En el capítulo anterior:
En el siglo XVIII, después de intimar con Dégel, Milo se convence realmente de que él es Kardia, ya que además las sensaciones y sentimientos le resultan familiares. Dégel se alegra de ver que Milo no está más a la defensiva, pero algo le sigue resultando extraño, y Asmita vuelve a insistir con que necesitan hablar con urgencia. En el presente, Kardia cuenta a pedido de Shaka lo que ocurrió en la misión a la que fue con Dégel: Se trataba de una misión en Austria, donde debían recuperar un objeto perteneciente al santuario que estaba escondido en la corte del Palacio Imperial de Viena. Después de que Dégel se infiltrara en la orquesta de la corte, Kardia supo que el objeto estaba probablemente en la Cámara del Tesoro, y se dirigió hacia allí solo. En ese lugar, un misterioso flautista le entregó la caja que contenía el objeto, y desobedeciendo instrucciones Kardia la abrió para ver lo que había adentro. En el momento en que tocó el objeto en su interior, Kardia se desprendió de su cuerpo, pero volvió a él luego de que el flautista cerrara la caja y se la entregara a Dégel. Kardia decidió mantener en secreto lo que le había pasado. Al escuchar esta historia y la descripción del objeto, Camus se da cuenta de que aquel es una parte utilizada para sellar el Megas Drepanon, la armadura de Cronos. Ya que Cronos maneja el tiempo, Shaka llega a la conclusión de que el tocar ese objeto es lo que causó un desfasaje temporal que hizo que Kardia terminara en el cuerpo de Milo.
Milo.
Milo rodó sobre la cama hasta alcanzar un libro que había caído al suelo. Lo levantó con cuidado y se sentó con él sobre la cama. Estiró el brazo hasta el plato de manzanas que Dégel había dejado a mano. Sonreía.
Se suponía que tendrían que ir al templo de Virgo. Sería la primera vez que saliera de Acuario. Intentó repasar lo que había hablado con Asmita, quien le había explicado acerca de quienes habitaban el santuario, pero no estaba seguro de poder recordar todos los nombres y los detalles. A pesar de eso estaba dispuesto a intentar hacer las cosas de la mejor manera posible, porque deseaba despejar la inseguridad que aún atormentaba a Dégel.
−Ese libro… −Dégel volvía desde otra habitación con algo en la mano. Se sentó junto a Milo sobre la cama.
−Sí, no entiendo lo que dice de todas maneras. Está en ruso −Milo puso el libro a un lado. Dégel lo miraba con curiosidad, como si acabara de hacer algo insólito, pero no hizo más preguntas y de todas maneras le devolvió la sonrisa. Milo pasó sus brazos por el cuello de Dégel para susurrar en su oído algo que aún le daba un poco de vergüenza preguntar directamente, quizás por temor a que la respuesta hubiera cambiado desde la última vez que había preguntado−. Dijiste que no te irías… ¿es cierto?
−Me quedaré aquí −respondió Dégel apretando a Milo contra sí.
Milo cerró los ojos y agradeció silenciosamente por la perfección del momento. Aunque hubiera querido permanecer allí por más tiempo sabía que era hora de empezar a moverse, así que se colocó la armadura de Escorpio. Se sintió extrañamente pesada, pero al mismo tiempo le resultó reconfortante volver a sentir el tacto del familiar metal contra su piel, que seguía más caliente que lo que estaba acostumbrado aunque la fiebre no había vuelto.
El primer templo que tenían que atravesar para llegar a Virgo era Capricornio. Mientras se acercaban Milo contuvo la respiración, anticipándose al momento en que tuviera que enfrentarse a su guardián. No quería cometer una equivocación. Dégel lo notó y pasó una mano sobre su cabeza.
−El nombre del guardián de este templo es El Cid. No te preocupes, no hará preguntas.
−El Cid, recuerdo que Asmita lo mencionó… ¿Como el personaje histórico… el del libro que le diste a Sagitario?
−¿Llegaste a leer el nombre del libro? −preguntó Dégel parándose en seco. Milo temió haber hecho algo errado, aunque no se le ocurría qué podría haber sido.
−Sí… ¿se suponía que no debía hacerlo? Disculpa…
Dégel parecía no estar seguro de qué responder, pero finalmente siguió caminando. Milo no quiso darle importancia a su reacción, aunque sintió un atisbo de inquietud.
