¡Quiero la verdad!

Estaba en mi cuarto a oscuras. Me temblaban las piernas y sudaba frío. ¡En qué problemas me había metido! Esta vida va a terminar con mis pocos y escasos nervios. Cuando pelee contra Madara y Kaguya me sentí valeroso, desesperado y enojado… pero nunca como dejar a Hinata con el beso en los labios. ¡Soy un cobarde! No debí jalarla hacia mí, no debí tratar de besarla si al último momento me iba a echar para atrás. Pero si a besaba no podría ver a los ojos a mi esposa nuevamente.

Ya era mucho soportar que ella supiera de mi beso con Sasuke como para aumentar uno con su otra yo. Me dolía la cabeza de tan solo pensarlo, pero de pronto más me dolió el estómago. No sé cuándo fue la última vez que comí algo. Salí de mi cuarto y me percaté de la soledad de la casa. La duda me asaltó ¿Dónde estaban los padres de mi otro yo? Recorrí la sala viendo fotografías familiares, Kushina como siempre radiante, viéndola así me recordaba lo maternal que se había vuelto Hinata.

Bueno, probablemente ella siempre había sido así. A mamá seguramente le hubiera encantado tener a Hinata como nuera, ni hablar de papá. Di un fuerte suspiro mientras tomaba un retrato enmarcado. Mis padres, Jiraiya y yo en el centro. Una familia feliz ¿Pero dónde estaban ahora? Abrí el refrigerador y me preparé un emparedado. Me senté en la sala con las luces apagadas. Un ambiente frío, solitario y de abandono. Un frío recorrió mi columna vertebral. Me sentí el chico de 11 años que comía todo el tiempo solo, tratando de fingir que todo estaba bien, que no importaba ser huérfano y odiado por su propia aldea.

Que la soledad no me afectaba, que ser reconocido era lo único que movía mi vida. Pero no todo era así. Yo realmente quería sentir el amor de la gente y poder amar sin ser rechazado y repudiado. Cuando decidí que sería Hokage lo hice con la convicción de que esa gente que alguna vez me despreció después se viera forzada a respetarme. Sin embargo con el tiempo y el conocer a personas maravillosas ya no quise respeto, quise protegerlos como en su momento esa gente lo hizo conmigo.

Takeuchi, Ayame, Jiraiya, el equipo 7 y los demás novatos, la vieja Tsunade, Gaara, incluso lo que parecían jamás doblegarse ante el bien. Yo pude llegar a ser como Zabuza, como Obito de no encontrar gente maravillosa a la que nunca le daría la espalda. Ese deber y amor por mi aldea hicieron que el cargo de Hokage fuera sobrellevadero. Y ahora estaba en otro lugar en vez de cumplir mis obligaciones. Me sentí frustrado y agotado.

Tan agotado que me quedé dormido en el sillón. Cuando desperté me asaltaba un frío helado, la nariz parecía gotear y para terminarla un montón de estornudos me azoraban sin descanso. ¡Bien! Solo como un perro y ahora enfermo. Me di una ducha rápida y al salir busqué a Ero-sennin o mis padres pero no había más que silencio en esa casa.

Tomé la mochila y camino a la escuela pensé lo mal que debía estársela pasando mi otro yo ahí solo. Imaginé por un momento mi vida de Hokage sin Hinata a mi lado, un malestar estomacal me hizo querer vomitar. Me vi a mi mismo llevando el sombrero y la capa del nanadaime, trabajando múltiples horas al lado de Shikamaru. Cuando él volviera a su casa al lado de Temari y su hijo, yo regresaría caminando las oscuras calles de Konoha.

Llegando a mí casa, fría y sola. Siendo el salvador del mundo shinobi, el líder de la aldea. Admirado, respeta y querido. Pero no amado ni acompañado. Seguiría solo. Tal vez de vez en vez saldríamos los 11 novatos juntos, vería la felicidad radiante de los demás, sus hijos, sus matrimonios con problemas pero siempre saliendo adelante.

Y entonces la vería a ella. Probablemente casada con alguien del clan Hyuuga o el mismo Inuzuka Kiba. Él la trataría con el cariño que yo jamás pudiese darle porque cuando me diera cuenta de mis sentimientos por ella sería muy tarde y Hinata estaría muy lejos de mí como para recuperarla… porque jamás fue mía.

