[Que bueno verlos por este capítulo. Debo decir que como mencionaba Rocio Aj los acontecimientos del manga si me han afectado para escribir esta historia. Que Berth ya no esté, que no se sepa nada de Annie y apenas y muestran algo de Reiner, pero estoy decidida a terminar esta historia. Porque aunque parece que los hayan echado del manga yo les quiero dar una oportunidad en mi imaginación. Así que no se preocupen mis queridos lectores. Todavía faltan un par de capítulos más para disfrutar por el momento a leer.]

Capítulo 7

¿Me acompañas?

Annie se encontraba en la habitación de su compañera Yina. Sobre la cama había un vestido negro y uno rojo. La rubia miraba uno y luego el otro con indecisión. Después de que Bertholt se hubiera ido del almacén. Cuando Yina y Jeff regresaron Annie había preguntado a su compañera si tenía vestidos para prestarle porque más o menos tenía la misma complexión aunque Yina fuera más alta, pero eso no sería mucho problema. Annie sólo se había limitado a contarle que había sido invitada por Bertholt. Cosa que había emocionado a su compañera quien sacaba conclusiones apresuradas. Así que ahí se encontraban las dos, Annie no sabía si considerar a aquella chica su amiga, pero podía suponer que esto es lo que hacían las chicas normales.

- Reiner y Bertholt van a ir de uniforme ¿Por qué tengo que ir yo con un vestido? -pensó Annie.

- ¿Te los quieres probar? – le preguntó Yina quien notaba la indecisión de la rubia.

- Debería sólo ir con mi uniforme – respondió.

- ¿Por qué? ¿No te gustan?

- No es eso – se apuró a decir Annie - Realmente no estoy segura si es un evento tan formal.

- Sí lo es – respondió Yina – no querrás llegar con tu uniforme y ver a todos elegantes menos tú, claro que tú también puedes llevar el uniforme de gala ¿lo tienes?

Annie negó con la cabeza. Ese uniforme no lo tenían los soldados era solo para los que tenían un rango superior y bueno, ella no tenía uno. Se quedó pensativa. Yina tenía razón. Si no tenía el uniforme tendría que ir con vestido. Al menos tenía que probárselos pues no quería que Yina se hubiera tomado la molestia por nada.

- Que suerte tienes – comenzó a decir Yina – que un superior se fije en ti. Es súper romántico, como una novela.

- Sólo somos amigos – respondió la rubia.

- Berth tiene algunas admiradoras que bien podría haberlas invitado en plan de cita. Pero no, decide invitar a "solo una amiga". No te creo nada.

- Él puede pensar lo que quiera pero yo voy como su amiga – dijo Annie sonando un poco cortante.

Yina miró a Annie sin convencerse con sus palabras. La chica tomó el vestido negro y se lo dio a Annie para que se lo probara. El rojo era muy llamativo e intuía que no querría llamar demasiado la atención. El negro era más discreto. Mientras Annie se cambiaba Yina fue a buscar en su armario un par de zapatos.

- ¿De qué número calzas? – preguntó Yina.

- No te preocupes por eso, yo tengo zapatos.

- Ni hablar. Yo te voy a prestar unos zapatos de tacón alto. Ya sabes, a ver si eso ayuda a la diferencia de altura cuando se besen.

Annie se sonrojó

- ¡Qué no es una cita! – insistió Annie.

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La tarde estaba por terminar. Las personas comenzaban a llegar al evento, la mayoría iban en pareja o simplemente con amigos. Bertholt llevaba tiempo esperando en la entrada, estaba nervioso e impaciente por ver a Annie. Nunca la había visto usando ropa formal o muy femenina y la idea de verla así lo emocionaba un poco.

- ¡Berth! Qué guapo – Kate había llegado, pero ella no llevaba vestido sino uniforme de gala al igual que él.

