Al pararse en el sitio más alto de Pekín(el techo del palacio real), Yao contempló con horror cómo las embarcaciones pertenecientes al Reino Unido se hallaban en sus principales puertos, traficando el opio entre sus comerciantes como si se tratase de pan fresco mientras se ponía el sol.
El proceso era así; llegaban barcos de la India East Company, los cuales traían el cargamento a las islas frente a las costas, donde luego pequeñas embarcaciones dirigidas por chinos tomaban la mercancía para luego distribuirla en el interior de la nación milenaria.
Todo el asunto era desastroso.
A pesar de que China hacía esfuerzos descomunales por mantenerse alejado de esa droga, unas cuantas veces había caído preso de la tentación. Sin embargo, estaba decidido a no dejarse llevar por esta: Debía de mantener su promesa hacia sus pequeños hermanos. Ellos confiaban en él.
Por desgracia, al poco tiempo los británicos volvieron la isla Lintin(*) en un centro de opio… Y entonces la venta de éste mismo se incrementó.
Sin poder controlar la ira que lo embargaba, el representante milenario se dirigió directamente a donde se encontraba Inglaterra; conversando con unos cuantos de sus comerciantes en uno de sus puertos mientras alardeaba que en unos pocos años más tendrían estos puertos para sí mismos.
Por supuesto que el gigante asiático no iba a permitir que Arthur siguiera mofándose de él a sus espaldas. Ya tenía bastante con que el susodicho le hubiera engañado con aquel misterioso producto (el cual no era otro sino el opio, el causante del enorme hoyo en que estaba metido) como para permitir que además estuviera jactándose de ello.
—Ah, hola China—le saludó éste al darse cuenta que Yao se acercaba. No cambió de posición, nisiquiera cambió mucho de expresión, tan sólo volteó a medias su cabeza para mirarlo por detrás sin parecer demasiado interesado por su persona—. ¿Se te ofrece algo?
—¿Cómo osas actuarde forma tan campante, bastardo opio? —siseó amenazadoramente el mayor al tiempo que apretaba sus puños y dientes. Ya no tenía ningún reparo en dirigirse al país occidental con ese apodo dada la peste que había traído—. ¿No fui claro al decirte que quiero tus barcos lo más lejos de mis costas? ¿Qué no quiero más de tu basura repartida entre mi gente, aru?
—Oye, oye, tranquilo—trató el rubio de serenarle girándose por completo hacia él, aunque no quitaba la sonrisa de sorna de su cara—. Tú mismo lo aceptaste en primer lugar, ¿recuerdas? Si te has puesto a abusar de ella ya no es mi problema.
—Bastardo… Apuesto que planeabas esto desde el principio—bufó el asiático casi a punto de perder el control—. Y ahora tienes la osadía de hacerte el inocente conmigo, aru.
—Oh, vamos. No quieras echarme la culpa de tus errores—replicó el europeo, haciéndose el ofendido. Al terminar, hizo un gesto de displicencia yoptó por volver a darle la espalda a su contrario—. Yo en tu lugar me enfocaría en limpiar el desastre antes de seguir recriminándome.
Yao sentía que cada vez que escuchaba hablar al británico más estaba dispuesto a estrangularlo, pero sabía que arrojarse a enfrentarle ahora sería una pésima idea. Después de todo no estaba en las mejores condiciones para tener un combate en vista que los años de abuso y dependencia del opio aún daban buenas cuentas a su cuerpo. Además Inglaterra no era un oponente fácil de vencer
—Que te quede claro que esto no va a quedarse así —gruñó finalmente el chino, apenas pudiendo contener las ganas que tenía de golpearlo. Al instante, también dio media vuelta con toda la intención de marcharse, mas, fiel a su palabra, no iba a dejar las cosas como estaban.
Sin embargo, Inglaterra dejó pasar cerca de un cuarto de minuto antes de que la milenaria nación se perdiera de vista para poder decir:
—Por cierto, el otro día vi a uno de tus hermanos, al más pequeño, paseando en medio de mis embarcaciones…Creo que se llama Hong Kong.
Los pasos de China se detuvieron al instante, y acto seguido dirigió una mirada amenazante a representante del Reino Unido. El británico estaba poniendo sus pies en un terreno peligroso, por lo que arrugó aún más sus ojos, escuchando con atención lo que el europeo se disponía a decir.
—¿Está bien que los descuides de esa forma?—apostilló la nación de grandes cejas con cierta cizaña—. Aún son pequeños, y alguno de los malvivientes que se encuentran haciendo negocios sucios en tus puertos podría hacerle algo malo. Suerte que estuve ahí para sacarlo a tiempo.
Ese fue el punto de ebullición para China. Si había una cosa que seguro no iba a permitir era que tocaran a su familia, menos un occidental prepotente que todavía tenía el descaro de ponerse como salvador de su hermanito después que toda aquella situación en sus puertos surgió por culpa suya.
