N/A: Perdón si encuentran algún que otro error. Este capítulo lo corregí casi dormida jaja.
Gracias por los favs, el cariño y ánimo recibidos. Por cierto, esta historia está también disponible en mi Wattpad. myworks/53907105-sujeto-a8-la-dbil
Saludos :3
Disclaimer: Ninguno de los personajes de Maze Runner me pertenece. Todo es obra de James Dashner.
VII
Finalmente pasaron dos semanas exactas desde su llegada. En ese tiempo, se realizó una asamblea para ver dónde iba a ser su trabajo definitivo. Entonces concordaron que la chica se quedaría con los docs y que ayudaría en lo que pudiera en la cocina, junto a Sartén. A ella le pareció bien ya que eran trabajos que creía poder realizar. A la larga, aprendería.
Era un miércoles por la tarde. Ellie se encontraba sentada sobre el escritorio leyendo unos libros de medicina mientras Jeff atendía a un carnicero que se había cortado, literalmente, el dedo pulgar; entero.
—Ven a ver esto, Ellie —le llamó Jeff.
—Carajo, qué asco… —vociferó al acercarse y ver brotando sangre del muñón. No conocía al paciente pero éste le echó una mirada furiosa— Lo siento, Larcho —se disculpó.
Haber vivido esas dos semanas con los habitantes le había producido, a la larga, el efecto de hablar como ellos. Aunque los insultos sonaban algo forzados, pronto saldrían con mayor naturalidad. Ellie ayudó y observó cómo Jeff cerraba la herida y a pesar de su rechazo por la sangre, comprendió que después de todo era un mal necesario. Comenzaba a pensar que de alguna manera, se estaba haciendo más fuerte psicológicamente.
Cuando la pequeña cirugía acabó, el chico salió con cara de perro, realmente frustrado, y con un dedo menos. Ellie ordenó y desinfectó todas las herramientas mientras pensaba en la herida tratada recientemente. Al terminar, en su cabeza apareció el fugaz recuerdo de sus cicatrices en la muñeca y en la pierna. Dudó un segundo pero luego se acercó a Jeff.
—Jeff… —pronunció. El chico la miró mientras dejaba de acomodar las agujas que no había utilizado.
—Dime, linda.
— ¿Sabes de qué son éstas? —enseñó las marcas que tenía en la muñeca izquierda y Jeff exaltó los ojos.
—Carajo ¿qué miertera te pasó?
—No tengo idea —dijo mirándolas una vez más—. Me di cuenta de que las tenía uno o dos días después de llegar.
—Bueno… como te quedó cicatriz es probable que hayan sido cortes muy profundos —pensó—. Me espanta el solo hecho de pensar que…
— ¿Pensar qué? —curioseó. Quería saber su teoría.
—De pensar que tomaste un cuchillo y te rebanaste las venas.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ellie. Lo miró inquietada, sin creer que él pensara eso de ella. Luego de reflexionarlo fríamente, concluyó que no podía ser una idea tan errónea. Examinó con el tacto la piel lastimada y frunció el ceño.
— ¿Tú crees eso de mí? —el joven se encogió de hombros.
—Es una posibilidad. No las más alegre pero sí… Quizá por eso los Creadores te mandaron aquí.
—Eso no tiene sentido —sentenció—. En fin, olvídalo, Jeff… No se lo digas a nadie ¿sí?
— ¿Nadie las notó? —ella negó— No diré nada, princesa, tranquila.
Ellie miró la hora en un reloj de pared que estaba ubicado por encima de las camillas y se volvió rápidamente hacia Jeff.
—Tengo que irme, Jeff ¿Me aguardas una media hora?
—Sí, sí, sí… siempre es lo mismo contigo —se quejó—. Ve, sabes que no hay problema —sonrió.
— ¡Eres el mejor!
—Tienes suerte de que Clint está en reposo —recordó.
— ¡Lo sé! —tomó una mochila de la enfermería y luego salió disparada hacía el muro oeste.
Por el muro oeste fue donde su amigo desapareció esa mañana. Sacó dos botellas con agua del bolso y se apoyó en la pared pacientemente. Esperó. Al cabo de diez minutos caminó hasta la abertura para tratar de ver llegar a Minho. Cinco minutos más. Diez… no había rastro.
Ellie se sentó en el piso y comenzó a jugar con el pasto que atravesaba levemente el cemento. Entonces, Minho y Ben aparecieron. Ninguno corría como normalmente lo hacían, esta vez parecía como si les costara más. La chica se puso de pie, preocupada, y se aproximó lo máximo que estaba permitido. No hubo muchos problemas para que los Corredores pasaran por la puerta que momentos más tarde comenzaría a cerrarse. Ben se dejó caer al suelo y Minho recargó su peso en sus rodillas.
