Capítulo VII. Lugar Seguro.
Te puedo decir que hoy fue un día un tanto… extraño, por llamarlo de alguna manera.
Empezando, agradezco a Quien Sea que Bob no haya aceptado la proposición de Olga que James viniera a vivir con nosotros. Está bien que llevan algunos meses saliendo, pero eso no significa mucho para Bob. Creo que pocas veces he estado tan de acuerdo con él, aunque no por sentir algún aprecio especial ni celos por Olga (como estoy segura que es el caso de Bob), pero sí por mi propia seguridad. Aún no se cuándo le voy a decir a mi querida hermana que su novio de turno me molesta.
Pareciera que John tiene razón, sólo soy valiente con las personas equivocadas. Sé que mi amigo tiene un ojo puesto en el asunto, pero ya me está incomodando un poco hablar del tema con él… me da la impresión que en cualquier momento irá a golpear a James en donde más le duela, y aunque se lo merezca, no me gustaría que perdiera el trabajo en la tienda de Bob, porque sé que lo necesita.
En fin, pasando a temas más interesantes y que tienen que ver con el mismo John, no tienes idea quién se acercó a hablar conmigo hoy, en la escuela…
Helga estaba frente a su casillero, sacando los materiales para la clase que tendría ese día. Se sentía muy cansada y las ganas de bostezar eran permanentes. Definitivamente el trabajar tanto y tener que estudiar para sacar notas medianamente decentes la estaban agotando más de lo que ella había pensado en un primer momento. Lástima que no estaba dentro de sus posibilidades dejar alguna de aquellas dos actividades.
En fin, estaba sacando su cuaderno, cuando cerraron la puerta. En un primer momento, asustada, pensó en la suerte que había tenido por no tener su mano ahí, no quería ni pensar en el posible dolor que significaría eso. Pero después de unos momentos, pasado ya el susto, volvió a recobrar su sentido común, y con eso, los deseos de matar al imprudente que había hecho eso.
-¿Qué demonios te pasa?- gruñó, y aunque se sorprendió de ver a Gerald a su lado, no lo demostró. Sabía qué era lo que él deseaba hablar, por lo que no debía flaquear, para que él no notara la trampa en todo el tema de John y Phoebe -¿tienes ganas de quedarte sin dientes?
-Tus amenazas ya no me intimidan, Pataki- replicó Gerald, seriamente –sólo quiero hablar una cosa contigo, nada más.
-Pues tendrás que aguantar, porque yo no quiero hablar contigo- dijo Helga, cerrando su casillero y caminando por el pasillo, sonriendo por dentro.
-Espera- Gerald llegó a su lado, y la detuvo tomándola del brazo –acá no se trata de si tu quieres o no hablar conmigo, Pataki. Quiero saber quién es ese idiota que le presentaste a Phoebe, y por qué ellos pasan tanto tiempo juntos.
-¿idiota?, yo no le he presentado ningún idiota- Helga se soltó del moreno, y se puso en frente de él con actitud desafiante. Los que estaban alrededor de ellos los miraban con curiosidad, daba la impresión que en cualquier momento comenzarían a pelearse a golpes –lo que hice fue presentarle a un amigo, y aunque no lo creas, ha demostrado tener muchas más neuronas que tú.
-¿¡Qué quieres decir con eso!- casi gritó Gerald, perdiendo la paciencia. Él nunca había golpeado a alguna chica, pero siempre había pensado que Helga se merecía unos buenos golpes para que aprendiera a comportarse. Y la verdad era que no le importaba si era quien se los daba, de hecho, lo agradecería, hacía mucho tiempo que lo deseaba.
-Lo que escuchaste, imbécil- replicó Helga –y si tienes tantos deseos de saber de John, ve y pregúntale a Phoebe, ella te puede decir muchas más cosas de él que yo, te lo puedo asegurar- decir que la rubia no disfrutaba con las caras que ponía Gerald, es mentir. A pesar que por fuera se notaba enojada, por dentro reía de buena manera.
-No te pases de lista, Pataki- dijo Gerald –quiero saber si ellos son novios, los he visto muchas veces juntos, y…- se detuvo, pensando que estaba dando demasiada información innecesaria en esos momentos. Pudo notar perfectamente la burla en los ojos de Helga y eso, por supuesto, lo enfureció más aún.
