Rosalie's POV

Cinco días habían pasado desde mi transformación. Lo fui aceptando de a poco. Esme era mi compañera y mi amiga. Ella me contó todo sobre mi nueva naturaleza. Ser un vampiro no me importaba realmente. Matar animales no era nada en comparación con la idea de volver a ver a Emmett. El era mi luz al final del túnel. La meta de mi nueva existencia.

Conocí a Carlisle el mismo día en que desperté. Era tan hermoso como nosotras y su cabellera era más rubia que la mía. Lo único que odiaba era tener los ojos rojos y no dorados como mis nuevos amigos. No quería verme tan asesina. Pero Esme juró que sería por unos meses y que si continuaba cazando animales tendría ojos dorados.

-Alcánzame esa tabla querida – me apuntaba Esme al montón de tablas que había en el suelo. Ella reparaba una mesa antigua y mientras me seguía hablando de nuestra raza. – Y como te decía… no se ha conocido vampiro que muera de viejo. Somos inmortales.

-¿Y tú desde cuándo eres inmortal? – pregunté curiosa. Parecía un niño conociendo todo de la vida.

-Oficialmente tengo 97 años. Años humanos y vampiros. Carlisle me encontró un día herida. Verás Rosalie, mi vida no fue muy agraciada… Un día quise suicidarme pero no resultó obviamente. Carlisle me salvó como lo hizo contigo. Y a pesar de que no es una vida cómo la que todos desean, soy feliz. Carlisle es el hombre de mi vida…

La nostalgia me invadió. Extrañaba tanto a Emmett. Quería verlo pero no me dejaban pues yo era peligrosa cerca de los humanos. Aún no olía a ninguno y a veces me daba miedo pensar en cómo me iba a comportar cuando tuviera a uno frente a mí.

Entonces, un dolor extraño me sacó de mis pensamientos.

-Mi estómago…. – alcancé a gesticular antes de doblarme sobre mi vientre. Lo apreté con mis manos cómo si así se fuese a ir el dolor.

-¡Rosalie! ¿Qué tienes? – llegó a socorrerme Esme.

-No lo se… Esme…. Me duele el estómago. – seguí estremeciéndome en el suelo.

-Esto no es normal. Nunca había pasado. No es normal que los vampiros sientan dolor así de la nada – sacó su celular rápidamente y marcó a Carlisle.

-Amor, ven rápido a casa. Es Rosalie…- y le cortó.- Tranquila cariño…ven vamos a recostarte.

Me levantó sin problemas del suelo y me llevó a mi habitación. El dolor era punzante y me sentí mareada.

-Esme – le extendí la mano. Sentía miedo.

-Tranquila hija, estoy acá. Carlisle no tarda en llegar.

El dolor se fue disipando poco a poco. Ya no sentía la necesidad de encorvarme para no sentir ese dolor punzante. Esme se quedó todo el tiempo a mi lado sobándome la mano.

A unos metros de distancia pude oír el auto de Carlisle a toda prisa. En dos minutos ya estaba estacionándose en la calzada. Pude oír cómo bajó a toda velocidad y entraba en la casa rápidamente.

-¿Qué ocurre? – dijo en su tono de doctor.

-Es su estómago… Le…¿duele? – dijo Esme con una expresión de irrealidad.

-Rosalie, exactamente ¿dónde te duele?

Le señalé mi vientre. El dolor ya no era tan insistente pero si sentía una molestia. Carlisle se sentó en la cama junto a mí y con sus toques médicos me revisó. Presionó mi estómago con suavidad.

-No te encorves…- me ordenó.

-No lo estoy haciendo…

Carlisle abrió la boca sorprendido y me miró con una expresión de ansiedad. Su cara se puso seria y quieta. Era como una estatua.

-Amor, ¿qué pasa? – le preguntó Esme.

-Si Carlisle…¿qué es? – dije con impaciencia.

-Esto es imposible…

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OOOOOOOOOOOHHHHH…. Se imaginan algo?? Solo les puedo decir… quizás los sueños de Rosalie no se verán frustrados del todo…….