¡SORPRESA! No se acostumbren, esto ha pasado porque me dio un arrebato de inspiración.
Ya en serio, llevaban esperando este acontecimiento mucho, aparte de otros que se darán... Pero ha llegado el encuentro entre Naruto e Hinata.
Gracias a Hinata Hyuga -NxH y a Coni hyuuga por sus comentarios y su fidelidad con esta historia. A ustedes va dedicado el capítulo.
Sin más que decir, les dejo con el capítulo.
El que decía que cuando más lento pasaba el tiempo era cuando una persona estaba aburrida o mentía o ignoraba la realidad. Cuando más lento pasa el tiempo es cuando una persona está viviendo una situación incómoda o indeseada. Ahí la percepción del tiempo se dilata de tal forma que parece eterno.
Eso era lo que pensaba en ese momento Hinata tras volver a ver a Naruto. Su reacción la pilló totalmente descolocada, no esperaba volver a ver esos ojos que miraban con el más hondo de los amores, como siempre la habían visto a ella. No esperaba que recordara ese apelativo tan cariñoso que le dedicó a ella. Y, sobre todo, lo que no esperaba de ninguna de las formas es saber que él la había visto marcharse en ese avión y que su marcha le había destrozado por completo.
— No es un sueño... De verdad estás aquí... - dijo Naruto, que había vuelto a recuperar la esperanza tras verla de nuevo. Naruto agarró inmediatamente su pecho, donde reposaba el colgante que tenía el anillo que simbolizaba el amor tan puro que sentía hacia Hinata. – Ahora que has vuelto, ya nada podrá separarnos.
Naruto la observó de arriba abajo. Si antes ya era una mujer atractiva físicamente, esos tres años le habían sentado genial. Aunque siempre le había gustado su pelo largo, el peinado corto también le sentaba muy bien, resaltando la hermosura de su rostro. Su cuerpo era condenadamente caliente. Unos pechos generosos y firmes, que Naruto podía asegurar que habían aumentado de tamaño; un vientre plano, cintura de avispa, caderas anchas, que también aseguraba que se habían ampliado; un trasero firme y respingón; y piernas torneadas y firmes. Tenía un cuerpo escultural, cuyo traje, compuesto por chaqueta azul marino, una camisa de manga larga de color blanco, con un ligero escote que dejaba ver el inicio del valle que marcaban sus senos, falda corta que combinaba con la chaqueta, medias negras y zapato de tacón de color negro, resaltaba aún más su belleza natural, haciéndola ver formalmente elegante y hermosa. Naruto pensaba que semejante obra de arte sólo podía ser creada por los dioses. Estaba aún más hermosa de lo que Naruto la recordaba, el rubio estaba totalmente a los pies de Hinata, y eso era algo que no cambiaría nunca.
Naruto se levantó de su silla y se acercó a Hinata poco a poco, como si quisiera asegurarse de que su mente no le estaba engañando y que todo era un sueño o una ilusión. Pasó su mano por el brazo de ella, ascendiendo hacia su rostro, y acariciando la mejilla de ella. Una pequeña descarga eléctrica recorrió los cuerpos de ambos, el simple roce de sus pieles era lo que necesitaban para darse cuenta de que se amaban como locos.
— Tenemos tantas cosas de las que hablar...
El tiempo seguía sin correr y las emociones desbordaban a ambos. Los ojos de Naruto brillaban con la intensidad de mil soles, tras tanto tiempo, por fin volvía a verla. Hinata aún estaba paralizada por el toque de Naruto. Él siempre tuvo ese efecto en ella. Pero Hinata no podía permitirse ser débil de nuevo. Si fuera ella sola, no le importaría ser dañada por su amado. Pero ahora su vida no era sólo de ella, había una personita que dependía completamente de ella: su hijo Boruto. Y por él tendría que ser fuerte.
En su mente aparecieron las palabras que Neji le había dicho cuando le confesó sus dudas y sus miedos internos.
"Usted lo ama y quiere que sea feliz con usted, y no por ello es una persona horrible. Piense que este es un viaje por asuntos de trabajo, así que tiene excusa para ser algo fría, ¿cierto?"
Hinata agarró la mano de Naruto, con calma. Hinata recordó, por un instante, cómo se sentía su mano al contacto con la de él. Se sentía protegida. Su mano, notablemente más grande que la de ella, hacía que se sintiera segura. Por eso siempre creyó y confió en él.
