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El caso Regulus

7

Curiosa deducción

By Gyllenhaal


Apaga la luz, di buenas noches.

Sin pensar, en un pequeño instante.

No intentemos entenderlo todo de una sola vez.

Es difícil seguirte la pista,

Cuando estás cayendo en picada desde el cielo.

The National "Fake Empire"


Turn the light out say goodnight

no thinking for a little while

lets not try to figure out everything at once

It's hard to keep track of you

falling through the sky

The National "Fake Empire"


Opening: Clocks de Coldplay


Mientras Sherlock y Watson caminaban de regreso a casa el sol comenzó a descender. Avanzaban lentamente, sin decirse una palabra. Watson iba delante del detective, a quien sólo le mostraba la vista de su ancha espalda y su recta postura, mientras posaba el bastón con cada paso que daba. Sherlock tenía la mirada extraviada; por momentos dirigía la mirada hacia Watson, preguntándose qué es lo que estaba pensando, y por otros se perdía observando cada detalle de las calles londinenses.

Varias mujeres caminaban presurosas, cuchicheando las últimas novedades, protegiéndose de la luz con sus parasoles. Los hombres también transitaban las calles con portentosos sombreros o bastones, caminando con orgullo, y desde los carruajes algunos de los pasajeros saludaban a sus conocidos en las calles. Todo estaba realmente tranquilo, bajo la quietud propia de Londres, hasta que Watson interrumpió los pensamientos de Sherlock:

—¿Qué se cree ese mocoso? —exclamó, y por la forma que lo hizo Sherlock comprendió que ya tenía un rato reprimiendo esa pregunta.

—Es sólo un muchacho confundido, Watson —le contestó Sherlock con voz tranquilizadora—. Y Bueno, no puedo culpar al pobre chico por estar enamorado de mí… —comentó con sarcasmo.

—¡No digas locuras! ¿Qué crees que harían los miembros del parlamento si se enteran que sus más grandes detectives cometen grave indecencia(1)? Y no es porque lo piense de ti, Holmes —se apresuró a añadir—. Sino que la indiscreción de ese mocoso puede traerte problemas. ¡Vaya descaro estar gritando en público que está enamorado de ti!

—No estés celoso, Watson. Sabes que siempre seré sólo tuyo —respondió Sherlock sonriendo.

—¡No estoy celoso! —bramó Watson, azotando su bastón contra el suelo—. ¡Y deja de bromear con esto, es en serio!

Sherlock lo miró aprensivamente. No es que no hubiera pensado en ello, pero la verdad era que por dentro tenía conflictos más intensos que pensar en la vergüenza pública, la cual en esos días equivalía a que nadie volviera a dirigirle la palabra ni a tenderle la mano.

Pensó, por un brevísimo instante en las palabras de Regulus, en su rostro sollozante, y sintió una punzada de compasión, tanto por él como por sí mismo. Ciertamente el muchacho arriesgaba más de lo que podía imaginar sólo por Sherlock, pero así mismo Sherlock se preguntó cuánto estaría dispuesto a dar si estuviera en la situación de Regulus y tuviera que dejarlo todo por Watson (suponiendo que lo amara). ¿Lo dejaría todo por su doctor, aunque éste no le correspondiera? Y entonces pensó que Regulus estaba siendo demasiado valiente.

—Watson, de algún modo no son bromas —dijo, sin pensar en lo que decía—. Sabes que te aprecio con todo mi ser.

El doctor retrocedió un poco, confundido por las palabras que Sherlock acababa de soltar. También él lo estimaba demasiado, pero entre hombres, como es normal, no es necesario decirlo; y a veces hacerlo era sobrepasar los límites personales. Sin embargo, al recordar que hablaba con Sherlock y no con cualquier persona, pensó que, dado los últimos acontecimientos, dados los artículos del periódico escritos por Adrien Fellow, y su reciente historial de rechazo de casos hacia Scotland Yard, Sherlock podría estar más necesitado que él mismo, que estaba demasiado nervioso con la boda.

Watson se acercó a él, y lo envolvió con una mano en un medio abrazo. Sherlock levantó su cara y miró con nostalgia los ojos azules de su compañero, quien le dirigió una sonrisa mientras lo miraba hacia abajo.

—No te sientas mal, amigo. Aunque me case y tuviera cientos de hijos siempre serás mi compañero.

Sherlock sonrió, sin estar totalmente convencido de que esas palabras lo tranquilizaran, pues en ellas Watson reafirmaba su compromiso hacia el matrimonio y un cariño de compañero hacia él. Aunque, pensó, quizá fuera inapropiado pensar en un cariño más íntimo, de amigos, de hermanos, y de todo lo demás que pudiera ser. Sin etiquetas. Sólo como siempre habían estado hasta el momento en que Mary apareció.

Continuaron el camino de regreso a casa, muy juntos. Watson llevó un brazo sobre los hombros de Sherlock en todo momento.

