Capítulo VII

Faltaba tan poco…

1-

-Hagan todo lo que sea necesario para recuperar mis documentos-ordenó severamente el muchacho de cabellos oscuros recorriendo la habitación con impaciencia, su mano sostenía con firmeza el teléfono móvil contra la oreja a la vez que prestaba atención a las palabras de su interlocutor.

Un silencio se escurrió en la habitación durante unos segundos y Nott no pudo evitar apretar los dientes al oír aquellos halagos tan falsos de parte de uno de sus ayudantes. Dio otra vuelta por la oficina con cara de pocos amigos, en esos momentos parecía más un león enjaulado que uno de los dirigentes más importantes de la compañía.

-A ella la quiero en Londres cuanto antes-manifestó Sebastián seriamente, por más que quisiera que la pelirroja pagara por su pierna herida sabía que tenía que reprimir aquellos impulsos irracionales y usar la cabeza. Si le entregaba al Señor Weasley a su hija este confiaría plenamente en él, incluso quizás le diría la ubicación exacta de la joya. Además estaba seguro de que el tener a Rose implicaba tener a Malfoy pisándole los talones, una sonrisa vengativa se dibujo en sus labios. La próxima vez que viera al joven rubio no dudaría en apuntale directamente al pecho y presionar al gatillo, nadie le robaba y vivía para contarlo.

-No, no se comuniquen con la interpol bajo ningún concepto-les prohibió Nott regresando a su mullida silla de escritorio al percibir como su pierna volvía a dolerle infernalmente.

La presencia del verano era fácilmente perceptible pues a pesar de que las ventanas estaban abiertas de par en par no ingresaba ni una gota de aire, el ambiente estaba denso e irrespirable lo cual contribuía a aumentar el mal humor del hombre de ojos verdes.

-Ya saben lo que les sucederá si fallan-advirtió con malicia el único ocupante de la oficina antes de cortar la comunicación y refunfuñar. Odiaba tener que estar reclutado en ese escritorio repleto de papeles, pero gracias a su herida, era lo único que podía hacer, eso y dar órdenes a través del teléfono a una cuadrilla de inútiles. Su jefe le había indicado cuidadosamente esa mañana que tenía que tranquilizar al Señor Weasley, convencerlo que ya conocían la ubicación exacta de su hija y que en unas pocas horas la tendría de nuevo en su casa, pero Nott no había sido capaz de mentirle en la cara al pelirrojo, no tenían ni la menor idea de en que parte de Paris se escondían. Y él sabía que esa ciudad era enorme, aun recordaba como hace seis años había permanecido oculto durante meses con…Malfoy y…Carter. La imagen del moreno le llegó a su mente como un relámpago, había perdido la comunicación con él desde hace años y su paradero le resultaba incierto. Es cierto que habían sido buenos colegas pero todo aquello había quedado en el pasado cuando decidió trabajar por su cuenta con uno de los políticos más corruptos de toda Europa. De seguro ya está muerto, pensó Nott con nostalgia fijando sus pupilas nuevamente en la montaña de trabajo que reclamaba su atención desde hace días.

Suspiró cansinamente y se preparó mentalmente para la que sería una noche agotadora.

2-

La tarde ya había alcanzado la capital francesa, y tanto la pelirroja como el rubio caminaban con un ligero sándwich en una de sus manos, Scorpius no había querido arriesgarse en entrar a un supermercado así que compró un tentempié a los vendedores ambulantes de esa feria. El lugar era digno de un cuadro, el parque rodeaba a la feria, repleta de todo tipo de artesanías, la luz brillaba en cada toldo y resaltaba las sonrisas de todos los turistas que no dudaban en sacarse miles de fotos.

-¿Qué hacemos aquí?-preguntó Rose algo más animada por el ambiente después de darle una mordida con desconfianza a su almuerzo.

-Evitamos llamar la atención-le susurró él a la vez que la empujaba discretamente para que siguiera avanzando y no se detuviera.

-No tiene sentido, estamos en un lugar público cualquiera nos puede reconocer-le debatió la chica con lógica esbozando una sonrisa de superioridad que no tardó en borrarse al ver la cara de su captor.

-¿Qué mejor lugar que estar camuflados entre cientos de turistas?-preguntó retóricamente acabando su sandwiche con una segunda mordida.

Continuaron avanzando un rato en completo silencio, la muchacha de ojos azules no podía sacarse de la cabeza las palabras hirientes que le había dicho el rubio hace unas horas, a pesar que ni siquiera sabía su nombre no podía negar que le habían afectado considerablemente. Una semana atrás cualquier insulto hubiera rebotado en ella, incluso se habría reído del infeliz que la habría enfrentado, pero con ese muchacho las cosas eran diferentes. No podía simplemente exigirle, ordenarle, él la controlaba desde que la había obligado a subirse a ese coche la noche de su cumpleaños. Aquellos fríos ojos grises eran impenetrables, las palabras eran inútiles, resbalaban y se evaporaban en menos de un segundo. Estaba físicamente encarcelada a él, no podía huir porque él la alcanzaría, no podía pedir ayuda porque él lo sabría, sin mencionar el hecho de que estaba totalmente incomunicada desde la pérdida de su teléfono móvil, resignada ante sus pensamientos, suspiró y continuó contemplando la feria.

