Sherlock había estado mirando a John y a sus nudillos desde que Mycroft había aceptado la oferta del Doctor John, y ciertamente el calor en su interior se estaba sintiendo realmente agradable. Iba a poder pasar más tiempo con John, sólo en la enfermería, pero con eso bastaba. Además, no necesitaba de excusas para ir a verlo, la escayola en su brazo era el pase al lugar.
John se movió en su asiento, buscando salir del auto lo antes posible. El interior del lugar había comenzado a sentirse realmente caliente, y el aroma de Sherlock inundaba su nariz cada que deseaba tomar un poco de aire. Nunca en su vida había sentido tal resequedad en su garganta y la mirada penetrante de Mycroft no ayudaba mucho para que se sintiese mejor.
El auto se detuvo escasos minutos después y John agradeció a cualquier deidad existente. Se despidió de Mycroft con un asentimiento y lo único que recibió de Sherlock, fue una tímida sonrisa que hizo arder su interior. Tan pronto como pisó la acera, el auto tras él continuó con su camino. Guió su mirada en dirección a la puerta de su hogar, y lo que vio no le agradó en lo más mínimo.
'Por supuesto', pensó, 'él siempre debe saberlo todo'. Cruzó la calle y rodeó el auto gris que estaba estacionado frente a su casa. No le molestaba tanto el hecho de que le imbécil de David estuviese en su hogar, sino el hecho de que no podría tratar el tema que deseaba con Mary tan pronto como cruzase la puerta.
Con un largo suspiro y resignación, adoptó su postura militar y se adentró al lugar. La sala de estar estaba vacía. 'La cocina', pensó. Deberían estar demasiado ocupados para no notar que la puerta de su hogar había sido abierta. Al adentrarse a la cocina, para cierto alivio de su parte, estaba Mary y David, uno frente al otro.
— ¡John! — Espetó Mary en sorpresa, levantándose de inmediato y acercándose a él. Recibirlo con un abrazo era lo más apropiado después de la discusión que había tenido.
John posó sus manos al frente, deteniendo su abrazo mientras David miraba a ambos. Ante la mirada de desconcierto de Mary, John simplemente se inclinó un poco y depositó un beso en su mejilla, percatándose de que David se giró al frente para no ver dicha acción. 'Cabrón', pensó, riendo mentalmente.
— ¿Qué ocurrió? — Inquirió Mary, tomando y observando con preocupación los nudillos vendados de su esposo.
— No quiero hablar de ello en este momento, Mary — Replicó, apartando sus manos de entre las de Mary. Nunca había reaccionado de aquella manera, pero ahora simplemente no deseaba mayor contacto con ella.
— Venga, John. Todos cometemos errores, no te detengas por mí, puedes hablar con Mary sobre ello — Apuntó David, posando una mano en el hombro de John.
John se apartó bruscamente y lo miró con sumo desprecio. Que no hubiese reclamado nada en aquel día, no significaba que las cosas entre ellos estuviesen bien. Y David debería saber de sobra que lo quería fuera de su hogar en ese mismo instante.
— NO. ME. TOQUES. — Advirtió con voz firme. Apartó a Mary de enfrente y comenzó a caminar en dirección a las escaleras que lo llevarían a la segunda planta.
'Qué diablos le pasa', escuchó John a sus espaldas, pero lo ignoró por completo. Subió las escaleras y se encerró en la habitación que compartía con Mary. Se adentró al cuarto de baño y se miró fijamente en el espejo. Las facciones en su rostro delataban su cansancio y aunque no lo había notado, sus manos estaban cerradas en puños. Respiró profundo un par de veces y logró tranquilizarse. Se deshizo de su ropa y se metió a la ducha.
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— ¿Qué fue eso, Mycroft? — Inquirió Sherlock, sentándose en el lugar en el que anteriormente había estado John. El fuerte e insistente aroma de John seguía en el lugar y sabía que jamás podría tener suficiente de él como para hartarse.
— Eso, Sherlock, fue una advertencia — Informó sin interés.
Sherlock frunció el ceño. No podía creer que fuera a tener esa conversación con su hermano mayor. Por Dios, si hacerlo con su madre era vergonzoso, con Mycroft lo sería aún más.
— Por Dios, no necesito que estés cuidando de mí todo el tiempo — Gruñó. — En todo caso, deberías haberte preocupado por mí cuando decidiste mantenerte callado en lugar de decirme que era un Omega.
Mycroft guardó silencio ante aquellas palabras. Sherlock tenía razón, podrían haberse ahorrado esa plática y los recientes hechos, si desde un principio le hubiesen dicho la verdad. Pero las cosas estaban hechas, y lo único que podía hacer ahora, era darle un poco de razón a su hermano menor, después de todo, Sherlock era un adolescente inteligente, por supuesto que tendría el suficiente control sobre la situación. Suspiró largamente y por primera vez en el camino a casa, miró a su hermano directamente a los ojos.