Naruto volvió a sentirse como en aquellos tiempos en los que era un adolescente que amaba con la mayor de las intensidades. Nunca se lo dijo, pero siempre pensó que ella sería el amor de su vida, desde la primera vez que la vio, cuando llegó a mediados de curso. La miró directamente a los ojos, esperando que ella lo mirara.
Lo que no esperaba fue que ella soltara su mano con desdén y frialdad, como si se estuviera deshaciendo de algo inútil. Algo que no casaba con la Hinata que él conocía, la Hinata que él conocía era una persona cálida, cariñosa, que no le hubiera rechazado de esa forma. ¿Tanto daño le había hecho? ¿Tan mal la había tratado en el pasado? El corazón de Naruto comenzó a doler, haciendo que se llevara la mano al pecho.
— Señor Namikaze, he venido aquí por asuntos de trabajo. Así que, por favor, le ruego que no se tome tantas confianzas conmigo. – dijo Hinata, con una frialdad tal que hubiera congelado el mismísimo infierno.
Las tornas cambiaron. Ahora era a Naruto al que el tiempo se le hacía eterno. Pudo ver como Hinata le retiraba la mirada. En los ojos de Hinata, pudo leer un sentimiento que nunca antes había visto. Era algo parecido al... ¿Dolor? El mismo dolor que había quemado su espíritu y su positivismo durante los últimos tres años y medio.
— Bueno, Hinata, toma asiento.
Shikamaru tomó las riendas de la negociación, porque Naruto aún estaba en shock debido a la actitud y frialdad mostrada por Hinata. Si su cuerpo había cambiado para bien, su actitud lo había hecho en negativo.
Hinata se sentó frente a Shikamaru y Naruto. Sin duda, el hecho de que el Nara estuviera allí con ellos dos la relajaba un poco. Aunque ella pensaba que él nunca se atrevería a hacer un movimiento como el que había hecho con alguien delante, se sorprendió al ver que el rubio fue a ella con hambre y necesidad.
Hinata abrió su maletín y sacó un dossier de papeles, en el cual había todos los datos de la empresa Uzukaze.
— Bueno, comencemos con el asunto en cuestión. – dijo Hinata, que seguía con su máscara de hielo delante de Naruto. Por fuera parecía segura, fría y calculadora, pero por dentro estaba hecha un flan.
— Muy bien. – dijo Shikamaru, cubriendo a Naruto, ya que el rubio aún estaba paralizado. — El proyecto que se quiere desarrollar es la construcción de una nueva sede y de un complejo de trabajo. Lógicamente, los fondos propios de los que disponemos no son suficientes, pero consideramos que, con una inversión de esta magnitud, el margen de beneficios aumentará hasta en un 125%, logrando así, una mayor rentabilidad.
Hinata escuchaba atentamente a la explicación de Shikamaru. Le encantaba trabajar con él, porque se notaba que sentía devoción por su trabajo, y además también era evidente que era un profesional muy serio.
— Entenderá que una potencial alianza con nosotros, en este momento, es una ventaja importante. Puede ser la vía de entrada al mercado oriental que estaban buscando.
— Veo que ha estudiado perfectamente a Aso y nuestras intenciones. – dijo Hinata, aún sorprendida de que fuese Shikamaru quien llevara las riendas de todo ante la pasividad de Naruto. — Bien, no me andaré con rodeos. Hemos analizado su proyecto y la propuesta de financiación, y consideramos que, si bien es un préstamo muy alto, Aso no va a tener problema en abrir una línea de crédito con su empresa. Nuestro interés en una empresa como esta va más allá de acuerdos puntuales, sino que podemos ser socios cuando así lo requieran las circunstancias.
Shikamaru sonrió ante la afirmativa dada por Hinata a la petición de la empresa. No así lo hizo Naruto, que seguía sumamente dolido por la frialdad con la que lo trató Hinata.
— Naruto, ¿no te parece una gran noticia? – dijo Shikamaru, intentando introducir Al rubio en la conversación.
— Eh... Sí... Está bien... — Naruto no tenía ánimos para responder a Shikamaru ni para entrar en el tema de la reunión. – Entonces... ¿Todo bien, Hinata?
Naruto no se refería a la negociación en ningún momento. De hecho, eso era lo que menos le importaba en ese momento. Él sólo quería hablar con Hinata de lo sucedido hace tres años.