Sin que la pelirroja tomara consciencia el parque terminó y una gran avenida chocó ante ellos como una luz muy brillante. Scorpius la tomó de la mano y la obligó a detenerse junto a la masa que también aguardaba a que se cambiara la luz del semáforo.

El bullicio rodeó a la Weasley y por unos segundos avanzó por pura inercia en esa jungla de concreto, sintiéndose invisible entre la multitud.

Y de repente sus manos se soltaron.0

La gente siguió avanzando como una masa compacta, desesperados por cruzar la calle y alejarse de ese calor abrumador que reinaba sobre las primeras horas de la tarde. Hombres, mujeres y niños avanzaron sin detenerse y absorbieron a la chica como si se tratase de un pozo de arena movediza. El joven rubio no se percató de ese insignificante detalle hasta que llegó del otro lado. Pero ya era demasiado tarde, cuando sus ojos buscaron a su alrededor, ella ya no estaba. De pronto, al otro lado de la calle, contempló como su peluca rubia y rizada, yacía en el suelo. La sangre le hirvió de rabia al pensar que la escurridiza pelirroja se le había vuelto a escapar, sin embargo el pensamiento duró poco ya que por un segundo, la vio.

Sin importarle los cientos de autos que en ese momento cruzaban a toda velocidad la avenida, él corrió para volver a atravesar la calle. No tardaron en oírse las bocinas y varios insultos por parte de los molestos conductores, no obstante en ese momento, Scorpius era sordo, ciego y mudo ante cualquier otro estímulo que no fuera el rastro que seguía.

Ingresó al callejón que estaba justo delante del lugar por el cual habían cruzado la calle y como no divisó nada más que botes de basura, cerró los ojos buscando escuchar algún sonido. En su mente, la imagen de la chica de ojos azules siendo arrastrada por alguien a ese lugar, no lograba salir de sus retinas. Había quedado grabado a fuego.

De pronto lo oyó. Sus gritos eran inconfundibles, él se apresuró a recorrer el callejón para llegar al otro lado, tenía que averiguar que estaba sucediendo. Lo primero que hizo antes de continuar fue sacar su arma y diseñar mentalmente una estrategia, de todas formas nada lo hubiera preparado para lo que estaba a punto de ver.

3-

La taberna estaba prácticamente desierta, nadie solía aparecerse a esas horas de la tarde, el cantinero, un joven universitario, limpiaba los vasos mientras tarareaba una melodía pegadiza. Estaba acostumbrado a esa soledad, a la poca luz que había en el ambiente y al fuerte olor a alcohol. Pero ese día no era como cualquier otro, por eso cuando se disponía a tomar otro vaso para limpiar, escuchó voces y sus ojos automáticamente se desviaron hacia la puerta. Tres hombres entraron primero, altos, musculosos y completamente vestidos de negro. Nada raro para el tipo de gente que frecuentaba ese antro, así que simplemente lo dejó pasar y siguió con lo suyo. Pronto ingresaron dos hombres más, el primero era el más bajo de todos y las canas en su cabello reflejaban su avanzada edad, el otro en cambio era de mediana edad y su semblante indiferente era bastante aterrador.

Los cinco se ubicaron en el rincón más lejano y más oscuro del bar, el mesero se extrañó al comprobar que apenas eran las cinco de la tarde, sin embargo despreció ese insignificante detalle y enseguida se acercó al grupito.

-¿Desean tomar algo caballeros?-pregunto monótonamente el joven.

El anciano pidió un Whisky y el resto solamente negaron con la cabeza, el hombre totalmente inexpresivo ni siquiera lo miró así que el muchacho lo tomó como un no y se dirigió a la barra con tranquilidad.

Ni bien se alejó, el anciano murmuró- Aquí podremos hablar tranquilos, ¿me trajiste los informes de esta semana Fritz?-.

El hombre de cabellos castaños brillantes, que estaba sentado a su lado, extrajo del bolsillo interior de su chaqueta un sobre marrón y lo depositó sobre la mesa.

-Tú nunca me fallas-sonrió el anciano con una mueca burlona apoderándose del sobre. Lentamente lo abrió y comenzó a leer con dificultad esos documentos, su vista ya le empezaba a cobrar factura y aquella oscuridad no ayudaba en absoluto.

-¿Sabes si el inútil de Nott ya se ganó la confianza de Weasley?-volvió a preguntar este sin despegar sus ojos del papel totalmente garabateado.

-No, aun no Señor-informó el de cabellos castaños con una voz cargada de formalidad-tampoco es que él haga mucho para conseguirla-terminó con algo de resentimiento. Luego se acomodó en su silla para adoptar una postura más recta de la que ya tenía.

-Tendré que quitarle algunas libertades, últimamente piensa que puede hacer lo que quiera, pero de todas formas todo pronto se acabara-dijo en voz alta el anciano algo mas entusiasmado-cuando mate a Weasl…-

Pero su voz áspera se vio eclipsada por la cercanía del mesero que venía cargando el pedido.

