Hola queridas! aqui traigo otro cap, espero no se decepcionen... es con todo mi cariño por el apoyo que le han dado a mi historia... les mando besos y abrazos...
Saludos a mis hermanas... las quiero...
Disclaimer: solo la historia es mia, lo demas es de JKR...
Vivan los Sly!
Enjoy!
MOMENTOS ROBADOS
Se alisó la túnica una vez mas, procurando que ninguna arruga cruzara sobre la fina tela. Mientras una de sus manos hacia esto, la otra acomodaba su siempre pulcro cabello oscuro, dejándolo nuevamente en su lugar. Apenas había puesto una mano sobre la perilla de la puerta, ésta se había abierto dando paso a una semi penumbra que le puso alerta. Caminó en silencio hacia el frente, dando solo unos pasos, y en cuanto hubo penetrado lo suficiente, la puerta se cerró detrás de ella.
Hizo el amago de voltear, pero unos brazos fuertes le rodearon por la espalda, mientras sentía la manera en que aspiraba su olor por entre sus cabellos. Sonrió, dándose la media vuelta todavía entre sus brazos.
-Harry…-
Sus ojos buscaron inmediatamente los verdes de Harry, brillantes esmeraldas pulidas, y en cuanto se conectaron, las piernas le temblaron de excitación. Harry la atrajo hacia si delicadamente, buscando su boca con ternura, mientras le acariciaba los labios con la lengua. Pansy ahogo un gemido, mientras abría la boca pidiendo más. Sus manos se anclaron alrededor del cuello masculino, mientras las manos de él la apretaban contra sí frenéticamente.
Ella podía sentir la urgencia recorrer el cuerpo masculino, la misma que corría como lava ardiendo por cada centímetro de sus venas. Ya había pasado un tiempo desde que ambos se habían decidido a comenzar con esa extraña relación, que en lugar de calmar sus ganas, los envolvía en una espiral cada vez mas ardiente, pues los besos y las caricias ya no eran suficientes, necesitaban más el uno del otro.
Pansy jadeó, mientras los labios de Harry mordisqueaban el lóbulo de su oreja izquierda. Se perdió en la sensación húmeda y caliente de su lengua, bajando con lentitud por su cuello. Sus dedos temblorosos recorrían con parsimonia la cálida piel debajo del uniforme de Quidditch, remarcando con su dedo las líneas de los abdominales masculinos, enredando los dedos en el vello oscuro de su pecho y pellizcando los tiernos pezones con maestría.
Alzó las manos un poco, permitiendo que él le quitara la túnica escolar, junto con el fino suéter gris que llevaba. Deshizo el nudo de la corbata verde-plata, mientras con desesperación comenzaba a desabotonar la blusa, ansioso por tocar su piel. Cuando finalmente retiró la tela de la pálida suavidad, los ojos verdes brillaron maravillados, mientras las puntas de sus dedos se alzaban hasta tocar la cremosa blancura de sus pechos, enfundados en un sostén de encaje blanco. La textura se le antojó como la seda, y mientras él describía figuras con sus dedos contra la piel, Pansy cerraba los ojos con fuerza, sujetándose con todas sus ganas de sus hombros. Abrió los ojos de improviso, al sentir una respiración sobre su pecho, solamente para ver el rostro de Harry dirigirse hacia el mismo.
Tragó saliva, dejándose hacer, mientras sus propias manos le picaban por tocarle. Tomó el dobladillo de la camisa, y haciéndolo levantar los brazos para quitársela, finalmente la deslizó por los brazos, tirándola hacia quien sabe donde. Sus ojos se maravillaron con la piel bronceada, cubierta de vello, completamente diferente en color y textura a la suya. Una fina línea de oscuro vello bajaba de su pecho, ensortijándose en su ombligo, hasta perderse finalmente en la cinturilla de su pantalón, haciéndole tragar saliva al imaginarse hacia donde más abajo terminaría su camino.
Harry lanzó un siseo bajo cuando ella se arqueo de tal modo que su boca se abrió camino hacia su pecho, donde tímidamente comenzó a saborear su piel. Se sorprendió al darse cuenta de que era exactamente el sabor que había pensado tendría. Y el olor… ese olor tan masculino que solamente podría asociar con Harry le estaba haciendo perder la cabeza.
Harry la tomo de la mano, haciéndola caminar hacia unas bancas. Se sentaron ambos frente a frente, lo más juntos que les permitían sus propios cuerpos, tratando de sentir el calor del otro. Harry ataco nuevamente los ahora hinchados y rojos labios de la chica, introduciendo su lengua dentro de su boca, enroscándola con la de ella, movimiento que le arranco un gemido ronco a él y uno ahogado a ella. Pansy se sujeto de sus fuertes brazos, sintiendo como el mundo se movía a su alrededor, embriagada de placer al encontrarse entre los brazos del hombre que amaba.
Harry, sin dejar de besarla, comenzó a recorrer su cuerpo con sus dedos inexpertos, acariciando la piel expuesta con reverencia, como si tocara un muy valioso y fino cristal. Paseó los temblorosos dedos por la tierna piel de sus brazos, bajando hacia su pecho, revoloteando sobre sus senos y continuando su camino hacia su plano vientre. Se detuvo un momento en su estrecha cintura, tratando de abarcarla entre sus manos, acariciando con sus callosos dedos pulgares la tierna piel de sus caderas, y continuando hacia abajo, donde la cinturilla de su falda le impidió continuar.
