¿Tiene que ser él?

Extra


Nota: los nombres de los padres de Furuya son de mi invención para la historia, no son los originales.


El sonido de las cadenas oxidadas se hacía escuchar en el vacío parque, las cadenas se movían conforme Haruichi se mecía en el asiento, mientras meditaba en su posición como pareja destinada de Furuya. Recordaba la primera vez que lo vio, cuando sin querer al tratar de ayudarlo se sumergió en el claro de sus ojos. Una mirada que para otros podría parecer gélida, pero para él, podría derretir el mismo hielo con la calidez de sus esferas azules.

Desde pequeño siempre imaginó cómo sería el día en que conociese su persona destinada, en cómo actuaría, en cómo reaccionaría y al final todas las posibilidades que pasaron por su cabeza no se asemejaron a la realidad.

Meses han pasado desde el primer encuentro entre Furuya y Haruichi, desde ese día han sabido mantener una relación más de compañerismo que de pareja. Haruichi se ha dedicado a contemplar a su alma gemela desde lejos, le han invadido casi toda clase de pensamientos sobre cómo sería su noviazgo con el pelinegro si no fuera un sujeto frío y distante. Ciertamente hablaban de vez en cuando entre partidos, horas de receso o hasta cuando se bañaban en el baño común, pero esas escasas charlas eran cortas.

Hasta el momento Furuya no había demostrado algún gesto de cariño hacia el pelirosa, aunque no quería decir que no lo haya intentando. A veces, por querer tomar su mano, apenas rozaba sus dedos, o cuando intentaba abrazarlo, terminaba por propinarle algunas palmadas sobre el hombro. Solía retraerse, y Haruichi no era tan inconsciente de eso, en serio notaba el esfuerzo por parte del otro de mostrar señales de afecto. Por eso mismo no le reclamaba, por eso mismo no invadía su espacio personal, lo que menos quería era ahuyentarlo o parecer desesperado -aunque realmente no lo estaba, pero sí admitía por dentro que estaba un poco inquieto-.

Probablemente era tan paciente respecto a Furuya porque sabía que era correspondido, aunque de una manera muy singular. Al menos su relación era más llevadera que la de su compañero Sawamura.

De un momento a otro se encontró absorbido en sus pensamientos, recreando mentalmente distintos escenarios de cómo poder abordarlo sin abrumarlo. De repente su concentración se esfumó al notar un par de pies muy familiares frente a su mirada, pestañeó dos veces; reconoció el par de zapatos fácilmente. Eran los de su hermano mayor. Reprimió un gruñido de sorpresa al ser tomado por sorpresa.

"¿Por qué saliste de la escuela sin permiso? Te largaste antes del entrenamiento, algo que no es propio de ti, hermano." Suspiró pesadamente Ryosuke al finalizar la oración, alzando el rostro de Haruichi con su dedo índice desde su barbilla para enfrentar sus miradas.

Haruichi corrió su mirada hacia un lado, forzando una sonrisa, apartándola casi de inmediato para volver a mirar los surcos que había hecho en la tierra con el movimiento de sus pies.

Ryosuke se apartó para tomar asiento en el columpio contiguo al de su hermano, sin moverse tan solo alzó su mirada hacia las lejanas copas de los arboles que estaban al frente. Seguro Haruichi pensaba que ya se venía el sermón, y no estaría equivocado si lo creía así o más o menos así, porque los sermones con Ryosuke no podrían ser llamados así directamente, ¿o sí?

"¿Acaso se trata de Furuya? Digo, últimamente te ves distante y hasta nostálgico, eso no es propio de ti. Te conozco, y este hermano que tengo al lado sonreía hasta cuando le decía que las nubes adoptaban las formas de comida porque alguien había ascendido al cielo por comer esa comida en el último momento de su muerte."

Haruichi bufó casi inaudiblemente, ojeando a su hermano mayor. Sólo su hermano tenía ideas tan singulares y a veces fuera de contexto para provocarlo.

"No, ese que se reía por eso no era yo, ese era Kuramochi." Rió entre dientes.

"Ah, es cierto. Te gustaba husmearme cuando hablaba con él." "Hm, creo que exageras un poco..."

"Supongo..."

