismo para reconocer mi silueta en un dibujo? volteo a verme asustado, un deje de diversión se podía ver en mis ojos… ¿Qué hacia este mocoso dibujándome a mí?

–Buen dibujo. –aprecie, riendo internamente, algo me decía que me divertiría mucho el saber porque, me estaba retratando con esas ropas.

–¡Levi! –dijo exaltado–, que sorpresa…

–Nos íbamos a juntar hoy no sé de qué te sorprendes, mocoso. –conteste a su exaltación.

–Jejeje… buen punto. –susurro bajo, que apenas y pude escucharlo.

–Perdón por la demora, pero tuve que atender algunos asuntos urgentes. –le dije, no le quería dar a Erwin tanta importancia, pero este mocoso sabe lo puntual que soy, cualquier excusa no le funcionaria.

–No le des importancia. –me sonrió–, de todos modos ni siquiera me di cuenta de cuanto esperé.

–Se nota, estabas muy concentrado… –replique, mire hacia otro lado para no ver su expresión con lo que diría a continuación–, para ser tú.

–Que malo eres. – hizo un puchero. Se veía infantil pero no le quitaba lo adorable al gesto. Hice un alto y me recrimine, estaba harto que esos pensamientos tan cursis siquiera salieran a flote en mi mente.

– Solo tengo una pregunta respecto a tu dibujo. –murmuré, mirándolo a los ojos, jamás perdía oportunidad para ver el brillo de esos ojos.

–¿Cual? –preguntó.

– ¿Por qué esa cosa se parece a mí? – pregunté, mirándolo fijamente.

Miró su dibujo de nuevo y se mordió el labio, estaba en un debate interno, como si no fuera la primera vez que se encontrara en ese predicamento.

Ese gesto que hacía con sus labios era demasiado tentador, me maldije internamente y desvié mi mirada, "Concéntrate y contrólate Levi, que ya bastante grandecito estas"

–Ja ja ja ja… –rio con nerviosismo–. No lo sé, solo estaba marcando líneas por aquí y por allá. –estaba cohibido por mi análisis–, además ni siquiera pensaba. –vio su dibujo–, aunque creo que el papel de un militar te queda.

–Si tú lo dices. –replique y no agregue nada más.

No negaba que tenía razón aunque se me hacía raro imaginarme con ese uniforme puesto, Hanji por su lado estaría celebrando al mocoso diciéndole que tenía demasiada razón y que yo parecía un militar con el carácter que me gastaba; menos mal que no estaba.

Llegó el camarero a anotar nuestros pedidos, pedí un café y deje de lado todo lo demás tomando mi papel como el pseudo profesional que era con Eren.

Cada segundo con este chico me hacía más consciente de que mi tiempo era limitado.

Ya estaba la solicitud hecha, y en poco dejaría de ser quien lo atendiera. Esperaba que su padre entendiera mi proceder, no estaba dispuesto a seguir de esta manera, ya había cedido en mucho y esto se estaba tornando un juego muy peligroso, tenía que dejar de ver a Eren antes de que me trasformara en un egoísta y no hiciera el trabajo que me correspondía solo por querer ayudar a superar su enfermedad.

NO QUERIA ansiar algo más que la estima o amistad de Eren, el mocoso no estaba preparado para algo tan complicado como el "amor" y nadie mejor que yo para decirlo, siendo su psicólogo lo entendí desde el principio y planeé vivir con eso.


Desde la última sesión con Eren suscitada en el café, me había dedicado a darle los pormenores del tratamiento a Erd, dentro de poco dejaría de darle terapia. Ya estaba más repuesto así que espero acepte mi decisión y no me de tanta pelea, como suele hacerlo.

Revisaba papeles y más papeles, recaudando lo que utilice para hacer el primer informe de Eren, y lo que ocuparía para realizar el actual, con los avances que se había observado en el chico, hasta que sentí que alguien golpeaba mi puerta.

–¡Maldita loca! –grité ofuscado– ¡Deja de querer echar mi puerta abajo! –abrí la puerta y vi a la desquiciada de mi amiga que entro sin siquiera saludarme.

–¿Cómo es eso que dejaras el tratamiento de Eren, enano? –preguntó Hanji –Dime que lo que me ha dicho Erwin hace unos instantes no es verdad.

–Si, es correcto. –contesté–, derivaré a Eren a Erd, él seguirá con su terapia psicológica.

–¡No puedes hacerlo! ¡Ese muchacho te necesita a ti! –gritó la loca– ¡Confía en ti!

– Tsk… ¿Y crees que no lo sé? Pero es lo único que puedo hacer ahora –murmure sentándome–. Estoy en mi limite, si lo sigo viendo me volveré un egoísta querré más de lo que ya tengo y no debo, ¡Mierda Hanji! Si sigo de esta manera cederé a más que a los caprichos del mocoso.

