¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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11 de Enero, 1999.

Mientras salía de la cama, Edward luchaba para deshacerse de la confusión que siempre estaba presente. Seguía intentando encontrar un razonamiento lógico en una situación completamente ilógica.

Un olor impregnó sus sentidos y por poco hace que Edward babeara. Café. Dulce maná de los cielos. Terminó de cepillarse los dientes rápidamente y bajó corriendo las escaleras, casi tropezando con sus torpes pies, antes de deslizarse en la cocina. De pie frente a la cafetera, Edward respiró profundamente, dejando que el olor magnífico de los granos oscuros revitalizara su atontado cerebro.

Edward había empezado a servirse una taza cuando una voz lo sobresaltó.

— ¿Desde cuándo te gusta el café?

— ¡Gah! —La taza se resbaló de las manos de Edward, el sonido de cristales rotos llamó la atención de Esme y Emmett, quienes estaban en la habitación de al lado.

—Esa fue una buena, fenómeno—. Se rió Emmett amablemente.

Carlisle lucía como si estuviera conteniendo la risa. —Lo siento —se disculpó agarrando un paño de cocina para recoger el desorden—. No fue mi intención asustarte.

—No te había visto —dijo Edward tímidamente, levantando algunas de las piezas más grandes del cristal y mirando tristemente al líquido derramado en el piso.

—Creo que no hace falta decir que no te estoy animando a empezar una adicción al café —dijo Carlisle con firmeza mientras servía otra taza—. Sin embargo, puedo entender que necesitas una de estas para empezar la semana de escuela después del fin de semana que has tenido. —Le ofreció la taza a su hijo con una pequeña sonrisa.

—Gracias —murmuró Edward, tomando la taza y bebiendo con gratitud. Parpadeó esporádicamente cuando retazos de recuerdos volvían a él. De alguna manera, recordó que se había sentido enfermo la mayor parte del sábado. Por la noche, el Jefe Swan volvió y le hizo preguntas acerca de James, Royce y Rosalie.

Emmett soltó un bufido. —Eso es asqueroso, amigo. Ni siquiera le pusiste azúcar. —Él negó con la cabeza—. De todos modos. Casi se me olvidaba devolverte las llaves —dijo sacando las llaves del Volvo de su bolsillo.

— ¿No vas a conducir hoy? —Edward preguntó. Ese era un gran cambio. Una de las cosas que nunca cambiaban, no importa cuántas veces haya vivido el viernes anterior, era que Emmett siempre trataba de conducir. Por lo general, lo lograba.

—Recogí el Jeep arreglado ayer —dijo Emmett jovialmente, hurgando en el refrigerador para encontrar el algo bueno para desayunar.

— ¿Ah?

—Sí —dijo Emmett, cerrando la puerta de la nevera con tanta fuerza que Esme se estremeció y giró los ojos—. Dime lo caliente que es esto, hombre. Le dije a Rose que estaba teniendo problemas con él, ella abrió el capó y ¡enseguida supo lo que estaba mal!

—Eso es muy sexy —concedió Edward amablemente.

—Hey —dijo Emmett con voz dura—. Cuida tu boca sobre esa chica. Ella ya ha sufrido bastante sin que tú seas un idiota con ella.

Edward miró a su hermano por encima de su taza. —Como si quisiera algo con Rosalie Hale de todos modos. No sé si te diste cuenta, pero yo tuve que estar drogado para acercarme a ella.

Frunciendo el ceño, Emmett dio un paso hacia su hermano menor antes de que Esme interviniera. — Ya es suficiente —dijo con firmeza, puso una mano en el pecho de Emmett mientras miraba a sus dos hijos—. Deja de molestar a tu hermano —le dijo a Emmett. Se giró a Edward, dándole una mirada igual de grave—. Y tú, sabes perfectamente que menospreciar a una chica que no está cerca es como menospreciarte a ti mismo.

—Lo siento, mamá —dijeron a coro, ambos arrepentidos.