-Aquí tiene señor-el empleado dejó el vaso de whisky sobre la mesa y se dio media vuelta para regresar apresuradamente hacia la barra. Lo que acababa de escuchar lo había dejado helado, por más que hacía más de tres meses que trabajaba en ese rincón olvidado de la ciudad y había odio todo tipo de comentarios, nunca antes había presenciado como planeaban un asesinato. Intentó recordar el nombre de la víctima, cerró los ojos y se mantuvo pensativo pero solo recordaba que empezaba con W. Se frustró consigo mismo y se acercó a una de las mesas próximas con el pretexto de que limpiaba, entonces escuchó atentamente la conversación.

-…ito obtener la joya, ya hace veintidós años y todavía no la tengo entre mis manos, sino que el despreciable de Weasley la atesora-maldijo el hombre de gafas con rabia.

-Lo entiendo señor, pero pronto será suyo el diamante-lo animó el hombre sin modificar la expresión de su rostro, los tres guardaespaldas que permanecían sentados frente a ellos estaban callados y oían todo con atención.

-Si ahora que contraté a Leonard-mencionó con una sonrisa maléfica el hombre de cabellos canosos bebiendo de su vaso de whisky.

Fritz abrió los ojos en señal de sorpresa, hacía muchos años que esa emoción no se plasmaba en su cara, ¿Contrató a ese hombre?-.

Su jefe lo miró desafiante, odiaba que cuestionaran sus decisiones y aquello no iba a ser la excepción.

-Me parece que es lo más adecuado y dado que ni tú ni Nott avanzan en sus misiones…-señaló ajustándose las gafas con elegancia.

-Si me hubiera dado el trabajo de Nott a mí…-gruñó el de cabellos castaños con una mirada que mostraba claramente el manojo de celos que se urdía en su interior.

-Ya te expliqué que tu papel es mucho más importante que el de él-lo cortó tajante el anciano con su voz áspera después de acabar el trago.

-¿Me va a decir que ser un simple mayordomo es más importante que dirigir una compañía multimillonaria y múltiples operaciones encubiertas?-ironizó Fritz volviendo a su típica indiferencia, escupiendo cada palabra con asco.

-Estas en contacto directo con Weasley, con sus posesiones personales, él confía en ti más que en su propia esposa Fritz, eso es más importante que el eliminar gente entrometida como Malfoy, que el ocuparse de una empresa ficticia, eso solo es una fachada para la sociedad-le explicó con calma el anciano. Sin embargo el de cabellos castaños no quedó muy convencido, no obstante prefirió callar y retomar el tema que le interesaba.

-¿Y qué papel va a desempeñar el hombre que contrató?-.

El jefe se rió macabramente y por un momento sus ojos brillaron-créeme que no querrás saber-.

En ese momento uno de los guardaespaldas habló con una voz profunda.

-Señor el mesero nos ha estado vigilando y es probable que haya ido a informar a la policía-.

El anciano desvió su mirada hacia la barra y contempló como el joven se internaba en el fondo del bar, su piel estaba pálida y se veía perfectamente que estaba alterado.

-Atrápenlo y háganlo desaparecer-ordenó el jefe sin restarle importancia. En menos de un segundo aquellos hombres tan gruesos como troncos se pusieron de pie y se aproximaron al asustado empleado.

Este nunca más volvió a su casa después de aquel turno.

4-

Entonces sintió como alguien la empujaba, su mano se separó de la de él y para cuando quiso darse cuenta otra persona la sujetaba fuertemente del codo. Ella tironeó lo más que pudo pero la marea de personas no ayudaba en absoluto, no tuvo más opción que dejarse arrastrar por la nueva figura hacia un callejón cercano. Su peluca se resbaló de su cabeza pero ella ni siquiera lo notó.

-Suéltame-gritaba ella a viva voz para que alguien la escuchase, aquello ya era el colmo, que la secuestraran estando secuestrada, si tenía suerte quizás podría escapar y…

-Qué bonita que eres Rose Weasley-comentó el hombre acercándose cada vez más a ella y empujándola contra una de las paredes del callejón. Al ver su aspecto una profunda arcada subió por la garganta de Rose, los largos cabellos grasientos del individuo, sumado a su aliento apestoso y a sus dientes partidos y amarillos no le inspiraban demasiada simpatía.

-¿Cómo sabes quién soy?-preguntó inocentemente tratando de mantener distancia con aquel hombre.

Él sonrió-Tu cara está en todos los medios de prensa preciosa, la recompensa por entregarte es elevada…-mencionó en un susurro-pero me parece que me voy a divertir un poco mas contigo-aquellas últimas palabras desconcertaron a la pelirroja que a toda costa trató de evitar que el individuo se acercara. Antes de que se diera cuenta él ya la había arrinconado y estaba forzándola, quitándole la camiseta, golpeando su cabeza contra los ladrillos de la pared, posando su boca sobre su cuello, mordiéndoselo. Tocándole violentamente su abdomen y desabrochándole el pantalón, todo era demasiado abrumador.

Los gritos desesperados de la chica resonaron el lugar, tenía que impedir que ese hombre se propasara con ella, alguien tenía que escucharla, si tan solo lograra acercarse a la salida del callejón y correr hasta mezclarse con la multitud de la avenida…

Entonces una nueva figura apareció, más rápido que un rayo empujó a aquel hombre y lo separó de Rose. Su puño viajó varias veces hasta el rostro del hombre de cabellos largos y grasientos, este oponía resistencia pero se notaba que Malfoy era extremadamente bueno en peleas de ese tipo.

