Antes de comenzar este capítulo, toma en cuenta que "nada es lo que parece." Continúa a pesar de que la primera parte sea algo...extraña :)

CAPÍTULO VII

Mi hermano Souta y yo, nos encontrábamos disfrutando de una maravillosa mañana. El sol brillaba y no había ni una sola nube en el cielo. Estábamos de picnic bajo el árbol sagrado y disfrutábamos de un buen tiempo juntos. Me sentía desbordante de tranquilidad y felicidad. Ciertamente no estaba preparada para lo que vi a continuación. InuYasha venía caminando hacia nosotros de la mano de Kikyo, y se veían muy felices. Inmediatamente sentí decepción y tristeza, incluso me sentí insegura de mi misma.

-Hola Kagome – me saludó con cariño InuYasha.

-Hola InuYasha… Hola Kikyo – pronuncié su nombre intentando ocultar el más puro rencor de mi corazón hacia ella. Sentía no sólo rechazo, sino también celos. Bajé la mirada desanimada.

-¿Cómo has estado Kagome? – me preguntó afectuoso InuYasha olvidándose por un momento de Kikyo - ¿Por qué no vienes con nosotros y me cuentas?-

Miré a Souta que yacía feliz extendido debajo del sol.

-No te preocupes por mí, hermana. Estaré bien. – me prometió. – Anda ve, y diviértete –

No lo pensé dos veces y me fui a caminar con InuYasha mientras Kikyo nos seguía pasando a tercer plano. Cuánto lo había extrañado, deseaba saber cómo había estado y que había hecho durante mi ausencia. Aunque aparentemente se había mantenido ocupado con Kikyo, pensé dándome la vuelta para echarle un vistazo a ella sobre el hombro. Kikyo, aunque venía detrás, mantenía una expresión calma y lucía especialmente hermosa bajo la luz del sol. Regresé la mirada al frente sintiéndome algo derrotada. Sin embargo, InuYasha me observaba con alegría y no despegaba sus ojos de los míos.

-Ha pasado tanto tiempo Kagome…todos estos años…Necesito saber cómo has estado – y dijo esto último con un tono de preocupación y tristeza. Casi podía decir que se sentía culpable de haberme dejado sola.

-Pues…- no sabía que decirle. ¿Cómo explicarle todas las noches que había pasado llorando su ausencia, y todos los días en los que había deseado no más que tener su compañía a mi lado? – Han sido algo difíciles, pero he logrado superarlos – añadí con una sonrisa algo melancólica, permitiéndole leer en mis ojos todo lo que las palabras no habían dicho.

-Kagome…- me llamó con la voz rota – Cuanto lo siento… ¿Me podrás perdonar? – me pidió casi con un tono de desesperación. Bajé la mirada y sentí como se me inundaban los ojos de lágrimas. Él tomó mis manos entre las suyas y las apretó con fuerza.

Enseguida escuchamos un carraspeo provenir de Kikyo. Él soltó mis manos dirigiendo la mirada al suelo, y como si fuese posible, sentí mi corazón quebrarse por segunda vez.

Kikyo se aproximó y mencionó con curiosidad - Que hermoso anillo ese que llevas en tu mano Kagome –

Observé con sorpresa el delgado anillo de plata que me había dado InuYasha hacia años y que nunca había dejado de usar.

Me parecía que era hora de terminar con esto, así que me lo saqué con la otra mano dejando descubierta aquella porción de piel que ahora permanecía más blanca que el resto de mi mano, como si conservase aquél anillo tatuado en mi piel. Miré el pequeño aro entre mis dedos con profunda desolación y se lo entregué a Kikyo.

-Me parece de que es hora de que lo tengas, me lo dió InuYasha como símbolo de su amor hace mucho tiempo… – le dije con franqueza sin importarme lo que pensara y sin levantar la mirada hacia InuYasha. No deseaba ver su expresión ante lo que estaba haciendo, y de todas formas no creía poder romperle el corazón de alguna forma si él había escogido a Kikyo. Pero… sí me sentía avergonzada por alguna razón.

Fijé la mirada en mi otra mano, y noté en esta un hermoso aro de plata con un espléndido brillante azul oscuro. Entonces recordé que éste me lo había dado Akihiko, a quien vi aproximarse hacia donde nos encontrábamos. Su oscuro cabello relucía al sol en contraste al brillante cabello plateado de InuYasha. Y su mirada, que solía estar llena de amor para mí, ahora reflejaba una clara molestia ante la presencia del rival de mi pasado.

-Kagome…Kagome – alguien me llamaba. ¿Quién era? ¿Kikyo, InuYasha, Akihiko? – Kagome despierta…- continuó la voz, y solo entonces comprendí que las lágrimas no paraban de caer sobre mi rostro y que todo esto había sido tan solo un extraño sueño.

Desperté en medio de la oscuridad de mi cuarto sin poder ver mucho a mí alrededor. Me limpié las lágrimas de los ojos y enfoqué la vista buscando a quien me había despertado sin poder encontrar a nadie.

