Capítulo 7: Que todos tus bonitos sentimientos te reconforten esta noche
Hace 8 meses
—Agente Katsuki, seguimos esperando información, pero parece que no tiene las habilidades suficientes para recabarla. ¿Necesita que lo sustituyamos por alguien más apto?
Las palabras de su jefe le calaron, al punto de estar a nada de perder el control sobre sus feromonas y arrojar una descarga de ese olor cítrico característico de un alfa enojado. Pero se controló, acostumbrado a sus miradas de superioridad sobre el hombro.
—En los últimos meses, Benjamin Thompson ha disminuido su actividad. Creemos que está tratando de reorganizar a su gente y sus negocios, pero no hay nada seguro. También, está refinando sus actos. Como lo sabe, en Europa aún es posible comprar omegas con el consentimiento de sus familiares. Es posible que haya recurrido a este método y por ello, los omegas que entran a trabajar, tienen sus papeles en orden.
Yuuri prosiguió con su explicación. La información la había obtenido gracias a Michelle, el bartender, que observaba con atención a los nuevos "empleados" del lugar.
Y es que la ley tenía muchos recovecos legales que permitían que estas violaciones sucedieran. Por ejemplo, la prostitución de omegas era permitido, siempre y cuando se tuviera el consentimiento de este, pero, cuando se trataba de un hijo de familia o de algún omega ya enlazado, en algunos países, con que su pareja o tutor consintiera tal actividad, era más que suficiente, y, en la gran mayoría de los casos, los omegas no se atrevían a objetar tal dicho.
En América, se respetaba la palabra del omega, por lo que todos los que entraban a trabajar al Bittersweet Symphony, firmaban una carta de responsabilidad, exponiendo su deseo pleno y libre voluntad para hacerlo. Obviamente, era complicado demostrar lo contrario.
Yuuri había intentado acercarse a los omegas, pero, si las miradas mataran, él ya estaría bajo tierra. Los omegas eran desconfiados, no hablaban con cualquier empleado, sólo con los hombres de Thompson, y evitaban cualquier contacto innecesario. Era de entenderse, pero esto dificultaba su trabajo.
—Okay, Katsuki, ¿y las importaciones?
—Tengo información que indica que Thompson intenta aliarse con los Giacometti, una familia transportista, tanto marítima como terrestre, con la intención de expandir sus negocios. Pero, hice una investigación previa, y los suizos están limpios. Dudo mucho que acepten los tratos sucios de Thompson.
—Espera un momento, Katsuki, ¿quién te está pasando la información que mencionas?
El rostro de Yuuri palideció. No podía revelarles que estaba teniendo "tratos" con Victor, mucho menos como es que llegaron a congeniar o a iniciar su peculiar relación. No había reportado gran cosa de él, así que suponía que podía seguir protegiéndolo por un tiempo más. Esperaba que no llegase a ser necesario, pero de ser así, el mismo Victor tendría que presentarse a testificar.
—Una fuente anónima me ha ayudado a obtener esta información —, su jefe frunció el ceño, irritado, y antes de que pudiera decir algo, Yuuri se adelantó —, usted sabe que estos casos, las fuentes anónimas son de vital importancia. No puedo revelar más por el momento.
—Eso es todo, Katsuki. Puedes retirarte.
Yuuri salió de la oficina de su jefe, respirando aliviado. Se había estado preparando para esta reunión improvisada desde hace casi una semana, lo cual le quito horas de sueño y de descanso, mientras organizaba toda la información recabada. También, le había limitado el tiempo que pasaba con Victor.
Desde el día que conversaron, revelando la verdad de su identidad, ambos se habían vuelto cercanos. Y no, no era gracias al sexo -el cuál, siempre era una experiencia maravillosa para el alfa, pero eso no es relevante en este momento —, sino que ambos se sentían en libertad de actuar y ser ellos mismos, sin máscaras ni falsedades. Para Yuuri, era poder llegar a su casa, y relajarse al saber que el omega lo esperaba o que llegaría dentro de poco, y podría conversar con él mientras que Victor se recostaba sobre sus piernas, o apoyaba su cabeza en su pecho. Para Victor, era poder sentirse como una persona, no como un objeto o un omega más, y poder disfrutar la compañía de alguien que lo entendía, lo escuchaba, y lo hacía sentir completo, y que incluso, disfrutaba de jugar con su cabello.
