La historia y los personajes no me pertenecen, es una adaptación del libro "La Bella de la Bestia" de Hannah Howell con los personajes de Naruto de Masashi Kishimoto.

Capítulo 6.

—Nos queda poco, apenas otro amanecer, para llegar a Uzushiogakure.

Hinata suspiro de alivio ante el anuncio de Naruto. Estaba más que deseosa de terminar el viaje. El carruaje se calentaba demasiado cuando ponían la capota, pero el viaje se volvía demasiado polvoriento cuando la quitaban. Por el momento decidieron soportar el polvo en lugar del calor. Era agobiante. La joven tenía la sensación de que llevaba encima más kilos de polvo que los que ella misma pesaba.

Frunció el ceño, mirando en dirección a Uzushiogakure, y se preguntó a qué se referiría exactamente Naruto con eso de que faltaba un amanecer más para llegar. Se volvió entonces hacia su marido, que cabalgaba junto al carruaje.

—Ese amanecer parece ser una distancia grande, en todo caso, Naruto.

—Un día más, eso es todo. Acamparemos un poco más adelante, donde hay un pequeño claro y agua para los caballos.

Hinata observó cómo su marido se adelantaba para cabalgar con el grupo que iba en cabeza, y deseó tener algo que tirarle a su enorme espalda. El tono de su respuesta sugería que faltaba muy poco para llegar, pero a ella no le pareció que un día fuera poca distancia. Decididamente, a veces la irritaba. Suspiró y trató de acomodarse lo mejor que pudo al tiempo que le pedía al cielo que hubiera suficiente agua en el lugar donde iban a acampar para poder darse un baño.

Ya estaba bien entrada la noche cuando finalmente se detuvieron. Hinata habló muy poco hasta que levantaron la tienda de Naruto. Después, con la ayuda de Bek, y usando lino de los barriles de agua que ya se habían bebido, se dio el relajante y más que necesario lujo de bañarse. Mientras se iba quitando el polvo y el sudor del cuerpo, notaba que le mejoraba el ánimo. No le sorprendió que nada más salir del barril, Sakura se apresurase a ocupar su lugar. Se vistió deprisa, con una prenda limpia que le alcanzó Natsu el mojado pelo en una cola, suelta sobre la espalda, y fue en busca de su esposo. Lo encontró sentado frente al fuego, junto a Sasuke, Sai, Rock Lee y Shikamaru.

Naruto miró a su mujer con un poco de preocupación mientras ella se sentaba a su lado. Había notado que su habitual ánimo festivo se apagaba más y más con cada kilómetro de polvoriento camino que recorrían. La parte razonable de su cabeza le decía que a cualquier persona se le amargaría el talante con semejante viaje, pero por más que trataba de ignorar semejantes ideas, otra parte de su mente se preguntaba si el ánimo silencioso y oscuro de su esposa se debería más bien a otras causas, como, tal vez, que ya se hubiera cansado de él. Llevaban casados el tiempo suficiente para que a ella se le esfumara el interés que siempre produce la novedad. Ahora que Hinata había saboreado la pasión amorosa, quizá se estuviera dando cuenta de que el grandullón rubio tampoco daba más de sí. Naruto luchó por deshacerse de esas preocupaciones, que consideraba debilidades, y se dijo que tenía cosas mucho más importantes por las cuales preocuparse que el voluble estado de ánimo de una mujer.

Pero cuando vio que ella sonreía ampliamente a Rock Lee mientras le servía estofado, sintió una oleada de alivio. Era evidente que el ánimo de Hinata volvía a ser el habitual.

—Nunca hubiera imaginado que existiera tal cantidad de polvo en toda Konohagakure. —Hinata sacudió la cabeza—. Creo que prácticamente me cayó todo encima a mí. —Después de tomar con avidez unas cuantas cucharadas de estofado, comentó lo delicioso que estaba.

—Sí que hay polvo, sí. Lleva tiempo sin llover —comentó Naruto—. Incluso algunos de los hombres menos inclinados a la limpieza han sentido la necesidad de lavarse esta vez.

—Así es —dijo Sasuke esbozando una leve sonrisa—. El río no es más que una corriente de lodo. Nunca lo había visto así.

—Algunos de nosotros —comentó Naruto arrastrando las palabras al tiempo que recibía el odre de vino que pasaba de mano en mano— no somos tan remilgados como para tener que calentar el agua con la cual nos vamos a bañar. —Escondió su sonrisa al beber de la bota.

—Hay gente que considera propio de locos meterse en agua congelada cuando hay posibilidad de calentarla primero. —Hinata sonrió dulcemente a Naruto, dio un pequeño sorbo de la bota que él le ofrecía y la pasó a quien estaba sentado a su lado—. Yo, por supuesto, no pienso que los que hacen eso estén chiflados. Nunca difamaría de esa manera a mi marido.

