EL PIANISTA ASESINO
Hol, este es el nuevo capitulo. No es tan bueno como el anterior o el próximo, pero tenía que escribirlo porque es parte de la historia. Bueno, ahí lo tienen.
La sinfonía del frío
"¿Por qué? ¿Por qué todo era tan frío?"
-Mamá –musitó para si.
Tenía frío, ese lugar era muy frío. ¿Por qué la vida era de esa manera? Pero no tenía miedo, no, eso no, era únicamente frío.
-¿Ryoma? Gomen, gomen pero no podía dejarte solo en el bar –le dijo Eiji sentado a su lado, observando como el oji-dorado cabeceaba del sueño -. Es que esta es una emergencia.
Ryoma se preguntaba aún, ¿qué hacía en una clínica a esas horas? Y también, claro, el porqué de que Eiji pareciera tan perturbado. ¿Será que su madre se había enfermado y estaba hospitalizada? No, era improbable, además; Eiji estaría llorando, ¿no? Él no lloró a su madre, pero él era diferente, era un hombre fuerte, valiente y frío. ¿Frío?
-Eiji, ¿qué hacemos aquí? –preguntó Ryoma vencido por la curiosidad.
-¡Eiji! –exclamó a espaldas del pelirrojo, mientras este buscaba en la carpeta de pacientes. Se giró sobre sus talones con una sonrisita nerviosa, y seguramente sudando frío.
-Te dije que no vinieras, te dije que no la trajeras. ¿Por qué nunca haces casos a las reglas, Eiji?
-¡Nya! No podía. Quería ver que Momo estuviera bien –se disculpó poniendo más una cara de disculpa que una de preocupación -. Perdóname.
Pero Atobe lejos de preocuparse por hacer entender a Eiji, que él era el jefe y el único que ponía reglas que deberían de ser inquebrantables; únicamente se limitó a dar un suspiro profundo con sus ojos semiabiertos. Luego se acercó a la niña.
-¿Cómo estas? –le limitó.
Ryoma sólo lo miró con frialdad. Quería nunca más volverlo a ver, algo le decía que tarde o temprano, cuando supiera que era un chico; lo mataría. Sí, correría la misma suerte que la tal Anne Pichitanga. Sabría el buda quien era.
-Supongo que eso significa "bien, oresama, no tiene porque molestarse por mi bienestar" –se respondió a si mismo Atobe, en una voz suficientemente alta como para que Ryoma comprendiera la forma en que debía contestarle.
Todo lo que había pasado y ahora lo de Momo y Renji. Lo que le recordaba que no obstante de matar a Sadaharu, debía castigar con rudeza al chico serpiente.
Entonces, un chico con bata blanca y cabeza de pelota, apareció por la puerta del quirófano.
-Oishi –musitó Atobe. Que pequeño era Japón. ¿Así que Oishi era el nuevo cirujano de su clínica? -. ¿Cómo está Momoshiro? Ah, y… Renji.
-Malas noticias –declaró bajando el rostro y mirando al suelo. Eiji sintió como si se fuera tragado una bola de estambre. Ryoma abrió sus ojitos como dos grandes platos, mirando a Eiji y buscando algún tipo de respuesta. Y Atobe sintió que ya era hora de poner una aviso en los clasificados del periódico -. Bueno, él… murió.
-Pues, bueno. Ejem, nadie vive para siempre –dijo Atobe con indiferencia. Sin embargo, sus manos frías y temblorosas, aunada a su repentina palidez, demostraba que algo más allá de la apatía -. Oishi, lleva a Ryomiko y a Eiji al bar. Y Ryomiko, cuando llegues, prepara tus cosas, te marchas con Tezuka.
Ryoma lo miró con una clara expresión de sorpresa. Pero Atobe sólo se giró y salió de la clinica con una solo cosa metida entres sus dos hermosas cejas. Sería nuevamente el pianista asesino. Sadaharu podía darse por muerto. La muerte de Momoshiro no quedaría impune.
n.n
-¿Dónde estamos? –preguntó hartándose del incomodo silencio.