Sí, ambos habían encontrado facetas de sí mismos, que creían olvidadas.
Distraído, haciendo una lista mental de lo que necesitaría para preparar arroz con curry, algo que le había prometido a Victor, Yuuri chocó con alguien, causando que dicha persona tirara su maletín al piso.
—¡Lo siento mucho! —exclamó el japonés, inclinándose para recoger el maletín del piso —. No lo vi, perdón.
—No me llamas en un mes, no me visitas, y ahora no te das cuenta cuando chocas con tu mejor amigo. Yuuri, eres muy mala persona —, Yuuri alzó la mirada ante la alegre voz de Phichit, su amigo de ya varios años. El omega tailandés y él habían compartido dormitorio cuando ambos fueron trasladados de sus respectivas universidades a Detroit, y después a Washington, donde completaron sus estudios. Yuuri fue enviado a Manhattan una vez graduado, y Phichit se quedó en la capital, terminando sus estudios.
Como los costos universitarios y de residencia son caros en Estados Unidos, mientras Yuuri se dedicó a ser mesero y dar improvisadas clases de piano o baile, Phichit se dedicó al maquillaje, trabajando en una estética cerca de la universidad o entre sus compañeros de clase, sorteando sus alquiler y gastos mensuales lo mejor que podían. Ambos extranjeros, habían formado una muy buena amistad que, casi cinco años después, seguía prosperando.
—¿Qué haces aquí, Phicht? —preguntó Yuuri, asombrado de haberse topado con su mejor amigo.
—¿No me vas a abrazar primero? — dijo en respuesta el tailandés. Adoraba molestar a su mejor amigo, obligándolo a las muestras públicas de afecto. Yuuri soltó una pequeña risilla, meneando la cabeza al tiempo que se acercaba para abrazar a Phichit. —¿Ves? No es complicado saludarme como es debido.
Una vez que se separaron, salieron juntos del edificio, poniéndose rápidamente al corriente de lo que habían hecho en este tiempo que no habían podido platicar.
—Te ves más feliz, Yuuri —, comentó Phichit, observando que su amigo sonreía más y se veía hasta cierto punto más relajado —¿Quién es?
Yuuri tartamudeo, sin atinar a darle respuesta. Al mismo tiempo, timbró su celular, sirviendo de excusa para alejarse momentáneamente para responder.
—¡Yuuri! Ya tengo rato esperándote afuera de tu casa. ¿Aún vas a tardar? ¿Quieres que vayamos por ti?
—No, Victor, ya voy para allá.
—Okay, no tardes. Te tengo una sorpresa. Nos vemos, zolotse.
Yuuri terminó la llamada, se dio la vuelta y casi sale corriendo al ver la forma en la que Phichit lo miraba, con una ceja arqueada y las manos en la cintura.
—Katsuki Yuuri, ¿por qué no me habías dicho que tienes pareja?
La palabra "pareja" hacía que algo en el interior de Yuuri diera un vuelco, y es que él estaría maravillado de llamar a alguien como Victor su pareja, pero ambos sabían su realidad. Se estaban ayudando mutuamente, a lo más podían llamarse amigos, pero de eso a ser pareja, incluso con Benjamin tras las rejas, era algo casi incomprensible para Yuuri.
—No es eso, Phichit. Es… complicado.
—Bueno, pareja, fuck buddy, amigos con derechos, llámale como quieras, pero tus ojos brillaron cuando contestaste esa llamada. Ah-ah, a mí no me haces tonto, Katsuki. Vamos, que tenemos una cita con Victor —Phichit se apresuró a tomar un taxi mientras Yuuri lo miraba perplejo. Por el bien de la investigación y por el bien del propio Victor, era imposible revelarle la verdad a Phichit.
Yuuri suspiró pesadamente, dejando que su amigo lo empujara para abordar el taxi, mientras se preguntaba cómo hacer para que las cosas no resultaran incómodas para el omega de cabellos plateados.
