REEDITADA
Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite.
Historia original, escrita por mí.
Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.
Resumen general: El tiempo no pasa en balde. Cada día transcurrido es una agonía constante, el saber que la vida que vives, es tan solo la más grande mentira. ¿Por qué el temor a decir la verdad?.
Sumary: A veces, la más grande mentira es negarnos la verdad a nosotros mismos…
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Viviendo Mentiras
(Living Lies)
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Por Ireth I. Nainieum
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Capítulo VII
El pájaro azul
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"No es la carne y la sangre, sino el corazón lo que nos hace padres e hijos."
-Friedrich Von Schiller-
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―El pasado no cambia. Pero…, si el futuro… -esbozo una sonrisa, mientras miraba el pronto amanecer- ¿sabes algo Rukia? –hablo en el aire- la ceremonia de ayer fue aquella que tanto temías –se levanto y camino hacia el acantilado- Ume…, ha crecido muy bien –suspiro- es sumamente inquieta y curiosa –río al recordar- es imposible no amarla –silencio- sin embargo…, yo tenía razón… Era inevitable que ellos se encontrasen –se dio la vuelta y se alejo- Ume y Kurosaki, se estuvieron esperando el uno al otro...
La mañana anterior Ashido jamás imagino cual sería el desenlace del día. No uno donde se revelaría el más grande de los secretos guardados por él, así como la explicación de los hechos que la llevaron a tan drástica decisión. ¿Había hecho él lo correcto al incitarla a seguir con su plan?.
Siempre, supo desde el inicio que ese pequeña niña que cargo en sus brazos ese día no sería nunca suya. Sin embargo, jamás imagino posible el desarrollar toda esa gama de sentimientos tan intensos y sinceros por ella. Había pasado noches en vela cuidando su llanto, días enteros aprendiendo sus gustos por la comida; y fue el primero en verla dar sus primeros pasos. Y sintió esa maravillosa alegría cuando ella lo llamo "papá", en esa ocasión lloro de la felicidad que le generaron sus palabras. No obstante…, la sensación de vacío en su corazón siempre existió desde el inicio…, el saber que todo eso era tan solo una mentira más. Él siempre estuvo junto a ella…, y ahora era el momento para dejarla decidir por sí misma.
Sus pasos lo llevaron hasta un árbol muerto, lentamente se fue dejando caer al suelo. Recogió una de sus piernas y coloco sobre ella uno de sus brazos, a la otra la dejo estirada sobre el pasto. Estuvo así, un largo tiempo sin hacer nada. No pensó, tan solo se relajo mientras cerraba sus ojos y escuchaba el despertar de las avecillas cercanas.
―Hace ya tanto tiempo que no me sentía tan tranquilo –susurro- que, ahora se bien que es lo que debo hacer –se reacomodo en el suelo- si en verdad, quiero proteger la felicidad de Ume
A su regreso de hueco mundo luego de tantos años de vivir hasta cierto punto como un bárbaro, había sido tratado como un verdadero extraño en su mundo. Era un salvaje, así solían decirle a su espalda. Le gustaba comer con las manos, tardaba días en asearse; visiblemente su aspecto era desgarbado y sucio. Por ello muchos se alejaban de él. Y una vez más luego de perder a sus amigos, él se encontraba solo.
Suspiro y se relajo.
Pese a esa naciente desesperación Rukia llego a su lado y fue su guía en su reintegración en la Sociedad de Almas. Y como si fuese un niño pequeño, le mostró las nuevas reglas forjadas con el pasar de los años en su ausencia. E inclusive intercedió ante Ukitake Jūshirō, para que le permitiese integrarse a su división. Aún, podía recordar perfectamente ese día y motivado por el agradable recuerdo se dejo llevar por este.
―Cuanto me alegro –se estiro- que no te hayas molestado por actuar sin decirte lo que tenía en mente –se dejo caer en la hierba- pero, era un sorpresa –se justifico, mientras le sonreía- como ya no queda nadie de los que conocía e incluso la división esta sin Capitán –cerró sus ojos- me pareció una buena idea el pedirle al Capitán Ukitake que te permitiese incorporarte a nuestra división
―Gracias, Rukia
―No me agradezcas –lo miro- tú me salvaste una vez en Hueco Mundo, así –se recargo en sus antebrazos- que me pareció que lo correcto sería ayudarte a ti también –suspiro- este sitio puede ser peor del que venías
Ashido sonrió ante su comparación.
―Creo que tienes razón, Rukia –se sentó a su lado- por ello te lo compensaré algún día
―¿Ashido?... –se giro y quedo de costado, dándole la espalda- ¿cuándo un hombre…, dice…, "quiero que te quedes junto a mí" –silencio- qué quiere decir realmente?
―Depende, el momento en que se haya dicho
Rukia resoplo molesta y volvió a quedarse callada. Ashido entonces comprendió el porque ella no lo miraba cuando le hizo la pregunta y el porque de su silencio. Estaba apenada de eso no le quedaba la menor duda, lo que le inquiría era una cuestión netamente personal.
―Si…, te lo dice luego de… -medito sus palabras- luego… -reitero- de…
―Te has entregado a él –no pregunto, aseveró- eso cambia entonces la intención de sus palabras
Rukia se volteo hacia él y lo miro completamente roja. En ese momento, lo sujeto con brusquedad de su uniforme al varón y por sus acciones recientes, percibió como le temblaban sus manos. Tenía ella la boca seca y la palidez de su rostro no la ayudaban mucho. De haber sido Ichigo lo habría golpeado, pero su relación con Ashido era de otra índole
―Ve…, verás…, yo… -balbuceaba y lo soltó- yo…
―¿Cuánto hace que lo conoces? –intento tranquilizarla con su pregunta- no soy un individuo que va a juzgarte, ni mucho menos comentaré esto con el resto Rukia –toco sus hombros- puedes confiar en mí
Le sonrió y esas palabras hicieron que ella se apaciguase.