Edward se apresuró en terminar su café, dándose cuenta de que el tiempo se le estaba acabando. Sonrió para sí mismo cuando vio la mirada preocupada de su padre. Sus padres no se habían dado cuenta de la bala que terminaban de esquivar. Carlisle estaba preocupado de que Edward bebiera demasiado café, cuando en la primera encarnación de su vida, había luchado contra una bebida mucho más peligrosa. Su madre le reprendió por un comentario grosero hacia Rosalie cuando podría haber sido participe, sin saberlo, de su violación.

Besó a su madre y abrazó a su padre antes de que salir por la puerta. No importaba lo frustrado que estaba por este extraño viaje del tiempo en el que estaba atrapado, su confusión valía la pena si una grosería o una potencial adicción a la cafeína eran las mayores preocupaciones de Esme y Carlisle.

~0~

Debía haber una razón que explicara porqué estaba viviendo esta realidad, Edward estaba seguro de eso. Ahora, creía que no había muerto, en el infierno o no, estaba bastante seguro de que tampoco estaba loco. Y si no era ninguna de esas cosas, había aceptado que no podía hacer nada más excepto jugar con las reglas de este nuevo mundo.

El problema era que Edward tenía que hacer su camino a través de este mundo a ciegas. Así debía sentirse el hombre prehistórico, rodeado por un planeta lleno de recursos pero ni idea de cómo utilizarlos. Por supuesto, el hombre prehistórico no sabía que tenía el potencial de la energía del fuego, del gobierno y de Internet delante de él. Edward sabía que tenía el poder de cambiar el futuro, lo que no sabía era cómo cambiarlo correctamente.

Había pocos, pero importantes, indicadores de que tenía que recurrir al ensayo y error como su método predeterminado para resolver los problemas, tantas veces como odiaba a ese método altamente ineficiente.

Por un lado, a pesar de que Edward sentía, siempre había sentido, que tenía una montón de errores por los que responder, el error que había corregido el 8 de enero no era algo que podía haber previsto, incluso si hubiera entendido lo que estaba pasando desde el principio. Había aprendido sobre el autocontrol por sus padres y más tarde tuvo que repetir y forzar la lección en AA, nunca hubiera imaginado que tener a Emmett para que mirara por él era la respuesta correcta.

En retrospectiva, tenía sentido. Emmett encajaba perfectamente en ese rompecabezas. En la línea de tiempo original, Edward había sido demasiado ingenuo para evitar las intrigas de James y Royce. En su realidad presente, había estado poco dispuesto a dejar de lado la amistad que había tenido con esos chicos. No quería decir que Emmett era más precavido, solo que tenía una responsabilidad como hermano mayor y una obsesión adolescente con su amor platónico. Él habría estado vigilando a Edward como a Rosalie así no quisiera.

Esa era otra cosa. Si no hubiera sido obligado a revivir ese día, nunca habría sabido que fue utilizado como componente para la violación de Rosalie. La confusión era todo lo que recordaba. Rosalie no era la persona que él habría elegido, pero sabía que pijamadas improvisadas se daban cuando te embriagabas. Rosalie no había querido hablar con él, pero nunca lo acusó de nada. Y aunque hubiera preferido estar consciente durante la experiencia, perder su virginidad no había sido... horrible. De hecho, lo llevó a su nuevo grupo de amigos que pensó que había perdido para siempre, James y Royce eran también amigos del resto de los deportistas como Mike Newton y Tyler Crowley.

Por lo tanto, había sido enviado para corregir este día, era lógico que todo el pasado se convirtiera en algo que ni siquiera había hecho en primer lugar.

Cuando llegó a la escuela, sus reflexiones se vieron interrumpida por el hormigueo del cabello de su nuca. Alguien lo estaba mirando. Edward levantó la vista, su paso vaciló cuando se dio cuenta que no era sólo alguien.

Era todo el mundo.

El hombre adulto que estaba dentro de sí no hubiera dado una mierda por el hecho de que todos los estudiantes en el estacionamiento de la secundaria de Forks lo estaban mirando. Pero, como había aprendido en repetidas ocasiones, su cuerpo era 100% adolescente. Fue consciente de cómo se calentaban sus orejas y su rostro, lo que le hizo difícil tomar respiraciones profundas.

