Autor: Subiendo este nuevo capítulo. Espero les agrade tal como los otros que subí. Nunca, nunca me cansaré de agradecer a todos los reviewers que se toman su tiempo y me dejan sus comentarios y palabras de aliento. Aun no me acostumbro a recibir tantos, lo cual es bueno, si es que me acostumbrara significaría que tengo problemas.

¡A leer!


Capitulo 7.

Jueves. Un día para el día. No hice bien al hacerlo todo ayer, debido a que ahora no tengo nada en que entretenerme, por lo que solo me inundaré en mis pensamientos. Y pensar es malo, oh si, pensar es muy malo, en especial con las citas. Piensas en que dirás cuando estés con la persona. Quieres controlar todo, cómo harás tu entrada, cómo te vestirás, que palabras dirás o que conversaciones se darán. Y empiezas a pensar acerca de la primera mirada a los ojos que se harán, y también cuando se rían al mismo tiempo y las personas que estén a tu alrededor ya no estén mas ahí porque ambos estarán inundados en las orbes del otro. Y piensas en que todo será perfecto.

Pero luego piensas si esto no es así. Te empiezas a preguntar si la otra persona siquiera estará pensando en la cita de mañana, si a esta le importas lo suficiente como para que también esté planeando cosas, como tú. Piensas en que quizás el destino te dé la negativa y algo malo pase, piensas en todas las posibilidades, por las remotas que sean, como que ayer te quiso pero mañana puede que ya no te quiera.

Piensas y piensas, meditas y le das vuelta a las cosas una y otra vez. Y la emoción ya no es emoción y se ha transformado en otra cosa, se ha hecho miedo y temor y pavor, todos juntos, si es que no son sinónimos.

Pero eso no me pasará a mí. Por eso no pensaré.

Ahora solo tengo que esperar a que el día se termine. Son las diez de la mañana aun, todas las cosas ya están en su sitio: la camisa ya esta planchada, así como el pantalón; las reservación ya han sido chequeada tres veces; el auto que vendrá a recogerme también ya ha sido reservado (pensé en una limosina, pero eso hubiera sido muy quinceañera, así que un Mercedes es más que suficiente); y por último, yo, estoy más que preparado mentalmente para que Sasuke no haga trucos sucios sacando a la mesa cosas como que yo le hice sufrir. Ya nos hemos puesto de acuerdo en que esto será como una primera cita, como un comienzo, y que los problemas anteriores han quedado atrás.

Leeré. Es lo único que puede hacer que este día pase más rápido, no me importa cuántos libros tenga que devorarme.


Mis deseos para esta cita son pocos. Sé que me ama, sé que lo amo, así que no hay mucho que pedir salvo que las heridas sean sanadas. Fui un idiota al tratar de acabar algo que no puede tener un final. El día que deje de amar a Sasuke será el día que muera, y si es que existe otra vida después de la vida lo buscaré solo para seguir amándole. Mi inseguridad fue aquella que opacó el amor, quizás pensé que Sasuke me querría dejar porque era un aburrido y quise dejarlo primero. Que hice mal es una verdad innegable, casi lo mato.

Hoy terminé un libro de Coelho y tenía el mismo tópico que todas las novelas que alguna vez he leído y que me han hecho soñar acerca del final feliz: Romance. Y esta novela no fue diferente, también tuvo un final no muy explosivo, pero feliz al fin y al cabo. Aunque la muchacha casi muere (literalmente) por culpa del amor de su vida, igual le perdona y terminan tomados de la mano en alguna parte de España, en el rio Piedra. ¿Es que eso puede ser posible? He escuchado a algunos escritores decir que las historias no pueden tener finales felices, que eso es mala literatura, que no tiene ninguna relación con lo que es la vida porque incluso en la vida el final feliz es un final ilusorio porque todos terminamos muriéndonos. Pero Coelho, la voz de muchas generaciones y uno de los escritores más universales de la historia, cree en el amor. Ya sé por qué la literatura no es una ciencia.


Viernes.

Quería que sea este día, pero ya no quiero.

¿Y si algo sale mal?

¿Y si, con la torpeza que he heredado de mi madre, me tropiezo cuando estoy entrando al restaurante y me caigo de cara y todos empiezan a reírse de mí?

Oh no, estoy empezando a pensar. No pienses Naruto, solo actúa.