―Hará, unos cinco años –llevo sus manos a su rostro e intento ocultarse tras ellas- ¡oh, Dios!. No supe que responderle, ni siquiera se si hice lo correcto
―Rukia –le retiro sus manos y la observo seriamente- me parece que él intentaba decirte que desea que estés a su lado por siempre o… -se entristeció- que te ama más allá de lo que tú misma crees
―Ashido…
La silencio con uno de sus dedos.
―Ese hombre, esta completamente loco por ti –acaricio su cabello- y tú también. No le muestres que consideras que tal vez lo que sucedió entre ustedes fue una equivocación de tu parte, eso sería mentirte a ti misma
―Lo se… -suspiro cansada- pero, Ichigo tiene solo veinte años
Volvió a recostarse sobre el pasto y luego de algunos minutos Ashido comprobó que estaba dormida. Su respiración era apacible, aunado a la tranquilidad de su rostro la hacían lucir sencillamente angelical. Y se dedico a contemplarla en su ensoñación. Algunos mechones de su cabellera cubrían su rostro y con lentitud los retiro lentamente, para poder admirarla mejor. Poco después con la yema de sus dedos acarició la piel expuesta. Era hermosa. Acaricio con ternura la comisura de sus labios, instantes después retiro temeroso su mano de ella. ¿Qué había sido eso?. Lo que acababa de realizar era un acto poco decoroso de su parte. Sin embargo, nuevamente le surgió la necesidad de tocarla una vez más. No obstante en esa ocasión Rukia entreabrió sus ojos, y eso lo asusto.
―¿Ichigo? –musito entre su sueño- me haces cosquillas –se rió quedamente y bostezo- tus manos son tan cálidas –bajaba el tono de su voz- te amo...
Y nuevamente volvió a quedarse dormida. Una parte de su ser se alegro que ella confundiese sus acciones con una alucinación, pero otra más sintió algo terrible en su pecho. Se acerco lentamente y deposito un beso casto en la mejilla fémina, mientras le susurraba.
―Yo también te amo, Kuchiki Rukia
Abrió sus ojos para salirse de esa ensoñación. Hacia años que no memoraba esa última parte del recuerdo, que un gran sentimiento de pesar lo inundo por completo. ¿Habría actuado por egoísmo y no por verdadera ayuda aquel día?. Se levanto mareado. ¿Sería que inconscientemente buscaba una manera de hacer que ella estuviese a su lado?. Miro hacia el tronco, para después golpear su rostro una y otra vez. Jamás en todo el tiempo transcurrido había pesado que tal vez esa fue su verdadera motivación. Gotas de sangre recorrían su frente.
―¡Maldición! –musito en voz baja- lejos de ser tu amigo hasta el final –silencio- no era más que un hombre celoso de él –se odió a si mismo- desde, ese día me convertí en tu confidente y apoyo moral –memoro- y bajo esa máscara amigable que te mostraba –volvió a golpearse- tan solo se encontraba un hombre desesperado de estar junto a la mujer de la que se enamoro –afonía- lo siento tanto, Rukia…
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El futón había permanecido vacío, desde hacia poco más de cien años; ordeno desocupar por completo los aposentos de Hisana. A partir de ese momento nunca nadie más la había utilizado, y diariamente se realizaba una limpieza profunda de la habitación femenina. Cuando, necesitaba pensar pacientemente o se encontraba en una situación en la cual no sabía como proceder, solía meditar ahí. Le generaba la extraña sensación de que su esposa se encontraba a su lado para confortarlo.
―¿Qué debería hacer, Hisana? –miraba la cama- todo esto esta más allá de mi propio control –cerró sus ojos- temo haber tomado la decisión errónea, nuestra hermana… -suspiro y sonrió con amargura- muy en el fondo, siempre creía que mentía. Ese día cuando del externe el permiso que la dejaba estar a su lado, solo un instante pude percibir un dolor infinito en su ser –rasco sus ojos- pero mi propio enfado me cegó de lo más importante –coloco ambas manos sobre el futón- y a su propia manera, Rukia me pedía ayuda –abrió sus ojos- y no fui capaz de escucharla –aporreó- yo…, era la persona a quien ella nunca debió haber llamado hermano
La meditación a consciencia en un don infinito y difícilmente inspirador. A pesar, del tiempo que llevaba en ese sitio aún no encontraba alguna impugnación que satisficiese la angustia de opresión en su interior. Arribo a ese espacio, poco después de dar por finalizada la reunión de emergencia. Necesitaba aclarar su mente y, ese era el único sitio donde siempre se había sentido a salvo.
―Pase
Casi ordeno. De inmediato reconoció el aura tras la puerta, una figura femenina ingreso a su más sagrado santuario. Lentamente ella anduvo, hasta detenerse a un par de pasos frente a Byakuya y espero pacientemente. Sin embargo, el silencio fue lo único reinante en la habitación. Al final y sin invitación alguna se sentó al otro extremo, el futón los separaba el uno del otro.
―Yo…
―No espero escuchar de sus labios una disculpa, Capitana Unohana –la interrumpió y la miro seriamente- sencillamente hay tantas cosas que debo aclarar para comprenderla –cavilo- existen tantas preguntas en mi cabeza, que no ser por cual comenzar –suspiro- ni tampoco, si estoy preparado para escucharlas. Pero, soy yo quien debe indagarse y responderse a sí mismo
―A mí…, tan solo me gustaría –le sonrió- que me dejase hacerle un poco de compañía –bajo la mirada- no…, me siento muy feliz con lo que hice en el pasado, ni de las consecuencias de mis palabras de antaño –su rostro se mortificó- tan solo… -se le formo un nudo en la garganta- tan solo… -silencio- quisiera estar a su lado un momento
La pasividad de la habitación se transformo en una atmosfera pacifica, el sonido de las pajarillos era lo único escuchado en su totalidad. Ambos se miraban fijamente sin hacer ni decir nada en lo absoluto. Cuando de pronto Unohana le sonrió dulcemente, lo que ocasiono en su semblante una notable contrariedad ante las acciones de la mujer.