Cuando bajé del tren raro ese me hinqué y vomité. Fue una imagen demasiado para mí. Probablemente el recordar todos esos momentos dolorosos me estaban haciendo desvariar y pensar en cosas exageradamente tristes. Tal vez estaría con otra mujer, después de todo muchas chicas me asediaban incluso ahora a mis más de treinta años. Pero estaba muy seguro que la felicidad que tenía ahora no la conseguiría en ningún lado que no fuera en los brazos de Hinata. Si mi yo de este mundo se siente de esta manera sé la solución. Voy a ser el cupido de estos dos no importa qué.

La calidez del hogar donde vivíamos no se podía comparar. Nuestros hijos no los cambiaría por nada, son lo más maravilloso que tengo. Incluso con el rebelde de Boruto. Llegué a la puerta de la escuela. Aún me sentía mareado así que me recargué en el pilar principal, después sentí unas manos en mi hombro. Me giré y era Sakura con una cara de preocupación.

— ¿Te sientes muy mal Naruto? — Negué con la cabeza, se me pasaría. — Ayer te estuve marcando y jamás contestaste.

— ¡Mi celular! — exclamé recordando que ese aparato lo había olvidado el día anterior en el aula de ciencias, me maldije. No podía decirle eso a Sakura — No sé dónde lo dejé ¡Lo siento!

Ella agachó la mirada mientras me daba la mano para encaminarnos al salón.

— Hey Sakura-chan… ¿Nos hemos besado?

Ella abrió los ojos con sorpresa y se atragantó con su propia saliva, se repuso cuando llegábamos a la puerta del salón.

— Ya te he dicho que no hemos encontrado el momento, pero llegará.

Avanzó hacia su lugar dejándome atrás. No sabía si eso era una reacción tímida o por el contrario escondía algo más. Sinceramente dudaba que ella pudiera sentir algo por mí en ese sentido. Nos queríamos mucho pero no de esa forma. Cuando tomé asiento sentí que alguien tocaba mi hombro, era Sasuke.

— ¿Qué diablos te pasó ayer? ¡Saliste corriendo como alma que lleva el diablo! Además ¿Qué le hiciste a la puerta y al escritorio?

Pasé saliva con dificultad. Lo último que me faltaba era parecer un fenómeno. Y además eso significa que Sasuke se había encontrado con Hinata, esperaba no abriera la boca y complicara la situación. Ya estaba decidido a conquistar a esa chica para que mi estúpido otro yo dejara de complicarse la vida y fuera feliz. Maldita sea.

De pronto la puerta corrediza del salón se abrió para dar paso a la profesora Kurenai. Detrás de ella venía Hinata. El corazón se me paró. ¡Había olvidado ese detalle! Nuestros ojos chocaron casi por un segundo y tuve que desviar la vista. Sakura me miraba confundida, entre molesta y angustiada. No parecía agradarle lo que estaba viendo.

— Ella es Hyuuga Hinata. Fue transferida a esta clase por cuestiones personales, denle una calurosa bienvenida.

— Hyuuga Hinata, un placer. Perdonen las molestias.

—Siéntate junto al chico de cabello negro.

Maldita sea la hora en que Sasuke se sentaba hasta el final del salón ¡Solo! Caminó por el estrecho pasillo entre pupitres, noté sus piernas temblorosas y su mirada agachada. Me enternecía ante la vista, cuando sentí el codazo de Sakura en mi abdomen. Sus ojos me decían que o apartaba la vista de la peliazul o me iba a ver en serios problemas.

Sentí como se sentó detrás de Sakura. Sasuke le miraba con cierto recelo. Dio un fuerte suspiro y traté de agudizar mi sentido auditivo.

— Hagamos esto llevadero ¿Está bien?

Asumí que ella había asentido con la cabeza. Durante la clase no hice más que pensar en la manera de abodarla y pedirle perdón por lo del día anterior. Compensarlo con una cita o algo por el estilo. Yo debía ser firme en mis decisiones. Iba a conquistar a Hinata para mi otro yo, iba a hablar con ella como un hombre y encarar la vida con justicia y dignidad como Nanadaime y como Uzumaki. ¡Nunca corríamos de nada!

— Naruto-kun… yo.

La clase había acabado cuando ella se reclinó sobre su asiento y tocó mi hombro.

— ¡Aún no estoy listo! — grité levantándome y corriendo fuera del aula ante la mirada estupefacta de las dos chicas y el pelinegro a quien escuché gritar algo como "¡Eres un idiota!"

Giré en un pasillo cuando choqué contra Shikamaru. Él iba a decir algo y tal vez debí escucharlo pero detrás de mí apareció Uchiha Sasuke.

— ¡Espera Dobe! Solo quiero hablar contigo.