-¿Y qué?, ¿los viste besándose?- preguntó con ironía ella –por favor, que yo sepa, Phoebe está libre, ella puede estar con quien quiera. En ninguna parte tiene algo que diga que pertenece a alguien, mucho menos a ti.
-Ese no es el punto- gruñó Gerald, sintiéndose incómodo por las palabras de la rubia, después de todo, tenía razón –me preocupo por ella, incluso más que tú.
-Tú no te preocupas por ella- replicó Helga, bruscamente –si lo hicieras no la hubieras dañado tanto. ¿A quién tratabas de impresionar con las novias semanales que tenías?, ¿a Phoebe? Para que sepas, lo único que hacías era alejarla de ti.
-¿Qué sabes tú?
-Sé lo suficiente como para saber que tú no la mereces- contestó la chica Pataki, mirando directamente a Gerald –también sé que es injusto que te pongas así, siendo que es normal que alguien como ella quisiera tener novio o algo así y, por último, sé que por mucho que la quieras, si sigues siendo tan infantil, terminarás por perderla, y créeme, yo no lo voy a sentir, de hecho, sería lo mejor que podría pasarle.
Helga continuó su camino, poniendo fin a la conversación. Para su tranquilidad, Gerald no la siguió, lo que era una buena señal. El muchacho había recibido el mensaje, aunque se había demorado bastante en reaccionar. Habían pasado algunos meses desde que ella había presentado a sus dos amigos, y aunque solían salir los tres, se ponían de acuerdo de tal manera, que pareciera que John iba a buscar a Phoebe, y que luego ambos decidían invitar a Helga a ir con ellos.
Pero a pesar que todo era una historia inventada, Helga estaba encantada. Los dos se llevaban muy bien, y se estaban haciendo amigos. La rubia sabía que John tenía su grupo de amigos, pero con Phoebe este no era el caso, ella más que nada solía relacionarse con chicas, su timidez aún jugaba para mal en ella, y se había acentuado bastante durante el último año. Helga estaba segura que sus salidas con John podría ayudarle bastante.
Cuando llegó al salón, se sentó en el lugar que acostumbraba, de las últimas. Sentada y apoyando sus brazos en la mesa y, sobre estos, su cabeza, esperó que el profesor llegara. Esperaba que lo hiciera antes que se quedase dormida.
-Helga- contrario a lo que esperaba, no era el profesor, sino Phoebe, quien el hablaba. Se notaba un poco ansiosa -¿cómo estás?
-Bien…- por algunos momentos, a la rubia le pareció que aquella pregunta había sido sólo de cortesía, y que a Phoebe no le importaba mayormente cómo estuviera ella, ansiosa de hablar sobre otro tema -¿cómo estás tú?
-Súper- contestó rápidamente Phoebe, y se acercó a Helga –te vi en el pasillo discutiendo con Gerald, ¿qué quería hablar contigo?
Helga estuvo a punto de soltar una carcajada, comprendiendo por qué la otra se estaba comportando de esa manera. Sólo esbozó una sonrisa divertida.
-Me preguntaba si había algo entre tú y John- contestó Helga, y pudo jurar que Phoebe estaba a punto de soltar unos grititos, emocionada.
-¡¿Es en serio?
-Por supuesto que sí- contestó Helga, asintiendo también, como para poner mayor énfasis en su respuesta –te dije que mi plan iba a funcionar, Phoebe.
-Sí… pero la verdad pensaba que ya todo estaba siendo inútil- suspiró la oriental –ya sabes, se estaba demorando mucho en hacer algún tipo de manifestación. Llegué a pensar que le daba igual si yo estaba con John.
-¿Cómo puedes pensar eso?- preguntó Helga -¿es que no has notado la cara de odio con la que nos mira a John y a mí? ¿Por qué crees que es, sólo porque no le simpatizamos?- rió un poco, ante el sonrojo de Phoebe –no seas ingenua, Phoebe, difícilmente hubiera reaccionado de otra manera.
-¿Tú crees?- Helga asintió, como respuesta.
La conversación fue interrumpida por la llegada del profesor, iniciando una nueva clase, que definitivamente Helga hubiera podido dormir, lo hubiera hecho. Trataba de tomar notas, dentro de lo que podía, ya que el sueño no dejaba que se concentrara demasiado.