―Su mirada ha cambiado, Capitán Kuchiki –alzo su mano y toco su frente- hace años que se le había formado un ceño aquí –lo señalo- pero, ahora ha desaparecido –bajo lentamente su mano- siempre he pensado que su nariz es algo pequeña en proporción a su fisonomía –la toco y esbozo una risita más- también… -recorrió con sus dedos la comisura de sus labios- creo que debería externar un poco más sus sentimientos a los demás –silencio- lo lamento. Mis acciones han sido sumamente imprudentes y tontas...
Intento retirar su mano, no obstante, Byakuya detuvo el movimiento del cuerpo femenino. Lo cierto es que estaba disfrutando de la caricia femenina en su rostro. Francamente sus acciones lo tomaron por sorpresa y al mismo tiempo se sintió tan relajado que no la detuvo por ello.
―¿Por qué se lamenta? –susurro- actúa con demasiada ingenuidad
Sin pensarlo la halo con fuerza hacia él, por lo que término abrazándola. Ahora era ella quien mantenía en su rostro la estupefacción, aunado al rápido latido de su corazón. A pesar de todo Retsu no intento alejarse.
―¿Dígame, qué debería hacer? –la acerco más a él- ya que no puedo mirar a Ume más y no perder mi templanza ante ella, me duele tanto…
Ahora ella le devolvió el gesto. Byakuya necesitaba desesperadamente que alguien escuchase la voz de su corazón. Unohana lo mimo con ternura, lo que le transmitió una serenidad absoluta. Estuvieron así un muy largo y necesario tiempo, olvidándose de todo lo demás.
―Su padre es quien debe decidir –le externo ella- pero…, en este momento él actúa con demasiada premura –cerro sus ojos- todos hemos cambiado tanto, en tan poco tiempo
―¿Usted?...
―Fue antes de ingresar en la academia –suspiro pesadamente- por aquel entonces, yo… -afonía- lo único que deseaba era poder logarlo –recargo su oreja en el hombro del varón- no obstante… -su rostro se entristeció- no pude conseguirlo –derramo algunas lágrimas- por ello…, por ello –reitero- cuando vi la decisión en su rostro, no pude contradecirla
Lloro abiertamente por primera vez en mucho tiempo, desde que ella misma perdió a su propio bebé. En todo momento Byakuya la estuvo reconfortando.
―Tener un hijo debe ser algo maravilloso –exclamo algo más calmada- estoy perdiendo mi idiosincrasia tan fácilmente –se impresiono y se alejo un poco- será…, mejor que me retire y lo deje solo
―Usted también ha cambiado –la miro fijamente- su mirada es ahora mucho más maternal que antes –limpio sus lagrimas con sus pulgares- sus ojos, siempre me han parecido hermosos
Se sonrojo y bajo la mirada apenada por su comentario. Sinceramente no se esperaba esas palabras ni acciones por parte de él, ni de ella misma.
―Kurosaki Ichigo también ha cambiado, más allá de lo que pude percibir en mis más profundos pensamientos –observo el techo- ha madurado y ha dejado de ser un mocoso
Ella le sonrió.
―Honestamente, ¿qué piensa de él?
Byakuya suspiro profundamente.
―Siempre lo considere un impertinente, un altivo e irrespetuoso con sus mayores –esbozo una sonrisa- y al mismo tiempo un hombre de palabra…, prometió salvar a Rukia y lo cumplió –negó con su cabeza- fue en contra de todo con tal de poder protegerla… -silencio- Ni yo mismo le pude haber elegido una persona mejor a quien amar –se le levanto- pero, al mismo tiempo algo que nunca cambiará en él, es la premeditación de sus decisiones –suspiro- y esta ocasión ha sucedido la mismo
―¿Hablará con él? –también se levanto- ¿le externará su punto de vista?
―No –exclamo con decisión- esta ocasión –camino hacia las puertas que daban al jardín- lo único que haré será observar la respuesta de los hechos –dejo que la luz del sol se filtrase- en su momento para actuar como un hombre, esposo, amante y padre –cerró sus ojos- le dije a Rukia algo de que ahora no me arrepiento –memoró- "cuando aquello que has forjado se complique, me apartaré y dejaré que estas continúen por si mismas"… -suspiro- y hoy es el día, Kurosaki…, no me hagas dudar de mis propias palabras
Unohana camino y se coloco a su lado e instintivamente Byakuya entrelazo sus dedos con los de ella, e hizo una ligera fuerza para tomar su mano.
―Es una pericia sabia –recargo su cabeza en su hombro- ha llegado el momento de que los niños se vuelvan adultos –dijo ella-
Hubo un silencio por parte de ambos. Un espacio necesario para cavilar sobre las palabras y hechos suscitados en esa habitación.
―¿Lamenta su pasado y pérdida? –inquirió él-
Ella medito profundamente.
―Siempre…, he pensado que las cosas suceden por algo –exhalo- no fui privilegiada con el don –coloco su mano sobre su vientre- pero…, repetidamente existe la posibilidad de un futuro
―Entiendo
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Ume despertó varias horas después. Asustada se sentó sobre su futón y miro hacia todas partes en busca del sujeto que había amenazado su existencia. Mucho más tranquila se alegro al comprobar que se encontraba en la seguridad de su habitación.
