¡Hola! :3
Alguien debería golpearme por actualizar tan tarde ja ja ja.
¡Espero que les guste el capítulo! ;)
Capítulo VII
—Te dije "Eren, yo—".
Entonces se cortó la llamada. Lloré, no supe si fue de alivio o por impotencia, probablemente ambas. En parte realmente no quería saber lo que me había dicho, en parte sí. Si lo supiera tal vez descubriría el por qué de estar así, pero había probabilidades de que no me gustara la respuesta. Me volví a tirar en el sofá, encogiéndome entre la oscuridad de la noche y los casi nulos sonidos de la calle. Habían pasado de las tres de la madrugada, así que los únicos que podían hacer ruido ésa noche eran los gatos callejeros buscando comida en los basureros. Si Jean hubiera estado por llegar no me habría llamado y en todo caso seguramente habría ido a casa de sus padres. El resto de la noche hasta el amanecer me limité a mirar por la ventana, sin poder pegar un solo ojo. Terminé enviándole un mensaje a Levi, diciéndole que necesitaba hablar con él. Casi de inmediato recibí una respuesta. Tengo libre desde las tres de la tarde. Esperar hasta las tres de la tarde me parecía eterno, tendría que esperar muchísimo, tan sólo contar las horas se convertía en un martirio. Había tantos sentimientos en mí que no podía controlarlos.
Si no hubiera ido al funeral, si no hubiera contestado el teléfono no me sentiría así. Pero el hubiera no existía y de alguna manera confiaba en que pasar por eso me ayudaría en mi situación actual de alguna manera. Si algo había aprendido de mi vida con Jean era que todas las cosas sucedían por algo. Aún así nada podría calmar mis nervios en esos momentos. Llamé al trabajo para avisar que faltaría, no se opusieron. Probablemente todos a mi alrededor sabían sobre mi situación aunque yo no sabía ni siquiera si tenía algo. Anduve como león enjaulado todo el día, esperando a que como mínimo fuera las dos de la tarde para ir hacia mi destino pero terminé saliendo a la una y media, cuando pasaba al lado de la gente esta me miraba horrorizada, como si fuera un psicópata a punto de matarlos. Sabía que me veía terrible, las ojeras bajo mis ojos incluso pesaban, no había descansado ni esa ni las noches anteriores. Mi cuerpo estaba tenso, yo estaba estresado. Sentía el estómago revuelto, la ansiedad atravesando todo mi cuerpo.
Esperé afuera del consultorio de Levi, en uno de esos sillones incómodos que habían, demasiado pulcros para ser usados. Estaba totalmente solo en la sala, mirando a todos lados en busca de algo que distrajera mi mente, las manos me temblaban. Ya no soportaba estar solo. Necesitaba a Jean, quería verlo. Tan sólo podía pensar en su nombre. La angustia no me dejaba en paz. Miré la pantalla de mi teléfono incontables veces, comprobando que los minutos pasaban, pero no de la manera que hubiera deseado. Pronto mi reloj marcó el cuarto para las tres. Para mi suerte, Levi entró por la puerta por la que yo había entrado hacía menos de una hora. Me miró sorprendido. No me importó la razón por la cual no estaba dentro del consultorio, tampoco pareció darle importancia. Simplemente me llevó hasta el consultorio y, en lugar de ofrecerme asiento en mi silla habitual, me llevó hasta el par de sofás que había en la pequeña salita algo alejada del escritorio. Había otro ventanal al lado de mí, separado del otro por una pared blanca, la mirada de Levi me decía que realmente estaba preocupado por mí. Entonces, mirando hacia el ventanal, todo sentimiento de angustia y ansiedad desapareció sin dejar ni un solo rastro.
Comencé a contarle lo que había sucedido a detalle, sin poder despegar la mirada del ventanal. Podía ver mi reflejo en él de alguna manera, sin concentrarme en el exterior ni en mi lamentable reflejo en el cristal. Hablé sobre el funeral, sobre cómo lloré en una esquina del lugar, sobre cómo no me atreví a ver dentro del ataúd y sobre cómo los recuerdos sobre aquella mujer no existían en mi mente. Pude notar sus ojos mirarme fijamente, en ocasiones me llamaba pero yo no contestaba, como si le hablara a otra persona, a alguien detrás de mí. Luego lo miré, me había hecho una pregunta.