A pesar de todo el paso a través de Capricornio fue rápido e indoloro, tal como había previsto Dégel, y aunque en Sagitario Milo se quedó en blanco cuando Sísifo le preguntó con una sonrisa si estaba mejor, tampoco hubo mayores problemas.
Finalmente luego de cruzar su propio templo y el de Libra llegaron a las puertas de Virgo, donde Milo fue asaltado por un mal presentimiento.
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Shaka.
−El Escorpión del siglo XVIII, Kardia… al entrar en contacto con un objeto infundido con el poder de Cronos, creó una distorsión en el espacio tiempo. Esta parece haberse activado al usar el Katakeo, una técnica cuya aplicación lleva a la muerte… −Shaka reflexionaba en voz alta, mientras la máscara de Camus comenzaba a caer dejando entrever un destello de espanto.
−Pero en ese caso, ¿Milo…?
−Una experiencia cercana a la muerte puede provocar que la conciencia de la persona se desprenda del cuerpo, ¿verdad? −continuó Shaka−. Entonces al desencadenarse el poder del Katakeo, es probable que Kardia haya quedado en esa situación, liberado de sus ataduras físicas… Allí es donde se volvió vulnerable a esta distorsión que se había generado cuando tocó el objeto relacionado con Cronos y fue traído hacia esta época, ocupando el cuerpo de Milo.
−Pero Milo… −insistió Camus, acercándose a Shaka.
−Es probable que si la conciencia de Kardia está en el cuerpo de Milo, entonces… la de Milo haya terminado en el cuerpo de Kardia.
Camus no quería afrontar la respuesta por más realista que sonara. Se dirigió a Kardia, que daba la impresión de haberse vuelto más pequeño que hacía unos momentos.
−Escucha, tú −dijo Camus tomando a Kardia por los hombros sin dejar que Shaka continuara−. Dijiste que activaste esa técnica. Entonces dime qué piensas que le ocurrió exactamente a tu cuerpo después de haberlo hecho −Kardia dudó. Apenas recordaba lo que había ocurrido, pero lo que venía a su cabeza en primer lugar era peor de las probabilidades. Desvió la vista, pero Camus pareció haberle leído la mente−. ¡¿Es posible que tu cuerpo haya muerto?!
−Camus, es una posibilidad que tenemos que manejar −intervino Shaka en voz baja−. La de que Milo no haya podido ir a ninguna parte si el cuerpo de Kardia sucumbió al uso de la técnica...
Antes de tener tiempo a reaccionar Kardia se encontró contra la pared; los dedos helados de Camus aprisionaban su cuello.
−¡¿Qué hiciste?! −gritó Camus.
Aunque Kardia hubiera querido contestar no habría podido. La garganta se le había agarrotado y al intentar tomar una bocanada de aire se dio cuenta de que tampoco era capaz de respirar. De alguna manera sus pies habían perdido contacto con el suelo. No se sintió con voluntad de luchar, en realidad creía que merecía todo aquello y más. Las formas a su alrededor comenzaron a difuminarse. Camus era fuerte. Una vaga sensación de satisfacción le recorrió el cuerpo.
−¡Detente! −escuchó decir a Shaka. La presión cedió y Kardia pudo escuchar el sonido de sus propios huesos al chocar contra el suelo−. ¡Camus! Ese es aún el cuerpo de Milo, ¿lo olvidas? Y si mis cálculos son correctos, entonces también… es su misma esencia, su misma alma… ¿Por qué crees que Kardia tomó el cuerpo de Milo y que nos confundió?
Camus se había apartado de repente, temblando de pies a cabeza. Kardia yacía en el suelo, tosiendo.
−Explícate mejor, Virgo.
−Tiene que ver con lo que dije antes. Somos parte de un mismo ciclo que se repite… Lo que vincularía a Kardia y Milo sería que comparten una misma alma. Pero las experiencias y las circunstancias en que nacemos nos moldean de forma diferente. El tiempo no es lineal, Camus… Poseemos un alma que es inmortal y se manifiesta de diferentes maneras, en diferentes tiempos, en diferentes...
−¡Pero no son la misma persona! −interrumpió Camus.
−No… y sí.
−Eso no tiene sentido.