—No, por supuesto que no. —Naruto se rio y pasó una mano sobre el todavía húmedo pelo de Hinata—. Ha sido un baño vigorizante. Una maravilla.

—Sí, claro. Se notaba por los alaridos que seguían a cada uno de los chapuzones —Hinata sonrió cuando los hombres se rieron.

—Mañana, a la caída del sol, estaremos en Uzushiogakure —anunció Thayer, cambiando de tema cuando se apagaron las risas.

— ¿Alguno de los hombres que enviaste delante ha visto el lugar? —le preguntó Hinata.

—Uno. Dice que la construcción parece resistente y buena. Muy adecuada para la defensa.

—Eso está muy bien, pero no es lo que me interesa saber —le contestó ella con una ligera sonrisa.

—Lo sé, pero el hombre tenía la misión de comprobar las características militares del sitio, no otras cosas. Ni tampoco se acercó lo suficiente como para ver nada más.

— ¿Cómo? ¿No avisó a los lugareños de nuestra inminente llegada?

—No, él no. Pero envié a otro hombre ayer para que se encargara de notificarlo y le ordené que se quedará allí para garantizar que nos reciben como es debido.

—Tendría que haberle preguntado más cosas sobre este lugar a mi padre.

—Estamos curados de espanto. No puede ser peor que la Casa Konoha.

—Por Dios santo, espero que no.

La charla siguió por derroteros superficiales. Sin darse cuenta, Naruto se encontró pensando en otras cosas. Desde la primera noche de viaje había hecho muy poco más que dormir junto a Hinata. El cansancio de la marcha hacía que su esposa se durmiera profundamente al final de cada jornada, antes de que él se acostara.

Obviamente, esta vez el baño la había refrescado y Naruto sospechaba que la noticia de que estaban cerca de su destino también había ayudado a reanimarla. Empezó a darle vueltas a la idea de llevar a Hinata a la cama antes de que sus ánimos renovados decayeran nuevamente por culpa del cansancio.

Pero justo en el momento en que Naruto la tomaba del brazo, pensando en llevarla lo antes posible a su tienda, un grito de alerta procedente del bosque cercano rompió el silencio de la noche. Entonces se puso de pie como un resorte, arrastrándola con él, y corrió a ponerla a resguardo.

Llegó al campamento, tambaleándose, uno de los guardias que había apostado en el bosque. El hombre estaba ensangrentado y aturdido, y a duras penas pudo gritar un par de veces más que les atacaban. Luego se desplomó. Hinata dio algunos traspiés detrás de Naruto. Enseguida se hizo cargo de lo que estaba pasando, pero no acababa de gustarle la idea de esconderse en la tienda.

Quería ayudar, participar activamente en la lucha contra los atacantes, aunque no se le ocurrió nada que pudiera hacer.

Naruto volvió la mirada hacia ella. A pesar de estar gritando órdenes a sus hombres para que se aprestaran a la lucha, se las arregló para darle instrucciones a su esposa. Le bastó señalar con el dedo la tienda para dejar claro lo que quería que ella hiciera. Hinata decidió que lo mejor era obedecerlo y corrió hacia la protección de la lona.

En cuanto entró en la tienda, una cuadrilla de pajes y hombres armados la rodeó completamente. Esta vez, Naruto no quería correr riesgo alguno, y no iba a dejar abierta la posibilidad de que un hombre del bando enemigo se colara de nuevo en la tienda sin ser visto.

Ya con ella dentro, uno de los hombres armados cerró a toda prisa la puerta de entrada.

— ¿Qué está pasando? —chilló Natsu, y se aferró a Hinata.

— ¿Es otro ataque? —preguntó Sakura en un susurro, mientras se acercaba a su prima y se abrazaba a ella.

—Sí, otro ataque. Pero alguien tuvo tiempo de dar la alarma. —A pesar del miedo que embargaba a las dos mujeres, a Hinata le pareció reconfortante tenerlas cerca.

— ¿Entonces no tomaron por sorpresa a nuestros hombres? —preguntó Sakura.

—No del todo. Los vi preparándose para la batalla justo antes de que enemigos armados emergieran corriendo de las sombras del bosque.

— ¿Serán ladrones? ¿Habremos acampado en un país de bribones?

—Yo diría que no, Natsu. Son demasiados hombres y demasiado bien armados.

— ¿Será otra vez obra de Toneri y de su tío? —Sakura soltó a su prima, pero se mantuvo cerca de ella.

—Tal vez, pero no me atrevería a decirlo. Después de todo, estamos en una región peligrosa.