La pelirroja estaba anonadada. Sus rodillas ya no podían sostenerla y poco después de que el rubio la separó del abusador había caído al suelo. Poderosas lagrimas no habían tardado en salir, aun sentía el aliento putrefacto de ese hombre, el tacto sobre su cuerpo, el corazón palpitándole rápidamente y el aire entrando y saliendo a toda velocidad desde su pecho. Su camisa reposaba junto a ella, como recordatorio de lo que pudo haber sucedido, de lo que ese desgraciado le habría hecho en unos pocos minutos más.

Scorpius finalmente logró debilitar totalmente a su oponente, dejarlo tendido en el suelo, semi inconsciente y gravemente dañado. No se arrepentía ni un poco de lo que había hecho, odiaba a ese tipo de personas, a los que se creían capaces de forzar a otros solo para poder obtener placer.

Finalmente, antes de propinarle una última patada en la cabeza para dejarlo totalmente noqueado, lo miró con asco y repulsión. En ese momento se percató de algo: lo conocía. Ese hombre había sido el que le había propuesto el trabajo a Daniel hace seis años cuanto se habían refugiado en Paris. La rabia se unió a la montaña de sentimientos negativos que irradiaba a ese individuo tan descuidado.

-¿Dónde está Daniel Carter?-le exigió Malfoy con furia golpeándolo para que le respondiera. Este gritó de dolor varias veces antes de mirarlo con extrema sorpresa.

-¿Quién eres?-preguntó sin aliento, haciendo un esfuerzo increíble para pronunciar esas dos palabras.

-te hice una pregunta-le gritó el rubio.

-En una cárcel de Suiza, se lo merece por desobe…-

-¿Qué cárcel?-lo interrumpió interesado sacando el revólver de su pantalón y apuntándole al hombre directo a la cabeza. Este se asustó un poco pero de todas maneras contestó débilmente:

-Salzburg-esa fue la última palabra que pronunció antes de desmayarse y que su cabeza resonara contra el concreto.

Malfoy sonrió satisfecho, acababa de obtener el dato que tanto ansiaba, Carter estaba vivo.

Se dio vuelta y vio como la pelirroja continuaba llorando apoyada sobre el suelo con todos sus cabellos descontrolados sobre sus hombros y espalda. Con delicadeza le tendió su camisa y la ayudó a ponerse de pie, ella sin dejar el llanto se la puso y lo miró fijamente.

-Gracias-se escuchó su susurro entre los sollozos cada vez menos intensos, las lágrimas se deslizaban por su rostro lentamente y sus ojos azules totalmente acuosos estaban clavados en el rubio. Malfoy la miraba sorprendido nunca antes había visto a alguien tan indefenso, no sabía cómo debía actuar en esa situación así que por unos minutos solo la miró fijamente, indeciso. Antes de que se diera cuenta, ella lo abrazó.

El joven no supo cómo reaccionar y se quedó estático, sentía como sus lágrimas mojaban su camisa, como ella intentaba refugiarse en su pecho. Pronto la chica notó su incomodidad e inmediatamente lo soltó y se alejó varios pasos algo avergonzada.

-Lo sie...ento muu…cho-balbuceó limpiándose con el dorso de su mano las últimas gotas que se deslizaban por su cara.

Malfoy asintió con la cabeza y la miró comprensivamente, sabía que realmente necesitaba desahogarse. La examinó una vez más y comprobó que en esos momentos la pelirroja no era aquella chica malcriada y egoísta que le provocaba una indescriptible aversión, sino que era otra. Era una muchacha aterrada, solitaria y totalmente desconsolada que lo miraba como si fuera un cachorro herido.

-Vamos-le dijo él con suavidad señalándole la salida del callejón. Rose tragó saliva y con pasos temblorosos lo siguió hacia la avenida.

5-

Sus pasos comenzaron a resonar sobre aquellos desgastados escalones de madera. Pronto llegó a un pequeño entrepiso donde solo había una puerta. A pesar de que esta aparentaba estar aun más descuidada que el propio edificio, portaba con orgullo un lustroso numero dos. El pelirrojo sacó de su chaqueta un pequeño papel con una dirección y comprobó que ese apartamento fuera el correcto, todavía no le cerraba como una persona tan importante podía vivir allí. Algo desconfiado golpeó la puerta y esperó.

Pasados unos minutos esta se abrió con un chirrido y un hombre extremadamente pálido lo observó con curiosidad.

-Tengo un caso para usted-simplificó el pelirrojo con seriedad intentando no prestarle atención a la sonrisa enigmática pero a la vez macabra que esbozaba su acompañante. Este lo examinó cuidadosamente antes de susurrar-ya veo…, pasa muchacho-acabó abriendo la puerta en su totalidad y haciéndose a un lado para permitirle el paso al pelirrojo.

El joven Weasley ingresó al apartamento sin despegar sus pupilas del hombre, su imagen demasiado delgada pero a la vez alta le recordaba al típico villano de las películas de terror. Y odiaba ese tipo de películas.

