Aclaratoria: los personajes de este FF pertenecen a E. L. JAMES, la historia si es mía.

Bateado por: Aletregra

¡TE CONOCÍA DE ANTES!

PVD Anastasia

Inquieta y desdichada, me levanté de la cama, no estando dispuesta en modo alguno, a pasar mas tiempo en una inútil búsqueda de conciliar el sueño.

Por instinto, como un animal herido, procuré un lugar en el cual aliviar mi dolor. Minutos más tarde, vestida con una camisa blanca de algodón y unos calzones, salí en silencio de la casa.

Decidida a llegar a un lugar que me ofreciera unos minutos a solas, corrí a través del pinar oscuro, sin prestar atención al sonido de la noche y ni al movimiento de las criaturas silvestres. El resplandor de la luz del alba era muy tenue para guiarme, pero conocía tan bien este bosque como la misma hacienda, poco después llegué a mi destino; un claro en el borde de la lagunita que podía verse desde mi balcón.

Era también el lugar favorito de mis padres cuando mi madre aún vivía, y por eso albergaba felices recuerdos para mí. Mi familia iba con frecuencia y mi padre había vigilado la construcción de una pequeña glorieta graciosa para un mayor goce. Podía recordar largas tardes calurosas de verano pasadas allí, las comidas calientes al aire libre, a mi madre alegre y sonriendo, y el rostro de mi padre henchido del amor que sentía por ambas.

Estuve sentada allí un largo rato, con la mente en blanco, tan solo dejando que la paz y la tranquilidad del espíritu me impregnara el cuerpo. El lago lamía la costa con suavidad, un machuelo ululaba a lo lejos y se escuchaba en leve susurro de la brisa ligera.

Allí sentada, en el fresco del alba de abril, mirando aturdida el brillo plateado del lago cuando el sol lo hería, admití con amargura, que siempre había amado a Christian Grey. Lo amo, lo amé de niña, en Natchez y sin darme cuenta he llevado ese amor conmigo desde siempre. Siempre he llevado ese recuerdo de él conmigo. ¡Que ridícula! Me reproché con salvajismo, que las niñas no se enamoraban, pero sí lo hacían, insistió una parte de mí con tristeza, sí lo hacían... ¡Tú lo hiciste!

PDV Christian

– Me parece mi señor que había, un joven en Nueva Orleans... un sujeto con ese aspecto. No sé si era el mismo... Los españoles son todos iguales. ¿Pero recuerda cuándo el viejo capitán fue muerto y nos unimos a la contrabandistas? ¿Recuerda al español altanero que le quitó al francés su chica favorita?

Me senté erguido de golpe, pues las palabras de Taylor me hicieron recordar vívidamente el incidente, ¡Por supuesto, ahí había visto a Jack! ¡Sí lo había visto en otro momento! Había sido un enfrentamiento de poca importancia, uno de los tantos encuentros violentos que había experimentado y por eso lo había olvidado por completo, hasta ahora.

El francés era el jefe de la banda de renegados contrabandistas que habían matado a Sam Brown, mientras yo formaba parte de la banda se produjo ese incidente con Jack. El francés regenteaba una taberna burdel en la calle Girod, en la tristemente célebre zona de Nueva Orleans, se conocía como "El pantano". Allí desarrollaba su negocio de distribución de mercancías de contrabando. Las transacciones se llevaban a cabo en una habitación trasera, luego estaban las reglas de su política; consistía en enviar a sus mejores hombres arriba, para saborear, como cortesía de la casa, algunas de las últimas adquisiciones obtenidas en todo el mundo, jóvenes recién llegadas de África, las cuales eran la mercancía mas común de la que se disponía, pero también existían desdichadas jóvenes de la India, el Oriente, algunos lugares de Europa incluido Grecia.