Camus se sentía agobiado pero terminó volviendo junto a Kardia, que no se había movido del rincón en donde había caído. Pensar en la posibilidad de haber dañado con sus propias manos a Milo, o al cuerpo de Milo, le provocaba terror. Se arrodilló y al apartar la melena que caía sobre la cara del escorpión vio con claridad que el chico estaba ahora llorando. Se le erizó la piel.
−Camus −continuó Shaka−. Imagina un árbol. Ese árbol crece y se ramifica. A algunas ramas les llega con más fuerza el sol, otras están más abajo y viven a la sombra, quizás algunas sean escogidas por un animal para hacer un nido, a otras les crecen frutos, otras son derribadas pronto por una tormenta… todas pasan por experiencias concretas diferentes, en diferentes partes del espacio ocupado por ese árbol, pero todas nacen de él. Imagina que la corteza de ese árbol es el alma de una persona y el espacio total que ocupa es el tiempo. Piensa en cada rama como las diferentes vidas a través de las eras... es aún el mismo árbol pero cada rama es especial y existe por sí misma formando al mismo tiempo parte de una misma cosa… ¿entiendes?
Camus no estaba seguro de qué entendía y qué no, pero la voz de Shaka sonaba a esta altura muy lejana. Estiró la mano para tocar la cabeza de Kardia, que lo miró con arrepentimiento.
−Perdóname −murmuró Kardia. Camus no supo responder, pero cuando quiso hablar notó que apenas podía emitir sonido y que sus propios ojos estaban llenos de lágrimas.
−Shaka… ¿el Milo que conozco está muerto? −preguntó Camus.
−No lo sé −respondió Shaka−. Eso depende de qué tan definitiva sea la técnica de Kardia. Depende de lo que le haya ocurrido a su cuerpo en el pasado.
Al escuchar esto Camus puso una mano sobre el rostro de Kardia, volviéndolo con cuidado hacia él e increpándolo con la mirada. Kardia respondió con voz apagada.
−Quizás Dégel haya intervenido. Él puede controlar el calor que genera mi cuerpo. Lo ha hecho antes…
−¿Entonces hay oportunidad? Si su cuerpo sobrevivió en el pasado, ¿Milo podría estar allí? −preguntó Camus dirigiéndose hacia Shaka.
−Sí, sería lo más factible… Necesitamos averiguarlo de alguna manera. Estamos hablando del pasado, por lo tanto tiene que haber registros que nos ayuden.
Kardia se incorporó un poco. Le costaba entender aún lo que estaba ocurriendo, porque mientras él era acribillado a preguntas y los otros reflexionaban acerca de la reencarnación y la continuidad del tiempo, nadie se había molestado en explicarle demasiado. Aquellos eran también santos dorados y hablaban del siglo XVIII como algo lejano, pero hasta ahora no habían dicho demasiado acerca de sí mismos.
−Pero entonces este lugar… ¿qué lugar es…? ¿Dónde estoy?
Shaka hizo una larga pausa antes de contestar. Tanto él como Camus parecían no haberse dado cuenta hasta ese momento de que no lo habían mencionado.
−Estamos a finales del siglo XX. Somos dos de los santos de esta generación.
Para sorpresa de Camus y Shaka, luego de unos instantes de incertidumbre Kardia comenzó a reír.
−¡El futuro! −exclamó−. ¿Hablan en serio? Supongo que de verdad no debería haber abierto esa caja, ¿no? −Camus lo observó en silencio, conteniendo su furia. Imaginaba que Milo podría haber cometido el mismo tipo de error de criterio en otro momento, pero nunca reaccionaría de esa manera. La situación no tenía ni un ápice de graciosa. Sin embargo, al prestar más atención vio que las lágrimas aún corrían por las mejillas de Kardia y que al hablar sonaba más desesperado que risueño−. ¿Qué voy a hacer? Dégel se volverá loco.
−¡Shaka, necesitamos ver los registros de la anterior guerra santa y saber cómo murió Escorpio! −dijo Camus. Shaka lo tomó de un brazo y lo llevó hacia fuera de la habitación arrastrándolo lejos de Kardia, que estaba ahora acurrucado en un rincón de la habitación.