-Un lugar seguro.
-¿Seguro?
-Fshss.
-Fuimos testigos de un asesinato, me secuestraste y trabajas para Atobe. Sólo hay un 10% de probabilidades de estar seguros en este lugar.
-¡Dejame! –explotó de pronto. No podía aguantar más.
Se tiró al suelo de rodillas, con sus manos sosteniéndose la cabeza. Comenzó a llorar, llorar de verdad, como nunca. Le dolía el pecho, la cabeza; además, sus rodillas y piernas que chocaban contra el piso experimentaban un frío intenso. ¿Por qué todo ahora era tan frío?
-Momoshiro –musitó.
-Kaoru…
Era su amigo, su compañero. Ahora estaba muerto y todo era por su culpa.
-Perdóname –musitó con una voz inaudible, que ni siquiera pudo escuchar Sadaharu.
¿Y qué hacía él allí?: Sadaharu. Riéndose de su desgracia, gozando la oportuna venganza por su engaño. Entonces, Sadaharu debía tener un pacto con el que manejaba los hilos del destino, aquel que ponía los escenarios y movía títeres como él, el asesino de Momoshiro, Kaoru Kaidoh.
¿Qué hacía? Seguro que la policía lo estaba buscando, era un asesino y un secuestrador. ¿Qué hacía con Sadaharu?
Era una casucha pequeña, mohosa y oscura. La humedad estaba presente en cada rincón, incluyendo sus ojos que había quedado mojados, manchados de dolor, adoloridos y enrojecidos. No había más que una cama con unas sabanas ya polvorientas y en uno de los bordes, sentado, maniatado y perdido en sus pensamientos; la causa de todos sus pecados: Inui Sadaharu.
También había una ventana, sólo una, empañada por el frío de la montaña; alejado de la ciudad maldita que fue testigo de su propio asesinato. La vida era tan irónica. Cuando comenzó a trabajar con Atobe, después de quedar con una deuda con él por pagar los gastos del funeral de su pobre hermano, se opuso rotundamente a tener que matar, él era compositor, no un matón. Luego, pasó el robo… el maldito robo. ¿Qué idiota robaba a Atobe y pensaría que saldría ileso? Pero aquello fue inevitable. Y entonces, el castigo: aleja a Inui. Sabía que era su muerte lo que había ordenado y ahora todo eso.
-Kaoru –lo llamó el lenteojudo.
-Fshss –siseó en forma de respuesta.
Sadaharu intentaba extenderle un pañuelo blanco que sacó como pudo de su bolsillo. Kaoru todavía sangraba a causa del puñetazo que él mismo le había propinado. Frío, definitivamente todo era muy frío. ¿Había valido la pena salvar a Sadaharu? Todo a cambio de un rostro frío.
n.n
Como odiaba esa oscura celda, como odiaba todo, como odiaba a Keigo Atobe. Él ya no necesitaba tocar el piano, el día en que tuviera libertad sólo asesinaría, eso iba a hacer, asesinar a Atobe.
Tirado como un miserable, en ese piso mugriento, en ese sótano putrefacto, con esa vida asquerosa. Semidrogado y demasiado débil para mover un músculo, escuchó el rechinar de la puerta. Sólo se limitó a abrir un poco los ojos.
-Hola…
Escuchó su voz juguetona saludarle. Alzó un poco la mirada y comprobó de quien se trataba.
-Calamares –anunció.
-Llévatelos.
-Oshitari-chan –pidió en forma de suplica, ya con mucha frustración -. No puedes ser caprichoso, ¿sabes? A veces eres más molesto que el canguro, como lo odio. A mi tampoco me gustan mucho los calamares, solo… sólo… sólo cuando… cuando Momo los hacía… Momo… -no pudo continuar gracias a su repentino ataque depresivo. Nya, todo lo malo le pasa al neko…. Soy tan infeliz, soy más miserable que… que todos… que Ryoma, que Atobe, que Syuichiroh, que Sadaharu, que Kaoru, que Syu-chan, que Tezuka, que Kabaji, que todos… Pobre neko… No, pobre Momo… Nya, que día tan infeliz. Pobre neko, pobre neko.