—¡Es suficiente, aru! —bramó la milenaria nación, pegando un zapatazo al piso—. Escucha bien, bastardo opio, porque te lo advertiré por última vez: Llévate toda tu carga y no vuelvas a traerla a mi casa, de lo contrario… atente a las consecuencias.
Sería muy optimista decir que con ello bastaría para que China e Inglaterra dejaran el asunto del opio finiquitado. Por desgracia sólo era el comienzo de una serie de eventos desastrosos que traerían una de las mayores desgracias en su historia para el debilitado gigante de Asia.
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Capítulo VII: Preludio a una Pesadilla
Parte I: Siglo de la Humillación
Desde que el Emperador Daoguang prohibió la venta de opio de forma oficial, Yao tenía más trabajo que nunca vigilando los puertos de su casa en compañía de su gente(al menos la que era de confianza) hasta lograr poner fin a aquella situación del opio que se les había ido de las manos.
Tristemente los resultados estaban lejos de ser satisfactorios, puesto que la misma corrupción dentro de la Corte facilitaba las cosas para los británicos, por lo que al poco tiempo se vieron en la necesidad de aplicar medidas extremas; ejecutando a cualquiera que estuviera involucrado con el ingreso de droga a su territorio(1). Lo que tenía al país milenario verdaderamente angustiado.
Para colmo, Rusia volvía a aparecerse después de varios años de haber mandado una nueva embajada a la corte Qing(la cual fracasó) en vista que no quería quedarse atrás de Inglaterra(2) Así, una vez más, quedaba demostrado la extraña obsesión del rusoen volverse su amigo.
Justamente ese día,Ivan volvía a pisar la casa del gigante asiático para estar al tanto de lo que acontecía por esos lados. De forma vaga permanecía informado de que Inglaterra le estaba haciendo pasar un muy mal rato a su vecino, pero necesitaba verlo por sí mismo para ver qué tipo de acciones podría tomar al respecto. Después de todo no quería ver dañado lo que sería 'parte de su territorio' en un futuro cercano.
El eslavo pudo observar la silueta del chino frente a la costa, parado en la punta final de la bahía –en donde zarpaban la mayoría de barcos– con su mirada hacia el horizonte. Estaba cerca de ponerse el sol y el clima se tornaba algo frío. No tan frío como su hogar claro, pero aún así… el chino no era alguien que soportara estar mucho bajo un manto helado de invierno, por lo que decidió acercársele y averiguar porqué permanecía tan quieto mirando hacia el poniente.
—Pryvet, Yao-Yao, ¿todo bien?—preguntó éste con cierta cautela.
—Estoy muy ocupado, Rusia, ¿qué quieres?—preguntó el chino, agresivo, y sin quitar la vista del mar.
—Sólo venía a ofrecerte mi apoyo. Supongo que entu situación actual no debes estar cómodo.
Ivan no tenía malas intenciones en su comentario, sin embargo el representante milenario no pudo evitar molestarse en demasía con su actitud relajada de siempre, la cual ahora menos que nunca estaba dispuesto a soportar.
—¿Supones?—inquirió el mayor con dureza en su mirar al tiempo que empleaba un tono sarcástico. Esta vez girándose por completo hacia su contrario para desahogar su furia—. ¿Qué te hizo pensar eso? ¿Mi apariencia deplorable de apenas dormir? ¿La continua conmociónen mis puertos y de las ciudades que hay cerca? ¿O las embarcaciones de ese opio bastardo que rondan alrededor de mi casa como si fueran buitres?
Por el tono y modo de hablar del chino, Ivan podía darse cuenta que se encontraba sumamente disgustado. Incluso omitía esa graciosa muletilla en cada oración, lo que significaba que en verdad el asiático se encontraba pasando por una crisis seria, la cual exigía que se tratara con discreción.
—No sabía que China-China estuviera de tan mal humor —comentó el eslavo, mostrándose algo divertido debido a que era la primera vez que veía a Yao tan exasperado—. Por lo visto Inglaterra no se ha portado muy bien contigo, ¿cierto?
—¿Y tú cómo es que le conoces, aru?—inquirió el gigante asiático en obvio tono de sospecha. No era de extrañar si ambos se conocían de antes, pero le intrigaba saber hasta qué punto.
—Tuvimos un tratado de diplomacia hace nueve años atrás(**)—contestó el más alto sin quitar su sonrisa traviesa—. También se muere por ser mi amigo, así que como verás tienes competencia —apostilló, claramente con intención de causar alguna reacción de celos en el asiático.
El aludido en cambio sólo rodó los ojos con fastidio, aunque en el fondo se sentía un poco aliviado tras escuchar eso.
—Pues tu amigo es un bastardo de primera, aru—dijo Yao acompañado por un gesto de desdén—. Se ha dedicado a traer cargas de opio aún cuando mi jefe y yo se lo prohibimos terminantemente sin importarle el daño que le hace a mi gente.
