Aun no puedo creer que ya fueron poco más de 3 años en que actualicé esta historia D= qué vergüenza. Pero lo dije antes y lo repito de nuevo... no importa cuanto tiempo me lleve, la voy a terminar SI o SI! 2016 ahí te voy! Será mi propósito de año nuevo y mi regalo para todos ustedes! (Esperando que aún quede alguien vivo por aquí XD) Disfruten el nuevo capítulo.
...Y es que no era nada fácil estar enamorada de un hombre como Clef, y a la vez ser pretendida de otro tan maravilloso como Ascot. Estaba en una encrucijada…
CAPÍTULO VI - Orgullo
Las dos semanas siguientes estuvieron de locura, Marina tenía que despertarse muy temprano para seguir el ritmo de Latis, el espadachín se tomó muy en serio la situación y sus entrenamientos eran bastante cansados. Acababa agotadísima y sin ganas de nada, Ascot no entendía el porqué de sus repentinas ganas de entrenar pero tuvo que resignarse a verla cada vez menos, y sobretodo aguantar los reproches y burlas de Tata sobre el supuesto abandono de Marina.
Ella tuvo que entender que si quería alcanzar su objetivo dejaría de frecuentar a su adorado mago durante unos días y tener que dejarlo a expensas de Presea; Lucy seguía evadiendo a Latis refugiándose en Geo, además que la guerrera del agua no había tenido mucha suerte en sus intentos de convencerla de hablar con el espadachín, estaba totalmente de necia. Anaís no quiso mencionarles nada sobre Aston, simplemente decía que aún no lograba sacarle lo que quería pero mientras dejaba que avanzara en sus intensiones románticas. Al parecer el príncipe aún no había conocido al susodicho, quizá era una estrategia de la rubia para conseguir que sintiera más y más celos.
Esa mañana comenzaron a entrenar desde el alba, y sin embargo todos los habitantes del castillo ya se encontraban despiertos. Muchos de ellos fueron a presenciar el combate entre Marina y Latis. Mientras la chica calentaba pensaba en la razón de su entrenamiento: convertirse en un mejor espadachín para poder defender a Clef; si quería serle útil a su maestro en momentos de peligro debía ser implacable con el sable y no dejarse doblegar por sus enemigos.
-Haré que voltee a verme, seguro que lo conseguiré- susurró.
-Lista o no, allá voy- le dirigió la palabra Latis, poniéndose en posición de ataque- ¡Haaa!
Marina reaccionó a tiempo para conseguir frenarlo, aunque no era tan sencillo como creyó. El chico era en verdad un gran maestro, y demasiado estricto. Se sentía agotada por las dos arduas semanas de entrenamiento continuo y le estaba costando trabajo seguir el ritmo de la pelea, pero él seguía lanzándose sin piedad contra ella, lo único que la chica podía hacer era defenderse. No había podido realizar ni un solo ataque, así que planeó su siguiente movimiento, logró esquivar su última embestida e intentó lanzarle una estocada... pero Latis rápidamente se movió y se puso de nuevo en guardia frente a ella.
Todos estaban mirándolos alrededor del campo de duelo, los combatientes se miraban a los ojos como dos fieras en pleno combate, el momento decisivo parecía venir. Latis de pronto se aproxima velozmente hacia Marina, entonces ella también corre hacia él con espada en mano, se escucha el sonido de los metales golpeándose una y otra vez entre sí, hasta que los filos de las espadas chocan impidiendo avanzar a cualquiera de los dos, estuvieron forcejeando unos momentos, él tenía las de ganar pues su condición de hombre le proporcionaba más fuerza, pero la chica no quería doblegarse, no ahora.
Lucy observaba con devoción a Latis, su manera de combatir seguía asombrándola, de pronto éste siente la mirada de la chica y voltea a verla de reojo, ella cambia su mirada a una de disgusto mientras se aferra al brazo de Geo, acto que lo distrae y Marina aproveche ese momento para lograr derribarlo con un movimiento de sus piernas. Su espada sale volando lejos de él y la guerrera coloca la punta del filo de su espada en su garganta. El duelo ha terminado.
Todos los miraban sorprendidos, la victoria de Marina era inesperada. La chica celebra dando brincos de felicidad, Tata y Caldina no dejaban de aplaudir y los chicos no podían quitar la cara de incredulidad de sus rostros.