Fue así que pasó otro día de escuela sin muchas novedades. Cada vez que se encontraba con Gerald o con Megan, éstos la miraban con algo muy parecido a odio (lo que hacía que Helga sonriera divertida). Después de la escuela, se dirigió a la tienda de Bob. Moría por las ganas de contarle a John lo que había ocurrido. Entraba cuando vio algo que la dejó de una pieza. En el mesón, con su rostro tapado por sus manos, estaba Olga, llorando a mares. A su lado, John trataba de consolarla un poco, mirando con recelo y odio a James, el novio de Olga, que estaba hincado a su lado, mirándola con preocupación.
-¿Quién se murió?- preguntó Helga, plantada en la puerta. Sólo le contestó un fuerte sollozo por parte de Olga, que continuó llorando escandalosamente.
-¿Alguien me quiere explicar qué demonios es lo que ocurre?- se acercó al trío, mirando específicamente a John. Normalmente evitaba lo más posible mirar a James, para no sentirse incómoda.
Su amigo le hizo un gesto, para que salieran de la tienda. Mirando con curiosidad a Olga, lo siguió, esperando que él pudiera terminar con la gran cantidad de dudas que se abrían en su cabeza después de ver a su hermana mayor en ese estado. Una vez afuera, John miró a todos lados, asegurándose que nadie los escuchara.
-¿Sabías de los planes de Olga?- le preguntó.
-¿Planes?- Helga se notó sorprendida y un tanto irritada -¿planes de qué, si se puede saber?
-Quería que James viviera con ustedes.
-¿¡Qué cosa!- Helga sintió que su boca se abría por la sorpresa, luego negó repetidas veces con su cabeza –no, no puede ser…
-Tú papá no aceptó- suspiró John –por primera vez puedo decir que hizo algo inteligente.
-¿No aceptó?- la chica se sentía confundida, porque normalmente Bob atendía todas las necesidades de su hija mayor, hasta las más descabelladas -¿a pesar que ella se puso a llorar?
-Sí, no le hizo caso- contestó John –pensé que tú lo sabrías…
-No, para nada- dijo Helga, sintiéndose más tranquila –entre la escuela y el trabajo no me queda mucho tiempo libre, y la verdad difícilmente lo perdería con alguien como Olga…
-Sí, como sea- suspiró John –menos mal que no aceptó, no quiero ni pensar en lo que hubiera pasado si es que se va a vivir con ustedes.
-¿A qué te refieres?- preguntó Helga, enarcando una ceja. John le devolvió una pequeña sonrisa.
-Que si ocurría eso, alguien iba a salir herido- pasó un brazo por sus hombros –y obviamente no sería ningún Pataki, te lo aseguro.
Helga sonrió levemente, y ambos volvieron a entrar a la tienda. Antes que la rubia pudiera decir cualquier cosa, Olga se había abrazado a ella, aún llorando a mares.
-¡Hermanita bebé!- dijo, casi gritando -¡tienes que ayudarnos, por favor!, yo sé que tú sí me entiendes, y que eres tan buena que se te ocurrirá alguna manera de ayudarnos.
Helga no supo qué decir, un tanto avergonzada. Aquella vez que la había ayudado, fue cuando Olga se quería casar con ese farsante, y había sido por la gran perspectiva de ver sufrir a su hermana porque definitivamente ese hombre no la haría feliz. Sentía la mirada de James sobre ella, y se sintió más incómoda aún.
-Lo siento, Olga- dijo Helga, después de pensarlo unos momentos –tú sabes cómo es Bob, si no quiere que tu novio vaya a la casa, no podemos hacer nada. Además, ¿para qué quieres apurarte tanto?, yo que tú no arriesgaría la relación que tienen apurando demasiado las cosas. ¿No lo crees?
Olga pareció meditarlo bastante, y hasta se calmó en la gran cantidad de sollozos que estaba haciendo antes que Helga dijera eso. La chica, dándose cuenta que su hermana mayor ya estaba pensando con la cabeza más fría (y esperaba que no insistiera en el tema), pudo suspirar más tranquila. El que James se fuera a vivir con ella, definitivamente no era un panorama muy agradable, sobre todo después de mirarlo de reojo y ver que no se veía muy contento.