Esta iba a ser una larga noche.
Ooooo
Llegaron a la casa de Yuuri al poco rato. Él descendió del vehículo primero, dejando que su amigo pagara por el viaje. Era justo, él lo obligó, entonces él debía pagar.
Afuera de su casa encontró al omega, sentado en el portón, con un pequeño contenedor de plástico en las piernas. Cuando Victor lo vio, dejó el contenedor a un lado, y se levantó de un brinco para abrazar a Yuuri.
—¡Yuuri! Tardaste demasiado, ya me estaba impacientando —dijo el omega felizmente mientras que rodeaba al alfa por los hombros y recargaba su rostro contra su hombro —. Tienes que contarme cómo te fue en tu junta…. — Victor notó algo raro en Yuuri, cosa que hizo que se callara de repente y empezara a olfatear al alfa.
—¿Q-qué estás haciendo, Victor? Espera a que entremos.
—Hueles a caramelo, bastante dulce y empalagoso si me preguntas —, Victor siguió recorriendo el cuello Yuuri hasta que el olor hizo click en su mente. Yuuri tenía impregnado el olor de Phichit. Victor se alejó de repente, observando a Yuuri con la misma neutralidad que miraba a los demás —. Yuuri, ¿por qué hueles a otro omega? —preguntó el peli plateado, y la repentina indiferencia en su voz le causó un pinchazo a Yuuri que no podía describir del todo.
Iba a responder, pero Phichit apareció tras de Yuuri, inclinando su cuerpo y rodeando sus hombros con un brazo, de una manera tan familiar que molestó a Victor. Pero… no debía de estar molesto. Él sabía que no eran pareja, así que Yuuri podía hacer lo que él quisiera en su tiempo libre. Así funcionaba su relación, ¿cierto?
—Yuuri, no me dijiste que tendríamos a un invitado tan lindo en la cena —, intervino Phichit, dándose cuenta de lo tenso que estaba su amigo. —Hola, soy Phichit, mucho gusto —, estiró su mano, y Victor, de manera educada, respondió a su saludo, presentándose.
—Te había traído un postre para la cena, —dijo Victor, con una calma que helaría a cualquiera —, pero veo que tienes otros planes, así que aquí está. Que lo disfruten.
Victor le extendió el contenedor a Yuuri, y cuando éste torpemente lo tomó, descendió el par de escalones del pórtico para dirigirse a donde Yakov había apartado el auto.
—Victor, espera —, Phichit se adelantó, siguiendo al omega y tapándole el paso para que no siguiese avanzando —. Yuuri es muy grosero y no me quiere contar mucho de ti. Quédate, ¿sí?
—¿Por qué habría de hacerlo? —cuestionó Victor, cruzándose de brazos.
—Porque si no, Yuuri nunca me va a contar más de ti. Vamos, al menos cuéntame cómo se conocieron o algo. Es de mala educación dejar con la duda a los invitados de tu pareja.
La palabra "pareja" le retumbaba en los oídos. Odiaba ese término, porque sólo podía relacionarlo con una persona, y esa persona era un verdadero hijo de puta. Pero Yuuri y él no lo eran. Victor sería afortunado si las cosas cambiasen, pero sabía que no lo harían, así que ignoró el ligero brinco que le dio el corazón al escuchar ser nombrado la pareja de Yuuri. Ya tendía tiempo para pensar en ello.
—Por favor, quédate —, la voz de Yuuri sacó a Victor de sus pensamientos. Yuuri lo miraba con una mezcla de preocupación y tristeza, como si tuviera miedo de que lo dejara y no regresara. Era tonto, Yuuri lo sabía, pero no podía evitar reaccionar así cuando Victor se volvía distante de la nada. Era como si el puente que habían construido en estas semanas se cayera de repente.
Victor aceptó quedarse, y los tres entraron en silencio a la casa de Yuuri.
Ooooo
Phichit parloteaba alegremente con ambos. Al ser pequeña la casa, no había paredes que dividieran la cocina de la sala o del comedor. Así que Yuuri se concentró en preparar el arroz con curry que le había prometido a Victor, mientras que Phichit, sintiéndose como en casa, se movía alegremente por el lugar, buscando botellas de vino para abrir, y servir. Victor prefirió sentarse en el sillón de la sala, concentrándose en mirar por la ventana los autos que pasaban.