Bertholt quedó desconcertado porque había olvidado que Kate se había auto invitado a una cita con él y también porque ella se veía muy bien, tenía que aceptarlo. Bertholt se sonrojó un poco. El chico no sabía qué hacer, no había tenido la oportunidad de explicar a Kate que ya tenía una cita… bueno no era una cita en sí pero ya había quedado con Annie.

Bertholt suspiró.

- Gracias, tú también te ves bien.

Kate tomó del brazo a Bertholt.

- ¿vamos? – preguntó ella sonriendo.

El chico no pudo decir que no. Se veía bastante ilusionada. Ella lo tomó del brazo y entraron

Era un salón muy amplio, había mesas con bocadillos y meseros ofreciendo bebidas.

- Qué bien quedó este lugar, para esto sí que no escatiman recursos. – observó Kate.

Bertholt vio las telas rojas que adornaban las paredes. Seguramente Annie había ayudado a adornar este salón también. Una sonrisa apareció en su rostro recordando a la pequeña chica tratando de estirarse para colgar las telas.

- Bertholt – Kate llamó su atención. Era evidente que estaba distraído.

De pronto Reiner los encontró. No iba acompañado de nadie aunque él afirmaba que su cita llegaría pronto.

- Míranos juntos como en los viejos tiempos - dijo Reiner mientras despeinaba el cabello de Kate. Quien lo detuvo dándole un manotazo.

- ¡Ya déjame! Estas arruinando nuestra cita.

- ¿Cita? ¿Vienen juntos? – preguntó Reiner. Luego miró a Bertholt con desconcierto que en respuesta se encogió de hombros.

Kate asintió.

– Disculpa pero te voy a robar a tu cita un momento. – dijo Reiner mientras le hacía señas a Bertholt para que lo siguiera.

Se alejaron un poco, lo suficiente para que Kate no los escuchara.

- ¿Qué estás haciendo? – preguntó el rubio a mi amigo. – Dijiste que habías invitado a Annie.

- Sí, lo hice. Pero no ha llegado.

- ¿Y por qué Kate cree que están en una cita?

- No sé.

- Más vale que te vayas deshaciendo de ella. ¿Qué vas a hacer cuando llegue Annie?

- Va a ser un problema – dijo Bertholt pensativo –Kate cree que no sobrevivió.

Reiner se golpeó la frente con hartazgo.

- ¿No le has aclarado nada?

- No pienses mal. Lo voy a hacer.

- Más vale que lo hagas antes de que Annie llegue…

Reiner obervó a Kate a lo lejos, quien estaba tomando un bocadillo de uno de los meseros. Reiner se quedó pensativo unos segundos antes de hablar.

- Sabes qué – dijo Reiner cambiando de opinión súbitamente - ya mejor quédate con Kate, si ya le gustas no tienes que esforzarte nada. Cuando llegue Annie le digo que se vaya.

- ¿Qué? ¡no, no hagas eso! – reprochó el alto muchacho.

Pero Reiner levantó la mano para llamar la atención de Kate y que se acercara.

- Ya llegó mi cita, así que los dejo en la suya – dijo Reiner mientras miraba a Berth con malicia. – diviértanse.

Reiner se alejó y se perdió en la multitud. Una vez solos Kate señaló una amplia puerta lateral.

- Mira, está abierto el jardín. Vamos a ver.

Bertholt echó un vistazo al salón, todavía no había rastro de Annie. Tenía que decirle a Kate antes de que llegara. Por cortesía la acompaño y ambos salieron del jardín principal, era amplio pero no tan grande como para perderse dentro.

- Algún día me gustaría tener un jardín así de grande – comentó Kate.

- Sí – dijo Berth distraído, mirando hacía dentro del salón. Kate lo notó pero no dijo nada.

Los dos quedaron en silencio por un momento. Es ahora o nunca – pensó Bertholt

– Escucha, tengo que decirte algo… - comenzó a decir,

- Bertholt – lo interrumpió la chica – Necesito saber algo ¿Cómo era la vida en Erdia? ¿Le gustaba a mi hermano? ¿Consiguió otra familia adoptiva allá que lo cuidara?