— Siempre me he preocupado por ti, Sherlock, lo sabes… — Comenzó, entrelazando sus dedos —… y siempre lo haré. Si he hecho ese comentario frente al Doctor Watson, es porque tengo mis motivos. Un informe detallado del Doctor Watson confirmó mis sospechas, y aunque él asegura ser un Alfa en unión, miente. Es cierto que tiene una mujer, Mary Elizabeth Morstan, según el más reciente documento, pero no hay una unión entre ellos más que una de matrimonio, la cual no tiene mucho significado más que para parejas Betas.
Sherlock mentiría si dijese que no deseaba poder sonreír ampliamente en ese momento. John Watson era una Alfa libre, y tuvo que contener una risa al pensar en lo chistoso que eran esas palabras, haciéndole recordar una película que había visto con Adler y Molly. Sus posibilidades de tener algo más que atención por parte de John, no aumentaban, pero se mantenían y eso era suficiente. Pero la conclusión a la que llegó, lo dejó aún más desconcertado.
— Entonces… ¿por qué accediste a darle el permiso de estar cerca de mí? — Inquirió, no queriendo pensar en que Mycroft comenzaría a obligarlo a tomar supresores.
— Porque confío en su autocontrol, Sherlock. Es cierto que su reacción no ha sido una muy aplaudible, pero es comprensible por la situación que se presentó. Sin embargo, confío en que la situación no volverá a repetirse ahora que estás al tanto de lo que eres. Preferiría que te mantuvieses al lado de esa joven Alfa, la compañía de biología contraría muchas veces puede ser de mucha ayuda, siempre y cuando se trate de una fémina y ciertamente esa jovencita parece ser de confianza.
¿Adler cuidando de él?, ni en un millón de años.
— Trataré de mantenerme cerca de ella… — Concedió, aunque sabía que al final no lo haría. Molly estaría cerca de él en todo momento, y así podría llamar a Adler en caso de que otro problema se presentase, pero Sherlock haría hasta lo imposible por pasar el mayor tiempo posible en la enfermería con John.
— Sé que lo harás — Afirmó Mycroft, visualizando el hogar de sus padres a través de la ventana del auto.
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Lunes
— ¿Te duele? — Preguntó Molly, curiosa, como siempre. Su dedo índice trazaba una línea sobre la escayola de Sherlock, una y otra vez.
— Un poco. Supongo que no fue tanto el daño — Afirmó Sherlock, acunando su barbilla en su mano izquierda.
La clase de química estaba siendo mucho más aburrida que de costumbre y odiaba tener la atención de toda la clase en él. Pero por supuesto que había un motivo para ello. Su aroma llenaba por completo el lugar, y parecía que todos los del salón jamás habían olido a un Omega. Su mirada se fijaba constantemente en el reloj dentro del aula, pues no había nada que desease más que salir e ir directamente a la enfermería a ver a John.
— ¿Quieres ir a comer pizza cuando terminé la clase? — Preguntó Molly, sonriendo.
Sherlock suspiró largamente. No quería lastimar a Molly con sus palabras, pero tampoco podía hacerle creer que por ser un Omega, debían estar juntos todo el tiempo. Está bien, Molly lo había ayudado en incontables ocasiones, pero eso no significaba que debía ser reciproco todo el tiempo. Ella era una buena chica y se preocupaba por ella, tanto que una vez lo había defendido del idiota y abusivo de Jim, claro que Adler tuvo más que ver en ese tema que Sherlock.
— Molly… — Comenzó, mirándola a los ojos —… en verdad agradezco todo lo que has hecho por mí, pero que ambos seamos Omegas no significa que debamos ir a todas partes juntos, ¿de acuerdo? — Aclaró de la manera más suave que podía.
Molly sonrió y asintió. Se volvió al frente y continuó con los apuntes de su libreta. Sherlock agradeció que Molly comprendiese el punto de sus palabras y se permitió sonreírle a su amiga.
El reloj marcó la hora esperada y Sherlock fue el primero en abandonar la clase. Jamás había estado tan entusiasmado de ir a la enfermería, pero por supuesto, y una vez más, todo había cambiado desde que llegó John.
