Ya había pasado una semana desde que Remus había salido de la enfermería y nada parecía realmente haber cambiado. La única evidencia de su transformación quedo en su brazo izquierdo, aún vendado con cortes largos y bastantes profundos.

Pero eso era lo de menos, por otro lado, los merodeadores parecían distanciarse cada vez más del castaño.

James seguía enfadado con Remus por no haberle dicho nada sobre Matthew antes. Se sentía traicionado no solo por él, si no también por Sirius por que aunque lograra engañar a todos los otros por algo James era su mejor amigo y podía ver a la perfección la manera en la que Sirius veía a la pareja y, incluso sin darse cuenta, parecía castigar al castaño siendo frío y distante en su trato.

Por su lado Sirius hacía de cuenta que no veía lo sucedido y agradecía que Remus tampoco hiciera acotaciones al respecto, ya que no soportaba verlo junto a Matthew y no junto a él. Trataba de ser lo más indiferente posible con el castaño, pero se moría de ganas de pedirle que lo deje, de mostrarle la tiara de flores que celosamente escondía y de que viera con sus propios ojos el resplandor de las flores. Aquellas flores que resplandecían tanto gracias al amor que las alimentaba y dudando que una tiara completa de Matthew pudiera brillar más que una de las flores en la suya. Lamentablemente el orgullo, la timidez y la inseguridad que nacieron en él, no se lo permitían.

Peter, hijo de muggles y con algunas costumbres inculcadas, no se acostumbraba a las parejas del mismo sexo y el castaño no era la excepción.

Por su lado Remus tenía muchas presiones encima, normalmente lograba soportar gracias a sus amigos pero ahora que estos parecían torturarlo con la ley fría, se sentía más solo que nunca. No solo tenía que encargarse de sus deberes como prefecto, si no también se esforzaba con sus TIMOs y de complacer a su novio que, si bien no era exigente, demandaba bastante de su tiempo.

- Te compre chocolates- Sonrió Matthew, que no se cansó de llenar de regalos a Remus en toda la semana.

- Matt...Te he dicho que no quiero más regalos- Remus siempre se había sentido muy incomodo aceptando regalos y en esa larga semana había recibido al menos dos por día.

- No seas modesto, acéptalo- El rubio colocó la caja entre las manos del castaño, complacido de su regalo- Dime algo ¿Te gustan mas las colonias o los perfumes?

- No quiero que me regales más cosas ¿si? -Remus levantó un dedo para regañarle- Repite despues de mi: no-más-regalos.

- Esta bien -Se rió Matthew- Eres encantador.

Remus suspiró y se tentó en poner los ojos en blanco. A Matthew le parecía encantador:

- La manera en la Remus leía.

- Su manera de estornudar.

- La forma de sus labios al hablar.

- Su cabello en la mañana.

- Como bosteza.

- La forma en que toma té.

- Su risa.

- Hasta su manera de respirar.

A Remus le hubiera gustado poder enfadarse con Matthew de vez en cuando, tener algún resentimiento por su forzada relación, pero la realidad era que éste era demasiado agradable y amable con él como para reclamarle.

Paso otra larga semana y solo faltaba un día para que se diera el partido de Gryffindor contra Hufflepuff. En toda la torre había mucha expectación, ya que todos sabían lo bueno que era el equipo contrario.

- "Son buenos encontrando cosas" -Dijo James irritado, tirando su escoba en el piso de la habitación- ¿No es injusto que pusieran en una misma casa a todos los mejores buscadores?

- ¿Que tal el entrenamiento? -Preguntó Remus cuando vio entrar a Sirius y James lleno de lodo.

- Bien- Dijo James simplemente y se fue directo al lavabo mientras que Sirius se sacaba la armadura de protección.

- Espero que no llueva durante el partido... -Suspiro Remus, viendo la feroz lluvia a través de la ventana.

- ¿Irás? -Preguntó Sirius.

- Por supuesto -Sonrió Remus.

- Si Nash le deja -Agregó James con frío sarcasmo- Digo, ya que siempre te la pasas con tu noviecito ¿no?

- James, ustedes son mis mejores amigos -Dijo Remus un poco ofendido por lo hiriente que era su amigo con él- Por supuesto que iré...Lamento si no estuve con ustedes estos últimos momentos pero...

Remus, quien era victima no solo la frialdad de sus amigos, si no también de muchos de los de Ranveclaw, que se sentían indignados que "Un Gryffindor salga con la joya de Ravenclaw", se sintió demasiado angustiado como para seguir hablando. El castaño se encogió de hombros y se fue del cuarto con ojos visiblemente cristalinos.