Pansy, mientras tanto, atacaba sus labios como si no hubiera mañana, completamente extasiada y maravillada por las sensaciones desconocidas que Harry le hacia sentir. Ella no era virgen, pero nunca antes había sido tocada de esa manera, con tanta ternura y delicadeza, que indudablemente le había tocado el corazón y un par de lágrimas traicioneras ya buscaban un hueco para salir de sus ojos. Las retuvo apenas, utilizando todo el autocontrol que había reunido durante tantos años de apariencias, hasta que se dio cuenta de que Harry no avanzaba más allá de su falda y había dejado las manos quietas.
Decidió tomar la iniciativa, tomando entre sus pequeñas manos una de las de él, para deslizarla por debajo de su falda. Harry se separo sorprendido, observándola por la bruma de sus ojos empañados, mientras ella sonreía levemente y atacaba nuevamente sus labios con hambre contenida. Poco a poco, su mano fue subiendo, deslizando sus callosos dedos por la tierna piel, hasta alcanzar el punto culminante, el inicio de sus bragas. Pansy contuvo el aliento, deseosa que el continuara, pero Harry se separó inquieto y la observo fijamente antes de preguntar.
-¿Estas segura?-
Pansy lo observó durante un largo momento, en el que se preguntó como habría podido vivir sin Harry Potter en su vida. Él que era tan considerado, y tierno, y tan malditamente Gryffindor que no podía tomar la oportunidad sin asegurarse primero que era lo que ella deseaba y que no la lastimaría. Y entonces le dio gracias a Merlín por haberle encontrado en su camino, por poder pasar ese tiempo robado con él, y por ser ella quien fuera dueña de sus besos, de su cuerpo, de sus pensamientos, pero sobre todo, de su corazón.
Simplemente sonrió.
Y entonces nuevamente ataco sus labios, dándole a Harry la respuesta que necesitaba, la que mas anhelaba en el mundo. Se deshizo con facilidad de la falda, mientras las bragas blancas y el sostén le seguían. A su vez, Harry se quitó la ropa que aún le cubría y le estorbaba, con una rapidez inusual. La recostó contra la banca, sintiendo su cuerpo delgado y desnudo contra su piel, conteniéndose apenas para no apresurarse. Esa sería su primera vez, y aunque sabía que en ella no era así, no le importaba.
Porque vaya que él seria el único que sería su dueño. Aunque tuviera que enfrentarse a todos los Malfoy´s, Weasley´s y Voldemort´s del mundo.
Lo haría.
Solo por ella.
Y entonces el infierno se desató. Ambos ardieron en la hoguera de sus pasiones, inmersos en el mar bullente de su amor, entre besos y mordiscos, gemidos y jadeos. Harry susurró en pársel su pasión contra la piel amada, mientras ella se mordía los labios para no gritarle al viento lo que sentía. Terminaron al mismo tiempo, sorbiendo los gritos del otro con sus bocas. Lo último que supieron, antes de caer exhaustos en un profundo y tranquilo sueño, fue que en brazos del otro, ninguno de los dos volvería a tener miedo…
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Cuando Pansy despertó al dia siguiente, se sorprendió bastante al encontrarse en su propia cama, arrebujada entre las mantas. Si no fuera porque su cuerpo se sentía bastante sensible en ciertas partes, hubiera pensado que lo ocurrido la noche anterior habría sido un maravilloso sueño. Tendría que preguntarle a Harry como lo había hecho, pensó.
Se levantó feliz, comenzando a prepararse para bajar a desayunar. Se arreglo como todos los días, aunque sentía por dentro la imperiosa necesidad de gritarle a los cuatro vientos que estaba enamorada de Harry Potter y que era su mujer.
Suya.
La simple palabra le hacía tan feliz, pero no tanto como la que ostentaba para el.
Mío.
Ésa era mejor.
Porque tal vez podría ser una Malfoy, podría tener todo el dinero y el prestigio y el poder y la posición del mundo, pero nunca nada eso se compararía con tener a su lado al hombre que amaba, a Harry, su Harry.
El hombre al que ella ama.
Bajo a su sala común, sonriendo como nunca antes, siendo feliz como nunca antes. Sacudió negativamente la cabeza ante la pregunta muda de Blaise, pero no pudo escapar con tanta suerte a la mirada grisácea de Draco, quien la observaba detenidamente y con la interrogante pintada en el fondo ártico de sus ojos.
Llegó al comedor sintiéndose la reina del mundo, pero cuando observo hacia la mesa de los leones y lo vio ahí, con la pequeña comadreja afianzada en torno a su cuello, la felicidad se fue por el caño, mientras la ira subía como la espuma entre sus venas. Ni siquiera la mirada apesadumbrada de Harry logró calmarla, solamente el brazo de Draco en torno a su cintura, firmemente colocado para que no se moviera, fue lo único que salvó a la Weasley de morir asesinada por sus propias manos. Suspiró, yendo a sentarse a su mesa, pues supo inmediatamente que iba a ser un infierno todo ese tiempo, mientras nadie supiera de su relación con Harry.
Definitivamente, le iban a costar muy caros esos momentos robados…
Gracias mil por leer...