Las tres mujeres guardaron silencio y concentraron su atención en el sonido de la fiera batalla que se libraba afuera. Hinata se sorprendió a sí misma temiendo por la vida de Naruto. Ahora le extrañaba el poco miedo que sintió la primera vez que él había luchado por su vida. Por un momento, se preguntó, angustiada, si ese miedo no sería algún tipo de premonición, pero alejó la siniestra idea con rapidez. La poca preocupación durante la primera batalla se debió a su inexperiencia, a su desconocimiento de las consecuencias de cualquier enfrentamiento armado, y tal vez a la poca profundidad de lo que entonces sentía por su nuevo marido. Ahora era otra cosa. Se lo repitió una y otra vez mientras rezaba, con las manos dolorosamente entrecruzadas, para que la batalla llegara cuanto antes a su fin.

Naruto peleó y maldijo con ferocidad. Esta vez no tenía el autocontrol habitual. Sabía que ello se debía a que Hinata estaba cerca, a que podría sufrir si él fracasaba en la lucha contra los misteriosos asaltantes.

Naruto se encontró en grave peligro, justamente cuando la batalla estaba a punto de terminar y los intrusos iniciaban la retirada. Sacó su espada del cuerpo de un hombre muerto y se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con dos robustos adversarios. Parecían frescos, como si no hubieran participado hasta ese momento en la batalla que se había desarrollado a su alrededor. Él, sin embargo, sabía que estaba sudoroso y caliente, y que el cansancio empezaba a minar sus fuerzas.

—Mirar a nuestro alrededor, perros. Nuestra pandilla comienza a escapar con el rabo entre las patas, así que es mejor que se unan a ellos. —Con rapidez, Naruto sacó su daga. Los amenazaba, pues, con el cuchillo en una mano y la espada en la otra.

—Si es así, entonces tendremos que enviarte al infierno un poco más rápido de lo que habíamos planeado —gritó uno de los hombres lanzándose sobre Naruto.

El guerrero rubio pudo contrarrestar fácilmente la primera arremetida, pero fue menos sencillo eludir al segundo hombre al mismo tiempo. Los dos enemigos eran mucho menos diestros que él en la lucha, pero al atacar a la vez pusieron a prueba la pericia de Naruto con la espada. Muy inteligentemente, otro enemigo había distraído a Sasuke, que por lo general estaba siempre cuidándole la espalda. Así las cosas, necesitaría mucha suerte para salir ileso del ataque.

Su mayor preocupación era no dejar que ninguno de los dos hombres se pusiera a su espalda. Tenía que tenerlos a la vista a ambos. Pero eso requería un agotador esfuerzo de concentración. La sádica sonrisa de los asaltantes indicó a Naruto que ambos eran conscientes de la ventaja que tenían.

Durante un rato pudo defenderse sin demasiados problemas. Los hombres se dedicaron a evaluar su famosa fortaleza y su reputada habilidad, y también estudiaron su manera de pelear. Naruto sabía que trataban de tantearlo, y pronto se decidirían por uno u otro tipo de ataque final. Necesitaba asestar un golpe definitivo antes de que ellos tomaran la iniciativa.

Y finalmente llegó su oportunidad. Contuvo la acometida de uno de sus adversarios, se volvió como un rayo y encontró al otro desprotegido. Con extrema rapidez, arremetió contra él y hundió profundamente su espada en la carne del hombre, que cayó de rodillas mientras Naruto recuperaba su arma. Entonces, el otro hombre atacó de nuevo, y aunque Naruto reaccionó con suficiente velocidad como para evitar que el golpe fuera mortal, sintió cómo la hoja de acero de su oponente penetraba en el brazo con el que sostenía la espada. Se tambaleó un poco hacia atrás y se preparó para soportar otro ataque, pero las fuerzas habían empezado a abandonar su brazo herido, escapándose con la sangre que manaba de él. Rechazó cierto sentimiento de resignación que empezaba a invadirlo. Siempre había pensado que aceptar la derrota interiormente era la forma más segura de atraerla, de ser, efectivamente, vencido.

Una sonrisa helada se dibujó en la cara de su adversario. Naruto se dio cuenta de que había notado su debilidad. Apretando los dientes para soportar el dolor, levantó la espada y repelió el golpe del arma enemiga. Se tambaleó en una retirada extraña, tratando de evitar que la oscuridad de la inconsciencia se apoderase de él. Y en un intento de defensa que él sabía que era vano y hasta lastimero, levantó su daga para recibir el siguiente golpe de la espada de su atacante.

Pero en lugar de herirle, la espada fue detenida a mitad de camino por otro acero. Cuando Naruto vio a Sasuke, luchando fieramente y haciendo retroceder al adversario con su espada experta, pudo al fin rendirse a su debilidad. Cayó de rodillas, maldiciendo por lo bajo, mientras veía, entre tinieblas, cómo su amigo acababa con la vida del atacante. Se escucharon los últimos estertores de aquel hombre. Cuando cesaron, Naruto pudo escuchar el ruido de la batalla que llegaba a su fin. Los asaltantes supervivientes escapaban, en un intento desesperado de ponerse a salvo.