Los murmullos a su alrededor eran increíbles... y bastante desagradables, pensó. Algunos de los chicos se veían preocupados, otros curiosos, incluso, otros sonreían. Edward escuchó pequeños trozos y pedazos de conversación. Los rumores iban desde lo ridículo y otros casi acertaban.

De alguna manera, Edward llegó a cálculo sin golpear a alguien en el rostro, aunque hubo un par de veces en las que quería hacerlo. Afortunadamente, su temperamento estaba bajo el control de su yo adulto, quien había enfrentado la posibilidad de ir a la cárcel si no podía aprender a controlarlo y a controlar su adicción.

Además, Edward pensaba que estaba a salvo en el interior de la sala de clase, no es que iba a tener alguna pelea ese día. Sus músculos eran aún los de un joven de 17 años cuyo ejercicio consistía, en su mayoría, mover su ratón. Hizo una nota mental para pedir a sus padres que lo inscribieran en una especie de clase de resistencia física. Quizás karate o algo así. Esme estaría encantada de que quisiera hacer algo lejos de su computadora.

Alguien aclarándose la garganta llamó la atención de Edward lejos del libro de matemáticas que pretendía estudiar. Mirando desde debajo de sus pestañas, Edward no vio a nadie. Entonces se dio cuenta que Rosalie lo miraba desde el rabillo de sus ojos.

Automáticamente, la culpa hizo que su estómago girara, miró hacia otro lado. —Hey —dijo torpemente, recordándose a sí mismo que en lo que a Rosalie respecta, él no había hecho nada malo. No en esta vida de todos modos.

—Hey —dijo ella de nuevo, su voz era una extraña mezcla de timidez y molestia—. Yo estoy um ... Estoy muy apenado por lo que Roy ...—Se calló, pasó saliva audible—. Lo que te hicieron. Él estaba enojado conmigo. No debió arrástrate en ello.

—No es tu culpa —respondió en voz baja. Suspiró, mirando a los muchachos que los observaban y cuchicheaban—. No merecías esa mierda.

Por el rabillo del ojo la vio retorciéndose el cabello. —Sobreviviré —dijo con indiferencia forzada, y Edward tuvo que sonreír. Recordaba bastante como Rosalie estaba llena de vida. Las visiones que mostraban la disminución de su confianza nunca llegarían a pasar. Se veía afectada por todo esos chismes, era obvio, pero ella no dejaría que eso la venciera.

Y si ella podría ser un pilar de fuerza después de haber sido víctima de su propio novio, él podría conseguir que su flacucho y friki cuerpo se sentara con la espalda recta también. —Hey, Rosalie —le dijo, volviendo la cabeza ligeramente para mirarla.

Sus ojos se encontraron brevemente.

—Buen trabajo en el Jeep de Emmett. Dowling no hubiera podido arreglarlo, eso es seguro —dijo sonriéndole.

Rosalie no respondió, pero sus mejillas se ruborizaron de color rosa y sus labios se curvaron en una sonrisa de satisfacción.

~0~

A medida que el día avanzaba, Edward todavía no tenía idea de lo que se suponía debía estar haciendo. Esperaba que no tuviera que pasar su examen de historia porque estaba absolutamente seguro de que eso no ocurriría.

—Esa prueba fue brutal —murmuró Jasper con simpatía cuando se vieron en Inglés.

Él tuvo historia en el primer período. Se encogió de hombros—. Oh, bueno. Esas pruebas no valen mucho en el promedio final de todos modos.

Cuando la clase comenzó, Edward se aisló, pensando otra vez acerca de su problema. ¿Se suponía que iba a vivir una vida normal? Por el momento solo se había arrastrado a sí mismo a través de todas sus clases, sus promedios eran abismales. ¿La tendencia a bajar notas había empezado hoy? Tal vez se suponía que debía estar prestando atención.