—Eren, responde. ¿Por qué Jean no estaba en el funeral?— repitió con un tono que se me antojó desconfiado.
Seguí mirándolo por varios segundos, pensando bien mi respuesta, algo que no hacía nunca, pareció notarlo, sus ojos decían mucho más de lo que cualquiera creería. Ni yo podía creerlo del todo, como si me estuviera mintiendo a mí mismo por alguna razón. Lo ignoré desviando un poco la mirada. En mi garganta se formó un sonidito medio ronco parecido a una eme. Mis ojos rodaron lentamente como mirando alrededor, sin mirar absolutamente nada en realidad. Tal vez sabía la respuesta, pero estaba perdida entre mis pensamientos. Sin embargo esta vez no me sentía perdido por no encontrarla, la angustia había desaparecido de la nada.
—Probablemente no pudo llegar— contesté al fin.
Levi se inclinó hacia mí con cierto cuidado, como un animal que tantea en territorio que jamás ha pisado. Acomodó sus codos en las rodillas y entrelazó sus manos para usarlas como el soporte de su barbilla. Había una pregunta más, una pregunta que sabía que escucharía en cuanto sus labios decidieran a abrirse, no lo miré, no estaba a gusto con la idea de escuchar su pregunta. En algún momento tendría que preguntarlo, y yo tenía que contestar de alguna forma, aún si la respuesta estaba perdida entre mis recuerdos de la misma manera que la anterior. Esta vez esperé la pregunta apretando los dientes. Realmente no quería escucharlo, no quería que lo obligara a responder.
—¿Sabes dónde está Jean?
Nos miramos fijamente de nuevo, el tiempo pasó tan lento que resultaba desesperante, sin embargo estaba seguro de que no pasaron ni diez segundos antes de que contestara. Simplemente el tiempo comenzaba a pasar como miel en lugar de agua, incluso era curioso cómo de un día para otro el tiempo iba de correr demasiado rápido a detenerse como si no tuviera prisa en absoluto. Como si se hubiera encontrado con un buen amigo a quien no ve hace siglos y hubiera decidido ponerse al día. El tiempo decidía su ritmo, y a mí no me estaba beneficiando en nada. Si el tiempo pasaba tan lento no podría ver a Jean pronto. Observé una vez más mi reflejo en la ventana, esta vez no estaba para nada claro, porque el sol había hecho a un lado las nubes y se había colado levemente por el ventanal. Decidí contestar:
—… Probablemente.
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Los días pasaron con una tranquilidad exagerada y desesperante a la vez. Probablemente fue el periodo de tiempo más extraño de mi vida entre una dieta estricta, pastillas, somnolencia y las vueltas que daba en la cama antes de dormir. Cuando estaba a mitad del trabajo los ojos se me cerraban, por lo que intentaba estar mucho más activo de lo común. Sin embargo cuando realmente debía dormir me era difícil. Mi apetito había aumentado demasiado, pero debía cuidar estrictamente cada cosa que comía, porque los fármacos me hacían subir de peso. Tenía demasiados problemas como para pensar en mis memorias o en cualquier otra cosa pero resultaba imposible olvidarme de Jean. Desde que comencé a tomar las pastillas mi boca se ponía seca, como un fumador cualquiera, trataba de tomar mucha agua, sin embargo la sensación seguía ahí. Sentirme constipado también era uno de los efectos secundarios del medicamento. Incluso se me había hecho la costumbre de arrastrar los pies de vez en cuando al caminar. Realmente resultaba extraño para mí el tener aquellos síntomas, aunque según Levi sólo indicaban que el tratamiento estaba funcionando.