Sasuke se arrodilló junto a Naruto y le sonrió amistosamente, pero la expresión de sus ojos revelaba su preocupación.

— ¿Es grave?

—No, pero sangra bastante, y eso hace menguar mis fuerzas. ¿Hemos vencido?

—Eso parece. Sin embargo, todavía no puedo decirte cuánto nos ha costado la victoria.

—Espero que no sea demasiado.

—Hemos pagado un precio bastante alto —dijo Sai, deteniéndose junto a sus dos amigos—. Tenemos dos hombres muertos, uno que seguramente morirá a causa de las heridas que ha sufrido y cuatro heridos de gravedad que van a necesitar bastantes cuidados antes de poder levantar otra vez la espada. —Dirigió la mirada a la herida de Naruto—. ¿Eres el quinto herido grave?

—No. Estoy débil, pero no es grave.

—Tu mujer se alegrará al escuchar eso, aunque puede que cuestione tu juicio — dijo Sai mirando hacia la tienda.

Naruto también puso sus ojos en la cercana tienda, mientras Sasuke lo ayudaba a levantarse. En ese momento vieron salir de su refugio a Hinata, Sakura y Natsu.

—Hinata es una mujer sensata.

Al notar que el ruido de la batalla se apagaba, Hinata decidió salir de la tienda.

Miró a su alrededor. Una vez más, la alerta había llegado a tiempo de evitar que las consecuencias del ataque fueran todavía peores, aunque lo que vio fue suficiente para darse cuenta de que el precio de esta batalla había sido mayor que el de la anterior. Pero no pensó mucho en el asunto, pues su mayor preocupación era encontrar a Naruto. Cuando finalmente lo vio, soltó un grito ahogado. Su esposo estaba cubierto de sangre y necesitaba la ayuda de Sasuke para caminar. Hinata se levantó un poco la falda y corrió hacia él, con Sakura y Natsu pisándole los talones. No detuvo su frenética carrera hasta llegar junto a él y agarrar la túnica desgarrada y ensangrentada de su marido.

— ¡Estás herido! —dijo con voz desgarrada.

—No es más que un rasguño.

— ¡¿Un rasguño?! ¡Estás chorreando sangre!

—No toda la sangre es mía. —Preocupado por la palidez del rostro de Hinata, Naruto trató de tranquilizarla—. Ganamos la batalla, y ya se acabó. No hay nada más que temer.

— ¿Nada más que temer? ¿Estás de pie frente a mí, sangrando como si fueras un cerdo recién sacrificado, y me dices que no debo tener miedo? —Hinata luchó por recuperar el control de sí misma, por consolarse con la fortaleza que notaba en la voz de su marido, olvidando su lamentable aspecto—. Sasuke, Sai, llévenlo a la tienda. Agua... Necesito agua. Y vendas —murmuró distraídamente, y corrió de vuelta a la tienda para prepararlo todo.

Sakura sujetó a Natsu por el brazo para evitar que siguiera a Hinata, y luego miró a los tres hombres.

—Mi señor, si es verdad que tu herida no es de vida o muerte —le dijo a Naruto—, tal vez Natsu y yo podamos ayudar a los otros hombres que necesitan atención.

—Por supuesto que pueden —contestó Naruto—. Sai, Sasuke puede ayudarme a llegar a la tienda. Tú lleva a las mujeres con los heridos.

Una vez que la orden fue obedecida, Sasuke ayudó a Naruto a llegar a la tienda.

— ¿Qué preocupa a Hinata? —Preguntó Naruto a su amigo—. No se comportó así después de la otra batalla, a pesar de que corrió un gran peligro ella misma.

—En esa batalla no hirieron a su marido.

—Tal vez lo que ocurre es que ya son demasiadas batallas para ella. Puede que tema verse sumida en luchas sangrientas constantemente.

Sasuke suspiró con exasperación mal disimulada.

—Claro. Vale cualquier explicación, menos la angustia que le produce verte lleno de sangre.

—No estoy herido de gravedad —murmuró Naruto, pero Sasuke guardó silencio, enfadado, hasta que llegaron a la tienda.

Hinata pensaba que ya había recuperado la serenidad... hasta que Sasuke entró con Naruto en la tienda. Ver a su marido ensangrentado de aquella manera revivió otra vez el terror que la había atenazado momentos antes. A duras penas pudo hacer acopio de fuerzas para tender una sábana sobre la cama, antes de que Naruto se acostara en ella. Temblando de miedo, aunque tratando de contenerse, ayudó a Sasuke a desvestir a Naruto. Sai entró cuando Hinata empezaba a limpiar la sangre. Sabía que iban a discutir sobre la batalla, y contuvo el impulso inicial de pedir a Sasuke y Sai que se fueran. Se concentró en la atención a Naruto, luchando contra las ganas de llorar que le producía la visión de la profunda herida que surcaba el brazo de su marido. Muy atareada y angustiada, escuchaba a medias lo que decían los hombres.