Mi corazón latía nervioso. ¿Cómo pensaba conquistarla si me ponía super mal al solo verla? Entré en lo que aparentemente era un lugar de entrenamiento, había gradas y redes, balones y más. Pero todo estaba solo. Detrás de mí por fin Sasuke me alcanzaba. Se sentó en la grada y me invitó a hacer lo mismo.

— Estoy actuando como un idiota ¿Verdad?

— Lo estás. Vas a lastimar a Sakura.

— ¿Solo te importa ella no es así?

Se le notaba nervioso, apretó sus puños sobre su regazo. Me invadió una sensación incómoda. Sus mejillas se pusieron un tanto rojas pero trató sin éxito de disimularlo.

— ¡Me gusta Sakura!

— Ya lo sabía — argumenté eliminando la tensión que él mismo había creado. ¿No era acaso muy obvio? — Si te soy sincero primero pensé que quien te gustaba era yo pero realmente estás enamorado de ella.

Sasuke se quedó de piedra, pero luego retomó el control de sus impulsos.

— Pienso que soy de lo peor. Sakura es tu novia y yo estoy aquí confesándote que la quiero.

— No pasa nada, se notaba a leguas. Lo que me preocupa es por qué no has actuado.

— Después de lo que sucedió con Hinata no quería que me odiaras más.

La sangre se me heló. ¿Qué? ¿Qué Qué? Me di la vuelta confundido, los ojos del Uchiha estaban oscuros y gachos.

— ¿Qué diablos pasó entre Hinata y tú?

Él levantó la mirada confundido. ¡Odiaba no entender ese mundo!

— Pensé que tú la habías perdonado y querías regresar con ella… o eso asumí después de encontrarlos ayer en la sala de ciencias…

— ¡No pregunté eso! ¿Qué pasó entre Hinata y tú?

— ¡Tratamos de explicarte pero no entendiste razones! ¿Quieres volver a hablar de esto?

Me levanté furioso y salí de ahí nuevamente corriendo. ¿Era por eso que no nos hablábamos? Llegué al aula donde Sakura me esperaba en la puerta.

— ¡Naruto! — Me detuve en seco, ella me entregó mi teléfono celular — Hinata me dijo que cuando fue a dejar unas cosas al aula de ciencias encontró esto ahí y pensó en devolvértelo.

Lo que me faltaba, Hinata cubría mis intentos de infidelidad a Sakura. Me iba a volver loco.

— Sakura ¿Tú sabes qué pasó entre Hinata y Sasuke?

Ella palideció. Lo sabía.

— ¿Por qué hablas de ellos ahora? Es muy asunto suyo.

Algo había pasado, y ninguno de ellos diría absolutamente nada. No pude con eso, tomé mi mochila y me marché de ahí dejando sin palabras a todos. No sé si en esta vida yo era un alumno prodigio pero saltarme las clases en la academia era lo que yo mejor sabía hacer.

Llegué a casa y aunque solitaria prefería darme un baño. Caí dormido un par de horas cuando el celular sonó. Pensando en las posibilidades decidí no contestarlo y ni siquiera observarlo. Momentos más tarde tocaron la puerta. ¿Y si era Sasuke? La abrí con desconfianza y me sorprendí al ver a Sabaku no Gaara ahí. Tenía el uniforme de otra escuela.

— ¿Vas a dejarme pasar o qué? — se sentó en la sala apoyando sus codos en sus piernas y al ver mi cara de completo desconcierto continúo — Sasuke me llamó, al parecer las cosas empeoraron.

— Gaara — dije sentándome frente a frente — tú y yo somos mejores amigos ¿verdad? — Él asintió — confías en mí, crees en lo que digo e incluso me admiras ¿O me equivoco? — Gaara se sonrojó en un destello y aunque con dificultad y cero entendimientos asintió con la cabeza, al parecer en este mundo esa clase de cosas sonaban muy gay. — Si te cuento algo increíble ¿Me creerías?

Le conté todo, de pies a cabeza. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya. Si Gaara no me creía ya daba todo por pedido. Shikamaru parecía confiar en mí pero no tenía suficiente información. Cuando terminé él me miró con sus aguamarina ojos un tanto desconcertados.

— Te diré que no puedo creer eso tan fácil.

Lo jalé hacia el techo de mi casa.

— Un humano normal no sobreviviría al caer de esta altura ¿verdad?

Él negó con la cabeza y cuando salté del edicio pegó un grito de niña. Al asomarse me vio completamente de pie y con una sonrisa de oreja a oreja. Bajó a prisa y me encontró en la calle.