Tal vez primero asesinaría a Kikumaru, seguramente Atobe lo había mandado para torturarlo. Tener que traerle la comida todos los días, que él mismo cocinaba y de paso, aguantarle toda su palabrería y escándalo. Él, por otra parte, sólo lo ignoraba pero la comida era otra cosa. No podría ni hervir agua y asegurar que alguien no muriera envenenado.
-… Es tan molesto.. Hay gente buena y gente mala, y molestos canguros que sólo te roban tus amigos, como ese patudo de: "ejem, ejem, soy sir Mukahi Gakuto".
-¿Mukahi? ¿Mukahi Gakuto? –preguntó impresionado. ¿Sería el Mukahi Gakuto que él conocía?
Eiji se le quedó mirando con sus ojos felinos, no parecía comprender lo que le había preguntado Oshitari.
-¿Mukahi Gakuto? –volvió a preguntar, expresándose completamente interesado, erguido a medias, débil como siempre y gastando sus ultimas energías en la búsqueda de esa respuesta. ¿Sería su Mukahi?
-¿Mukahi Gakuto? –preguntó el neko a punto de responder -: Yo dije que…
Pero un nuevo chirrido en la habitación, proveniente de la puerta, lo interrumpió. Observó la presencia tan impresionado y tieso como antes.
-Buenos días, Yuushi –saludó.
¿Cómo podía ser? ¿Esa persona allí?
-¿Syusuke?
n.n
-Kabaji es hora de poner las cosas en orden. Llama a Ibu y pásamelo –ordenó Atobe, mientras observaba por la ventana de su casa, algo lejana al bar.
-¡Usu!
Kabaji tomó el teléfono y no tardó mucho en pasarle a Ibu, quien esperaba en la otra línea.
-Atobe, lo que me pediste te lo acabo de mandar por correo electrónico, es lo que me pediste acerca de Tezuka Kunimitsu –respondió Ibu, un investigador desligado de los negocios de Atobe, por lo menos directamente. Pero era a quien Atobe más le confiaba ese tipo de trabajos.
Atobe se sentó frente al escritorio y pronto resolviéndose con su computadora portátil, encontró la información de Ibu. Tomó un sorbo del vino que tenía en la copa, en su mano izquierda y sin sonreír, continuó:
-¿Y lo otro?
-¿Mukahi Gakuto? –preguntó Ibu -. Ninguna novedad, eso fue lo que mencionó Kamio, todo está controlado; puedes quedarte tranquilo.
-En lo más mínimo, Ibu –respondió Atobe pareciendo preocupado -. Quiero que comiences una nueva investigación. Será algo sencillo.
-¿Qué?
-Busca el paradero de Kaoru.
-¿Kaoru? ¿Tu compositor?
-Sí, anoche huyó.
-Entonces es cierto. Takeshi fue asesinado –dijo Ibu con tono pensativo, rascándose el mentón de forma paciente.
-Consigue a Kaoru y Sadaharu, envía a Kamio y que los traiga vivos o muertos –anunció Atobe -. Tendrás 5% más de mis acciones en Oresama Company Osaka.
-Muy bien, adiós.
Atobe empezó a leer ya después de haber solucionado aquellos problemitas. Sin embargo, antes de si quiera poder terminar la primera línea, recordó que había algo más. Con el teléfono aún en las manos, volvió a marcar.
-Alo, ¿Mizuki?
-Atobe-sama –dijo al otro lado Mizuki sintiendo una punzada de dolor al intentar sonreír, ya que los moretones que le había dejado el mayor de los Fuji aún le molestaban a gran escala.
-Necesito que vigiles los movimientos de Fudomine Company, sobretodo. Envía a Kajimoto a que siga a Kamio y encárgate de los movimientos de la presidencia y vicepresidencia de la Fudomine.
-Como diga, Atobe-sama.
Colgó. Tener a Mizuki de aliado era peor que pagar con acciones. No le gustaba tocar en esa orquestucha, pero servicios ameritaban un pago.