—Si no te importa puedo hablar con él y enseñarle buenos modales—propuso el ruso, volviendo a sonreír de forma misteriosa—. Porque nadie va a molestar al amigo más preciado de Rusia.
Tal declaración puso nervioso en extremo a China, quien dio un respingo antes de poder hablar.
—T-Tonto, deja de decir cosas embarazosas —balbuceó el mayor con un sonrojo en sus mejillas al mismo tiempo que trataba de no hacer contacto visual con el de pelo grisáceo.
Ivan soltó una extraña risilla que Yao no podía identificar si era de burla o con intención de relajar la tensión. De cualquier manera no iba a permitir más burlas de los europeos, así que procedió a retirarse y pasar al siguiente puerto donde debía seguir vigilando por si volvían los barcos del imperio británico.
—Espero tengas un plan, China —advirtió el representante euroasiático antes que el susodicho se alejara del sitio—.Tengo entendido que Inglaterra puede ser un niño muy malo si osas desafiarlo.
—Oh, ya lo verás, Rusia —declaró Yao casi en un murmuro que sonaba amenazador—. Es ese bastardo opio quien no sabe con quién se ha metido, aru.
.:Año 1839, Junio 3 La Destrucción de Opio de Humen:.
Las pilas de opio se acoplaban de cientos, llegando a más de mil toneladas de opio incautado,amontonadas en un agujero en la tierra cerca de las orillas del río Perla(***), donde posteriormente serían quemadas por orden de Lin Zexu(****)Y es que tras una serie de acontecimientos, discusiones, amenazas, y otras discordancias, se procedió a quemar la hierba, la cual fue entregada por los comerciantes chinos y extranjeros ante la amenaza de ser decapitados y despojados de sus bienes de negarse a tal acción.
Luego de cercarse los alrededores con una valla de bambú junto a tres canteras de piedra forradas de madera, se añadió cal y sal para su destrucción y finalizar bañandolos residuos con el agua de mar que pasaba por un canal del Sur de Humen mientras Lin Zexu hacía una oración por la contaminación que éste arrastraba con su cauce.
Tras veintitrés días de un exitoso resultado sobre deshacerse de la droga, Arthur Kirkland fue informado de la situación abrumadora de sus comerciantes, que desde hacía un tiempo sufrían las cada vez más duras medidas de represión del gobierno chino, llegando a afectar a su Corte, la que se veía presionada por una compensación debido a los daños sufridos. Por supuesto él a su vez recibía todos los regaños, tanto de su jefa como ministros, y la presión de que tomara represalias contra la dinastía Qing eran cada vez mayores.
A toda costa Inglaterra quería evitar un conflicto de gran escala con el gigante asiático. Claro que desde que nació, él siempre había aprendido a luchar para obtener lo que quería, sin importar el daño colateral que ocasionara. Pero ahora sabía que había ido demasiado lejos y que sus comerciantes en China se habían aprovechado en extremo de las garantías de dicha gente.
No obstante, ese día se presentó de pésimo humor tras enterarse de lo de Humen y a causa de las continuas reprimendas de la reina Victoria por su desempeño. Entonces, se propuso a encarar al milenario representante en las afueras de Cantón, cerca de un muelle, para estar a solas con China, quien ya se encontraba aguardando en dicho lugar esperando a que apareciera.
—¡Oye tú, bastardo! —le llamó la atención la nación perteneciente al Reino Unido. Éste podía verse muy enfadado avanzando a paso rápido hacia el chino—. ¿Qué se supone que significa esto?
—Significa que ya es hora que entiendas el mensaje, Yinguo, aru —sentenció Yao de manera firme sin mostrarse ni un ápice de afectado por la presencia de Arthur en compañía de varios de los de su armada inglesa—. Esto es lo que obtienes cuando no se hace caso de mis advertencias.
El país de cejas gruesas apretó sus puños y dientes, manteniendo una mirada de cólera hacia la nación milenaria. El otro, por su lado, sonreía de lo más satisfecho. Por fin el representante inglés sentía lo que era ser empujado al borde del abismo y degustaba el sabor de la impotencia; lo mismo que sentía él desde su llegada. Lo que no sabía era que ante aquella muestra de arrogancia despejó toda duda del europeo acerca de no ir a la guerra con la nación milenaria.
Por esa razón, a Yao le extrañó ver que la expresión del británico cambiaba a una sonrisa llena de malicia. Si había algo que nunca había que tocarle a Inglaterra; era su orgullo.
—Muy bien, China. He tratado de comportarme como un caballero contigo, pero veo que no aprecias mi generosidad—dictaminó el rubiocon falsa condescendencia—. Si lo que quieres es agravar este asunto, causándole problemas a los comerciantes de mi casa, adelante. Pero que te quede claro que yo; El Imperio de La Gran Bretaña estoy listo para entrar en guerra cuando sea.