— Muy bien — proseguí — un humano normal no puede correr tan rápido ¿verdad?

Solté carrera contra el otro extremo de la calle y volví pronto a su lado. Apenas pudo mirar su reloj.

— Definitivamente esas no son capacidades normales. Te contaré lo que sé. — regresamos a la sala, yo estaba triunfante. Era una cosa rara en ese mundo — Perdiste la memoria.

SHOKEADO. ¿QUÉ?

— Hace unos meses saliste de viaje con tus padres, tuvieron un accidente y fuiste el único que sobrevivió. Perdiste una parte parcial de tus recuerdos. Los doctores asumieron que esos fragmentos tu mente había decido borrarlos y que eventualmente los recuperarías. Casi nadie se enteró de esto más que Sakura y yo. Creo haberle dicho algo una vez al amigo de mi hermana, un tal Nara Shikamaru.

Lo que me faltaba, el Nara no me estaba creyendo en absoluto, seguramente pensó que se trataba de una secuela del accidente. ¡Bien Naruto! Estás solo.

— ¿Por qué dejé de hablarle a Sasuke y parecía odiar a Hinata?

Tal vez debí preguntar por mis padres, pero al parecer era algo a lo que estaba destinado en todos los mundos. La familia Namikaze no podía concretarse en ningún lado. Sentí tristeza por mi otro yo. Lo juzgué sin saber por lo que atravesaba.

— Cambiaste mucho a raíz del accidente, no te culpo. Pero lo de ellos dos es otra historia que sucedió antes de la muerte de tus padres. Con solo recordar lo que le hiciste a Hinata el día del funeral me siento mal de hablar de ello.

¿Qué diablos había hecho en esta vida?

— Ustedes dos salían a escondidas por cuestiones familiares de ella. Jamás me contaste qué sucedió para que terminaran, principalmente porque eso pasó un día antes del viaje. Estabas tan molesto que le pediste a Minato y Kushina salir a la playa, fue tal tu insistencia que ellos accedieron. Murieron por ese viaje.

Las piezas comenzaban a encajar. Algo pasó que confundió a mi otro yo a tal grado que prefirió tomarse un tiempo para pensar y entonces la fatalidad lo alcanzó. Ahora más que nada en el mundo necesitaba ayudar a ese chico.

[…]

La habitación estaba en silencio. Hinata ya estaba dormida y yo aún no podía conciliar el sueño. Esa mujer mucho mayor me ponía nervioso. Muy nervioso. Era cierto que yo odiaba a la Hinata de mi mundo, pero no a ella. La mujer que tenía enfrente era lo más cercano a una madre, era adorable, tierna. Cálida. Entendía a la perfección porqué mi otro yo no había dudado en casarse con ella. Lo que me seguía pareciendo una especie de misterio era qué había visto ella en él.

Y si podría verlo también en mí.

Esa tarde habíamos tenido que reparar la puerta como un par de niños pequeños regañados por Hyuuga Hiashi. Mientras nuestros hijos se la pasaban haciendo bromas sobre la inquebrantable autoridad del abuelo que podía incluso mandar al mismo nanadaime Hokage.

Durante esos días me divertí como en ningún otro desde la muerte de mis padres. Parecía que mi destino era dar amor a mis hijos, ser un excelente hombre de familia. Me recosté lo más cerca que pude del cuerpo tan angelical de Hinata. Si cintura bien definida y enmarcada por sus hermosos senos y caderas. Recargué mi cabeza en su cabello, y abracé esa cintura que me estaba volviendo loco. Aspiré su aroma y me fui quedando dormido.

Desperté abruptamente dentro de mí mismo. Frente estaba Kurama, tenía una cara de fastidio.

— Impostor ¿No creerás que puedes quedarte aquí siempre o sí? Este cuerpo no es tuyo, esta familia no es tuya. Tú no has ganado nada de esta felicidad, esa le pertenece a mi mocoso. Él ha avanzado paso a paso para lograr esto que vez y que te hace feliz. No creas que puedes gozarlo sin sacrificar algo.

Cuando volví a despertar ella se giró hacia mí, colocó sus manos en mi rostro y acarició mis cabellos. Sus ojos eran hermosos y brillaban enamorada. El corazón se me aceleró, cuando ella reaccionó. Se sonrojó de golpe.