-¡Muy bien hecho Marina, eres la mejor!- le gritó Lucy desde su lugar.
-¡He ganado! ¡Lo he conseguido!- grito de júbilo.
- Marina, recuerda que debes guardar la compostura, alardear de tus logros no te será de mucha ayuda, ¿sabes a lo que me refiero?- la rubia le recordó.
- Lo siento Anaís, te prometo que no lo volveré a hacer- Debo comportarme un poco más madura y no hacer tanto escándalo- susurró esto último para sí misma.
Latis se levantó del piso, se sacudió el polvo y se acercó a la guerrera.
-Lo hiciste muy bien Marina, te felicito.
-Gracias, pero solo fue un poco de suerte- miró de reojo a su amiga- si ella no hubiera estado presente quizá el resultado hubiera sido diferente.
-Quizá…- también la volteó a ver rápidamente y regresó su mirada al frente mientras suspiró - pero no te subestimes, en realidad lo hiciste muy bien y pudiste haberme ganado de cualquier modo.
-Gracias por todo- le extendió la mano para agradecerle, acto que el chico correspondió- y… siento mucho no haber podido hasta el momento conseguir que Lucy quiera hablar contigo, pero te prometo que seguiré intentándolo hasta que ella ceda.
-No te preocupes por eso, para ser sincero cuando acepté ayudarte no esperaba que lo consiguieras, la conozco muy bien para saber que no lo haría.
-Pero yo…
-De todos modos, el entrenamiento ha llegado a su fin. No hay nada más que pueda enseñarte, el resto depende de ti, no lo tomes personal. Aunque déjame decirte algo, no creo que a mi maestro le importe mucho que una chica tenga suficientes habilidades con la espada para defenderlo, el tiene el suficiente poder para protegerse solo, pero buena suerte – dicho esto se retiró, sus palabras dejaron en shock a la chica, él sabía su secreto.
Entonces se acordó de ese alguien, volteó a ver a su alrededor y todos los presentes le sonreían: Lucy con Geo, Tata y Anaís, Ascot con Paris, Caldina y Ráfaga, pero Clef no estaba ahí, tampoco Presea. Marina suspira con decepción, él no estuvo para presenciar su victoria y para colmo seguramente estaba con ella, las cosas no estaban saliendo como esperaba.
De pronto Caldina se acercó a ella para abrazarla y felicitarla.
-¡Querida lo hiciste excelente! Esto debemos celebrarlo. Así que, ¿qué les parece a todos salir a dar una vuelta al bosque para comer al aire libre?
-Es una gran idea Caldina- comentó el invocador de criaturas.
-Aún es temprano así que nos dará tiempo de alistar todas las cosas necesarias- comentó Tata.
-¡Si! Suena encantador- respondió animada Lucy- vendrás con nosotros, ¿verdad Geo?
-Desde luego que sí- sonrió el comandante.
-Anímate Paris, es una buena idea- Ráfaga le palmeó el hombro al príncipe.
-De acuerdo, yo también iré- y luego pensó para sus adentros- Además así tendré oportunidad de estar cerca de Anaís.
-¡Excelente! Iré a avisar a los demás.
-¡Yo te acompaño Marina!-se apresuró a decir Ascot.
Ambos chicos se alejaron del grupo ante la mirada molesta de cierta princesa de Chizeta. Pero sin que ella supiera, esto no pasó desapercibido para el ojiverde ni para la guerrera del agua.
-Tata luce algo molesta contigo, ¿acaso le hiciste algo malo?
-¿¡Yo!? – se indignó el chico- es ella la que tiene un problema, que por cierto ya me está cansando.
-¿Qué sucede entre ustedes Ascot? – Marina preguntó llena de curiosidad ante la reacción inesperada de su amigo. Bien era sabido que era un chico muy tranquilo y el verlo alterarse de ese modo la sorprendió bastante. Al verse descubierto, ya no quiso seguir ocultándole la verdad a su amada.
-Verás… la verdad no sé cuándo o cómo comenzó todo esto, pero desde que tengo memoria vive atormentándome, no me deja en paz. Se molesta cada que…- se frenó al darse cuenta que iba a revelar parte de sus sentimientos en ese momento, para su suerte Marina lo interrumpió.