Un silencio entre los dos se interpuso por casi un minuto, interrumpiéndolo únicamente el rechinar de las cadenas del columpio en el que estaba sentado Ryosuke. Empezó a mecerse sin apartar su vista del paisaje. Ya que estaba allí, por qué no hacerlo.

"Si necesitas un consejo puedes confiar en tu hermano mayor, después de todo es mi responsabilidad como tal." Escupió sin tapujos, su facción se tornó seria.

"Lo haces sonar como si fuera una obligación." Masculló. Dada a la expresión de su hermano, sabía que no estaba bromeando.

"Porque lo es."

Haruichi resopló, encogiendo ambos hombros. No quería fastidiar a su hermano con sus problemas, aunque al final siempre resultaba haciéndolo. Sin embargo, no tenía muchas personas cercanas en las que confiase, así que otra vez recurriría a él. A veces se preguntaba si realmente era un molesto incordio porque siempre recurría a él sin pensarlo mucho.

"Sí, es Furuya." Admitió, con su hermano siempre es un libro abierto, aunque era imposible no ser lo pues la perspicacia de su hermana superaba a la de muchos, incluso a la de Miyuki Kazuya.

Los labios de Ryosuke se curvaron hacia arriba, formando una sonrisa de gato esfinge. "Así que yo estaba en lo correcto." Gruñó bajo su aliento. Solo presumía, porque era más que obvio para él. "No creas que no lo noté, sé que a pesar de que ambos son almas gemelas, apenas han tenido contacto o hablado."

"Bueno, para mí no todo tiene que estar relacionado con el contacto, tan sólo es que...no sé en lo que piensa."

"¿Y qué quieres saber que no te ha dicho?" Resopló.

"Hmmm... ". Haruichi levantó su mirada, llevándola hacia el mismo paisaje que veía su hermano. Esa era una buena pregunta, pues al menos Furuya había sido claro en que lo esperase, pero los meses habían pasado tan lento para la espera y tan rápidos como para apresurarse a preguntarle.

¿Qué es exactamente lo quería saber? ¿Que lo quería? ¿Que aún no había olvidado su palabra? ¿Que le pidiera más tiempo? ¿Que si aun tenía interés en él? ¿O si no sentía la misma desesperación por un cálido abrazo? ¿O todas las interrogantes anteriores?

Apretó las cadenas con sus manos, mordiéndose el labio inferior. Tal vez sí deseaba preguntarle todo, pero no se atrevía a aceptarlo.

El mayor de los hermanos dejó escapar un suspiro. "Tsk, tú y él se parecen. Son un par de tontos, aunque ambos tienen su estilo de serlo." Comentó al desviar su mirada hacia su hermano menor con el cejo ligeramente fruncido. "Ah, aún lo recuerdo. ¿Sabes? A pesar de que Yoichi pareciera un tipo muy confiado y pareciera el tipo de pandillero que mataría despiadadamente; por dentro es muy blando y un poco cabeza hueca. Al principio lo ignoré, tú sabes, cuando aparecieron nuestras marcas, pero a veces siempre surge la duda o simplemente no te sientes preparado. No importa que el otro esté destinado para ti y viceversa, hay cosas que no son fáciles de asimilar. No digo que sea el caso de Furuya, pero o tú se lo dices directamente si tanto te urge, o simplemente deja que pase más tiempo para que él siga reflexionando y enfrentando sus demonios. Tú desconoces su pasado, así que haz lo que sea prudente. Empieza a madurar, hermano." Terminó la oración al ponerse de pie; no lo dijo con una connotación de molestia y tampoco estaba molesto con Haruichi, pero si eso era todo el problema, no tenía mucho que agregar pues Haruichi más que una respuesta, necesitaba un pequeño impulso pues creía que ya sabía qué hacer.

El menor sintió recorrer sangre tibia hasta sus mejillas, se sentía tan avergonzado por sus pensamientos egoístas, sólo pensaba en él mismo y no en su alma gemela. Tal vez Furuya pasaba por problemas que él desconocía, no de por gusto ya el azabache le había advertido que lo esperase.

Tragó saliva, no podía replicar a un consejo tan cierto y directo. Se limitó a bufar.

