¡Quiubo!

Ya estamos cerca de la recta final adlkjlsñ.

Disfruten la lectura.

Free! y sus personajes NO me pertenecen.


Sweet love of mine.


Día 7: Conectados. [Eternal].

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Hay un océano en sus sueños. Está ahí desde que era un niño. No es extraño en absoluto, piensa cada mañana al despertar y toparse de frente con el dibujo de un tiburón escarlata en el techo de su habitación, he vivido en Australia desde los siete años. Entonces suelta un largo suspiro cubriéndose el rostro con el antebrazo, algo parecido a un gruñido escapa de sus labios e intenta volver al sueño. Hay algo extraño en ese mar, le inquieta al despertar porque nunca es capaz de recordarlo con exactitud y cree que está perdiendo algo de suma importancia.

Qué estupidez, se regaña a sí mismo arrojando las cobijas hacia un lado y gira sobre la cama hasta levantarse. Es tiempo de comenzar el día. Vivir el presente. Adiós al onírico mar luminoso y los pétalos de cerezo que le cubren. Tiene un sueño real que cumplir. Será un nadador olímpico como su padre.

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Existe un océano al otro lado de la realidad siempre que cierra los ojos. Ha estado ahí desde que tiene memoria. No me sorprende realmente, se dice cuando vuelve al mundo que el resto concibe real y su mirada se fija sobre el cartel de un delfín en la pared frente a su cama, el agua tiene vida en todo lo que hago. Entonces se levanta con pesadez del colchón esforzándose en ignorar las dudas que invaden su mente cada mañana. ¿De dónde proviene ese océano? ¿Por qué es tan distinto a la vista que él conoce? El atardecer siempre atraviesa el agua en inmensas llamaradas haciéndola parecer un cristal que oculta el tesoro más brillante de la tierra. Un tesoro que ve cada noche pero que olvida cada que abre los ojos.

Tonterías, se dice una vez que ha llegado al cuarto de baño y deja que el agua fría llene la tina como todos los días. No hay ningún encanto en el océano que sueña. No puede sumergirse en él. No lo conoce. No existe.

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Esta vez lo recuerda. El mar se agita produciendo un delicado sonido que lo invita a hundirse en su profundidad como cada noche que llega a la orilla. Él nunca ha puesto objeción alguna. El agua ha sido parte de su vida desde siempre y, bien sabe, seguirá siéndolo hasta su último día. Así que ahí va, se hunde por completo y sus brazos crean una brecha por la que se desliza hasta el fondo. Sólo él y la inmensidad del mar. Sólo él y una cortina de flores de cerezo japonés. Sólo él y un delfín que nada metros adelante.

El delfín se detiene, da la vuelta y lo mira de frente. Uno, dos, tres. Tres segundos y gira de nuevo, agita la cola y emprende el nado.

Rin se arrastra a su ritmo. Es guiado por un delgado hilo rojo que aprisiona su dedo.

El sueño nunca ha sido más ridículo. Es tu culpa, Gou, acusa a su hermana menor y el afán que tiene por contar románticas historias cada primavera. La última ha sido una leyenda japonesa acerca de un hilo rojo que une el destino de una persona al de otra. Quizá el agua es su destino.

Eso es porque eres un romántico, se burla su mejor amigo, Sousuke, cuando le ha hablado sobre el sueño y su interpretación del mismo.

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Ha sido aterradoramente real. En su sueño (porque necesita recordarse que es sólo un sueño), está de pie frente al extraordinario atardecer escarlata que se funde al eterno azul del océano. Un ave emprende el vuelo marcando su sombra en todo el paisaje hasta hundirse en el mar. Entonces él está dentro y deja que cada partícula de su cuerpo acepte el agua, se vuelva uno con ella, sea agua viva en toda palabra. Necesita recordarse que es un sueño. Pero, ¡qué fantasía! ¡Cuánta libertad! Pero entonces aparece. Lo ha visto, sabe que lo ha visto y su corazón se agita.

No debe temer, pero lo hace. El tiburón nada directo hacia él sin que pueda escapar. ¿O no quiere? Es un sueño, se repite con insistencia, no puede lastimarte.