Fue casi al final de mi estadía como contrabandista cuando Jack apareció en el escenario, me encontraba allí, en el cuarto de atrás, desempeñando mi función como el más reciente bravucón y mano derecha del Francés, cuando Jack llegó para regatear en relación con un último cargamento de mercancía contrabandeada. No lograba recordar que había comprado, pero recordaba con claridad, que fui quien escoltó al francés al cuarto de arriba, hasta donde se encontraban las chicas. Y el chillido de miedo y dolor que salió de la habitación a la cual se había hecho pasar a Jack, fue lo que me llevó a irrumpir en la habitación para descubrir el cuerpo desnudo y sangrante, de la joven griega elegida por Jack. Por fortuna no estaba muerta, sino tan solo muy asustada y horriblemente tajada por la delgada navaja que Jack aún tenía en las manos. Este se encontraba vestid, y con los delgados labios retraídos en una mueca burlona, dijo:

– Trató de robarme el dinero. El Francés me desilusiona, habría debido saber que no podría intentar esa treta conmigo.

Era posible que Jack estuviese diciendo la verdad, pero eso no disculpaba lo que le había hecho a la joven griega. Dominé mi ardiente temperamento con un gran esfuerzo y saqué al ofendido Jack de prisa de aquella habitación, luego lo hice salir de la taberna. Solo cuando estuvimos fuera del edificio, lo amenacé. Jack me miraba de arriba abajo y después se encogió de hombros y balbuceo:

– Yo no peleo con rufianes, ni riño por putas comunes.

– Tal vez algún día te haga cambiar de opinión al respecto, es probable que descubras que una riña con un rufián es mejor deporte que acuchillar a alguna muchacha inerme.

La cara de Jack palideció, pero no se confió de su buena suerte. Giró sobre sus talones y desapareció enseguida, dejándome con el deseo de olvidar los últimos cinco minutos. Había pensado que eso era todo lo que necesitaba para enseñar una lección al arrogante español. Y ahora, pensé con una torva sonrisa, es posible que, en definitiva, llegue a enseñarle esa lección a Jack.

Miré a Taylor y dije:

– Tienes razón, ese es el tipo. Y es el sobrino de mi tío.

– Eso podría ser muy malo para nosotros, mi señor. Ese Jack lo vio cuando hacía el papel de contrabandista, puede que resulte un poco difícil de explicar que hacías ahí.

Esbocé una mueca.

– No será tan tremendo. Recuerda que Ray ya sabe lo que hacía allí, siempre he sido sincero con mi tío. Él se hallaba en Nueva Orleans cuando el Francés y los demás fueron llevados ante el tribunal, y yo le expliqué la participación que tuve allí. El problema será Jack. Tengo la clara impresión esta noche, de que nada ofrecería mas placer a Jack, que verme deshonrado. Aunque se lo explicara yo mismo, no me escucharía, no querría creerlo. Tratará decididamente de provocar problemas si es que puede, pero creo que es posible que yo logre soportar sus tonterías. Cuando mucho, no habrá más que unas cuantas cejas enarcadas y cuchicheos. Y no importa mientras mi tío Ray no se vea afectado por eso, pero no creo que tal cosa ocurra ¡Fuera de eso, me importa un bledo Jack Hyde!

Taylor se mostró escéptico.

– ¿Piensa mencionarle esto al Señor Ray?

– Esto es un poco delicado, mi amigo. Jack es su sobrino y no me gustan los chismorreos. No puedo entrar en la habitación de Ray y decir: "Oh, de paso, tuve un problema con un sujeto lamentable, cuando hacia el papel de contrabandista, imagina mi sorpresa cuando resulta ser que ESE sujeto, !Es TU sobrino!" Un poco difícil, ¿No crees?

– Entiendo lo que quiere decir –respondió tétrico– ¿Qué piensa hacer, Señor?

– Nada. Es posible que Jack ni siquiera recuerde el incidente y tienes que tener presente que yo daba la impresión de ser lo que aparentaba. Es de esperar que exista una gran diferencia entre Christian el contrabandista y Christian el sobrino de Ray Steele. – Con un resplandor de sonrisa en el fondo de mis ojos, murmuré– Y si no la hay, ¡La culpa la debe tener el bribón de mi empleado!... ¿Hmm?

Nos reímos a carcajadas, hasta que Taylor se retiró a su habitación y yo me dirigí a dormir.