Entonces el hombre se deslizó por un corto corredor y atravesó la puerta más grande, el muchacho lo siguió en silencio hasta una oficina en lo más profundo de ese departamento.

En cuanto Hugo vio con sus propios ojos la oficina se sorprendió terriblemente, aunque esta era pequeña gozaba de un lujo que rozaba lo excéntrico. Cabezas de animales colgaban en la pared, extrañas lámparas decoraban el techo y dos sillones verdes y aterciopelados se situaban frente a un moderno escritorio de metal.

-Las apariencias engañan Sr Weasley-mencionó el hombre misteriosamente haciendo señas para que se ubicara en uno de los sillones. La cara del joven se contorsionó y sus ojos se abrieron al máximo.

-¿Cómo sabe mi nombre?-fue lo único que alcanzo a pronunciar antes de notar que a menos de un metro había una enorme pecera repleta de pequeñas pirañas. Discretamente se alejó de allí y tomó asiento algo conmocionado.

-Con todo respeto Sr Weasley no es ningún misterio que su familia es una de las más importantes de la ciudad, además desde que corrió la noticia de que raptaron a su hermana los Weasley han aparecido frecuentemente en los medios de prensa-le contestó con calma ese hombre de cabellos tan negros como la noche.

-Pero dígame ¿qué es lo que lo trae por aquí?-hizo una corta pausa que uso para sentarse tras el escritorio y clavar sus ojos canelas con firmeza en el pelirrojo-no es usual que alguien de su posición se acerque por estas zonas de la ciudad-.

-Quiero saberlo todo acerca de mi padre-condicionó el pelirrojo con una expresión severa. Luego se acomodó la chaqueta del traje y miró con atención a su acompañante.

El otro hombre se puso de pie y se acercó hasta la ventana, un débil vidrio y una vaporosa cortina era lo único que lo separaba del exterior. Sus ojos miraron automáticamente hacia abajo, donde dos pisos más abajo cientos de coches circulaban por la ruidosa avenida londinense. Entonces suspiró y le contestó con una voz calmada.

-Eso va a ser extremadamente difícil Sr Weasley-.

El muchacho no cambió su expresión, al contrario contempló con más intensidad a su interlocutor. No iba a permitir que lo intimidaran.

-Tenía entendido que es el mejor detective de toda la ciudad Sr Dawson-comentó Hugo siguiéndolo con la mirada en su recorrido por la habitación.

El investigador abrió sus ojos canela al máximo y se apresuró a acercarse al escritorio.

-Por supuesto, pero tiene que entender que su padre cuenta con un sistema de seguri…-

-¿Puede o no?-lo interrumpió el joven de dieciocho años con impaciencia. No había recorrido un largo camino desde su apacible mansión para que ese hombre le dijera que no, lo iba a convencer a como diera lugar.

-Sí, pero le repito es un caso muy complicado y voy a necesitar…-explicó el hombre con cautela moviendo las manos con exageración a la vez que se sentaba nuevamente.

-¿Cuánto dinero quiere?-intuyó el pelirrojo al ver como el detective hacia una pausa en su esmerado discurso.

-Para la primera etapa necesitaré cerca de un millón de libras-sonrió abiertamente el hombre esperando la respuesta por parte del chico.

-De acuerdo-concordó de inmediato Hugo ante la sorpresa del detective-pero deberá ganarse cada centavo Sr Dawson, hasta que no tenga ningún dato útil no pienso pagarle-.

El investigador hizo una mueca poco agradable.

-Pero dígame Sr Weasley ¿desea que averigüe algo en particular acerca de su padre?-.

Los ojos de Hugo brillaron, sabía perfectamente que le iba a pedir que investigara, ya lo había estado pensando hace días, creando miles de posibles hipótesis a su pregunta que siempre era la misma.

-Quiero que averigüe que contiene el tercer cajón del escritorio de mi padre, es el único que siempre ha estado cerrado tanto tiempo y la segunda vez que intenté abrirlo desapareció de su lugar, mi padre se puso furioso-contó el muchacho con una sonrisa nostálgica. Después de todo para poder entender porque había mandado a asesinar a su hermana debía entender quien se escondía tras la fachada del empresario Ronald Weasley, aquel hombre que todos esos años había admirado, aquel que en menos de tres días había comenzado a odiar.

6-

La torre Eiffel se alzo ante ellos como un sueño, alta, imponente e iluminada por sus cientos de luces que contrastaban con los colores violetas y rosados del crepúsculo.

El lugar estaba tan lleno que caminar era extremadamente difícil, nadie se quería perder esa bonita tarde de verano. Parecía que cada habitante de la ciudad había decidido reunirse a contemplar los bellos reflejos del Sena, las luces centelleantes del famoso monumento y la refrescante brisa que le daba un alivio al calor sofocante.

Entre toda esa multitud, se hallaban un rubio y una pelirroja. Hacia horas que caminaban, siempre entre lugares públicos buscando no llamar demasiado la atención.