Sirius se mordió el labio y se contuvo de ir a buscarle.

- Te has pasado- Le regaño Sirius- ¿Por que no le perdonas y ya? No es tan serio...

James torció los labios con disgusto, se sentía mal por tratar así a Remus. Pero había algo que le decía que no encajaba, su instinto le decía que había una pieza en el rompecabezas que le faltaba.

[Al día siguiente]

Remus se dirigía ansioso hacia el campo de Quidditch cuando se topó con un grupo de primero, éstos se dirigían hasta la biblioteca cuando las escaleras los llevaron hasta donde estaban actualmente y no estaban muy seguros de como volver. Amablemente Remus los guió hasta ella pero para cuando retomó su camino escucho los gritos desde el campo ¡El partido ya había comenzado!

Comenzó a correr por el pasillo apresurado para llegar hasta el campo de Quidditch cuando se chocó con Matthew, quién venía del lado contrario del pasillo.

- ¡Justo tenía planeado ir a buscarte!- Sonrió éste.

- ¡Ahora no, Matt, hoy es el partido de Gryffindor contra Hufflepuff! -Exclamó apresurado el castaño.

Matthew frunció el ceño por un momento, pero luego sonrió y le tomó del brazo que aún tenía vendado para detenerlo, haciendo aullar de dolor al castaño.

- Creo que soy más importante- Sonrió el rubio, siempre con la misma sonrisa tranquila.

- ¡Matthew, me lastimas...!

El rubio soltó su brazo para tomarle de la muñeca y empujar al castaño hasta un pasillo desierto.

- ¡Suéltame...! -Gruñó Remus, rasguñando la enorme mano del rubio para que lo liberara.- ¡Deja de comportarte como un cretino!

- ¡Remus realmente me estoy esforzando contigo! -El rubio por primera vez había dejado la fachada de la sonrisa tranquila para mostrar una faceta más exasperada- ¿¡Podrías siquiera esforzarte en que esto funcione!?

- ¡De que rayos me hablas!- Remus también lucía muy exasperado- ¡Me esfuerzo pero al parecer no entiendes que todo esto no es tan simple para mi! ¡Por tu culpa James esta enfadado conmigo y Sirius con suerte me habla! ¿¡Tienes idea lo horrible que me siento!?

- ¡Oh, vamos! ¿¡Que importa si están enfadados!? ¡ Si fueran realmente tus amigos no les importaría que estuvieras incluso con un muggle!

- ¿¡Que, que importa!? ¡A mi me importa Matthew, a mi! ¡Por que te recuerdo que ellos han estado ahí conmigo todo este tiempo antes de que tu vinieras a chantajearme y obligarme a algo que si fuera por mi jamás hubiera aceptado! ¿¡Y tienes el descaro de pedirme que me esfuerce más!?

Ambos estaban tan enfadados que la cólera del momento se hizo palpable y Matthew cerraba los puños con fuerza, cada palabra que salía de los labios de Remus era como un incentivo para el rubio a callarlo, ya que no deseaba escuchar esas palabras.

- ¡...Y tu simplemente invadiste mi vida como si...!

Matthew tomó a Remus de las muñecas sin previo aviso y lo golpeó contra la pared para capturar bruscamente sus labios y, de paso, hacerle callar. El castaño forcejeaba para aunque sea zafar una mano y tomar su varita pero, mientras más lo intentaba y mientras más forcejeaba, Matthew más fuerte apretaba sus muñecas y más levantaba su brazos, hasta el punto de llegar a ponerlos casi por sobre su cabeza. En ese momento el silencio del pasillo solo era interrumpido por la violenta respiración de ambos y el los quejidos sofocados con los labios ajenos.

A pesar de que no deseaba lastimar a Remus, en ese momento Matthew sentía la adrenalina corriendo por sus brazos tensados, cegando su razón y todos sus sentidos. El joven que normalmente se podía limitar a si mismo ahora solo podía pensar en arrancar la túnica del castaño y verle retorcerse debajo de él.

- ¡Ouch...! ¿Acabas de morderme? -Dijo Matthew relamiéndose el labio y notando un fuerte ardor cerca de su comisura derecha- Acabas de morderme...

- ¿Sabes que? ¡Haz lo que quieras! -Remus tenía los ojos cristalinos, todo el rostro ruborizado y su túnica se encontraba en el suelo debajo de ambos- ¡Has lo que quieras, no me importa, no seguiré siendo tu juguete!