−Ten cuidado con lo que dices −Shaka habló en voz baja, buscando evitar que Kardia oyera−. Pero estaba pensando que el patriarca es un sobreviviente de esa guerra…
−¡No podemos ir con él! Lo prometiste…
Shaka pareció pensarlo. Ahora tenía los ojos nuevamente cerrados y se había cruzado de brazos. Se veía incómodo.
−Está bien, quizás empeoraría las cosas que Kardia se involucrara con alguien de esa época, el tiempo es algo delicado con lo que no se puede jugar… En realidad tendríamos que mantenerlo aislado de los datos referentes al pasado. En el caso de que lográramos revertir el proceso, sería contraproducente que volviera sabiendo datos concretos acerca del destino de los de su generación.
−¿Entonces me ayudarás a conseguir los registros?
−Lo haré si te calmas y dejas de congelar el aire de este templo −respondió Shaka. Camus miró alrededor y notó que algunas de las rocas del templo estaban incluso cubiertas por cristales de escarcha−. Y mientras te encargas de los registros yo intentaré algo más.
−¿Algo más?
−Durante la meditación, como durante el sueño, la mente alcanza estados de conciencia alternativos, a través de los que se puede lograr atravesar muchas de las barreras que separan los mundos invisibles... Por eso, intentaré comunicarme con la persona que yo mismo era hace dos siglos.
−¿Puedes hacer algo así? −preguntó Camus con asombro.
Shaka, que le había dado la espalda y se estaba alejando con rumbo a la habitación, se dio la vuelta y sonrió.
−No lo sabré hasta que no lo intente…
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Asmita.
Mientras esperaba por Dégel, Asmita meditaba sobre lo que había escuchado de la boca de Escorpio. Le había descrito con todo detalle un santuario de dos siglos en el futuro. Era como si sus recuerdos hubieran sido reemplazados por los de alguien que viviera doscientos años adelante, pero ¿cómo era eso posible?
La primera hipótesis que manejaba era que de alguna manera Kardia hubiera ganado el don de la profecía. A veces éste venía en maneras inesperadas, y en muchos casos luego de vivir una experiencia extrema. Según Dégel, antes de que surgieran los problemas Kardia había activado el Katakeo, que podría haberlo llevado a la muerte, aunque seguía sin haber una explicación coherente respecto a por qué lo había utilizado.
Lamentó no poder verificar la veracidad de la historia del santuario en el futuro, aunque varios puntos respecto a ella le molestaban. La sensación que se desprendía del relato de Escorpio era de inseguridad y oscuridad.
La segunda teoría era aún más extraña que la primera. Asmita se preguntaba si podría ser posible que alguna cosa pudiera haber tomado el cuerpo de Kardia, tal como puede darse en un caso de posesión. ¿Podría ser posible una posesión a través del tiempo? Mientras reflexionaba sobre esto algo llamó su atención.
Algo es diferente, pensó Asmita, y siguiendo un impulso abrió los ojos. Le sorprendió que podía ver claramente, no de la manera en que estaba acostumbrado a sentir el mundo y las formas, ni de la manera en que le llegaban las visiones al meditar, sino que podía ver los contornos exactos de todo lo había alrededor de él.
Una cosa era por segura, y era que no estaba en el templo. Por unos momentos fue incapaz de identificar los objetos sólo a través de sus siluetas. Luego volvió la vista frente a sí y notó que había algo ante él. Le costó algunos segundos armar las piezas de la imagen hasta entender que era otra persona que lo miraba fijamente.
Estiró la mano y quien estaba frente a él lo imitó, así que Asmita la retiró de inmediato. Se llevó la mano al rostro, y la persona frente a él hizo exactamente lo mismo. Solamente entonces Asmita comprendió que se encontraba frente a lo que se conocía como "espejo". Y que aquella situación, por más real que pareciera, no dejaba de ser una visión. Se incorporó dispuesto a averiguar en qué lugar se encontraba, pero su reflejo se dirigió a él desde el espejo:
−Espera, Asmita.
Asmita se detuvo, contemplando aquella imagen que ya no imitaba sus movimientos.
−¿Quién eres...? −preguntó Asmita.
−Mi nombre es Shaka. Tenemos que hablar antes de que se acabe el tiempo.
−¿Shaka? −Aquella era la manera en que Escorpio lo había llamado luego del primer incidente, y también la persona que más tarde había descrito como a quien recordaba como guardián de la sexta casa.
−En el siglo XX yo soy el santo de Virgo... la persona en la que te convertirás en una vida futura.