"Te envidio, siempre sabes qué cosas decir. Y eso que apenas eres dos año mayor que yo, me pregunto que te hizo madurar así, hermano."

"Tú. Eres mi responsabilidad y la persona que más me interesa."

Con esas últimas palabras, Ryosuke dio la media vuelta, marchándose del lugar. Haruichi no pudo evitar que uno de sus ojos derramase una lágrima de felicidad. Siempre contaba con su hermano, de alguna u otra forma siempre lo apoyaba a su manera.


X.X

Por otra parte, a la misma hora pero en un lugar distinto, precisamente en la escuela Seido: Miyuki Kazuya y Furuya Satoru habían terminado de practicar en la cancha techada, ambos descansaban en la banca, dejando que sus cuerpos se enfriasen a medida que ambos se rehidrataban con agua.

Furuya exhalaba con cansancio mientras algunas gotas de sudor se aproximaban por las comisuras de sus labios, mezclando el sabor salado del sudor con la del agua que bebía impacientemente.

El castaño lo observaba de reojo, también bebiendo su botella de agua. Recientemente había despertado cierta curiosidad por cómo sería la relación entre Furuya y Haruichi con el propósito de pedirle un consejo para abordar a Eijun sin que el otro huyese de su vista, sin embargo, en su curiosidad llegó a ver que el pitcher apenas tenía contacto visual con su pareja, cosa que le pareció extraño; así que olvidó la idea de tal consejo, al parecer Haruichi la estaba pasando peor que él.

Miyuki como la persona más cercana al azabache se tomaba el tiempo en cuidarlo e inclusive se tomaba el tiempo de aconsejarle de vez en cuando si el otro se lo pedía. Sabía, gracias a Ryosuke, desde hace tiempo que él y Haruichi eran sus partes complementarias respectivamente, pero Furuya, a su punto de vista, parecía demasiado frío. Si bien no debería de inmiscuirse, sentía que era necesario hacerlo.

El castaño dejó su botella de agua a un costado, carraspeó para llamar la atención del joven más alto. "... Furuya."

Satoru corrió su vista hacia Miyuki, aun bebiendo su botella de agua. Pensó que de seguro le llamaría la atención respecto a la práctica pues por estar pensando en Haruichi, no siguió muy bien las indicaciones del catcher. Cualquiera creería, gracias a su actitud estoica, que seguro no dedicaba tiempo en pensar en su alma complementaria; pero si alguien escudriña se su alma y mente, seguro se llevaría una sorpresa.

"Eres tan idiota como Sawamura, por si no lo sabías."

Satoru apartó la boquilla de la botella, pestañeando ante el comentario. Miyuki no suele llamarlo idiota tan seguido y menos de nada.

"¿A qué viene eso tan repentinamente? ¿Hice algún lanzamiento equivocado?"

Kazuya bufó. "No tiene que ver con tus lanzamientos. Más bien, ¿por qué mantienes distancia respecto a Haruichi? No entiendo, es que la mayoría de almas destinadas desean estar lo más juntas posibles, compartiendo y haciendo todas esas cosas cuasi cursis típicas de parejas. Sin embargo, contigo pareciera que... ¿No estás interesado en él?" Preguntó, arqueando una ceja hacia arriba.

El otro sintió que la pregunta le cayó como balde de agua fría en pleno invierno, tan íntima, tan dolorosa, como si alguien siquiera entendiese lo que pasaba dentro de su cabeza.

Llevó su mano zurda a la parte trasera de su cuello, frotándolo a medida que quedaba cabizbajo. ¿Debería decirle a Miyuki? ¿Qué tal si se burlaba? Lo conocía y sabía que Miyuki no suele perder oportunidades para burlarse, pero confiaría que esta vez no sería tan mezquino. Seguro tiene alma, ¿no?

"¿Conoces la leyenda de las almas gemelas?" Masculló, manteniendo su posición decaída.

"Sí, es lo que nos enseñan desde primaria: recuerdo que cuenta la leyenda, de que cuando fuimos creados, al principio fuimos hechos con cuatro piernas, cuatro brazos y una cabeza con dos caras. Bueno, más bien con el doble de todo, incluyendo el corazón y cuando al dios Zeus no le gustó lo que veía, nos separó en dos y desde ese entonces buscamos la persona que nos complementa por medio de nuestras marcas.* Ciertamente es tétrica, extraña y un poco ilógica, pero ¿a qué viene eso, hm?"