-Oh, ya debo irme- dijo a John, que miraba fijamente (y de mala manera) a James –sólo quería avisarte que hoy tuve una agradable conversación con Gerald…
-¿De verdad?- de pronto, John pareció muy interesado en saber lo que Helga tenía que contarle, por lo que los dos se corrieron a un rincón de la tienda, a conversar. Ahora que Olga ya estaba calmada, podía hacerse cargo de la tienda durante algunos minutos -¿hablas en serio? ¿Qué te dijo?
Helga le contó todo con lujo de detalle, y al final los dos quedaron casi tirados en el piso de la risa que tenían. Tanto así, que James los miraba con demasiada curiosidad desde el lugar en que estaba.
-¡No puedo creerlo!, es excelente- sonrió John –aunque debo admitir que pensé que se demoraría menos en hablar contigo.
-Lo que pasa es que Gerald es bastante lento- replicó Helga –sino, ya se hubiera tragado sus palabras y hubiera invitado a salir a Phoebe. Pero bueno, no está mal que sufra un poco, ¿no crees?
-Está bien, él ha hecho lo mismo con ella, prácticamente luciendo a sus novias en frente de ella. Eso no se hace.
-Completamente de acuerdo. Bueno, ya me voy, me toca trabajar hoy.
-¿Hasta qué hora?
-Hasta las ocho, nada más- suspiró Helga –si es el turno largo, no creo que lo soporte. ¡Adiós, nos vemos!
La rubia llegó relativamente temprano al restaurante, lo que le permitió cambiarse con toda la lentitud que deseara. Sólo esperaba que ese día fuera tranquilo, recordando que la última vez que había trabajado la semana anterior, se habían descontrolado un poco las cosas, debido a una pelea entre un supuesto pretendiente y el novio celoso de una chica. Lo bueno, eso sí, que se divirtió bastante observando la pelea, aunque su jefe no estaba tan contento.
-Hola, Helga- se encontró con una compañera, Mary, mientras guardaba sus cosas para comenzar a trabajar. Sonrió a medias.
-¿Ya te vas?- le preguntó, la otra chica asintió, sonriente –de verdad te envidio…
-No deberías, hoy hubo mucha gente en la mañana- replicó Mary –bueno, creo que no nos veremos en unos cuantos días, ¿sabes que me voy de viaje, cierto?
-Algo escuché, ¿a dónde?
-Al norte- contestó Mary, haciendo una mueca –mi madre está enferma, y no es que no quiera verla, pero definitivamente prefiero las visitas de placer, durante las vacaciones, que las que son por enfermedad, aunque sean unos días libres en el trabajo.
-Entiendo… bueno, ya me tengo que ir a trabajar- suspiró Helga, con voz resignada –espero que te vaya súper bien, y que tu mamá mejore.
-Eso espero, también. Aún no estoy preparada para enterrarla- replicó la otra, poniendo una expresión bastante extraña. Helga soltó una pequeña risita y salió a atender. Comenzaba su turno.
Todo fue normal por un rato. Tomaba órdenes, de vez en cuando se quedaba conversando con algunos "clientes frecuentes" que tenían, y también lo hacía con sus compañeros en los ratitos libres. Todo iba bien, hasta que llegaron dos personas al restaurante.
Helga no se había dado cuenta quiénes eran, si así hubiera sido, estaba segura que no se habría acercado por nada del mundo.
-¿Qué van a querer?- preguntó, sin mirarlas. Estaba más entretenida viendo las gracias de Albert, uno de los cocineros.
-¡No puedo creerlo!- escuchó una voz algo chillona, y la reconoció inmediatamente. Rezando en silencio y esperando equivocarse, volteó a ver a las personas que estaban ahí. Se llevó una desagradable sorpresa al ver que eran Megan y Rhonda.
-Mira a quién vinimos a encontrar aquí- dijo Megan, con voz burlesca. Helga tuvo que obligarse a guardar silencio, aunque deseaba de una maneras locas poder decirle unas cuantas verdades –no sabía que trabajabas, Helga, querida, y menos aquí…
-No tengo tiempo para tus estupideces- gruñó la chica Pataki, queriendo alejarse lo más rápido que pudiera de esa mesa -¿qué van a querer?- ninguna contestó por algunos momentos, y luego de mirarse las dos, Rhonda comenzó a hablar.
-No queremos que seas tú quien nos atienda- dijo la pelinegra, Helga apretó los puños.