−¿El futuro? ¿Por qué…?
−Ha ocurrido un desajuste temporal, ¿puedes sentirlo?
−Sí, ciertamente me tiene intrigado. ¿Es por eso que has venido? ¿Conoces el origen…? −preguntó Asmita, fascinado por la oportunidad de poder establecer un intercambio tan inusual.
−¡Primero necesito saber si Milo, el santo de Escorpio de nuestra era, está con ustedes! −exclamó Shaka, que por esta vez parecía no estar tan dispuesto a conversar con parsimonia como lo estaba Asmita.
Asmita abrió la boca para contestar, pero la imagen del espejo se deshizo en un segundo, antes de que pudiera emitir sonido. A su alrededor las formas comenzaron a perder solidez y Asmita fue arrastrado fuera de la visión mientras intentaba inútilmente mantener la concentración.
De vuelta al mundo material y sintiéndose un poco frustrado, percibió que alguien había entrado en su templo.
−Aquí estamos, Asmita −dijo Dégel avanzando hacia la sala central. Milo, que estaba a su lado, notó que Asmita se veía diferente. Su expresión era de ligera preocupación.
−¿Trajiste a… Escorpio? En realidad quería hablar de un asunto privado solamente contigo, Dégel…
−¿Un asunto privado? −Dégel no había pensado en la posibilidad de dejar atrás a Milo, pero era cierto que Asmita le había indicado que quería hablar con él, sin mencionar a nadie más. La mano de Milo rozaba la suya, buscando algo a qué aferrarse.
−Está bien −dijo Milo−. Esperaré.
Asmita se dirigió a la parte residencial y le indicó a Milo que se quedara en una de las habitaciones junto a un sirviente mientras él llevaba a Dégel hacia otra más apartada.
Dégel intuyó que algo estaba mal, porque Asmita se tomó su tiempo antes de comenzar a hablar. Cuando lo hizo, las sospechas de Dégel se confirmaron.
−Dudo que el cambio en Kardia se deba a la enfermedad. Estoy casi seguro de que esa persona no es Kardia.
−¿Qué quieres decir…? −preguntó Dégel. Siendo sincero, de alguna manera esas palabras no lo sorprendían realmente, pero escucharlo de la boca de Asmita lo llenó de ansiedad.
−Temo que se trate de un caso de… posesión −dijo Asmita, luego de buscar unos segundos una palabra que ejemplificara lo que quería explicar.
−¡¿Posesión…?! ¿Qué…?
−Cuando el cuerpo de una persona es tomado por algo externo que la controla...
−Sé lo que es. ¿Pero qué estás diciendo y por qué me lo dices ahora?
Asmita sintió que el aire empezaba a enfriarse, una curiosa manera que Dégel tenía de expresar emociones intensas.
−Más temprano cuando te pedí que vinieras no estaba seguro. Pero tuve una visión. Creo que se trata de un mensaje.
−Explícate mejor… −Dégel sonaba impaciente.
−Primero creí que podía tratarse de la enfermedad de Kardia avanzando hasta afectar su percepción, sí. Pero al escuchar lo que tenía para decir, pensé que era posible que hubiera recibido algún tipo de don de profecía, porque lo que me describió fue un futuro muy detallado... Sin embargo, ahora creo que se trata de una posesión. Una posesión por parte de alguien que viene del futuro, el santo de Escorpio del siglo XX... Milo, la persona que él afirmó ser después del incidente del Katakeo.
−¡¿Qué?! ¿Por qué? Es una locura… ¿Estás diciendo que él es realmente otra persona…? ¿En qué te basas?
−Shhh… −Asmita puso una mano sobre el pecho de Dégel, que había terminado arrinconándolo contra la pared. Lo apartó con suavidad y se encaminó hacia la puerta−. Supongo que es inevitable de todas maneras −dijo abriéndola y dejando al descubierto a Milo, que escuchaba tras de ella y que no hizo ningún esfuerzo por esconderse al quedar a la vista.
−Creo que este "asunto privado" tiene que ver conmigo −La voz de Milo sonaba opaca.
−Lo siento. Aún no estamos seguros de lo que está pasando, quería confirmarlo antes de hablar contigo −dijo Asmita.
