Con un simple gesto, el profesor de defensa contra las artes oscuras, hizo que se borrara el encerado. La clase de los Grifindor y Slytherin guardaban silencio.

—Muy bien.— dijo el profesor Weasley al tiempo que dejaba sus libros sobre la mesa. — ¿Alguien puede hacer un resumen de lo que dimos el ultimo día? —Hermione Granger alzó la mano a la velocidad de la luz, seguida por unos pocos compañeros más. — ¿Ronald Weasley?

— ¿Yo? Yo no he levan…— Ron quiso intentar delegar tan gran privilegio, pero la expresión severa de su hermano le hizo cambiar de opinión. —Hermione deslizó su cuaderno, con disimulo, para que pudiera leer la respuesta. —El… el Velo Mantis es un animal… de apariencia fiera. Tiene unos colmillos curvados capaces de atravesar rocas, una aleta dorsal y unas… garras afiladas. Viven en cavernas subterráneas. Puede leer el pensamiento y gracias a su pelo se pueden hacer pociones muy variadas.

—Bien. ¿Qué es lo que más sorprende de este animal?— Hermione volvió a ser la primera en levantar la mano. — ¿Granger?

—Lo que más sorprende del Velo Mantis es que a pesar de ser un animal de aspecto fiero nunca se ha conocido ningún caso en el que atacaran a nadie, incluso habiendo sido provocados.

—Muy bien. Pues hoy estudiaremos otro animal bastante diferente y a pesar de su apariencia aterradora. Página trescientos cincuenta y cuatro.

Una risa se escuchó en la clase.

—Draco Malfoy. ¿Puede saberse qué le resulta tan divertido?— todos se giraron.

— ¿Qué estúpido puede tener miedo de este bicho? —Exclamó señalando una foto en la que un pequeño animal de unos cuarenta centímetros, parecido a un cachorro de gato, miraba con ojos curioso. — Gregory y Vicent lo acompañaron en sus risas.

Bill los miró fijamente.

—Los Shaskians Son tan rápidos y mortales que, muchas veces, la gente muere sin tan siquiera saber qué es lo que sucedió.

—Hay que ser muy torpe para morir por algo así. — Le susurró a Goyle.

— ¡No diríais lo mismo, si hubierais visto morir a alguien sin poder hacer nada por él! ¡Cincuenta puntos menos para Slytherin! — gritó Weasley. Ni siquiera Ron sabía que estaba pasando.

—Eso no es justo— Protestó Malfoy.

—Tienes razón que sean 100 y fuera de mi clase, los tres. Esta tarde hablare con el jefe de vuestra casa y con el director.

Malfoy se cuidó de no murmurar pero su rostro era desafiante.

—Lomboton, comienza a leer. — Bill se volvió mirando la pizarra mientras su alumno comenzaba la lectura.

Sabía que se había excedido pero… ¡Ese arrogante….! Sus amigos no habían muerto por una estupidez… Ocurrió hacía años, el primer mes que trabajó en Gringotts. Durante ese tiempo, había puesto nuevas trampas en el banco y abortado varias entradas no autorizadas junto a sus compañeros, pero todo el tiempo de estudio y entrenamiento no fueron suficientes ni siquiera, unido a la gran experiencia de sus camaradas. Aún recordaba los pequeños ojos cristalinos de los 20 Shaskians acompañados por sus colmillos. Eran lo que las pirañas para el mundo maggel y él, sólo pudo mirar. Se había quedado inmóvil. Tras el primer ataque los dientes del animal se clavaron en la carne de Bill tratando de devorarlo y durante meses los médicos pensaron que podría haber perdido el brazo derecho. Weasley lo sujetó con fuerza. Los gnomos que llevaban el banco los felicitaron porque los intrusos no consiguieron sacar nada de las cuevas, pero ¿quién le devolvería a Eric? Eric, murió entre sus brazos, la sangre que brotaba de su cuerpo se sentía aún caliente y viva. En sus últimos momentos mostró una afilada sonrisa y susurró algo que no había logrado oír. Los cabellos rubios del joven se pegaban a su frente por el sudor y los apartó pudiendo ver aquel par de ojos negros tan mordaces como sus propios comentarios.

— ¿Profesor? ¿Profesor Weasley?— Llamó Hermione de nuevo. —El timbre hace rato que ha sonado ¿podemos irnos? Llegaremos tarde.