—¡¿Cómo te atreves, aru?! ¡Tú y otros extranjeros han vuelto a millones de mis habitantes en unos adictos! ¡Incluso a mí! —exclamó azorado el mayor, sin dejar pasar otra pausa, dándole la oportunidada su contrario para que lo interrumpiera—. ¡Me despojaron de mi dignidad sólo para que salieras de una crisis de tu comercio(3) a costa de la salud y bienestar de los míos, aru!
—No es más que muestra de tu debilidad. Teniendo tantos años encima debiste saber que para los de nuestro tipo siempre hay que mantener la guardia arriba, you fool—se mofó el británico.
Poco a poco las palabras fueron subiendo de tono y a sonar más y más agresivas. Ambos imperios se miraban con total desagrado,como si en cualquier momento estuvieran a punto de trenzarse a golpes, sin embargo los dos sabían mantener la compostura —al menos la mayoría de veces— y a encontrar el tiempo indicadopara hacer una declaración de guerra.
—Te lo advertí, bastardo opio. Te dije que no pensaba quedarme más tiempo de brazos cruzados viendo cómo destruyes mi casa —dijo el chino agravando el tono de su voz—. De modo que piénsalo mejor si quieres continuar con esto, aru. Porque de lo contrario estaré ahí para detenerte y darte una lección que no olvidarás jamás.
Arthur sólo dio media vuelta, alejándose con un paso más ligero a la vez que hacía caso omiso de la advertencia de China, puesto que se encontraba decidido a lo que iba a hacer.
—Eso lo veremos.
.:Años 1839-1842 Primera Guerra del Opio:.
Macau estaba muy preocupado por la situación actual de su maestro, y ese día, cuando el representante del Reino Unido hizo una breve visita a su casa para hablar con Portugal, sus peores temores se hicieron realidad.
Inglaterra entraba en guerra con China.
Y es por eso que Arthur Kirkland se hallaba conversando con su mentor, Portugal, en la puerta de su casa, ya que venía a buscar apoyo en relación a que se le permitiera ocupar Macau como centro de descarga de opio(4); mercancía que todavía consideraba demasiado valiosa para deshacerse de esta, aún arriesgándose a las repercusiones que ello traería luego.
Por fortuna el representante portugués había sido muy considerado con él al velar por su bienestar. Portugal no quería que los de la dinastía Qing cortaran las provisiones a su protegido. Sin embargo a Macau le abrumaba la noticia que los jefes de su maestro habían dado la orden a todos los extranjeros en China poner fin a cualquier tipo de asistencia material a los británicos, lo que de seguro Inglaterra iba a tomar alguna represalia que amenazaría aún más la integridad del gigante de Asia.
—Cheng, no puedes avisar de esto a tu maestro, ¿entendido? —se acercó a decirle Portugal de manera condescendiente mientras se agachaba a la altura de su medio-pupilo una vez los ingleses se habían ido—. Entiendo que estés preocupado, pero esto sólo les concierne a ellos dos. Tú y tus hermanos aún son muy pequeños para hacer frente a esto y no podrían hacer nada más que resultar lastimados. Por eso te pido que te mantengas al margen de esta riña y estés a salvo aquí.
Con tristeza el menor agachó su cabeza y asintió débilmente, a lo que pronto el europeo procedió a acariciar su cabeza con ternura, dándole a entender que estaría ahí para velar por él.
Macau sólo esperaba que Hong Kong y Taiwán estuvieran bien.
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El cielo estaba cubierto por un atardecer rojizo cuando los disparos de los cañones impactaron contra los principales puertos de Cantón. Claro que la flota china no iba a quedarse atrás y de inmediato arremetió contra los barcos ingleses;siendo estos mayores en tamaño y armamento no tuvieron muchas dificultades en hundir los juncos, que a pesar de no ser menos en artillería, no eran grandes rivales para las monstruosidades británicas que habían sido preparadas con lo mejor de la tecnología para destruir a sus enemigos.
—¡Maldito, bastardo! ¡Esto no se quedará así! ¿Me oyes? —gritaba Yao, iracundo, situado en medio de un barco semidestruido, el cual había sido alcanzado por pequeñas llamas que habían resultado del enfrentamiento reciente—. ¡Pagarás esta ofensa tarde o temprano, ya verás, aru!
El rubio de cejas grandes reía con sorna mientras alejaba su flota de las de Cantón. Por hoy ya era suficiente. Podía volver a atacar cuando quisiera hasta lograr que el espíritu de China una mejor táctica que llegar y apoderarse de todo de una sola vez.
Hasta el momento el representante del Reino Unido llevaba la ventaja. Tras obtener la victoria en un par de enfrentamientos navales; como la primera y segunda guerra de Chuenpee(5) Arthur ya daba la victoria por hecho, sólo que repentinamente la sensación de vacío volvía a agobiarlo.