Ciertamente a veces me sorprendía a mí mismo hablando con alguien de algo que antes no recordaba y mis lapsos de crisis no habían vuelto por largo tiempo, aunque no podía fiarme del todo. Incluso comencé a recordar un poco sobre la madre de Jean y algunos fines de semana me dedicaba a pasear hasta el lugar de su entierro para dejar algunas flores. Me tomó mucho tiempo atreverme a hacerlo, sentía miedo y culpa por no poder recordarla del todo. Cuando la recordé lo suficiente me decidí a ir. De alguna manera lograba recordar un poco más cada que iba, así que seguí buscando oportunidades para hacerlo. Logré recordar por qué era una mujer tan importante para mí. Quizás cuando hablaba con Levi sobre mis memorias con Jean no lo dije, pero era sólo que no lo recordaba. Cuando era muy pequeño mi madre me llevaba a su oficina después de la escuela, pues mi padre, como el cirujano que era, carecía de tiempo para cuidarme por las tardes. Así que la madre de Jean y mejor amiga de mi madre, se dedicaba a regalarme dulces a montón cada que me veía, prometiéndome que llevaría a su hijo a la oficina algún día. Siempre me ilusionaba contándome que era de mi edad, que nos convertiríamos en los mejores amigos, sin embargo Jean siempre tenía cursos de arte por las tardes y cuando no los tenía andaba de paseo con su padre. Con el tiempo me olvidé de ello, pues había más niños que también se la pasaban en la oficina jugando conmigo, pero la madre de Jean se ganó mi cariño, al punto en el que llegué a llamarle tía.
A fin de cuentas resultó curioso como jamás conocí a Jean. Claro que en esa conferencia tuvimos una muy mala primera impresión, y nuestras madres aún se reían hace un año de cómo nos habíamos conocido. Por supuesto que ya es un recuerdo gracioso incluso para mí, pues ninguna de las dos podía dejar de reírse cuando les contamos acerca de nuestra noche detenidos un tiempo después. Ambas creyeron que fue curioso cómo la madre de Jean decidió no entrar hasta la celda y en cambio esperar afuera por Jean, que se fue pocos segundos antes que yo, así que no nos encontramos en ningún momento. De alguna forma comencé a creer incluso que el destino realmente existía, pero ahora mi cabeza estaba tan confusa respecto a Jean que no sabía qué podría significar el que estuviéramos separados por tanto tiempo. Quizás en realidad no estábamos destinados a estar juntos.
El resto de mis días a partir de que comencé a tomar mis medicamentos fueron pesados, intentaba sobrellevarlo lo mejor posible, pero realmente no estaba seguro de si podía seguir con ello. Con el tiempo me acostumbré. Las pastillas nunca fueron mi platillo favorito, de hecho jamás podría soportar el tragarla y sentir la boca seca por su culpa cuando momentos antes comenzaba a sentirla un poquito normal. El momento en el que tomé la primera pastilla fue horrible: las manos me temblaban mirando el pequeñísimo objeto entre mi pulgar y mi dedo índice. Realmente estaba asustado al respecto. De alguna manera me golpeó fuertemente el saber que de verdad tenía algo, algo por lo que tenía la necesidad de tomar fármacos antipsicóticos. Levi me había diagnosticado un trastorno psicótico breve. Al parecer tenía algunos síntomas de los cuales no me había dado cuenta en absoluto. Con el tiempo me di cuenta de que mi lenguaje era algo desordenado y caótico, aunque para mí sonaba tan normal como cuando escuchaba a la chica del clima en las noticias de la mañana. También descubrí que muchas veces, aún cuando hablaba hasta por los codos en mis citas con Levi, carecía de expresiones, como si lo estuviera contando a la nada. A Mikasa un día se le ocurrió decirme que solía hablar conmigo mismo estando solo, de una forma en la que parecía que estaba charlando con alguien más.