"Pues..." hizo una pausa, inhalando aire antes de continuar. "... Cuando era pequeño mi madre me contaba esa leyenda antes de dormir, al final de la leyenda yo fingía quedar dormido, pero al abrir un ojo la veía llorar. ¿Sabes por qué? El nombre de mi padre era Haruka, sí, suena a un nombre femenino pero se escribía con kanji diferente y el nombre de mi madre era Fuyuki; ambos tenían dos nombres relacionados a la primavera y al invierno. Mi madre siempre solía decirme que la primavera es demasiado corta y el invierno muy largo, que el invierno era el culpable de que la primavera desapareciese...eran metáforas que ella ocupaba para echarse la culpa por la muerte de mi padre, quien falleció de primero, años después fue mi madre. Entonces... Por muy tonto que te parezca, crecí con temor a que el nombre de mi pareja estuviera relacionado con la corta primavera, y el primer día que conocí a Haruichi, fue de las primeras cosas que me dijo. Me dije: no puede ser cierto. La corta primavera es tan bella, tan menuda, tan fragante y casi intocable...".

Miyuki tenía las pupilas dilatadas, asombrado por lo que acababa de escuchar. Tragó saliva para deshacer el nudo en su garganta. No se esperaba esa clase de información.

"Déjame ver si entendí: en otras palabras, ¿estás temeroso de que te suceda lo mismo que le sucedió a tus padres?" Cuestionó, poniéndose de pie. Vaya que Furuya era un desastre por pensar eso, aunque también era loable, pero al final algo tonto. No se quería imaginar el descomunal esfuerzo que Furuya hacía por no tocar a Haruichi, pues de seguro lo veía como una frágil flor. Aunque al final no era tan culpable gracias a sus vivencias, cuando fue testigo de un amor que se marchitó por alguna razón.

Se aproximó, atreviéndose a darle un golpe en la cabeza para despertarlo.

"Retiro lo que dije, no eres idiota como Sawamura, eres peor. Te has estado torturando a ti mismo desde que lo conociste. La historia de tus padres no es la tuya, has apartado a Kominato de tu lado por tus temores, sé que no ha de ser fácil, pero sabes que no puedes estar así por mucho tiempo. Y yo que pensaba que sólo eras tímido..." gruñó, cruzándose de brazos y frunciendo el cejo.

El azabache acarició la parte lastimada de su cabeza, haciendo un pequeño puchero. Lo que decía Miyuki era cierto, lo había pensado, pero no podía evitar tener miedo. Su madre había sembrado en él un temor sin querer hacerlo a propósito. Aún podía ver a su madre llorar por haber perdido a su alma gemela.

Una noche de una nevada muy fuerte en Hokkaido, su madre se encontraba en su lecho muy enferma, necesitaba medicina pero la nevada no permitía que la carretera fuera transitable; sin embargo el padre de Furuya no encontraba otra opción que ir en busca de ella. Las noticias decían que la nevada duraría al menos veintiocho o treinta horas, por lo que seguro sería muy tarde para Fuyuki.

Él no lo dudó, debía de ir por ella o la posibilidad de perder a su esposa se agrandaría. Ella de por sí era una mujer débil físicamente, no podía ponerse a meditar cuando se trataba de la persona que amaba.

Furuya apenas tenía cuatro años, recordaba que su padre le dio un beso en la frente antes de verlo marchar. Su madre no lo sabía en ese momento, pero Haruka estaba a punto de tener una cita con la muerte; pues ella dormía, inconsciente de lo que se vendría.

El abuelo de Furuya estuvo en contra desde un principio, pero entendía las razones que tenía su yerno para hacerlo. Fue cómplice de él al no decirle a su hija lo que su esposo estaba a punto de hacer en ese momento.

Las horas pasaban y no había señal de Haruka, hasta que una llamada telefónica interrumpió la incertidumbre.