Matthew soltó a Remus inmediatamente al notar la ira en su voz, jamás pensó ver al castaño de esa manera.

- ¡No quería esto, demonios!- Matthew levantó la túnica del suelo y notó lo bestial que había sido por la rasgaduras en todos lados- ¡Quería que estés conmigo por que pensé que terminarías por enamorarte de mi también!

- ¡Vaya manera de mostrarlo! ¡Jamás podría enamorarme de una basura como tú! ¡Jamás lo haré y ya no me importa! ¡Puedes decirle al mismísimo ministro de la magia que soy!

Remus se estaba por marchar cuando se volteó, sacó su varita y la apuntó hacia el rubio con rabia. Éste ni siquiera intento defenderse, solo cerró los ojos para recibir algún hechizo que le dejará inconsciente como minimo.

- Se acabo-Dijo el castaño antes de guardar su varita y alejarse del pasillo, comenzando a correr hasta llegar al estadio de Quidditch.

Una vez llegó se tomó un momento para tranquilizarse, puesto que no había parado de correr desde que salió del castillo. Cuando su respiración se normalizo trato de no pensar en la pelea con Matthew y fue hasta la tribuna donde todos los Gryffindor gritaban porras de animo.

El partido lo iba ganando Hufflepuff por diez puntos, pero si Gryffindor atrapaba la snitch aún tenía oportunidad de ganar. Aunque en un partido contra Hufflepuff casi siempre eran ellos lo que conseguían atraparla primero, la tensión era palpable.

En la mente de Remus aún quedaban los vestigios de la acalorada pelea con el rubio, aún podía sentir sus labios chocar violentamente contra los suyos, la presión en su muñecas , la pared de piedra contra su espalda, el sonido de la tela rasgándose y las manos del rubio sobre él. Trataba de concentrarse en el relato del partido pero no podía hacerlo por completo ya que se sentía humillado y rebajado como nunca se iría a sentir en la vida.

- ¡He, Remsie!- Gritó emocionado James al verlo entre la multitud.

La verdad era que desde que Sirius y James subieron a sus escobas y no encontraron al castaño en la tribuna se decepcionaron bastante y eso explicaba lo mal que Gryffindor estaba jugando.

- ¡JAMES LA BLUDGER!- Gritó Remus a todo pulmón junto con toda la tribuna de Gryffindor.

El pelinegro se dio vuelta a tiempo para ver una rápida bludger que iba directamente a su cara y, de no ser por Sirius que la desvió con la punta de su escoba, lo hubiera tumbado hasta el fondo del campo.

- ¡James! ¿¡Que rayos...!?

James apuntó a la tribuna, donde el castaño estaba estirado cuanto podía sobre el borde, pasmado por que una bludger casi asesina a su mejor amigo.

- ¡Eso estuvo cerca! -Exclamó el Gryffindor que relataba el partido- ¡Quizá Potter y Black quisieran concentrarse más en el partido...!

Sugirió de manera un poco violenta e hizo reír a todo la tribuna de Gryffindor.

[Una vez finalizado el partido]

Todos los de Gryffindor gritaban eufóricos por la victoria contra Hufflepuff, gran logro para los leones. Una gran multitud con bufandas rojas y amarillas y banderines con los mismo colores tenía a James alzado en brazos, aclamando su nombre, pero en cuanto James vio a Remus saludándole tímidamente desde el suelo, corrió hasta este y le abrazo fuertemente, despegandolo del suelo.

- ¿¡Estuve genial, a que si!? -Exclamó muy ufano James.

- ¡Estuviste estupendo! -Se rió Remus, emocionado de que James lo tratara tan amistosamente.

- ¡Hey! ¡No te lleves el crédito de mi victoria! -Le gritó Sirius quién arrebató al castaño de los brazos ajenos para abrazarle él.

- ¿Tu victoria? -Dijo indignado y luego tomó a Remus de un brazo- ¡Estuviste con el culo pegado a la escoba todo el partido!

- ¡ Y a ti casi te mata un bludger de no ser por mi!

- ¡Por eso es mi victoria!- Se rió James, llevándose la escoba a los hombros- ¡Si moría lo haría en nombre del Quidditch!

Remus comenzó a reírse a carcajadas, las cuales fueron acompañadas de las risas de James y Sirius. Sentía que su pelea de hace menos de una hora era cosa que paso hace añares.

Todos los leones se movilizaron hasta la torre Gryffindor para festejar el triunfo, ya que el tiempo presentaban negra nubes que avisaban sobre una tormenta similar o incluso peor que la del día anterior.