Cuando estuve a solas, desee estar tan seguro como parecía que lo estaba. El interludio de esta noche con Anastasia me había sacudido, no era posible pasar por alto la desagradable sospecha de que hubiese sido yo el seducido. Con el estado de animo sombrío y suspicáz, en que me encontraba en este momento, no me habría sorprendido que Ray irrumpiera en la habitación y me exigiera que hiciese lo que un hombre de honor haría, en lo relacionado a su hija. Pero creía eso imposible, a medida que pasaban las horas y el silencio, hice la idea a un lado.

Por supuesto, estaba Jack. Pero me encogí de hombros. Anastasia podía haber decidido que yo era mejor partido... Pero el propio Jack había admitido que el compromiso no había sido objeto de un asunto informal. Y entonces ¿Planeó ella lo que casi estuvo a punto de ocurrir esta noche? ¿O fue aquello tan inocente como parecía?

¡Dios! ¿Cómo pude perder el dominio sobre mi?

Ya eran pasadas las cuatro y no conseguía conciliar el sueño. Así que luego de cambiarme por ropa de montar, bajé a las caballerizas, ensillé un caballo y me fui a cabalgar, dejando que la brisa despejara mis pensamientos.

Cabalgué por un largo rato, cuando regresé a la hacienda, el sol ya estaba alto en el cielo.

Estaba cansado, no me apetecía otra cosa que bañarme y acostarme a dormir. Me encontraba en las caballerizas cuando apareció Bonita, la criada.

– Buenos días Señor Grey. –dijo entregándome una nota– El Señor Steele a salido a cazar, al parecer un puma mató a un ternero y no quería esperar para cazarlo. Nos preocupamos cuando no lo encontramos en su habitación, es igual que la señorita Anastasia, los dos parecen olvidar que hay bandidos en la región y que es tonto que desaparezcan sin decir a nadie.

Por un momento su preocupación me causó gracia, pero se sintió bien.

– Lo siento Bonita, siento que te hayas preocupado por mi... En el futuro, trataré de ser mas considerado con tus temores por mi seguridad.

Bonita bufó, y me sonrió.

– El Señor Steele, no cree tardar mucho, sugirió que tal vez quieras acompañarlo en la tarde, después de la siesta, piensa dar su paseo de la tarde por toda la hacienda.

Ella se iba a retirar, entonces pareció recordar algo y se volvió.

–Señor disculpe pero ¿Ha visto a la señorita Anastasia esta mañana? ¿O ha visto su caballo cuando salió temprano?

Me puse rígido y me pregunté si ese era otro juego calculado de ella.

– No la he visto desde ayer en la noche.

– No está en su habitación, y he hecho buscarla en todos lados pero nadie la encuentra.

– Bueno, ¡maldición! No hay algún lugar que le guste ir, ¿algún lugar secreto de esos que se inventan las mujeres?

Ella pareció recordar algo.

– ¡Oh dios! Como fui tan tonta, debe haber ido a la glorieta del lago. Haré que la busquen. Y disculpe otra vez.

– No hace falta, dime donde es y yo la buscaré.

Con el rostro duro e impenetrable, escuché a Bonita decirme la dirección, y con suspicacia e inquietud me monté en el caballo y fui por el camino que ella me indicó. Llegué a la glorieta y encontrar a Anastasia durmiendo dentro de la construcción no atenuo mi desconfianza respecto a la situación. Antes mas bien, la reforzó... La escena me recordaba demasiado la noche anterior, como para no ponerme con la guardia en alto. La noche anterior no había obtenido lo que quería, de modo que hoy volvería a intentarlo y sin embargo, aunque mis sospechas continuaban vivas, la sensación de alivio que me invadió cuando descubrí su esbelto cuerpo tendido sobre los cojines me dejó extrañamente sacudido y débil. Por desgracia, ese sentimiento no duró mucho y en pocos minutos el alivio fue reemplazado por la ira. ¿Cómo podía ella asustar a Bonita de esa manera? pensé irracional, haciendo caso omiso por completo de que también yo me había asustado, y al hecho de que la mitad de mi cólera se debía solo a que durante un momento había estado lleno de temor por ella.