— ¿Las mujeres van a hacerse cargo de los heridos? —preguntó Naruto a Sai, tratando de hacer caso omiso del dolor.

—Sí. Creo que incluso podrán salvarle la vida al hombre que yo daba por muerto, el que dio la voz de alarma.

—El hombre que, por tanto, nos salvó a todos. Rezo porque no le cueste la vida. ¿Tenemos algún prisionero?

—No. No frunzas el ceño de esa manera. Uno de los muertos me dijo, sin quererlo, lo que necesitamos saber.

— ¿Cómo es eso?

—Luché con él en la batalla anterior.

— ¿Estás seguro?

—Uno no olvida una cara tan fea como la suya.

—Entonces —murmuró Sasuke—, Toneri y su tío no prestaron atención a tu advertencia.

—Eso parece. Malditos bribones. Ese primer ataque no fue un arrebato, un irreflexivo arranque de ira.

—No. —Sasuke suspiró, consciente de lo mucho que afectaría a Naruto una guerra con su familia—. Toneri, o más probablemente su tío, pretenden llevar esta lucha hasta sus últimas consecuencias.

Estas eran noticias que sólo podían empeorar el malestar de Hinata. Sabía que estaba perdiendo la batalla contra las emociones que se agolpaban en su interior y la afligían. Echó un último vistazo a la herida para asegurarse de que la había curado bien, y empezó a vendar el brazo a Naruto mientras escuchaba los planes que trazaban los tres hombres para neutralizar a Toneri y a su tío. La sombría conversación exacerbó sus sentimientos, de modo que se sintió aliviada cuando Sasuke y Sai salieron de la tienda.

Hinata se levantó de la cama y fue a lavarse; se quedó mirando fijamente sus manos cuando las puso sobre la palangana llena de agua. Ver la sangre de Naruto manchándole las manos hizo que perdiera la poca serenidad que le quedaba.

Sumergió las manos en el agua y empezó a frotárselas con furia, llorando desconsoladamente. No podía contener las lágrimas en ese momento, pero se esmeró para que, por lo menos, fueran silenciosas. No quería que Naruto pensara que era una mujer débil e inútil, que ni siquiera era capaz de atender las heridas de su marido, como era su obligación.

—Hinata —murmuró Naruto después de observar durante un momento cómo su mujer se frotaba con ahínco las manos—, ya deben de estar limpias.

Un asentimiento brusco con la cabeza fue la única respuesta de Hinata. Naruto frunció el ceño al verla secarse las manos y después caminar nerviosamente hacia un rincón, para deshacerse del material que había usado para curarle la herida. Sus movimientos no eran gráciles como de costumbre, y por eso Naruto tuvo la certeza de que Hinata estaba llorando, a pesar de que no escuchaba nada más que una respiración algo alterada.

El comportamiento de su esposa lo confundía. Al parecer, estaba profundamente afectada porque lo habían herido.

—Hinata.

Ella se volvió para mirar a su marido y ahogó un grito. Naruto estaba intentando ponerse de pie, así que olvidó que quería disimular su llanto y corrió hacia él.

— ¿Qué estás haciendo? —Ella intentó acostarlo de nuevo, pero sólo logró evitar que se pusiera de pie.

Naruto levantó las manos y las puso alrededor de la cara de su mujer, haciendo caso omiso de la aguda punzada de dolor que sintió en la herida.

—Has estado llorando. —Sintió que le mojaban las manos las calientes lágrimas que brotaban de los ojos de Hinata—. O mejor dicho, todavía estás llorando.

—No estoy llorando. Acuéstate, ¿o se te olvida que estás herido?

Con lentitud, Naruto dejó que Hinata lo acostara boca arriba, mientras la miraba fijamente a la cara empapada de lágrimas.

—Parece que estás más preocupada que yo por este rasguño.

— ¿Rasguño? ¿Rasguño lo llamas? Los rasguños no necesitan que los cosan. Los rasguños no empapan de sangre una túnica. —Hinata podía escuchar el tono frenético de su voz, pero le daba igual, no podía quedarse callada—. Los rasguños no menguan la fuerza de un hombre hasta el punto de que necesite ayuda para llegar a su cama.

—Me debilitó tan sólo por un momento —contuvo las ganas de sonreír.

—Y en ese momento te podrían haber cortado la cabeza. —El mero pensamiento de que podía haber sucedido tal cosa la hizo estremecerse.

—Hinata, apaga las velas, por favor, salvo la que está detrás de la cama.

— ¿Qué?