Aún cuando ganara se sentía un perdedor. Era cierto que desde hace mucho, él como nación había aprendido a lidiar con la pérdida humana en batalla. Siempre era doloroso, pero tras cientos de años de convivir viéndolo, lo aceptó, al igual que todos los de su clase;a llevar esa carga hastael final de sus días. Sólo que nunca dejaba de ser un suplicio el estar siempre solo, sin tener a nadie a quien transmitirle sus enseñanzas para continuar su legado.
Eso era lo que más quería en el mundo. Un hermano a quien cuidar por siempre.
Recordaba que Portugal tenía la custodia compartida de ese pequeño Macau, por lo tanto él quedaba descartado para tomarlo como su hermanito. Además que estaba un poco grande en comparación a sus fraternos(*5)Tenía que ser entre los otros dos: Taiwan o Hong Kong. La primera no sería una mala opción. Jamás había cuidado de una nación femenina hasta hoy, y quizás resultaría más dócilde manejar que los malagradecidos de America, Canada y demás.
Ese, sin duda, fue un gran error.
.:Años 1841-1842 Batalla de Keelung:.
Cuando China se enteró que Arthur Kirkland se preparaba para atacar la casa de Taiwan y luego llevársela, inmediatamente fue hasta allá a impedirlo. Si de algo el representante milenario estaba seguro, era que cualquiera que osara alejarlo de su familia iba a pagarlo con sangre. Y dolor. Mucho dolor.
Así se vio en el instante que la flota china lograba repeler a la británica, no una sino dos veces. Y aquella tercera vez, la nación de gruesascejas nuevamente caía de rodillas al suelo debido a los continuos ataques del gigante asiático con su wok.
Las magulladuras en sus rostros, así como las rasgaduras de sus vestimentas, les daban un aspecto deplorable a ambas naciones. No obstante, el que en peor condiciones se encontraba era Inglaterra, quien casi no podía sostenerse en pie. Aún así el chino tampoco se quedaba muy atrás en sus heridas, lo que preocupaba en extremo a la asiática, más porque había sido por causa de salir en su defensa.
—¡Maestro! —chillaba horrorizada Mei en medio del campo de batalla.
—¡Taiwan, ve a resguardarte, aru!—le ordenó el mayor sin apartar la mirada de su oponente—. Yo me haré cargo de este bastardo.
—Pero…
La taiwanesa vacilaba en obedecer a su hermano. Era claro que ella no tenía la fuerza necesaria para enfrentar a un enemigo como Inglaterra, pero no podría perdonarse a sí misma esconderse cuando China corría el riesgo de sufrir más rasguños por su culpa. De modo que se mantuvo a una distancia prudente de los dos, sin miedo a intervenir si Inglaterra tomaba la ventaja.
Arthur,por su lado,no se daba por vencido. Ese era su tercer intento por intentar apropiarse de la pequeña Taiwan; y sus superiores les decían que ya era momento de desistir.
De alguna manera, Yao se las arreglópara asestar un último golpe con su wok en toda la cara de Inglaterra, logrando derribarlo por completo, e incluso, impulsándolo a varios metros de su persona, lo que terminó por declarar su victoria… Por esa vez.
Mientras el europeo intentaba sentarse, el mayor se le acercó, y con la punta de su cucharón presionó la zona bajo su mentón para luego obligar con ésta a que Arthur levantara su cabeza hacia él. El otro, medio aturdido, tan sólo le quedó mirando lleno de rencor.
—La próxima vez que intentes acercarte a mi hermanita no mostraré compasión, bastardo opio—le amenazó China, muy serio. Entonces quitó su cucharón del cuello del rubio con una última advertencia—. Ahora lárgate y no vuelvas más por aquí.
Dicho esto, Yao tomó la mano de la menor y la escoltó al interior de su hogar, en tanto la nación de cejas abultadas al fin conseguía ponerse de pie. Pese a tambalearseen un principio no quitaba sus ojos, centelleantes de furia, de la dirección por la que se perdían de vista ambos asiáticos.
Un solo pensamiento cruzó por la mente de Arthur Kirkland en aquel instante; Hong Kong.
Tendría que ser él después de todo.
.:Año 1842 Batalla de Chinkiang. Finaliza la primera guerra del opio:.
—Tienes que aceptar tu derrota, China—fueron las palabras terminantes y desalentadoras del Emperador Daonguang, sentado desde su trono.
Aquella tarde, parado frente a su jefe, Yao apenas podía sostenerse en pie. Y es que tras los resultados de su última lucha, habían dado la victoria definitiva en la racha que hasta ese momento, y a excepción de Keelung, Arthur Kirklandmantenía en su registro por Asia.