— Sí, todo está en regla. Sólo queda negociar el contrato, remitirlo a central y todo habrá acabado.
Naruto negó con la cabeza. O bien no le había entendido, o no quería entenderlo. Tal como había actuado desde su llegada, Naruto pudo entender que ella no tenía ningún interés en él. Esa revelación que tuvo hizo que su corazón, que no se recuperó de su marcha, se rompiera en mil pedacitos de tamaño minúsculo. Ella se llevó su corazón y se lo devolvía en ese día absolutamente machacado y destruido.
"Yo amándola como un bobo y ella pasando de mí y habiéndome olvidado. ¿Alguna vez me amó de verdad?" Ese pensamiento pasó por la cabeza de Naruto, lo que hizo que su dolor aumentara más.
"No... Ella me amaba de verdad. Fue mi culpa el que me haya olvidado, que no luché por ella cuando tocaba. Ahora es tarde para mí." Naruto siempre se culpaba de su marcha, pero siempre pensó que ella, si volvía lo amaría como el primer día. Ahora entendía que el corazón de Hinata había sanado y que no había un lugar para él.
— Entonces... Todo... ¿se acabó? – dijo Naruto, con la voz rota de dolor. Una vez más, no se refería al contrato.
— Naruto, te veo algo... fatigado. ¿No crees que deberías ir al lavabo a refrescarte un poco? – dijo Shikamaru, sabiendo lo que pasaba con su jefe. – Lo que viene a continuación es sumamente importante y te necesitamos bien.
Naruto se sorprendió ante la intervención de Shikamaru, hasta el moreno se dio cuenta que estaba sufriendo demasiado y que no estaba centrado. Se levantó sin decir una palabra y, completamente roto y devastado por la tristeza, salió de su despacho. Subió por las escaleras en dirección a la azotea, necesitaba estar solo para poder calmarse.
En la oficina, Hinata estaba al borde del colapso. Le estaba costando mucho actuar con frialdad, porque la mirada de Naruto le quemaba por dentro. Saber que estaba triste por su culpa la estaba consumiendo.
— Oye, Hinata, no quisiera meterme donde no me llaman, pero... No sé qué pasa entre ustedes dos, pero creo que deberías cambiar tu actitud. Naruto no se merece este trato que recibe por tu parte. – dijo Shikamaru, el cual había visto momentos muy bajos de Naruto, y podía jurar que este era el peor de todos.
— Le ruego que no se meta en mi vida, por favor. Bastante doloroso está siendo para mí esto como para aguantar reproches de un desconocido. – dijo Hinata, que estaba deseando abalanzarse sobre él y decirle que todo iría bien. Pero sería darse y darle falsas esperanzas.
Shikamaru no abrió la boca hasta que vio entrar a Naruto de nuevo en la sala. Su rostro seguía igual de serio, pero sus pasos parecían algo más decididos que anteriormente.
— Disculpen, necesitaba tomar algo de aire. – dijo Naruto, que se había resignado a vivir con el dolor dentro de él. – Ya saben, el estrés y esas cosas...
Hinata pudo distinguir lo enrojecidos que estaban los azulados ojos de Naruto. ¿Había llorado por ella en ese momento?
— No... no se preocupe... - Hinata estaba comenzando a sentirse mal. No físicamente, sino emocionalmente, estaba comenzando a sentir el dolor que asolaba a Naruto y el que ella también padecía. — Como iba diciendo, podemos sentarnos a negociar si lo desean.
— De acuerdo. – dijeron tanto Naruto como Shikamaru a la vez.
Naruto frenó a Shikamaru antes de que se sentara, diciéndole solo una palabra.
— Implacable.
Shikamaru asintió. Comenzaba la guerra de las negociaciones.
— Bueno, el crédito que han solicitado es de tres mil millones de yenes. No tenemos ningún problema en concederlo, pero necesitamos garantías de pago serias, y no basadas en meras conjeturas.
Naruto frunció el ceño ante las palabras de Hinata, parecía que estaba dudando de su capacidad como jefe de la empresa.
— ¿Insinúas que no confías en la seriedad de esta empresa? No esperaba menos de ti, Hinata. No confías en nada ni en nadie. ¿De qué años quieres los balances contables, para asegurarte que esta es, ha sido y será siempre una empresa seria?