El abuelo de Furuya no pudo evitar apoyarse de espalda contra la pared ante la fatal noticia: su yerno tuvo un accidente en su motocicleta en el puente principal. Al parecer las llantas de la moto no tenían mucha resistencia ya que se deslizaron en la congelada carretera, provocando que fuese a chocar contra un camión de correos.

En ese momento el pequeño Furuya aún seguía despierto, viendo la ventisca por la ventana de su cuarto, preguntándose cuando volvería su padre. Aunque le pareció a lo lejos que en algún momento lo pudo ver desaparecer en la ventisca que azotaba los arboles cercanos a su casa.

Para colmo, la mañana siguiente el servicio meteorológico daba la nueva noticia en la televisión: la nevizca ya no duraría el tiempo estimado que habían previsto, al parecer acabaría en un par de horas, tiempo que hubiera sido suficiente para comprar la medicina sin aquel fatídico accidente y curar a su madre sin exponerla a mayor peligro. Desde ese día la vida de la madre de Furuya dejó de ser igual. Pocos días después ella relató que cuando abrió los ojos esa noche, justo a la hora en que su marido falleció, vio a través de la ventana una ventisca que traía nieve consigo en forma femenina. Desde allí supo, sin que su padre se lo dijera, qué Haruka había muerto; pues la ventisca con forma femenina sujetaba un espíritu el cual no pudo evitar pensar en que era Haruka, ya que su aura era rosada; haciendo parecer que habían copos de nieve rosados entre la figura femenina. Se trataba de Yuki-onna*, el espíritu de la nieve que mata a personas en Japón en invierno, especialmente a hombres.

Tanto el abuelo como Furuya le creyeron, sobre todo el menor porque también le pareció ver lo mismo esa noche. Hokkaido no era como Tokyo definitivamente, extrañaba su ciudad porque un lugar frío le arrebató a su padre, quien representaba la primavera para su madre.

"¿Y? ¿No tienes algo que decir, Furuya?" Preguntó, preparando su puño para golpear, le daría otro golpe si no contestaba.

"...Hm, aún no lo encuentro fácil..."

"Tsk, tú y tus traumas emocionales. La próxima vez que te vea con Kominato, quiero verte siquiera mirándolo directamente a los ojos, o te patearé el trasero. Además, tu nombre no tiene nada relacionado con el invierno para que te pongas en el lugar de tu madre, inclusive tu nombre también puede ser pronunciado como Akatsuki -amanecer-. Tsk, vaya que no eres un genio. En serio te golpearé..."

"¿Eh? ¿Usaras violencia conmigo?"

"Si es posible..."

"Hm... Está bien."

"No lo hagas parecer que lo haces por temor a mí; hazlo por ti y por él."

Satoru asintió, en verdad deseaba ser afectivo con el pelirosa y no ser golpeado por el catcher por supuesto.

"Supongo que me voy a casa. Gracias por tu consejo, y espero que te pongas serio con Sawamura también." Furuya apenas sonrió de lado, fue su forma de contra atacar a Miyuki por la amenaza. Tomó sus pertenencias antes de retirarse perezosamente.

El castaño estrechó la mirada mientras veía al pitcher marcharse, ¿acaso Furuya lo provocó sutilmente? Quizás lo estaba mal influenciando, aunque al menos ahora había sembrado una semilla en él.


X.X

Fatigado del arduo entrenamiento y de tanto pensar, Furuya llegó a su casa. Su abuelo estaba en la puerta con los brazos cruzados, esperándolo. Tenía el mismo semblante serio en su rostro, sin embargo como el pitcher ya estaba acostumbrado a esa cara de póquer, notó una sutil diferencia en él. Al parecer estaba en problemas, porque rara vez su abuelo le plantaba ese tipo de cara.

"B-buenas..."

"Ahórrate el saludo."

Furuya no apartó su mirada, apenas frunció el cejo, ¿y ahora qué había hecho?

"Él está acá, esperándote en el jardín. No me habías comentado que ya tenías tu pareja." Escupió, entrecerrando los ojos. No podía creer que su nieto le escondiese un ser tan lindo.

Satoru pestañeó asombrado, se preguntaba por qué Haruichi había tomado la decisión de venir a su casa sin previo aviso, aunque quizás no lo necesitaba, después de todo es su pareja.