De camino a la enfermería, se preguntaba qué ropa estaría usando John en ese día. Había llegado al instituto 1 hora antes de que las clases comenzasen, sólo para ver a John llegar. La noche anterior se había quedado hasta tarde pensando en él, y una vez más se había permitido explorar su cuerpo sin el temor de pensar que se estaba tocando mientras imaginaba que cierto Doctor Alfa estaba con él. Esta vez, las manos habían sido remplazadas por los labios de John, deslizándose por su piel mientras lo tomaba por la cintura. No había sido el brusco agarre que Sebastian había empleado en él, pero la fuerza y presión sobre su piel se hacía sentir como algo suficiente y a la vez tan poco. Se había permitido jugar con los pequeños botones de sus pezones y sin duda se había avergonzado de los sonidos que emergían de su boca, pero no podía importarle menos. Mientras se tocaba, había estado pensando si a John le gustarían los sonidos que hacía. Quizás estaría demasiado apenado por ellos y cubriría su boca; sí, definitivamente eso pasaría.
Había estado tan perdido en el recuerdo de lo que había sido el magnífico placer que recorría su cuerpo, que no se percató de que estaba a sólo un par de pasos de la puerta en la enfermería. Una agradable calidez se instaló en su vientre y no pudo evitar pensar en las mariposas que Molly le había mencionado una vez.
Ahí estaba John…, sonriendo ampliamente cuando lo vio entrar.
— Espero que esta vez no haya ningún Alfa persiguiéndote — Comentó con una cálida sonrisa.
Las mejillas de Sherlock se sonrojaron adorablemente. Casi había olvidado que por ese motivo había terminado conociéndolo. Negó lentamente con la cabeza, sonriendo un poco.
— No exactamente — Declaró.
John rio quedamente.
— ¿Vienes a…? — Aventuró, fijando su mirada en la escayola que usaba Sherlock.
— Oh, sí. Claro… — Afirmó, casi olvidándose de que llevaba aquella molesta cosa en su brazo.
— Toma asiento en la camilla, en seguida le echaré un vistazo — Informó, dedicándole otra sonrisa.
Sherlock lo hizo, cerrando la puerta antes de tomar asiento donde John le había indicado. John le estaba dando la espalda, reacomodando un par de cosas que había regadas en el escritorio y un par de cajas de medicamento que en realidad no sabía para qué demonios les serviría a los adolescente en esa escuela. Los ojos de Sherlock se fijaron en la firme y trabajada espalda de John, que se podía apreciar cada vez que llevaba sus brazos al frente y la bata se ceñía a su cuerpo. John no era muy alto, pero eso era recompensado con la fuerza que poseía, de aquello no le quedaba duda a Sherlock. Quería tocar su espalda, sentir los músculos trabajados que habían dejado el ejército. ¿Le dejaría John tocarlo?, ¿Le dejaría arrastrar sus uñas por todo lo largo de su piel mientras lo…?
— ¿Listo? — Inquirió John, mirándolo mientras sonreía.
Sherlock podía sentir cómo su rostro comenzaba a arder y no le quedaba duda de que la sonrisa de John se debía a que el rubor en sus mejillas era demasiado llamativo.
— Sí… — Murmuró tímidamente. Podía sentir cómo su corazón comenzaba a palpitar con mayor rapidez a medida que John se acercaba a él.
La camilla en la que se había sentado era lo suficientemente baja como para permitirle quedar a la estatura de John, y podía apreciar frente a él, la camiseta desabotonada bajo su clavícula, mostrando un par de vellos dorados como el oro. El aroma de John llegaba a él con mayor intensidad y la calidez en su vientre creció. Como si de un acto reflejo se tratase, separó sus piernas un poco, dejándolas a cada lado de la cintura de John, quien como si de una invitación se tratase, se posó entre ellas.
— Veamos… — Dijo, tomando el brazo de Sherlock para acercarlo un poco a su cuerpo. — Puede que duela un poco, pero dime si el dolor es demasiado y me detendré, ¿de acuerdo?
Sherlock simplemente asintió, odiando tener esa escayola que le impide sentir la piel de las manos de John sobre su piel. John prosiguió a retirar poco a poco la escayola, observando que no había marca alguna en la piel de Sherlock. Retiró por completo la escayola y la deposito al lado de la camilla.
— Voy a comenzar a tocarte, ¿de acuerdo? — Preguntó.
Sherlock tragó. Cómo le gustaría que aquellas palabras tuviesen un contexto diferente. Sin decir nada, asintió. John presionó con suavidad el dorso de su brazo, y en ese momento, Sherlock se percató de que John aún usaba las vendas en sus nudillos.
— ¿Duele? — Preguntó, fijando sus ojos en los de Sherlock.
— No…
— Presionaré un poco más — Informó mientras lo hacía.
Un poco más de presión sobre la suave y cálida piel de Sherlock y John estuvo contento de notar que al parecer no había recibido mayor daño.
— Parece que todo está bien, incluso podría decir que… — Alzó la mirada, encontrándose con las ligeramente dilatadas pupilas de Sherlock.
Sherlock deslizó su brazo hasta dejarlo a su costado, no mostrando siquiera un mínimo indicio de dolor o molestia. Sabía que John lo descubriría tan pronto posase sus manos sobre él.