Tenía bastante frío y noté que la ventana estaba abierta, aunque no recordaba haberla abierto en ningún momento. Me paré y la cerré, pensando que quizás había sido el frío lo que me había provocado tener una pesadilla tan vívida. No pude hacer más que recordarla e intentar buscar el significado de todo lo que había visto, de InuYasha y Kikyo, los anillos, Akihiko… todo sin poder entender nada. Fui al baño y me mojé el rostro con la esperanza de disipar los sentimientos tan horribles que me había causado la pesadilla. El deseo imposible de estar junto a InuYasha y hasta la horrible sensación de haber renunciado a él. Nada, no entendía nada. Solo me sentía confundida.

Regresé a la cama y me arropé con las cobijas. Debía de dormir porqué mañana tenía levantarme temprano para el colegio. Arrugué la frente, al menos en la época feudal no tenía que levantarme temprano ni estudiar. Pero se suponía que yo no vivía ahí, que mi época era ésta en la que ahora me encontraba. Suspiré e intenté liberar mi mente de cualquier pensamiento, sumiéndome así en un sueño menos tormentoso.

A la mañana siguiente, busqué las llaves de la cocina del colegio bien temprano y me excusé con los demás profesores por mis ausencias para ese día. Lo cierto, es que todos parecían bastante comprensivos cuando se trataba del festival. Ninguno me dio mayor problema, lo cual me relajó. Un día de clases libre. Bueno, no completamente libre. Tendría que cocinar, cosa que no me molestaba para nada. Lo único que me preocupaba un poco, era estar con Akihiko por el resto del día. Recordé nuestra pequeña tarde juntos y no pude evitar sonreír a pesar del temor que estas sensaciones me ocasionaban. Me sentía como una niña ante él, indefensa y vulnerable. Me molestó reconocer que precisamente así, era como me sentía ante InuYasha.

Sacudí la cabeza molesta e hice malabares para abrir la puerta de la cocina con las llaves, algunas bolsas con ingredientes y mi café en la otra mano. Una vez adentro, encendí las luces y me dispuse a sacar los materiales que utilizaríamos hoy. Al menos hoy me sentiría más útil.

Las chicas y Akihiko debían estar por llegar en cualquier minuto y no podía evitar sentirme ligeramente nerviosa ante la idea de estar junto a él nuevamente. Unos golpes resonaron ligeramente en la puerta y observé como Ayumi se deslizaba dentro de la cocina, sola.

-Buenos días Ayumi – le sonreí y pregunté lo obvio- ¿Vienes sola?

-Pues a menos que haya alguien invisible siguiéndome, me parece que sí. – respondió riendo.

-Muy graciosa- le dije con sarcasmo y a la vez divertida.

-La verdad es que hoy solo podré ayudarte por un par de horas nada más.-me anunció- Las chicas y yo hemos decidido tomar turnos para trabajar en la cocina hoy contigo porqué también nos hemos comprometido con otras tareas en el festival. Yo estoy ayudando en el teatro junto con Eri, y Yuka está organizando el concurso de canto. Pero no te preocupes, siempre habrá una de nosotros aquí así que no estarás sola – dijo guiñándome un ojo.

-No soy una niña Ayumi – le reproché – Se cuidarme sola. Además no creo que Akihiko intente nada. –

-Pues sí, se ve que es todo un caballero. Aunque ayer no me dio la impresión de que él no quisiese intentar algo…- me sugirió con picardía.

-¡Mira que cosas dices! Si no pasó nada…- le respondí acalorada.

-Pues eso no lo sé yo… Aun no me has dicho que tal les fue mientras nosotras no estábamos –

-¿Por qué algo me dice que no fue precisamente la lluvia lo que las retrasó? – la acusé.

- Oh no Kagome, créeme que si fue la lluvia.- me aseguró – Además Eri no suele romper sus promesas, ¿recuerdas? –

-Eso creía yo…- le dije aún algo desconfiada.

-No seas tonta – me espetó agitando su mano en el aire como quien quita algo del camino. - ¿Por qué le das tanta atención a lo que esté relacionado con él? Apenas lo acabas de conocer – me devolvió la pelota.

Tragué con fuerza y me la pensé dos veces antes de responder. No iba a admitir que Akihiko me traía de cabeza por su extrema similitud con InuYasha.

-Haz de estar loca yo no le doy nada de importancia – le aclaré intentando parecer indiferente.

En ese momento, otros golpes sonaron en la puerta y Akihiko entró, haciendo que se me cayeran unas espátulas y cucharas al suelo. Vaya manera de probarle mi punto a Ayumi.

-Akihiko – le sonrió Ayumi con amabilidad –Buenos días –

-Buenos días chicas – respondió él mientras se acercaba ayudarme a recoger las cosas del suelo nuevamente.

-Gracias, pero no tienes que ayudarme cada vez que deje caer algo. De lo contrario terminaras en el suelo siempre conmigo – le dije metiendo la pata sin querer. Escuché las risitas indiscretas de Ayumi y alcé la mirada hacia él para aclararme de inmediato. – Digo, recogiendo las cosas claro… Suelo ser muy torpe- añadí con la esperanza de mejorar mi estúpido comentario.