Me pongo cualquier ropa para irme un rato al spa, para hacerme un facial y todas esas cosas para mantener la juventud que se me va a diario. Un chico de cabellos largos y ojos extrañamente claros me pide que me quite mis prendas de vestir, que me eche en la camilla boca abajo y que me relaje. Me pone las manos encima y empieza a hacer magia con ellas. Mis tensiones y miedos están que se extinguen mientras esas manos masajean mi desnudo cuerpo. Me inundo en el placer de la relajación y espero que ese momento dure mucho. De mis hombros por toda mi espalda hasta casi llegar a mis glúteos, y luego hacia mi espalda una vez más, tocando con suavidad en ciertos puntos y con fuerza en los lugares que son necesarios, que es en donde se concentra toda la tensión de mis músculos. Acaba con su majestuosa tarea y me siento culpable porque sé que a Sasuke no le hubiera gustado nada el cuadro de momentos antes. Pero no tiene que saberlo. Le doy las gracias a Neji por el excelente trabajo, y le doy una propina aparte de lo que pagaré por los servicios completos del spa.

Después de haber estado por algunas horas internado en ese centro de belleza y masaje me dirijo hacia la casa, a prepararme a plenitud para la cita que dará lugar hoy.


Estoy esperando en la sala a que el auto venga y me lleve al restaurante que hemos escogido. Le dije a Sasuke que vaya a cierta hora, pero seguro llegará media hora antes, lo conozco. El auto se estaciona afuera y salgo raudo para darme el encuentro con mi cita.

El auto arranca con suavidad y siento que soy adolescente otra vez. El sentimiento de esta cita me da escalofríos, siempre encontré bastante mecanizado ese tipo de sistema. Se llega a cierta ahora, se cena, alguien paga la cuenta si es que ambos no se reparten la cantidad consumida, y luego cada uno a su casa. Quizás un beso antes de despedirse, justo en frente de la puerta. La diferencia es que yo ya no soy adolescente (ni me gustaría serlo otra vez), yo ya no vivo con mis padres por lo que me importa un bledo llegar a la hora que llegue. Pero tal como esa es la ventaja, ese también es el problema. Sasuke sabe que en casa no me espera nadie, que estaré solo, que cuando regrese a solo llegaré para dormir. Además uno de los tratos era que hoy habría acción luego de la cena.

Pero no habrá. Ya lo dije, y estoy decidido. No sé que diré aun. Pero estoy pensando.

Llego al frente del restaurante y le digo al chofer que no será necesario que espere, que tomaré un taxi cuando salga por lo que sus servicios ya no serán requeridos. Se alegra. Entro y doy el número de mesa, para que el mozo me guie hacia ella.

Espero encontrar a Sasuke, pero aun no estaba ahí. Le digo al garçon (así es como se les llama a los meseros en un restaurante francés) si puede revisar bien la mesa, quizá Sasuke estaba en una de las mesas del fondo y por eso no podía divisar bien su presencia. Pero me dice que está seguro,

Entonces decido que no desesperaré, que seguro ya debe estar en camino, que esto no significa nada, quizá tuvo algún problema con el tránsito poco fluido de esta hora.

Los minutos se me hacen largos. Quedamos para las ocho de la noche, y ya son las ocho y quince. Son quince insignificantes minutos pero son una diferencia en lo que puntualidad se trata. Pido un vaso de agua, y le digo al mozo que aun estoy esperando a la persona, si es que esta tiene siquiera planes de presentarse, por lo que aun no debe traer la carta.

Sasuke nunca me había hecho esto. Siempre es puntual, siempre está ahí cuando tiene que. Suena dramático, pero lo que hace rato fue quince minutos ahora es veinte. Y dentro de cinco minutos será veinticinco, y luego treinta. Media hora de retraso.

Al fin, llegó. Llega vestido con una remera cualquiera y con unos jeans y unas zapatillas. Aun tiene algunas marcas en la cara debido al accidente, pero cualquiera que lo viera no podría adivinar que días antes ese hombre estuvo en un coma. Se sienta en frente mío y me pregunto qué persona es esta. Estamos en un restaurante de cinco tenedores, y es así como se le ocurre vestirse. ¿Acaso no sabe que acá se reserva el derecho de admisión? Podrían botarlo en cualquier momento.

- Lo siento, me crucé con un gato negro en mi camino y por eso tuve que tomar otro.

Excusa más estúpida no puede haber salido de sus labios.

Como predije, veo que el mozo se viene acercando a nuestra mesa con cara de pena, es obvio que está a punto de pedirnos algo no muy cortés, que es si nos podemos retirar del establecimiento de inmediato. No se siquiera por qué lo dejaron entrar.