Esa pregunta hizo que el muchacho se olvidara de decirle la verdad a su amiga de la infancia. Ahora tenía que confesarle otra cosa. No le parecía la mejor conversación pero tarde o temprano Kate tenía que saberlo.

- Lo siento, Kate. Marcel no llegó a ver Erdia.

- ¿A qué te refieres?

- Llegamos a la isla pero en el camino fuimos atacados por un titán. Marcel perdió la vida salvando a Reiner. Él nunca llegó a los muros.

Kate no respondió, bajó la mirada. Pensativa.

- Si yo hubiera ido, no habría muerto – dijo al fin, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

Bertholt intentaba buscar palabras de consuelo cuando ella sin previo aviso lo abrazó. No podía rechazar el abrazo de su amiga quien lloraba la pérdida de su hermano.

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Annie entró al salón. Llevaba el vestido negro. Se sentía un poco ajena al lugar y no veía a Bertholt por ningún lado. ¿La había dejado plantada? ¿Para qué la había invitado entonces?

- Todo es culpa de Reiner – pensó Annie.

Conocía a los que estaban presentes pero ninguno era su amigo. Había pasado tanto tiempo alejándose de la gente que no le era posible socializar ahora. Además de que seguía sin verlo necesario. La pequeña rubia se paseó por el salón y en algún momento se percató de la presencia de Reiner, y como aun no encontraba a Bertholt se acercó a él.

Mientras tanto Kate y Bertholt no se habían adentrado al jardín y mientras ella lo abrazaba él alcanzaba a mirar por la puerta. Pudo ver a Annie a lo lejos. Se veía perdida, miraba de un lado a otro. Seguro buscándolo. Bertholt se sintió culpable, estaba atorado en esa situación. Finalmente vio como Annie se detuvo y se dirigió a un lugar en específico. Se dirigía hacía Reiner. Bertholt entró en pánico. Si se encontraban le diría a Annie que se fuera.

Reiner estaba de espaldas distraído hablando con una chica cuando Annie se puso detrás de él, esperando que notara su presencia, pero él como si nada seguía hablando.

- ¡Reiner! – lo llamó la pequeña rubia quien lo hizo sobresaltar haciendo que tirara la bebida sobre su uniforme.

- Lo acababa de llevar a la tintorería – se quejó.

- ¿Has visto a Bertholt? - ´preguntó Annie sin importarle la tragedia del uniforme recién lavado.

Reiner levantó la mirada, buscando a Bertholt. Y lo encontró todavía del otro lado de la puerta del jardín. Sus miradas se encontraron desde lejos. Bertholt movió su cabeza de un lado a otro suplicando a su amigo que no lo hiciera.

Desde lejos el chico colosal pudo ver que Reiner y Annie intercambiaban algunas palabras. Bertholt miró a Kate en espera de una oportunidad de poder deshacerse de ella, pero no parecía posible. ¿Debería actuar como un patán?

- Kate – Bertholt la separó de sí para terminar el abrazo. – siento mucho lo que pasó, créeme que si pudiera regresar el tiempo lo habría salvado. Pero ahora tengo algo importante que decirte…

En ese momento dos chicos entraron corriendo, interrumpiéndolos y empujando a a Bertholt accidentalmente. Los dos chicos se disculparon entre risas y se adentraron al jardín.

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- Espera aquí – pidió Reiner a Annie – no te muevas.

El robusto chico se adentró en la multitud pero Annie no quiso esperar ahí. No iba a permitir que la hicieran esperar en vano o que se tardaran horas y ella se quedara ahí como una tonta. No. Si Bertholt no estaba disponible entonces quería irse ya.