****

Las noticias en el colegio volaban como la pólvora entre los alumnos, sin embargo no había sido por ellos por quienes, Snape se había enterado. Dumbledore los había llamado a ambos a su despacho con una falsa expresión consternada.

El joven relató los hechos bajo la atenta mirada de Albus y los destellantes ojos de Severus. El oscuro profesor fue suave en su tono de voz pero no en sus palabras. Aquello era una injusticia para los alumnos y alumnas de su casa. Lo que había empezado como el cometario de un jovencito había acabado en una especie de vendetta. En su opinión a Bill sólo le hubiera faltado acusarlos de haber entrado en Gringotts.

—Bien, Bill, no te preocupes. —habló Dumbledore aún de pie con las manos dentro de las mangas de la túnica. Snape se agarró al reposabrazos a punto de alzarse pero la mirada del director lo retuvo. —Estoy de acuerdo con que tus motivos, para imponer una sanción a los alumnos son correctos, pero también es cierto que tal vez las medidas tomadas… son algo excesivas…aunque…

—Con todos mis respetos Director si las considera excesivas debería revocarlas. — Lo interrumpió Snape.

—Haga lo que crea oportuno. —respondió Williams.

—Les agradecería que me dejaran terminar. Pero, no es posible echar el castigo atrás. Snape, tú has sido profesor de esta escuela desde hace años. ¿Qué le sucede a un profesor cuando se le quita autoridad? Sus alumnos no lo respetarían y pensarían que pueden salirse con la suya. Puede que el castigo sea excesivo pero no desmedido así que lo cumplirán. Aunque, la próxima vez no mezcles lo personal con las clases, Bill.

—Sí, director.

—Puedes marcharte. Tú no Severus. Hay algo de lo que tenemos que hablar.

Ya estaba solucionado, ya tenía la excusa perfecta para quedar con Lucius sin levantar sospechas y no habían tenido que planearlo. El director había comentado que no había sido una táctica sutil pero funcionaría. Naturalmente, Dumbledore no era quien tendría que hablar con Lucius, un hombre que vendría hecho un autentico basilisco. A veces no sabía cómo en aquella mente tan complicada podían surgir razonamientos simples como que 'todo iría bien'. Por suerte para Severus Albus no había averiguado que hacía una semana había recibido carta de Lucius.

Severus siguió a Bill por el pasillo hasta entrar en la sala de profesores.

—Esta conversación no ha terminado. —Espetó el oscuro profesor fríamente.

—El director opina que sí. Si me excedí o no, no eres tú quien para decírmelo.

— ¿En qué pensabas, Weasley?— Insistió Snape.

—No pueden salirse siempre con la suya. — le rebatió.

— ¿Salirse con que Weasley?— Lo increpó Severus.

— ¿Tanto te molesta perder puntos?— Respondió sin dejar de buscar entre sus papeles lo que necesitaría para la siguiente clase.

— ¡Has quitado cien Weasley! Sólo por un comentario jocoso de un crío. Deberías controlarte.

—Ya basta. No hay nada que discutir aquí. Soy su profesor y quiero su respeto aunque alguno tenga que fingirlo. Además, seguro que puedes quitar otros doscientos, siempre se te dio bien.

Snape lo sujetó por el brazo cuando trató de darse la vuelta para salir de la sala de profesores, pero al momento lo soltó.

—No sabes lo que estás haciendo. — Lo que ha Bill le sonó a amenaza realmente no lo fue.

Los ojos del hombre pelirrojo brillaron vidriosos.

***

Amanda asistió a su primera clase con Snape. Lo preparó todo antes de que llegaran los alumnos y se sentó tal y como le dijo en el taburete del fondo. La joven estaba radiante.

En opinión de Ron era la única que vestida con la ropa de profesor no parecía una especie de ogro puesto en el mundo para complicarle la vida.

—Ron, deja de suspirar y atiende que se acerca Snape.

El profesor se acercó examinando el trabajo de sus alumnos. Mirara donde mirara siempre había alguien que parecía como si cuando él se molestaba en dar la explicación de la práctica se pasara ese tiempo en el limbo. Aquello lo frustraba tanto como los que lo escuchaban y ponían tanto énfasis que conseguían que su caldero explosionara. Su atención estaba puesta ahora sobre uno de ellos.