- De inmediato – le respondo al mozo después de que hace su petición, entendiendo por completo el motivo de que nos echen. Y Sasuke también lo sabe, es como si se hubiera puesto esa remera holgada y esos jeans y esas converse con el propósito de que nos sacaran de este restaurante.

Salimos, yo con la cabeza agachada por la vergüenza y Sasuke con una cara de satisfacción.

- ¿Y ahora qué hacemos? Tu gracia nos ha valido el gasto de una reservación bastante cara.

- Solo piensas en dinero – me dice, cuando yo debería ser el que esté juzgando en este momento – Como aquella vez que me pediste el divorcio.

Me quedo callado, incómodo por ese comentario suyo que sale de la nada. Creo que fuimos claros al decir que no se hablaría del pasado, y que también fuimos claros en que ese vestiría de forma apropiada. Hasta este momento, ninguna de esas dos han sido cumplidas.

Caminamos por un rato. Esos juegos mentales suyos que quería evitar estaban empezando a surtir efecto, justo como cuando lo conocí. Pero esa es una historia que contaré en otra oportunidad.

Llegamos a un parque cercano y ninguno de los dos ha dicho palabra. Tengo miedo de siquiera preguntar como estuvo su día porque puede que no tengas ganas de decirlo, y en vez de eso suelte uno de esos comentarios hirientes que me hacen recordar el pasado que estoy tratando de olvidar.

- Este es el parque en el que nos dimos el primer beso, ¿recuerdas?

Me pregunta eso y yo no sé que responder porque no lo recuerdo. Por supuesto que recuerdo que fue en un parque, pero esta ciudad tiene muchos de esos. Asiento con la cabeza y no indago mas en el asunto porque no quiero que haga preguntas sobre detalles que no sabré responder.

- Ven, sentémonos – propone.

Nos sentamos en una de las sillitas de madera. El verdezco paisaje está cubierto por la oscuridad de la noche, y nosotros somos los únicos que estamos a estas horas por aquí. No puedo evitar pensar en la comida, hoy no almorcé, por lo que pensé comerme un foie gras para calmar mi apetito. Pero ya no puedo.

- Recuerdo como te sentiste ese día. No sé cómo te sentiste, no soy tú, pero todas tus muecas y expresiones me lo decían. Estabas nervioso, tronabas a cada momento tus dedos, además de que te mordías las uñas, incluso hasta ahora sueles hacerlo. Te vestiste como hoy yo estoy vestido, de esta forma, para tratar de decir que poco te importaba estar saliendo conmigo. Pero te importaba, sino no hubieras siquiera ido, eres de las personas que les gusta evadir las cosas que les desagrada, siempre lo fuiste. Pero a mí no me evadiste.

Escucho sus palabras dichas con nostalgia sobre el pasado y se que yo no he sido el único que ha estado comparando nuestra presente vida con la vida que tuvimos cuando recién empezábamos a ser novios. Me sorprende la forma en que narra nuestra primera cita, y lo más gracioso y extraño es que tiene toda la razón en las palabras que dice.

- Comimos, tu no dijiste palabra alguna, al menos no por tu cuenta, yo fui el que tuve que ir sacando la información de a pocos por medio de preguntas. Tú solo respondías, parecía más un interrogatorio o una encuesta que una cita. Pero no importaba, me gustabas, por lo que podía seguir haciéndolo durante toda la noche. Y así fue.

Podría decir algo, podría añadir algunas cosas a las palabras dichas, pero quiero seguir escuchando lo que tiene que decir.

- Luego fue que te traje a este parque. Estaba haciendo frio, y te di mi chaqueta. Fue un momento tan cliché, pero al mismo tiempo perfecto. Ya sé por qué ponen ese tipo de escena en las comedias románticas, en serio funciona. Luego te robe el beso que nos uniría para siempre.

Y me besa.

Nos quedamos con los labios juntos en ese acto por muchos segundos. No fue pasional, no fue lujurioso, fue tierno, justo como en los viejos tiempos.

Nos paramos y caminamos de las manos por esos caminos y plazuelas que usualmente están infestados de gente, pero que, por ser de noche, están infestados de tranquilidad y de naturaleza pura. Este parque es bastante extenso, lo que por lo general me traería molestia o fatiga, pero que en este momento me trae alegría porque hará que este instante sea largo y difícil de olvidar.

- Ya debo llevarte a tu casa.

Tomamos un taxi ya que le anularon la licencia de conducir. Se lo merece, y eso evitará que se esté metiendo en problemas.

Llegamos a la casa.

- Yo me quedo acá – dice, sin querer entrar.