—¿Qué es lo de ese contenedor, Victor? —preguntó Phichit, abriendo el contenedor que le había dado Victor a Yuuri. —Oooh, manzanas dulces, me gustan. ¿Tú lo hiciste?
—Es manzana al horno, un postre ruso. Y sí, yo lo preparé.
—Seguro que están deliciosas —, intervino Yuuri desde la cocina, mezclando los ingredientes para hacer el curry justo como Phichit le había enseñado.
Victor sólo se encogió de hombros, tomando un sorbo de su copa de vino.
—¿En dónde se conocieron, Victor? —preguntó el moreno, esperando aliviar un poco la tensión que era más que notable. Y no sólo era por la actitud de su amigo, sino por los aromas que desprendían. Victor olía como a vainilla amarga, mientras que Yuuri desprendía un olor fuerte a toronja pasada.
—En un bar.
—Yuuri, qué travieso. ¿Desde cuándo acudes a bares sin mí?
La cuchara con la que meneaba la salsa se le resbaló de las manos. Yuuri maldijo en voz baja, ignorando la pregunta burlona de Phichit.
—¿Y a qué te dedicas?
—Se puede decir que trabajo en el mismo bar donde lo conocí.
Las respuestas cortantes de Victor no le daban mucha información a Phichit, y él, como buen rey del chisme, no se iba a quedar tan tranquilo sin indagar más profundo.
—¿Y qué haces en ese bar?
Victor suspiró, volteando a ver al moreno con una clara molestia que era difícil de ocultar. Sus ojos azules eran fríos, tanto, que podrían congelar a cualquiera con una mirada. —No me quedé a su cena para que me interrogaran.
Phichit se rio un tanto apenado. —Esa no era mi intención, Victor, lo siento. Es que aquí mi amigo no me cuenta nada de ti. Es normal que quiera saber con quién sale mi mejor amigo, ¿no?
—Él y yo no estamos saliendo, Phichit —, dijo Victor, terminándose de un solo sorbo su copa. Yuuri, quien había escuchado todo el intercambio, siguió en silencio. Por lo menos con las manos ocupadas, podía distraerse un poco.
El silencio reinó en el lugar por algunos minutos, hasta que Yuuri llamó a ambos a la mesa. Cada quién tomó su lugar mientras que Yuuri les servía un plato de su improvisado arroz con curry.
—Espero que te guste, Victor —, murmuró el alfa tímidamente, observando a Victor tomar un bocado de su cena.
—¡Es delicioso, Yuuri! Seguiste la receta justo como te la enseñé —exclamó Phichit, orgulloso. Esta había sido una de las pocas recetas que Yuuri había aprendido a cocinar satisfactoriamente.
De la nada, Victor soltó su cuchara, dejando de comer mientras que se cruzaba de brazos. —A mi gusto, está muy condimentado —, dijo en voz baja el omega.
—¿Quieres que te prepare algo más? —preguntó Yuuri, intentando solucionar el mal humor del omega.
—No, quiero irme a casa —. Victor se levantó de la mesa, tomó su abrigo y se dirigió a la salida. Pero, a pesar de su mal humor, si había algo que había aprendido bien de niño, era a mantener los buenos modales. Volteó a ver a Phichit, y le ofreció una sonrisa, bastante forzada, que incluso el tailandés la notó. —Fue un placer conocerte, Phichit. Que sigas disfrutando de la cena.
Phichit se despidió con la mano, viendo como el omega salía de la casa.
—Phichit, yo. -
—Ve, Yuuri. Alcánzalo.
Y eso hizo. Soltó sus cubiertos y corrió detrás del ruso. Victor apresuró su paso cuando escuchó que Yuuri lo llamaba, pero, aun así, Yuuri lo alcanzó antes de que pudiera cruzar la calle para ingresar a su auto.
—Victor, ¿qué tienes? ¿Hice algo que te molestara?
—No.
—¿Entonces?
