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P O V : M A K A
—¿Qué decides Maka? —Su mirada fría me atravesó.
—¿Qué quieres decir? La decisión es tu tuya. —Tragué saliva, desviando la mirada. Soul estaba montando una escena en mitad de la cafetería de Shibusen y no me estaba agradando nada.
Él se quedó en silencio, con su mirada fija en mi, mientras el incesante murmullo a nuestro alrededor se intensificaba más y más. Todos curiosos por saber que era lo que sucedía, después de todo, no era muy normal que Soul y yo mantuviéramos algún tipo de contacto fuera de lo estrictamente necesario. Bendita la ignorancia...
Hacía unos minutos Soul Evans se había acercado, con paso firme y rostro decidido, hacia la mesa donde estaba sentada, acabando con los incesantes cotilleos sobre ropa, famosos, fiestas y demás cosas inútiles pero que, por alguna razón, suelen ocupar el noventa y nueve coma nueve por ciento de la mente de la mayoría de adolescentes (menos la de los que cuentan con suficientes neuronas).
Sus palabras habían sido claras y concisas: "Vuelvo a Londres". En esos momentos me quedé totalmente en blanco, sin saber como reaccionar. ¿Reía? ¿Lloraba? ¿Hacía como si no me importase? ¿Montaba una escena hiper-mega-ultra dramática típica de las películas en mitad de la cafetería?
—Tienes la última palabra, ¿Que quieres que haga? —entrecerró los ojos— Estoy cansado Maka. Estoy cansado de fingir, ¿Por qué no terminamos con esto de una vez?
—Siento interrumpir —Kim tomó repentinamente la palabra—, ¿De que está hablando este tío Maka?
"Nada que te importe" Quise contestarle, de la manera más cortante posible, pero me contuve.
—Soul, este no es ni el momento ni el lugar. ¿Podemos hablar en otro momento? —pedí.
—No Maka. ¿Sabes qué? No voy a permitir que me sigas esquivando. Vamos a hablar ahora mismo —ordenó—. Es la última vez que te lo pregunto, ¿Que quieres que haga Maka?
Las opciones eran claras: o le pedía que se quedase conmigo, o le decía que se fuera. ¿Que debía hacer? Sentía las miradas sobre mi, los murmullos a mi alrededor y un secreto saliendo a la luz. Me estaba comenzando a doler la cabeza.
—Vete. —murmuré.
—¿Qué? —preguntó, incapaz de oír mi voz entre todo el jaleo.
—¡Vete! ¡Vete de una vez Soul! No me importa, no me importas —me levanté, golpeando la mesa con las palmas de mis manos—. ¿Qué más necesitas? ¿Quieres que te ayude a hacer las maletas?
Mi lengua había comenzado a moverse antes de que me diera cuenta, soltando palabras sin mi permiso.
—No —zanjó—. Esto era todo lo que necesitaba saber. —Se giró, saliendo de la cafetería. Cansada, me dejé caer sobre mi asiento nuevamente.
—¡Muy bien Maka, le has puesto en su sitio! —me felicitó una de las chicas que estaba sentada junto a mi. De la cual, por cierto, ni siquiera recordaba el nombre.
Le miré de reojo, molesta. En mi boca se formó una mueca de asco antes de coger mis cosas y levantarme, saliendo a paso rápido de allí. La había fastidiado, no cabía duda; y esta vez, tenía la sensación de que no iba a ser tan fácil arreglarlo.
¡Genial Maka, cada vez te superas más! ¿Acaso no existe un límite para tu estupidez? Por que ya vamos pasando el nivel del jefe final y seguimos avanzando.
Oh, cállate estúpido subconsciente que siempre tiene la razón.
Cuando quise darme cuenta, estaba corriendo y derrapando por los pasillos de Shibusen, esquivando alumnos y profesores hasta llegar a la salida principal, donde dejé mis cosas para poder ir más libre antes de salir al exterior. ¿Dónde demonios se había metido Soul? Cuando quería, el condenado era más rápido que Rayo McQueen.