— ¿Qué pasó? ¿Están bien? —preguntó.
—Penitentes —dijo Ben—. Nos atacaron pero no nos picaron.
—Dios… —susurró— Tienen que ir a la enfermería rápido.
Minho la miró por un momento y se echó a andar pero rápidamente se apretó con ambas manos el costado de su torso, por debajo de la costilla. Ellie notó cómo una enorme cantidad de sangre emergía de una herida.
—Carajo… Minho, ven… —la chica lo obligó a pasar un brazo por encima del hombro y lo ayudó a caminar.
— ¡Ellie yo también estoy lastimado! —chilló Ben desde el suelo.
— ¡Ya te mando a Jeff! —respondió.
Minho y Ellie llegaron a la enfermería. Jeff se paró de inmediato y luego de que Ellie le avisara de la situación de Ben, el chico estaba dispuesto a salir a buscarlo.
—Espera —lo frenó aferrándose a su brazo—. Creo que Minho necesita que lo cosan.
—Hazlo tú —ordenó—. Yo voy por Ben. Recuerda todo lo que te expliqué —Ellie lo miró sorprendida. No estaba segura del todo de sus capacidades—. Vamos, Ellie, tu puedes.
Jeff los dejó solos y ella maldijo por lo bajo.
—Tranquila, Shank, no tienes que cocerme si no sabes cómo hacerlo —dijo soltándose del agarre.
—No —discutió—. Mírate, estás perdiendo chorros de sangre. Voy a cocerte —le dijo decidida mientras lo empujaba hacía una camilla. Minho no pudo negarse por más que quisiera; la pérdida de sangre lo había dejado débil—. Tengo que sacarte… —dijo suavemente mientras miraba su camisa. Minho comprendió e intentó sacársela él mismo pero eso le causaba más dolor—. Déjame hacerlo.
Minho dejó caer los brazos hacia los costados y ella desató las correas de su mochila rápidamente y las dejó caer al piso. Comenzó a desabotonar su camisa. No se dio cuenta de lo mucho que sus mejillas ardían ya que estaba concentradísima en su trabajo. Abrió la camisa hacia los lados y un cosquilleo apareció en su vientre. Tragó duro y sintió la mirada fija de Minho sobre ella. Notó que la herida no era muy profunda pero tenía que tratarla; tenía diez centímetros de largo y se extendía de forma vertical, ubicada debajo de las costillas y a la izquierda del ombligo. Ellie echó hacia atrás la camisa y, rozando sus dedos con la piel de Minho, se la retiró. Ella miró más de cerca la herida e hizo una expresión de dolor.
—Cielos, Minho…
—Hazlo de una vez —se mostró impaciente.
La chica fue en busca de desinfectante, hilo y aguja para cocer. Al volver, notó un leve miedo en los ojos de su amigo.
—No seas tímida, cariño —se burló ella.
—Cállate… Al menos no estás en mi lugar.
—Te diría que no te va a doler pero soy mala mintiendo —sonrió. Y Minho reprimió las ganas de golpearla. Ellie se agachó y pasó sus manos por la piel que rodeaba la herida. Minho sintió una corriente eléctrica viajar por todo su cuerpo. Ella notó de inmediato cómo su piel se erizaba—. Lo siento —él no dijo nada.
Tomó el desinfectante y lo pasó por la herida y sus alrededores sin reparar en los quejidos que Minho lanzaba. Prefería que fuera rápido y doloroso antes que lento y tortuoso. Terminó con el primer paso y tomó los materiales primordiales. Enhebró la aguja y al cabo de un minuto ya se encontraba perforando la piel.
—Carajo —escuchó salir de los labios del chico. Continuó con su trabajo y logró suturar la herida luego de diez minutos.
—Ya está —suspiró mientras se secaba una gota de sudor de la frente—. Te voy a dar algunos analgésicos ¿sí?
—Ya estoy bien, princesa, no te preocupes —anunció mientras intentaba tomar una venda limpia.
—Déjame ayudarte —ofreció—. No podrás esforzarte por un par de días ¿De acuerdo?
—A mí los docs no me dicen que hacer —desafió burlón.
—Una doc acaba de cocerte, así que más te vale que me hagas caso o te arranco los puntos —reprendió seriamente.
— ¿Desde cuando eres tan mandona?
—Ven —ordenó luego de desenredar la venda. Lo ayudó a pasarla por arriba del hombro izquierdo y una vez en frente de él comenzó a girarla alrededor de su abdomen.