-A veces Tata tiende a reaccionar de una manera muy fuerte ante pequeñeces, pero no es mala, solamente es una princesa enojona y consentida. Por favor no te molestes con ella, tenle más paciencia.
-Si me lo pides de ese modo, no puedo negarme- le sonrió- por cierto Marina, quería preguntarte si… si te gustaría dar un paseo conmigo alguno de estos días, ya que estás libre de los entrenamientos.
-Bueno, yo…- la guerrera recordó los sentimientos de Ascot y le entró temor de confundirlo pero al final pensó que un paseo no le haría daño a nadie- Claro que sí, pero debes avisarme cuando. Por cierto, recordé que debo preparar ciertas cosas en la cocina para llevar al paseo, ¿podrías ser tú quien le avise a Presea y Latis? ¡Muchas gracias!- y salió corriendo.
Ascot fue a realizar la encomienda de Marina, mientras que ella junto con las demás chicas terminó de preparar algunos bocadillos para el dichoso día de campo. Entonces recordó que no le había avisado a Clef, no le pidió a Ascot que lo hiciera porque quería ser ella quien personalmente fuera a invitarlo, tomó algunos bocadillos para llevarle y emprendió su camino hacia la gran biblioteca. Al llegar tocó la puerta.
-Adelante- se oyó una voz al fondo del recinto.
-¿Estás muy ocupado?
-No realmente, hemos terminado con la mayoría de los pendientes que correspondían al día de hoy. Es por eso que he mandado a Presea a descansar desde hace unos minutos. ¿Qué te trae por aquí, Marina?
-¡Excelente! – asentó la bandeja con bocadillos frente a Clef, quien sin preguntar empezó a tomar uno mientras la guerrera del agua continuaba hablando- verás, los chicos y yo hemos planeado ir a comer al aire libre, como un día de campo y me preguntaba si te gustaría acompañarnos.
-No lo sé… aun me quedan unos cuantos pendientes.
-Por favor Clef, te servirá para relajarte, no tardaremos mucho, lo prometo- el mago seguía dudoso sobre su respuesta, y dio una mordida al bocadillo que minutos antes había tomado.
-Mm… esto sabe delicioso- sonrió.
-¿En verdad lo crees?- Marina se alegró que la comida que ella preparó haya sido del agrado del chico- si vienes con nosotros podrás comer más de eso.
-¿En serio? Por qué no lo mencionaste antes- se paró de su silla- ¡entonces qué esperamos!
Ambos rieron a carcajadas. Era obvio que la respuesta de Clef no había sido exactamente por los bocadillos, pero fue como el momento justo que encontró para hacerle saber su respuesta final a Marina. Hace mucho que no se divertían todos juntos, así que decidió dejar sus obligaciones por un momento y unirse al convivio.
Todos se encontraban reunidos a las afueras del palacio para partir. Ascot informó que Latis no los acompañaría, nadie preguntó pero sabían el porqué: el muchacho en realidad nunca había sido muy sociable y ahora que se encontraba pasando por un momento difícil, menos; en especial porque su amada Lucy se paseaba del brazo con Geo. Empezaron a subirse a una de las criaturas del joven convocador para surcar los cielos y disfrutar del paisaje, cuando se encontraban en las alturas el príncipe inhaló fuertemente disfrutando de la naturaleza.
-Nada como un poco de aire puro llenando los pulmones- sonrió y volteó a ver a todos sus compañeros –Un momento… ¿dónde está Anaís?
-¿Anaís? –contestaron todos a coro.
-Paris, ¿qué no escuchaste? Ella dijo que no nos podía acompañar porque ya tenía un compromiso- le respondió Lucy- tenía que recibir un invitado en el castillo.
-¡¿QUÉ?!- gritó de asombro- ¡Bájenme de aquí, debo regresar al castillo, debo…!
-Paris- le susurró en voz baja Ascot- te recuerdo que estamos aquí para festejar la victoria de Marina, no lo arruines.
-Pero, pero… Anaís está allá sola con un desconocido, quién sabe qué cosas podría hacerle.
- Latis también está ahí, si tiene algún problema, seguramente él la ayudará.