Cuando el representante de Gran Bretaña atacó Nanking y por consecuente cortó los suministros de cereal que recibía el Imperio, fue un acto decisivo que llevó a la dinastía Qing a pedir la paz y a aceptar los términos paraque ésta le fuera concedida. Sólo que había un problema en dichas condiciones; una cuya Yao se negaba a aceptar.
—No puedo… No puedo entregarle a Hong Kong…—musitó el chino con la voz quebrada y unos ojos aguosos en los que casi se asomaban lágrimas.
—Comprendo que te duela, pero no tenemos más opción. Entiende que esto es por tu propio bien y el de todos —dijo su monarca en un tono más suave y comprensivo, sabiendo que para su nación ese era uno de los peores golpes que podía recibir.
Finalmente China terminó por asentir con un movimiento leve de cabeza, tan débil que apenas su Emperador pudo notarlo. Aún así la decisión ya estaba tomada por sus superiores.
Hong Kong sería entregado a Inglaterra.
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Las palabras se atragantaban en su garganta, haciéndole un nudo en ella que amenazaba con romperse en cualquier momento. Todo lo que quería la nación milenaria era llorar, o mejor aún, tomar a su hermanito y huir muy lejos sin que nadie los alcanzara, pero sabía que era imposible, y aunque pudiera no podría abandonar a Macau y Taiwan, quienes también lo necesitaban.
Había llegado el tan angustiosodía de la partida de Xiang, y a esta habían acudido sus otros dos hermanos y,por supuesto, Yao; los miembros más cercanos a su familia, o mejor dicho; su única familia. El hongkonés aún no tenía claro cómo debería sentirse o quédebería decir. Verles las carastan afligidas a sus consanguíneos le provocaba una extraña sensación de incomodidad, como si no consiguiera entender del todo que esto en verdad le estuviera pasando.
Pero en el momento que la mano de Inglaterra tomó la de Xiang, éste por fin pudo romper su mutismo y soltar fuertes sollozos que se sumaron a los de Mei, sin contar que las lágrimas que brotaron de los ojos de Macau, hacían que el panorama fuera todavía más desgarrador para el cálido corazón del chino.
—Cuidaré bien de él, así que no te preocupes—fueron las últimas palabras del representante del Reino Unido al gigante asiático en relación a Hong Kong; su nuevo protegido.
Una frágil carga pareció desaparecer de los hombros de Yao, reflejándose de manera casi imperceptible en su expresión. Y a pesar que China asintió, en el interior de su mente pensaba; Más te vale opio bastardo, o juro que encontraré la forma de hacerte pagar por ello.
—¡No, no… Por favor, maestro!¡No deje que se lo lleve! —rogaba desesperada Taiwan, tirando de una de las mangas del mayor. Mas éste no se movió, nisiquiera miró a la más pequeña. Sus ojos continuaban vacíos, fijándose hacia el horizonte bajo un velo de resignación y dolor.
Antes que se armara algún escándalo, Macau agarró a Mei por el brazo, obligándola a quedarse quieta hasta que el británico se alejara lo suficiente con Hong tras unos minutos, Mei logró zafarse y correr en dirección al puerto para alcanzar el barco donde Xiang, junto a su nuevo mentor, partirían rumbo a Europa.
—¡Hong Kong! ¡Hong Kong! —gritaba llorando la taiwanesa mientras seguía corriendo con sus cortas piernas para poder ver al mencionado una última vez antes que el barco zarpara.
Por desgracia la enorme máquina ya se había alejado lo suficiente del puerto, haciendo que todo su esfuerzo resultara en vano. Para más remate, la muchacha se había tropezado a mitad de camino, dándose de lleno contra el piso. Afortunadamente Cheng logró llegar hasta ella, ayudándola a levantarsecon delicadeza. Una vez de pie, Taiwan abrazó la cintura de su hermano rompiendo a llorar, desconsolada, mientras éste se atenía a acariciar su cabeza como muestra de afecto. A los pocos minutos después, China también consiguió llegar donde ellos, pero podía verse que apenas había tenido el ánimo para hacerlo. Su expresión continuaba perdida en el vacío, sintiéndose un completo fracasado. Casi no daba importancia al lloriqueo de Mei, pese a que en otras circunstancias habría sido el primero en acercarse a reconfortarla.
—¡Es un tonto, maestro! ¿Por qué lo dejó irse? ¿Por qué, por qué? —le recriminaba la taiwanesa sin dejar de gimotear, clavándole una mirada llena de rencor.
—Ya, ya, calma Taiwan —le decía compasivo el macauense en tanto seguía pasando su mano por el cabello de la menor.
Nisiquiera los reproches de la más joven lograron inmutar a la nación milenaria, pues éste sabía que había fallado, no sólo a ella, Hong Kong y Macau, sino que también a sí mismo desde que prometió protegerlos. Ahora sólo le quedaba tratar de redimirse con los dos hermanos que todavía tenía bajo su cuidado… Pero no por muchotiempo.