―¿Ume? –la llamo suavemente- todo esta bien –acarició su cabeza- ese sujeto nunca más volverá a lastimarte
―¡PAPÁ! –lo abrazó mientras lloraba- ¡tenía mucho miedo! –se aferraba a él- ¡pensé que me lastimaría!. ¡Pero…, pero!… -se desesperaba- ¡no pude obedecer a Himawari san, mi…, mi… cuerpo no se movía! -ashido intentaba tranquilizarla- ¡HIMAWARI SAN! –lo miro exasperada- ¡¿QUÉ LE HA PASADO PAPÁ?!. ¡¿ESTA BIEN?! –sus ojos se tornaban llorosos- ha sido culpa mía que lo hayan lastimado –se asusto- ¿papá, quién te lastimo? –susurro preocupada-
Llevo su mano hacia el vendaje en su rostro y dudo de tocarlo por temor a lacerarlo más de lo que posiblemente estaba. Sin embargo, la necesidad de alejar su temor no le impidieron al final el arrojarse a sus brazos en busca de consuelo; y de nueva cuenta lloro. Ashido sonría, por primera vez en todo el tiempo que la conocía contemplaba a una niña que se expresaba sinceramente y sin miedo alguno. Ahora la pequeña Ume no debería ocultar sus sentimientos tras una máscara imaginaria.
―Tranquila –la apaciguo- Himawari Yuto, se salvo de morir –la alejo de él y la miro- esta descansando aquí en la mansión –le sonrió- también cuando él despertó pregunto por ti y me hizo prometerle que te llevaría con él –suspiro- lo de mi cabeza es el resultado de la intromisión de ayer, no pasa nada –le sonrió- ya estoy mejor
―Si. Papá –dudo- ¿Himawari, también lloro cuándo despertó?
Ashido esbozo una sonrisa y se levanto.
―¿Por qué, no se lo preguntas tú misma? –camino hacia la puerta- le diré a las criadas que te preparen para que lo visites
Se llevo sus manos a su rostro y reprimió el deseo de sollozar. Y anduvo varios metros hasta que se topo frente a frente con su Byakuya, él cual lo miraba con cierta dolencia.
―¿Qué harás, Ashido?
―Yo, ya he tomado mi decisión Capitán Kuchiki –paso a su lado- lo que hice en mi pasado no tiene perdón alguno, por ello…, esta vez haré lo correcto
―Actuaste, porque tú intención era ayudarla en su desesperación
Silencio.
―Actúe, porque me enamore de su hermana –avanzo un poco más- y quería creer por un momento que ese ser que crecía en su vientre, yo le había dado vida –sonrió con tristeza al recordar- amar y ser amado es lo más hermoso de esta vida, y lo único por lo que vale la pena existir –afonía- voy a hacer que Ume sea feliz, esta vez
Se alejo por el pasillo. Byakuya estuvo tentado a voltear cuando él le revelo su propia verdad. Más se contuvo, durante todo el tiempo que Ashido había estado viviendo en la mansión rara vez intercambiaban palabras. Fue la mejor forma que ambos encontraron para soportarse mutuamente.
―Muchos se enamoraron de ella –camino- sin embargo, el corazón de Rukia solo se lo entrego a un hombre –se detuvo en la puerta principal de la residencia- ¿dime Kurosaki, puedes ahora negar ese sentimiento?
Minutos más tarde Ume y Ashido entraron a la recamara designada para la escolta de la pequeña. El hombre se sorprendió y con un gran esfuerzo se sentó sobre el futón, para recibir decorosamente a sus invitados. Y, se tranquilizo en sobre manera al ver sin daño alguno a la niña.
―¡Recuéstate! –le ordeno- la Capitana Unohana ha curado sus heridas, y le ha hecho una revisión hoy más temprano –se detuvo junto a la puerta- menciono que debe descansar, para sanar prontamente
―¿Ashido sama?
Por prestarle atención al Teniente no percibió cuando la chiquilla se le acerco y le entrega un ramo de flores blancas, como muestra de cariño. Himawari sonrió abiertamente y las tomó solemnemente en sus manos mientras percibía el dulce aroma de las lilis.
―No se hubiera molestado…
Se quedo pensativo, miro a la pequeña con duda y no supo como debería llamarla. Abrió su boca y luego la cerró al no encontrar una forma para dirigirse hacia ella.
―Te lo dije ¿no? –le reclamo sutilmente la niña- como quería que me llamarás
―¡Eso era el día de su cumpleaños! –se asusto- yo…
―Yo te lo pedí –se sentó a su lado- no te lo ordene- abrazó su conejo- por favor, Himawari san –susurro- quiero…
―Como usted diga, señorita Ume –suspiro derrotado- era más sencillo cuando usted me gritaba "tonto", que el verla con esa mirada tan triste
―Himawari san, lo siento mucho –quiso llorar y se aferro con mayor desesperación al peluche- ¡si yo hubiese corrido cuando me lo pediste, tú no estarías lastimado!
El hombre suspiro.
―Independientemente de que si lo hubiese logrado, ese sujeto me habría herido de cualquier forma –coloco las flores sobre su regazo- yo me alegro de que no este herida
Se quedaron ambos en silencio, sin encontrar una forma de continuar la conversación de hacia solo minutos. Finalmente luego de algún tiempo, era necesario el romper la tensión acumulada en el diminuto espacio.
―¿Se acuerda que paso cuándo ese sujeto se le acerco, señorita?
El hombre herido contemplaba de reojo al Teniente, quien al parecer se encontraba bastante tranquilo de la situación desarrollada hasta el momento.
―Algunas cosas –rasco confundida su cabeza y rechisto molesta- el kenseikan me pica- se lamento y suspiro- recuerdo, que quería que gritara y –dudo- dijo unas palabras muy extrañas y…, y… -cavilaba confundida y coloco sus manos bajo su mentón- y…, que al final pude gritar, pero… no recuerdo bien que fue lo que dije
Lo miro confundida y ella frunció el ceño notablemente, y una mueca única de su padre se formo en su rostro. Ume se levanto y caminaba con rapidez alrededor del hombre lastimado. Himawari contemplaba su andar una y otra vez, de cuando en cuando le daba miradas furtivas al hombre junto a la puerta.
―¡Grite por ayuda! –recordó alegre y se le acerco- le pedía ayuda a…
Silencio.