Annie siguió a Reiner. No fue difícil porque era muy grande y no se perdía de vista. Atravesó el salón y vio una amplia puerta que muy posiblemente daba a un jardín. Reiner se metió ahí. Annie quiso seguirlo pero una de las camareras se tropezó con ella, tirando todas las bebidas que traía en la bandeja. Lo que hizo que Annie se distrajera por un momento ayudando a la camarera.

Reiner entró. Ahí estaban aquellos dos aún.

- Bertholt – llamó Reiner – te buscan.

Bertholt miró a Kate.

- Ve – dijo ella – aquí te espero.

- Yo me quedo un rato a hacerte compañía – se ofreció Reiner.

Bertholt salió de la puerta y apenas y había dado un paso dentro del salón cuando se topó con Annie. Frente a frente.

- Annie. Sí llegaste – le dijo Bertholt

- Eso acordamos .

- Te ves muy bien.

- ¿Por qué estabas allá? Pensé que nos veríamos en la entrada – dijo la chica ignorando el cumplido de Bertholt. Se sentía un poco molesta por la situación.

- Bueno, es que yo necesitaba un poco de aire fresco

Annie lo miró dudando de sus palabras. ¿Cuál aire fresco si se habían quedado de ver afuera? Pero no le dijo nada, porque había llegado tarde y no lo culpaba por haber entrado al salón.

- Vamos entonces – dijo Annie queriendo salir al jardín.

- ¡no! – la detuvo – vamos por unas bebidas mejor.

Bertholt la tomó de la mano y la llevó adentro alejándola de la entrada al jardín.

Era de esperarse que Bertholt de pronto se viera envuelto en un juego de "espérame aquí, debo ir al sanitario y voy a traerte una bebida" entre las dos chicas. Haciendo esperar a una y a la otra sin prestarles realmente atención. Y sin atreverse a confesar la verdad. Lo que el muchacho no previó es que ambas chicas tenían poca paciencia.

- Bertholt ¿Podrías traerme una bebida? – Pidió Kate después de haber pasado unos minutos con él.

- Claro, ahora vuelvo – el alto muchacho se fue a conseguir las bebidas y Kate decidió muy atentamente con la mirada.

Kate lo observó desde lejos y dirigirse a la mesa de las bebidas, hasta ahora nada inusual. De pronto, la chica observó que su cita miraba insistentemente hacia un lugar. Miró en esa dirección. Entre la multitud encontró a una pequeña chica rubia. Kate desconcertada se encaminó hacia ella, estaba segura de que la conocía. Se acercó sin decir nada. Sólo se le quedó viendo. Annie puso notar la insistente mirada de aquella chica de cabello negro quien no le aparta la mirada y ni siquiera intenta disimularlo. Annie la miró también con intención de reclamarle pero al verla se le hizo tan familiar, tan familiar pero por más que lo intentaba no puedo recordar.

Finalmente Kate se acercó.

- Ya entiendo porque Bertholt está tan distraído – le dijo Kate- yendo de un lado a otro como un tonto. ¿Y por qué? Por la chica que supuestamente está muerta.

Annie no le respondió. ¿Quién era y de qué estaba hablando? Estaba un poco desconcertada porque no lograba recordarla y sobre todo la forma en que se dirigía a ella. Kate se percató del desconcierto de la rubia así que para refrescarle un poco la memoria simuló darle una patada baja a Annie a quien apenas tocó. En cuanto lo hizo Annie pudo recordar quien era. Alguna vez entrenaron juntas antes de que fuera ella elegida para ser el titan femenino. Pero a decir verdad los recuerdos no eran tan gratos.

- ¿Qué haces aquí?

- Esperando que mi cita me traiga una bebida – respondió Kate.

- ¿Te metiste a la milicia por gusto? – preguntó Annie.

- Claro que no - respondió Kate – aunque perdí ante ti aquella vez no quedé fuera. No puedes quedar fuera. Si te eligen es de por vida ya sea para una cosa o para otra. Pero míranos, hasta ahora nos ha ido bien ¿no es así?