Naruto había pasado al ataque con todo, su dolor le hacía reaccionar de forma exagerada ante las palabras de Hinata, que se quedó sorprendida ante la actitud tan ofensiva de Naruto. Ella sintió el golpe que le había dado Naruto, le dolía mucho que él la tratara así.
— No digo eso, pero entenderá que es nuestro capital el que está en riesgo. Tenemos que asegurarnos de todo, nada nos ha hecho pensar que no van a cumplir con los compromisos, pero tampoco nada nos hace pensar que sí van a cumplir. Simplemente, nos cubrimos las espaldas.
— Ya, claro. – dijo Naruto, que estaba cada vez más indignado con Hinata. — A ti lo que te pasa es que no confías en mí. Nunca lo hiciste, por eso huiste, ¿verdad?
— ¡Señor Namikaze! – gritó Hinata, que se había cansado de los reproches que Naruto le hacía. – No sé de dónde se saca esa afirmación, pero...
— Tres años culpándome de tu huida, tres años pensando que yo había sido un cobarde y resulta que tú eres peor que yo... - Naruto había pasado de un tono de rabia a uno de tristeza. Ya no era él mismo, sino que por él hablaba el dolor y el sufrimiento acumulado durante tantos años.
Hinata apretó sus puños con fuerza, con rabia, como si estuviera apretando una pelota antiestrés. Estaba culpándola a ella de su marcha. Su máscara de frialdad se estaba resquebrajando, y no sabía cuánto podría aguantar así.
— Naruto, haznos un favor y cállate. Está en juego el futuro de la empresa. – dijo Shikamaru, cansado de ver cómo Naruto e Hinata se atizaban el uno al otro. — Disculpa, creo que él no estaba preparado para este momento.
— Descuida... - dijo Hinata, que conforme iba escuchando a Naruto, se dio cuenta de que no solo ella había sufrido. Sólo Naruto podía hacerla sufrir como lo había hecho en el pasado, y en esos momentos se dio cuenta de que sólo ella podía llevar a Naruto hasta ese extremo.
— Bien, estoy de acuerdo con su petición. Si quiere, puedo traer de mi despacho los balances anuales de los últimos cinco años. – dijo Shikamaru, poniendo algo de cordura en esa reunión, en la que se comenzaba a hablar de todo, menos de negocios.
— Adelante, ella necesita verlos para poder finiquitar esto. - dijo Naruto, con desdén.
Hinata tembló, no quería quedarse a solas con él. Si lo hacía, se vendría abajo, y no era algo que se pudiera permitir en ese instante.
Shikamaru salió del despacho, obedeciendo a su jefe y dejándolo a solas con Hinata. De nuevo, el tiempo volvía a pasar con total parsimonia para ambos. Ninguno quería decir nada, por miedo a la reacción del otro. Se habían vivido momentos extremadamente tensos en esa reunión, y si eso había sido en compañía de Shikamaru, a solas podían despellejarse con la mayor de las crueldades.
Naruto observó a Hinata. Vio su rostro, flanqueado por su corto cabello; sus ojos, que alguna vez lo miraron con amor; y sus labios, que él había tomado y poseído tantas veces que había perdido la cuenta hace años. Una ligera sonrisa bobalicona se marcó en su rostro. En ese momento, Naruto se dio cuenta de que daba igual la actitud que tuviera Hinata ahora con él: él nunca podría pasar mucho tiempo enfadado con ella.
— Hinata... - dijo Naruto tras aclararse la garganta. Las palabras se atascaban en su garganta, se había comportado como un imbécil. — Yo...
— No es necesario que digas nada, Naruto. – dijo Hinata, que por primera vez en el día se refería a él por su nombre de pila, y no por el apellido. — De verdad te lo digo.
— Yo solo... Quiero pedirte disculpas por mi actitud de hoy... Me gustaría que acabáramos con cordialidad esta reunión. – dijo Naruto, arrepentido por su actitud.
Hinata pudo ver un brillo especial en sus ojos, estaba verdaderamente arrepentido de cómo había actuado. Con sólo mirar a los ojos a Naruto, podía distinguir perfectamente los sentimientos del rubio. Así había sido en el pasado, y así seguiría siendo siempre.
— No te preocupes, Naruto. Supongo que... Yo tampoco actué bien siendo tan distante...
Hinata sabía que actuaba así para protegerse a sí misma. No obstante, al percibir la tristeza que asolaba al rubio cuando lo trataba con tanta frialdad, se sintió mal por ello, aunque no dejó de hacerlo. No dejaba de pensar en si había tomado la decisión correcta haciendo caso a Neji. Con esa pequeña charla de complicidad con Naruto, se dio cuenta de que había cometido un error.