-¿Y por qué ella sí puede ausentarse y yo no?- Caldina le pegó un golpe en la nuca-
-Porque ella tenía el compromiso mucho antes de que planeáramos el paseo, por eso tiene una excusa. Pero no regresaremos solo por un capricho del príncipe, así que cállate y siéntate.
No tuvo más remedio que obedecer a la bailarina, tendría que resignarse a no tener el paseo que imaginó, y para colmo saber que su amada guerrera estaría compartiendo esos momentos con alguien más. Por otro lado Anaís se preparaba para recibir a su invitado, no era que el chico le importara mucho pero la situación la hacía sentirse nerviosa. Las puertas del castillo sonaron e inmediatamente fue a abrirlas.
-Hola Anaís- le sonrió pícaramente el chico.
-¡Aston! Llegas más temprano de lo acordado.
-Tenía ansiedad por verte- tomó su mano y depositó un beso en ella –y con justa razón, eres muy hermosa.
-Gracias- la chica se sonrojó. Ambos pasaron a uno de los jardines en los cuales se encontraba una mesa con todo listo para servir el té, se sentaron y estuvieron hablando durante un buen rato.
-Creo que ya hemos platicado mucho de nosotros, quiénes somos, qué hacemos. Podríamos decir que nos conocemos a la perfección. Ahora no me quiero andar más con rodeos, y quisiera hablarte claramente de mis sentimientos.- la guerrera se sorprendió, pero a decir verdad sabía que ese momento llegaría- Me importas Anaís y mucho, eres una mujer excepcional – atrevidamente le acarició la mejilla- y tan hermosa que no entiendo como el príncipe fue tan tonto como para dejarte ir.
Esas palabras más que reconfortarla, hirieron el corazón de la guerrera. Por buen tiempo había evitado esa conversación pues no se consideraba lista para escucharla, pero tenía que ser fuerte, al final ese era el principal objetivo de la falsa relación que llevaba con aquel chico, así que se animó a preguntar.
-Aston, dime ¿tú sabes qué pasó? Sé que tú sabes la verdad. Por favor dímela, es todo lo que necesito para olvidarme por completo de él- estaba a punto de las lágrimas.
-¿De verdad quieres saber? – el moreno se consternó, frunció su ceño y continuó- está bien, te lo diré. Todo comenzó con la reconstrucción de Céfiro, el pueblo donde vivo fue uno de los más dañados así que el príncipe se interesó especialmente en nosotros. Sus visitas se hicieron más frecuentes en el pueblo y la relación con los habitantes era cada vez más cercana, es por eso que llegamos a saber que estuvo enamorado de una de las guerreras mágicas, y la tristeza por su ausencia se le notaba en el rostro- Anaís hizo una expresión de ternura ante esta confesión – Pero poco a poco esa tristeza fue desapareciendo, la razón: una joven que se había unido a los ciudadanos que encabezaban la restauración del pueblo. Yo estuve en ese comité, por eso sé todo esto. Debo admitir que la chica era bonita, y con una cara angelical, tranquila e inteligente. Supongo que estas características llegaron a llamar la atención de nuestro soberano, su cercanía con ella fue creciendo, haciéndose notoria para los que los rodeábamos.
-¿Tranquila, Inteligente?- pensó Anaís, no era por alardear pero parecía que la estaban describiendo a ella misma. Al parecer Paris intentó buscarse un reemplazo con las mismas cualidades.
-Cada que terminaban las actividades del día, salían juntos. Al príncipe se le veía más animado y todos en el pueblo se alegraron por él. Sin embargo yo, aún sin conocerte, no dejaba de pensar que si él te amaba tanto, cómo pudo olvidarte tan pronto ¿qué no guardó la esperanza de poder volver a verte? Yo no podría, aun con el paso de los años esa herida jamás cerraría en mi corazón. Simplemente no lo entiendo, y al verte por primera vez mi confusión creció. ¡Eres hermosa! ¡Quién podría sacarse de la cabeza a un ángel como tú! ¿Pero sabes qué? Me alegra mucho que el príncipe haya tomado esa decisión, porque así pude conocerte y tener una oportunidad para conseguir tu amor.- finalizó el relato y volvió a tomar la mano de la chica para besarla.