—Apaga las velas. —La miró mientras ella lo obedecía distraídamente—. Ahora quítate la ropa y ven a la cama.

Hinata suspiró con exasperación, pero hizo lo que su marido le pedía; dejó su ropa cuidadosamente doblada sobre un baúl y se metió en la cama con todo el cuidado que pudo. Cuando Naruto le pasó su brazo sano alrededor del cuerpo, ella prácticamente se arrojó sobre él y se pegó a su cuerpo, tratando de buscar consuelo en su calor, en su fortaleza, en el reconfortante palpito de su corazón. Se prometió que aprendería a controlar sus emociones en el futuro. Esta vez la habían tomado por sorpresa; la impresión la había dejado sin defensa alguna. Se apretó todavía más contra su marido, mientras él le acariciaba la espalda con su enorme y callosa mano, en un gesto tranquilizador.

—Ya has visto mis cicatrices y sabes que cabe la posibilidad de que me hieran alguna que otra vez —murmuró Naruto.

—Sí, lo sé. —Hinata se dio cuenta de que nunca había pensado en la sangre, el dolor y el peligro que había detrás de esas cicatrices.

—A pesar de que sangra mucho y me debilita ligeramente, no es una herida grave.

—También sé eso. —Y era cierto. Sabía que era necesario coser la herida, más que nada, para ayudar a la cicatrización.

—Pues si lo sabes, tranquilízate —le dijo su marido, besándole la frente—. Aleja tus temores.

—No. Mis lágrimas y esta tonta debilidad sí las apartaré. Mis temores, no. Toneri y ese gusano apestoso que tiene por tío te quieren ver muerto. Como dijo Sasuke, esto es una guerra. Así que van a intentarlo de nuevo.

—Estoy preparado para ello. —Frunció el ceño, reviviendo la batalla en su cabeza—. No era un simple ataque, un desafío. Se trataba de un plan de asesinato.

—Tu asesinato.

—Sí. Muy astutamente, sacaron a Sasuke del lugar que habitualmente ocupa a mis espaldas y me dejaron aislado, con dos adversarios frente a mí. Eso no volverá a pasar. Estaremos preparados para evitar tales ardides la próxima vez. He sobrevivido a batallas contra enemigos más peligrosos.

—Lo sé. Perdona mi debilidad. No te volveré a fallar de esta manera otra vez.

—A medida que recuperaba la calma y el dominio de sí misma, la vergüenza empezó a abrirse paso en su interior.

—No me fallaste. A pesar de las lágrimas y todo tu dolor, atendiste mi herida tan bien como lo habría hecho cualquiera. —Le soltó el pelo y le acarició dulcemente la cabeza—. En el futuro, trataré de ponerte a salvo de cualquier violencia.

—No fue por la violencia —dijo, y después suspiró, sabiendo que tendría que explicarle sus sentimientos si no quería que la tratara como a una mujer demasiado débil y delicada para soportar el lado duro de la vida—. No fue por la batalla.

—Lo cierto es que te mantuviste firme durante el primer ataque.

Naruto sintió un hormigueo de emoción. Si no había sido la batalla en sí misma, entonces la verdadera preocupación de Hinata era que lo habían herido. Que su suerte la preocupara tanto indicaba que albergaba profundos sentimientos hacia él.

—Sí, así fue. En el primer ataque no fue igual. Y eso es lo más raro. Aquella vez no sentí ninguna preocupación o miedo de que te pudiera pasar algo. Pero ahora no he sido capaz de tener la misma confianza. Desde el primer momento temí por tu vida. Busqué razones para ese cambio de estado de ánimo. No tengo ninguna habilidad para... pues para predecir lo que va a suceder. No me asaltan premoniciones. No soy adivina, pero tenía un miedo inexplicable, de alguna manera sabía que iba a sucederte algo.

—Esos sentimientos no son tan poco comunes como te imaginas. Cuando un hombre se enfrenta a una batalla, con frecuencia intuye su destino o el de los hombres que están cerca de él.

—Por favor, Dios, que yo no sufra esa condena. Ya es suficientemente malo que tengas que pelear.

—Un hombre debe...

—Ya sé, ya sé. Así funciona el mundo. Me acostumbraré a vivir así. Sé que debo hacerlo. La verdad es que lo aprendí hace mucho tiempo, pues mi padre y mis hermanos han tenido que ir a muchas batallas. Pero no quiero predecir cómo te irá cada vez que tengas que pelear. No quiero tener ese terrible don, que no sería más que una maldición.

—Tal vez presentiste que el ataque provenía de Toneri, de su deseo de asesinarme —murmuró él.

—No creo que, en el fondo, Toneri quiera asesinarte. Su tío...

—Ellos son uña y carne, la misma persona.