—Me gusta la idea de que me cambies las vendas —susurró de repente. Ellie se estremeció y lo miró mal. Él sonrió—. Lo siento, no haré más bromas —prometió.
—Idiota… —musitó— Realmente me preocupé cuando te vi llegar así.
—Lo siento.
—Hoy dormirás aquí ¿bien? —indicó.
— ¿En serio? —ella asintió— Qué miertera… Estoy acostumbrado a que durmamos en la misma habitación —agregó frustrado mientras ella terminaba de vendarlo.
— ¿Estás haciéndome otra broma? —quiso saber con un deje divertido.
—No —dijo secamente. Ella le dio una mirada intensa, esperando a que se retractara—. En serio, me acostumbré a tu presencia en mi cuarto.
Ellie cerró los ojos y suspiró.
—Eres imposible, Minho…
— ¿Por qué?
Ajustó bien la venda y se levantó la vista hacia su cara. Minho era mucho más alto que ella.
—Por lo que me haces —el chico arqueó una ceja. Quería entender sus palabras.
— ¿Qué te hago?
—Olvídalo —dijo sin más—. Ponte cómodo en alguna camilla.
—Ellie… —volvió a llamarla— ¿Qué es lo que te hago?
—Te dije que lo olvidaras.
El dio unos pocos pasos hacia ella. Ellie retrocedió instintivamente pero fue inútil al sentir la pared a sus espaldas. Minho estaba a solo centímetros de su cara. La chica sintió su corazón latir con fuerza y percibió el aliento caliente salir de la boca de su amigo. Sentía que estaba a punto de derretirse.
—Sabes que no me gusta que me ocultes cosas —recordó.
—No… no te ocultó nada —balbuceó.
— ¿Segura? —Ellie sentía el estúpido impulso de acortar la distancia entre ambos y besarlo pero se resistió de inmediato. No dijo nada. No lograba entender nada ni pronunciar nada— Ellie… —insistió esta vez más cerca.
Unos pasos sonaron por las escaleras y Minho se alejó sin apartar los ojos de los de su amiga. Ella respiraba agitadamente y así se mantuvieron hasta que Jeff entró con Ben.
—Este idiota no podía subir —comentó mientras lo ayudaba a acostarse en una camilla. Ellie y Minho seguían perdidos en un desafío de miradas. Jeff se puso entre ambos y los observó curioso—. ¿Sucede algo?
Ellie finalmente cortó el contacto visual y se dirigió a la puerta.
—No pasa nada —aclaró—. Que los dos duerman aquí. En un rato les traeré la cena —y salió.
Al cabo de una hora, Ellie entró nuevamente a la enfermería con una bandeja y una ración de comida para Ben y Minho. Él asiático intentó incorporarse al verla llegar pero ella lo frenó con la mano. Apoyó la bandeja en una mesita de madera, entre medio de ambas camillas, y primero le acercó la comida a Ben. El chico la recibió con una cara de emoción tremenda, debía de estar hambriento. Ellie le dio una sonrisa tierna y se apartó. Tomó el siguiente plato y se lo dio a Minho con una mueca inquieta.
—Gracias, linda —le dijo. Ella puso los ojos en blanco pero al fin pero de todas formas el chico logró sacarle una sonrisa. Ella tomó la bandeja lista para irse—. Espera… —Ellie se volvió y levantó las cejas— ¿podemos hablar cuando termines de comer?
— ¿Sobre qué? —Minho miró incómodo a Ben y ella comprendió de inmediato— Vuelvo en un rato —accedió y se fue nuevamente.
Ellie no volvió de inmediato. Se tomó mucho tiempo para comer y hablar con sus pares; luego se fue a duchar y cuando vio a Jeff salir por fin de la enfermería, se acercó.
—Hey, Jeff ¿cómo están?
—Bien, están durmiendo. Hace rato le devolví los platos a Sartén —le contó—. Te desapareciste. Minho no dejaba de preguntar por ti —sonrió.
—Lo sé…
— ¿Segura que no pasó nada cuando llegué?
—Segura… —aunque su voz era dudosa para cualquiera, Jeff decidió no molestarla más con el asunto.
—Bueno… Ben ya está dormido como un troco. Supongo que Minho estará despierto —le guiñó un ojo—. Me voy a dormir. Descansa, Ellie —se dio la vuelta y la saludó distraídamente levantando la mano.
Ellie ingresó a la enfermería. Estaba oscuro y los ronquidos de Ben era el único sonido perceptible. La joven se movió hacia un costado de la cama de Minho y se acercó un poco para ver si estaba dormido. Lo único que pudo distinguir fue que sus ojos estaban cerrados y su respiración era pausada. Ellie medio sonrió.