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Al caer la tarde, en las afueras de la ciudad imperial, Yao se había dirigido a una frondosa plantación de maíz que le permitiera permanecer oculto de la vista de todos. En verdad lo necesitaba, puesto que horas atrás con suerte había conseguido mantener la entereza tras ver partir a Hong Kong. Luego de eso, Macau se fue a su casa en compañía de Portugal mientras que Mei se había encerrado en su cuarto sin decir palabra. Era obvio que pasaría tiempo antes que la jovencita llegara a tranquilizarse… y claro, a perdonarle.
Tan enfrascado estaba dentro de su pena, que no se percató cuando alguien más invadió su zona de aislamiento. El roce de las plantas, cada vez más sensible a sus oídos, le puso en alerta y miró a todos lados esperando encontrar a quien fuera que le estuviera acechando.
Pero lo que obtuvo a cambio fue el sonido de una voz que conocía muy bien.
—¿Yao?
De un respingo, el mayor dio la vuelta y se echó para atrás, encontrándose muy cerca de con Rusia, quien le sonreía entremedio de lospastizales y le saludaba con su mano.
Contraria a la sonrisa amigable de Ivan, en el rostro de China se dibujaba una expresión de disgusto. El ver a este último en semejantes condiciones era algo que lo avergonzaba en lo más profundo, más si se trataba de otro occidental, aunque éste ocupaba una categoría más alta en vista que había tenido el tiempo de conocerlo mejor.
—¿Qu-Qué haces aquí, Rusia, aru?—le preguntó el mayor, restregándose la cara con una manga.
Ivan había logrado captar que los ojos de su vecino estaban bastante hinchados y rojizos. Además que sus palabras se escuchaban ahogadas debido a la mucosidad; claro indicio que había estado llorando por largo rato, por lo tanto sabía que debía dirigirse con el mayor tacto posible.
—Venía a tomar una siesta —dio el ruso por toda respuesta entonando un tono de lo más alegre, en el que podía decirse que carecía de sensibilidad—. En tanto los campos de girasoles no florezcan éste es el mejor sitio en el cual gozar de un plácido descanso.
Quizás no era la mejor excusa que inventar, (aunque no mentía respecto a los girasoles) y fue claro el resultado cuando el asiático agudizó su mirada, por lo que el eslavo cambió a una actitud más condescendiente y empática.
—Escuché lo que pasó con uno de tus hermanos —dijo el ruso en una voz más suave de la que acostumbraba, haciendo que el chino bajara la guardia—. Siento mucho lo del pequeño Tong Tong.
—¡Hong Kong!—le corrigió él en un tono áspero y enfadado.
—Da, ése mismo.
La nación del norte creyó que debía agregar alguna otra cosa, sólo que no se le daba muy bien consolar a los demás, por el contrario, generalmente era él quien había aprendido a ocasionar sufrimiento en sus semejantes.
—He decepcionado a mis hermanos… Soy un fracaso, aru—pronunció China casi en un murmullo para sí mismo, mientras miraba hacia el piso—. Puede que esto signifique que deba estar solo.
—Eso no es verdad. Aún tienes a Rusia; me tienes a mí—declaró el de cabello grisáceo con un mirar triste, pero que parecía sincero.
El de menor estatura se giró con cara de pocos amigos. Ahora sí que empezaba a molestarse.
—Si esto es una broma, has escogido el peor momento…
—Nyet. No estoy bromeando, Yao —le interrumpió el menor, para sorpresa del chino, con un tono y expresión de lo más serios—. Puede que no sea tu hermano, pero todavía me tienes como amigo
En el rostro del representante milenario se formó una mueca de sorpresa y luego pudo vislumbrarse un brillo en sus facciones, casi como si estuviera conmovido por las palabras de Ivan. Efectivamente sus palabras estaban haciendo efecto y los sollozos no se hicieron esperar. Sin poder contenerlo más, Yao se lanzó a los brazos del más alto, quien lo envolvió por completo con estos como una mamá gallina que protege a sus polluelos.
—No te pongas así, China —le consoló el más alto, mientras frotaba su mano en la espalda de su contrario y pronunciaba con voz cálida—:Ya verás que todo se arreglará. Y si no, Rusia estará aquí para cuidar de ti cuanto quieras.
El gigante asiático posó su mirada en la del eslavo. Y aunque aún corrían lágrimas por los ojos del país milenario, aquel rostro tierno y la sonrisa compasiva que le dedicaba Ivan, reconfortó en gran medida su pecho, haciéndole olvidar un poco toda esahorrible experiencia de la mañana.
Podía ser que fuera una treta por parte del ruso,pero no le importaba. Todo lo que anhelaba en ese momento era que alguien lo abrazara, lo reconfortara, que le dijera que todo estaría bien aunque fuera mentira. Quizás el refugiarse en su vecino era la peor equivocación que podía cometer (como Mongolia y Polonia se lo habían advertido) y sin embargo con tal de soportar las humillaciones vividas durante esos años… estaba dispuesto a ceder cuanto fuera necesario.