—Sí, tal vez presentí eso. Dudaba que tu advertencia pudiera ser suficiente para frenarlos. Cuando se produjo el ataque, se confirmaron los temores que yo creía haber desechado. —Hinata besó suavemente el pecho de Naruto—. No quiero convertirme en una viuda —susurró finalmente.

—Y yo no quiero que lo seas.

Hinata se rio débilmente. Era el momento perfecto para hablar sobre lo que albergaba su corazón, pero se contuvo. Aún hacía, en realidad, muy poco que se conocían, todavía llevaban escaso tiempo juntos, y los sentimientos tenían que ser necesariamente inciertos, tiernos, nacientes.

Creyó verlos con claridad cuando lo encontró débil y ensangrentado. Fue un sentimiento hermoso, y por un tiempo quería guardar para sí esa certeza de que lo amaba, quería saborear en privado la sensación de estar profunda y completamente enamorada de Naruto. También quería ponerla a salvo de una respuesta insatisfactoria o del simple silencio de su marido. Emitió un gruñido de placer

Cuando Naruto bajó la mano para acariciarle las nalgas.

—Estás herido...

—Sí, pero no impedido. —Naruto sintió las ansias de hacer el amor que siempre lo invadían después de librar una batalla. Unas ansias que ahora se multiplicaban exponencialmente, porque la mujer que estaba entre sus brazos era Hinata.

—Debes descansar —dijo ella, preguntándose cómo era posible que pudiera sentirse tan excitada, tan fieramente apasionada, cuando hacía tan sólo un momento que se había sentido tan abatida. Y empezó a retorcerse bajo las caricias de su marido.

—La batalla me ha calentado la sangre, y tú, dulce y pequeña esposa, la has hecho arder definitivamente.

— ¿Estás seguro de que te queda suficiente sangre en el cuerpo como para que se te caliente?

Con facilidad, Naruto subió a Hinata sobre su cuerpo, le puso las manos en las caderas y presionó los genitales de ella contra los suyos.

—Más que suficiente. Pero ¿estás demasiado cansada para poner a prueba lo que digo?

La forma suave y erótica en que Naruto frotaba su cuerpo contra ella la hizo jadear ligeramente.

—Creo que puedo intentarlo.

Naruto fue subiendo las manos por el esbelto cuerpo de Hinata, hasta que le rodeó el rostro con ellas y la atrajo hacia su propia cara. Empezó a darle besos suaves sobre los labios y ella enterró las manos en el pelo del hombre y pegó su boca contra la de él en silenciosa exigencia de un beso completo. Manteniéndola cerca, Naruto respondió con un gruñido de placer. Ambos se besaban ahora casi con ferocidad. El poco control que el caballero hubiera podido tener sobre su ardiente necesidad se evaporó cuando Hinata continuó frotando su cuerpo contra el de él. Naruto bajó la mano por el torso de la joven y se abrió paso entre sus inquietas piernas; no necesitó oír el ronroneo de la hembra para saber que ya estaba preparada.

—Monta a tu hombre, pequeña. —Y agarrándola de las caderas la puso en la postura adecuada para lo que él quería.

Hinata se sonrojó, aunque no pudo discernir si el color ardiente de sus mejillas se debía a la vergüenza por lo soez de las palabras de él, o al deseo que le producía su voz ronca. Entonces lo miró a través de la cortina que formaba su pelo revuelto.

—No sé muy bien qué quieres que haga.

—Quiero que dirijas el baile. Deja que entre en ti, cariño.

Lentamente, Hinata hizo lo que Naruto le pedía, y se sentó sobre él, uniendo sus cuerpos. La pasión, que había menguado por un instante, se reavivó de pronto y ardió con rapidez cuando Hinata sintió que él la llenaba. Con cuidado, se movió sobre el miembro del marido. El profundo gemido de Naruto le indicó que para él la posición era tan excitante como para ella. No podría explicarlo con palabras, pero estaba segura de que en ese momento se hallaban más unidos de lo que nunca habían estado.

Se movió con prudencia y delicadeza. Fue sólo un movimiento suave, pero la dejó jadeante; la sensación fue tan exquisita que le quitó el aliento. No necesitaba que las manos de Naruto se apretaran sobre sus caderas para sentir que le urgía hacerlo de nuevo. Su cuerpo se lo exigía.

A pesar de que el placer amenazaba con cerrarle los ojos, Naruto se obligó a mantenerlos abiertos. Verla sentada a horcajadas sobre él, con el placer tan claramente dibujado en su bello rostro, le complació tanto que se sintió a punto de perder el sentido. Levantó las manos y le acarició los senos, lo que hizo que ella acelerara el ritmo. Y a pesar de que quería que durara lo más posible, Naruto sabía que ninguno de los dos tenía la fuerza o la voluntad suficientes para controlar el ansia de alcanzar la cima del placer.