— ¡Lo sigo olvidando! — vociferó molesta mientras se levantaba, no quise discutírselo y me quedé recostado un rato más. Cuando por fin me levanté el aroma que impregnaba la mansión Hyuuga era impresionantemente delicioso. Hanabi, Hiashi y mis hijos ya estaban en la mesa esperando ser servidos por la mayor. Me acerqué y comencé a ayudarla, ella agradeció el gesto con un suave beso en la mejilla. Me quedé de piedra. Sus labios eran algo suavemente indescriptible.

La plática era amena, aunque no estábamos en nuestra casa el ambiente era el de un auténtico hogar. Y entonces de golpe lo comprendí todo. No era la casa, no era yo, ni mis sueños o deseos. Era ella. Donde ella estuviera ahí estaría mi hogar. Así de simple. Cuando por fin el día comenzaba salimos de esa mansión y tomamos camino a la academia donde Boruto estudiaba para ser próximamente un ninja.

Se despidió de su madre efusivamente y a mí solo me hizo una señal de aprobación. Era un niño tsudere muy lindo al fin y al cabo.

Hinata subió a nuestra hija a un columpio un tanto desgastado. Y comenzó a mecerla un rato, ella sonreía de una forma tan iluminada que mi corazón se estrujaba. Pensar que Himawari era el fruto del amor de mi otro yo con Hinata me hacía sentir mal. Pero pensaba que no importaba después de todo él era yo ¿no?

— En este columpio papi fue muy triste — dijo a su hija quien asintió, aunque en el fondo yo sabía que ella lo decía para que escuchara eso, se me revolvieron las entrañas. Me daba celos que hablara del otro Naruto — Por eso es nuestro deber como familia que él no vuelve a sentirse así y atesorar todos los recuerdos.

De la nada apareció Temari, al parecer había ido a dejar a su hijo a la misma academia. Venía jadeando pero con una sonrisa dibujada,

— ¡Shikamaru ha encontrado la forma de devolverte a tu dimensión! Vamos.

Me quedé perplejo ¿No debíamos esperar la llegada del idiota Uchiha? Corrimos hacia la torre donde el pelinegro tenía un pergamino viejo en sus manos.

— Buenas noticias, al parecer Sasuke no tendrá problemas para regresarlos a su dimensión. Es necesario un sharingan muy potente para modificar la temporalidad y el espacio. Y un rinnengan puede moverse entre dimensiones tal y como Kaguya lo hizo. Com ambas habilidades para Sasuke será relativamente fácil llegar a tu dimensión y recuperar a nuestro Hokage. Tal vez Sasuke deba hacer algunas pruebas antes de abrir el portal definitivo pero no tienes de qué preocuparte nanadaime volverá.

Vi en ella una sonrisa enorme. Cuando la puerta de la oficina se abrió de un portazo. Sakura apareció jalando al Teme. Se veía muy cambiado, definitivamente me costó trabajo reconocerlo. No sentí precisamente una armonía en esa familia, la niña se notaba retraída y Sakura impaciente.

— Así que este es el Naruto impostor.

Exclamó poniendo su mano en mi barbilla como examinándome, la aparté de un manotazo. Estaba harto.

— Bueno, tengo cosas más importantes. Shikamaru ¿Exactamente qué tengo que hacer?

— ¡Nada! No vas a hacer nada — Grité llamando la atención de todos — No pienso volver a mi dimensión. Me quedaré aquí.

Todos se miraron entre ellos.

— ¿Estás loco? —Shikamaru rompió el silencio — ¿No qué morías por volver? No me hagas perder los estribos. Vamos a regresarte y punto.

— ¡Estoy enamorado de Hinata! Esa es la verdad y me voy a quedar aquí como su esposo ¡Yo asumiré los roles de ese Naruto! — Sasuke me dio un golpe muy fuerte en el rostro que me dejó en el suelo.

— Nadie va a suplantar a Naruto ¡Nadie! Ahora cállate.

No, no iba a permitir que me separaran de lo único que me hacía feliz, así tuviera que pelear contra ellos. Si era el salvador del mundo shinobi algo debía poder hacer ¿O no?

— ¡Papi ama a mami! — Himawari sonreía de felicidad sin entender de qué iba todo eso… las cosas no iba a ser tan fáciles.

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Tenía otros planes para la intervención de Sasuke en esta historia pero después de ver el spin-off debo decir que estoy molesta con él y el fandom que duda de la maternidad de Sakura. Obvio que o Kishimoto da buenos motivos para el abandono de 12 años o empezaré a detestar más a ese Uchiha. No sé exactamente cómo manejar ahora a esta familia. Lo pensaré mejor.