―Al Capitán Kurosaki
Le dijo Himawari con total tranquilidad que lo único que consiguió fue hacerla dudar mucho más.
―Si –afirmo con su cabeza también- le grite a Kurosaki kun –miro a su padre- Kurosaki kun –sonrió- le tengo que dar las gracias por llegar a salvarme ¿verdad papá? –lo miro con alegría- porque se que hubo un momento, en que sentí que él estaba ahí por mí
―Ume –camino y se coloco a su altura- el Capitán Kurosaki esta en un misión muy importante para la Sociedad de Almas –le informo- se irá el día de hoy antes de que anochezca y no se sabe cuando es que volverá
―¿Por qué? –se entristeció visiblemente- ¿por qué, papá? –se llenaron sus ojos de lágrimas- ¿por qué? –repetía- ¡¿PAPÁ?!
Acaricio su rostro con ternura, Ume no podría compréndelo ahora.
―Él, así lo ha decidido
―¡NO! –le negó con su cabeza- ¡KUROSAKI KUN, NO HARÍA ALGO ASÍ! –lloro- ¡ÉL…, ÉL… ME LO PROMETIÓ!
Corrió por la habitación llevando consigo a su conejo. Los dos hombres se quedaron completamente solos y miraban la puerta por donde la pequeña había desaparecido.
―¿Por qué se lo ha dicho –le reclamo- Ashido sama?
―Tu mismo lo has dicho –se levanto- Ume ha cambiado gracias a él, y ya no tiene miedo de decir lo que siente –sollozo- ella, es la única que podrá hacerlo recapacitar y comprender que no esta solo -camino- que nunca lo ha estado
Abandono la habitación dejando solo a Himawari Yuto, el cual se centro en sus pensamientos. Instantes después se carcajeo sonoramente, hasta que el dolor le hizo mermar su gran esfuerzo.
―¡Corra, marche señorita! –sonreía- no deje escapar esta felicidad que usted se ha formado por sí misma. Ume, ¿no te has dado cuente que fuiste tú quien lo eligió? –suspiro y se entristeció- Ashido sama, usted también ha cambiado –se recostó- ahora encontró por sí mismo la motivación para continuar dándole fuerza a su promesa hecha a Rukia sama… -cerró sus ojos- al igual que su persona, yo fui elegido por ella desde un inicio para cuidar de la niña –sonrió memorando- deseaba que alguien más que usted cuidase de su felicidad señor, se olvido que usted también es un ser humano –comenzaba a quedarse dormido- la orden del Capitán Yamamoto no fue mi verdadera motivación, sino mi propio deseo de ver sonreír a la señorita Ume en verdad
Ella corría lo más rápido que sus piernas y kimono se lo permitían. Algo muy difícil de hacer con tantos accesorios indispensables en su vestimenta, el aire le faltaba y le costaba respirar; y en su andar se golpeaba constantemente contra los transeúntes en la calle principal del primer distrito. E inesperadamente resbalo desplomándose sobre un gran charco de barro fresco, por fortuna su peluche aterrizo a unos metros lejos de ella. De inmediato la gente a su alrededor intento acercarse para auxiliarla, pero al ver el kenseikan retrocedieron temerosos de recibir alguna represalia. Y formaron un circulo a su alrededor. Ume se levanto y limpio con su palma su rostro con diligencia, al terminar y buscando alguna parte limpia en su ropa para quitarse la suciedad de sus manos, termino por ensuciarse. Al final se quito el símbolo de nobleza de su cabellera y lo arrojo al suelo, en último lugar aflojo su atuendo; volvió a emprender su marcha hacia la puerta del oeste que daba el acceso a la Corte de los Espíritus Puros, sin olvidarse del conejo al cual mantuvo a una considerable distancia a fin de evitar que también se manchase. Luego de tan largo recorrido observo los edificios y alegre corrió hacia ellos. Sin embargo, el guardia de la puerta se apareció y le impidió el continuar.
―Lo siento –se sentó- pero esto no es un lugar para que los niños jueguen –rasco su cabeza- ve hacia atrás, si quieres pasar el tiempo
―¡Yo tengo que pasar! –lo reto- ¡tengo!…
―No me vengas con eso pequeña –coloco sus manos en el suelo- yo soy Jindabô guardián de Hakutōmon (1) y…
―¡TENGO QUE PASAR! –reitero- ¡si no me doy prisa él!...
―¡VE A CASA! –le exigió con su paciencia al límite- ¡NO ME HAGAS DARTE UNAS PALMADAS!
―¡NO!
E intento pasar a su lado, más la pronta respuesta del guardián no le dio tregua alguna. Estaba un poco más que irritado ante la negativa de la niña.
―¡En serio, me estas haciendo enfadar y!…
―¡JINDABÔ! –lo llamaron- ¡no seas tan descortés con la pequeña! –silencio- ¿es que aún no la reconoces?
―¿Cómo, Kuukaku sama?
Observo con detenimiento a la niña y al instante percibió por completo su identidad. Al inicio no la reconoció debido a la suciedad que mostró en su primer encuentro, muy lejos de lo que había escuchado en los nobles. Sin contar con su carácter y actitud tan poco educada.
―Kuchiki dono…
De nueva cuenta trato de pasar, sin embargo el corpulento hombre volvió a detenerla y le negó suavemente con su cabeza.
―No importa, si eres una noble y de la familia Kuchiki –susurro- pero…, es mi deber y obligación el negarle el paso a todas aquellas almas que no formen parte de la Corte de los Espíritus Puros, Kuchiki dono
El labio inferior le temblaba y aún sostenía al conejo que su madre tanto amaba. En ese momento, sintió Ume que toda esperanza se desvanecía, al final el muñeco cocho contra el suelo.
―Yo…
Las lágrimas comenzaban a ser visibles y daba algunos pasos dubitativos hacia el sujeto.
―Lo siento…, este es el final de tu camino pequeña
―¿Ume?