Anaís tuvo que tragarse sus lágrimas para no quedar en ridículo frente a su invitado. Le dolía, y mucho. Saber la verdad había sido más duro de lo que creyó, la historia sobre cómo fue desapareciendo de la vida de Paris. ¡Qué tonta había sido al pensar que él pensaría en ella tanto como ella en él! ¡Qué ingenua creer que él jamás la olvidaría! Y qué triste es darse cuenta del tiempo que en vano desperdició en la Tierra por pensar en él, ¡no! Eso no, porque al final de cuentas ella sí lo amó de verdad. Ahora que sabía todo ¿cambiarían sus sentimientos? Se juró a sí misma olvidar a Paris en cuanto supiera todo. ¿Sería capaz de cumplirlo, le daría una oportunidad a Aston?
-Paris… - susurró de manera inaudible mientras su corazón se encogía de decepción.
En el bosque, los chicos estaban pasando un momento muy agradable. Platicaban entre todos y disfrutaban los deliciosos bocadillos que prepararon las chicas. Nicona también los había acompañado, y Marina y Lucy jugaban con ella. Todos estaban muy a gusto cuando de pronto entre los árboles y sin que pudieran darse cuenta antes salió una enorme criatura con enormes garras y aspecto aterrador.
- Perfecto, esta es mi oportunidad de demostrarle a Clef todo lo que he aprendido - sin pensarlo dos veces la guerrera del agua se levantó invocando la espada de su guante mágico, abalanzándose sobre la bestia.
- ¡Marina espera! ¡Debes ser más cuidadosa, no te arriesgues! - gritó un preocupado Clef.
- Tranquilo, lo tengo bajo control - respondió la chica mientras lanzaba el primer ataque a la enfurecida criatura.
Los demás chicos también estaban en problemas, de la nada había aparecido otra criatura similar a la anterior que no dudó en atacarlos. Lucy sin pensarlo se lanzó al ataque igual que Marina, mientras que Geo y Paris solo pudieron limitarse a observar, estaban tan acostumbrados a la paz en el nuevo Céfiro que rara la vez cargaban con su habitual armamento, sin embargo de solo ver pelear a la pelirroja recordaron que chicas como las guerreras mágicas no necesitaban ayuda para derrotar a un simple monstruo.
Mientras observaban la pelea de las guerreras con los monstruos, no dejaban de preguntarse el porqué de su aparición, hacía tanto tiempo que nada de esto ocurría, y los únicos entes extraños en la zona eran los amigos de Ascot, él mismo siendo conocedor de miles de criaturas no podía explicar su procedencia, de repente fue sacado de sus pensamientos…
- ¡Tata cuidado! - el ojiverde se lanzó al rescate y aventando su cuerpo contra la princesa, logró salvarla de la embestida que un nuevo monstruo le estuvo a punto de propiciar.
Ambos cayeron al suelo, Tata sobre el cuerpo doliente de Ascot, quien había recibido el impacto del zarpazo de la bestia. De inmediato Caldina y Ráfaga se lanzaron al rescate, siendo un soldado siempre cargaba su espada para protección, y ni qué decir de su chica.
- Ascot, rápido, saca a la princesa de aquí - ordenó el capitán.
Y tomando a la aturdida princesa en sus brazos, la sacó de la zona de peligro. Se detuvo para tomar bocanadas de aire, el cual había perdido en la carrera.
- ¿Estás bien? - respiró agitado el muchacho.
- …. si … - respondió la princesa estupefacta por lo que acababa de pasar, no podía despegarle la mirada, el chico al que tarde y noche le arruinaba la existencia, había salvado su vida. - Gracias.
- No ha sido nada - Ascot bajó a la princesa sin perder el contacto visual, nerviosamente se rascó la nuca, mientras un rubor ligero se dibujaba en sus mejillas.
De vuelta al campo de pelea, las chicas estaban batallando más de lo normal para derrotar a los monstruos, no eran comunes, tenían mucha energía. Clef se estaba conteniendo de entrometerse en la batalla de Marina para no hacerla rabiar, sin embargo no dejaba de preocuparse.
- ¡Marina, no seas obstinada! ¡Déjame acabar de una vez por todas con él!
- No te atrevas Clef, yo puedo sola y te lo demostraré - seguía lanzando atinados golpes a la bestia, con la que seguía librando una pesada batalla.