Cuando sintió que Hinata estaba próxima al climax, la atrajo hacía sí y la abrazó mientras le cubría la boca con un beso. La forma en que ella acompasaba el movimiento de su cuerpo con las embestidas de su lengua lo hizo perder completamente el control. Se aferró a las caderas de la mujer y la mantuvo firmemente pegada a sí, hasta que el gemido de la culminación le llenó la boca.

Entonces la levantó ligeramente para penetrarla con mayor profundidad, mientras se le unía en un orgasmo asombroso, enloquecedor.

Habían perdido la noción del espacio y del tiempo. Con cuidado, el caballero se salió de ella, rompiendo la intimidad del abrazo, y acomodó el cuerpo de la mujer, ahora relajado y somnoliento, a su lado. La cálida satisfacción sensual era evidente en cada una de las respiraciones de Hinata, se notaba hasta en la manera en que lo abrazaba. Como siempre, lo había complacido y sorprendido por igual. No podía dejar de preguntarse cómo una belleza delicada como ella podía encontrar un placer tan grande con un hombre como él. Si bien le avergonzaba admitirlo, sabía que ésa era la razón, aunque pequeña, por la cual había luchado por mantener los ojos abiertos y mirarla mientras hacían el amor. Una parte de él temía comprobar que todo aquel gozo era fingido, que el placer que ella encontraba en sus brazos no era más que una farsa.

— ¿Cómo va la herida? —le preguntó Hinata, y después bostezó perezosamente.

—Casi ni la siento —mintió él, porque la verdad era que le dolía, pero consideró que el dolor era un pequeño precio que tenía que pagar por lo que acababa de disfrutar.

Hinata se rio suavemente y sacudió la cabeza. Sabía que no le estaba diciendo la verdad, pero decidió no reprochárselo. Si le dolía, pensó, no debía de ser un dolor muy agudo. No percibía debilidad en su abrazo ni escuchaba vestigios de dolor en su voz. Y ceder al deseo, evidentemente, no le había causado mayor daño.

Entonces los pensamientos de Hinata volvieron a lo que acababa de disfrutar con su marido. Había tomado firmemente las riendas del coito y había actuado lasciva y salvajemente. El recuerdo de ello la hizo sonrojarse. También la hizo fruncir el ceño.

—Naruto... lo que acabamos de hacer... ¿La Iglesia lo condena?

Naruto no pudo evitarlo: se rio.

—Lo dudo, cariño. De todas maneras, no creo que requiera una penitencia demasiado penosa.

—No. Probablemente tengas razón. Pero incluso si te equivocas, dudo que pueda confesar el pecado. No podría explicarlo con palabras —murmuró y después sonrió al ver que Naruto se reía.

—Sin duda, escuchar tal confesión podría perturbar al pobre sacerdote. — Levantó la mano y apagó la vela que tenía detrás de la cabeza—. Es hora de descansar, esposa. Mañana será un largo día, incluso si trae consigo el final de este viaje.

— ¿Estás seguro de que quieres continuar? Tal vez debas tomarte un día de descanso.

—Podré descansar cuanto quiera cuando lleguemos a Uzushiogakure.

Hinata abrió la boca para empezar a discutir, pero la cerró de nuevo al percibir una decisión de acero detrás de sus palabras.

— ¿Por lo menos te tomarás lo que queda de viaje con calma? ¿Te mantendrás quieto en el carruaje?

— ¿Qué? ¿Viajar en el carruaje como si fuera una dama delicada y fina? Pues, quizá lo haga si veo que es necesario tomar esa decisión, o también podemos detenernos otra vez antes de llegar a Uzushiogakure. No me mires así. Conozco bien este maltrecho cuerpo de guerrero y sé hasta dónde puedo llegar. No soy tan tonto como para forzarlo más allá de sus posibilidades. Incluso ahora, cuando ya tengo en mis manos las tierras y el título por los cuales luché, sigo necesitando la espada, y para usarla he de conservar las fuerzas. No tienes nada de qué preocuparte, no voy a arriesgarme a quedar indefenso para siempre. Así que —le dio un beso ligero sobre la frente— duerme tranquila.

Hinata soltó un enorme y placentero bostezo.

—Ésa es una orden que puedo obedecer con toda facilidad. —Y frotó la mejilla contra el pecho de su marido—. ¿Así que llegaremos a Uzushiogakure al final del día de mañana?

—Sí, así es. —Naruto rezó en silencio por que encontraran Uzushiogakure en mejores condiciones que la casa de Konoha.

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Bien es todo por hoy, no se preocupen esta semana estaré actualizando la historia ;)

Gracias a Akime Maxwell, por tu review 3, me inspiraste a continuar el siguiente capítulo, lo sé, sus personalidades son a la vez tan parecidas y tan contrarias. Y si Naruto es todo un amor jejejeje. Saludos