—Minho… —susurró con mucha suavidad. El nombrado se removió un poco pero se despertó sin muchos problemas.
—Viniste… —respondió con la misma suavidad. Ellie asintió en la oscuridad con una leve esperanza de que la viera.
—Te dije que lo haría —ella llevó una mano hacia la de él y la tomó con ternura—. ¿Cómo te sientes?
—Como una bolsa de plopus… —indicó.
—Qué mal… —atrajo un banquillo sin soltar su mano y se sentó para estar más cómoda. Apoyó su codo libre sobre el colchón y recargó su mentón sobre la palma de la mano.
—Te ves linda… —halagó él.
—Shuck… deja de decir esas idioteces —rio.
—No bromeo, Ellie… —ella suspiró.
— ¿De qué querías hablarme?
Minho trató de moverse un poco para poder quedar sentado, sin embargo no tuvo mucho éxito.
—Estoy incomodo —dijo.
—Dios, Minho… eres un…
Con un resoplido se dio por vencida y se paró para ayudarlo. Ellie lo rodeó con los brazos y juntando fuerzas con él, Minho se incorporó. Cuando ella iba a apartarse, Minho alzó una mano y la acercó a sí. Ellie dejó su cara reposando sobre el hombro desnudo de su amigo e inhaló fuertemente. Minho olía a sudor y perfume; le encantaba.
—Pensé que no te volvería a ver —murmuró. Ellie apretó los ojos con rudeza al escuchar esas palabras. Se aferró y casi clavó sus uñas en la piel tostada de él.
—No digas eso…
—Lo siento… —contestó mientras apoyaba su nariz sobre su clavícula. Permanecieron un rato en esa posición hasta que Minho rompió el contacto— Aún quiero saber qué es lo que te hago —le recordó.
Ellie se alejó con el rostro frustrado.
—Te dije que no te lo diré.
— ¿Qué te dije sobre los secretos conmigo? —repitió mientras tomaba nuevamente su mano.
—Es difícil… —soltó ella. Minho la miró con más curiosidad.
—Puedes confiar en mí, Ellie. Suéltalo.
Ellie penetró con su mirada seria. Minho percibió cierto desconcierto en ella pero la miró decidido.
—Yo… —exhaló prolongadamente y trató de acomodar las palabras en su cabeza— Yo necesito tiempo para pensar ciertas cosas que… me pasan contigo —se sinceró finalmente. Minho sintió su ritmo cardiaco aumentar. ¿Era eso una especie de declaración?
— ¿Y cómo te sientes? —e increíblemente, ella sonrió.
—No te lo diré hasta estar segura —respondió—. Cuando realmente sepa lo que quiero… te lo haré saber —explicó.
—Vaya… No sé cómo interpretarlo —rio nervioso.
—No quiero hablar más de eso ¿sí? —y aunque Minho quería seguir hablando, seguir indagando y descubrir todo lo que ella sentía… asintió y finalizaron el tema.
—De acuerdo.
—Bueno, es hora de dormir —anunció—. Así que tendrás que hacerme un lugar —indicó.
— ¿Qué? —la miró extrañado.
—Así es, Shank. Tanto molestaste con que extrañabas mi presencia que ganaste. Decidí darte el gusto de tenerme cerca —comentó—. Vamos, hazme un lugar.
Minho se quedó mirándola atónito un momento. Ellie se llevó las manos a la cintura y rápidamente empezó a hacerle señas para que se moviera. Minho se movió apresuradamente, con ayuda de ella, a pesar de sentir leves tirones en su herida. Ellie le sonrió ampliamente y se subió a la camilla luego de sacarse los zapatos. Segundos después, estaba recostada a su lado, sobre su pecho y abrazándolo.
—Creo que prefiero dormir solo… —comentó él.
—Ahora te aguantas.
Ellie tomó con su mano la muñeca de su amigo y reparó en el reloj que llevaba puesto. Lo manipuló unos segundos y lo soltó.
— ¿Qué hiciste?
—Puse una alarma —dijo—. No quiero que nadie nos vea así ¿sabes?
— ¿Te da vergüenza estar conmigo? —preguntó fingiendo sentirse herido.
—Pues claro que sí—alegó—. No quiero que me vean con el habitante más miertero de todos —sonrió.
—Eres una basura —carcajeó. Ellie se acurrucó aún más y Minho la rodeó con los brazos.
—Minho…
— ¿uhm?
— ¿Crees que algún día saldremos del laberinto? —inquirió con la voz ligeramente adormecida.
—Estoy seguro de que si… —afirmó— Ya duérmete, princesa.