El hechicero estaba tan ensimismado en sus pensamientos, pensando en cómo persuadir a Marina para que se dejara ayudar que no se dió cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
- ¡Clef! - a pesar del grito de la armera, no pudo reaccionar a tiempo.
Todo fue tan rápido, la chica lo había salvado de recibir un gran golpe de parte de la nueva criatura que había aparecido en escena. Sin embargo, parte de las garras alcanzaron a golpearla, ambos cayeron al suelo.
- ¡Presea! - gritó asustado, pero ella yacía inconsciente en el suelo. Los monstruos parecían estar venciendo a las chicas - ¡Ya basta! - enfurecido decidió acabar con todo, alzó su báculo y de él salieron disparados 4 rayos que al instante acabaron con las extrañas apariciones.
- ¿Pero qué… ? - las dos guerreras voltearon a ver al mago, quien indirectamente había salvado sus vidas. Sin embargo Marina estaba molesta, estuvo a punto de reclamarle cuando notó la mirada fría que éste le dirigía, como reprendiéndola.
- Espero que haya sido suficiente emoción por hoy - exclamó mientras cargaba el cuerpo inconsciente de Presea, implícitamente obligando a todos a retomar el camino a casa.
Las guerreras mágicas caminaban cabizbajas, sintieron impotencia por no haber logrado salir victoriosas frente a las criaturas, y al mismo tiempo no haber podido proteger a quienes aman, en vez de eso arriesgaron sus vidas. ¿Por qué en esta ocasión fue diferente a cuando llegaron a Céfiro por primera vez? Siendo novatas con las armas pudieron fácilmente vencer un monstruo tras otro, esta vez no. Y sin que ellas estuvieran conscientes de ello, la diferencia es que en esta ocasión luchaban contra sus propios miedos, sus propias tristezas materializadas, las cuales aún no podían vencer.
Tata aún seguía en shock, no por los monstruos, sino por la actitud del joven castaño. Fue capaz de arriesgar su vida solo por salvarla. ¿Esta era la calidez de la que hablaba Marina? ¿Por eso le costaba tanto trabajo desilusionarlo, por ser incondicional? Daba de si, sin esperar nada a cambio, ahora le daba la razón, Ascot era un chico especial, y ahora mismo lo demostraba llevándola apoyada en él, rodeándola de la cintura para brindarle protección, aún si él mismo estaba herido, pudo ver su espalda manchada de sangre. Valientemente aguantaba el dolor, no se quejaba, solo sonreía, todo por transmitirle seguridad, todo por protegerla…. aún después de la horrible persona que había sido ella…
Todos llegaron al castillo en silencio, nadie se animaba a hacer alguna especie de comentario por lo que uno a uno se fueron retirando a sus habitaciones. Presea había sido curada con un hechizo de Clef y ya se encontraba sin mayores lesiones, sin embargo quedaba la preocupación de que pudiera seguir mareada por todo el asunto.
-Geo- exclamó Guru Clef - por favor, haz el favor de acompañar a Presea a su habitación.
- Pero Guru Clef, estoy en perfectas condiciones, puedo llegar sola.
-Es una orden para ti Presea, no puedes discutirlo. Debo retirarme a mi estudio- volteó a ver al soldado - muchas gracias Geo.
-Un placer, maestro- observando como Clef se alejaba exclamó - bien, ahora somos tú y yo.
Ambos iban caminando en silencio por el pasillo cuando de repente escucharon voces discutiendo.
-Latis,suéltame, te lo ruego.
-No Lucy, he esperado mucho tiempo para poder encontrarse sola y aclarar lo nuestro de una vez por todas- exclamó mientras tomaba a la guerrera por los hombros, acorralándola contra la pared.
-Ya te he dicho que no tengo nada que hablar contigo, me lastimas...-
-Lucy ha dicho que la sueltes - exclamó con firmeza Geo - Latis, ¿qué crees que estás haciendo?