-Lo siento, no hay nadie más disponible- contestó lentamente la rubia, como si masticara cada palabra, para evitar decir alguna barbaridad –tendrán que aguantarse. Así que empiecen a decirme qué es lo que quieren, que yo tampoco tengo todo el día para perder con ustedes.
-No te olvides que estás para servirnos- replicó agriamente Megan, mirando molesta a la rubia –así que debes ser muy amable con nosotras, si no quieres que nos quejemos con los dueños.
Helga tenía los labios apretados, e intentaba por todos los medios de no abrir la boca y soltar una sarta de insultos hacia las dos chicas. Finalmente terminó respirando hondo, cerrando los ojos y mentalizándose para calmarse.
-Como quieran- dijo, con voz falsamente calmada (ya sabrán, por dentro se sentía explotar) -¿qué van a querer comer?
-…- después de unos minutos, ambas hicieron su orden, y a penas Helga dio media vuelta para ir a la cocina, escuchó las risas de las dos chicas, seguramente riéndose de ella. Apretando los labios continuó su camino, decidida a no caer en su jueguito. Tenía que cuidar su trabajo, no podía permitirse el perderlo y mucho menos por un par tan idiota como Rhonda y Megan. Definitivamente no lo merecían.
-¿Qué es lo que pasa?- le preguntó Albert, después de recibir la orden que la rubia le entregó -¿por qué tienes esa cara de enojada?
-Porque tengo ganas de golpear a las dos idiotas que me entregaron sus órdenes, por eso- contestó Helga, enojada –son compañeras mías de la escuela, y nos odiamos. Deben estar encantadas porque estoy obligada a servirlas…
-¿Ah si?, ¿quiénes son?- preguntó con curiosidad, mirando hacia las mesas. Sin muchos deseos de mirarlas –se ve que la están pasando muy bien… se ríen como desquiciadas.
-Deben estar riéndose de mi, las muy…- gruñó la rubia, quitando del lugar a su amigo –ve a cocinar de una vez, deben estar encantadas buscando razones para molestarme más, y no quiero cooperar con eso.
-Como digas, Pataki.
… ¡era tan feliz sin que esas dos idiotas se enteraran de dónde trabajo!, ¿te imaginas lo que comenzará ahora?, ¡ellas perfectamente pueden ir cuando quieran al restaurante, y mortificarme con su maldita presencia el tiempo que quieran! Realmente no puedo creer mi mala suerte.
Lo que me tiene relativamente contenta, fue que por fin se acabaron las presentaciones de Don Juan Tenorio. No salió para nada mal, te lo aseguro, y también te aseguro que todos estaban igual de impresionados con mi interpretación, como hace años lo estuvieron con Julieta cuando éramos niños. Incluso, el profesor de teatro me pidió que siguiera asistiendo al taller si es que quería, y la verdad es que lo estoy considerando realmente, quizás esa sea la única manera en que podré expresarme de una manera que no sea violenta… una manera de mostrar cómo soy realmente, pero sin que los demás se burlen por ello.
Arnold, te extraño montones. Espero que tú también estés pensando mucho en mí, tal como yo también lo hago. Te mando millones de besos.
Helga Pataki.
Arnold terminó de leer la carta, y quedó mirando el vacío por algunos momentos. Haciendo memoria, se dio cuenta de las veces que él terminó cediendo a pequeños (y supuestamente inocentes) caprichos de Megan, pero que al final resultaban ser en contra de Helga, según Megan, sólo simples casualidades.
Después de unos momentos sin moverse, se decidió a sacar la próxima carta, y sin querer, su corazón dio un vuelco después de leer las primeras líneas…
¡Arnold!
Supe la noticia, escuché cuando Gerald se las contaba a Sid y a Eugene. ¿Es verdad que vuelves?, ¡¿es en serio que te decidiste a quedarte en Hillwood con tus padres?...
Hola!
¿Cómo están?, espero que súper, de verdad. Y también espero que les haya gustado el capítulo, ¡la historia está avanzando por fin!, y ya se acerca la llegada de Arnold, donde se explicará cómo fue que se dieron las cosas entre esta peculiar parejita, de tal manera que Arnold terminó con Megan.
Muchísimas gracias a todos los que leen, en especial a Letifiesta, Clyo-Potter, Teddytere, Maac-Pudín, Selene Nekoi y Sharon, por sus reviews. ¡Hasta la próxima!