Cuando llegaron a la casa la señora Hudson los recibió con amabilidad. De alguna forma, verlos juntos era reconfortante, sobre todo después de haber pasado por días tan problemáticos.

Watson fue el primero en entrar a la ducha, pues debían prepararse para la cena con los padres de Mary. Al salir le indicó a Sherlock que entrara, y se dispuso a cambiarse. Cuando Sherlock hubo salido, Watson ya estaba vestido, así que acompañó a Sherlock a su cuarto para cerciorarse de que vistiera algo apropiado para la ocasión. Envuelto en una toalla Sherlock le mostró el conjunto que tenía preparado, al que Watson no puso objeción.

Sherlock empezó a vestirse en frente de Watson, como tantas veces lo había hecho durante los vastos años que llevaban viviendo juntos y, al ser incapaz de insertar cada botón en su respectivo ojal, Watson los abrochó sobre él.

—Oh, Holmes —exclamó—, ¿qué será de ti cuando yo me haya ido?

Le dio una palmada en el hombro cuando terminó de abrocharlo. Pero Sherlock siguió inmerso en la pregunta de Watson, tratando de encontrar la respuesta.

Watson se acercó a la cama y de un rollo de papel sacó una bufanda con rayas azules y grises intercaladas, y se la extendió a Sherlock.

—Toma —le dijo—. Hace unos días, mientras caminaba con Mary, la vi en una tienda y pensé en ti. Además hace frío, así que me honraría que la usaras. Tómalo como un agradecimiento por aceptar cenar conmigo y mis futuros suegros.

Sherlock miró la bufanda en la mano de Watson; era de un azul eléctrico, que le recordó la profundidad de los ojos del doctor, y de un gris sombrío, que le recordó su propia mirada.

Al ver que Sherlock no la tomaba, Watson la arremolinó sobre el cuello de éste, y la anudó de la misma forma que él se colocaba la suya, acción ante la que Sherlock no hizo más que quedarse helado y sin palabras. A continuación tomó su sombrero de gala del perchero.

—Muchas gracias, Watson —le dijo.

Se dirigieron hacia la salida. Al salir a la calle los golpeó un viento helado, y Sherlock agradeció para sí llevar la bufanda. En la puerta los esperaba un carruaje. El conductor bajó y les abrió la puerta. Ambos subieron y el conductor arreó los caballos.

—Aprovechando el camino, querido Watson —comenzó a hablar Sherlock—, cuéntame de ese caso que mencionaste durante la comida.

—Bueno, la cita que tenías hoy en Scotland Yard era precisamente para eso —comentó el doctor—. Ha habido una serie masiva de robos efectuándose por todo Londres, y quieren que los ayudes a resolver el caso.

—Oh —exclamó Sherlock, con ironía—. Esos pobre hombres, mira que ser incapaces de resolver una tarea tan sencilla.

La verdad es que Sherlock se sentía un poco más seguro y cómodo desde que Watson le mostró su solidaridad durante la tarde y, para ser sincero consigo mismo, se sintió mucho mejor desde que éste demostró tal resistencia a que lo sustituyeran.

—No es sólo eso —explicó Watson—. Los robos son lo menos importante, han matado a dos miembros del parlamento. Y Lestrade piensa que hay una conexión…

—¡Para él todo tiene conexión con todo!

—Bueno, también ha habido movilización en los pueblos del norte, y en Glasgow se han reportado más de doce asesinatos —al no ver interés en el rostro de Sherlock, Watson añadió:

»También me pidió que te dijera que si no cooperas con esto, lo tomarán como tu renuncia absoluta del cuerpo de investigadores londinenses.

—¡Como si eso me importara! Ni siquiera recuerdo haber pedido unirme, ellos mismos me nombraron sin siquiera consultármelo —sonrió Sherlock—. Además, yo no trabajo para el estado, también me desempeño como detective privado.

»Watson —dijo, poniendo su mano sobre las de Watson, que estaban apoyadas en su bastón— nunca he pedido tu opinión acerca de si deberíamos o no resolver los casos que se me presentan. Quiero hacerlo ahora. ¿Quieres resolver esto?

Watson lo miró dubitativamente, considerando las opciones.

—Si hay algo que no deseo, Holmes, es que te destituyan, no del puesto público, sino de tu renombre internacional. Ya ves la clase de cosas que se han estado publicando. Pareciera que todo está en tu contra.

—Curiosa deducción, Watson —resolvió Sherlock, retirando su mano de las de Watson—, curiosa deducción.


Ending: Fake Empire de The National


(1)"Grave indecencia", un eufemismo de la época para referirse a la homosexualidad pública o privada en aquella época.


Hola!

Es curioso y genial lo que me ha pasado con este fic. A cada momento estoy ingeniando algo nuevo para que les suceda a estos dos.

Debo agradecer a mis musos (Sherlock y Watson) por mantenerme en este grado de inspiración :D

También a ustedes, fieles lectoras :D Créanme que sus reviews me entusiasman y me inspiran sobremanera.