Dégel no sabía cómo reaccionar. Sus ojos recorrieron a Milo pensando en exactamente lo mismo en lo que Milo probablemente estaba pensando: habían compartido una cama, y se había sentido bien. Se había sentido correcto. Y hubiera podido jurar que aquella persona era Kardia.
Había ignorado los indicios queriendo creer que eran insignificantes. No solamente se trataba de los recuerdos alterados, toda la situación había tenido un aire fatídico desde el inicio. ¿Pero podía alguien culparlo por no haber podido intuir lo que estaba ocurriendo? Era más fácil creer que el cuerpo de Kardia le estaba finalmente fallando a aceptar que no se trataba de la misma persona.
Milo tenía la cabeza baja y su voz apenas se escuchó cuando volvió a hablar.
−Por qué ahora, Virgo...
−Creo que recibí un mensaje del futuro −explicó Asmita−. De tu futuro, Milo, de la persona a la que conoces como Shaka… Desde el momento en que Kardia volvió de la misión sentí que algo había sido afectado en la continuidad espacio-temporal… Pero solamente ahora me doy cuenta que probablemente se refiriera a esto.
−¿Qué te dijo Shaka? ¿Y Camus, sabes algo sobre él…? −Milo estaba quebrándose, y eso empezaba a reflejarse en su voz.
−Shaka preguntó si estabas aquí, pero no llegó a explicar demasiado…
−¿Pero cómo es posible? ¿Desde el futuro…?
−Durante la meditación, como durante el sueño, la mente alcanza estados de conciencia alternativos, a través de los que se puede lograr atravesar muchas de las barreras que separan los mundos invisibles...
−¿Entonces no estoy loco? ¿Y no soy "Kardia"? −preguntó Milo. Cuando levantó la cabeza Dégel vio su rostro cubierto de lágrimas, aunque no había notado aún que él mismo estaba también llorando. Fue Asmita quien volvió a hablar.
−No estás loco, Milo.
−¿Pero por qué ocurrió esto? −Milo estaba ahora levantando la voz, sin hacer ningún esfuerzo por disimular su desesperación.
−No lo sé… −admitió Asmita−. Eso es lo que tenemos que averiguar.
−¿Y tú por qué no dices nada? −gritó Milo, mirando a Dégel, que estaba paralizado por el curso que había tomado todo−. ¿Quién eres…? ¿Por qué estoy aquí? Este cuerpo se está muriendo… −Milo avanzó hacia Dégel con rapidez, y antes de poder pensar una respuesta el acuariano sintió que las manos de Milo se cerraban sobre su garganta−. ¡Habla, imbécil! Haz algo… Las cosas que me hiciste… Me… me…
Cegado por las lágrimas Milo apenas era conciente de lo que estaba diciendo o de lo que pasaba a su alrededor. De pronto se encontró siendo apartado por Asmita, que lo cubrió con un abrazo suave pero firme. Dégel permanecía en el mismo lugar, sin saber hacia dónde enfocar sus pensamientos ni sus acciones. Hubiera querido preguntar dónde estaba Kardia, pero el terror lo inmovilizaba.
−Perdónanos… −murmuró Asmita intentando contener a Milo. Sabía que nadie escucharía lo que tenía para decir hasta que los dos lograran calmarse, pero de momento ese objetivo se veía como una meta lejana.
−¡No! Les dije quién era yo desde un principio… ustedes no lo creyeron…
−Milo… −logró articular Dégel avanzando hacia él, que al advertirlo se deshizo del abrazo de Asmita y se movió a la velocidad de la luz desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos, dejando antes de escabullirse del templo la huella dolorosa de un aguijonazo en la piel de Dégel.
Continuará? :P
En el próximo: Los registros (probablemente) y la participación de un par de personajes que aún no he utilizado del universo de Lost Canvas. Milo va a necesitar… que alguien lo tranquilice XD Y Degel también! Si no, el pobre de Asmita no conseguirá hacer ningún avance…
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Notas: ¿Demasiada seriedad quizás esta vez? En este capítulo se vino el principio del "deshielo" (XD) de Camus, que tomó nada más ni nada menos que SIETE capítulos (Diox). Y yo que pensaba que esto sería un oneshot.
Acepto quejas sobre Camus, pero me reconcilié con él y voy a hacerlo actuar de acuerdo a mi interpretación del personaje.
Gracias a quienes han comentado :D