Entre la algazara y el jolgorio Remus y James notaron que alguien faltaba: Sirius.

- ¿Lo has visto? -Preguntó el castaño.

- Pues no...¡Eh, si! Había salido del retrato hace un momento creo- Dijo pensativo, aunque al instante dejo de preocuparse por que la ultima persona que se acercaría a James luego de que una victoria inflara su ego termino por acercarse- ¡Lily! ¡Has venido a felicitarme! -Sonrió emocionado.

- No, Potter- Suspiró ésta y al mirar a Remus torció los labios- Necesito hablar contigo...a solas.

- Creo que este es mi pie para retirarme- Se rió Remus, levantándose de la butaca para salir de la torre y buscar a Sirius.

La búsqueda no duro mucho tiempo, pero Remus hubiera deseado no haberle encontrado...al menos no en la situación en la que estaba.

Una joven de larga cabellera rubia tenía sus brazos alrededor del cuello del pelinegro, con sus dedos entre la larga cabellera azabache y devorando sus labios sin tregua alguna.

Remus se quedó impactado por el primer plano de la escena, casi hipnotizado por la forma en la que sus labios se hundían cada vez más y más. El castaño se sintió invadido por la abominable necesidad de que Sirius le viera, que supiera que estaba ahí, de decirle lo traicionado que se sentía. Deseaba que el enorme dolor que en su pecho dominaba desapareciera sin esfuerzo, pero sabía que una transformación dolía menos que la escena que sus ojos presenciaban.

Lentamente se volteó y camino unos cuantos pasos, pero para su sorpresa Sirius le llamó.

- ¿Remsie?

¿Como se atrevía a llamarlo de esa manera luego de que se comportara como...como siempre se solía comportar? "Remsie" pensó "¡Que descarado!"

- ¡Remus! -Le llamó más fuerte, pero solo logró que el castaño apretara el paso- Lo siento...em, tengo que irme -Dijo rápidamente a la rubia y camino detrás del castaño.- ¡Hey! ¡Remus, detente!

- ¿Me estas ignorando? -Preguntó indignado.

- ¡Por Merlin! ¿Por que no pides que te cambien a Ravenclaw? ¡Si eres todo un genio!- Se burló sardónicamente.

- ¡Oye! ¿¡Que rayos te pasa!?

Remus no quiso responder por que, si bien sabía perfectamente que le pasaba, se lo negaba a gran escala y con mayor descaro que Sirius y James juntos.

- ¿¡Quieres detenerte!? -Exclamó Sirius enfadado, puesto que ahora estaba caminando sin rumbo por el jardín del castillo.

- ¡Deja de seguirme! -Gruñó Remus.

Sirius corrió para alcanzarlo y le tomó del hombro, girandolo en el acto.

- ¿Quieres explicarme que rayos te pasa?

- ¿Quieres saberlo? ¡Bien! ¡Te estabas besando con esa chica de la manera más ordinaria que jamás he visto! -Exclamó con las mejillas rojas y un tonó de desagrado total.

- ¿Y...? -Sirius se cruzó de brazos, divertido por la situación. ¿Acaso el castaño estaba celoso de él?

Remus se quedó un momento en silencio y luego relajó un poco sus hombros que habían permanecido tensados hasta el momento

- ¿Como que "y" ? ¡Y eso! ¡A mi me castigaron por estar con..! -Remus bajó la vista, no quería ni mencionar su nombre- ¡Seguro ni sabes su nombre!

- ¡Se llama Cassandra para tu información...! -Refutó muy ofendido- ¡Y es de Hufflepuff!

- Ajam...¿Como es su apellido? -Remus arqueó una ceja.

- Ro...Rufallo- Titubeó.

- Estas mintiendo ¡La acabas de conocer!

- ¿Y a ti que te importa de cualquier manera?

Sin si quiera advertirlo y casi como una broma del destino, una tormenta violenta calló sobre ambos merodeadores con tal violencia que todo se limito a unos borrones blancos por la bruma de la lluvia.

- Debe ser una broma...-Suspiró Sirius, colocándose su túnica sobre la cabeza.

Los dos corrieron hasta un pequeño techo sobre la pared del castillo para cubrirse. A pesar de que corrieron cuan rápido pudieron, de igual manera habían terminado empapados casi por completo.

- ¡Genial! -Exclamó Remus, la lluvia era tan potente que debían gritar para hablarse.

- ¡No has respondido! ¿Por que te importa que me bese con una chica que acabo de conocer? -Exclamó Sirius por sobre la lluvia.