Entonces la bella criatura se detiene a centímetros de su rostro. Uno, dos, tres. Tres segundos y se da la vuelta, Haru estira el brazo para alcanzar a tomar el aleta dorsal del tiburón pero éste emprende el nado antes de que pueda hacerlo. Cree que lo perderá. Sin embargo, su cuerpo se desliza por el agua al ritmo de la figura imponente frente a él.

Es arrastrado por un hilo tan rojo como el atardecer de ese sueño.

— Hilo rojo del destino—comenta Makoto mientras cenan fuera.

— ¿Ah?—Nagisa hace a un lado su hamburguesa y mira a su amigo con una mueca de escepticismo. — El hilo rojo es entre personas, Mako-chan. ¿Cómo puede ser un tiburón el destino de Haru-chan?

— Quizá se refiere al agua—Haru encoge los hombros.

— ¡Woah, Haruka-senpai! Incluso en sus sueños el agua es su destino. Qué hermoso—halaga el de anteojos del grupo, Rei.

— Quizá tiene que ver con el hecho de que estudiarás en Australia este año, Haru-chan—vuelve a hablar el menor del grupo y sus labios son cubiertos por la servilleta que Rei pasa por ellos, alegando que no debe hablar con la boca llena.

Makoto fija la mirada en su mejor amigo sabiendo que aquello es más que Australia y más que sólo un sueño.

— Un tiburón, ¿eh?

Haru voltea la mirada a otro lado. No debió contar nada sobre eso.

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— ¡Matsuoka!—el aludido suelta un gruñido de frustración y sale de la alberca dirección a donde su entrenador grita su apellido. — ¿Qué demonios te sucede hoy? Tu tiempo no es ni de cerca lo que fue la última práctica—regaña y el joven nadador no tiene de otra que mirarlo aceptando a regañadientes que tiene razón.

Ni por error dirá: Siento que no puedo seguir sin ese estúpido delfín frente a mí. Sonaría como un verdadero loco.

— Ahora ve y actúa como un nadador de tu nivel—tiene que morderse la lengua para no responder al comentario de su entrenador y se dirige hacia las plataformas de salida.

En su camino estampa su hombro contra el de un joven.

— Fíjate por dónde vas—espeta con dureza en el idioma inglés pero el contrario no responde, simplemente se inclina hacia el suelo para levantar los goggles que han caído de sus manos y se levanta sin dirigirle la mirada.

Rin no lo ha visto nunca ahí y supone que debe ser el muchacho japonés que se integraría al equipo a partir de esa semana. Le da igual, en realidad. Aunque en el fondo se siente intimidado. ¡Él ha trabajado tan duro para llegar a dónde está! No dejará que un novato arrebate lo que ha obtenido.

Los dos suben a una plataforma, carriles contiguos. Rin no aparta su vista de él y Haru se esfuerza en ignorar su insistente mirada. Uno estira la liga superior de sus goggles y la suelta, el otro se inclina hacia el frente preparado. Por un momento todo el movimiento en la piscina se detiene y sólo existen ellos dos, ellos y el agua clara frente suyo. Casi parece un mar.

¡Go!

Saltan. El agua los ataca pero ellos abren una brecha con sus brazos y se deslizan por ella hasta el profundo sueño que cobra realidad en el fondo del agua. Se reconocen dentro de ella tras una delgada cortina de flores de cerezo y bajo la sombra de un ave libre que emprende el vuelo en algún lugar de Sidney o en algún lugar de Iwatobi.

Sus manos topan con la meta. El tiburón agita sus cabellos borgoña y mira hacia un lado; una tenue sonrisa de reto se muestra en sus filosos dientes. El delfín se retira los goggles y lo mira de frente, agitado.

Azul como el océano colisiona contra el escarlata como el atardecer. Uno, dos, tres.

— ¡Han llegado al mismo tiempo!—grita alguien.

Rin alza la mano. Haru tarda tiempo, quizá se convence de que no es sólo un sueño, y choca su mano con esta criatura.

No pueden explicarlo.

Pero es como si un hilo aprisionara sus manos una a la otra. Un hilo rojo.


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Estoy tonta y completamente enamorada del RinHaru.

Esto fue un "Universo alterno", supongamos que el padre de Rin no murió, cumplió su sueño y nuestro tiburón creció en Australia.

Life&Love,

Nina.