Fui hacia donde se encontraba tendida, le miré los labios torcidos en un momento de duda, la sacudí con un poco de violencia y dije:

– ¡Despierta Anastasia, si en verdad estas dormida! Bonita ha hecho que todos en la casa te busquen.

PDV Anastasia

Aturdida, lo miré momentáneamente desorientada. Pero de pronto volví en mi y me erguí de golpe, la brillante luz del sol me hizo parpadear. Me froté los ojos, cual niña, con los puños y luego emití un enorme bostezo; todavía no del todo despierta, miré a Christian, tan rígido, de pie cerca de mi y murmuré insegura:

– ¿Qué dijiste? ¿Algo acerca de Bonita?

– ¡Solo que esta pequeña travesura tuya, le ha dado un susto mortal! ¡Pensaba que había sido capturada por los bandidos!

Estaba incrédula.

– ¿Bandidos aquí? ¡No son tan tontos como para intentar algo por el estilo, la hacienda Steele es segura! ¡Nadie podría hacerme daño aquí!

– No solo no es seguro, –dijo irritado– ¡Sino que no deberías estar vagando de un lugar a otro como una gitana! ¡En que demonios piensa tu padre! ¡Cualquiera podría toparse contigo!

Enfurecida en el acto por la mención de mi padre, me erguí más.

– ¡Perdóname! ¿Si?

– Harás algo más que rogar, muchachita, si vuelves a repetir ésta travesura. La próxima vez, te curtiré el trasero a tal punto que no podras sentarte en una semana! –dijo con brutalidad. Me tomó por el brazo y me hizo ponerme de pie de un tirón– Y ahora, vayámonos que no he dormido nada y no tengo deseos de discutir contigo.

– ¡Suéltame! ¡Me estas haciendo daño!

– Me pareció que habías dicho que nadie podría hacerte daño aquí –replicó sarcástico y me propinó una sacudida dolorosa.

Tuve vaga conciencia de que él se mostraba desagradable a propósito, pero eso no me impidió ponerme de mal humor, y cuando me arrastró fuera de la glorieta, me incliné con rapidez y extraje mi navaja –la cual nunca sacaba de mis botas de montar– y antes que Christian se diera cuenta de lo que estaba a punto de hacer, la hojilla ya le había inferido un pequeño corte en la mano, aprovechando su dolor para soltarme.

– ¡Gatita infernal! –murmuró con brusquedad– ¡Eres demasiado rápida con esa navaja y creo que es hora de que alguien te enseñe algunos modales!

Con la velocidad de un felino a punto de cazar, se abalanzó sobre mi, por instinto levanté el cuchillo, para defenderme. Pero mis defensas fueron inútiles y sin vacilar su dedos se cerraron al derredor de mi mano con la que sostenía la navaja y de un rápido movimiento me bajó la mano, golpeando dolorosamente sobre mi muslo, la sacudida del impacto contra mis músculos me abrió los dedos. La navaja salió volando y con un sonido de satisfacción, Christian la vio caer al borde del lago.

Me soltó, se giró y la recogió. Al mirarme con una tensa sonrisa que le curvaba la boca, preguntó con suavidad:

– ¿Y ahora, como te defenderás?

– No me defenderé –dije con serenidad. En forma desconcertante me acerqué a él con lentitud.

Él me miró con desconfianza cuando me le acerqué. Me detuve a pocos centímetros de él y extendí la mano con la palma hacia abajo. Entonces dije con frialdad:

– Puedes vengarte, si quieres. Tal vez eso te haga sentir mejor.

Él me miró durante un largo rato, deseando que no fuese tan valiente o que el no tuviera tan plena conciencia de mi cuerpo, ni del aislamiento de este lugar. Me miró, miró la navaja y luego se encogió de hombros. Con una sonrisa torcida que le arrugaba el rostro, me la extendió.

– Creo que, por esta vez, tu ganas.

¡Hola a todos! Bueno, aquí está por fin un nuevo capítulo! ;) Kassia pide que la disculpen por tardar en actualizar la historia, pero ha estado ocupada y ¡Su fuente de inspiración se agotó! Gracias por leer y no olviden comentar. Saludos, aletregra :*