Llego Ashido y se coloco a unos tres metros de distancia de la niña. La contemplo en silencio y espero para ve que es lo que haría. No obstante, la chiquilla miraba al guardián de la puerta y no volteo a verlo a él.
―¡Corrí…, hasta aquí! –le costaba hablar- ¡me caí y me levante y…, y…, llegue –silencio- pero…, pero… -lloro sonoramente- ¡KUROSAKI KUN!. ¡KUROSAKI KUN!. ¡KUROSAKI KUN!
Gritaba una y otra vez, esas acciones generaron que los pocos transeúntes observaran la impotencia de la niña. Jindabô desearía dejarla pasar, y aunque lo hiciera ella jamás llegaría a tiempo; en cuestión de minutos Kurosaki se iría. No importaba cuanto corriese la niña, todo estuvo perdido desde el inicio. Kuukaku miraba a Ashido, el día de ayer se entero de que Ume en realidad era hija de Ichigo y no supo que más hacer.
―¡KUROSAKI KUN!
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Fue algo percibido por todos los presentes junto a la garganta que la abriría el paso hacia Hueco Mundo. Se giro por completo al reconocer al ser que emitía ese rastro constante de poder espiritual, el cual venía de la puerta del oeste.
―¿Qué harás?
Volteó hacia su Teniente, la cual lentamente se paro frente a él. Más él, aún no hacia ni decía nada en lo absoluto; y el silencio se hizo eterno para casi todos los presentes en esa colina. Los Capitanes y Tenientes restantes esperaban su respuesta.
―Ella, no me necesita
Paso a su lado. Esas palabras decepcionaron a la gran mayoría y más a Byakuya quien se había esperanzado a un milagro en el último momento, y temía haberse equivocado. De forma sutil y desapercibida por los demás Restu sujeto su mano y lo sereno, dándole a entender que no esta solo. En un verdadero arrebato de su parte, Inoue camino con ira, le detuvo el paso a su Capitán y en un momento de rabia le propino una muy necesaria bofetada con todas sus fuerzas. Orihime no se sintió mal en lo absoluto por haber levantado su mano contra un amigo. Ichigo dio un paso hacia atrás debido al fuerte impacto contra su rostro, se llevo una de sus manos a su mejilla e instintivamente le rehuyó la mirada avergonzado.
―¡¿CUÁNTO TIEMPO MÁS, CONTINUARAS NEGANDO LOS HECHOS?! –silencio- ¡ICHIGO! –vocifero herida- ¡ya lo sabes! –lo señalo con fuerza con su índice- ¡Uryū te lo dijo anoche!. ¿Cierto? –afonía- ¡Ume chan te llamo ayer por la tarde, y lo hace hoy también! –indico hacia el oeste- ¡si te vas ahora, así sin decirle adiós a tu hija! –mutismo- ¡tú nunca te lo perdonaras!… -respiraba agitada- ¡y volverás a comete el mismo error! –lo miro dolida- ¿te vas, por qué no eres capaz de encarar la realidad que tendrás que vivir ahora?
―¡NO!
Y retiro con poca sutileza la mano de la mujer, al mismo tiempo que la miraba con una gran determinación por su palabra exclamada. Y de inmediato Orihime contemplo le decisión en su rostro, algo que solo Rukia le daba cuando él más lo necesitaba.
―¡NO ESTOY HUYENDO!
Miro a todos en la colina, y la fuerza de sus palabras ya no generaban duda alguna en los presentes.
―Entonces, debes ir con ella… -le sonrió- Ume chan te esta llamando –afonía- ¿puedes sentir su dolor aquí? –toco su corazón- ella, ya ha perdido a su madre y no hay forma alguna de traerla de vuelta –suspiro- no hagas que también pierda ahora a su padre
―Ve, idiota estúpido –continuaba con los últimos detalles- faltan unos veinte minutos para que todo quede perfecto
―¿Kurotsuchi?...
―No me hagas perder mi tiempo –lo ignoro- ¡vete ya!
―¿Qué harás Kurosaki? –indago el noble-
―Byakuya…
―Ya una vez perdiste Rukia –suspiro con pesar- tal y como ha dicho tu teniente, no pierdas ahora a tú hija
En un solo instante desapareció en un paso veloz. Orihime llevo sus manos hacia la altura de su corazón y ahí las mantuvo algunos instantes más. Abrió sus ojos con sorpresa al percibir sutilmente esa esencia en el aire y sonrió con tranquilidad. Finalmente había entendido el actuar de su amigo, tal como se lo había dicho, él no estaba huyendo… Tan solo deseaba proteger lo más valioso para él. Aunque ciertamente no de la mejor forma.
―¿Orihime? –lo llamo el pelirrojo- eso…
Ella volteó y le externo una gran sonrisa a los demás en la colina, para que finalmente sus sentimientos cedieran y se permitiese llorar.
―Todo estará bien –les informo- Ichigo, nunca pensó en abandonar a Ume chan –limpio su rostro- esta intentando protegerla y ha traído a los únicos que pueden ayudarla ahora. Todo esta bien…
―¿Creí, que no eras sentimentalista Kurotsuchi?
―¡Zaraki! -se indigno- es solo que no quiero que por alguna estupidez de su parte pierda mis muestras
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―¡ICHIGO IDIOTA!. ¡ICHIGO TONTO!. ¡TONTO!. ¡TONTO!. ¡TONTO!. ¡IDIOTA!
Su garganta le dolía terriblemente a causa del esfuerzo, hacia momentos que había dejado de llorar; pero la sensación de sentirse traicionada por él la embriagaba por completo y no le permitía el tranquilizarse. Él le había hecho una promesa y le juro que nunca se la rompería, por ello Ume creyó en él.