Mi amiga quedo en silencio por largos minutos, le había tomado cariño a Eren como todos cuando lo veían… mas ella ya que –palabras textuales– el mocoso había propiciado un milagro, como era el que yo dejara de ser tan apático y pudiera encontrar un camino para ejercer mi profesión sin la mirada vacía que tenía antes. Tome mi cabeza con ambas manos, era la única solución de ahora. O dejaba de ver a Eren pronto, o mis impulsos saldrían a la luz y sería mucho más difícil controlarme delante del chico.

–Yo… lo siento Levi, no pensé en lo que tu sentías. –Hanji toco mi hombro a modo de consuelo–. De verdad pensé que lo hacías porque ya habías vuelto a lo de antes.

–¿Y tú, de cuando piensas? –pregunte de broma.

–Que malo, pero veo que ya estas mejor. –se sentó a mi lado, tan relajada como siempre–, aunque, creo que es lo mejor, sobre todo por como esta Eren en estos momentos, todavía no se da cuenta de lo que siente por ti.

Ese comentario me descoloco completamente, ¿Qué el mocoso sentía algo por mí?, ¿era eso posible?, Hanji estaba más loca de lo que pensaba, viendo cosas en donde no las había.

–¿Qué dices? ¿Te golpeaste con algo antes de venir aquí? Eren no siente nada por mí –le reclame.

–No hay peor ciego que el que no quiere ver, enanin –murmuro Hanji–, ese muchachito esta colado por ti pero no se da cuenta de lo que siente, solo de lo que le provocas.

–Estás loca, no supongas cosas que se imagina tu atolondrada mente. –espete cabreado–, Eso podría causar un desequilibrio en Eren si llegara a darse cuenta de lo que siente. –argumente–, si es que sintiera algo por mí… igual creo ilógico eso que estás diciendo.

–Ay, enanin, no me creas pero ya verás, poco a poco se está enlazando el rompecabezas y el chico pasará por su propia etapa de negación, solo que la de él será más cruel. –Hanji me vio seria–. Eren tiene miedo a enamorarse.

–Vaya, ahora resulta que tú eres la psicóloga del mocoso. –dije sarcástico–… y que le conoces todo sus secretos.

–No, no lo soy pero soy mujer y sé lo que estoy diciendo. –replico mi amiga–, pregúntale a Eren antes de que dejes de atenderlo que piensa sobre el amor y me darás la razón.

Nos quedamos conversando un poco más sobre otras cosas, los dos evitando todo lo concerniente al mocoso, ya que ahí llegaríamos a otro punto muerto; Hanji me dejo después de un rato.

Como otras veces me quede viendo una foto en la que aparecía yo junto a Eren, la loca había insistido tanto en tomarla a pesar de mi negativa, ella y el mocoso me convencieron –más bien dicho la cara suplicante de Eren me convenció–, días después Hanji llegó con este "regalo". Vi su sonrisa… unos ojos brillantes reflejaba el rostro del chico, se notaba tan sano y lleno de vitalidad en la foto que nadie me creería si les dijera que Eren estaba enfermo.

–Debo dejar esto atrás, es lo mejor. –murmure acariciando el retrato–. Seguir con mi vida y una vez que todas la paredes que has derrumbado vuelvan a su sitio, podre verte de nuevo. –contemple un poco la imagen antes de dejarla en su sitio y seguír con el informe, debía entregarlo en unos días ya que en dos semanas más, dejaría de ser el psicólogo de Eren. Y de todos mis pacientes.

Caí rendido bajo el influjo de unos ojos esmeralda.

Aunque dejara de verlo nada borraría lo que siento por Eren, ni siquiera yo mismo. A pesar de ser un sentimiento avasallante y nuevo para mí y los dolores de cabeza que me traía a diario, no quería dejar de sentirlo, sería como traicionar a la persona que despertó todo esto en mí en primer lugar; y yo, nunca traicionaría a Eren.

Me convertí en un pilar para el chico. No quería dejar de serlo pero necesitaba que las cosas se tranquilizaran un poco en mi mente y corazón, volver a la objetividad de antes y poder comportarme como un buen amigo para Eren, no pensaba aspirar a nada más y tanto mi corazón como mi razón, debían de comprender eso antes de volver a toparme con el castaño.

Quien iba a imaginarse que las cosas se complicarían desde este punto, porque nunca pensé que no ver al mocoso me traería mas dolores de cabeza que el verlo.


Bien... en este capítulo se puede apreciar más de Levi y lo que va sucediendo con él en todo el tiempo transcurrido donde atiende a Eren.

No queda más que decir que en su momento se me hizo difícil poder conjurar el nacimiento del "romance" pero ya nos sestamos encaminado de a poco a que eso sea posible.

Aunque todavía quedan cosas por resolverse.

/Cambio y Fuera/

Min Akane.

31 de julio de 2018.