El castaño desvió la mirada a un punto en la lluvia para evitar mirar a Sirius.

- ¡Me importa por que...es injusto! -Exclamó.

- ¡Es diferente, tu eres Remsie!-Se rió Sirius, pero luego volvió a verse serio- ¡Se supone que si te gustaba alguien deberías habernos dicho! ¡Pero tu simplemente te comenzaste a besar con un completo desconocido luego de que me besaras!

- ¡Eso no es...!

- ¡Por que para que sepas, esa noche en el armario fuiste tu quien me beso primero!- Gritó Sirius, haciendo que el rostro del castaño se volvieran de un carmesí brillante.

- ¡Pues lo siento entonces, no sabía que te había molestado tanto! -Exclamó Remus, tratando de resistir la tentación de salir corriendo a cualquier dirección, aunque no viera nada- ¡Ya me dejaste en claro que el beso fue un error! ¡No hace falta que lo menciones!

- ¡Yo no dije que fue un error...! ¡Ese fuiste tú! -Exclamó Sirius.

La lluvia se detuvo un poco entonces, haciendo que la neblina se volviera más densa.

- Volvamos a la torre- Propuso Remus.

- Quiero hacerte una pregunta antes- Sirius apoyó una mano sobre la muñeca de Remus, un roce sutil pero atrapante

Remus se quedó en su sitió y solo se limitó a asentir, mirando fijamente a los ojos plata.

- ¿Cuando nos besamos...tú ya estabas saliendo con Nash?

Remus cerró los ojos en ese momento y lentamente negó con la cabeza

¿Por que debía mencionarlo justo en ese momento?. Remus se llevó los puños al rostro para limpiarse las lagrimas que caían sin poder contenerlas más. Sirius nunca se había esperado aquella reacción.

- Lo lamento, no quería hacerte llorar Remsie, yo solo...

Sirius se sacó la túnica y se la colocó al castaño para luego abrazarle.

-Estoy asustado. Es decir... -El castaño se esforzaba por hablar sobre su llanto y sobre el nudo atorado en su garganta, pero a cada momento se dificultaba- Desde que les dije a ustedes que soy un hombre lobo no he tenido miedo por que sabía que ustedes estaban allí para mi, por muchos años mi única preocupación ha sido no herirlos ¡No tienes idea la cantidad de veces que tuve pesadillas en la que ustedes morían por mi culpa...! ¡Pero ahora, de nuevo...Pensé que...! ¡Fui demasiado idiota!

Remus se separó bruscamente de Sirius para salir corriendo a la lluvia, no tenía el coraje de mirar a Sirius a la cara y dudaba que lo volviera hacer de nuevo en su vida. Sirius fue detrás de éste y no le tomó mucho trabajo atraparlo entre sus brazos para que no siguiera huyendo.

- ¡Remus, no tengo ni la más mínima idea de que me hablas! ¡Pero eres la persona que más admiro en todo el mundo y no eres consciente de la persona increíblemente abnegada que te has convertido! ¡Solo necesitas dejar de convencerte que no es así, si te vieras a través de mis ojos...probablemente te besarías a ti mismo!

Remus y Sirius no pudieron evitar reírse a carcajadas como dos locos bajo la lluvia torrencial que les helaba hasta los huesos.

Fue solo cuando las risas pararon que se miraron fijamente a los ojos. El suave miel reflejado en el brillante color plata en los ojos de Sirius parecía iluminar la bruma a su alrededor y los latidos entre ambos eran tan desbocados que resonaba al unisono por encima de la tormenta.

Los brazos de Sirius bajaron hasta la cintura del castaño, envolviéndola por completo y eliminando cualquier espacio que hubiera entre ambos.

Las brazos de Remus, reposados en el pecho del pelinegro, se deslizaron hábilmente hasta el rostro de Sirius, dejando sus pulgares en la mejillas ajenas y sus dedos estirando la rebelde cabellera azabache.

Y entonces solo fue cuestión de cerrar con lentitud los ojos para que sus labios se unieran nuevamente, pero esta vez no era un beso lujurioso, si no un beso apasionado.

Tan suave y profundo que, a pesar de que sus rodillas temblaban, Remus aún seguía haciendo puntas de pies. Y, a pesar de que ya no quedaba ninguna separación entre ambos, Sirius aún seguía presionando la cintura del castaño, dejandole sin ninguna oportunidad para escapar o liberarse. Aunque no era necesario por que lo ultimo que Remus deseaba era escapar o liberarse.