Naruto pudo volver a ver por un instante a esa chiquilla de la que se había enamorado perdidamente en el instituto. Sonrió ante su recuerdo, en verdad amaba a esa chica con todo su corazón. Una idea loca se le pasó por su cabeza, pero necesitaba decirlo y proponérselo, no tenía nada que perder y mucho que ganar.
— Hinata... Sigo creyendo que tenemos muchas cosas de qué hablar, así que... ¿Qué te parece si...?
— Bien, aquí están los documentos que me pidieron. – interrumpió Shikamaru, ganándose una mirada de desaprobación por parte de Naruto.
Hinata tomó asiento y miró los balances, aunque su cabeza estaba puesta en lo que Naruto le iba a decir. En una cosa estaba de acuerdo con él: tenían que hablar seriamente. Pero no sería en ese momento.
¿Hasta dónde hubiera llegado el rubio de no ser por Shikamaru? Es una pregunta que Hinata se hacía y que, por desgracia o por fortuna para ella, quedaría sin resolver paras siempre.
Se sentaron y volvieron a hablar de temas laborales. Hinata tomó los documentos que había traído Shikamaru y los ojeó.
— Bien, verdaderamente tenían razón ustedes. Con los márgenes de beneficios actuales y pasados, no habrá problema de ninguna clase para que la financiación sea aprobada. – dijo Hinata, que verdaderamente estaba impresionada con las cifras que mostraban esos balances económicos.
Naruto y Shikamaru suspiraron. Tenían confianza en el trabajo que habían hecho tanto ellos como sus antecesores en los cargos que ocupaban, y desde luego que sus padres lo habían hecho muy bien.
— Tengo aquí un precontrato, con la cantidad y los tipos de interés. Como podéis observar, somos claros y transparentes, y de verdad deseamos trabajar junto a ustedes.
Shikamaru sabía que Aso deseaba entrar en ese mercado, por lo que, si podía, conseguiría alguna condición más ventajosa para Uzukaze. Junto con Naruto, fueron leyendo el precontrato, llegando a un punto que no les gustó a ambos.
— Hinata, a mí lo que no me parece adecuado es el plazo de devolución. – dijo Shikamaru, mostrándole las fechas. — Sesenta meses me parece poco tiempo porque compromete gravemente las cuentas de la empresa.
— ¿Y vuestra propuesta es...?
Naruto y Shikamaru dialogaron sobre la propuesta a realizar. Shikamaru jugaría con algunos factores para convencer a Hinata.
— Ciento veinte meses. Ganaréis más, porque los intereses varían, y en el mercado actual, hay una tendencia ascendente. Es un buen momento para la banca, así que no creo que sea un problema cobrar a cinco o a diez años.
Hinata se quedó pensativa. La firma de ese contrato era una gran oportunidad, pero no podía aceptar cualquier condición para firmarlo. Tendría que hablarlo con Kaguya.
— ¿Me disculpan? Tengo que hacer una consulta. – dijo Hinata, sacando su teléfono de empresa, a lo que Naruto y Shikamaru entendieron que tendría que hablar con su superior.
Hinata salió de la sala de reuniones y llamó a Kaguya. Por suerte para ella, tenía el número memorizado en la agenda, porque ella no iba a recordarlo tras lo sucedido en la reunión. Marcó y Kaguya contestó bastante rápido.
— Kaguya Otsutsuki, buenas noches.
— Hola, jefa, soy Hinata.
— ¡Ah, buenos días! Tienes suerte de que esté en la sede a esta hora de la noche. - dijo Kaguya, a la que se le notaba el cansancio en su tono de voz.
— Disculpe, se me olvidó la diferencia horaria... - dijo Hinata, excusándose por importunarla a esas horas. No recordaba que, cuando en Japón eran las nueve de la mañana, en la mayor parte de España eran las dos de la mañana.
— No te preocupes. ¿Qué quieres?
— Seré rápida, que usted tiene que descansar. – dijo Hinata, que era consciente del trajín que solía tener Kaguya como jefa de la empresa. — Al jefe contable y al director general de Uzukaze no le gusta el precontrato, concretamente, con el tema de la devolución en 60 meses. ¿Qué hacemos?