Victor, quien se sentía a punto de explotar, soltó su respuesta: —Creí que íbamos a cenar solos, y me ibas a cocinar sólo a mí, y en cambio, llegaste apestando a omega, con dicho omega colgando de ti.
—Phichit quería conocerte. Él es mi mejor amigo, no podía decirle que no.
—Pues me podrías haber avisado, ¿no? Me podrías haber mandado un mensaje diciendo que tendrías a otro omega en tu casa y que no me presentara.
Aunque, aún sin sentido, las palabras de Victor comenzaban a cobrar sentido. Era cierto, habían quedado, como siempre de cenar solos, y él le iba a cocinar al omega. No planeaban tener más invitados. Pero lo enfático que era Victor con Phichit, refiriéndose a él como "otro omega", le hacía creer a Yuuri que… —Victor, ¿estás celoso?
Las mejillas del omega enrojecieron, y desvió la mirada para otro lado. Era bien sabido que, mientras los alfas tendían a ser posesivos o territoriales, los omegas eran celosos, y demostraban su incomodidad. Aunque, con los años, se había demostrado que este estereotipo podía ser erróneo, no estaba muy alejado de lo que Victor estaba sintiendo.
—No tengo razón para estar celoso, —respondió Victor después de un rato, jugueteando con un mechón de su cabello —, no es como si tú y yo fuéramos pareja, o algo por el estilo.
—Lo sé, Victor.
Ambos se quedaron en silencio, mirándose, hasta que Yakov, harto de ver a ese par de tontos discutir, comenzó a tocar el claxon.
—Ya lo oíste. Es mejor que me vaya —, Victor se inclinó, colocando un suave beso en la comisura de los labios de Yuuri, dándole apenas tiempo para disfrutarlo —. Mañana hay una cena en el bar. Van a ir amigos de Benjamin, yo también tengo que presentarme. Llega temprano.
—Lo haré. Descansa, Victor.
Con una pequeña sonrisa, igual de tensa pero menos falsa, Victor se despidió de Yuuri, cruzó la calle, e ingresó en su vehículo. Yuuri lo vio irse, quedándose afuera por más tiempo del debidamente necesario.
Cuando regresó a su casa, encontró a Phichit, sentado en el sofá, disfrutando del postre que Victor había preparado.
—Yuuri, tu omega cocina delicioso.
—Él no es mi omega, Phichit. Evita hacer esos comentarios.
—Lo dices como si faltara mucho para que lo sea.
—Phichit….
—Si no me crees, huélete la camisa. No se abrazaron ni besaron, y apestas a vainilla.
Yuuri olfateó su camisa, y en efecto, detectó el olor de Victor en él, aunque se le hacía raro, ya que, como lo había mencionado su amigo, no habían tenido un contacto tan prolongado al despedirse para que su olor quedara tan penetrante en su ropa.
Al notar la confusión en la cara del alfa, Phichit se echó a reír, meneando la cabeza. —Yuuri, ¿has oído del término "perfumar"?
—Pues sí, ¿quién no?
—No, tonto. Perfumar, entre parejas. Por tu cara veo que no, así que déjame te explico. Cuando tu omega te perfuma, libera la cantidad de feromonas exactas para que su pareja huela a él por un periodo corto de tiempo. Está diciéndole al mundo que su alfa ya está ocupado, y que tú no estás interesado en buscar a nadie más. ¿Me vas a decir que tú nunca lo has intentado con Victor?
Yuuri negó con la cabeza, confundido por la información que Phichit le acababa de dar. No tanto por el acto en sí, sino porque Victor -consciente o inconscientemente, eso aún no lo sabía -, había sentido la necesidad de mostrarle a Phichit que Yuuri ya tenía a alguien más con él. Victor había querido demostrar que ambos se pertenecían.
Yuuri se sentó junto a Phichit, aún un tanto atontado. Phichit le pasó lo que sobraba del postre que había preparado Victor, se puso de pie y se tronó los dedos. —Okay, Yuuri, es hora de hablar de las flores omegas y las abejas alfas.
—¡Phichit!
Justo como lo había pensado, esa noche resultó ser muy larga.