Pero, sus calificaciones no habían empezado a caer realmente hasta el año que viene, cuando Jasper se enfermó y los dos estaban tan alejados que Edward sentía que no podía ir y acercarse porque sí.

Jasper...

Edward se preguntaba, esperanzado con todo su ser, si había algo que podía hacer o que debería hacer por su amigo. Por lo que entendía, la enfermedad de la que Jasper moriría era incurable. Pero tal vez, si encontraba alguna manera de decirle ahora, su amigo podría obtener ayuda más rápido y posiblemente viviría más tiempo.

Rápidamente, Edward eliminó la esperanza que comenzó a crecer en él. Seguramente, podía convencer a Jasper para ir a un médico, pero era poco probable encontrar la enfermedad a menos que supiera lo que estaba buscando. ¿Cómo iba a decirle Jasper qué es lo que debía buscar sin sonar como un demente? ¿Para qué serviría? Sí, tal vez tendría algo más de tiempo, pero su vida sería destruida.

En este momento, Jasper era un niño normal, de 17 años. Lucía feliz. Todo lo que Edward podía hacer era ayudarle a vivir más tiempo con una sentencia de muerte pendiendo sobre su cabeza.

Además, si entendía a la angelical niña que funcionaba como su guía espiritual, correctamente, debía corregir lo que había hecho mal en su vida anterior. Lo que implicaba que si hubiera hecho las cosas bien la primera vez hubiera evitado todo este lío. Por lo que lógicamente, no había nada que pudiera hacer por Jasper. Él no tenía ni idea al igual que los demás, que el corazón de su amigo era una bomba de tiempo.

No, no podía poner ese peso sobre los hombros de su amigo. Solo tenía que seguir haciendo lo que estaba haciendo, guardar silencio y disfrutar del tiempo que pasaba con Jasper.

~0~

Antes de entrar en la cafetería un poco más tarde ese día, Edward se detuvo en seco cuando alguien lo llamó. Se dio la vuelta, sorprendido de encontrar a Mike Newton caminando hacia él, con las manos metidas en los bolsillos y los hombros caídos con timidez.

—Hey, uh… —comenzó Mike, pasándose la mano nerviosamente por el cabello rubio arenoso—. Oye, hombre. Sólo quería que supieras que Royce y James... lo que hicieron no estuvo bien. No fue correcto. El resto del equipo... si lo hubiéramos sabido, los habríamos detenido.

Edward inclinó la cabeza, mirando al chico que había sido su amigo. Él asintió con la cabeza lentamente. —Sin sangre, no hay culpa, ¿verdad? —dijo, instintivamente le ofreció la mano como si estuviera cerrando un negocio con Mike. Parecía apropiado, una respuesta adulta al aceptar la reacción adulta de Mike al asumir la responsabilidad de su amistad con los otros chicos.

Mike lo miró escéptico al principio, asegurándose de que Edward no tuviera un zumbador o algo así, pero luego le dio la mano con firmeza, una leve sonrisa en su rostro. —Sabes, te invitaría a sentarse con nosotros, pero he visto a Bella dándote la mirada del mal —dijo Mike, con un tono amistoso—. Ella es una chica bastante relajada, y tú la cabreaste después del primer día. ¿Qué le hiciste? ¿Apuñalarla en la pierna con un lápiz?

—Desearía saberlo —murmuró, sacudiendo la cabeza y alejándose de Mike para entrar a la cafetería.

El misterio lo mantuvo distraído mientras estaba en la línea del almuerzo. Se sentó al lado de Jasper, escuchando solo la mitad de lo que balbuceaba sobre el episodio de los X-Files que habían visto juntos el día anterior. Una parte de él se sorprendió al recordar vagamente cómo Jasper había venido a pesar de que no estuvo presente ese día.

—Tú sabes que estoy malditamente enfermo con toda esta obsesión de los nuevos fans. Pero, hijo de puta, si no eras un fan antes de la película, no eres un fan verdadero. Es eso o no. Todos esos episodios graciosos... —Sacudió la cabeza con tristeza—. X-Files no es una comedia, es un drama. Y se supone que debe dar miedo. ¿Recuerdas cuando se transmitían en las noches del viernes?