— Hinata, voy a ser clara. – dijo Kaguya, que ni siquiera se lo tuvo que pensar. – Consigue ese contrato sea como sea. Si dicen que el pago debe ser en 20 años, en 20 años será. Lo que sea. Este acuerdo es vital para nuestros planes.
Kaguya colgó el teléfono, dejando a Hinata sorprendida. La dueña del banco estaba verdaderamente ansiosa por conseguir ese contrato y por cumplir con sus planes de expansión.
Hinata volvió a entrar en el despacho de Naruto. Básicamente, ellos tendrían vía libre para aprovechar la coyuntura y conseguir más beneficios.
— Central me ha dicho que no hay problema de ninguna clase. Que a diez años está perfecto. Entonces... ¿procedemos a la firma? – dijo Hinata, que quería cerrar ese acuerdo tan beneficioso para todas las partes.
— Si Shikamaru considera que no hay otro problema, sí. – dijo Naruto, que era la primera vez que hablaba de asuntos de la empresa en toda la reunión.
— Todo perfecto.
Naruto e Hinata tomaron un bolígrafo y procedieron a la firma del contrato. Cuando el contrato estuvo ya rubricado, Hinata miró a Naruto.
Estaban tremendamente guapo, más que cuando se fue. Los años le habían sentado de maravilla. Su pelo rubio había disminuido de tamaño, señal del cambio con respecto a su juventud. Físicamente, era un adonis: hombros y espalda ancha, piernas bien definidas y una elegancia no conocida por ella. El traje le sentaba perfectamente, haciéndole, a ojos de Hinata, tremendamente atractivo.
Hinata se mordió ligeramente el labio. Su ex-novio estaba tremendo. Y si no fuera una mujer con unos valores inculcados desde su más tierna infancia, se hubiera abalanzado sobre él.
— Bu... Bueno... C-Creo que e-eso es t-todo. – Hinata tartamudeaba en exceso. Hacía muchísimos años que había perdido ese tic nervioso. Casualmente, cuando empezó a salir con Naruto.
— Sí, eso parece... - dijo Naruto con cierto aire de nostalgia. – Espero que nos volvamos a ver... Mi lavanda...
Hinata se sonrojó al volver a oír a Naruto llamarla de esa manera. Siempre era así: Naruto le dedicaba alguna palabra bonita e Hinata se sonrojaba. Ni siquiera de novios había perdido esa costumbre.
Se despidieron con un ligero apretón de manos, e Hinata se marchó de la empresa Uzukaze extremadamente feliz. Había cumplido su misión de forma más que satisfactoria. Tenía el contrato, ahora sólo tenía que enviarlo a Madrid y todo estaría hecho. Y además Naruto, si bien al principio estaba muy enfadado, al final estuvo bastante tranquilo. Ella mantuvo la compostura delante de él, que era más de lo que esperaba.
Hinata llamó a Neji para que fuera con Boruto a un parque cercano. En el parque hablaría con Neji sobre cómo había transcurrido la reunión.
Cuando llegó a ese lugar, Hinata se quedó paralizada. Le invadieron miles de recuerdos de ella y Naruto. El recuerdo de Naruto y ella comiendo helados los dos juntos, agarrándose las manos, viendo el atardecer durante muchas tardes... Ese parque donde Naruto se le declaró y donde le rompió el corazón.
— Este parque... - dijo Hinata, buscando el sitio exacto donde Naruto se le declaró en el pasado. — Es ese banco...
Hinata tomó asiento en ese banco, recordando viejos tiempos mientras esperaba a Neji y Boruto. Estaba bastante cansada del trajín que le había exigido conseguir el contrato, pero ya podía descansar tranquilamente.
— ¿Hinata Hyuga?
Esa voz tan aguda y chillona la reconocería en cualquier sitio. Era la voz que la persiguió durante algunas pesadillas en España. Era el motivo de su fuga.
– Sa... Sakura...
¡BOOM!
Y es a partir de aquí donde la historia se vuelve más jugosa...
La inspiración me ha dado para escribir esto en tres días. Ni tan mal, teniendo en cuenta que, normalmente, tardo una semana más o menos.
Lo cierto es que disfruto mucho con esta historia. Y espero y deseo que eso no cambie.
Creo que no tengo más que decir.
¡Ah! Gracias a los que leen, comentan, dan favorito y siguen la historia.
Ahora sí, me despido. ¡Nos vemos¡