Yo no me daba cuenta de nada, para mí todo comenzó a ser real hasta que pude ver mejorías en mí mismo. Recordaba cosas, la angustia ya no me visitaba tan seguido como antes, al parecer mi lenguaje había mejorado y ya casi no hablaba solo de esa manera tan enferma. El único problema, lo que más me preocupaba en realidad, era que jamás podía recordar qué cosa me dijo Jean ése día. Levi me había explicado que mi subconsciente podría estar evitándolo a propósito, que seguramente tenía algo que ver con mi trastorno. Así que el miedo en mí creció gradualmente. Si tenía que ver con mi trastorno debía de ser algo realmente malo. ¿Qué me dijo? Había dicho que su diálogo comenzaba así: "Eren yo…" ¿Qué sería? Eren, yo me iré lejos. Eren, yo tengo una enfermedad grave. Eren, yo no puedo seguir con nuestra relación. Eren, yo no te amo. Ésa última opción me asustaba. Si Jean me había dicho eso entonces comprendía el por qué de mi trastorno, yo no podía vivir sin él. Lo amaba, lo amaba tanto que no podía pensar en cómo vivir sin la esperanza de que en algún momento él volviera.
Pero entonces caí en cuenta de algo: Jean y yo jamás comenzamos a andar. A pesar de que habíamos estado tan cariñosos desde el doceavo suceso, a pesar de que sabíamos sobre nuestros sentimientos, a pesar de que teníamos la costumbre de andar juntos e incluso de tomarnos de las manos o besarnos de vez en cuando, nunca hicimos nada oficial. Entonces todo volvía a carecer de sentido. De nuevo sentía el miedo y la angustia, volvía a sentir terror, un terror que me sofocaba. Había algo más. Algo que no podía descifrar yo solo, un pequeño detalle que podría hacer que todo cuadrara un poquito. ¿Qué demonios era aquello que no podía descubrir? Quizás cada uno de mis recuerdos acerca de Jean eran falsos, quizás nada de aquello era cierto, quizás me había mentido a mí mismo en medio de mi trastorno. No, cada uno de mis recuerdos son reales. Eso fue lo que inundó mi mente en esos momentos, tranquilizándome. Sentía que podía estar seguro de cada recuerdo que había pasado junto a Jean, así como podía estar seguro de lo mucho que lo amaba. Podía estar tan seguro de ello que no sabía de dónde sacaba las fuerzas para seguir creyendo en cualquier cosa.
La esperanza es lo último que se pierde. Lo había leído en una galleta de la fortuna, también había leído algo sobre las decisiones. ¿Cómo era la frase? Ni siquiera rimaba del todo, decía algo sobre el futuro y las decisiones. ¿Tal vez algo sobre decidir algo en el futuro? No, era algo más. En todo caso no me agradaba eso de tener que elegir algo en el futuro, podría ser una decisión de vida o muerte y yo podría escoger algo mal. Además tampoco estaba de humor para hacerlo. Recuerdo que incluso me quejé al principio por la frase, no me había gustado del todo. Sentí escalofríos al leerla por alguna razón. Entonces vino a mi mente, como si una brisa hubiera traído ése pedazo de mi memoria. Las decisiones de tu pasado influirán en tu futuro. ¿Decisiones del pasado?
¿Era una mala idea estar demasiado en la cama? O tal vez mi error fue no lavarme la cara el día anterior, podría crecerme alguna imperfección en medio de la nariz, incluso podría verla de lo exageradamente grande que podría ser. Bah, no me arrepentía, anoche había llegado tarde y por primera vez en mucho tiempo había podido conciliar el sueño de inmediato. Me pregunté qué decisión pude tomar en el pasado, podría referirse a un pasado más atrás. ¿Mi trabajo? No lo creo, algo me decía que mi trabajo era realistamente estable, dentro de lo que cabe. ¿Otra cosa? ¿El no formalizar mi relación con Jean?
"Eren, yo pienso irme del país. ¿Quisieras acompañarme?"
No, mi error no había sido el no formalizar con él, sino mi respuesta a esa pregunta.
¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Sí? ¿No?
Espero que sí porque me estoy muriendo del sueño pero tenía que subir el capítulo hoy.
Probablemente esto sea algo confuso pero al menos descubrimos un par de cositas ;)
Tranquilos todos, ya tengo algo del capítulo ocho, o al menos la idea está en un ochenta por ciento. Mañana empiezo desde temprano ;3
Buenas noticias: ya estoy de vacaciones, así que tendré más tiempo y tengo muchas ideas en la cabeza para algunas cosas Jeren además de este fic. ¡Yay!
Mis mejores deseos,
Chicken Brown.
