NOTAS: Perdón por tardar tanto tiempo, estuve experimentando en otros foros y fandoms (los resultados fueron fascinantes) además de que quería escribir todo el episodio de bajón para no tardar con las actualizaciones (me pasará como la otra vez y se me irá el internet, como si lo viera), en fin, disfruten segundo capítulo!


Capítulo 2. Parte I: Resiliencia.

La resiliencia es la capacidad del ser humano para afrontar. Superar las circunstancias traumáticas, y seguir, seguir con una vida sana, respetando a los que ya no están con nosotros.

La resiliencia, sin embargo, tiene una desventaja remarcable, y es que, para algunos, la resiliencia es algo que no entra en su vocabulario. No todos son capaces de olvidar, de perdonar.

No todos son capaces de aceptar que nada será como antes.

Entré en la cafetería. El ambiente tan trágico, me causaba nauseas.

No los culpo, de todas formas. Entiendo sus sentimientos, es difícil afrontar la muerte, aunque sea de alguien que apenas conocieron, pero más difícil es saber que todavía hay una persona que no se ha perdonado por lo que ha pasado.

Armin, no quería hablar con nadie, se sentía culpable por lo que pasó, se culpaba a él mismo por lo que hiso su hermano gemelo, por la muerte de Iris, y la de... Oh esperen, todavía no contamos esa historia.

Ya ha pasado una semana, cada vez que entraba a la cafetería o a un lugar poblado podía sentir el ambiente sombrío. Fue bueno saber que algunos estaban dispuestos a seguir con su vida, y un ápice de malo porque esas personas no fueron otras más que el trío de brujas, sí, tres, en un punto descubrí que Charlotte no era tan amigable como llegué a pensar.

Un día cualquiera, aún con el ambiente tenso, un mensaje de Monokuma apareció en la pantalla, el oso de peluche—siempre lo llamaré peluche y nada me hará cambiar ese hecho—estaba hecho una furia, gritaba y se quejaba, me llegó a parecer molesto, bueno no me pareció, es molesto.

¡Maldita sea! ¿¡Que acaso no saben seguir indicaciones!? ¡Está en las reglas! ¡RE-GLAS! —Como era de esperarse, no entendía ni un comino de lo que decía. Al parecer se dio cuenta de que nadie le entendía, y el por qué, no lo sé, pero eso me llevo a la muy lógica conclusión de que nos vigila mediante las cámaras. Un escalofrío recorrió mi espalda, por dos razones, una por no haberme dado cuenta de eso antes, y dos porque nos ve mientras dormimos, y para mí eso no es algo muy... sano.

¡Todos! ¡Al gimnasio! ¡Y SIN PEROS! ¡USTEDES están en problemas! —Y con eso y un listón, el mensaje terminó y salí de mi habitación. Vi a Armin salir de la suya, ojeras pronunciadas y una expresión de arrepentimiento fue lo primero que noté, pobre chico, quisiera tener corazón de roca, aunque deba actuar dura con todos para poder ayudarlos, realmente me llevan estas cosas. No puedo, simplemente no puedo resistir sentir pena.

Entramos al gimnasio, todos estaban ahí, había notado como algunos tenían el mismo aspecto que Armin, claro que nadie tan exageradamente remarcado como la faz de aquel pobre chico.

Por fin salió Monokuma, golpeando su pie repetidamente contra el suelo, mostrando su ansiedad e ira.

— ¿Acaso tienen IDEA? ¿Saben lo que han HECHO? —El hecho que remarcaba ciertas palabras me tenía consternada, ¿Qué había pasado y no me había enterado? Era lo único que podía pensar en ese momento.

Tristemente y ya antes mencionado, siempre estaba lista para el porvenir. Y ese sentimiento es aún más recurrente estando aquí.

— ¡TÚ! —El peculiar oso señalo a uno de los estudiantes, dirigí mi mirada a mi lado, con un poco de curiosidad para ver quién era. Qué curioso, una de las tres brujas de Blair, para ser precisos había señalado a Li, la chica de origen oriental, sentía curiosidad por su cultura, si no tuviera esa actitud tan hueca, podríamos haber sido amigas, bueno, realmente analizando lo que pasó, tal vez ni siquiera con eso hubiera sido posible.

— ¡Confiesa o lo lamentaras!

— ¿Confesar qué? —Li le gritó, perdiendo la compostura, era verdad que frente a Monokuma uno no podía bajar la guardia.

—No te hagas la tonta, ¡confiesa ahora! ¡Entraste a un lugar prohibido!

¿Un lugar prohibido? No recordaba que hubiera uno... No, si lo recordaba, todavía estaba cerrada una zona del "hotel" tenía cortado el paso por una cinta perimetral, eso cualquiera lo entendía, nos daba a entender que NO podíamos pasar a ese lugar.

No estoy segura, pudo haber sido curiosidad o ignorancia, pero aun así, ese desliz suyo le costó la vida.

— ¡Sí, entré! ¿Y qu-

Sangre, aunque sea muy cruel, "la curiosidad mato al gato" fue el dicho que apareció en mi cabeza después de ver su cuerpo muerto caer al piso del gimnasio. Monokuma le había lanzado arpones, después de ver el cadáver todos captaron su atención al sádico muñeco.

— ¡Y eso! —Señaló el cuerpo de la que una vez fue Li— ¡Es lo que pasa si rompen las reglas!

Nadie respondió, no había lugar para hacerlo. Monokuma se aclaró la garganta, notándose como en ese momento se había relajado considerablemente.

— ¿Quedó claro? —Anonadados, las caras de mis compañeros eran como libros abiertos, y "anonadados" era la única palabra escrita, Monokuma frunció el ceño (o eso parecía, no estoy muy segura de la anatomía de la cara de un muñeco), — ¡Dije... ¿QUEDÓ CLARO?!

Todos asintieron rápida y torpemente, me incluyo, yo también seguía atónita ante esta situación, dos muertes en lo menos de una semana.

Y así termina la historia de Li, la curiosidad fue su perdición, debía ser precavida, una de las desventajas de mi posición es que tengo que ser curiosa, y mucho, pero bueno, una vez que entras a la boca del lobo no sales, y yo ya he sobrevivido mucho tiempo en ella como para morir.

No lo haré, sobreviviré y desvelaré el secreto que la Academia de la Desesperación guarda bajo llave.

Esa fue mi decisión desde el principio, y esta enseñanza me ha dejado un importante recordatorio.

No debo ser imprudente como lo fue Li, no caeré tan bajo, me moveré desde las sombras si es necesario, pero sobre todo, no dejaré que Monokuma se salga con las suyas, nunca más. Nadie morirá, no si yo estoy en el caso.


Sobrevivientes: 15


NOTAS: Fue muy corto, sí, pero hey, sólo es el comienzo, y sí, ya maté a otro. Fiuuu, soy una maldita.