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(*) La isla Lintin se ubica en el estuario del río Perla, sureste de China, en la provincia de Guangdong, muy cercana a Hong Kong. En los años entre 1821 y 1831 la venta de opio se incrementó a un nivel sin precedentes, convirtiéndose en el principal centro de tráfico.
(**) El primer tratado entre el imperio británico y el imperio ruso fue firmado en 1824.
(***)El río Perla corresponde a un extenso sistema de ríos al sur de China que pasa por Vietnam, y se une con otros puertos tales como Macau y Hong Kong.
(****) Lin Zexu fue nombrado comisionado imperial para controlar el problema de adicción y tráfico del opio en China.
(*5) Macau es considerado uno de los puertos más antiguos de China, por eso entre Hong Kong y Taiwan él es el mayor. En apariencia representa unos trece o catorce años mientras que los otros dos unos ocho o nueve x3 *Al fin lei unos capítulos de World Stars que me faltaban, y quedé fascinada con la relación entre Portugal y Macau *3* No puedo esperar para escribir de ellos en el siguiente capítulo*
(1)Las penas por el tráfico de opio empezaron a ser muy altas, y a partir de 1838 se condenaba a muerte a cualquier traficante nativo. Otra de las razones de que estallara la guerra, era que muchos comerciantes británicos (incluyendo americanos e indios) se vieron afectados al confiscarle sus bienes, como consecuencia el gobierno británico presionó a China por una indemnización. Ante la negativa, Inglaterra decidió atacar.
(2) A consecuencia de las frecuentes embajadas británicas que empezaban a presentarse en Asia (al igual que holandesas y otras europeas), Rusia temía perder su posición en China, por lo que también mandó nuevas embajadas como la de Golovkin, cuya misión en conseguir que barcos rusos ingresaran a Canton, falló por razones culturales (los rusos tenían problemas con la diplomacia china en vista que tenían que arrodillarse no sólo ante el Emperador, sino que también ante templos o lugares sagrados para los chinos)
(3)Una de las principales causas de la guerra del opio se remonta a los siglos entre XVII y XVIII, donde Inglaterra sufrió una crisis debido a la alta demanda de productos chinos que desestabilizó la economía inglesa, mas porque ellos no tenían ningún acceso a China, quien sólo aceptaba la plata como medio de pago. Como consecuencia de esto, Inglaterra introdujo el opio como una droga para así acceder a los bienes chinos, pero cuando la Corte Imperial y el mismo Emperador bloquearon el comercio y el tráfico, el gobierno británico decidió atacar.
(4) En 1840 algunos lords británicos fueron enviados a Macau con motivo de regular el tráfico del opio, y cuando en ese mismo año, Charles Elliot (Oficial de la Marina Britànica, diplomático y administrador colonial) pidió al gobernador portugués de Macau utilizar el territorio para la carga y descarga de sus mercancías, se negó dado que eso podría afectar a Macau, ya que en ese tiempo China había pedido a todos extranjeros poner fin a cualquier asistencia material hacia los británicos; otra razón que llevó a los ingleses a declarar la guerra.
(5) Las guerras de Chuenpee(la primera en 1839, y la segunda en 1841) forman parte de la primera guerra del opio, así como la de Keelung y Chinkiang, no obstante fueron las de Chuenpee donde se demostró el poderío británico, con fuertes barcos a vapor como el temido Nemesis, el cual destruyó quince juncos y causó gran destrucción en la flota enemiga. Los chinos le dieron el apodo de "la nave diablo"
Notas Finales: ¡Uno de los capítulos más largos que he escrito! O-o Y eso que escribí la "p" de todo lo que fue la Primera Guerra del Opio. No quieran matar a Iggy, el es de mis consentidos u_u Sé que me quedé muy corta con todo lo que pasó entre él y China en relación a Hong Kong (la Tea Family, otra de mis Otp's *3*), pero ya saben tengo que darle prioridad al RoChu, que como ven quería terminarlo con este momento fluffy(?) En fin, para que no les quede gusto a poco, les informo que sacaré un one-shot de los años de Inglaterra criando Hong Kong, anexo a este fic por supuesto, donde se verá más claramente cómo empezó su relación. Uf, amaría escribir un Iggychu, pero con estos tres fics estoy que me desinflo Dx Si alguien se anima estaría dispuesta ayudar, pero como media-colaboradora nada más u_u Espero lo hayan disfrutado y este Siglo de la humillación apenas ha comenzado ¿Ivan se traerá algo entre manos? jejej, tendán que averiguarlo. Como sorpresa el hero, Francis, Portugal y otros invitados apareceràn en la próxima actualización x3 Véanos en el siguiente capítulo por el mismo canal(?) xD
Besitos y gracias a todas por su apoyo x3