-Esto no es asunto tuyo…-
-Claro que lo es. - se acercó hacia la pareja y logró zafar las manos de Latis de los hombros de la chica, mientras se interponía entre ellos - ¿No lo entiendes? La lastimas, y no sólo físicamente. Si Águila pudiera ver lo que tú le estás haciendo se decepcionaría mucho. Él sacrificó su vida para salvarte porque sabía que Lucy te amaba, y quería que ella fuera feliz sin importar si era a tu lado. ¿Pero qué has hecho? Solo causarle dolor, desde que llegué la he visto derramar muchas lágrimas por ti.
Presea y todos los presentes que llegaron al lugar por los gritos observaban atónitos la escena, nadie se atrevía a entrometerse.
-Si yo estuviera en tu lugar - continuó el comandante - todo sería distinto, y te aseguro por la memoria de Águila que mientras yo esté en Céfiro tú no podrás tocar ni un solo cabello de Lucy, no la mereces.
Estás palabras tocaron fuertemente el corazón de Latis, quien rendido, dio la media vuelta y se retiró en silencio.
-¿Estás bien? - Geo preguntó a Lucy mientras la abrazaba fuertemente contra su pecho, aun notablemente asustada - Caldina, ¿podrías acompañar a Lucy a su habitación?
-Seguro que si, vamos pequeña, no tienes nada que temer ya.
Geo permaneces con el semblante serio, cuando de repente voltea hacia donde se encontraba la armera de Céfiro.
-Así que Lucy, ¿eh?
-¡Ah Presea! - ¿qué haces aquí?
-¿De qué hablas? Clef te encargó llevarme a mi habitación, de otro modo no estaría siguiéndote.
-Cierto, pero ¡no, no es lo que crees!
-¿Qué se supone que no debo creer? ¿Que andas coqueteando por ahí con todas las chicas del palacio... quién sigue ahora comandante, Marina, Anaís, Caldina?
-Yo solo trataba de ayudar a Lucy…
-Haz lo que quieras, no tienes porqué darme explicaciones. Me encuentro mejor, puedo llegar sola a mi habitación, con permiso.
-Ay no… - Geo decidió dejarla partir sola, no quería empeorar las cosas -¿acaso fueron celos? Eso significa, que no le soy tan indiferente. Geo se quedó con una sonrisa en sus labios.
Por otro lado del castillo, el príncipe no dejaba de buscar a su querida Anaís, si los cálculos no le fallaban debía seguir con su visita y no quería perder la oportunidad de confrontar al fulano que intentaba robársela. Entonces los visualizó justo a la entrada del castillo.
-Ha sido un verdadero placer el poder hacerle compañía de nuevo - Aston logra ver de reojo al príncipe y entonces intenta besar a Anaís…
-Suficiente - el príncipe interrumpió - no puedo creer que seas tú. Espero que tengas una buena explicación para esto.
-No entiendo de qué me habla, su majestad - Aston actúa como si no conociera a Paris, y Anaís los mira sorprendida.
-No intentes hacerte el inocente conmigo, sabes bien a lo que me refiero, deja en paz a Anaís o te las verás conmigo.
-Con todo respeto, su majestad, los asuntos entre la señorita y yo son personales y nada tienen que ver con usted, ella es libre de tomar las decisiones de su vida, ¿no es así Anaís?
-Por supuesto, Paris por favor, vete.
-Anaís, es que tú no entiendes, te está engañando, el único mentiroso aquí es él…
-Paris - lo interrumpió de nuevo - el hecho de que seas el futuro Rey no te da derecho a meterte en mi vida, por favor, vete.
El príncipe, por el amor y respeto que le tenía a la guerrera, no dijo más y se retiró molesto.
-Muy bien hecho Anaís, qué bueno que no te dejaste intimidar por un soberano tan entrometido como ese, que sea de la realeza no significa que pueda...
-Aston, te pido por favor que no hables así del príncipe Paris. No importa lo que haya pasado entre él y yo, Paris siempre ha sido un excelente gobernante, cuidando de todos y cada uno de los habitantes. Deberías estar agradecido con él, no tienes derecho de insultarlo de esa manera.
-Pero…
-Por favor Aston, vete, necesito estar a solas.
-Anaís…
-Vete tú también por favor.
-Dime por favor que aún nos veremos mañana como acordamos.
-...- la guerrera guardó unos segundos de silencio - una guerrera no falta a sus promesas, así será.