Volvió a marcar en el celular.
-Sanada.
-Atobe.
-Hmm, siento lo de Yukimura –dijo Atobe dándole el pésame.
-Atobe, ¿qué quieres? ¿Para qué me llamas? 10 años han pasado desde la muerte de Yukimura, 10 años que no tenemos contacto de ningún tipo; así que imagino que algo en concreto –dijo Sanada sin inmutarse más de lo necesario.
-El tiempo pasa rápido –intentó disculparse, pero él mismo sabía que no había querido comunicarse más nunca con él. Pero la necesidad era la necesidad.
-¿Qué quieres?
-Necesito pedirte un favor –dijo sintiéndose un poco avergonzado -. Tú… Sólo puedo pedirte este favor a ti…
-¿Un favor?
-En realidad son varios –respondió Atobe -. ¿Sigues en Berlín? ¿Vas a ayudarme? Haré cualquier cosa, de verdad.
-Te ayudaré. Y si, continúo en Berlin. Luego te digo como me pagaras –respondió Sanada, pero pesé a lo que pensó Atobe no parecía tener ningún deje de tono malicioso.
///////////////n.n/////////////////
-¿Estás lista?
-Si.
-¿No tienes pertenencias?
-No.
-Pues sube –le señaló a la niña, indicándole que se subiera al auto.
Con el gato a cuesta se subió como lo indicaba el rubio. Estaba extrañado, todo aquello se estaba complicando demasiado para sus gustos. Primero, que todos pensaban que era una chica, no podía descubrirse o sino el tal Atobe lo mataba, y más, si descubría que era el hijo de Nanjiroh Echizen. Ahora estaba con ese sujeto, a cargo de él, y aunque Eiji dijo que era seguro y de hecho también lo mejor. Ya estaba exhausto de ser chica y de sentir la inminente amenaza de ser asesinado en cualquier momento. ¿Cómo se convertiría en mejor pianista que su padre, de esa manera?
-¿Tezuka sempai fue violinista? –preguntó al cabo de un rato de camino en el auto.
Era la primera vez que llamaba a ese hombre, pero le pareció de esa manera referirse a él.
-No –contestó Tezuka con seguridad.
-Pero sempai, la marca en su cuello y sus dedos, aunque no se nota es perceptible para mi y tiene… ese olor a madera característico –respondió desconcertado.
-Me dediqué a la dirección orquestal una vez –respondió con la mirada fija en el camino -. Esos tiempos murieron y no volverás a comentas esto o no será Atobe quien te asesiné. ¿Entiendes?
-Si, sempai.
-No soy tu sempai, no me llames así –puntualizó -. No hables más.
El resto del camino se mantuvo silencioso, pensando porque Tezuka sempai había dicho todo eso. Si había sido director, ¿por qué no quería que nadie lo supiera? ¿Cómo sabía que temía que Atobe lo asesinara?
/////////n.n//////////
-Así que Tezuka había estado en la filarmónica de Berlín hacia 10 años atrás –musitó mientras leía la investigación.
Necesitaba una forma de controlar a Tezuka y recuperar a la niña, haría todo lo que fuera necesario. Además, algo que siempre había querido era saber por qué Tezuka y Oishi necesitaban tanto dinero. Y ya tenía parte de la respuesta. Oishi tenía hipote cada su casa, la que le había dejado sus padres como herencia y en la universidad le habían negado el titulo de médico hasta que pagara todas las cuotas que debía. Por eso, a pesar de haberse graduado, le había metido un titulo falso para ocupar el puesto en su clínica. ¿Y Tezuka que tenía que ver con todo aquello? Eran amigos, pero no por eso tendría que haberse convertido en asesino.