Rose estaba algo decaída y no había pronunciado más que monosílabos desde el episodio del callejón, el cual había quedado grabado en sus retinas. Malfoy lo había notado pero no había dicho nada, su mente estaba ocupada en elaborar un plan para saber cómo saldrían de aquella urbe. Por avión era imposible, no pasarían mas de tres segundos hasta que los descubrieran, ir en coche era riesgoso ya que seguramente las fronteras estaban vigiladas y no quería arriesgarse a volver a tomar un tren. Así que solo restaba una opción.

-¿A dónde vamos?-preguntó Rose algo confundida al ver como el rubio se detenía en medio de esa masa y extraía de una de las maletas que llevaba colgada un pequeño mapa de la ciudad. Pero él no le contestó y continuó con su escrutinio, finalmente localizó lo que estaba buscando y guardó apresuradamente el plano.

-A suiza-le avisó él con tranquilidad, la chica no respondió pero en su interior miles de preguntas comenzaron a gestarse.

Entonces el joven de ojos grises volvió a tomarla de la mano y a conducirlos hasta el otro lado de la avenida, necesitaban alcanzar la terminal de autobuses antes de que dieran las diez, y ya eran las nueve y media.

El muchacho prácticamente comenzó a correr cuando se alejó de aquel seguro pero incomodo resguardo entre cientos de personas. Rose se dejó llevar y solo alcanzo a dar vuelta su cabeza por última vez para contemplar la torre Eiffel durante unos segundos en los cuales sus luces cambiantes la llenaron de dicha. Una dicha que no duraría mucho más. Enseguida debió seguir avanzando por inercia ya que Malfoy la tenía fuertemente sujeta y no pensaba soltarla.

-Podemos ir más despacio estoy cansada y…-pidió entre jadeos la pelirroja, nunca había hecho tanto ejercicio en un solo día y sentía fuertes punzadas en los músculos de las piernas.

-No podemos, estamos atrasados, luego podrás descansar-le informó él monótonamente, sin dejar de ver por dónde iban, lo único que les faltaba era perderse.

Los minutos corrían y ella se sentía peor, poco a poco un fuerte dolor de cabeza la golpeó, después llegaron los calambres y por ultimo un mareo. Entonces se desmayó en medio de la calle tomando por sorpresa al joven que se lanzó a tomarla entre sus brazos.

-Rose, Rose ¿estás bien?-inquiría él sacudiéndola lentamente para lograr que se despertara, no obstante sus ojos siguieron sellados, escondiendo ese azul más profundo que el mismo mar. Los ojos grises la revisaron con sumo cuidado, luego, tratando de alejar el temor, comprobó que siguiera respirando. Lentamente acercó su cabeza al cuerpo de ella y escuchó.

Suaves exhalaciones movían su pecho e imperceptibles latidos retumbaban como un tambor en su interior. Scorpius suspiró aliviado, seguramente se había desmayado, no podían permitirse ir a un hospital si querían salir de Paris, quizás esa fuera su única oportunidad de escapar, él sabía que les estaban pisando los talones.

Lentamente volvió a retomar el camino con la chica entre sus brazos, sentía sus cabellos largos y ondulados rozar sus brazos y producirle un cosquilleo al mismo tiempo que su aroma se colaba en su nariz. Nunca había notado lo bien que olía la muchacha, era una mezcla de fresas con algo cítrico. Sin embargo dejó pasar ese detalle y se alegró cuando llegó hasta la principal terminal de autobuses de la ciudad. Depositó a la muchacha con cuidado sobre una de las sillas de plástico que había en la terminal y le roció un poco del agua que llevaba cargando desde hace horas en una de las maletas.

El estimulo fue suficiente para que ella abriese nuevamente los ojos y le devolviera la mirada desde un rostro terriblemente pálido.

-¿Qué pasó?-susurró Rose completamente confundida mirando en todas direcciones para buscar una respuesta.

-Te desmayaste-le respondió Malfoy.

Sus brillantes ojos azules rápidamente enfocaron cada objeto de la terminal, las cientos de hileras de sillas de colores, la enorme boletería y los enormes carteles brillando sobre sus cabezas.

-Ven-le dijo unos segundos más tarde el muchacho permitiendo que se sujetara de su brazo y la acompañara a la boletería. Allí él compró dos pasajes a Bern

y para cuando la pelirroja, que aun se encontraba algo mareada, quiso darse cuenta ya estaba sentada en los últimos asientos de un pequeño autobús rumbo a suiza.

7-

El sol no había aparecido aquella mañana sino que sus tenues rayos habían sido lo único capaz de atravesar las espesas nubes que cubrían el cielo. La niebla no había tardado en aparecer a hacerle compañía a ese ambiente cálido y tranquilo.

El jardín estaba sumido en una profunda paz, cada arbusto y cada flor estaban en su lugar, mostrando el orden que proliferaba en ese terreno. Incluso el césped, recién cortado, desprendía un aroma fresco que impulsaba que ella respirara hondo con cada paso que daba. Sus ojos no podían despegarse del sendero que recorría pero su mente no estaba allí, estaba hundida en un pozo, en uno demasiado profundo.

Pronto ante ella se presentó un enorme arbusto repleto de hermosas flores rojas, ella misma lo había plantado hace casi dos décadas y cada vez estaba más hermoso, su querido rosal le traía tantos recuerdos…

-Señora Weasley ¿se encuentra bien?-la sobresaltó una voz obligando a sus ojos marrones a enfocarse en una nueva figura.