—Recuerdo haber pensado que Flukeman fue asqueroso —ofreció Edward, riéndose. Se sorprendió y alarmó, cuando información aleatoria de datos curiosos se le ocurrieron, incluyendo el nombre del episodio de Flukeman (El huésped) y el nombre del episodio que había visto ese fin de semana (El rey de la lluvia).

Santo infierno. ¿Se había aprendido de memoria los nombres de todos los episodios?

Quitándose de encima todos esos pensamientos, Edward continuó. —De todos modos, ¿dijiste que habías leído algunos spoilers?

Jasper asintió, animándose un poco. —Sí. Al parecer, los rumores del episodio "Atrapado en el tiempo" son verdaderas."

Los oídos de Edward se animaron. — ¿En serio?

—Sí. Va a estar esa chica reviviendo el día en que su novio explotó el banco. Ella va a ser la única que se va a dar cuenta que lo está reviviendo. Incluyendo a Mulder y Scully.

Edward estaba encantado. —Apestaría ser ella —murmuró sombríamente. Luego frunció el entrecejo—. ¿Cómo se va a resolver el caso si Mulder no se da cuenta de lo que está pasando? —preguntó, sorprendido por la sensación de excitación y anticipación que construían en su interior. De verdad tenía curiosidad. Eso... le importaba.

Con el tiempo su conversación se fue mitigando. Cuando había alguna interrupción en la conversación, la mente de Edward divaga por lo que no se dio cuenta que Jasper se estaba inquietando hasta que hablo con timidez. — ¿Puedo hacerte una pregunta? —Cuando Edward levantó una ceja, continuó—. Es algo que me ha estado picando. ¿No crees que es extraño que el mismo día que sueñas acerca de... eh... tener sexo con Rosalie, los hayan drogado a ella y a ti?

La respiración de Edward se atoró en su garganta. Por supuesto. Tenía que volverse loco frente a Jasper el único día que no volvería a repetirse. La ira se encendió en él, pero tenía que reconocer que Jasper tenía derecho a tener sospechas.

— ¿Coincidencia? —dijo, forzando una sonrisa relajada en su rostro—. Tal vez soy psíquico.

—Tal vez —concedió Jasper, pero no lucía muy convencido.

La campana sonó y ambos se separaron para ir a clase. Edward estaba irritado mientras caminaba por el pasillo hacia biología. Sus impulsos adolescentes estaban invadiendo su adulto cerebro, implantando un posible efecto dominó que con el tiempo resultaría en el fin de su amistad con Jasper. Después de todo, su amigo sospechaba que él sabía sobre el incidente con Rosalie de antemano. Y si ese fuera el caso, ¿por qué no lo había detenido? Se preguntaba si Jasper pensaba que era un violador o al menos repulsivo. Entonces se enfureció, ¿por qué Jasper no confiaba en él? ¿Alguna vez había hecho algo para que Jasper pensara esas cosas?

Cubriéndose los oídos con sus manos, Edward gruñó para sus adentros. Tenía que controlarse. Sentía como si el mundo estuviera llegando a su fin y…

Antes de que Edward recobrara la compostura, algo muy pequeño impactó contra él cuando doblaba la esquina a Biología. Oyó un jadeo cuando ambos cayeron y luego todo su aliento fue expulsado de su cuerpo cuando el peso del cuerpo de alguien más aterrizó encima del suyo.

—Hijo de puta —siseó de dolor instintivamente, sacándose a la otra persona de encima para poder respirar.

— ¡Ay! —una voz protestó—. Mierda. Lo siento —se quejó una irritada Bella mientras se ponía sobre sus rodillas. Estaba totalmente ruborizada por la vergüenza pero tenía el ceño fruncido—. No hace falta que seas un cretino.

Se le pasaron miles de respuesta por la mente. Al instante se sintió terriblemente culpable ante la posibilidad de haberle hecho daño y por haber sido tan grosero. Quería decirle que lo sentía y que no se preocupara por eso, pero su lengua se retorcía en su boca, por lo que todo lo que salió fue un breve resoplido o dos.