Pero ojala fuera Tezuka su único problema. Ahora estaba la muerte de Momo, la huida de Kaoru y Sadaharu; la traición próxima de los d Fudomine Company. Tener que pedirle ayuda a Sanadaera agotar sus recursos. Si hubiese sido por él, nunca más hubiese tenido contacto con esa persona, menos después de la muerte de Yukimura. Sintió impotencia al recordar a Yukimura, no quería recordarlo nunca y así no sentir eso que tanto temía. Pero Sanada podía ayudarle en muchas cosas, incluido el fastidioso de Tezuka, ya que según sus cálculos se tenían que haber conocido. Él nunca lo hubiese imaginado de Tezuka, ser músico era absurdo de venir del rubio. Como él no había estado en la filarmónica para ese entonces, su encuentro había sido imposible. Ya que el habia estado paralelamente en Viena junto a Oshitari. Pero Sanada y Yukimura habían estado allí, aunque ahora Yukimura estuviera muerto.
/////////n.n/////////
¿Qué hacía con la niña? Tenía que pagar por todo lo que había sucedido en el pasado y Ryomiko formaba parte de todo aquello, ya que estaba seguro de que se trataba de la hija de Nanjiroh Echizen, no podía ser casualidad el parecido que tuvieran y que fuera una suerte que Atobe nunca fuera conocido a Nanjiroh en persona. Además, por qué tendría que llamarse de forma muy similar al hijo mayor de este: Ryoga Echizen. Ryomiko en definitiva era su hija y era por eso su propia responsabilidad.
Diez años había pasado de todo aquello y no se hubiese imaginado que era en ese momento en que tendría que pagar todas sus culpas. La vida de Ryomiko, la de Oishi y aunque no le gustara tenía una deuda con el tensai del violín con la que no le gustaba cargar. Sabía que no podía librarse de todas, algunas serían eternas pero podría pagar la hipoteca y la universidad de Oishi. Todo había sido por el asunto de su codo después del accidente en Berlín. El tratamiento y la cirugía habían sido costosos, por supuesto él había estado inconsciente, cuando despertó de la cirugía supo que Oishi había dado su casa para pagar la deuda. Había quedado en banca rota y aún así había faltado una fuerte suma de dinero que había cancelado el prodigio, Syusuke Fuji, quien había vendido su stradivarius, su compañero en los más grandes conciertos del mundo. Pagaría por lo menos, esas deudas, pero jamás que lo salvaran de la muerte durante ese accidente en que habían muerto dos personas.
///////////n.n///////////
-¿Syusuke?
Bajó las escaleras del sótano, cerrando la puerta tras sí y acercándose con una mirada, un rostro que parecían una sinfonía de frío.
-Syusuke, ¿qué hace aquí? –preguntó Eiji y sabía algo, nunca en sus siete vidas había tenido más miedo. ¡¿Syusuke vendría a matarlo?!
Se acercó a Eiji y muy a pesar de lo que pensara el pelirrojo, Syusuke le sonrió y le acarició el rostro. Se acercó más y con suavidad rozó sus labios a los del neko, quien temblaba de forma incontrolable, esperando la hora de su muerte.
-Perdóname porque disfamé la lealtad y el amor del neko –dijo abriendo sus ojos y mirándolo con dulzura.
Oshitari tosió sin poder contenerse, estaba debil y enfermo. Impresionado al ver al tensai del violín.
Syusuke, entonces, giró hacía él y con un rostro sin expresión, dijo:
-He venido a sacarte de aquí para que ejecutes tu venganza.
Proximo capitulo: El maestro, el pupilo y el asesino.
Y esta vez no esperaré que pase un año para volver a actualizar…. Se que no tengo excusa pero es que se me había perdido el cuaderno…. Total que lo tenía Raty-chan y ya me lo dio, así que ya estoy actualizando.
Bienvenido todo el que quiera leer esta historia.
Gracias a Sayuri, emina, megumi, MOMO, tatyscor, Sumiko hoi hoi y pame-chan por sus rr. Espero que todavia leen ff y que vuelvan a leer el mio. Aunque veo que ya no se lee yaoi en pot, creo que todos se mudaron a Naruto y que aquí quedó puro hetero, no es que no me guste el hetero pero en esta categoria, prefiría el yaoi. Bue... espero que lean. Me da como nostalgia, hacia años que no escribia ff. La proxima semana actualizo sin falta.