-¿Que lo trae por aquí tan temprano?-preguntó ella confundida pues apenas eran las siete de la mañana y no solían recibir visitas a esas horas.

-Tengo asuntos de seguridad que resolver con su marido-le contestó Nott con una sonrisa totalmente falsa que dejaba entrever sus perfectos y blancos dientes. Ella asintió con la cabeza y suspiró levemente.

-Ya veo, me temo que Ronald se fue ayer por la noche en un viaje de negocios –contó con una voz monótona que demostraba lo ida que estaba en ese momento.

-Entiendo-musitó Sebastián con calma, desviando unos segundos la mirada hacia otra parte y luego volviendo a ver a la dueña de aquella mansión-tardaremos un poco más en hallar a su hija, no puedo continuar el operativo hasta que su esposo me responda algunas preguntas-informó el hombre comenzando a caminar con lentitud sobre sus muletas hacia el interior de la casa.

-Espere-lo detuvo ella, el de ojos verdes se detuvo al acto y con una sonrisita maliciosa volteó para quedar de frente con la castaña. Él sabía que esa mujer no se encontraba nada bien y cuando se enteró que el señor Weasley no estaría, decidió que llegar temprano a la mansión bajo cualquier excusa serviría para obtener un poco mas de información.

-Quiero que encuentren a Rose lo más pronto posible, si es necesario yo responderé lo que sepa-indicó la señora denotando ansiedad a través de cada facción.

-No quiero molestarla en su paseo Señora-se negó con sutileza el de cabellos azabaches, sabía que lo había logrado y que pronto aquella mujer cantaría más de lo que debía.

-Yo insisto-replicó con algo de agresividad en su tono acercándose a su acompañante con decisión.

-De acuerdo, en ese caso lo mejor será sentarnos por allá-señaló él, mostrándole una de las mesas en las cuales los integrantes de la familia Weasley solían desayunar antes de ir a la piscina. Se ubicaron enseguida y la castaña esperó ansiosa que comenzara el interrogatorio.

-Al parecer el secuestrador quiere un objeto extremadamente valioso que se encuentra en su familia desde hace muchos años, ¿sabe a lo que me refiero?-.

La mujer se quedo pensativa durante algunos instantes pero no tardó en negar reiteradamente con la cabeza.

-No tenemos ningún objeto de tanto valor, en realidad lo único que tenemos en el banco es dinero-le aclaró ella con preocupación.

-¿Señora Weasley está totalmente segura de lo que dice?, ¿No sabe de algo que pudo haber heredado su esposo cuando falleció su suegra hace catorce años?-insistió el hombre de cabellos oscuros apoyando todo su cuerpo contra la superficie de la mesa y mirando con intensidad a la castaña que estaba sentada frente a él.

Automáticamente el semblante de la madre de Rose se empalideció y sus pupilas se dilataron, por supuesto que este repentino cambio no le pasó desapercibido a Nott, luego ella tragó saliva y se apresuró a aclarar:

-En medio de ese lamentable episodio yo me encontraba lejos de la ciudad en un evento de moda en Nueva York, por lo que no pude asistir al funeral de la madre de mi esposo, pero tenía entendido que ella le dejó todas sus pertenecías a Ronald, por lo tanto, supongo que también obtuvo sus joyas-relató ella con algo de pesar jugueteando con sus manos.

-Entiendo ¿y sabe el paradero de alguna de esas joyas?-prosiguió el encargado de seguridad con seriedad, emocionándose con cada comentario, pues cada vez se acercaba más y más a su objetivo: el diamante.

-Si mi esposo no las vendió probablemente estén guardadas en el cuarto de joyería-indicó Hermione con tranquilidad.

-¿Ninguna de ellas es especial?-

-No, de hecho son todas de lo más corrientes, no soy muy afín a la joyería como lo era Molly, o como lo es mi hija-le respondió la castaña algo pensativa.

-Entonces no la molestare más señora, gracias por su tiem…-contestó Nott con amabilidad poniéndose de pie y arreglándose el traje impecable que llevaba puesto esa mañana.

-¿Usted hará todo lo posible para poder traerla a casa?-verificó Hermione de inmediato con los ojos totalmente abiertos.

-Si por supuesto que sí-confirmó Sebastián .La mujer tomó aliento y antes de que el hombre se alejara soltó las miles de palabras que tenía atoradas en la garganta.

-Mi suegra tenía una joya como la que usted dice, especial, solo se la vi puesta una vez y no es algo difícil de olvidar, créame. Era de un color rosa intenso, nunca había visto un diamante que brillara tanto ni que tuviera una forma tan extraña-le contó conmocionada la dueña de la casa hablando con rapidez, casi sin detenerse a respirar.

-¿Sabe dónde está?-preguntó totalmente eufórico Sebastián, su corazón había comenzado a latir con violencia y podía percibir como su agitación aumentaba con cada segundo. Estaba tan cerca…, faltaba tan poco. Los labios de la mujer se abrieron con extrema lentitud, y pasaron varios segundos de completa tensión antes que un ligero sonido emergiera de estos como un susurro perdido.