Estaba lloviendo como el día del diluvio universal —no me hubiera extrañado encontrarme al arca de Noé cruzando el semáforo— y yo no lo encontraba por ninguna parte. El cabello se me pegaba al rostro, el agua en las pestañas me impedía ver con claridad y el uniforme mojado comenzaba a ser pesado para poder correr de un lugar a otro. La madre naturaleza nunca había sido mi especial aliada y ahora podía corroborarlo.
—Piensa Maka. Si fueras un chico furioso al que acaban de mandar a la mierda por mucho que te hayas esforzado en levantar de los cimientos una relación sin futuro, ¿Dónde irías? —dije, girando sobre mis talones en todas direcciones, tratando de visualizar una pelusa blanca.
Se me estaba estropeando el maquillaje y debería parecer fácilmente un mapache —a juzgar por como me estaban mirando varios curiosos cuyas vidas vacías deben llenar con la de los demás para sentirse mejor consigo mismos—, pero aún así seguí mi camino, corriendo en dirección a las escaleras principales. Nada, aquí tampoco.
¡Joder! Solo había salido con menos de dos minutos de diferencia, ¡Era imposible que desapareciera de la nada!
—Maka, ¿Has visto Hermano Oso demasiadas veces y tratas de sacar tu espíritu animal que resulta ser un mapache, o es que ya te has vuelto loca definitivamente? —Una voz masculina a su espalda la sobresaltó. Gire mi rostro hacia atrás, donde encontré a un curioso Black Star, apoyado en la barandilla del pequeño pasillo cubierto que conectaba el gimnasio y el instituto.
Por la cara que puso, pude darme cuenta de que quizás estaba incluso peor de lo que esperaba. De repente, saltó la baranda y se acercó corriendo hacia mi, sujetándome de los hombros con rostro serio.
—Maka —me llamó—. ¿Qué ha pasado?
—Que he abierto mi estúpida boca, eso ha pasado. Como siempre. —Y fue cuando él pasó su dedo pulgar por mi rostro, que me dí cuenta de que había estado llorando.
Frunció el ceño y agarró mi mano, tirando de mí hacia el interior de Shibusen. Varios alumnos se hicieron a los lados, formando un pasillo mientras cuchicheaban sin parar. Agaché mi rostro, escondiéndolo entre las mojadas hebras de mi pelo. Black paró de repente, estábamos frente al baño de chicas.
—Entra ahí y haz... Algo —torció la boca—. Pero hazlo pronto, estás horrible.
—Gracias. —ironicé. Black me lanzó mi mochila, donde tenía el cambio de ropa de la clase de gimnasia. No me di cuenta de en que momento cogió mis cosas.
Entré al baño y puse el pestillo. No tenía ganas de invitadas.
Me miré al espejo. Tenía los ojos rojos e hinchados, el maquillaje corrido por la lluvia y las lágrimas, tenía el pelo mojado y despeinado por la carrera, el uniforme hecho una piscina de tela y mis zapatos serían la nueva tendencia en peceras. Suspiré y saqué algo de papel del rollo que colgaba de la pared, pasándomelo por la cara para tratar de limpiar el cuadro que Picasso había pintado en mi cara. Saqué mi uniforme deportivo de la mochila y me metí a uno de los cubículos para cambiarme. Cuando estuve lista, volví a mirarme en el espejo. No tenía maquillaje, me había recogido el pelo en una coleta alta (me sentí rara, pues acostumbraba a llevarlo suelto), y los ojos se me habían llenado nuevamente de lágrimas.
Me apoyé sobre el lavabo, analizando la situación.
No era la primera vez que la cagaba con Soul, y sabía que era todo su culpa. Yo y mi estúpida manía de alejar a la gente con mi jodido orgullo y herirlos por no saber controlar las palabras. ¡Idiota, imbécil, gilipollas!