"¿Qué esperas? Ve, niño tonto." Añadió, ladeando la cabeza en dirección al jardín.

El otro asintió sin mediar palabras, retirándose de inmediato. Dejó su mochila en la sala de estar antes de pasar al jardín trasero. Allí estaba Haruichi sentado en la banca donde su madre solía sentarse para dibujar las flores que circundaban el pequeño espacio. Su pareja lucía muy bien rodeado entre fragantes lirios y orquídeas. El de menor estatura se percató que ya no estaba solo, poniéndose de pie inmediatamente. Apenado por la repentina intrusión al hogar de Furuya, saludó con una pequeña reverencia y un suave sonrojo adornado en sus pómulos. Satoru también asintió, no sabía qué decir.

"Lo siento..." Masculló Kominato. "... Quería verte y..."

"Está bien, no tienes por qué explicar." Interrumpió el joven más alto. Acompañó al otro al sentarse junto a él, aún no sabía cómo abordar al pelirosa después de su charla con Miyuki. Éste tenía razón, de eso era muy consciente, pero le costaba tratar al otro como si no fuese una flor.

"Furuya." Murmuró Kominato, carraspeó antes de proseguir. Posó su mirada fijamente en la del azabache, tuvo que concentrarse para no apartar su mirada, pues nunca había visto tan de cerca los ojos azules de su pareja; prácticamente podía verse reflejado en ellos.

No obstante, Furuya lo tomó por sorpresa antes de que pudiera articular una palabra más al besarlo con un choque de dientes por la misma torpeza e inexperiencia del pitcher. Las pupilas de Haruichi se expandieron y encogieron en cuestión de segundos, todo su rostro hervía e inclusive empezó a sudar. No sabía cómo besar tampoco, así que no movió los labios ni mucho menos Furuya.

Lentamente Satoru separó sus labios, él también estaba sonrojado por su repentina acción e inexperiencia al besar, pero no pudo resistir hacerlo al tener tan cerca al pelirosa. Se ha contenido de tantas cosas, que se avergonzaba de su repentina acción.

"No pienso hacerte esperar más tiempo, de ahora en adelante intentaré..."

"Ya, ya. No vayas a decir algo cursi, Furuya. Esas cosas no van contigo, sé lo que intentas decir y hacer." Rió entre dientes, codeando al otro suavemente. Aún sentía el choque de dientes en su boca, hubiera querido mover los labios, operó definitivamente Furuya lo tomó desprevenido. Tampoco de imaginó que así sería su primer beso.

Furuya asintió rápidamente, qué suerte tenía de que su novio lo entendiese a la perfección sin tener que comunicarse tanto, aunque realmente deseaba expresarse. No era correcto dejarle todo a la intuición de Kominato, o después podrían existir mal interpretaciones. Trabajaría en ese punto de ahora en adelante.

"... tu abuelo da un poco de miedo." Hizo saber al cambiar de tema.

"Sí, lo sé, pero es buena persona."

"¿Y tus padres?"

"Hm, descansan en paz."

Haruichi rascó su cabeza instintivamente, no se imaginó tal respuesta y se debía a la ignorancia que poseía sobre la vida de Furuya. Si tan solo se hubiera detenido en la sala a ver las fotos familiares tal vez lo hubiese notado.

"Lo siento."

"No te preocupes. Mejor dime, ¿cómo te trató mi abuelo, hm?"

"Muy bien. Cuando le dije que tú eres mi persona destinada me sonrió... Fue escalofriante, pero acogedor al mismo tiempo."

"Ya veo. Hace rato se molestó conmigo por no habérselo dicho antes. Lo siento, es que..." gruñó. "No es que yo..."

"No te preocupes, el punto es que-"

Haruichi fue tomado por sorpresa cuando Furuya lo interrumpió y lo jaló completamente hasta dejarlo sentado en su regazo. El pelirosa se sentía como un niño al ser tratado de esa manera, pero no le desagradaba del todo. Los brazos del azabache eran tibios y su pecho también. Dejó caer su cabeza sobre el hombro de Furuya, quedando su rostro parcialmente cubierto entre el cuello y su clavícula. Inhaló su fragancia mezclada a perfume con el sudor del entrenamiento. Envolvió lentamente con sus brazos la cintura de Satoru; podría quedarse así por largo tiempo, siempre se imaginó tenerlo abrazado, pero la realidad sobrepasó su imaginación.