Lucy se encuentra en su cama, tumbada boca arriba pensando en la situación que justo acaba de pasar. Se sentía triste, confundida, herida. Latis, el hombre al que ella amaba había intentado lastimarla, empezaba a tenerle miedo, ¿cómo es posible que hubieran llegado a eso? ¿Temerle? Cuando alguna vez fue él quien la libró de sus temores. Estaba empezando a sentir que nada volvería a ser como antes… los recuerdos del pasado llegaban uno tras otro, aún estando en una situación de inminente peligro, fueron capaz de sentir amor el uno por el otro, y buscar la manera de demostrarlo. Ahora en tiempos de paz, parecía tan difícil imaginar el hecho de estar juntos. La pelirroja se rindió ante el cansancio, yéndose a dormir con lágrimas en los ojos.
Latis no podía siquiera pensar en dormir, día y noche se la pasaba en la misma rama de aquel mismo árbol. Pensando acerca de sus errores, ¿qué es lo que hacía mal? ¿Por qué eran tan fácil echar a perder algo, y tan difícil intentar repararlo? Céfiro, la tierra de las voluntades, no parecía estar funcionando muy bien para él. ¿Acaso la voluntad del mundo era verlo lejos de ella? Tal vez debía darse por vencido, Geo la cuidaría mejor que él.
En otro de los jardines del palacio se encontraba Marina sentaba en una banca, admirando el agua que brotaba de la fuente, sintiéndose nostálgica de los viejos tiempos como guerrera, recordando cuando sus habilidades de combate eran prodigiosas, ¡cuán orgullosa se sentía de sí misma! Pero ahora, no había podido con un simple monstruo, suspiró.
-Esto no debió ocurrir de esta manera- elevó sus ojos al cielo.
-Al menos no ocurrió ninguna desgracia-
-¡Clef! - se exaltó al momento de escuchar esa voz, mientras él tomaba asiento junto a ella.
-Marina… no debes culparte a ti misma por lo que fue y no fue- la miró directo a los ojos - Como maestro te digo que todos cometemos errores, incluso yo, todos dicen q soy invencible pero tú lo sabes bien, no es cierto. En el momento más importante en que Céfiro me necesitaba baje la guardia y me convirtieron en piedra cuando la misión apenas comenzaba. Neutralizado en el primer segundo, ¿cómo iba a serles útil de esa manera?
-Pero, aún así, tú siempre estuviste pendiente de nosotras. Nunca nos dejaste solas.
-Gracias, pero pude haber sido de más ayuda. Sin embargo, ¿qué fue lo que hice en ese momento? - hubo un espacio de silencio, esperando que la guerrera respondiera, más no hubo respuesta - Confiar... confiar en ustedes. Aun sin conocerlas, aún sin saber si serían capaz de convertirse en guerreras, les confié mi corazón.
-Discúlpame- Marina se estremeció y profundizó el intercambio de miradas -hoy por la mañana, debí confiarte mi corazón. Clef se dejó llevar por el momento, y cuando se dio cuenta de la situación, carraspeó.
-Lo importante son las lecciones que uno pueda aprender de las situaciones y no volver a cometer los mismos errores. Ahora, como amigo quisiera repetirte lo mismo que te dije en la segunda ocasión que estuvieron con nosotros. Se que no estamos en tiempos de guerra, pero ante cualquier peligro que nos aceche deben pensar en ponerse a salvo ustedes mismas, no piensen en nosotros, lo han hecho dos veces ya, y no es justo - tomó las manos de Marina entre las suyas - Marina, usa estas prodigiosas manos exclusivamente para proteger a esta prodigiosa mujer que tengo frente a mi. Si algo les pasara, más de uno se pondría triste.
-Clef yo… - la guerrera sintió el impulso de declarar sus sentimientos al mago como en aquella ocasión, pero el miedo la invadió de nueva cuenta y se contuvo - … olvídalo.
Y sin decir ni una palabra más durante la noche, al final la escoltó hasta su habitación.
Debo agradecer a todas aquellas que me mandaron reviews y mensajitos privados durante el 2012, 2013, 2014, 2015 (me hago cada vez más chiquita de solo pensarlo) Porque gracias a todos ellos he vuelto para ponerle un fin a esto =D Muchas gracias x los ánimos y los comments! Nos leemos más pronto de lo que creen...