Me pasé el antebrazo por los ojos con furia y levanté nuevamente el rostro. Me colgué mi mochila al hombro y me decidí a salir de ahí de una vez. Black me esperaba fuera, apoyado en la pared y de brazos cruzados. Tenía el cabello azul mojado y pegado a la frente y parte de su uniforme también empapado por haberse expuesto a la lluvia. No me lo merecía, era demasiado bueno conmigo. Apreté los dientes. Quizás había metido la pata hasta el fondo con Soul, pero al menos le hablaría claro a Black Star.
Había intentado, sin un motivo real, seguir acaparando la atención de Black sobre mi. Egoísta, si. Yo nunca había tenido toda la atención que me hubiese gustado, y cuando me di cuenta de que Black estaba realmente enamorado de alguien como yo, me encantó la sensación de que él me prestara continuamente su atención, y no dudé en utilizarlo para mis propios fines. Aún después de que nuestra supuesta relación terminara, seguí exigiendo su atención. Pero entonces Black conoció a Tsubaki, una chica demasiado dulce, tierna e inocente que podía aguantar todas y cada una de sus tonterías. E incluso antes de que él mismo se diera cuenta, yo ya sabía que a él le gustaba esa chica.
Pero me era inconcebible. Black Star, quien juró ser mi eterno enamorado, me había cambiado, me había dejado de lado por ella. No pude aceptarlo, y solo quería traerlo de vuelta a mi. Pero creo que acabé por estropear lo que sea que tuvieran aquellos dos. Al principio no me importó, pero ahora, en esta situación en la que me he metido yo sola, por mis propios errores, miedos e inseguridades, viendo como él se preocupaba tanto por mi, me hacía sentir como la mayor mierda de todo el mundo, del universo entero.
—Hacía tiempo que no te veía tan natural —bromeó—. Estás mejor así.
—Black, tenemos que hablar —dije. Él me miró con una ceja alzada. Yo acomodé mejor mis cosas sobre mi hombro y tomé su mano tal como él había hecho hacía unos minutos—. Pero no aquí, y no solos.
Sin pensármelo dos veces, lo arrastré por los pasillos. Yo había fastidiado mi propia historia, pero me encargaría de arreglar las demás. Después de preguntar a varias personas, acabamos frente a la puerta de la biblioteca, la cual abrí de golpe. El ruido que hizo alertó a los que estaban en su interior tratando (inútilmente) de que al menos algo de información se retuviera en sus estúpidos cerebros. Caminé con paso firme hasta una mesa del fondo, donde encontré a la persona que buscaba, enfrascada en un grueso libro sobre anatomía.
—Tsubaki Nakatsukasa, ¿Verdad? —dije, tomando asiento sin que ella me lo indicase y obligando a un tieso Black a hacerlo también.
I'm so happy because today
I've found my friends
They're in my head
I'm so ugly, but that's okay, 'cause so are you
We've broken our mirrors
Sunday morning is everyday for all I care
And I'm not scared
Light my candles in a daze
'Cause I've found god
Hey, hey, hey
Ohayo!
No tengo perdón de Dios/ Buda/ All Might/ Shinigami-sama/ Kira (y un largo etcétera). Lo se, soy consciente de ello y lo admito. Si os sentiréis mejor, podéis darme con el látigo de la vergüenza (?).
He estado un poco (muuuuuuuyyyy) desparecida por estos lares, pero me habían atrapado los exámenes, los trabajos, las vacaciones de mis musas y la flojera pura y dura. Además de intentar enfrascarme en otros proyectos que ni avanzan ni retroceden (como este fic(?)).
No se si se ha notado, pero a la mitad de este capítulo he cambiado un poco mi forma de escribir. Eso se debe a que la primera mitad del capítulo la escribí (han pasado 84 años) hace... Pues de la última vez que actualicé, y (creo) que mi forma de escribir ha cambiado bastante, además habréis notado que incluso en mitad del drama he metido algo de sarcasmo y comedia, no lo he podido evitar, vino solo.
Siento además que sea un capítulo algo corto (bueno, son 1688 palabras, creo que es mi récord en capítulos de Parodia de un cliché...), pero espero no tardar otro siglo en actualizar.
Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, no os imagináis lo feliz que me hacéis.
Con amor (y miedo, mucho miedo):
Slamie Evans.