Finalmente Ichigo llego. En ese momento ella dejo de gritar. Al varón le sorprendió el verla hecha un verdadero lío, y estaba seguro que esa imagen le desagradecería por completo a su tío. Cuando tan solo un paso los separaba al uno del otro, con premura y premeditación Ume se acerco a él le propino un puntapié muy doloroso en su espinilla. Lo que ocasiono que en el acto el hombre se agachase en un intento por apaciguar el naciente dolor. Esa era la forma de hacerle pagar por lo que sentía en su corazón.
―¡Kurosaki, tonto! –susurro- ¡Ichigo idiota!
Su rostro rojo de tanto esfuerzo fue lo primero que contemplo cuando la observo a conciencia, también lo fue el camino que sus lágrimas recorrieron con insistencia. De entre su uniforme, tomo un pañuelo y limpio algo de la suciedad del rostro de la pequeña.
―¡Me lo prometiste! –le reclamo- ¡lo hiciste! –su mirada se ensombreció -¡HICISTE UNA PROMESA! –quiso llorar una vez más, pero se contuvo- Kurosaki kun…
Le temblaban sus labios al hablar. El rostro de Ichigo se enterneció y coloco una de sus manos sobre la cabeza e hizo que ello lo mirase.
―Es algo que debo hacer, Ume –le susurro-
―¿Por qué?
Ichigo le sonrió y reprimió lo que sin lugar a duda hubiesen sido sus lágrimas, sabía que su rostro mostraba mucho mejor que sus palabras sus sentimientos. Y el nudo en su garganta no lo ayudaba.
―Porque yo…, porque yo… -miro el cielo buscando tranquilizarse- quiero…, proteger lo más valioso que tengo en este momento –bajo su rostro y acaricio su mejilla- y para eso, debo irme. Ume
―¿Por qué?
Ella simplemente no comprendía que era lo que él le decía.
―Ya te lo he dicho –reitero- Ume…
Silencio.
―¿Vas a volver, verdad? –lo miro esperanzada- ¿Kurosaki kun?
Bajo su mirada y contemplo es suelo, ni el mismo sabía, si seria prudente regresar algún día. Cuando acepto la propuesta no estaba en sus cabales, ni siquiera había podido dormir. Toda la noche y el transcurso del día se mantuvo cavilando lo sucedió, intentando razonar todo lo suscitado hasta entonces. Luego de un tiempo, el silencio fue la única respuesta que la pequeña recibió y ello la entristecía; se alejo y camino hacia su conejo.
―Ten
Le iba a entregar su peluche.
―¿Me lo regalas?
Se impresiono y antes de que lo tomase, Ume se lo arrojo con agresividad al rostro. El cual aterrizo a un lado de Ichigo con la cara hacia arriba.
―¡Claro que no, tonto! –negó con su cabeza- ¡es un préstamo! –le indico solemnemente- así, que más te vale que me lo devuelvas –se cruzo ufana de brazos- si…, no lo haces mamá se enfadará mucho contigo y yo también –exclamo molesta- Kurosaki kun –dudo- ¿me prometes que volverás a casa?
―A casa –pensó- ¿qué debería hacer Rukia –oro mentalmente- dame una señal o algo, no me abandones ahora…, necesito de tu consejo –meditaba-
―Kurosaki kun ¿sabes algo? –jugaba de forma nerviosa con su dedos- hace tiempo yo…, yo… -lo miro- escuche que mi tío decía que tu quisiste mucho a mi mamá hace tiempo –le sonrió con ternura- y…, yo también te quiero mucho ahora…
Y esta ocasión fue Ume quien lo abrazo. La calidez recibida en ese gesto tan sincero, fue tan distinta de cuando ella se desahogo su dolor con él. Ahora era su hija quien le suplicaba que ahora fuera él quien liberase la angustia de su corazón. Las lágrimas amenazaban con salir, más aún así, mantuvo la pasividad frente a ella. ¿Acaso Rukia le decía que ella siempre estuvo a su lado, aunque fuese incapaz de de verla, sentirla o llamarla?. Ahora que recapacitaba a consciencia, no había sido él quien en los momentos de verdadera desesperación de Ume había sido capaz de llegar siempre a tiempo por ella. Lo que una vez pensó que eran coincidencias, ahora lo llamaba destino.
―Gracias, Ume –acariciaba su cabello- muchas gracias, por todo lo que has hecho por mí, yo…
―Tú, has hecho mucho más por mí Kurosaki kun –le sonrió- gracias a las cosas que me has contado sobre mi mamá, ya no tengo miedo de enfrentar a los ancianos –giro sobre sí misma- por eso, -tomo aire- desde ahora yo decidiré lo que quiero hacer, sin temer nunca más
Ichigo le sonrió también.
―Tú mamá estaría muy orgullosa de ti
―Lo se –se jacto- se que mamá me protege donde quiera que este
―¿Por qué lo dices? –cuestiono impresionado-
―Porque ella te envió aquí, conmigo
―Ume…
La pequeña se acerco y le dio un beso en su mejilla. Las palabras de su hija le generaron una sensación de paz más allá de lo que se imaginaba. Realmente, ella era única; tal como su madre.
―Mi papa, siempre me ha dicho que cuando uno le dice hasta luego a una persona que apreciamos mucho –suspiro- le tenemos que dar un beso de buen viaje
―Gracias
Tomo al conejo y se le levanto. Ambos hombres se miraron fijamente.
―Cuídala mucho Ashido –mimo la cabellera de la niña- en ti, deposito todas mis esperanzas futuras
―Kurosaki, soy yo quien debería…
―No –lo refuto- lo has escuchado –silencio- además, yo ya le hice una promesa –le guiño un ojo de forma juguetona a la niña- volveré Ume, algún día yo regresaré y te contaré todas las cosas que desees saber sobre tu mamá –tomo aire- y te doy mi palabra que él día que vuelva te devolveré a Chappy –le sonrió- ¡por favor, todos ustedes protéjanla! –susurro-
De la misma forma en que llego desapareció. Poco antes de que Kuukaku arremetiera verbalmente por haber sido ignorada, el sonido de alguien sonando su nariz arruino la atmosfera mágica del momento experimentado. Lo cual ocasiono que todos los presentes mirasen al responsable de tal falta de tacto.