-No te preocupes, te entiendo. – Me aseguró sin poder evitar ocultar una sonrisa.

Qué bien, ahora todos se burlaban de mí. Terminé de colocar todo en el mesón y comencé a romper una media docena de huevos en un bol. Vi de reojo como Ayumi y Akihiko se miraban entre sí y reían como si mi comportamiento fuese el de una niña pequeña. Resoplé mientras batía con mayor fuerza los huevos y comenzaba a agregar la mantequilla a la mezcla.

-Espera – me pidió Akihiko.

Lo miré extrañada y vi que se aproximaba hacia a mí con un delantal entre las manos.

-Te ensuciarás – me explicó mientras me lo entregaba.

-Gracias – murmuré algo sorprendida mientras lo recibía. Que detalle de su parte.

-Por nada – dijo, y se alejó para continuar cortando la carne en trozos.

Miré a Ayumi y ella me observó con cara de quien dice "te lo dije." Le achiqué los ojos y continué removiendo la mezcla. Por supuesto que no tenía razón. Me costaba creer que yo le interesara a Akihiko, quizás incluso lo que ayer me había parecido un intento por tomar mi mano había sido realmente una alucinación mía. Y cómo si hubiese adivinado lo que pensaba, Akihiko levantó su mirada para enfocarla en la mía. Sentí un retorcijón en el estómago y bajé mis ojos con premura.

Tomé la mezcla y mientras la metía en el horno, de nuevo observé con disimulo a Akihiko, quién cortaba la carne con precisión y a gran velocidad. Su ceño estaba fruncido quizás por causa de la concentración, y su postura reflejaba seguridad en lo que hacía. No pude evitar soltar un suspiro y llevarme el café que aún no terminaba a la boca. Este día prometía ser largo.

Para el final de la tarde, ya habíamos terminado con la cocina y nos tocaba ayudar a montar las tiendas bajo las que se venderían los alimentos en el festival. Las chicas se habían turnado y no me habían dejado sola como prometieron.

Estábamos teniendo problemas para que una de las tiendas se quedara fija en el piso, así que sin pensármelo me había subido sobre una silla mientras buscaba sujetar con un cordón la unión de dos piezas claves. Pero en mi intento por atar el cordón con fuerza, me incliné peligrosamente hacia adelante. Uno de mis pies sintió el vacío y en cuestión de segundos la silla cedió desapareciendo bajo el peso de mi otro pie. Un gritillo se escapó de mi boca mientras me sentía caer presa de lo inevitable. Cerré mis ojos esperando un golpe en la cabeza que no llegó.

Abrí los ojos sorprendida para encontrarme con el rostro de Akihiko a pocos centímetros de distancia. Su mano izquierda descansaba bajo mi cabeza y sentía su brazo derecho aprisionado entre mi espalda y el suelo.

-De verdad que eres torpe…- suspiró resignado. Y yo no pude evitar una risa nerviosa que brotó de mis labios con alegría.

-Gracias – le dije mirándole a los ojos.

Él me devolvió la mirada con algo de intensidad y sus ojos se pasearon dubitativos por mis labios. Tragué saliva y noté que había dejado de respirar nuevamente. La sonrisa se había desvanecido de mis labios. Lo miré a la expectativa cuando las risas y voces de otros estudiantes a nuestro alrededor nos sacaron de nuestra ensoñación.

Parpadeé y observé hacia el cielo rojizo con las primeras estrellas de la noche. Pero como si definitivamente hubiese perdido la cordura, observé la figura de InuYasha devolviéndome la mirada desde el cielo con una mezcla de furia y… ¿dolor? No pude despegar los ojos de él hasta que su gloriosa figura se perdió en la caída de su salto, entre unos árboles lejanos. ¿Sabría él que lo había visto? Salí de entre los brazos de Akihiko y me levanté observando en dirección hacia donde su figura rojiza y plateada había desaparecido.

-¿Kagome? – escuché a Akihiko llamarme detrás de mí.

-InuYasha…- murmuré con la falsa esperanza de que quizás InuYasha regresaría a mí lado.

Continuará...

En este capítulo Kagome comienza a experimentar el miedo de perder a InuYasha y la confusión que siente al estar con Akihiko. Todo esto se refleja en su sueño, donde ve un posible futuro al que le teme muchísimo. Y Akihiko no hace más que empeorarle las cosas. ¿Se estará enamorando ella de él porqué lo confunde con Inu? Aunque poco a poco vamos conociéndo quién es realmente Akihiko. También al final vemos con más detalle cómo fue que Kagome terminó entre los brazos de Akihiko. Una escena que Inu bien pudo haber mal interpretado... jejje. Bueno aquí les dejo el cap. y espero que lo hayan disfrutado. Muchas gracias por todos sus reviews! Definitivamente son un gran aliciente para mí. No puedo esperar a leer que tal les ha parecido! :D Mil besos,

Eli.