De nuevo, se gruñó a sí mismo, esta vez por la exasperación y en lugar de hablar se inclinó para ayudarla a recoger sus libros derramados.

—Ya lo tengo —insistió ella, tirando de una copia maltratada de Cumbres borrascosas lejos de él.

—Déjame… —Lo intentó, pero ella lo interrumpió.

—Ya lo tengo. No te molestes conmigo —insistió.

Se miraron el uno al otro durante unos segundos antes de que el rostro de Edward se suavizara. —Lo siento —dijo en voz baja, poniendo toda la sinceridad que sentía en esas dos palabras.

Sus defensas se cayeron por un instante y lo miró insegura, como si estuviera esperando que dijera algo grosero. Cuando sólo la siguió ayudando a recoger el desorden se calmó un poco, mirándose las manos mientras trabajaban. —Lo que sea —murmuró.

Edward suspiró, entregándole los libros que había recogido cuando ambos se levantaron. —Está bien... ¿por qué me odias tanto? Sé que debo haber hecho algo estúpido, pero sinceramente no tengo la menor idea de lo que es.

Ella bufó, caminando hacia su escritorio sin mirarlo.

—Es en serio, Bella —insistió, deslizándose en su asiento. Ella obstinadamente miraba hacia adelante, con los labios fruncidos fuertemente. Suspiró, preguntándose por qué que esta chica lo aceptara significaba tanto para él. En pocos años, si algo de la historia se repetía, él ni siquiera la recordaría.

¿Pero acaso no era el mismo Edward Cullen que podía manipular a todos los empresarios del mundo? Era conocido por encantar hasta al hijo de puta más frío, logrando que vea el beneficio de lo que sea que estuviera diciendo. No importaba que sus manos estuvieran húmedas o que su estómago pareciera estar lleno de mariposas, podía desarmar a una adolescente.

Limpiándose las manos en sus pantalones vaqueros, Edward le tendió la mano. Bella saltó hacia atrás, mirándolo como si le hubieran ofrecido un pez muerto y frío en lugar de sus dedos. —Lo siento, yo no me presente antes —dijo esperando que ella no se diera cuenta de la forma en que su voz temblaba—. Soy Edward Cullen.

Tenía que mantener la sonrisa relajada en su rostro mientras ella miraba su mano un poco más. No podía rechazarlo sin ser grosera, y de alguna manera, Edward sentía que esta chica no era grosera por naturaleza. A regañadientes, puso su mano sobre la suya.

La agitación hizo a su pecho cálido y su corazón aumento la velocidad cuando sus dedos apretaron con firmeza. ¿Por qué ese simple movimiento le hacía tan feliz? No tenía idea. Lo atribuyó a que era un adolescente ridículo, continuó antes de que Bella subiera sus defensas. —Así que, ¿en cuántos problemas te has metido?

Bella resopló y por un momento pensó que no iba a contestar. Sacó su cuaderno y comenzó a tomar notas de lo que estaba en la pizarra. —Estoy castigada de por vida. Charlie se volvió loco. Ni siquiera sabía que él creyera en los castigos hasta la noche del viernes —admitió finalmente—. Sabes, tu hermano podría haberme avisado antes de llamar a mi papá. —Su voz era sarcástica, pero amable, no había irritación detrás de ella.

La clase comenzó y ambos prestaron atención a la explicación del maestro sobre el laboratorio que harían. Mientras tanto, Edward empezó a notar pequeñas cosas, como la forma en las que masticaba sus uñas y como su libreta estaba llena de garabatos sin sentido. Bella rompió el silencio entre ellos. —Así que... hay un montón de rumores sobre lo que realmente sucedió la noche del viernes —apuntó.

Edward suspiró, sintiendo el calor en sus mejillas. —Lo sé —murmuró—. ¿A qué versión te unes? —se preguntó en voz alta.

Ella sonrió levemente. —No me inclino a creer en los rumores —dijo con facilidad—. Estaba en los alrededores, y egoístamente estaba más asustada de que mi papá me encontrara bebiendo por lo que no vi mucho, más que a tu hermano llevando a Rosalie y luego a ti a su coche.