Miro sus ojos, buscando algún indicio de broma. Pero no encuentro nada, por lo que está hablando en serio. O sea que, después de haberme puesto todo azucarado, se va a ir a su respectivo hogar y no cumplir con lo que ha estado amenazando, que era el sexo. Hago como que no importa, que gracias por el momento tan lindo y por todo, pero si me importa, quería que se quedara, a pesar que yo fui el que primero dijo que quería los sentimientos de antes, ahora quiero los actos de mayores, las relaciones, sentir su vientre contra el mío, mientras ambos gemimos de placer. Pero no, eso no pasará hoy.

Miro su espalda alejándose y pienso en llamarlo y decirle todo lo que quiero hacer con él y con su cuerpo en voz alta. Pero no lo hago, la vergüenza y el no querer arruinar el momento son preponderantes en mi decisión.

Entro a la casa, esa misma que siempre me recordará todo lo que tenga que ver con Sasuke, y soy feliz. Una vez más, soy feliz.


No todo puede ser felicidad. Me levanto el sábado en la mañana y pienso que no todo puede estar saliendo tan bien. He conocido ese sentimiento durante toda mi existencia, y todo ser humano lo ha conocido también. No pueden estar sucediéndome cosas tan buenas, esto solo significa que algo grande se está avecinando, que debo estar preparado para esa cosa grande que se este avecinando, que debo cuidar lo que he conseguido hasta el momento y debo cuidarlo con garras y colmillos. Soy un creyente extremo del balance de las cosas, como hay bueno también hay malo, lo de ayer en definitiva es lo bueno, y lo que sea que este viniendo es lo malo.

El teléfono empieza a sonar. Mis nervios y mi alma de dramático empedernido me dicen que esa llamada no trae nada bueno. Sé que es algo malo. Contesto con cuidado.

- Hola, Naruto – escucho del otro lado.

- Eres tú, Sasuke – respondo, aliviado.

- Sí, soy yo. ¿Esperabas otra llamada?

- No, no, nada que ver, es solo que… – quiero explicarle, pero sería demasiado difícil de explicar –… nada, olvídalo.

- Solo llamaba para saber si ya habías desayunado.

Se preocupa por mí.

- No, aun no.

- Entonces desayunemos juntos. Ven en una hora aquí, a la casa de Itachi, y todos desayunamos.

Me decepciono al saber que no desayunaremos los dos solos, pero luego pienso en que no he visto ni a Deidara ni a Itachi en casi una semana, por lo que será bueno conversar de tonterías.

Corto la llamada. No termino de soltar el teléfono de mi mano, y empieza a sonar una vez más. Lo levanto sin preocupación.

- Hola – saludo a quien sea que esté del otro lado.

- ¡Naruto! – grita una voz chillona que conozco desde hace mucho pero que no pensé escuchar otra vez en lo que me queda de existencia.

Quiero cortar, pero la rabia no es tanta como la de hace muchos años. Quiero saber que tiene que decir, quizá quiera mi perdón, no por nada tuvo la delicadeza de buscar mi número de teléfono.

- Escuché que te divorciaste de Sasuke. Qué pena – dice, tratando de sonar dolida. O suena dolida al fin y al cabo, me es difícil adivinar porque ella es actriz de profesión.

- Así es – respondo, diciendo la verdad al fin y al cabo.

Guarda silencio por un rato.

- Quería saber en donde es que está que vive. Fui a buscarlo a su antiguo apartamento del otro lado de la ciudad, pero no está.

"Perra maldita", pienso, queriendo decirlo, pero mi mamá me crio muy bien.

- No sé en donde esta – digo, cortante.

- Bueno, en todo caso te iré a visitar a ti, ya que estoy de paso por la ciudad.

Corto de inmediato esperando a que lo haya dicho como una de esas cosas que se dicen pero que no se hacen, como cuando dices que sacarás la basura o que limpiarás el sótano.

Al menos ahora el problema que sentía venir tiene nombre, y uno muy conocido por Sasuke y por mí, en especial porque trató de estropear lo nuestro enésimas veces: SAKURA.


Autor: Ustedes fueron los que pidieron que la historia se hiciera un poco más extensa, por lo que una amiga me dio unas ideas para que esto sea cumplido satisfactoriamente. Pienso hacer un capítulo aparte en el que se explique la relación de Sasuke y Naruto en sus comienzos, pero necesito de su opinión para saber si esto estaría bien para ustedes.

Por cierto, me harían un gran favor si revisan el último fanfic que publique, se llama "Confesión del criminal". Es muy diferente a este, pero ya saben lo que dicen, el riesgo es un necesario.

Muchas gracias por haber leído, y cuídense.