Esperaba que al menos su situación con Furuya fuera progresando poco a poco hasta que ambos ya no fueran presos de sus inseguridades.


*Yuki-onna:

Yuki-onna (雪女, la mujer de la nieve) es un espíritu o yōkai encontrado en el folclore japonés. Es una figura popular de Japón, se la puede encontrar en la animación, el manga y la literatura japonesa. Para más profundidad de la historia, visitar wikipedia o lean un libro de folclore japonés.

( * ) : El mito de las almas gemelas:

El mito de las almas gemelas, que poco tiene nada que ver con la duplicidad de caracteres y todo con su complementaridad; tiene su origen en una de las mentes más brillantes de la Antigua Grecia: Platón.

En "El Banquete" Platón comenta la existencia de un ser muy especial, cuyo cuerpo agrupaba las características del hombre y la mujer, llamado Andrógino, que literalmente significa "Hombre-Mujer" (Andros, "hombre", y Gyné, "hembra").

El mito anuncia que estos seres intentaron invadir el Olimpo, algo que Zeus no estaba dispuesto a tolerar bajo ningún pretexto. Cuando estos seres escalaban las faldas del monte Olimpo, Zeus desató una tormenta, y una cifra proporcional de rayos cayó sobre estos osados y los dividió por la mitad.

Desde entonces el Hombre y la Mujer andan por la vida buscando su "otra mitad".

Ahora bien, este es el mito "lavado" por la posteridad; o, si se prefiere, el mito aséptico. Lo cierto es que la historia original no solo habla de criaturas mitad hombre mitad mujer; sino de seres mitad hombre y... ¡mitad hombre!; así como criaturas doblemente femeninas. Si bien podríamos pensar que nosotros somos los herederos de aquellos seres legendarios, es decir, que todos somos dos mitades de un mismo género; Platón no lo cree así. De hecho, el mito original no solo busca explicar la necesidad de hallar el amor en el otro sexo, sino también de los que lo desean en personas de su mismo género.

Este mito ha sido llevado al absurdo por pensadores inescrupulosos. Lo que Platón intentaba significar es que todas las personas, sean heterosexuales o no, buscan encontrar su complemento, su "otra mitad", o "media naranja"; si es que consideramos que el amor tiene propiedades cítricas.

Pero el razonamiento mítico de Platón tiene una doble interpretación. Solo deseamos aquello que no tenemos; en este caso, nuestra otra mitad; lo cual equivale a decir que ninguno de nosotros está "completo".
Ahora bien, este mito ha sido utilizado para establecer la noción falaz de que ambos géneros se necesitan mutuamente; lo cual no estaría mal si además no estableciera implícitamente que cualquier otro tipo de unión es estéril.

No obstante, Platón menciona no una sino tres razas de andróginos: hombre-mujer, hombre-hombre y mujer-mujer. En ningún momento sugiere que la "otra mitad" deba corresponder al sexo opuesto, por el contrario; legitimiza el amor en todas sus formas y posibilidades.

Así lo explica el filósofo:
A las mujeres que provienen de la separación de las mujeres primitivas no se sienten atraídas los hombres y se inclinan más por otras mujeres; a esta especie pertenecen las tribades. Del mismo modo, los hombres que provienen de la separación de los hombres primitivos buscan el sexo masculino.

Y luego agrega, casi como una muesta incontrastable de altura intelectual.

Si estos últimos se casan y tienen familia no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga.

Teniendo en cuenta las ideas de Platón sería prudente abandonar definitivamente las nociones obtusas que la tradición ha instalado sobre el amor. En definitiva, el amor no consiste en una búsqueda del otro, sino de uno mismo en el otro, sea cual sea su género.

No le busquen cinco patas al gato, simplemente agregué el dato por mera cuestión de tener un apoyo para la historia. Tampoco es de gran relevancia (?).

En cuanto a la mini historia de los padres de Furuya, sé que es sencilla, casi trillada por así decirlo, así que espero no haya molestado mucho.

Gracias por leer el extra y nos encontraremos en el próximo capítulo.