De nuevo las mejillas de Edward se calentaron por la vergüenza. Por supuesto, él sabía lo que había pasado, pero lucía mucho peor por lo que Bella había visto. —No recuerdo mucho de eso —admitió—. Lo que Emmett me contó fue que vio a Royce y James riendo cuando fueron a buscar mi bebida y la de Rosalie. Empezó a sospechar, pero pensó que escupieron en ellas o algo así.

La sangre de Edward se calentó, pero esta vez no por la vergüenza. En su lugar, estaba enojado. Todavía se sentía horriblemente traicionado y violado. —Pero se dio cuenta de que ambos, Rosalie y yo, empezamos a actuar realmente extraño. Fui a recostarme en la habitación de los padres de Royce, y Emmett siguió a James que estaba siguiendo a Rosalie por el pasillo. Vio a James que le decía a Rose que él sabía sobre su secreto uh... enamoramiento... y que lo estaba esperando en la habitación.

—Eso es horrible —dijo Bella, mirándolo en shock.

Edward asintió con la cabeza. —De todos modos. Es una gran historia realmente corta. Emmett llamó a la policía y luego se metió en una pelea con James y Royce. Nos sacó a los dos de allí antes de que algo… malo pudiera suceder…

—Wow —dijo Bella, sus ojos lo miran compasivamente—. Eso es real, realmente mierda. ¿Qué pasó con Royce y James?

—Realmente no lo sé. Sé que estuvieron detenidos durante la noche. Pero creo que sus padres los rescataron —dijo Edward con fuerza. Había oído rumores acerca de ellos. Más de un rumor sugería que los sonidos de los golpes que James había recibido de su cabreado padre se oían en todo el barrio. Por lo que Edward sabía de los padres de Royce, era probablemente más acertado que los chismes que circulaban. Probablemente ellos enviaron a una criada para que esté con él en lugar de regresar de donde fuera que estaban.

Independientemente de lo que había intentado hacer, Edward sintió una punzada de simpatía hacia ellos. —De todos modos... están arrestados hasta el juicio, por lo menos. Afortunadamente acaban de entrar al correccional pero... —Se encogió de hombros.

No era probable que fueran enviados al correccional. Tanto Royce como James estaban peligrosamente cerca de los 18 años. De todos modos, ya habían hecho su cama y ahora tenían que recostarse en ella. Por cualquier vestigio de amistad que le habían tenido, en otra vida, Edward esperaba fervientemente que todo lo que les ocurrió, fuera una llamada de atención. No debían malgastar sus vidas, y tal vez, lejos de la influencia negativa de sus padres, podrían reformarse.

—Siento mucho lo que te ocurrió —dijo Bella.

Edward se mantuvo ocupado escribiendo la repuesta en la hoja de trabajo que estaba entre ellos. —Sin sangre no hay culpa —repitió las palabras que le había dicho a Mike hace más o menos una hora. Aunque sabía que pudo ser mucho peor.

Se sumieron en un cómodo silencio, intercambiando solo las palabras suficientes para terminar el proyecto. La atmosfera mordaz que existía entre ellos se había disipado por completo, y Edward se encontró sonriéndole cálidamente a la chica un montón de veces sin ni siquiera darse cuenta. De alguna manera, esta interacción era mucho más importante que las cientos que había tenido con los otros estudiantes de Forks.

Edward no tenía ni idea de lo que le estaba pasando. Se preguntaba si Bella recordaba lo tarado que había actuado cuando la vio cantar con las otras chicas. Ojalá haya olvidado esa parte de la noche. Ella no lo había sacado a colación.

Pero entonces, cuando la campana sonó y guardaban sus libros en sus mochilas para irse, lo llamó por su nombre. Sus ojos brillaban con picardía, y se encontró tan cautivado que estuvo a punto de perder sus siguientes palabras. —Me gustan los X-Files también.

Ella se había ido antes de que pudiera levantar su mandíbula del piso.