—Lombotton, ¿se puede saber porque es el único que tiene un liquido viscoso y verde en el caldero?— El aludido miró el de sus compañeros. En el de Harry era azul verdoso, en el de Paty azul y en el de

Hermione era de un azul celeste.

—Yo...

—Si prestara atención podría llegar a hacer algo como dios manda. Diez puntos menos para Grifindore y otros diez por Potter.

—Pero profesor...

—Osas decir algo Potter. Esta poción la he mandado en alguna ocasión a los de primero y hasta ellos lo han conseguido.

—Tampoco esta tan mal. — Dijo Amanda a sus espaldas. Puede que no sea tan efectiva pero funcionara. Yo también tuve problemas con esta poción cuando estudie la carrera. Si los de primer curso lo hicieron debían de ser unos genios.

La furia contenida se dibujaba en el rostro de Snape mientras Ron trataba de dejar de sonreír.

—Señorita Robledo, haga el favor de sentarse de nuevo. — La voz de Snape sonó como el gélido hielo.

***

El corredor se abría ante él. Sus guantes en una mano y su bastón con cabeza de serpiente en la otra. Su largo cabello rubio recogido en una coleta. Nadie lo guiaba pero sus pies lo llevaban directamente al despacho del jefe de la casa de los Slytherin.

— ¿Realmente esta fue la manera más 'discreta' que concebiste para que nos reuniéramos sin despertar sospechas? Te advierto, que esto no quedara así. Ese hombre sabrá lo que significa meterse con los Malfoy. Ese viejo…

—Buenas tardes a ti también Lucius. — Respondió Snape.

— ¿Por qué no has estado en la reunión que acabo de tener con Dumbledore?

—Insistió en que quería reunirse contigo a solas. Ya deberías de saber que yo pinto poco en Hogwarts.

—Ya. — Exclamó Malfoy con arrogancia. Snape, lo miró con odio. No le había costado tanto ser civilizado con alguien al que desearía ver desaparecer desde… desde esa misma mañana en el salón principal. Potter. ¬¬

—Yo no he ideado esa estupidez. Esto parece más obra tuya que mía. A qué viene esa maldita carta. Elegiste y lo acepte. ¿Qué es lo que se te ha antojado ahora?

— ¿No fuiste tú entonces? Lo cierto es que no me pareció tú estilo pero tal vez te empezabas a volver viejo.

—Sólo te llevo medio año, lo mismo podría decir yo de ti. — Respondió afinando sus ojos.

—Deberías contener esa lengua.

Snape dio media vuelta hiendo a sentarse tras su escritorio. —Creía que me había ganado el derecho a decirte lo que pienso. Di de una vez que es lo que quieres.

—Aquí no. — Lucius rehusó tomar asiento. Snape sabía que alzado mientras él se sentaba hacía sentir al noble mago por encima de él pero, eso era todo lo encima que podría estar.
El hombre de cabellos rubios se acercó de nuevo a él sentándose en el borde de la mesa. Sus ojos grisáceos observaron al profesor. El cuerpo de Severus se estremeció por su escrutinio y se maldijo por ello.

—Hablaré con el consejo hoy mismo. Dumbledore no debería estar dirigiendo nada ni siquiera un circo de pulgas. Viejo senil. — masculló.

— ¿Dónde quieres hablar entonces?

—La pregunta no es donde sino cuándo pero, ¿tanta prisa tienes?

—Eres tú quien me ha escrito. — Lo acusó Snape.

—Y tú quien no responde a mis cartas. — La voz de Lucius sonó alta pero dolida.

El noble se agachó rozando la oreja del profesor con sus labios como si fuera a decirle algo pero no fue eso lo que hizo. La lengua de Lucius recorrió su oído haciéndole cerrar los ojos. Snape se sintió de nuevo joven y estúpido. Creía que lo había superado, pero su olor lo seducía de nuevo. ¿Por qué?

—Lucius no…

La puerta se abrió de de repente haciendo al noble levantarse y alejarse al instante de Severus.

En el marco de la entrada una joven rubia cargada con un montón de documentos.

—Amanda, ¿Qué haces…?

—He llamado a la puerta varias veces pero no me respondió nadie. Pensaba… He traído lo que me pidió y venia a por un par de carpetas… Yo…me voy…

—No. El señor Malfoy ya se marchaba.

— ¿A si? Eres un anfitrión muy desconsiderado Severus. Pensaba que me ofrecerías… algo. Nos vemos en Semana Santa no hagas planes.