Annie no le respondió. Seguir con vida no era precisamente el único factor para considerar que le iba bien.

- No te vi en la ceremonia – dijo Kate cambiando el tema.

- No estaba ahí –respondió Annie- Sigo en el escuadrón especial pero ahora estoy trabajando en el almacén como medida disciplinaria.

- ¿Medida disciplinaria? ¿Eres una rebelde? – Kate intentó adivinar- ¿Insubordinación? ¿Golpeaste a un superior? O mejor aún ¿te liaste con un superior?

- Impuntualidad – respondió cortante la rubia.

- Qué aburrido.

En ese momento Bertholt apareció con la bebida de Kate en la mano. El chico había ido a buscar a Kate pero como no la había encontrado había regresado donde estaba Annie. Al verlas juntas Bertholt empezó a sudar. Kate tomó la bebida y le dio un sorbo.

- Gracias, cariño. Estaba sedienta.

Annie lo volteó a ver. Él quiso decir algo pero sus palabras se atropellaban entre sí.

- Ahórrate la explicación – dijo Annie – yo cumplí con mi parte de acompañarte ¿no es así? Esta no era una cita de todas formas. Me voy entonces.

Kate y Bertholt vieron a Annie marcharse. Bertholt miró a Kate y luego a Annie. Fue tras ella. Primero caminando, pero Annie se había apurado para salir, tuvo que correr un poco para alcanzarla. El moreno salió y miró a su alrededor. Annie no había ido muy lejos. Se había sentado en una banca y se estaba quitando los zapatos.

Cuando Bertholt se acercó parecía que se había limpiado unas lágrimas rápidamente son el dorso de la mano. ¿Estaba llorando?

- Lo lamento, Annie. – Bertholt comenzó a disculparse – No es lo que parece…

- No tienes que explicarme nada – lo interrumpió la chica – Debiste haberme dicho para que no me tomara la molestia de venir.

- Yo no la invité, ella fue la que estuvo insistiendo…

- Sólo somos amigos. Tú puedes salir con quien tú quieras.

- No supe cómo decirle a Kate que…

- ¿Qué cosa? ¿Que habías quedado con alguien más? – Annie se enojó, ya estaba harta de que hablara así - ¿Qué yo no estaba muerta? ¿Qué es lo que no supiste decir?

Bertholt no decía nada, solo la miraba. Annie se puso de pie y miró a Bertholt.

- Nunca es tu intensión – le reclamó – nunca es tu culpa. Nunca es tu decisión. Nunca sabes cómo decirle a la gente lo que quieres

Bertholt también se puso de pie sin decir nada.

- Contéstame. ¡Di algo, haz algo! – le gritó Annie.

Bertholt parecía no reaccionar. Annie ya no iba a esperar más. Era momento de marcharse pero antes de que pudiera hacerlo Bertholt la tomó de un brazo y la jaló hacia él abrazándola con firmeza. Annie se sorprendió de esta acción quiso poner resistencia pero Bertholt no la dejó.

- No siempre estoy indeciso. Sabes que de ti estoy seguro. De verdad lo siento. Te prometo que algún día seré la clase de hombre al que puedas aceptar.

Annie dejó de luchar y cerró los ojos. Aquella situación trajo algunas memorias enterradas a su mente. El recuerdo de un fuerte sonido de cristal rompiéndose, seguido de aquella misma cálida sensación de alivio y de seguridad. ¿Había sido solamente él quien la había rescatado? No estaba segura de eso pero la sensación era la misma; allí entre aquellos brazos se sentía protegida y nada malo podría pasarle mientras él estuviera ahí.

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NA: ¿Qué las pareció? Estuvo un poquillo cursi pero no tanto creo yo. Este capítulo fue particularmente difícil de escribir… bueno, todos son difíciles por eso me tardo porque quiero escribir algo decente y que ustedes disfruten la historia. Y espero que así sea.

Besos y abrazos todos queridos lectores.