―Esto es mejor que cualquier manga que haya leído antes –tomo otro pañuelo- en ningún shonen he visto algo así
―Eso es obvio, Love –le reprimió- el shonen es el género de acción dedicado a los varones
―Tranquila, Lisa no hay necesidad de alterarse –se defendió-
Una mujer rubia camino con premura hacia la pequeña, se agacho y tomo concierta brusquedad el mentón de la niña. Ladeo su cabeza un par de veces, mientras la examinaba detenidamente al final rechisto.
―¡Madre mía! –la soltó- no creí cuando ese cuatro ojos nos dijo que eras idéntica a ella –se levanto- tal parece, que no has dicho ninguna mentira
―¡Creíste que les diría algo así, Hiyori san!
Se sintió ofendido.
―La Sociedad de Almas te pudo haber enviado, Ishida
Antes de iniciar una conversación sin sentido con la rubia, se aproximo hacia Ashido, quien no daba crédito ante el hecho de tener a esas personas frente a él.
―¿Ishida?
―Tengo un permiso autorizando su ingreso a la Sociedad de Almas –le mostró el documento- así, que no hay necesidad de preocuparse –acomodo sus anteojos- Kurosaki previo todo lo que Ume necesitaría para llegar a donde ella desee
Instantes después otro blondo camino hacia ella, el cual tenía una boina y una enorme sonrisa que prácticamente enmarcaba por completo su rostro, se agacho.
―¿Estás preocupada por él, Ume chan? –le inquirió curioso- ¿temes que no regrese?
Ella movió negativamente su cabeza y volteó hacia la Corte de los Espíritus Puros.
―Kurosaki kun, me prometió que volvería –susurro- me dijo –lo miro con determinación- que cuando volviese me seguiría contando más historias de mamá –le sonrió gentilmente- y, yo se que cumplirá sus palabras –toco él corazón del hombre- yo siento que aquí –le señalo- que él estará bien –suspiro con tranquilidad- así que solo debo esperar, gracias
―¿Por qué, me has agradecido. Si, yo no he hecho nada?
―Porque me has llamado por ni nombre –le sonrió nuevamente- me gusta cuando las personas me tratan con naturalidad
―En ese caso, puedes tú también llamarme por ni nombre –extendió su mano- me llamo Hirako Shinji –se alegro- y nosotros somos los vizards
―¿Vizards? -tomo su mano- que nombre tan raro
―Dime, Ume chan. ¿Te gustaría pasar por esa puerta? –señalo hacia atrás- o ¿quisieras quedarte de este lado?...
―Yo…, yo… -miro a Ashido y luego a él- quiero ayudar a proteger a los que yo quiero –se sincero- quiero trazar mi propio camino y no arrepentirme por ello
―Buena respuesta Ume chan –se levanto- por esa razón un idiota que conocemos nos casi rogó –rodó sus ojos- con ayuda de un cuatro ojos, que cuidemos lo más valioso para él
―¿Quién ese idiota? –tomo su mano- ¿y qué quiere proteger?
―Eso deberás descubrirlo por ti misma. Ven te presentaré al resto de mis amigos –se detuvo- ¿pero sabes algo Ume chan?. Cuando pases tras esas puertas encontraras a mucha más gente que conocía a tu mamá –continuaron su marcha- y a todos ellos puedes preguntarles sobre ella
―Lo se…, pero las historias que Kurosaki kun me contaba sobre mamá se que serán las más emocionantes
―Eres un amor –estaba feliz- será imposible no amarte
―Te esperaré Kurosaki kun, así que por favor vuelve…
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Epilogo
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Notas de la autora:
Déjenme soñar con un poco de Unohana y Byakuya.
+ Antes que nada gracias por leer la historia, y espero que puedan encontrar el trasfondo de la narración, tome dos hechos que sucedieron a mí alrededor como inspiración. El primero de ellos fue una conocida que perdió a su bebé, dos meses ante de dar a luz, el segundo fue sobre un compañero en la universidad que se entero sobre su hijo cinco años después.
+ El título hace referencia a una leyenda que menciona que a veces buscamos la felicidad en todas partes menos en donde realmente debemos hacerlo, es decir que esta siempre a nuestro lado y no la vemos hasta que es muy tarde.
+ Ichigo no esta huyendo, el comprendió que si se desata una nueva guerra Ume tendría que luchar. Ya que sin lugar a duda la obligarían a formar parte de la Corte de los Espíritus Puros. Ya ha perdido a Rukia, no puede ahora perder a su hija.
+ Elimine la escena donde Ishida llega con los vizards y les externa el pedido de Ichigo. Desde mi punto de vista le habría restado el impacto de saber que ellos serán quienes entrenen a Ume.
+ Y se que hay varios puntos que quedan en el aire, principalmente sobre los personajes secundarios. Pero para cerrar el "círculo" digamos, tendría que dedicar un solo capítulo a ellos. Y la narración no se centra en sus personajes.
+ Las demás dudas que se generen las responderé pronto. El epilogo esta hecho desde el inicio, así que la actualización será en una semana. Agradecería mucho el que todos ustedes me externaran sus impresiones sobre el texto completo. Les aseguro que el verdadero final, es algo de lo más emotivo.
+ Y, lo más importante y de mayor duda. Desde mi punto de vista y razonándolo a consciencia, es ilógico que cualquier persona le revele a Ume la verdad justo ahora. Ella apenas ha comprendido sus sentimientos hacia Ichigo, y toda su vida ha llamado "papá" a otro hombre; no es creíble que le digan quien es su padre en verdad y ella salte feliz a sus brazos. Al menos si a cualquiera de nosotros nos lo dijeran ahora, no lo aceptaríamos y tendríamos miedo. Se necesita tiempo y madurez.
Glosario:
(1) Hakutōmon, puerta oeste
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Nos vemos
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