-No-

Aquella palabra había sido como una brisa gélida, lo había golpeado súbitamente y se había llevado consigo todas sus euforia se esfumó y una rabia la sustituyó.

Con rapidez se despidió de la mujer y se alejó de todo el resto, necesitaba estar solo. Las nuevas ideas se revivían en su mente como una sopa y le impedían procesar, aunque si pensaba positivo si había obtenido un dato útil de su charla con aquella mujer. Después de todo el diamante de la diadema existía, y le pertenecía al señor Weasley. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro marcado por las ojeras, ya estaba un paso más adelante y no tardaría en llegar a su meta.

8-

Súbitamente el autobús se detuvo y los ojos azules de Rose se abrieron de golpe, había estado soñando con un bosque y con un lago, aquel era un ambiente tan apetecible que no le apetecía en lo mas mínimo despertar en esa realidad tan diferente. Pero sin embargo ya no había vuelta atrás, rápidamente miró su reloj de pulsera y comprobó que ya eran las ocho de la mañana. Habían estado viajando durante toda la noche y ni siquiera lo había notado, parecía que todo era un sueño dentro de otro sueño, su vida había sido sacudida para siempre. Con un bostezo pudo distenderse y comprobar que a través de la ventana solo estaba la campiña. No había ninguna ciudad, y ella recordaba claramente que su destino era Bern, eso de ninguna mantener podía ser una de las ciudades más importantes de Suiza.

Aun confundida se giró para contemplar al joven rubio que permanecía estático pero a la vez totalmente alerta, sus ojos grises se deslizaban hacia la parte delantera del autobús y sus facciones se endurecieron.

-¿Qué pasa?-pregunto ella con curiosidad intentando asomar su cabeza al pasillo que se formaba entre los asientos. Malfoy le hizo un gesto para que guardara silencio y enseguida se escuchó una voz.

-Lamentamos la demora pero la aduana de suiza nos exige un chequeo de rutina para comprobar que todo está en orden, desde que están buscando a esa pobre chica inglesa en toda Europa las medidas de seguridad se han endurecido bastante-comentó un hombre con extrema seriedad, mientras caminaba más recto que una estaca para poder lucir su uniforme de la policía.

Scorpius al oír el mensaje se tensó totalmente y tomó su arma, dejándola lista para disparar, si tendrían que huir de aquel lugar a la fuerza ya estaba preparado.

Rose contempló al chico y se puso totalmente nerviosa, recordaba cómo habían sido las anteriores escenas en las que había intervenido el arma del muchacho de ojos grises y no habían sido para nada agradables. No estaba dispuesta a soportar una más.

Entonces ambos escucharon como un nuevo sujeto entraba al transporte y comenzaba a preguntar a cada pasajero por sus documentos. Scorpius sabía que mostrar sus documentos falsos no impediría que los reconocieran, después de todo la cara de la pelirroja estaba en la primera plana de los periódicos hace días.

Lentamente se fue acercando hasta donde estaban ellos sentados, al final del autobús, en la última fila. Sus pasos pesados resonaban sobre la superficie metálica del corredor, y sus palabras exigentes hacían eco en sus tímpanos.

La pelirroja cerró los ojos y esperó, sabía que aquella tranquilidad que ya comenzaba a sentir era una mera ilusión, que estaba a punto de romperse. Scorpius presionó su arma con más esmero y siguió con la mirada al hombre que controlaba los documentos de cada pasajero. Ellos eran los próximos, Scorpius respiró hondo y comenzó a contar hasta tres antes de ponerse de pie, faltaba tan poco…

Continuará…

Kuchiki Yamiko: Si Rose está dando cuenta de cómo es la realidad, aunque algo de la vieja Rose aun puede resurgir jajaaj, en cuanto a Scorpius su actitud tiene más de un motivo que se irán descubriendo aunque si yo también lo amo XD, cuídate mucho y nos leemos.

Letida: No digas eso, adoro tus comentarios llenos de preguntas intrigantes jajaja. Si bajo la superficie Rose es una buena persona no es su culpa que la hallan criado de esa manera, si a mí también, me encantó escribir la escena en que ella se enojó. Qué bueno que hayas podido leerlo, intentaré volver a escribir algo parecido para el próximo aunque no te prometo nada XD, muchas gracias por estar siempre ahí, cuídate mucho y nos leemos.

mlori :Si poco a poco iré poniendo más acción, realmente siento mucho la demora pero últimamente no he tenido tiempo ni de respirar, los estudios me han absorbido, en fin cuídate mucho y nos seguiremos leyendo. Espero actualizar pronto esta vez

DreamsN'Ruins: No Rose nunca se cansa de escaparse jajaja, yo en su lugar…jajajaja, si ya se sabrá la importancia de Daniel Carter, va a cumplir un papel muy importante pero eso es muuuucho más adelante , en fin me alegro mucho que te guste mi fic, cuídate mucho, nos leemos, otro beso a lo Grawp para ti XD

Naomy: Gracias , lamento la demora pero he tenido que estudiar y no he podido escribir ni una sola línea hasta la semana pasada, trataré de remediar la situación de ahora en adelante, me alegra mucho que pienses eso, cuídate mucho, nos leemos.